Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Jiménez Amador "Chicuelo". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Jiménez Amador "Chicuelo". Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de noviembre de 2025

«¡CHICUELO! EL HOMBRE QUE CAMBIÓ EL TOREO»

Por Antonio Luis Aguilera


Portada del libro


Con satisfacción saludamos la nueva iniciativa de Editorial El Paseíllo, que ha publicado el primer libro biográfico sobre Manuel Jiménez Moreno, el gran «Chicuelo», maltratado históricamente por los periodistas de su tiempo, que pretendieron robarle su verdadera influencia en la evolución del toreo moderno. Con el título que encabeza esta entrada, su autor, Manuel Escalona Franco, propone al lector un ameno relato por la historia de este torero de dinastía, desde sus inicios y aprendizaje siendo un niño, hasta llegar a la cima de un arte que logró transformar, puliéndolo con la inmensa belleza de su gracia toreadora, para que todas las generaciones de toreros que le sucedieron acudieran a la fuente de donde brotaron las más limpias aguas del nuevo toreo al natural, ese que el inolvidable espada sevillano hilvanó en redondo, girando sobre sus talones, para ligar los pases y agruparlos en las series que estructurarían la faena moderna, aquella que dejó atrás la vieja ligazón del pase natural con el forzado del pecho, donde el torero ocupaba los terrenos de tablas y el toro los de afuera, y que necesariamente requería un toreo de avance hacia el pitón contrario. Algo que todavía, por culpa de quienes miraron sin ver y dogmatizaron sobre la evolución sin comprenderla, muchos confunden con el toreo de reunión, donde se deja venir al toro por su línea natural para llevarlo hacia atrás y hacia adentro.

 

«Chicuelo», que llegó a la alternativa tras una exitosa campaña como novillero, logró mantenerse en primera línea del toreo desde sus inicios. Se trataba de un torero diferente, que no se parecía a nadie, y que desde su infancia se había granjeado la confianza y simpatía de «Gallito», y  como narra el libro, de matador se ganó el sincero aplauso y la admiración de Juan Belmonte. Sin embargo, sería en América, concretamente en México sin olvidar otros países, donde la clamorosa rotundidad de sus éxitos disparó la popularidad del espada sevillano, que desde sus primeras actuaciones, por acoplarse maravillosamente a las suaves embestidas del predominante encaste de Saltillo, dibujó en los ruedos aztecas faenas históricas y memorables, que fueron recordadas por los nombres de los toros lidiados, como “Lapicero” y “Dentista”, por citar solo dos, y lo convirtieron en el torero preferido o consentido de la afición mexicana. Hasta tal punto llegó «Chicuelo» a ser la primerísima figura del torero mexicano, que la prensa azteca se preguntaba extrañada cuáles eran las causas por las que en España se silenciaba la brillantísima trayectoria americana del fino torero sevillano.

 

Así las cosas, los periodistas mexicanos escribieron que el trato recibido en España por este torero se sustentaba en la negativa de Eduardo Borrego «Zocato», su tío y apoderado, a pagar las cantidades que exigían los cronistas españoles. El 12 de diciembre de 1925 fue reproducido en “La Nación” el texto escrito por «Verduguillo» en el semanario “La Corrida”. Decía así:

«Si los revisteros madrileños que a toda costa tratan de regatear méritos a este torero y de empequeñecer su labor hubieran visto a Manolo esta tarde, tendrían que reconocer que están haciendo el ridículo a sabiendas, o que no tienen ni tanto así (señalo lo negro de una uña) de pudor profesional. Que no vengan ahora con que Chicuelo está aquí más valiente que allá; no. El que se arrima se arrima en todas partes; eso son cuentos. Lo que hay es que el tío Zocato no ha querido resolver el problema, que tiene más de financiero que de artístico, fiado en lo grande que es su sobrino. Afortunadamente para la afición, aquí en México se hila de otra manera: podremos equivocarnos, pero sin el menor dolo. Por eso, todos hemos proclamado a Chicuelo como el mejor, sin importarnos el tío Zocato».  

