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domingo, 15 de agosto de 2021

LA GRAN TEMPORADA DE «GUERRITA» (I)

Por Rafael Sánchez González

Rafael Guerra Bejarano «Guerrita».
Óleo de Julio Romero de Torres

Mientras España curaba sus heridas por la pérdida de las colonias de ultramar, las plazas de toros eran los escenarios donde muchos españoles, olvidando la situación política por la que atravesaba el país, seguían entregándose a su afición favorita, los espectáculos taurinos, en cuyo entorno se reflejaba también ese ambiente de pesar, influenciado además por la retirada de los dos ídolos que durante más de cuatro lustros habían acaparado la máxima atención y dividido sus pasiones: Rafael Molina Lagartijo y Salvador Sánchez Frascuelo. Cuando esto sucedía, otro diestro ocupaba ya el liderazgo de manera absoluta, Rafael Guerra Guerrita, cuya trayectoria profesional transcurrió envuelta en una merecidísima aureola de auténtico magisterio. Desde su aparición formando parte de la Cuadrilla Juvenil Cordobesa que en 1875 formó Francisco Rodríguez Gómez Caniqui, destacado banderillero a quien un problema de visión le obligó a dejar la profesión, Llaverito, que así se le conocía entonces a Rafael (por ser hijo del conserje y por consiguiente tener las llaves del viejo Matadero de Córdoba), mostró unas cualidades excepcionales para la lidia, aptitudes que fueron progresando a medida que avanzaba su excepcional carrera, hasta que en 1899 decidió retirarse cuando era figura máxima e indiscutible de la Tauromaquia. Pero si toda su ejecutoria en los ruedos fue brillantísima, cabe significar que en 1894 cuajó su campaña más completa, que además se vio acompañada por acontecimientos de muy diversa índole. Fue, la gran temporada de Guerrita, a la que quiero dedicar la atención que por su relevancia merece.

El Barrio del Matadero de Córdoba, en el Campo de la Merced.

A modo de introducción, he de indicar que en 1891 el bando lagartijista, declarado abiertamente en contra de Guerrita, tomó partido por Manuel García el Espartero, quien a base de gran pundonor y un arrojo temerario cogió alas en el coso de la Villa y Corte, situación por la que Rafael decidió no ajustarse el siguiente año (1892) con el empresario de tan importante plaza, el famoso Bartolo (Bartolomé Muñoz), que tampoco pudo contar con Luis Mazzantini y José Sánchez Cara-ancha. En 1893, siguiendo la determinación tomada por Frascuelo y cansado por el peso de los años se retiró Lagartijo, que ya había firmado las paces en Córdoba con Guerrita (un problema del que sus respectivos seguidores fueron más culpables que los propios espadas), y cuando este último regresa ante el exigente público madrileño, aun sin decepcionar, tampoco puede decirse que alcanzara el alto nivel de años anteriores. Al empuje del Espartero vino a unirse con fuerza en la segunda parte del abono Antonio Reverte, otro diestro sevillano con el valor como base de sus triunfos y la misma atracción popular que su citado paisano, del barrio de La Alfalfa. Así estaban las cosas cuando Rafael encaró su importante campaña de 1894, que curiosamente comenzó con dos actuaciones los días 2 y 5 de marzo en la plaza Serra do Pillar de Oporto (Portugal), acompañado del rejoneador Duarte d´Oliveira.

La temporada madrileña se abrió el siguiente día 25, con ganado de Manuel Bañuelos para Espartero, Reverte y Guerrita, quien, vestido de verde y oro, se enfrentó a Picafuerte y Lagartijo (no sería el único astado con este nombre que matase a lo largo de su carrera), actuación que le sirvió para darse buena cuenta de que había que apretarse los machos, dado que soplaban vientos de Fronda. Pero no tardaría Rafael en poner las cosas en su lugar exacto. En la primera de abono, el domingo 1 de abril (suspendida por lluvia siete días antes), con los mismos compañeros de cartel y reses de Esteban Hernández, grandes y con poder, cuajó el diestro de Córdoba una de sus tardes más completas en este coso frente a Rebollo, un colorao de cuello rizao y grandes defensas, que derrochó mansedumbre desde que asomó por la puerta de chiqueros, y a Segoviano, ejemplar de bonita lámina, con el que se lucieron en quites los tres espadas y cuya muerte brindó a la francesa duquesa de Uzés, que le correspondió con un valioso alfiler, para realizar después una brillante faena a la que puso colofón con un soberbio volapié. El público, que se había mostrado con intencionada frialdad tras rematar a su primero, no tuvo más remedio que entregársele con una ovación general, que le acompañó cuando en su jardinera enfilaba la calle de Alcalá arriba para entrar en la del Turco camino de la fonda.

Guerrita en la plaza de Sevilla trasteando a Judio de Miura

Con el grato sabor de este triunfo llegó Rafael a Sevilla para participar en la Corrida del Corpus (15/4) y en las tres de su famosa Feria abrileña, anunciado con Espartero y Emilio Torres Bombita. Los toros pertenecían a las prestigiosas divisas de Adalid, Concha y Sierra, Ybarra y Miura, y el resultado general no pudo ser más exitoso para él. Con relación al segundo de estos festejos recojo estas líneas escritas por Don Ventura  en su obra Al hilo de las tablas: “Los dos diestros [Espartero y Guerrita] estuvieron superiores de verdad contendiendo con las reses de la Viuda, que así era cómo toreros y aficionados designaban a doña Celsa Fontfrede [Vda. de Concha y Sierra](…) Aquella noche de la corrida los vendedores de periódicos voceaban éstos, repitiendo machaconamente el bordoncillo de: con lo bien que han trabajado Espartero y Guerrita”. Y añade después dicho historiador: “la gente se agolpaba como para contemplar algo extraordinario, y quien producía aquel revuelo era el célebre diestro cordobés, el cual avanzaba por la angosta vía ataviado con arreglo al puro clasicismo torero: recogido sombrero calañés, chaquetilla de terciopelo granate, rico pantalón negro de talle, botas de charol con cartera de color claro, bastón, camisa bordada y deslumbradores brillantes. ¡Qué olor a torero se esparció por la calle de las Sierpes! Al llegar Guerrita frente al Círculo de Labradores se encontró con el crítico madrileño Don Clarencio, gran partidario suyo. ¿Cómo? ¿Usted por aquí? -dijo Rafael-. A ver a ustedes y que sea enhorabuena -replicó Don Clarencio-. Rafael hizo una breve pausa, giró la mirada por aquella multitud que le asediaba y le cerraba el paso, y añadió con firmeza: “¡Aquí soy el amo!”.

