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jueves, 12 de octubre de 2023

LA DESPEDIDA DE MANOLO VÁZQUEZ

Por Antonio Luis Aguilera


La tarde del 12 de octubre de 1983 encontramos un hueco en los tendidos de sol de la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, que agotó el papel, para presenciar la despedida de los ruedos de Manolo Vázquez (celeste y oro), que mano a mano con «Antoñete» (lila y oro) lidiarían dos toros de las ganaderías de Carlos Núñez, Manolo González y Juan Pedro Domecq. La suerte estuvo del lado del toreo sevillano, que cortó cuatro orejas y salió a hombros por la puerta del Príncipe acompañado de  una multitud de aficionados.

Aquella fue por su grandeza torera una de las tardes imborrables en nuestra vida de aficionados. Años después, en una tertulia que dirigimos en Onda Cero Radio Córdoba, donde reunimos a los maestros del toreo Agustín Parra «Parrita», José María Martorell y Manolo Vázquez, hablamos de esa tarde con el toreo sevillano, haciéndole saber el cariño con que recordábamos su despedida, la corrida donde el maestro se sintió y expresó un toreo pletórico de arte, garbo, gracia, pureza... Parecía mentira que cuando tenía asegurada la salida a hombros por la Puerta del Príncipe, pues había cortado tres orejas a sus dos primeros toros, en el quinto, el último de su carrera, un animal sin estilo y con evidentes dificultades, se la jugó y dio la sensación de que no le importaba cambiar la puerta que se asoma al Guadalquivir por la del cuarto del hule. 

Agustín Parra "Parrita", Manolo Vázquez y José María
Martorell con el autor de este artículo. Foto Marogo.

Esto fue lo que recordaba Manolo Vázquez:

«Ese día fue para mi muy importante. En realidad quería ratificar lo que ya Sevilla me había dado. El hecho de mi reaparición en el año 1981 era por lograrlo en Sevilla, cuando gracias a Dios tenía todo resuelto y había dejado en el toreo la huella de lo que más o menos había sido. 

Sevilla es muy especial, mucha gente puede pensar que con sus toreros es… Pero no lo es con todos sus toreros, sino con ciertos toreros. La afición de Sevilla se entrega con ciertos toreros, pero después ha habido toreros muy importantes a los que no se lo han reconocido.
Yo quería ratificar en Sevilla, y reaparecí con una edad que daba la sensación… Pero gracias a Dios lo logré. Ese día veía a la gente que estaba a cien por hora, allí todo el mundo estaba pensando en ir a la despedida de Manolo Vázquez como quien va a una fiesta. La corrida estaba anunciada mano a mano con «Antoñete», iban a salir tres toros y a ver cómo salían. Hombre, puse de mi parte todo lo que podía dar, pero aquello había que solucionarlo. Gracias a Dios la cosa se cuajó.

Tuve esa inmensa satisfacción, que Agustín y José María desgraciadamente no han podido lograr, lo logré con cincuenta y tres años de edad. Lograr salir por la Puerta del Príncipe a esa edad… No dejo de dar gracias a Dios y a esta profesión del toreo que es tan bonita.

Aquella noche, sentí por encima de todo la inmensa satisfacción de haber logrado lo que me propuse en esa reaparición, aunque anteriormente lo había logrado en el primer año y estuve a punto en el segundo de haber salido también. Lograrlo en esa última corrida creo que no se puede pedir más…

Cuando un torero, un profesional, dice voy preparar mi despedida en Sevilla, y que todo salga así… Porque todo se puede organizar, se puede preparar; pero, amigo mío, en el toreo hay un elemento con el que nunca se puede contar: el toro. Más grande, más chico, como sea, pero el toro después sale y se comporta como se tiene que comportar, nadie sabe cómo va a salir. Recuerdo perfectamente que aquel día, de los tres toros que maté, uno fue un gran toro, el de nuestro amigo Manolo González. Fue un gran toro en el último tercio, no en el primero, pues ahí empezó… Pero se vino arriba y fue un gran toro. Después, los otros dos tuvieron muchas dificultades. Y en el último, como ha comentado Antonio, cuando había cortado una oreja al primero y dos al segundo, no me importaba que me hubieran cogido y partido los muslos».   

Cuarenta años después, como homenaje al inolvidable maestro, hemos querido que sean sus propias palabras las que nos hablen de aquella gran tarde de toros.   

martes, 21 de febrero de 2023

UNOS REGRESAN, OTROS VUELVEN

Por Antonio Luis Aguilera               

Oliva Soto, que cortó una oreja la pasada feria de abril, se queda
fuera este año por rechazar lo que le ofrecían: un puesto en la
corrida de seis toros para seis toreros sevillanos. Foto Arjona

A la afición no suele agradar el regreso de los toreros retirados. Sobre todo, de los que nadie echó de menos en su ausencia, que es lo general —José Tomás es punto y aparte—, y de forma especial si a las despedidas solo le faltaron los mariachis, o lo que es igual: si se anunciaron a bombo y platillo y tuvieron finales llorones. Salvo puntuales regresos que están en el recuerdo de los aficionados, como aquellos de los años ochenta de Antoñete, Manolo Vázquez y José Luis Parada, la mayoría de los diestros, al volver a plazas donde su presencia era recibida con agrado, observan como esa afición los saluda con una frialdad alpina, como interpelándoles: ¿Y tú a qué vuelves?

