domingo, 28 de abril de 2019

¡QUÉ PENA DE CÓRDOBA!

Por Antonio Luis Aguilera
Tarde de toros en la plaza de Los Califas

¿Qué pasa con la feria taurina de Córdoba? Esta es la pregunta que se hacen los escasos aficionados que ha dejado la política de tierra quemada empresarial y de gestión de los últimos años.

¿Cómo es posible que a estas alturas del calendario no se conozca si habrá festejos taurinos en la próxima feria?

¿Con qué ilusión trabaja la FIT para que la plaza cordobesa pueda recuperar el pulso perdido?

¿Por qué no la dejan y se van si realmente no les interesa?

Para perder, hasta se ha perdido el tradicional festival taurino que abría cada año la plaza a beneficio de la Asociación Española contra el Cáncer. ¡Lamentable!

¿Qué esperan los dueños de la plaza para rescindir el contrato que les une con quien demuestra una absoluta falta de interés por explotar el coso?

¿Cuándo buscarán una empresa con ganas de trabajar e ilusionar a la afición?

Córdoba ha muerto taurinamente. La han matado entre los arrendadores y los arrendatarios, entre los dueños de la plaza y los gestores de los últimos años que solo aparecen por esta ciudad una semana en el mes de mayo.

A esta tierra tan fecunda en la historia solo le queda el recuerdo de haber sido definitiva en el toreo. ¡Qué pena de Córdoba!

miércoles, 24 de abril de 2019

EL NATURAL SEGÚN MANOLETE

Por Manuel Rodríguez "Manolete" 
Barcelona, 2 de julio de 1944. Natural a Perfecto, de Miura. Foto Mateo
No pretendo decir ni más ni menos que lo que modestamente pienso del pase que considero eje de la faena de muleta. Bien sé que no es tarea fácil explicarlo cuando no hay costumbre de llenar cuartillas y más cuartillas. También muchas veces, resulta harto difícil decir o explicar lo que luego -al fin torero- en el ruedo apenas se realiza. Yo no quiero -lo repito de nuevo- que nadie tome mis palabras como razones de lo que tantos razonamientos lleva costados.

El pase natural, como he dicho anteriormente, puede considerarse como el eje de la faena de muleta. Muchos han pretendido explicarnos cómo debe hacerse. Para mí, para mi modesto criterio, entiendo que debe darse así: en el toro que embiste no se debe adelantar la muleta, sino que hay que dejar llegar al toro hasta que los pitones lleguen a una distancia como de una cuarta a la muleta. Cuando el toro está a esa distancia, entonces se le debe correr la mano con la máxima lentitud y estirar el brazo todo lo que se pueda; la pierna izquierda tiene que quedarse completamente inmóvil, y cuando el pase llega a su terminación, es entonces cuando hay que girar con la pierna derecha, hasta quedarse en posición de darle el siguiente muletazo en el mismo terreno en que se inició el primero, y así sucesivamente dar todos los que se puedan…, o deje dar el toro.

México, natural a un toro de La Punta
En cambio, cuando el toro no tiene arrancada, hay que provocarla. Es entonces cuando está justificado el adelantar la mano de la muleta para llegar a provocar la arrancada, y una vez que el toro embiste, se debe hacer lo mismo que queda indicado en el otro caso.

Todo eso que se dice de cargar la suerte en el natural viene a ser lo mismo que cargar la suerte en las otras fases del toreo. Esto es simplemente una ventaja para el torero, puesto que se desvía más fácilmente el camino que trae el toro. Cargar la suerte, yo lo creo así, es tan solo una ventaja. En el pase natural hay que dejar que el toro se estrelle en la muleta. También se discute mucho "ese" terreno en que se debe dar el natural. Cuando menos, para mí, ese terreno es el de los medios. En él, al toro que es quedado hay que citarle en corto y el toro que embiste franco más distanciado. Es, ¡ya lo creo!, el pase más difícil y el más difícil de realizar perfecto. Hay que tener temple y valor, porque al repetir el muletazo, según se van dando los pases, se va reduciendo el círculo y hay que llevar al toro muy toreado, para que los naturales resulten perfectos. Siempre se ha dicho que el natural es el pase que más pronto descubre al torero que no aguanta. El público, para observar si el natural es perfecto, no debe tener en cuenta excesivamente el conjunto que forman el torero y el toro, sino que debe fijarse en la posición de los pies cuando el lidiador va consumando la suerte. Los pies deben estar ligeramente entreabiertos. Con ellos juntos, cuando menos yo así lo hago, sólo se deben dar los ayudados por alto.