El domingo 22 volvió a Madrid, donde, después de varias suspensiones por lluvia y variaciones en el cartel, se celebró la segunda corrida de abono en la que, mano a mano con Reverte por reciente percance de Espartero en Sevilla, se enfrentaron a bichos de Juan Vázquez, con romana y bravura, que a punto estuvieron de dejar  en la ruina al señor Bonilla, encargado de la cuadra de caballos de esta plaza. Tercer paseíllo en la Corte y otra lección magistral de Guerrita, esta vez ante Farolero, con el que desempeñó una gran labor con la muleta y citó hasta cuatro veces en la suerte de recibir, que fueron otras tantas ovaciones. Según Paco Media Luna (El Toreo 23/4/1894): “Nada más bonito y artístico que aquellos pases naturales haciendo girar al toro en un palmo de terreno (…) No hay que consignar que toda la faena fue exornada con unánimes salvas de aplausos, repitiéndose al caer el bicho muerto”. Siete días después nueva actuación en el mismo escenario, acompañado de Cara-ancha, que resultó herido en una pierna al banderillear, y Antonio Fuentes, alternativado por Fernando el Gallo hacía siete meses, para lidiar un encierro de José Orozco remendado con un sobrero de Conradi, que pareció raquítico comparado con aquel ya citado de Vázquez y por añadidura no dio el juego apetecido.

Manuel García El Espartero

El 3 de mayo, festividad de la Ascensión, junto a Reverte y Fuentes se las vieron con astados de Miura, muy grandes, duros y poderosos, sobre todo el cuarto, con el que tuvieron que emplearse a fondo Pegote, Zurito y Beao, ordenando el diestro que abrieran las puertas para una vez en el callejón poderle quitar al toro la mitad del palo que Pegote había enterrado en el morrillo de Enanito, que así se llamaba el miureño. De vuelta a la arena, Rafael sacó a relucir una vez más sus dotes de gran lidiador ante el público madrileño. Y según narra El Toreo (4/5/1884): “se arranca a dos palmos de la cara de su enemigo, y al volapié deja una gran estocada. El toro queda como inmóvil frente al 10, Guerrita se sienta en el estribo. El bicho le mira. Saca el matador el pañuelo, se limpia con él, y vuelve a guardarle. El toro da una vuelta y vuelve a quedarse mirando a Guerrita, que continúa sentado. Y se acuesta a sus pies besándolos casi (…) Un espectador de la grada 9 gritaba: ¡ole por el Lagartijo y el Frascuelo, todo en una pieza! Conste que la ovación fue de las que hacen época, y de las que son espontáneas”. Añadir, que a su regreso a Córdoba fue recibido en la estación del ferrocarril por una banda de música y numerosas personas que le acompañaron entusiásticamente hasta su domicilio en Plaza de Capuchinos.

Cuatro paseíllos más realizó Rafael Guerra sobre el ruedo madrileño (los días 6, 13, 17 y 20 de mayo) y en todos mantuvo en alza su bien ganado cartel de figura cumbre del toreo, llegándose a leer en la prensa expresiones como: “ya no se puede llegar más alto que ha llegado Guerrita”, o bien: “hoy día es el único torero capaz de poner en las taquillas el ansiado cartelito de no quedan localidades”. Relacionado con el tercero de ellos se produjo un leve incidente del que se han contado diferentes versiones que, más o menos, vienen a redundar en el mismo resultado final. En el mañanero apartado de los toros, propuso Guerrita la conveniencia de dejar fuera uno que desentonaba del resto por su exagerada altura y descomunal cabeza, aún dentro de un encierro que ya era grande y cornalón. El mayoral cometió la torpeza de advertirle al diestro que no debía preocuparse dado que dicho ejemplar no venía para él (conviene recordar que entonces era el ganadero quién señalaba el orden de salida de las reses a lidiar en cada corrida). Como era de esperar, la respuesta del califa fue tan rápida como contundente. Imponiendo su jerarquía exigió enfrentarse a Cocinero, que así se llamaba aquel elefante con cuernos perteneciente al ganadero colmenareño de D. Félix Gómez, quien, por cierto, fallecería veinticuatro días después. Con la maestría que era de suponer, Cocinero fue lidiado en segundo lugar y al caer fulminado de certera estocada sonaron con fuerza las palmas para el torero. De la dureza que sacaron los bichos  es prueba exponente los 49 puyazos que recibieron, por 33 caídas y 18 caballos muertos.  

Picador antes del peto para proteger las cabalgaduras

Dos corridas de toros (25 y 26 de mayo) y una novillada conformaron en Córdoba la Feria de la Virgen de la Salud de aquel año, en las que Guerrita alternó con Mazzantini, y Espartero, frente a reses de Eduardo Ybarra y de Antonio Campos (oriundas de Barrionuevo) respectivamente. Por cierto, sería la última vez que el valiente espada sevillano abandonaría una plaza vestido de luces, dado que el día siguiente caía mortalmente herido por el toro Perdigón, de Miura, en el ruedo de la Villa y Corte. El paso por nuestra ciudad del vagón en el que viajaba el cadáver de Manuel García congregó en la estación a numerosos aficionados y por encargo expreso de Rafael Guerra, ausente al torear ese día en Granada, el clero de la parroquia de San Miguel acudió para rezar un solemne responso ante los restos mortales del desgraciado torero. Continuando con la Feria cordobesa, el tiempo desapacible, que quitó brillantez al  recinto ferial, no restó público en el desaparecido coso de Los Tejares, escenario de un triunfo más de Guerrita, que fue clamorosamente aplaudido por sus paisanos, con el mismo entusiasmo que despertó cuando en la noche del viernes 25 advirtieron su presencia en la lujosa tienda (caseta) del Círculo de Amistad, lugar al que para felicitarle acudió el alcalde de la ciudad, señor Aparicio Marin, acompañado del Director General de Establecimientos Penitenciarios, el cordobés D. Antonio Barroso Castillo, que disfrutaba de las jornadas festivas en compañía de familiares y amigos.