 

En España tendría que llegar la célebre tarde del 24 de mayo de 1928, cuando Manuel Jiménez llevó a cabo ante la afición madrileña la faena al toro “Corchaíto”, de Graciliano Pérez Tabernero, que pasaría a la historia como “la que cambió el toreo”, en palabras del banderillero Rerre a su matador. Sin embargo, debe quedar claro, como demuestra la biografía escrita por Manuel Escalona, que reproduce las crónicas que constatan el paso por el toreo de «Chicuelo», que aquella histórica faena solo fue una más en el extenso y exitoso repertorio dejado en los ruedos por el excelente torero sevillano desde años atrás. La de “Corchaíto”, como aseguró el escritor José Alameda, el mejor analista de la historia del toreo, “tuvo el don de la oportunidad” por llevarse a cabo en Madrid. 

 

Con esta publicación hemos recordado con enorme cariño y gratitud al matador de toros Rafael Jiménez Castro «Chicuelo», hijo del gran torero, que nos honró con su amistad, simpatía y cercanía, que habría gozado con esta obra en sus manos. Pero también nos alegramos por sus herederos, especialmente por sus hijos y también toreros de la frondosa dinastía Manuel Curro Jiménez Amador, excelentes aficionados que por fin ven como al abuelo Manolo, después de tantos años de oscuro silencio, se le dedica la primera biografía que narra y magníficamente documenta con las crónicas de su tiempo su paso por la historia en el toreo, la que supo engrandecer con su excelso arte, para que las nuevas generaciones de aficionados sepan quien fue de verdad el grandioso espada sevillano, de quien no debe olvidarse que además de conquistar a los más exigentes aficionados de su época con la belleza de su arte, fue el creador de la faena moderna. 

A esta interesante obra, ilustrada con 144 fotografías de la familia «Chicuelo» más 132 de revistas y otros medios, se añade un apéndice estadístico que pormenoriza las plazas donde actuó, ganaderías lidiadas, compañeros con los que alternó y festejos sumados por temporada, así como un segundo apéndice que recoge todas las crónicas de la histórica faena al toro "Corchaíto", aquella que cambió el rumbo del toreo.

Nuestra más cordial enhorabuena al autor Manuel Escalona Franco, a la familia «Chicuelo» y a la andaluza Editorial "El Paseíllo" por su extraordinaria labor a favor de la Fiesta de los Toros.

 

martes, 14 de noviembre de 2023

CHICUELO: EL ARTE DE INVENTAR

Por Antonio Luis Aguilera

Portada del libro sobre Manuel Jiménez "Chicuelo"

El pasado día 8 fue presentado el libro cuyo título encabeza este comentario, editado por la Fundación de Estudios Real Maestranza de Caballería de Sevilla —Fundación de Estudios Taurinos— y la Editorial Universidad de Sevilla, ejemplar número 25 de la colección Tauromaquia, que coordinado por Diego Carrasco Fernández está dedicado a la figura de Manuel Jiménez Moreno, el grandioso «Chicuelo», eslabón imprescindible para comprender la evolución del toreo, por haber sido, ni más ni menos, que el creador de la faena moderna, la actual, la estructurada por la ligazón de los pases en series como los versos del poema se encadenan en estrofas. «Chicuelo» fue el autor de la torerísima creación que aceptaron todos los espadas para expresar su acento artístico, a pesar del vergonzoso silencio histórico que ha lastrado la memoria del extraordinario maestro de la Alameda de Hércules, nacido en la trianera calle Betis. 

 Belmonte otorga la alternativa a "Chicuelo" en Sevilla (28-9-1919)

Manuel Jiménez «Chicuelo», hay que decirlo bien alto, ha sido tan importante en la historia del toreo como lo fueron «Gallito» y Belmonte. El menor de los «Gallo» experimentó en su portentosa tauromaquia la ligazón en redondo de los pases naturales, mientras Belmonte acortó las distancias y curvó el pase al final para sujetar más al toro, pero su toreo fue en «ochos», pues al ocupar los terrenos de adentro para ligar con la izquierda el natural con el cambiado por alto —que no con otro natural—, tenía que corregir su posición cruzándose al pitón contrario. Sin embargo, fue «Chicuelo» quien con la belleza natural de su toreo pulió la propuesta experimental de «Joselito» y, sin desdeñar la sujeción curvilínea de Juan, giró los pies para alternar los terrenos del toro y los del torero, resolviendo de esta forma la ligazón de los pases naturales.