Madrid, 16 de julio de 1947. Natural a Babilonio, de Bohórquez
El pase natural lo es todo en el toreo. Lo considero, en definitiva, como el más expuesto y en el que se necesitan muchas cosas para que resulte perfecto. En su misma dificultad está el peligro que encierra en sí. Hay que tener dominio, tranquilidad y llevar muy toreado al toro. Después, hay que intentarlo…: muchas veces no es fácil el acertar. Como todas las cosas extraordinariamente difíciles, es el natural el pase que más arrebata al público y al torero. 

(Publicado en la revista El Ruedo, 1945)
Imágenes de Manolete al natural

domingo, 14 de abril de 2019

DOS TALEGUILLAS ROTAS

Crónica de don Fabricio en el Diario ABC del jueves 19 de abril de 1945. 
EDICIÓN DE ANDALUCÍA
Sevilla 18-4-1945: Manolete, Pepe Luis y Arruza. La tarde de las taleguillas rotas.
EN LA MAESTRANZA
La primera de feria
Seis toros de Clemente Tassara, para Manolete, Pepe Luis Vázquez y Arruza. Preside el teniente de alcalde don Manuel Grosso. Asisten numerosas personalidades, y la hija de S. E. el Jefe del Estado. Las cuadrillas son saludadas con aplausos.
Primero: Manolete lo fija con unos lances a pie quieto. En el tercio de quites es ovacionado Pepe Luis Vázquez. Tres varas y tres pares. El toro llega quedado al último tercio y Manolete lo torea por bajo eficazmente. Sigue cerca, obligando, pero el toro no pasa. Entra matar descordando a la res.
Segundo: Pepe Luis es ovacionado al lancear, y asimismo Arruza, en un quite de frente por detrás. El toro cumplen en varas, y banderilleado pasa a manos de Pepe Luis, que brinda a Sánchez Mejías. Tres pases por alto, muy buenos que se jalean. Tres molinetes superiores (Música). Sigue la faena eficaz. Pincha en lo alto y descabella a la tercera (Palmas).
Tercero: Arruza es aplaudido al lancear y ovacionado en un quite por chicuelinas, así como Manolete en el suyo. Arruza coloca tres colosalísimos pares de banderillas, que provocan ovaciones y olés. Caen sombreros al ruedo. Arruza  brinda al público e instrumenta una serie de muletazos cerquísima, como más no cabe. Mata superiormente de una gran estocada. (Ovación e insistente petición de oreja).
Cuarto: Manolete es ovacionado al quitar. Varas y pares, los reglamentarios. Manolete realiza una colosal faena, que empieza con tres altos estatuarios. Sigue con cinco naturales estupendos, el tercero y quinto ligados con el de pecho. Continúa por redondos. Molinetes y manoletinas. En un desplante resulta cogido y con las taleguillas destrozadas. Mata colosalmente, con arreglo a los cánones (Ovación, oreja vuelta y saludos).
Quinto: Nada de particular en los primeros tercios. Pepe Luis muletea desanimado; pero sin embargo hay algunos lances salerosos. El público se impacienta. Mata de un pinchazo y media. (Algunas muestras de desagrado).
Sexto: Después de tomar las varas reglamentarias Arruza clava un enorme par de poder a poder. Repite con un segundo en que llega de manera inverosímil, resultando cogido y empitonado y con las taleguillas rotas. Se levanta rabioso y repite con un par idéntico. (Ovación clamorosa).
La faena es superiorísima, descollando unos pases por bajo y dos molinetes de rodilla inenarrables. Sigue por naturales, derechazos y redondos, pisando los terrenos del toro (Olés y música). Mata de una estocada de efecto rápido. (Ovación, oreja y vuelta). Al abandonar la plaza el diestro mexicano se reproduce la ovación.
Peso: Primero, 275 kilos; segundo 270; tercero, 295; cuarto, 268 ; quinto, 271, y sexto, 254.
 Dos taleguillas rotas
El tema de los toros ha vuelto a ser habitual en esta nuestra Sevilla, madre del toreo. La expectación, forjada a fuerzas de valor y estilo por esas dos figuras señeras de la tauromaquia, que son Manolete y Arruza, se ha justificado ayer plenamente sobre el ruedo de la Real Maestranza, probadero de gallardías, en las que ineludiblemente ha de cimentarse el arte de la lidia de reses bravas. Y porque uno y otro han coincidido en el más gallardo propósito; al arriesgarse totalmente en pro del logro de su idóneo profesionalismo, el tema de los toros en Sevilla ha recobrado añeja preponderancia. Por obra y gracia de la emulación, la fiesta inaugural de la Feria alcanzó trascendencia suma. Tenían razón los esperanzados que por creer en el poderoso influjo del pundonor taurino presintieron el suceso.