A su mencionada actuación en Granada, siguió la de Aranjuez, el miércoles 30, donde se dieron cita numerosos aficionados desplazados desde Madrid, y a continuación las de Antequera (31/5), Barcelona y Nimes (Francia), los días 3 y 10 de junio respectivamente, antes de regresar a la capital de España para participar  el 17 de junio en la tradicional Corrida de Beneficencia, con Mazzantini, Lagartijillo (en sustitución de Reverte), Fuentes (que sufrió una extensa herida en la región lumbar derecha) y  ganado de la Marquesa Vda. de Saltillo. Según El Bachiller González de Rivera en Sol y Sombra: “el segundo saltillo, de nombre Baratero, fue bravísimo, llegó a la muleta cortando terreno y Guerra, de tórtola y oro, le toreó de un modo magistral con diecisiete pases, en cada uno de los cuales obtuvo una ovación, que aumentó al matar con una estocada algo caída recibiendo. Al sexto, Zorrillo, lo toreó con suprema elegancia, matándolo de un magnífico volapié. La segunda ovación igualó a la primera”. El jueves 21 toreó en la lisboeta plaza de Campo Pequeño y el domingo 24 en la Real de El Puerto de Santa María, recintos taurómacos con la belleza arquitectónica y reconocida importancia que en la actualidad conserva y sigue disfrutando respectivamente uno y otro. 

Guerrita entra a matar a Cocinero, de don Félix Gómez

Entre las festividades de San Juan y San Pedro vuelve a Madrid el día 27, en tarde lluviosa que no repercutió en los tendidos pese a ser además jornada laborable, esta vez para entendérselas con ganado de Adalid en compañía de Antonio Fuentes y Ricardo Torres Bombita, que confirmaba la sevillana alternativa que el año anterior le había otorgado el Espartero (única que dio este diestro) en la Feria de San Miguel. Guerrita, que tuvo que descalzarse para poderse mover con cierta seguridad sobre el barrizal en que se había convertido el ruedo, estuvo valentísimo toda la tarde, sacando a relucir su incontestable magisterio taurino, sobre todo ante Gallarete, un buey con desarrolladas defensas que mostró mansedumbre desde su aparición por la puerta de chiqueros. Según la prensa, los antiguos núñezdeprado no dieron el juego esperado y ya no tenían la pujanza frente a los caballos de cuando los presentaba D. ª Teresa. Y con doble y triunfal participación en la feria burgalesa, los días 29 y 30, ponía punto final Rafael al mes de junio.

El domingo 1 de julio se cerraba la primera temporada del abono madrileño con un cartel de extraordinario interés. Nada menos que Guerrita como único espada con seis ejemplares de Joaquín Muruve, gesta que llevaría a cabo en veinte ocasiones a lo largo de su carrera. De la expectación que el festejo había despertado es señal inequívoca el comienzo de la crónica de Paco Media Luna en el semanario El Toreo: “El delirio, el disloque, el acabóse, el colmo, todo en una pieza (…) Los billetes para presenciar la corrida de ayer se han cotizado a precios fabulosos. Asientos que en el despacho valían de ordinario dos pesetas se han pagado a seis y ocho, sin andarse con requisitos, so pena de quedarse a la luna de Valencia. Y si esto ha ocurrido con los billetes de las andanadas frente a la sombra, ¿qué precios no habrán obtenido los billetes de preferencia? La calle de Sevilla toda la mañana de ayer estuvo convertida en una segunda edición de la Bolsa, con mucha más animación que la mejor sala de contrataciones, y cotizándose en alza continua el papel, según transcurría el tiempo. A las dos era ya difícil obtener un asiento en la mezquita, porque quedaban contados, y esos a precios fabulosos. (…) A las cinco, D. Manuel Cobos Canalejas, encargado de la presidencia, dio las órdenes de comenzar. Al poco presentábase el ejército capitaneado por el gran califa Rafael Guerra «Guerrita», vestido de verde y oro, que fue saludado por la asamblea con un aplauso general”. De su continuado elogio a la redonda actuación del torero de Córdoba, destaco estas líneas: “El sexto, como queda dicho, fue un buey. Pero como una de las grandes habilidades que tiene el Guerra es convertir a la hora de la muerte bueyes carreteros en toros boyantes, tomando al manso de cerca y tapándole siempre la salida, consiguió apoderarse de él y dar fin a la faena con la mejor estocada que se clavó en toda la tarde, cayendo el bicho sin necesidad de puntilla”. 

Guerrita y su tropa torera

Con lleno a rebosar en Castellón, el 8 de julio volvió a encerrarse en solitario con seis muruves a los que despachó de otras tantas estocadas y un pinchazo recibiendo. Así resumía su labor la reseña de Arte Taurino (15/7): “Con la muleta hizo todo lo que sabe, que no es poco. Dio pases acabadísimos, imposibles de describir con la perfección con que él los ejecuta”. Cuatro días después y precedido de toda la parafernalia que allí rodea a los festejos taurómacos, lidió en Lisboa reses nacionales de Palha, que dieron un excelente juego. En cambio, no sucedió igual con cinco de los seis morlacos que el domingo 15 se jugaron en Barcelona, marcados con los hierros de Benjumea, Miura y Mazzantini, que pasaportó junto con el Gallo y Don Luis, que en dicha función conjugaba protagonismo como ganadero y torero.

