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miércoles, 22 de enero de 2025

LA MAESTRANZA-«PAGÉS»: 1932-¿2025?

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla.

En las postrimerías de 2024 quedó claro, por si quedaban dudas, que Ramón Valencia no puede ver a José María Garzón. De ahí que en la adjudicación de la plaza de Santander —donde el manchego concursó con Matilla para armar ruido, a sabiendas que poco habría que hacer ante la brillante gestión en el coso cántabro del sevillano—, al ocurrir lo previsible, recurrió con escasos argumentos y perores formas la reelección de Garzón, conociendo lo difícil que resultaría que la impugnación prosperase y la plaza cambiara de manos. La resolución del Ayuntamiento de Santander dio carpetazo a la denuncia de falsedad en la contratación de un rejoneador, desmentida públicamente por el profesional aludido, con lo que los recurrentes quedaron a la altura del betún.

Puede que don Ramón esté preocupado, porque este año jubilar de 2025 acaba el contrato más longevo del toreo: el que desde 1932 ha unido a la plaza de la Real Maestranza de Sevilla con la empresa Pagés, de la que es último representante. Además, para tensar esa preocupación, presentó dos querellas contra los dueños del histórico recinto, en reclamación del IVA y de las visitas turísticas al coso. A esta tensión habría que añadir los ingresos de televisión dejados de percibir por la Real Maestranza, tras la ruptura del empresario sevillano con las plataformas taurinas, primero Movistar y después One Toro, un hecho que además ha mosqueado seriamente a la afición, y viene a demostrar que tanto a don Ramón como a don Rafael, el colega de Madrid, parné aparte, les trae sin cuidado el toreo y su divulgación. De ahí que decidieran dejar en negro la televisión, que se dice pronto, tras ignorar a la empresa de Telefónica después de treinta años, para vender las retransmisiones a un operador alemán con posibilidades, que pensaba que la televisión por Internet revolucionaría todas las revoluciones y llevaría el toreo a todo el mundo mundial, sin reparar en su desmedida euforia que los mares por los que habría de navegar estaban infestados de piratas.

En Sevilla se habla, se comenta y hasta se desea otro empresario para la Maestranza. No son pocos los abonados que aseguran que los han echado de la plaza. Tanto se habla sobre el fin del contrato con Pagés, que incluso hay quienes piensan en José María Garzón como el mejor relevo. Garzón es joven, emprendedor e inteligente, y tiene unos modales acordes a los tiempos que corren. Ha hecho cosas muy buenas, como sucedió en la pandemia del COVID-19, cuando hicieron un estrepitoso ridículo los miembros de ANOET, que ante el drama social y las dificultades de los colectivos taurinos no fueron capaces de organizar ningún festejo, mientras el joven emprendedor demostraba que era capaz de organizar importantes corridas de toros, soportando falsas acusaciones sobre las medidas de seguridad adoptadas, acusaciones que también resultaron ser falsas y desmentidas por la Guardia Civil. Ha hecho otras buenas, gestionando con acierto plazas como Santander, Almería y Málaga; y también otras regular, que empezaron bien pero no ha terminado de rematar, como el coso de Córdoba. Sin embargo, por juventud, afición, ilusión, disposición y comunicación cae mejor que don Ramón, cuya gestión en Sevilla deja mucho que desear, al repetir cada año en el abono a toreros caducados, vistos, aburridos, amortizados y no deseados, a los que haciendo caso omiso a la afición duplica o triplica sus comparecencias por sus relaciones comerciales con los comisionistas Matilla y Casas, a los que otorga trato de favor para priorizar la contratación de sus comisionados, sin valorar que representan a espadas que la gente está hastiada de ver, a los que incluye con calzador ignorando a otros que son novedad y tendrían que estar en el abono, por haberse ganado en otros ruedos estar en la Maestranza.


Juan Ortega con las orejas del toro Florentino, de Domingo Hernández.
Sevilla, 15 de abril de 2024. Foto: José Manuel Vidal.


Mas don Ramón está por repetir cada año más de lo mismo y seguir llevando la contraria a los que han de pasar por taquilla, aunque haya descendido el número de abonados. La última de sus decisiones es tan desagradable como polémica: como no puede ver ni en pinturas a Garzón, para pasarle factura por el asunto de Santander, se venga con Juan Ortega, uno de los toreros más deseados de la afición hispalense, autor de la mejor faena de la feria de Sevilla de 2024 con el toro Florentino, de Domingo Hernández, con la que arrasó con todos los premios de Sevilla y el reconocimiento absoluto de la afición, pero que no ha sido suficientemente valorada por el señor Valencia para que Ortega figure este año en el cartel del domingo de Resurrección. Es más, para tensar la cuerda, aún no ha hablado con el apoderado para negociar su contratación en el abono, donde el torero de Triana, se ponga como se ponga don Ramón Valencia, ha de figurar como protagonista indiscutible. ¿O acaso pretende faltar el respeto a su condición de gran triunfador ofreciéndole las migajas del mantel?  El rencor del señor Valencia con el señor Garzón no ha de pagarlo el torero, el toreo, ni la afición. Asuntos tan feos como este son los que invitan a pensar que la plaza de la Real Maestranza necesita cuanto antes otra empresa para gobernar el timón de la nave. 

martes, 12 de marzo de 2024

DE CARA A LA FERIA

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de «Los Califas» de Córdoba

Comenzamos esta entrada suscribiendo íntegramente el comentario de opinión de Antonio Fuentes Hernández sobre los carteles taurinos, que un año más, rompiendo la tradición, no coinciden con la feria. Lejos quedan los años que los carteles de la feria eran presentados en rueda de prensa y el empresario respondía a las preguntas de los representantes de los medios. Ahora casi no queda feria taurina ni crítica de toros en Córdoba. Son otros tiempos, pero no mejores. Ni un reproche para una  gala en el Gran Teatro de la ciudad donde fue presentado un abono con una sola corrida de toros para tres espadas. Eso sí, los medios se hicieron eco de los aplausos de aprobación del público, entre el que figuraba una amplia representación de políticos municipales y autonómicos. Lo dicho: son otros tiempos para la Córdoba taurina.

En la gala estuvo el Delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía, responsable de la designación de los equipos gubernativos, que debería asesorarse sobre la idoneidad de los miembros que nombra, para evitar petardos como los del año pasado, cuando compañeros de su partido fueron nombrados presidentes por haber realizado un curso de especialización, y pensaron que eso de sacar pañuelos de colorines por la barandilla del palco estaba chupado. Lo malo vino cuando  interpretaron arbitrariamente las normas por no ser capaces  de aguantar la presión de los seguidores de un torero.