Dos taleguillas rotas, las que ciñen Arruza y Manolete, califican y ponderan el éxito del festejo de ayer; las dos primeras taleguillas de la torería actual, hechas jirones por las astas de los toros de Tassara, son el exponente de una competencia que devuelve a la fiesta su emoción sustancial, sin la cual degeneraría el toreo.
Manolete, cuya maestría es notoriamente insuperable, pisó ayer, acuciado por su hombría, el terreno del toro. Y Arruza, estimulando su trascendente valor por idénticas causas, se movió toda la tarde conscientemente en el área de la temeridad. Peleílla, que es el mejor adobo de la fiesta. El tema de los toros está en auge: dan fe dos taleguillas rotas.
Manolete exhibió ayer su toreo recio, del que en otras ocasiones hemos dicho, y probado está, que es de mucho riesgo y verdad. Si el toro que rompió plaza no se prestó a mayores intentos, porque llegó aplomado a la muerte, en cambio el cuarto brindó al cordobés la gran oportunidad, que no fue ciertamente desperdiciada. La faena de Manolete prologada con tres pases altos auténticamente estáticos, tuvo la unidad debida entre sus diversos tiempos, en los que había de resaltar las dos series de naturales    -cinco y tres- como fundamento, más los adjetivos de molinetes y manoletinas, todo engarzado con sobrios desplantes, uno de ellos tan cercano, que el diestro resultó cogido y por fortuna ileso. Faena cimera, justamente premiada con oreja y honores inherentes.
Pero aún el de Córdoba hizo algo mejor, y fue la estocada. La gallardía del volapié, con la traza original y arrogante con que Manolete reviste la emoción de la suerte suprema, tuvo en esta ocasión pleno logro. Así se matan los toros, señor Manuel Rodríguez, y no es mal señor quien honra a su estirpe.
Arruza merece la consideración de benemérito de la fiesta nacional. Decaía esta por falta de estimulantes de la maestría antes meritada, y llega Carlos Arruza, que con su arte personalísimo y desdén de cualquier temor, resuelve el problema de los terrenos, levantando todas las vedas. La maestría para no desmerecer ha de superarse y emparejar en el riesgo con el emocionante quehacer del gran Arruza, al que ayer hemos visto pasarse los toros tan cerca, ceñirse en los lances de manera inverosímil, dando a su toreo idóneo una emoción, que para siempre parecía perdida. Y no solo lo hace Arruza con capa y muleta. Con las banderillas estuvo ayer sencillamente maravilloso, llegando en su primero, por tres veces, a un par de metros de la cara del toro, instando las tres tan de cerca la arrancada para clavar otros tantos magníficos pares, sobre todo el tercero, que resultó perfectísimo.
Un rasgo de valor extraordinario hemos de meritar en su segundo. Alcanzado y corneado a la salida de un segundo par, de poder a poder, repitió la suerte en idéntica forma. Arruza es capaz de asustar al miedo. Huelga decir que las ovaciones se sucedieron, y en el segundo tercio de la lidia cayeron sombreros al ruedo.
Las faenas a sus dos toros fueron sencillamente inenarrables. La primera breve, pero cerquísima y eficaz, para matar como los cánones mandan. También Arruza es gente en este menester. La segunda faena, tan cercana como la otra, más reposada y completa, sobresaliendo los pases por bajo iniciales, dos magníficos naturales con la izquierda y dos emocionantísimos y soberbios molinetes de rodillas, como más no cabe. La faena había puesto en vilo a los espectadores y como la estocada fue certera, hubo oreja y aún unánimemente se pedía mayor premio para el aclamado espada. Nadie había abandonado su puesto después de arrastrado el toro. La emoción hacía su efecto en los tendidos.
Pepe Luis Vázquez dio ayer destellos de su arte personalísimo, para el que siempre hay abierto un crédito de confianza. Su primera faena, comenzada con tres bonísimos pases altos, fue torera y eficaz, descollando tres molinetes rebosantes de salero. Pinchó Pepe Luis en lo alto, pero luego erró el descabello de primeras y se consideró deslucido prematuramente, desistiendo en su segundo, al que dio algún muletazo saleroso. Quizás era razonable no terciar en la disputa. Pero tiene muchas oportunidades y su público lo espera
El ganado de Clemente Tassara, en general, gordo y fácil para el torero. Si el que abrió plaza se aplomó, no hizo en cambio nada feo. De los subalternos a pie, la cuadrilla de Manolete en pleno. De a caballo, Antonio Díaz. Almohadilla se excedió al castigar ¿Vamos a no salir más hasta los medios?
Resumen: En ambiente de peleílla, noble, eso sí, se logró brillantemente el prólogo de la Feria. Y que así siga hasta el epílogo.