Cuatro corridas compusieron la valenciana Feria de Julio (todavía no se celebraba el ciclo fallero, que con el paso del tiempo alcanzaría mayor celebridad), de las que solamente él fue máximo protagonista de todas, figurando también en la programación Bombita, Mazzantini, el diestro local Julio Aparici Fabrilo y Rafael Bejarano Torerito en sustitución de Reverte que se encontraba herido. Lo más destacado corrió a cargo de Guerrita, lucido con los toros aceptables, que salieron pocos, y mostrándose dominador con los que mansearon, que fueron mayoría. Intercalando actuación entre estos festejos viajó a Mataró el día 27, para estrenar el único coso taurino levantado en la capital del Maresme, con capacidad para ocho mil espectadores, en una nueva encerrona, ahora frente seis cornúpetos de José María de la Cámara que averiguó con sobrada solvencia. 

Aplazado a fin de que pudiese intervenir Guerrita, con lleno rebosante, teniendo que desalojar la autoridad al público que había invadido el callejón antes de comenzar el espectáculo, el jueves 2 de agosto se inauguró la tercera plaza de toros levantada en Jerez de la Frontera (las dos anteriores desaparecieron pacto de las llamas). Ni los bichos del señor marqués de Villamarta, procedentes de Juan Vázquez, ni Francisco Bonal Bonarillo, antiguo competidor suyo en novilladas matritenses que en esta ocasión alteraba con él, aportaron nada digno de ser recordado en fecha tan señalada para la afición jerezana. Consignar, si acaso, que el picador Rafael Moreno Beao pasó a la enfermería con erosiones en la cara y luxación del brazo izquierdo. Los días 4 y 5 compartió aplausos con Antonio Fuentes en la localidad murciana de Cartagena frente a sendos encierros de Saltillo y Muruve. Y el lunes 6, desilusión en Alicante al estrellarse los deseos de agradar del califa, que una vez más se anunciaba como único espada, por culpa de las nulas condiciones que salvo en varas aportaron los muruves lidiados. 

Antonio Fuentes

Rafael proseguiría su triunfal campaña con una doble participación en la Feria de Málaga. El miércoles 8 para despachar en veinte minutos un encierro de Saltillo, que representó un triunfo más para Guerrita, éxito que se vio complementado el jueves con una gran actuación, de manera especial en el toro cuya muerte brindó a su maestro y antiguo jefe Rafael Molina Lagartijo, invitado de honor en el palco de la Diputación. Extraordinaria faena, a la que Barabino ponía colofón en su reseña (El Toreo 13/8), con estas líneas: “En el quinto desarrolló arte, elegancia y maestría, entusiasmando al público de tal modo que hasta las presidentas aplaudían. Mató al bicho de una estocada muy buena, después de rascarle el testuz, llevándoselo luego a las tablas, donde se sentó, sacó el estoque y le remató con la puntilla. Ovación, oreja y música por las tres bandas que asistían a la corrida”. Testigos de excepción Mazzantini y Bombita, que completaban cartel con reses de Orozco.

Rafael Guerra en sus inicios

Tras un breve descanso a su paso por Córdoba, Rafael Guerra emprendió viaje para acometer las dos citas taurinas más importantes del norte como son los ciclos feriales de San Sebastián y Bilbao, en los que ya en aquellos años se daban cita miles de aficionados llegados de Francia. Comenzó en la desaparecida plaza guipuzcoana de Atocha (primera en España que en agosto de 1886 y bajo el reclamo de Toros de Noche anunció un festejo taurino nocturno), donde, vestido de corinto y oro, lidió ganado navarro del conde de Espoz y Mina (dueño ya en solitario de los antiguos carriquiris), junto con Luis Mazzantini, que aun habiendo nacido en Italia siempre se consideró un torero de esa tierra. Tres días después (15/8) repetirían actuación, esta vez frente a toros de la Sra. Vda. de López Navarro que colaboraron al triunfo de ambos espadas, sobresaliendo el alcanzado por el cordobés ante Donoso, del que le concedieron una oreja. Según la prensa: “Los trenes para Francia salen atestados de gente, y al partir de la estación, los franceses gritan con entusiasmo ¡viva España! ¡Viva Guerrita!”.  Quizás por no tener mucho de qué escribir en temporada estival, periódicos como El Tiempo y El Liberal se ocuparon de la comida ofrecida a Rafael Guerra a bordo del Conde de Venadito, intentando comprometer con ello a significativas personas relacionadas con el Ministerio de Marina, al punto de tener que enviar el torero una carta aclaratoria al respecto que fue publicada en el primero de los rotativos citados. 

En cuanto a Bilbao, tomó parte en las cuatro corridas programadas del 19 al 22 de agosto, abriendo actuación mano a mano con Mazzantini y ganado de Muruve al que le sobró mansedumbre. En los dos siguientes festejos alternaron ambos junto al sevillano Antonio Reverte, corriéndose la primera tarde reses de Veragua, con romana y desarrolladas defensas, que dieron un juego bastante aceptable, en tanto que en la siguiente los pupilos de Saltillo demostraron enorme poder y sacaron mucho que lidiar, mandando a la enfermería a los dos compañeros de Guerrita, motivo por el que Reverte no pudo torear el último día y Mazzantini anduvo muy mermado de facultades, cargando el califa con todo el peso de la lidia, en la que colaboró muy eficazmente y compartió palmas con él, haciendo gala de su reconocida solvencia, ese portento de la brega llamado Juan Molina, que todavía figuraba en la cuadrilla de Mazzantini para pasar el siguiente año a las órdenes del Guerra, quien a fin de cuentas sería el triunfador absoluto de la feria. Por compromiso con el empresario, su amigo José Arana, volvió de nuevo a San Sebastián el domingo 26, para estoquear saltillos en compañía de Emilio Torres Bombita, que fueron de Zalduendo el día 28 en Dax (Francia), y de González Nandín el 3 de septiembre en Valdepeñas.