Otro sonoro petardo pegaron los equipos que aprobaron la pobre presentación del ganado que se lidió, indigno de una plaza de primera. Sería conveniente cuidar que a «Los Califas» no lleguen corridas que por su escaso trapío no pasarían el reconocimiento en ningún otro coso de su categoría. Y si la empresa las trae, corresponde a la autoridad rechazarlas, imponerse a los taurinos cuando, por aquello de «a perro flaco...», presionan para colar lo que no colarían en ninguna otra plaza de primera. Córdoba no necesita corridas de Pamplona o Madrid, pero sí un ganado de la categoría de su coso, así como equipos gubernativos que sepan estar en su sitio y defender la dignidad de la plaza y los derechos de los que pagan. Nada más.

Las circunstancias profesionales del señor Garzón han cambiado desde su llegada a Córdoba, cuando contagiaba ilusión por gestionar por primera vez una plaza de primera. Galas aparte, que eso es fuego de artificio, ruido y papel de celofán, parece mirar hacia otro lado desde que gestiona bastantes más plazas. Eso al menos evidencia el envoltorio de lujo usado para vender una sola corrida de toros de tres espadas, otra mixta doble XL —matador, rejoneador y novillero— que no hay por donde cogerla, y una novillada «mano a mano» que por la reducción de la feria debería contar con tres aspirantes, dando sitio a novilleros de la tierra como David Fuentes «Bocanegra», Rafael ReyesJosé Antonio Alcalde «El Rubio»… ¿No llegó Garzón con la ilusión de  levantar a una afición dormida…? Pues ignorando a sus toreros no despierta a nadie. ¿Acaso no podría abrir plaza «Finito de Córdoba» en la única corrida de su tierra ocupando el lugar de un prescindible «Manzanares», cuya presencia solo obedece a mantener relaciones políticamente correctas con el poderoso Matilla

A los aficionados que siguen en activo, esos  que nunca fallan, los que sacan el abono y acuden a la plaza, les ofrece muchas interrogantes este abono. Son pocos, es cierto, pero no tontos. ¿De verdad que la plaza de Córdoba no da para más...?

jueves, 7 de marzo de 2024

LOS CARTELES DE LA FERIA

Por Antonio Fuentes Hernández 

 

Los mentideros taurinos no los constituyen ya las barras de las tabernas. La tecnología se impuso y los grupos de WhatsApp son los que arreglan ahora el toreo. Hacen y deshacen carteles, critican a este o al otro empresario o encumbran a su torero predilecto cual mandamás de la Fiesta. Algunos de sus integrantes van a la plaza, otros simplemente están al día por gracia o por desdicha de las redes sociales, que sustituyeron a las corridas televisadas en abierto como foco de proyección de la tauromaquia más allá del aficionado cabal. En fin, es lo de siempre, solo que los medios de vino y las cañas como testigos mudos de horas de charlas y debates se tornaron en tal tecla o en airoso comentario en forma de audio de los dichosos teléfonos móviles…

Anoche se presentaron los carteles de la feria de Córdoba y anda el taurineo cordobita como loco rajando tela del asunto.

José María Garzón, envolviendo el “regalo” como sólo él sabe, organizó un encomiable acto en el mejor escenario posible, el Gran Teatro de Córdoba. Allí se cantó por bulerías, se aflamencó la letra del pasodoble Manolete, hasta se bailó al hulajop o como se escriba y Lombo cantó por Sevilla y por sevillanas loando al gran Manuel Pareja Obregón. Ahí es nada… Y, además de todo ello, José María Garzón, presentó con una antelación inaudita y mil veces demandada, los carteles de la feria. ¡Bien, torero, bien!

A falta de un nombre en la corrida del domingo, se conocían los actuantes desde tiempo atrás. Las redes, otra vez… Y quizá alguna barra de algún bar.

Una novillada en mano a mano, un festejo mixto y una corrida de toros. Una sola corrida de toros en una plaza con 14.000 de aforo que ya hace mucho que olvidó los años de vino y rosas. No critico a Garzón la extensión de la feria. “Córdoba no da para más”, es el comentario clásico de los últimos tiempos ¿no? ¿O realmente Córdoba sí da para más? Es a lo que vino el empresario sevillano ¿cierto? Cinco temporadas. Cuatro ferias. Creo que es tiempo suficiente para haber conseguido o, al menos intentado, que Córdoba diera para más. ¡Tan sólo un poquito, hombre! Una novillada y dos corridas. Ahí llevamos estancados poco más de un lustro. ¿Cómo era aquello del viaje y las alforjas?

-¡Oiga, pero es que Garzón ha traído los cinco años a Morante!

-Además, en las cuatro ferias ha venido Roca Rey.

-¡¡Eh, eh, es que fue la única plaza de primera que dio una corrida de toros en plena pandemia!!

¡¡Ole sus huevos!! Y yo, que se lo alabo, como tantas cosas buenas que ha hecho. Pero esto suena ya a la recurrente nostalgia del imperio de los califas de la torería para demostrarnos lo importante que es o ha sido Córdoba en la historia del toreo.

El cincuentenario coso de Ciudad Jardín no se llena desde la segunda etapa de José TomásCaldas lo anunció tres ferias consecutivas, aunque en 2010 no pudo torear por la terrible cornada de Aguascalientes. El último lleno aparente fue en la feria de 2011, aquella histórica campaña del mejor Manzanares, que se anunció con Ponce y Morante y dio un auténtico recital con corte de cuatro orejas y un rotundo trofeo “Manolete” que se fue para Alicante. Desde entonces hemos ido cayendo y cayendo hasta que llegó Garzón. Yo creí en él, como tantos buenos aficionados cordobeses, que haberlos “haylos”, ¡que sí! Creo que se ha involucrado y la pasada feria, de no ser por el aplazamiento de la corrida estrella del sábado con MoranteRoca y Ortega (¡¡cartelasso, primo!!) al domingo por la mañana, hubiese conseguido una de las mejores entradas de los últimos tiempos. Pero este año merecía Córdoba ese pasito adelante. Subir ese escalón para demostrar de verdad que yo he venido aquí a recuperar a esa afición dormida. A volver a ilusionar, no sé. Con seis puestos para matadores en dos tristes, por solitarias, corridas de toros ¿ocupo dos de ellos con un rejoneador y un novillero que mata tres novillos una semana antes?