DON FABRICIO
 Sevilla, feria de 1945: Manolete y Pepe Luis, cuatro tardes; una con los Miura.


sábado, 6 de abril de 2019

MANOLETE RECORDADO POR CARLOS ARRUZA


Manuel Rodríguez Sánchez y Carlos Ruiz Camino: Manolete y Arruza 
La revista El Ruedo, de México, publicó en el año 1964 un texto que el matador de toros Carlos Arruza dedicó a su amigo Manolete, artículo que fue reeditado en España en 1997 por la revista 6Toros6, al cumplirse el cincuenta aniversario de la muerte del torero cordobés.
Por lo mucho que significó la corta en el tiempo pero entrañable amistad entre ambos toreros, pues esta creció de verdad tras la alternativa de Agustín Parra Parrita, en Valencia en 1945, merece la pena rescatar el maravilloso testimonio del gran torero mexicano Carlos Ruiz Camino sobre su amigo Manolo, a quien siempre llamaba maestro aunque  Manolete le insistiera que no le llamara de esa forma -¡pero Carlos, por favor, no me llames maestro!-, como nos contó en una entrevista otro íntimo amigo del espada de Córdoba, Manuel Sánchez de Puerta.

MANOLETE
Por Carlos Arruza

En el año 1944 comencé a torear por tierras de Portugal. Había puesto como única condición para presentarme en la plaza de Lisboa hacerlo al lado de Manuel Rodríguez Manolete, lo que me fue concedido un día de junio, en que Manolete, Morenito de Talavera y yo alternamos en la plaza lusitana.
Mi interés personal por conocer a Manolo era extremo. Nunca antes había tenido oportunidad de cruzar palabra con el hombre y el torero que, por ese entonces, apasionaba a los públicos taurinos. Antes de mi presentación en Lisboa, y durante veinticuatro horas, hice lo imposible por que nos presentaran. Cosa que no pudo acontecer sino en el momento mismo de iniciarse la corrida, en el patio de caballos del ruedo en Lisboa. Manolete se liaba el capotillo de paseo. Un amigo hizo las mutuas presentaciones. La forma fue seca, casi cortante. Ninguno de los dos nos estrechamos la mano. El torero de Córdoba me recibió con un tajante, duro, casi grosero: “¿Qué hay?", que de momento me molestó hondamente… Totalmente "como un perro, con la cola entre las patas", me escurrí por allí, francamente molesto.
Manolete 