ACCESO A LA SEGUNDA PARTE

domingo, 21 de febrero de 2021

RAFAEL GUERRA BEJARANO: UN GENIO DEL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera

Rafael Guerra Guerrita. Foto Montilla

El 21 de febrero se cumple el ochenta aniversario de la muerte de un genio del toreo: Rafael Guerra Bejarano el Guerra o Guerrita. Fue precisamente el señor Fernando el Gallo, su jefe de filas, quien sugirió al cordobés que dejara de apodarse Llaverito y lo hiciera con su propio apellido, cuando el joven Rafael usaba este distintivo para recordar que era hijo del conserje del Matadero de Córdoba, tras haberse anunciado anteriormente como El Airoso, como hizo el 8 de septiembre de 1876 cuando a los trece años debutó en Andújar, en la cuadrilla juvenil cordobesa capitaneada por Francisco Rodríguez Caniqui.

No tardaron en cristalizar las excepcionales cualidades que se le atisbaban al chaval para el toreo. Su valor, destreza, poderío y conocimientos de la lidia corrían de  boca en boca entre la admiración y el interés por verlo de la gente del toro. A aquella fuente de torería pronto acudieron para llevarla en sus filas Manuel Díaz Lavi, Manuel Molina, Valentín Martín, Manuel Fuentes Bocanegra, Fernando Gómez el Gallo y Rafael Molina Lagartijo, que contrataron al banderillero cordobés con la seguridad de saber la autoridad que, mientras caminaba con paso firme hacia la alternativa, llevarían entre su gente.

Guerrita. Julio Romero de Torres

Sería el no menos legendario Lagartijo, su maestro y paisano, quien el 29 de septiembre de 1887 se la otorgaría en la plaza de Madrid. Aquella tarde Rafael, de gris perla y oro, adquiría el grado de matador de toros con Arrecío, de don Francisco Gallardo —procedencia de don Rafael José Barbero—, único ejemplar que se lidió de esta ganadería, pues los otros cinco pertenecieron a don Juan Vázquez –antes Núñez de Prado-. El toricantano también estoqueó a los ejemplares Tinajero y Romanito.

Comenzaba la fulgurante carrera de aquel matador excepcional, nacido en el Barrio más torero del mundo —el Campo de la Merced de Córdoba— y bautizado en la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas, que es considerado como uno de los espadas más determinantes y completos de la Tauromaquia, de un rey del toreo que, por saber, hasta supo irse a tiempo, sin ceder su cetro ni que nada le quedara por demostrar en los ruedos, donde la profunda huella de su magisterio, del que presumió toda su vida, se agigantaría al ser analizada con perspectiva histórica.

Esa fue la falla del genio: la rotundidad de un magisterio que resultaba insultante, cualidad que al principio arrebata a los públicos, pero que de convertirse en rutina les cansa, cuando aguardan impacientes el fracaso que no llega del ídolo que han levantado. Si a ello le añadimos la arrogancia personal del propio Guerra, que no se callaba ni una, posiblemente hallemos la clave del acoso que sufrió en las últimas temporadas. Verbigracia, se cuenta que antes de echar el paseíllo para lidiar una corrida que había levantado admiración por la seriedad de sus ejemplares, mientras se colocaba el capote de paseo un espectador le preguntó con guasa: «Rafael, ¿qué va a pasar esta tarde?». Y Guerrita respondió sin inmutarse: «¡Lo que a mí me de la gana!»

Guerrita en Sevilla ante Judio, de Miura.

Podría decirse que entre la admiración por su poderío y el rechazo por su soberbia transcurrió su carrera, pero finalmente admitió que la hostilidad del público era difícil de llevar mientras tenía que jugarse la vida. Así las cosas, al atardecer del 11 de junio de 1899, en la fonda de doña Gregoria Echezarreta, su cuartel general y el de su cuadrilla en la Villa y Corte, cuando se quitaba el traje que lució por última vez en Madrid, le dijo a su buen amigo José Bilbao: «Pepe, no toreo más en Madrid ni para beneficio del lucero del alba». El torero de Córdoba asimilaba ya su retirada, que aconteció cuatro meses más tarde, el 15 de octubre en Zaragoza, donde vestido de gris plomo y oro, puso fin a su admirable carrera estoqueando al toro Limón, colorado ojo de perdiz, de la ganadería de don Raimundo y don Jorge Díaz. «¡No me voy. Me echan!», dijo con pena a los suyos.

Guerrita actuó como espada de alternativa trece años, sumando 892 corridas, 22 de ellas como único espada, estoqueando 2.339 toros y sufriendo 15 percances de consideración. Pero si dejamos los números aparte, como argumenta José Alameda su figura no ha sido comprendida por quienes la analizan de forma superficial, recreándose en datos, anécdotas y sentencias, sin profundizar en lo que verdaderamente fue y representó en el toreo de su época, y en la influencia que tuvo en el de nuestro tiempo.

Rafael el Gallo, Joselito, Machaquito y Guerrita. Fotografiada titulada
"Los cuatro ases del toreo". Fue tomada el 15 de noviembre de 1915 en
la sierra cordobesa, en la finca "San José de Vista Alegre". Foto Montilla

De ello da testimonio la Tauromaquia redactada bajo su dirección técnica, publicada en 1896 por Leopoldo Vázquez, Luis Gandullo y Leopoldo López de Sáa, que revela que si hubo un diestro que intuyó el toreo que llegaría con el siglo XX, para lo que sería indispensable un toro más proporcionado de hechuras, con mayor fijeza y bravura, ese fue Rafael Guerra, al que no entendieron cuando sentenció: «Después de mí, naide, y después de naide, Fuentes». Bien sabía el cordobés que el trono que dejaba no tendría sucesor. Llegaba el interregno taurino o la generación de los naides, pues nadie lo ocuparía hasta tres lustros más tarde, cuando Joselito —«ese niño hace cosas que no hemos hecho más que Lagartijo y yo»— con sus portentosas cualidades, las que Rafael admiraría profundamente, abrazaría y desarrollaría los preceptos de la Tauromaquia del espada cordobés.      