Incurriremos en el tópico tabernario: él se juega sus cuartos y sabrá lo que hace. Aquel “en mi hambre mando yo” de Joselito Arroyo. Pero, desde luego, no es el mesías que pensábamos y el que anhela Córdoba. Puede que sí, que Córdoba no tenga remedio o que, efectivamente, no da para más… Mientras tanto, y aunque poco, nos vemos en los Califas. Y en las barras de los bares.

jueves, 1 de junio de 2023

MEJORES ÉPOCAS

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de "Los Califas" de Córdoba

Terminada la mini feria taurina de Córdoba, con el amargo sabor de la decepción por la mala presentación de las corridas de toros, lo que ha causado malestar y desconfianza con la empresa y los equipos presidenciales, que han hecho la vista gorda aceptando la lidia de animales impropios de la categoría de la plaza, es de suponer que las puertas del recinto no volverán a abrirse este año para ningún festejo. No será porque económicamente se haya dado mal, que no lo ha parecido, ni porque falten novilleros y becerristas cordobeses que tras los duros meses de calor puedan citarse con la afición, sino porque esta es la política de las empresas que sucesivamente explotan el coso: ninguna quiere saber nada de toros después de feria. Y si el contrato con la propiedad de la plaza no obliga a otra cosa, pues el que quiera más que venga el año que viene.

De esta forma, como la pescadilla que se muerde la cola, el abandono por falta de programación incentiva el deterioro taurino de la ciudad que fue definitiva en el toreo, que mientras aguarda la llegada de otro príncipe azul, que no suele aparecer espontáneamente, seguirá viviendo del recuerdo de su historia, esa que cada vez es menos conocida, porque los aficionados mayores van desapareciendo y los jóvenes, que últimamente acuden en buen número a la plaza, ante la falta de actividad es muy probable que puedan terminar aburriéndose, y dejen de interesarse por formarse de verdad, por conocer a fondo el toreo, su historia y tradición, la liturgia, sus normas, su arraigo cultural y el respeto que merecen los valores de la Tauromaquia como escuela de vida.

Manuel Benítez "El Cordobés". Foto Framar

A partir de este mes de junio, la plaza será otro año la más amplia sala de conciertos de la ciudad en las noches de verano. Nada que ver con los festejos que se programaban en los primeros años de existencia del coso, cuando en el estío se anunciaban novilladas y becerradas nocturnas con rifas de regalos. Ahora, aquellas taquillas de sol y de sombra se han convertido en bares y restaurantes, que aprovechan las amplias terrazas de los aledaños de un recinto ideado en años de vacas gordas, aprovechando el tirón de Manuel Benítez Pérez, un genio del toreo que llenaba las plazas cualquier día de la semana anunciándose con “dos más”. Los socios propietarios debieron suponer que la inercia taquillera de «El Cordobés» continuaría, y no dudaron en levantar la magnífica plaza de «Los Califas», posiblemente la más cómoda y de mejor accesibilidad de España, que habría de notar desde 1971 la retirada de los ruedos del «Huracán de Palma del Río», que la llenó en siete ocasiones de las trece en que hizo el paseíllo como matador de toros, mientras en cuatro rozó el lleno, y en dos el aforo se cubrió en tres cuartos. Su balance: 23 orejas y 8 rabos. 

La plaza en la actualidad, después de la feria taurina

Sin embargo, aunque parezca mentira por el impresionante tirón taquillero de Benítez, el cartel de «no hay billetes» se colgó en las taquillas de «Los Califas» por primera vez el 25 de mayo de 1985, con una corrida de Victorino Martín de Andrés, ganadero que había impactado en Córdoba desde el año anterior que se presentó. Aquella tarde  salieron a hombros José Antonio Campuzano, vestido de lila y oro, que cortó una oreja al primero, dio la vuelta al ruedo en el tercero, y cortó las dos orejas al quinto; y su hermano Tomás, que con un terno tabaco y oro cortó una oreja al segundo, otra al cuarto y las dos al sexto. Les acompañaron en volandas por la puerta grande el propio Victorino Martín y Julio Presumido, mayoral de la ganadería, tras una corrida de las que hace afición, donde en reconocimiento al gran juego del encierro fue premiado con la vuelta al ruedo el sexto: Bailaor, número 121, 538 kilos, negro bragado. 

Alternativa de Finito de Córdoba. Foto Arjona

Tras cuatro años de romance con la afición cordobesa (1984/1987), Victorino rompió lazos el 28 de mayo de 1988, cuando decidió retirar la corrida de la tarde por haber sido rechazados dos ejemplares por falta de trapío, negándose a  completar el encierro con otros toros de su hierro. Por fortuna no iba a tardar la plaza en reverdecer sus tardes de gloria, pues estaba por llegar el torero que más veces la ha llenado colgando el cartel de «no hay billetes»: Juan Serrano Pineda «Finito de Córdoba», que lo consiguió de novillero con picadores, la tarde del 23 de mayo de 1990, en un inolvidable y maravilloso mano a mano con Rafael González «Chiquilín», el espigado torero de la «Piedra Escrita» (Santa Marina). De matador de toros, el espada de «El Arrecife», (La Carlota-Córdoba), colgaría el cartelito en seis ocasiones: el 23 de mayo de 1991, la tarde de su alternativa, otorgada por Paco Ojeda con Fernando Cepeda de testigo y toros de Torrestrella, —por cierto, ese año pasaría a la historia del coso por lograr el récord de venta de abonos con 6.500 títulos—; a las que habría de sumar el 30 de mayo de 1992, alternando con Emilio Muñoz y «Espartaco» con toros de Juan Pedro Domecq; 28 de mayo de 1993, con idéntico cartel y toros de Daniel Ruiz y José Luis Marca; el día siguiente, 29 de mayo, en reñido mano a mano con Rafael González «Chiquilín», con toros de Juan Pedro Domecq y uno de Sancho Dávila; 27 de mayo de 1995, mano a mano con Rivera Ordóñez con toros de Juan Pedro Domecq; y por último el 26 de mayo de 2009, actuando con José Tomás y José Luis Moreno, con toros de Las Ramblas

Mas no queda ahí la cosa, porque además de ostentar el récord colgando el cartel de «no hay billetes» (uno de novillero y seis de matador), Juan Serrano también llenó el coso como novillero el 22 de junio de 1990, en su segundo mano a mano con Rafael González «Chiquilín»; y como matador en otras tres ocasiones: 29 de mayo de 1992, actuando con Paco Ojeda y «Joselito» lidiando toros de Torrestrella y uno de Herederos de Carlos Núñez; 25 de mayo de 2000, con Enrique Ponce y «El Juli», con reses de Torrestrella; y el 28 de mayo de 2008, actuando con José Tomás y Daniel Luque con un encierro de Jandilla y Vegahermosa. A este apabullante palmarés hay que añadir un importante número de corridas donde la plaza registró tres cuartos de entrada. Así pues, «Finito de Córdoba» y Manuel Benítez «El Cordobés», por este orden, han sido los toreros de mayor tirón taquillero en la historia de la plaza cordobesa (1965/2023).