"Chicuelo" inmortaliza a "Dentista" de San Mateo.
Plaza de El Toreo de México (26-10-1925) Foto Luis Reynoso

Así fue como Manuel Jiménez «Chicuelo» —con un toro de mayor entrega y nobleza, que los ganaderos venían seleccionando siguiendo los consejos de «Guerrita» y «Gallito»—, puso en valor, refinándolas con la gracia de su expresión artística, las aportaciones de José Gómez —su torero de referencia, en quien desde niño se fijó para modelar su toreo— y las de Juan Belmonte, de quien aprendió que la sujeción curvilínea del toro al final del pase permitía dejarle la muleta colocada para alternar los terrenos y ligar en redondo los pases naturales. De esta manera nacía una nueva concepción del toreo, pues mientras Belmonte y los espadas de su cuerda ligaban el natural con el cambiado por alto avanzando para buscar el pitón contrario y repetir la suerte —toreo de avance—, «Chicuelo» permanecía en línea para dejarlo venir sin desplazarlo y, consumado el pase, girar sobre su eje para alternar los terrenos y ligar series de naturales con la misma mano —toreo de reunión—.

"Chicuelo" y "Corchaíto" de Graciliano Pérez-Tabernero.
Madrid, 24 de mayo de 1928. Foto: Familia "Chicuelo"

La nueva geometría de faena creada por el magistral torero sevillano sería elevada a definitiva en los años cuarenta por su ahijado «Manolete», que aportó una nueva forma de obligar, pues conservando su verticalidad bajaría aún más la mano, y acortaría la distancia con pasos laterales hacia el toro aguantando hasta provocar su arrancada, para una vez vaciado el muletazo girar sobre su eje y ligar los naturales. Por la  perseverancia y regularidad del torero de Córdoba, que impuso ese toreo a la inmensa mayoría de sus toros, la faena de Manuel Jiménez Moreno quedaría elevada al rango de canon por Manuel Rodríguez Sánchez, pero el ahijado siempre dejó bien claro que su toreo era el de «Chicuelo», que era el mejor que él había visto. Así las cosas, desde la revelación de la ligazón, en la década de los años veinte del pasado siglo por el magistral artista sevillano, el planteamiento de su faena ligada sería adoptado por la mayoría de los diestros para expresar el toreo. 

"Chicuelo" en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla.
Foto: Familia "Chicuelo"

Por otra parte, debido a las  oscuras artimañas periodísticas y literarias que silenciaron esta evolución, conviene precisar que la célebre faena ejecutada por «Chicuelo» el 24 de mayo de 1928 en Madrid al toro «Corchaíto», de la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero, que fue la que hizo rebosar el vaso y no pudiera silenciarse más la realidad de su toreo, no fue un hecho puntual, sino un eslabón más de su brillante trayectoria, un capítulo más de la obra con que el torero de la Alameda de Hércules había conquistado desde el año 1922 a las aficiones de Perú, México o Venezuela, países donde su éxito e influencia en otros importantes espadas resultó determinante en la evolución histórica de su concepto del toreo. 

Pase natural de "Chicuelo". Foto: Familia "Chicuelo"

Debe quedar muy claro que lo ocurrido con el toro «Corchaíto» no fue la flauta que sonó por casualidad, sino una más de las excelentes faenas de «Chicuelo», con la que pudo expresar su toreo ante la exigente afición de Madrid, que desde entonces lo demandaría a los demás toreros. A pesar del silencio guardado por la crítica española, por su excelente adaptación a los toros del encaste Saltillo, Manuel Jiménez había protagonizado muchas tardes de triunfos memorables en la plaza mexicana de «El Toreo», donde ante sus apasionados aficionados inmortalizó faenas como las realizadas a los toros «Toledano», «Lapicero», «Dentista», «Testaforte», «Cartero», «Melcochero», «Peregrino», «Mezcalero», «Pintor», «Duende», «Serrano», «Pergamino» y «Zacatecano». Tampoco pudieron olvidar los aficionados venezolanos la realizada a «Carpintero» en la plaza Maestranza de Maracay.

Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo".
Foto: Familia "Chicuelo"

Este nuevo libro hace justicia a la memoria del magistral torero sevillano, ninguneado por algunos de los influyentes y «respetados» escribanos que redactaron la historia al dictado de bastardos intereses. Por fortuna «José Alameda» —posiblemente el mejor analista del toreo— salió en su rescate para poner de manifiesto la grandeza de su obra, y desde su exilio en México iluminó con sus libros a las generaciones de aficionados que fueron engañadas, abriéndoles los ojos de par en par y colocando la figura de «Chicuelo» en el lugar que le habían birlado en la historia. Bajo la coordinación de Diego Carrasco, los textos que llevan su firma, y los de Manuel Jiménez Amador —nieto del torero—, Andrés Luque TeruelJosé MorenteCarlos AbellaJosé Luis RamónEduardo Gómez IbarraJean Pierre HedoinManuel Escalona Franco y Federico Arnás, hacen justicia a uno de los espadas más grandiosos del toreo. Los testimonios y datos que ofrece este libro dan fe de lo que realmente significó su paso por los ruedos, donde dejó la imborrable huella del toreo ligado en redondo, para que siguiendo su senda todos los toreros pudieran expresar el acento personal de su arte. Manuel Jiménez «Chicuelo», por ser el creador de la faena moderna, recreada con su magisterio, gracia y arte, ha sido tan importante en la historia del toreo como «Gallito», Belmonte y «Manolete». 

jueves, 2 de mayo de 2019

"CHICUELO" VUELVE A TRIUNFAR EN TOLEDO, CIEN AÑOS DESPUÉS

Por Luis Miguel López Rojas
Chicuelo: suerte del molinillo en Toledo. Foto familia Chicuelo
Dentro de la XXXIV Semana Cultural Taurina que organiza la Peña Taurina de Sonseca (Toledo), el pasado viernes 26 de abril, tuvo lugar un emotivo homenaje a la figura de Manuel Jiménez Moreno Chicuelo.

Bajo el título “Manuel Jiménez Chicuelo, el creador de la faena moderna (en el centenario de su alternativa 1919-2019)”, este acto se viene a encuadrar dentro de los que quieren conmemorar tan importante acontecimiento taurino, y situarlo a la altura de los que ya tuvieron Gallito, en 2012, y Belmonte, en 2013. Aquellos, cuyo pistoletazo de salida tuvo lugar en el Ateneo de Sevilla, homenaje capitaneado por José Morente, en el que intervinieron Rafael Jiménez Castro -Rafaelito Chicuelo- y Manuel Jiménez Amador Chicuelo, hijo y nieto, respectivamente del gran Chicuelo. Continuaron, como no podía ser de otra manera, en Córdoba el pasado 9 de marzo. Concretamente en La Carlota. Acto organizado por el Círculo Taurino Juan Ortega, donde intervinieron  Antonio Luis Aguilera, autor de este blog, Manuel Jiménez Amador y Pepe Luis Vargas.

En este camino iniciado hacia el norte, cruzar Despeñaperros “pa arriba”, atravesar la llanura manchega como lo hiciera el Ingenioso Hidalgo, podemos decir sin temor a equivocarnos que Chicuelo triunfó en Toledo. A las puertas de Madrid: “Su Madrid”.