Genio y figura: Rafael Guerra, como 
vistió de calle toda su vida. Foto Montilla

El gran analista José Alameda, en su “Historia verdadera de la evolución del toreo” (Bibliófilos Taurinos. México D.F. 1985), explicó que para comprender la historia del toreo es necesario hablar del antes y después del Guerra, al tratarse de la figura que establece la frontera entre el toreo de Lagartijo y Frascuelo, que en Guerrita alcanza la más alta perfección, y el nuevo toreo que el propio espada intuyó y expresó en su Tauromaquia, como cambiar los preceptos de la antigua verónica, donde el diestro citaba de frente y levantando los brazos despedía la embestida, para enseñar que con el cite de costado el espada jugaba indistintamente ambos miembros para articular el lance.

    Guerrita contempló igualmente la ligazón de los pases de muleta, al preceptuar que el pase regular (natural) se daría estirando el brazo hacia atrás, describiendo con los vuelos un cuarto de círculo, y no se remataría necesariamente con el cambiado de pecho, como entonces era habitual, sino que se repetiría con la misma mano las veces que fuera posible porque el animal lo permitiera. He ahí la técnica que Gallito desarrolló en su habitual modelo de faena, al torear con la mano izquierda sin despedir al toro en línea recta, dejándole colocada la muleta que le ofrecía seguir su viaje hacia atrás para repetir la suerte.  

Dos colosos del toreo, Joselito Guerrita, posan en el patio
de la conserjería de la vieja plaza de Los Tejares de Córdoba.

En el Califato Taurino de Córdoba, instaurado por la hipérbole del periodista aragonés don Mariano de Cavia, que proclamó Califa al inolvidable Lagartijo, la tradición popular proclamaba como II Califa, por haber sido quien fue en el toreo de su tiempo, a Rafael Guerra Bejarano. Desde su alternativa hasta la retirada el reinado de Guerrita fue incontestable. El nene del Barrio, criado entre reses en las paredes del viejo Matadero, dominó con tal precisión las suertes del toreo que su paso por las plazas eclipsó cuanto ocurría en el panorama taurino. Alejado de los ruedos, pero vistiendo toda su vida como un hábito de torero el traje de chaquetilla corta, complementado con botines y sombrero cordobés, en una ocasión le preguntaron: «Rafael, ¿siente usted haber dejado los toros?». A lo que con orgullo y legítima torería respondió: «¿Quién, yo...? ¡Eso, ustedes!» Bien sabía el genio lo que decía. El trono no tuvo sucesor hasta la llegada de Joselito, el hijo de su compadre y amigo Fernando Gómez.


 ENLACE AL TEXTO “CRONOLOGÍA DE GUERRITA”, de Rafael Sánchez González

miércoles, 27 de junio de 2018

CRONOLOGÍA DE "GUERRITA"

    
Rafael Guerra Bejarano Guerrita. Foto Montilla
En 1991, con motivo del 50 aniversario de la muerte de Rafael Guerra Bejarano Guerrita, la Tertulia Taurina del Círculo de la Amistad de Córdoba, editó un valioso documento, donde se recogía el extraordinario trabajo del gran aficionado y bibliófilo taurino cordobés Rafael Sánchez González, que con el título "Cronología de "Guerrita", recopila 125 fechas de la biografía del grandioso torero. Por el rigor y la solvencia que merecen los minuciosos estudios de este bibliófilo taurino, de quien tengo el honor de contar con su amistad, vamos a servirnos de su labor investigadora para recopilar algunos datos de ese exhaustivo trabajo, con objeto de profundizar y divulgar el conocimiento histórico de Guerrita, una figura legendaria del toreo. 

Antonio Luis Aguilera


CRONOLOGÍA DE "GUERRITA" (Resumen)
Por Rafael Sánchez González

-Era hijo de José Guerra Páez y Juana Bejarano Martínez, nació en Córdoba el 6 de Marzo de 1862,  y fue bautizado dos días después en la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas; contrajo matrimonio con doña Dolores Sánchez Molina el 17 de enero de 1889, y falleció en la ciudad que lo viera nacer el 21 de febrero de 1941.

-Debutó en la plaza de Andújar el 8 de septiembre de 1876, contando trece años de edad, en la Cuadrilla Juvenil Cordobesa que había fundado Caniqui.

-Fue anunciado con tres apodos distintos durante su carrera. Estos fueron El Airoso, Llaverito y Guerrita, siendo este último con el que alcanzaría celebridad como uno de los diestros más importantes de la historia del toreo.

-Figuró como banderillero en las cuadrillas de Manuel Díaz Lavi, Manuel Molina, Valentín Martín, Manuel Fuentes Bocanegra, Fernando Gómez el Gallo, y Rafael Molina Lagartijo. 

-Cuando decidió abandonar la cuadrilla de Fernando el Gallo, el espada sevillano hubo de contratar a dos peones para suplir su ausencia. Estos fueron Fernando Lobo Lobito, y Juan Romero Saleri.

-Se doctoró en Madrid el 29 de septiembre de 1887. Luciendo un terno gris claro y oro, recibió el grado de manos de su paisano, jefe y maestro Rafael Molina Lagartijo. El toro de la ceremonia atendía por Arrecío, de don Francisco Gallardo, único ejemplar que se lidió de este hierro, pues los otros cinco pertenecían a don Juan Vázquez -antes Núñez de Prado-. Rafael también estoqueó esa tarde a Tinajero y Romanito.  

-Se libró milagrosamente de las dos puñaladas que intentó asestarle un exaltado espectador en su presentación como matador de toros en Sevilla. El hecho tuvo lugar el 15 de abril de 1888, al término de la corrida de feria en la que con reses de don José Orozco compartió cartel con El Espartero.