"Finito" y "Chiquilín" de novilleros. Foto A.J. González (D. Córdoba)

Hemos recordado las épocas doradas de «Los Califas», pero además hubo otras donde la plaza registró grandes afluencias de público, para vivir ilusionada el toreo de otros espadas de la tierra, como José María MontillaGabriel de la Haba «Zurito», Manuel Cano «El Pireo», Florencio Casado «El Hencho», Fernando TortosaAgustín Parra «Parrita», José Luis Moreno... Lo importante es la actividad, que se trabaje con los chavales de la cantera que quieren ser toreros buscando el compromiso de instituciones públicas, propietarios de la plaza, peñas y barrios para organizar festejos menores y fomentar la ilusión con los novilleros cordobeses. En definitiva, que además de cuidar la programación de la feria de mayo y no defraudar como este año con la mala presentación del ganado, se trabaje por Córdoba con la misma ilusión que llegó para regentar la plaza José María Garzón, cuando le fue adjudicada por vez primera una de la máxima categoría. Por otra parte, la Delegación de Gobierno de la Junta de Andalucía debe evaluar la actuación de los equipos presidenciales designados, que este año han logrado poner de acuerdo a toda la crítica en los dos días que ha durado la feria.

Plaza de toros en 1965, año de su inauguración. Foto Paco Muñoz

Aprovechando los recuerdos importantes de la plaza cordobesa, insistimos una vez más que su aforo no es de 16.900 localidades, como se reproduce en libros, revistas y portales taurinos. Se trata de un dato erróneo consignado en la enciclopedia «Los Toros» de don José María de Cossío. Esa fue la cifra proyectada por el arquitecto don José Rebollo Dicenta, cuando se contemplaban la mitad de los vomitorios construidos. Finalmente, el aforo quedó en 14.842 localidades, dato que nos facilitó don Antonio Pérez-Barquero Herrera, que lo verificó personalmente siendo empresario con sus cuñados, los hermanos José y Manuel Flores Cubero «Camará»Más tarde, en 2003, el aforo volvió a disminuir hasta 14.621 localidades por las reformas ejecutadas para facilitar el acceso a personas con limitaciones físicas, lo que nos fue confirmado por don Tomás González de Canales, presidente del Consejo de Administración de la Sociedad Propietaria de la plaza.

lunes, 22 de mayo de 2023

DESDE EL TENDIDO 4

Por Antonio Luis Aguilera

Andrés Roca Rey sale a hombros en Córdoba. Foto Manuel Murillo (Diario Córdoba)

El pasado fin de semana se celebraron las dos corridas de toros de feria programadas en el coso de «Los Califas». La empresa ofreció unos carteles atractivos que, a pesar de la incertidumbre meteorológica, llevaron hasta la plaza a un gran número de espectadores el sábado por la tarde, cuando el aforo se cubrió en más de tres cuartos de la totalidad, y que por la intensa lluvia caída fue aplazado hasta el domingo a las doce del mediodía. Menos tirón tuvo el programado para ese mismo día por la tarde, donde los espectadores solo cubrieron algo más de un cuarto del aforo. 

Lo primero a destacar es el considerable aumento de público y la gran respuesta a la oferta y trabajo previo de la empresa, que desde antes de Navidad puso a la venta los abonos con interesantes ventajas para quienes entonces los compraran, con garantía de devolución en caso de no estar de acuerdo con los carteles. Todo un acierto de «Lances de Futuro», que con esta atractiva forma de venta consiguió doblar el número de abonados de la plaza, que este año han rondado los 2.200. 

Lo segundo, que ese acierto puede durar poco ante la decepcionante presentación del ganado adquirido para Córdoba, donde se han lidiado toros impropios de una plaza de primera categoría, prevaleciendo en ambos encierros ejemplares sin remate, anovillados, indignos por su falta de trapío de saltar a una plaza de primera categoría, donde ha quedado de manifiesto la nefasta actuación de los equipos presidenciales, que han hecho un flaco favor a la historia taurina de la ciudad permitiendo encierros de plazas no de segunda, sino de tercera categoría. 

El domingo por la mañana se lidió la corridita de Domingo Hernández, una escalera presidida por dos zambombos y cuatro novilletes indignos del coso. «Morante de la Puebla» estuvo aseado con bellas reminiscencias gallistas ante el grandullón que abrió plaza, destacando un torerísimo y arriesgado  quite a cuerpo limpio que hizo a «Lili» a la salida de un par de banderillas; Juan Ortega, que no tuvo opciones con su lote y solo pudo dibujar alguna pincelada de su gran clase, estuvo francamente mal con la espada, dándose la circunstancia que su segundo, un manso de libro emplazado de salida en los medios, ante la escandalosa protesta del público no aficionado, fue devuelto antirreglamentariamente por eso, por ser manso, lo que manifiesta el escaso criterio del palco; y Andrés Roca Rey fue el gran triunfador del festejo, cortando tres orejas que debieron de ser cuatro, porque la faena y estocada al sexto era de dos y fue premiada con una. El peruano, que anda a gorrazos con los toros, le formó un alboroto a esos ejemplares que debieron recordarle su etapa de novillero, a los que estoqueó con la misma  contundencia que toreó, abandonando la plaza a hombros por la puerta grande.

En la plomiza y algo lluviosa tarde del domingo volvieron a lidiarse los toros de Álvaro Núñez Benjumea, corrida muy desigual, suelta y mansa en general, con cuatro ejemplares faltos de remate y anovillados, donde «Finito de Córdoba» dejó pinceladas de su clase en el saludo por verónicas al que abrió plaza, que acabó echándose antes de que el torero entrara a matar; Alejandro Talavante, que cortó una cariñosa oreja, demostrando que, aunque quiere, está lejos de ser el torero que dejó la profesión hace años en Zaragoza; y Pablo Aguado, que hizo el esfuerzo por volver a ser el torero que parece desaparecido y espera el aficionado. 