Las madrugadoras combinaciones de Madrid y Sevilla incluyen en sus carteles regresos de toreros que se marcharon como vulgarmente se dice “hace un cuarto de hora”. Sin embargo, a pesar de la dura competencia para figurar anunciados, no han tenido problemas para ser incluidos por una poderosa razón: la influencia en el clan familiar del toreo de sus comisionistas, que cuelan como imprescindibles a diestros que nadie ha llamado, porque a los que pagan la entrada, en otro tiempo “el respetable”, hace tiempo que se les perdió el respeto y no se les pide opinión antes de anunciar tan gélidos como desangelados retornos.

Al “respetable” solo le asiste el derecho a expresar su cabreo en peñas y tertulias, lugares que habitualmente no pisan los que hacen los carteles en los despachos taurinos, para no escuchar a los que despotrican de sus planificaciones, ni aguantar críticas sobre los abusos del sistema o las ausencias de toreros con más méritos para estar, cuyos representantes no comen en la mesa de los comisionistas que controlan el toreo. Así que poco importa si la afición quiere ver en los carteles a los triunfadores del pasado año, toreros emergentes con posibilidades, que necesitan madurar pero que son una seria apuesta para otorgar un imprescindible relevo al escalafón de matadores, bien cargado de espadas con demasiados años de alternativa, que por su rutinario hacer parecen tener todo dicho en el toreo.

Ángel Téllez, triunfador en Madrid, fuera de Sevilla. Foto Arjona

En Madrid se organizó una gala de presentación de los carteles, que sustituyó a las antiguas ruedas de prensa, evitando así a periodistas independientes, que son los menos pero molestan como "moscas cojoneras", porque no enjabonan ni dan masajes añadiendo unas gotitas de colonia. Quedaron, pues, fuera del guion de la noche, las preguntas molestas, para que los políticos y la gente guapa disfrutaran del éxito de la ceremonia, sin que a nadie se le atragantaran los canapés. En Sevilla, sin canapés, de forma austera, más de lo mismo. El circunspecto empresario se ufanó en presentar “la feria con mayúsculas”. Solo faltó el incensario humeante perfumando el regio salón maestrante. Tampoco hubo ninguna explicación del por qué se repiten más que un sofrito malo espadas caducados y amortizados, ni los méritos para estar dos tardes en el abono de quienes regresan sin ser llamados, y nada menos que tres los que, sin haberse retirado, por lo que fueron hace temporadas, vuelven como las golondrinas al estar representados por comisionistas de la gran familia.

Así las cosas, entre los que regresan y los que vuelven sin haberse ido, en Madrid y en Sevilla, como le gustaba decir a mi abuela: “ni son todos los que están, ni están todos los que son”. Y entre algunos buenos carteles, por aquello de “vamos a llevarnos bien”, la programación de ambas plazas empacha con tanto torero de tono gris, sin mayor mérito que estar impuesto por los comisionistas de las familias del toreo. Las declaraciones que afirman que “la de este año es la feria con mayúsculas”, cobrarían sentido si no existiera el intercambio de cromos en perjuicio de toreros que se han ganado el puesto en el ruedo. Las galas nocturnas y los placenteros soliloquios de los empresarios de ambas plazas no pueden ocultar las miserias que tanto daño están haciendo al toreo.

domingo, 26 de junio de 2022

El “SABORCITO”

Por Antonio Luis Aguilera 

Diego Urdiales al natural

Hablando de toros con un torero de dinastía y buen amigo, me decía que tener “sello propio” en el toreo es ser distinto a los demás. No dice ser mejor o peor, sino diferente, y afirma que el “sello” siempre ha sido valorado al alza por los buenos aficionados, por los pocos que de verdad saben paladear ese toreo único que se distingue de los demás.

Matiza que hay muy buenos toreros, profesionales excelentes, pero la mayoría se parece al expresar, que ves a uno y crees haber visto a todos ante una manifestación homogénea, despersonalizada, sin ese toque propio que marca la diferencia de los pocos que son distintos, que tienen personalidad y no están cortados por el mismo patrón. Y como habría hecho el mismísimo «Juncal», sentencia: “¡Ya está dicho!”.

Juan Ortega a la verónica

Reconoce que todos los toreros son unos fenómenos, pero afirma con gracia que la mayoría tiene un toreo sin “pringue”, sin ese regusto que deja aquello que es diferente y tanto agradece el paladar. Por eso le duele que “cenizos” y “agoreros” quieran cortar el cuello a los pocos toreros que tienen ese “saborcito”, a los que cuando se expresan en el ruedo levantan pasiones, defendiendo que merece la pena esperarlos y darles oportunidades.

Pablo Aguado en un cambio de manos

Considera que probablemente no serán figuras de las que tiren del carro, pero serán necesarios para otorgar aroma al cartel, y pone de ejemplo a un diestro tan respetado, admirado y agradable de ver por los aficionados como «Antoñete». En el toreo —asegura—, no basta anunciar a los que cortan orejas sin dejar ese “saborcito” bueno que tienen solo unos pocos, también deben tener sitio los que te hacen paladear “otra cosa” en la plaza, y luego, cuando te vas andando para tu casa, saboreas de forma placentera ese “regustito”.