-Llegó a ser contratado en Madrid por seis mil pesetas por corrida en 1893. Estos honorarios no habían sido cobrados anteriormente por ningún otro torero.

-Toreó tres corridas en un sólo día, el 19 de mayo de 1895. Estas tuvieron lugar en San Fernando (Cádiz), por la mañana, alternando con Pepete en la lidia de toros de Saltillo; a mediodía, en Jerez de la Frontera, compartiendo cartel con Fabrilo y estoqueando reses de Cámara; y por la tarde en Sevilla, junto a Antonio Fuentes, frente a morlacos de Murube. En total, estoqueó nueve toros de diez estocadas y dos pinchazos.

-Rejoneó un astado en Barcelona vestido de calle el 16 de septiembre de 1895, en un festejo de aficionados, con la mala fortuna de que la cabalgadura fue derribada y el torero herido en la pierna derecha.

-Fue objeto de una falsa alarma de muerte el 20 de junio de 1896, a las 22,45 horas, cuando se cursó un telegrama en Ciudad Real que notificaba el asesinato de Guerrita en la estación de ferrocarril de Miguelturra.

-Asistió el 18 de julio de 1896 a la taberna de "Calzones" -actualmente "San Miguel"- con motivo de la inauguración del famoso "Club Guerrita". Posteriormente, el 24 de octubre, el club se trasladó a los altos del café "La Perla", en la calle Conde de Gondomar, y de allí (20/5/1887), a la otra esquina de dicha calle, en cuya planta baja estaba "La Cervecería", para quedar definitivamente ubicado (año 1902) en el núm. 19 de tan céntrica vía cordobesa, hasta que a la muerte de su titular (21/2/1941) cerró para siempre sus puertas.

-Actuó por última vez en Madrid el 11 de junio de 1899. Cansado de la hostilidad del público, al regresar a la fonda de doña Gregoria Echezarreta (cuartel general de "Guerrita y su gente" en sus desplazamientos a la corte), se dirigió a su amigo don José Bilbao y le dijo: "Pepe, no toreo más en Madrid, ni para beneficio del lucero del alba".

 Los cuatro ases. Foto Montilla
-Posó junto a Rafael el Gallo, Machaquito y Joselito el 15 de noviembre de 1915 para  la famosa fotografía conocida como los cuatro ases del toreo. El hecho ocurrió en la sierra cordobesa, en la finca denominada San José de Vista Alegre, propiedad entonces de don Juan Roldán.

-Asistió el 24 de octubre de 1923, festividad de San Rafael, a la inauguración del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en las Ermitas de Córdoba. 

-Dio los últimos capotazos de su vida en abril de 1925, en la placita de tientas de El Capricho, en el término de Alcolea, donde pastaba la ganadería de su hermano Antonio

-Durante los trece años en que actuó como espada de alternativa, sumó 892 corridas y estoqueó 2.339 toros.
                       
Guerrita, posiblemente el torero más completo de la historia. Foto Montilla
                                      PERCANCES DE CONSIDERACIÓN QUE SUFRIÓ 

-16/8/1883. Orihuela (Alicante). Malospelos, retinto, del Conde de la Patilla, al lanzarle contra las tablas le fracturó el cúbito izquierdo, lesión que le impidió torear el resto de esa temporada.

-9/7/1886. Pamplona. Resultó doblemente corneado en el muslo derecho y contusionado en el brazo del mismo lado, al acabar  con el novillo que había rejoneado un individuo apodado Tabardillo.

-20/11/1887. La Habana (Cuba). En su debut en esta plaza, el cuarto de la tarde, de nombre Calderero le infiere un puntazo en el muslo izquierdo al hacerle un quite al picador el Morenito.

-1/1/1888. La Habana. Boticario de Saltillo, le hirió en el cuello al resbalar cuando acudía a auxiliar al picador Agustín Molina.

-28/12/1888. Córdoba. Encontrándose de espectador cuando se lidiaba una dura y difícil novillada de Lagartijo, decide bajar al ruedo para auxiliar a los lidiadores y sufre varios varetazos que, además de obligarle a guardar unos días de cama, le obligaron a retrasar su boda. En este accidentado festejo resultó mortalmente herido el banderillero Manuel Martínez Manene.

-11/9/1889. Salamanca. Resultó contusionado en el pecho y brazo derecho por un toro de Carreros.

-20/4/1890. Sevilla. Al rematar un quite, un caballo desbocado le atropella dejándole ante la cara de Farolito, de Udaeta, que en su derrote le lanzó a una considerable altura, lastimándose el pie derecho al caer sobre la arena.

-24/6/1890. Jerez de la Frontera (Cádiz). El sexto de la tarde, de Pérez de la Concha, le hiere en el muslo derecho al salir de un apretado par de banderillas.

-2/9/1892. Daimiel (Ciudad Real). Al saltar la barrera resulta lesionado por un toro de Cámara.

- 7/9/1893. Murcia. Puntazo en el maxilar inferior derecho -muy cerca de la cicatriz que se trajera de La Habana-, al entrarle a matar a Bragadito, negro entrepelado de don Agustín Solís.

-16/9/1895. Barcelona. En un festejo de aficionados, y vestido de calle, salió al ruedo para rejonear al tercer torete. Tras resultar cogida la cabalgadura, Rafael sufrió una herida en la pierna derecha.

-29/4/1896. Jerez de la Frontera (Cádiz). Al entrar a matar de perfecto volapié al quinto de la tarde, de Adalid, resulta herido en la mano izquierda.

-16/9/1896. Valladolid. Enfrentándose como único espada a un encierro de Adalid, por cogida de Antonio Fuentes, que sustituía a Mazzantini, el cuarto le infiere un puntazo en la mano izquierda.

-27/6/1897. Madrid. Estornino, de Veragua, le rompe la mano derecha.

-15/6/1899. Lisboa (Portugal). El sexto de la tarde, de don Carlos Márquez, le alcanza al saltar la barrera, dándose tan fuerte golpe al caer que sufrió una dolorosa luxación en el brazo izquierdo.