Poca historia la de un ciclo corto donde hubo más sombras que luces, pues la empresa ha comprado un ganado impresentable para una plaza de primera categoría y, lo que es peor, la autoridad gubernativa se lo ha consentido. La ilusión de los aficionados que fueron al coso se tornó en decepción a la salida, esos pocos que, como sentenció «Jesulín de Ubrique», caben en un autobús. Así las cosas, vendiendo humo, como este año ha hecho el señor Garzón, Córdoba volverá a dar la espalda a esa plaza que la propiedad procura rentabilizar con conciertos musicales y bares ubicados en las antiguas taquillas, para aprovechar con veladores las amplias terrazas de los exteriores del inmueble. Una pena.

martes, 13 de diciembre de 2022

LOS TOROS NO SON LA ÓPERA

Por Antonio Luis Aguilera

Vista aérea de la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla

Los empresarios de Sevilla y Madrid, las dos plazas más importantes de España, llevan tiempo quejándose de los resultados económicos del negocio, pero ninguno deja el timón del coso, como ocurre con tantas otras actividades que han de bajar la persiana por falta de rentabilidad. En el toreo las quejas se reproducen con asiduidad, pero sin atisbo de cesar en la actividad para que un nuevo gestor con otras ideas y mayor carga de ilusión intente rentabilizar ese recinto. Todo lo contrario, si alguno demuestra una gestión exitosa en otras plazas, como hizo José María Garzón durante la pandemia en El Puerto de Santa María y Córdoba, mientras los arrendatarios de las dos grandes plazas decidían no ofrecer un pitón con aforo reducido, se le pone como un trapo llamándole de todo menos bonito, se le acusa gratuitamente de no cumplir las normas sanitarias establecidas, aunque después la autoridad gubernativa lo desmienta, y sin pedirle la menor excusa aguardarán para pasarle factura, incluyendo el recargo por inquina, para que «respete» un negocio regido por «familias».

A primeros del siglo XX, reinando en el toreo José Gómez Ortega, por iniciativa suya se comenzaron a construir las plazas de toros monumentales, con la finalidad de dar cabida a un mayor número de espectadores abaratando las entradas y que los toreros aumentaran sus honorarios. Un siglo después, lo verdaderamente monumental es el precio que han adquirido las localidades para sentar las nalgas en un estrecho escalón de piedra —la almohadilla se lleva de casa o se paga aparte—. Los toros, digámoslo de una vez, se han convertido en un espectáculo prohibitivo por su carestía para muchos aficionados. Lo contrario de lo ideado por el inolvidable «Gallito». 

Plaza de toros de «Las Ventas». Madrid

Los nuevos idealistas han convertido el toreo en un espectáculo de élites, impopular por su carestía, donde cada vez son menos los aficionados que pueden pagar un abono de temporada, como ocurre en los últimos años en la plaza de Sevilla, que sin ser monumental ronda un aforo cercano a las 12.000 localidades, y donde la pasada temporada la entrada de un tendido de sombra costaba 102 euros y 85 una grada, que ahora le han cambiado el nombre por tendido alto. También la monumental de Madrid, desde la pasada feria de otoño, llevó a cabo a una desproporcionada política de precios para las entradas sueltas, con objeto de penalizar a quienes no adquieran el abono y facilitar el acceso a quienes acudan a Las Ventas con ánimo de presenciar algún festejo, aficionados que en las taquillas se sorprenderán de los precios que actualmente rigen en la que hasta el pasado año fue la plaza más barata de España —ahora 180 a 90 euros para las filas 1 a 15 de tendido de sombra—, y ante esta nueva política posiblemente desistirán del intento si no es para presenciar un cartel de relumbrón. Una confortable butaca para una función de teatro en un comodo recinto climatizado no alcanza esos precios, pero si los empresarios taurinos prefieren tomar como referencia los precios de un espectáculo de élite como la ópera con toda seguridad están errando el tiro.

Los tiempos han cambiado, y aunque los gestores de las plazas importantes aseguren con cierto desdén que también hay localidades más asequibles en la solanera, hace tiempo que salvo carteles puntuales de relumbrón el público comenzó a dar la espalda a esta sugerencia. El popular aforismo de «los toros con sol y moscas» resulta inadecuado en las circunstancias actuales, pues afortunadamente ha disminuido esa clase obrera curtida al sol que toleraba temperaturas inhumanas para asistir a las corridas. Las plazas del sur saben bien de los rigores de las altas temperaturas en los meses de temporada, no solo en verano, porque sin ir más lejos en Córdoba se celebraron las corridas de la última feria de mayo con más de cuarenta grados a la sombra, mientras se incrementaban las advertencias para no sufrir golpes de calor. Así pues, si se pretende que los toros no pasen a ser un espectáculo de minorías será necesario cuidar aquello de «siempre hubo ricos y pobres», adecuando a las circunstancias actuales los precios y los horarios de los festejos. La política de los gestores de las plazas de Sevilla y Madrid puede dar la puntilla a un espectáculo que ya no es tan popular como hace años.

Interior del coso maestrante

No vale desviar la atención del verdadero problema que tiene la Fiesta de los Toros, pues no se centra en el nefasto gobierno «frankenstein» que desprecia al toreo, ni en los antitaurinos sufragados por los lobbies que generan ganancias millonarias vendiendo alimentos para animales domésticos, sino en esos otros lobbies que controlan y fijan los precios de todos los segmentos del negocio taurino. Ese es el auténtico problema del toreo, por lo que sería necesario reflexionar e hilar fino para mejorar una gestión que está haciendo aguas colocando la soga en el cuello del aficionado. La subida desproporcionada de los precios de las localidades, unida a la confección de carteles que ofrecen pocos festejos atractivos con otros de mediano o nulo interés, por el debido respeto entre «familias» para colocar a sus espadas intercambiando favores y comisiones, mientras se ignoran a los diestros que de verdad se ganan un sitio en el ruedo, es un tiro en la línea de flotación de un espectáculo sostenido por el publico. Quienes mueven los hilos del negocio deben de tener mucho cuidado, no sea que olvidando a la afición cunda el ejemplo de Bilbao, otrora gran plaza del norte, donde un nefasto modelo de gestión ha aburrido a un selecto público que ha terminado dando la espalda a los toros. 