Tiempo después pude comprobar que esa tajante respuesta era una consecuencia natural del temperamento austero, cortante, característico en la persona de Manolete. Pero en ese momento me produjo un mal entendimiento que causó que, durante más de un año, Manolete y yo toreáramos casi todas las tardes ¡sin dirigirnos una sola palabra, ni siquiera para las circunstancias inevitables de la lidia…!
Ese año llego a España el empresario Antonio Algara.
Su presencia vino a poner punto final al conflicto taurino. Ello favoreció más aún que Manolete y yo toreáramos con mayor frecuencia, casi siempre juntos. El continuo trato vino a convertirse más tarde en una amistad estrecha y profundamente sentida por ambos. Entonces pude comprender en toda su intensidad el valer de Manolete, como torero, como amigo, como hombre. Un sentimiento de hermandad ligó a los dos hasta la muerte de Manolo.
Recuerdo muy bien como empecé a admirar a Manolete; toreábamos Manolete, Morenito de Talavera y yo una corrida del Duque de Palmela. A Manolo le tocó un toro jabonero impresionante, fuerte y peligroso, particularmente porque en Lisboa no se acostumbra picar a los toros por prohibirlo el reglamento. Manolete citó con el estatuario y le dije a Antonio Rangel, que por ese entonces estaba en Lisboa como novillero: "Me cortó la cabeza, si se queda quieto".
Afortunadamente no lo cumplí, porque ahora estaría decapitado, ya que Manolo le dio un pase por alto increíble y lo repitió en la misma forma y manera, hasta en cinco ocasiones. Descubrí entonces el toreo dramático, estoico, su forma arrojada, el carácter por así decirlo de Manolete. Reconocí su propósito de renovar los moldes taurinos impuestos hasta entonces… 
Sevilla, 18 de abril de 1945. Pepe Luis Vázquez, Carlos Arruza y Manolete para 
lidiar una corrida de Clemente Tassara:  "La tarde de las taleguillas rotas".
Belmonte, a quién tan solo pude ver en dos o tres festivales, marcó una época en el toreo. Pero Manolete fue más adelante todavía: su estoicismo para medir, para esperar la arrancada, vino a modificar los procedimientos. La manera angustiosa de hacer su toreo influenció definitivamente a todos los toreros de esa época. Unos buenos, otros no tanto, los toreros se dieron francamente a la imitación de dichos moldes. Todos querían ejercer el dominio del toro, mandando y pasándoselo por la faja, como lo hacía Manolo. Es decir, todos estaban amanoletados. Con una excepción extraordinaria, Pepe Luis Vázquez cuyo arte quintaesenciado le impidió caer en imitaciones.
Creo que una de las razones por la que pude triunfar en España, fue precisamente por haber rehuido al amanoletamiento, valga la expresión. Me puse a pensar que la única manera de no caer en la repetición y en lo común, era llevar a cabo una especie de antítesis del toreo manoletista. Buscar y lograr mis propios métodos y procedimientos. Torear en diverso estilo al estoico de Manolete. Y las fechas se fueron ligando…
He dicho que el sentimiento más de hermandad que de amistad que me ligo con Manolete se inició tras una pausa de mal entendimiento. Al Manolete amigo, caballero y compañero, lo comencé a conocer en una paella que se nos sirvió en Valencia, después de una corrida en que recibió la alternativa Parrita.

Valencia: la paella del armisticio.
Desde el principio, y siempre que toreamos juntos, pareció que Manolete me leía el pensamiento. Sin hablarnos, sin cruzar una sola palabra durante la lidia de nuestros toros, Manolete cuidaba de los míos con un celo y vigilancia extremos. Cuidaba los detalles de la embestida, la colocación de las cuadrillas, se adentraba en la brega de mis toros como si fueran los de él. Por contraparte yo hacía a mi vez otro tanto con los toros suyos. Repito, todo sin decirnos una sola palabra, sin dirigirnos una sola indicación. Y cuando la suerte se me daba bien y cortaba orejas y rabo, Manolete mostraba su íntima satisfacción con aquella sonrisa triste, con aquella amistad silenciosa que le era característica.
Para concluir quiero relatar una anécdota elocuente por sí misma: el día de mi presentación en Madrid -fecha que es fácil suponer lo que significaba y entrañaba para mí- me encontré de momento en grave trance. Faltaban escasos tres cuartos de hora para que se iniciara la corrida y mi sastre no se presentaba con el terno que debería yo vestir esa tarde. Nos encontrábamos en el Hotel Victoria, nerviosos. El nerviosismo de Madrid y 
Traje morado y oro de Manolete. Hermandad de Jesús Caído
 de Córdoba. Foto Manuel Jáimez.

el mío propio eran tensos. Los telefonemas se sucedían ininterrumpidamente. El sastre Ripollés ofrecía llegar en unos minutos y no llegaba. Y los minutos transcurrían indetenibles. En un piso superior del Hotel se hospedaba Manolete. La situación se tornaba insoportable ya, por lo que Andrés Gago subió al piso de Manolete y solicitó prestado un terno. Ante nuestra sorpresa, regresó portando tres ternos que se nos enviaban para escoger. El rasgo de amistad no podía ser más generoso. Me estaba vistiendo yo la casaquilla de un terno morado y oro (propiedad de Manolete y con el, que ocasionalmente, iba a hacer mi presentación máxima) cuando llegó el sastre con mi terno de luces. El favor solicitado y en forma generosa correspondido, puede parecer pequeño, ¡pero que elocuente es en su significado!