CORRIDAS QUE LIDIÓ COMO ÚNICO ESPADA

Guerrita y Ricardo Torres Bombita
-05/02/1888. La Habana. Seis toros de Lagartijo.
-27/05/1888. Barcelona. Otros seis lagartijeros.
-25/03/1889. Castellón. Seis de Torres Cortina.
-04/08/1889. Cartagena (Murcia). Seis de Cámara.
-03/09/1889. Daimiel (Ciudad Real). Seis de don Anastasio Martín.
-20/05/1890. Ronda. Seis de don José Torres Cortina.
-25/09/1890. Pamplona. Único espada frente a un encastado encierro de Ripamilán.
-05/10/1890. Barcelona. Seis de Saltillo.
-26/10/1890. Barcelona. Seis de Torres Cortina.
-29/11/1891. Córdoba. Seis de la Marquesa viuda de Saltillo.
-31/07/1892. Palma de Mallorca. Seis de Carriquiri.
-10/08/1892. Manzanares (Ciudad Real). Seis de Flores.
-25/06/1893. El Puerto de Santa María (Cádiz). Seis de Saltillo.
-01/07/1894. Madrid. Seis de Muruve.
-08/07/1894. Castellón. Seis de Muruve.
-27/07/1894. Mataró (Barcelona). Seis de Cámara, en la inauguración del coso.
-06/08/1894. Alicante. Seis de Muruve.
-08/08/1894. Málaga. Seis de Saltillo.
-25/09/1894. Valladolid. Seis de don Teodoro Valle.
-15/10/1894. Zaragoza. Seis de Saltillo.
-01/09/1895. San Sebastián. Seis de Saltillo.

Guerrita. Foto Biblioteca Nacional
ALTERNATIVAS QUE OTORGÓ

-22/5/1890. Mediante cesión del toro Judío, de Torres Cortina, otorga la alternativa a Juan Jiménez el Ecijano.

-16/9/1891. Madrid. Rafael cede al popular Antonio Reverte la muerte de Toledano, de Saltillo.

-21/4/1895. Sevilla. Concede el doctorado a Juan Gómez de Lesaca, con el toro Belonero, de Benjumea.

-5/9/1895. Linares (Jaén). Con toros de Orozco y en presencia de Bombita, confiere el grado de doctor a su paisano Antonio de Dios Conejito.

NOTA DEL AUTOR:
Hay que aclarar, porque es tema en el que se equivocan no pocos historiadores taurinos, que la ceremonia del 3/9/1891 en Madrid, con Guerrita de padrino, fue de confirmación a José Rodríguez Pepete, al que Mazzantini había doctorado el 30 de agosto de aquel mismo año en El Puerto de Santa María.
También conviene aclarar, que por aquellas fechas, la primera vez que en la plaza de Madrid coincidía el espada más antiguo del cartel con otro de alternativa posterior a la suya, solía cederle la muerte del primer toro, aunque ya tuviese confirmado su doctorado, circunstancia que ha dado lugar a no pocas confusiones. En el caso de Guerrita, así sucedió, por ejemplo, con Emilio Torres Bombita (27/6/1894) y Miguel Báez Litri (28/10/1894), con quienes el torero de Córdoba tuvo dicha deferencia.

Guerrita y sus veinte nietos. Foto Mundo Gráfico 1933
                                                 CORRIDAS BENÉFICAS QUE TOREÓ

-12/11/1898. Madrid. Junto a Frascuelo y Lagartijo, con reses de diferentes ganaderías, a favor de Rafael Sánchez Bebe.

-29/10/1891. Madrid. Festejo a favor de los damnificados por las inundaciones ocurridas en las provincias de Toledo y Almería. Estoquea un toro de Miura.

-15/11/1891. Sevilla. Mata un toro de don Francisco Pacheco en la corrida celebrada a beneficio de los pobres y familias perjudicadas por las aguas por los temporales de lluvia que azotaron a España en aquel invierno.

-29/11/1891. Córdoba. Torea gratis -tercera consecutiva- para los pobres de su tierra enfrentándose a seis reses de Saltillo.

-6/4/1892. Madrid. Lagartijo, Guerrita y Torerito se enfrentan a seis toros del Duque de Veragua  en corrida para recaudar fondos con que poder paliar las numerosas desgracias ocasionadas en Córdoba por las riás del Guadalquivir.

-13/11/1893. Valencia. En función a beneficio de la casa de Expósitos, estoquea un astado de Muruve.

-25/10/1896. Madrid. Organiza una corrida en favor de Fernando el Gallo, su antiguo jefe, en la que además de participar gratis logró que nadie -toreros, ganaderos, etc.- cobrara una peseta. Le correspondieron toros de Adalid y Cámara.

-11/6/1896. Madrid. Nuevamente interviene desinteresadamente. Corrida de beneficencia, en la que se lidiaron nueve astados de López Navarro, Concha y Sierra, y Marqués de los Castellones -a partes iguales-. Actuó junto a  Algabeño y Villita.

-13/11/1896. Madrid. Desinteresada actuación de Rafael frente a reses de Benjumea, acartelado con Reverte y Bombita, en función organizada por El Imparcial para socorrer a los soldados que combatían en Cuba.

-27/4/1898. Sevilla. Estoqueó toros de Miura y Halcón en festejo para recaudar fondos a favor de la Marina Española.

-12/5/1898. Madrid. Presidida por el Conde de Romanones, alcalde de Madrid, con el asesoramiento de Lagartijo -desplazado a tal fin- y una enorme expectación, se celebró una corrida patriótica que resultó brillantísima, en la que Rafael intervino desinteresadamente una vez más. Llegado su turno estoqueó una res de la divisa de Aleas.

-29/5/1898. Córdoba. Nueva intervención en festejo de matiz patriótico. Rafael brindó uno de sus oponentes -el quinto de la tarde- al General Serrano.