martes, 24 de mayo de 2022

DESDE EL TENDIDO 3

Por Antonio Luis Aguilera

Andrés Roca Rey, triunfador de la feria de Córdoba.
Foto Arjona (Cortesía de "Lances de Futuro")

Terminada la feria taurina de Córdoba reflexionamos sobre lo visto en la plaza de «Los Califas», que abrió sus puertas con unas temperaturas de cuarenta grados a la sombra para celebrar las dos corridas programadas por José María Garzón, que esta ocasión no acertó a tocar la tecla que llevara al coso al difícil público cordobés, que solo cubrió algo más de un cuarto el aforo para ver a Diego Ventura, Morante y Pablo Aguado con los descastados y flojos toros de Juan Pedro Domecq, menos de media plaza en la tarde de Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey y Javier Moreno “Lagartijo”, con el más que interesante y encastado encierro de Álvaro Núñez Benjumea, y algo menos de un cuarto para presenciar la buena novillada de Talavante con Daniel Luque, González Écija y Marcos Linares. Aforos que difieren mucho de los ofrecidos en los medios de información, y que por supuesto habría deseado la empresa “Lances de Futuro”.

Talavante otorga la alternativa a "Lagartijo" en presencia de
Roca Rey. Foto Arjona (Cortesía de "Lances de Futuro")

Tiene mucho mérito ser empresario taurino de la plaza cordobesa, jugarse el dinero y el prestigio, para después tener que andar con malabarismos en los ajustes de cuentas, que difícilmente podrán salir anunciando a las primeras figuras en las combinaciones, y por si fuera poco organizar una novillada con picadores, espectáculo ruinoso por los gastos que genera. Por tanto, vaya por delante nuestro respeto a José María Garzón.

En cuanto a lo ocurrido en el ruedo pasó lo que tenía que pasar con la ganadería de Juan Pedro Domecq, cuatro mulos con andares mortecinos, que vuelven a Córdoba año tras año sin otra justificación que el supuesto interés de los primeros espadas por actuar con un ganado que no molesta y permite sumar festejos sin grandes dificultades. Morante anduvo sobrado y artista con su lote, mientras Aguado mostró ante sus aburridos ejemplares que no está en su mejor momento. Esa tarde se lidiaron dos ejemplares para rejones de María Guiomar Cortés de Moura, resultando bravísimo el jugado en cuarto lugar, al que Diego Ventura desorejó por partida doble en una magistral actuación. Ya está bien de vetar a esta primerísima figura del rejoneo en las ferias importantes. Los toreros deben ajustar sus cuentas en los ruedos y ante el toro.

Diego Ventura, Morante y Pablo Aguado.
Foto Arjona (Cortesía de "Lances" de Futuro")

Los aficionados aguardaban con agrado la presentación en Córdoba como ganadero de Álvaro Núñez Benjumea, que tras distanciarse de la ganadería paterna de Núñez del Cuvillo, que tantos éxitos cosechó cuando la dirigía, decidió emprender en solitario la difícil tarea de formar una ganadería. Trajo un encierro encastado, desigual pero bien presentado, variado de pelaje, donde nadie se aburrió por el juego de las reses. Destacó por su clase el bravo y noble toro del debut, con el que tomó la alternativa y cortó las orejas Javier Moreno, tras una actuación de gran entrega; más tarde mostró las lógicas carencias del oficio con el complicado sexto. Para los estadísticos el toro de la presentación de Álvaro Núñez como ganadero y de la ceremonia de alternativa, se llamaba “Campanito”, marcado con el número 25, colorado, de 500 kilos. Andrés Roca Rey demostró la autenticidad de su valor y torería con el difícil y complicado salinero que hizo de tercero, y toreó a placer al reservón quinto tras corregir defectos. El peruano ha vuelto esta campaña con todo su esplendor. Talavante, con el bravo y exigente cuarto firmó momentos de reencuentro con su toreo, sin que ante el soso y noble segundo pasara de detalles. De los cinco espadas actuantes el triunfador de la feria ha sido con diferencia Andrés Roca Rey, que vino a Córdoba dispuesto a salir a hombros por la puerta grande o la del cuarto del hule.

La buena novillada de Talavante dio opciones a los tres novilleros. Tuvo mérito la actuación de Daniel de la Fuente, que con la grave cornada sufrida hacía veinte días, aún sin curar, reaparecía con el muslo abierto y visible cojera. Se entendió mejor y le pudo al exigente cuarto. Más verde pero con ganas de agradar estuvo el astigitano Jaime González Écija, que mostró buenas maneras en su actuación, premiada con un apéndice, y con el prestigioso premio "Oreja de oro" del "Club Calerito"; y muy decidido estuvo Marcos Linares, que pronto conectó con el público en su primero, al que cortó una oreja, valiéndole el premio de actuar en la novillada de Santander que organiza la empresa "Lances de Futuro".

martes, 27 de julio de 2021

LAS VERGÜENZAS DEL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de Valencia. Foto J. Diez Arnal

Las familias que controlan el toreo hace tiempo que dejaron de engañar a la afición, que no se traga ni una de las mentiras que pregonan, pretendiendo colar con inaguantables verborreas una imagen falsa del panorama taurino, donde rigen de manera absolutista y opaca todos los estamentos que conforman este mundo singular, en el que lamentablemente cada cual hace su propia guerra, sin importarle mucho ni poco la unión por el futuro de la Tauromaquia.  

Al hacerse públicas las condiciones para regentar la plaza de Valencia, Simón Casas, el mismo empresario que la lleva y seguirá llevando, con su habitual incontinencia verbal se quejaba amargamente de la falta de interés por el toreo de la propietaria del coso, la Diputación de Valencia, cuando esta requería un canon inferior al que viene satisfaciendo por el alquiler de la plaza.

Tras la cortina de humo intentando despistar a la opinión pública, la empresa con la que concursa, la misma que regenta el coso de Las Ventas en Madrid, con objeto de asegurar que el inmueble no fuera a otras manos ofreció 450.000 euros, cantidad que supera holgadamente los 150.000 euros que establecía la Diputación, y que habrán de salir, no quepa la menor duda, del incremento de precios de las localidades y reducción de honorarios a toreros y ganaderos.