En la foto del aficionado mexicano Manolo Castilla observamos el monumento a Manolete situado en la cordobesa plaza Conde de Priego, frente a la iglesia de Santa Marina de las Aguas Santas, donde se levanta el grupo escultórico de Manuel Álvarez Laviada, inaugurado el 8 de mayo de 1956. Fue sufragado con la recaudación de la corrida monstruo celebrada el 21 de octubre de 1951, organizada por Carlos Arruza  a instancias del periodista cordobés José Luis Sánchez Garrido, que como crítico taurino firmaba con el seudónimo José Luis de Córdoba. Actuaron el rejoneador Duque de Pinohermoso y diez matadores: Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, con un toro de José Luis de la Cova; Carlos Arruza, con uno de Felipe Bartolomé; Agustín Parra Parrita, con uno de Galache; Manuel Capetillo, con uno de Arturo Sánchez Cobaleda; José María Martorell, con uno de Alipio Pérez-Tabernero Sanchón; Jorge Medina, con uno de Leopoldo Lamamié de Clairac; Manuel Calero Calerito con uno del Conde de la Corte; Julio Aparicio, con uno de Marceliano Rodríguez; Anselmo Liceaga con uno de Juan Belmonte García, y Rafael Soria Lagartijo, con uno de Carlos Arruza.

El buen aficionado mexicano Manolo Castilla con el matador
de toros Juan Ortega en la calle de Carlos Arruza. Foto Cuevas
El Ayuntamiento de Córdoba dedicó a la memoria del torero mexicano Carlos Arruza una calle en el barrio de Santa Marina, situada entre la Plaza de la Lagunilla -donde Manolete de niño soñó con ser torero- y la Plaza Conde de Priego, donde se erige su monumento.

lunes, 1 de abril de 2019

EN DEFENSA DE LA TAUROMAQUIA

Por Antonio Luis Aguilera 

Conozco a Antonio Jesús Rodríguez Castilla desde que terminada su licenciatura en Derecho se integró como miembro de la Tertulia “Tercio de Quites” de Córdoba, con la que durante años compartió noches mágicas de charlas taurinas escuchando a los profesionales del toreo a la luz de la luna, viajes a ganaderías y otros actos de convivencia en torno al toro, su cultura y su gente. Actualmente Antonio es magistrado en ejercicio en Córdoba, y mantiene intacta la afición que cultivó y que tan hondo enraizó en él, como demuestra la buena faena que plantea en el libro del que es autor: “EN DEFENSA DE LA TAUROMAQUIA” (Editorial  Almuzara).

Se trata de una obra brillante, fundamentada y argumentada, donde se ligan los razonamientos con temple y mando para defender sin complejos la guerra que libra el mundo del toro, mientras exhorta a los aficionados a abandonar la pasividad, porque lo que se está librando es una guerra contra la libertad, la cultura y nuestras raíces. Por eso nos propone un posicionamiento sin complejos, un cambio de actitud para dar la cara por algo tan auténtico como son las corridas de toros, un acontecimiento más que un espectáculo, entendido como "espectáculo que significa una concepción del mundo", según el profesor don Enrique Tierno Galván. ¡Qué nostalgia en los tiempos que corren de politicos de cualquier signo con altura de miras: honestos, tolerantes, respetuosos, formados y educados! 

El libro que comentamos apela a valores esenciales como la libertad, el respeto, la tolerancia y la aceptación de las diferentes culturas del mundo, a defender un valor universal que ha existido en la historia de la humanidad en todas las civilizaciones: el culto al toro. Como explica el autor: “Desde los toros alados asirios, pasando por Apis y Serapis de las mitologías egipcia y griega, los juegos con los toros representados en los mosaicos de la Creta minoica, la lucha contra los toros en los coliseos de la Roma imperial, con Mitra, el dios romano que mata al toro, hasta los toros de Guisando, esculpidos sobre granito en las tierras abulenses, la lucha contra el toro es algo constante en nuestra civilización”.

Con prosa fácil y amena Antonio Jesús Rodríguez Castilla nos ofrece una obra bien estructurada, que desmonta con argumentos el animalismo humanista global, impulsado y favorecido por importantes grupos de presión económicos, los lobbys, que desde una falsedad inaceptable pretenden abolir las corridas para exterminar una raza única como es el toro de lidia. Magnífica la defensa del toreo que plantea este aficionado y magistrado cordobés, que por esta doble condición, a modo de capote de brega, nos ofrece una valiosa herramienta para pisar el ruedo de la vida con orgullo, voz y argumentos, pues todos debemos saber lo que nos jugamos ante los militantes del buenismo, y no  debemos tener reparos en defender los valores del toreo como esencia de vida, porque como concluye el último capítulo de esta obra: “¡Quejarse no sirve de nada!”.