Magistralmente conducido por Antonio Luis Aguilera, que desgranó la verdadera importancia que el torero de la Alameda ha tenido como arquitecto del toreo moderno. Chicuelo ha sido seguramente el torero más injustamente tratado por los que han escrito y nos han contado la historia del toreo. Quisieron despacharlo únicamente como un torero artista, pinturero, fundador de la “escuela sevillana”, o como el creador de algunos pases de muleta, como el de costadillo y el de la firma; o de capote, por el lance que con su nombre pasará a la eternidad: la “chicuelina”. Pero Chicuelo es más. Mucho más. Perfectamente argumentado, como ya lo hiciera uno de los más grandes historiadores del toreo, el gran Pepe Alameda, que así firmaba Luis Carlos Fernández y López-Valdemoro (Pepe por Joselito y Alameda, por la Alameda de Hércules, como relató Antonio Luis), nos descifró la línea Guerrita-Gallito  -el gran Joselito el Gallo, por siempre rey de los toreros y fuente de la que bebe directamente Chicuelo-. Y Chicuelo como referente de Manuel Rodríguez Sánchez Manolete. De alternativa y, lo más importante, de concepto. Ese toreo cristaliza y desde ese momento nada será igual. Se impone la faena moderna, la línea del toreo natural, la del ligado en redondo: los pases enlazando las series como en la poesía los versos componen las estrofas, para dar forma al poema de la faena. La línea sin la que no se entiende el toreo de nuestro tiempo, y que motiva en muchas ocasiones la incomprensión de lo que acontece en el ruedo.  Sin entender a Manolete (culmen de esa línea), no se puede entender el  toreo de hoy. Y es que cada tarde, en cada faena, resucita Manolete, y con él,  Chicuelo. Y Gallito, Guerrita
Justo López Rosado, Luis Miguel López Rojas, Antonio L. Aguilera y Manolo Chicuelo
Una vez captada la atención de todos los aficionados y expuestos estos pilares del toreo como las columnas que custodian la “Alameda de Hércules”, donde se ubica la casa de los Chicuelo, Antonio Luis dio paso a su nieto, Manuel Jiménez Amador. “Solo” por la condición de torero y nieto de “Chicuelo” habría sido más que suficiente para justificar su presencia, pero además hizo una brillante demostración de conocimiento de la historia del toreo en general y del sevillano en particular.

Impregnó todo el Teatro Echegaray de aromas de Sevilla, de aromas de su abuelo. Con una memoria fuera de lo común, fue contando la vida de su abuelo, de lo que ha vivido y le ha contado su padre: Rafaelito Chicuelo. Fue tocar el mito. En una especie de “encerrona”, sin ningún tipo de preparación previa, se fueron proyectando fotos de su abuelo y él iba ofreciendo datos de la fecha, plaza, nombre del toro o de la ganadería. Y todo aderezado con anécdotas que hicieron las delicias de los aficionados allí reunidos.

Sevilla y Córdoba, ciudades sin las que no se puede entender la historia de toreo.  Córdoba (Antonio) y Sevilla (Manuel), hablando de Manuel Jiménez Chicuelo, sin el que tampoco se puede comprender la  historia del toreo.  Pasaron más de horas e incluso después de terminar el acto, los aficionados seguían acercándose para seguir preguntando por esta grandiosa figura. Así que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Manuel Jiménez Moreno, el gran Chicuelo, ha vuelto a triunfar en Toledo, como lo hiciera en vida en la plaza de toros de la ciudad Imperial.

Esperamos que Madrid -su Madrid-, aquel que lo vio cambiar la historia del toreo con una sola faena, la de Corchaíto, también le vuelva a abrir sus puertas de par en par y le rinda el homenaje que merece en el año que se conmemora el centenario de su alternativa. 
Alternativa de Chicuelo de manos de Juan Belmonte. Sevilla 28/9/1919.
POSDATA PARA ANTONIO LUIS AGUILERA Y MANUEL JIMÉNEZ AMADOR:

Justo López Rosado,  presidente de la Peña Taurina “Sonseca”, en nombre de todos sus socios y el suyo propio, les agradece su absoluta disposición, de forma totalmente desinteresada, para que fuera posible este bonito homenaje en la XXXIV Semana Cultural Taurina. Se llevan un trocito de corazón de toda la afición sonsecana.

A nivel particular, tuve un premio adicional. Llevarles en mi coche a la estación del tren me hizo sentirme por momentos chófer de toreros. Escucharles hablar de toros y compartir tertulia con ustedes, en lo que es mi gran pasión, fue un placer y un privilegio. Cada vez iba más despacio para que el camino durara lo máximo posible… (Manuel lo llamó “conducir con temple...” Creo que me descubrió). Lo guardaré en lo más profundo de mi corazón.

Muchísimas gracias y hasta pronto.