Ahora, con el poder en la mano, toca callar, mientras el aficionado se pregunta para qué querrá tantas plazas quien no da toros en las que debe y puede hacerlo, como ocurre en la misma Valencia, donde llevan dos años sin ver un pitón, o Madrid, plaza de temporada donde con un par de festejos y la promesa de un otoño taurino han callado bocas.

Parece mentira que este señor, presidente de la Asociación de Empresarios Taurinos, fuera el mismo que el pasado año cargara toda la artillería pesada contra José María Garzón, un empresario joven, buen aficionado, que goza de excelente crédito entre los amantes del toreo, por el hecho de organizar brillantemente una corrida de toros en la plaza de El Puerto de Santa María, cuando las familias permanecían escondidas y no eran capaces de dar un pitón.

Y como el delito fue que «les levantó los pies del suelo» pretendieron hundirlo, lo que no consiguieron gracias al testimonio de la Policía Autonómica de la Junta de Andalucía, que desarmó el conjunto de falsedades de las que fue acusado por la cúpula del club de empresarios, y algún ridículo espontáneo con ganas de notoriedad, sin que después ninguno de los que quedaron con sus vergüenzas al aire ante el informe de la Policia Nacional, por un mínimo de decencia o vergüenza torera entonara su disculpa.

Del buen hacer de Garzón se van a acordar este año en la bonita plaza gaditana, pues el Ayuntamiento del Puerto ha subastado al mejor postor la explotación, para que la regente el que más dinero ingrese en las arcas municipales. Gracias a tan brillante idea política, el tendido de sombra que en 2020 costaba 65 euros este año costará 99 euros con Carlos Zuñiga, que para cuadrar sus cuentas deberá hacer lo que hemos apuntado hablando de Valencia, plaza donde por cierto también pujaron en subasta los miembros de las otras familias que controlan el toreo, como Bailleres-Chopera, que no ofrecen un pitón desde hace dos años en las plazas del norte que regentan —San Sebastián y Bilbao—, mientras Garzón, también en el norte, ha sido capaz de ofrecer en el precioso coso de Santander una brillante feria taurina. ¿A las familias les importan las plazas o el poder absoluto para controlar y manejar el toreo a su antojo?

Hacen falta empresarios independientes, que vayan por derecho y se preocupen por la afición y por organizar festejos con categoría, como se ha hecho en El Puerto, Córdoba, Jaén, Santander y ahora se anuncia en la bella Málaga, empresarios valientes como Alberto García y José María Garzón, capaces de dar la cara en los dramáticos momentos Covid del pasado año, y sobran los que buscando el control absoluto del negocio, pretenden sin disimulos cortar el paso a esa gente joven que ha demostrado que se pueden dar toros con ilusión, afición, precios aceptables y pensando en el futuro de la Fiesta. 

martes, 8 de junio de 2021

GARZÓN APUESTA POR LOS AFICIONADOS

Por Antonio Luis Aguilera

Cartel de la corrida de Morón de la Frontera
 

José María Garzón ha vuelto a confeccionar un espectáculo de los que pone de acuerdo a los aficionados, programando para el viernes 18 de junio una atractiva corrida en la plaza de Morón de la Frontera (Sevilla), donde se jugarán toros de las divisas de Murube y Juan Pedro Domecq, por el riojano Diego Urdiales y los sevillanos Juan Ortega y Pablo Aguado, terna que por concepto, temple y acento personal la afición anhelaba ver reunida en un cartel. 

Presidido por una fotografía del legendario Curro Romero, para que no haya dudas de que se trata de una corrida de marcada inclinación artística, Garzón ofrece un cartel de auténtica categoría, válido para cualquier feria importante si se hicieran las cosas como se tendrían que hacer, es decir, pensando en la afición, la que sufraga el espectáculo pagando en taquilla, aunque hace tiempo que los comisionistas que surcan los oscuros mares del toreo le perdieron el respeto, y en lugar de ofrecerle menús de su gusto, acordes al elevado precio de las entradas, le impusieron el plato de lentejas programando rancias combinaciones de sus representados, en un intercambio de espadas amortizados por vistos o caducos, que como los malos sofritos se repiten cansinamente por los ruedos de la antigua Iberia.

Por el bien del toreo anhelamos que la corrida anunciada en Morón de la Frontera culmine con éxito, con el triunfo que merece el loable gesto de apostar por la afición, por ofrecerle lo que de verdad quieren ver los catadores del buen toreo clásico y templado, ese que por la verdad y belleza de su expresión emociona y hace que salgan de las plazas locos de contentos si los espadas se acoplan con los toros. Otro paso firme en la valiente y brillante gestión empresarial de José María Garzón, que sigue haciendo camino al andar en su apuesta por el toreo, mientras quienes lo pusieron como un trapo el pasado año, los altos cargos del sindicato de empresarios —que aún no se han disculpado de esas acusaciones que fueron desmontadas por la Unidad de Policia Nacional de la Junta de Andalucía por la corrida de El Puerto de Santa María—, ni dieron toros en 2020 ni se han estrenado en 2021.  «Obras son amores, y no buenas razones».

lunes, 24 de mayo de 2021

NO PODRÁN DETENER LA PRIMAVERA

Por Antonio Luis Aguilera

Juan Ortega en Las Ventas

Pocas corridas de la madrileña feria de Vista Alegre han tenido buena respuesta de público. A la empresa corresponde averiguar las causas de la fría acogida de su programa, pero el San Isidro que nació con intención de tumbar en la lona a los gestores de la monumental de Las Ventas, se ha dado sin colas ni reventas, y los llenos que podían esperarse con el aforo reducido solo se dieron en alguno de los festejos de figuras.

Afortunadamente las vacunas están dando luz al oscuro túnel del Covid. Pero mientras las plazas abren sus puertas, la primera del mundo permanece cerrada como lo estuvo en abril la de Sevilla, esa preciosa joya que anunció carteles de farol a principios de primavera —pues de farol era imponer aforos a la Junta de Andalucía—, y que de momento solo está para ser fotografiada desde ambas orillas del río. No obstante, además de la pésima gestión de los que cortan el bacalao en el sindicato de empresarios, nos queda la esencia del toreo. El toreo por el que lucha gente de todos los colectivos dispuesta a dar lo mejor de sí misma.

Ahí están empresarios como José María Garzón y Alberto García, navegando en un mar de dificultades controlado por viejos bucaneros, que no solo han puesto en marcha esta temporada, sino que también lo hicieron el año pasado. Ganaderos que han resistido a la tragedia y la ruina de enviar camadas bravas al matadero. Picadores, banderilleros y mozos de espadas, que de la noche a la mañana se veían sin sustento para sus familias, porque el gobierno de la nación denegaba las ayudas económicas por el Covid al toreo. Y por supuesto la televisión, Canal Toros Movistar, que ha estado y sigue estando con el toreo, alimentando la llama con su programación para que llegue a todos los aficionados.

Pablo Aguado en Vistalegre. Foto Cultoro

A pesar de todo, la primavera del toreo ha vuelto a florecer exuberante, gracias a un maravilloso elenco de toreros, capaces de aficionar a la gente joven y llevarla a las plazas, que reciben con alegría a esas nuevas generaciones que se acercan al toreo. Los nombres de Emilio de Justo, Juan Ortega, Pablo Aguado o Ginés Marín, se suman a los de Morante, El Juli, Roca Rey, José María Manzanares, Diego Urdiales, Paco Ureña y otros más, para ofrecer un selecto catálogo de torería que promete emoción por la expresión de un arte singular, con sello propio.

Una nueva primavera con molestas mascarillas y aforos reducidos, donde se está toreando primorosamente de capa, con una despaciosidad desconocida, a toros con más de cinco años cumplidos —a mayor edad, mayor sentido— para que la afición pueda degustar excelsos lances a la verónica, algunos de tan añeja torería que parecen escapados de las viejas fotografías que explican la historia. Una primavera de verónicas en flor interpretadas con ritmo y acento personal, tan magistral como el de los grandes que dejaron su huella en el toreo. Una primavera de aterciopelado manejo de la muleta, conducida por muñecas de seda y clavando las zapatillas en la línea roja de la que habla Paco Ojeda, donde un trozo de tela sujeto a un palo es guiado con las yemas de los dedos para inmortalizar el toreo intemporal de Juan Ortega, cuyo arte versificado en estrofas pide poetas que le canten.

Juan Ortega en Vistalegre. Foto Mundotoro

Sin estar libres de la pandemia empezamos a ver la luz gracias a empresarios como José María Garzón y Alberto García, a quienes han seguido los hermanos García Jiménez. El toreo no puede estar paralizado por el inmovilismo de los miembros del selecto club, incapaces de ponerse a trabajar, necesita poner en marcha la locomotora de su actividad para remolcar a todos los estamentos. Llegará el día que algunos rendirán cuentas de su nefasta gestión. Mientras tanto ha de cundir el ejemplo de los nuevos, de los que han llegado con ganas de atraer a la juventud y llevarla a las plazas, como ha sucedido en la plaza de Córdoba, ofreciéndole abonos baratos y carteles de expectación. En el toreo no deben renovarse solo los escalafones de espadas y ganaderías, sino también el de empresarios que no han sabido estar a la altura en las terribles circunstancias que han tocado vivir.

Por fortuna, cuando la oscura noche parecía impedir la luz del día, la grandeza del toreo ha vuelto a florecer recordando los versos de Pablo Neruda: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera».

lunes, 17 de mayo de 2021

DESDE EL TENDIDO 3

Por Antonio Luis Aguilera

Finito torea a la verónica. Foto Lances de Futuro.

Terminada la feria de mayo cordobesa esbozamos una breve reflexión de lo más destacable que observamos en la plaza. Empezamos felicitando a la empresa que lidera José María Garzón, por la perfecta organización de los espectáculos y las medidas de seguridad tomadas, así como por la presentación de las ganaderías jugadas. Cosa distinta es el juego de las reses, que en eso nada tiene que ver el empresario.

Preocupados tendrán que estar los ganaderos de las divisas jugadas por el pobre bagaje de sus toros. Núñez del Cuvillo, que vio como su encierro de cuatro ejemplares hubo de ser remendado con uno de Parladé, presentó algunos toros embastecidos por hondos y badanudos, algo que nada tiene que ver con el tipo y preciosas hechuras de los que jugaba hace escasos años. También le habrá de doler la cabeza a Juan Pedro Domecq Morenés, que embarcó una corrida pasada de kilos, floja y falta de raza. Aún así, hilando fino, hubo toros que con distinta propuesta y mayor compromiso de sus lidiadores habrían ofrecido otro juego. Así lo vimos en un Cuvillo que correspondió a Pablo Aguado y en el quinto Juampedro de Finito.

Desesperante puesta en escena de Roca Rey, el triunfador de la feria con una oreja, que estableció más tiempos muertos que un partido de baloncesto, escenificando una coreografía exageradamente lenta, que imprimió un ritmo de despaciosidad desproporcionada a la corrida que duró más de tres horas. Roca es el de siempre, ve toro en cualquier parte y le puede, pero en Córdoba quiso acentuar una majestuosidad impostada a sus andares por el ruedo -incluso paseando la oreja en una interminable vuelta-, y no conectó con los tendidos, a los que llevó el sopor, solo aplaudían al rematar las series, mientras callaban como en un velatorio en la ejecución de las series. No hervía la olla.

De lo mejor de la feria, las verónicas de Juan Serrano al tercero de la corrida de Juan Pedro, que tras tomar el capote en tan magnífico saludo se desfondó y pedía por compasión la presencia del puntillero. Pablo Aguado decepcionó, pues, salvo un hermoso saludo por verónicas y algún detalle suelto, estuvo sin sitio y falto de compromiso con su lote. Morante no tuvo toros y obsequió con lo poco que le ofrecieron dejando una bella serie de verónicas y algunas pinceladas de vieja torería gallista, en la tarde que los aficionados no olvidaron la efeméride de Talavera de la Reina.

En cuanto a los novilleros, dos orejas cortaron al manejable encierro de Fuente Ymbro. Una fue para el Rafi, próximo a la alternativa, que mostró ganas y formas, conquistando  el trofeo Calerito al novillero triunfador de la feria, y otra para Tomás Rufo, que evidenció un buen manejo del percal pero erró en la elección de terrenos al plantear los trasteos. Javier Moreno Lagartijo no pasó de voluntarioso, como Diego Ventura que iba por delante en la primera corrida y a pesar del doble trofeo conseguido no tuvo una de sus mejores tardes. 

Pobre bagaje artístico de una feria que había levantado una gran expectación y contó con una buena respuesta del público, que agotó el papel autorizado en ambas corridas. Garzón ha vuelto a demostrar con maestría que se podían dar toros en plazas de primera. Y lo ha hecho con una organización perfecta. Ya lo habría querido la afición de Sevilla hace un mes.