domingo, 17 de marzo de 2019

HACER AFICIÓN

Por Luis Miguel López Rojas
Juan Ortega. Foto José Luis Cuevas
Quisiera agradecer públicamente a Juan Ortega, Antonio Luis Aguilera y al Círculo Taurino Juan Ortega,  haberme invitado para ser partícipe de un día tan bonito como el que vivimos el pasado sábado 9 de marzo, en La Carlota (Córdoba).
Es muy importante que los toreros acerquen el toreo a los aficionados o a gentes que puedan llegar a serlo en el futuro. Eso es lo que hizo Juan Ortega. Ese es el mejor resumen de esta jornada. Aderezado con una serie de ingredientes que hicieron del día, una experiencia inolvidable.
Disfrutar del sabor del toreo bueno en la lidia de un utrero y un cuatreño en la intimidad de una coqueta plaza de tientas. Paladear cada detalle, cada gesto de torería…, ese silencio respetuoso y expectante, solamente roto por esos olés que brotan de lo más profundo del corazón de los aficionados…
Antonio L. Aguilera, Luis M. López y Manolo Chicuelo
Solo por vivir esos momentos ya había merecido la pena el viaje desde Toledo. Pero además, la posterior comida donde el torero se entremezcló con los allí presentes. Un grupo de personas donde no importa su procedencia, edad, sexo, condición.  Sólo la pasión que compartimos,  el toreo. Magnífica oportunidad para conocer a grandes aficionados. Tertulia que enriquece nuestra cultura taurina y de la que surgen amistades para toda la vida. Así conocí a José Morente, al propio Antonio Luis Aguilera. ¡Qué grande es el toreo!
Y como guinda final, el doble acto de homenaje a Chicuelo. Y digo doble, por la magnífica exposición fotográfica sobre el gran Manuel Jiménez Chicuelo, injustamente tratado por los que han escrito y nos han contado la historia del toreo. Apenas existen filmaciones y las fotos, salvo contadas excepciones como las del toro Corchaíto, desconocidas. Lo mejor, es que había sido el propio torero Juan Ortega, el artífice. Eso denota que antes que torero, es AFICIONADO. Esa naturalidad, ese empaque que refleja el papel fotográfico es simplemente la base del toreo actual. Es el toreo actual. Espero que Sevilla, su ciudad,  tome nota como decía Juncal y le rinda el homenaje que merece en fecha tan señalada.
Exposición fotográfica de Manuel Jiménez Chicuelo. Foto Cuevas
Grandiosa la conferencia posterior conducida por Antonio Luis Aguilera sobre la figura del torero de la Alameda, en el centenario de su alternativa. Magistral su introducción para desgranar la verdadera importancia que ha tenido Chicuelo como arquitecto del toreo moderno.  Esa línea Lagartijo, Guerrita, Gallito, el gran Joselito El Gallo, por siempre Rey de los toreros y fuente de la que bebe directamente Chicuelo. Y Chicuelo, como referente de Manuel Rodríguez Sánchez Manolete. De alternativa y lo más importante, de concepto. El toreo cristaliza y desde ese momento ya nada será igual. Se impone la faena moderna. Se impone la línea del toreo natural, la del toreo ligado en redondo. Pases enlazados como en la poesía  los versos en estrofas, para dar forma al poema de la faena. Esa línea que nos explica el gran Pepe Alameda, que así firmaba Carlos Fernández y López-Valdemoro (Pepe por Joselito y Alameda, por la Alameda de Hércules, como nos descubrió Antonio Luis). Esa línea que ningunean, muchos de los que se consideran grandes críticos de la historia de la tauromaquia, Corrochano, Vidal, Navalón… Esa línea sin la que no se entiende el toreo de nuestro tiempo, y que motiva en muchas ocasiones la incomprensión de lo que acontece en el ruedo. 
Sin entender a Manolete (culmen de esa línea), no se puede entender el  toreo de hoy. Y es que cada tarde, en cada faena, resucita Manolete, y con él,  Chicuelo. Y Gallito, Guerrita y Lagartijo...
Alternativa de Manuel Jiménez Chicuelo. Sevilla, 28-9-1919
De esta forma y una vez aclarada la importancia de Chicuelo en la historia, Antonio Luis puso en suerte la conferencia para que su nieto, Manuel Jiménez Amador, nos contara de primera mano, la vida de su abuelo a través del contacto directo y del de su padre, Rafaelito Chicuelo. ¡Qué maravilla, qué privilegio poder escucharlo! Ser testigos de su historia. Es tocar el mito con las manos. Gracias, Manuel.
Antonio L. Aguilera, Manolo Chicuelo y Pepe Luis Vargas. Foto Cuevas
Preciosa la intervención de Pepe Luis Vargas, como nos contó sus vivencias con los grandes del toreo, lo que le contaron de Chicuelo. Como le enseñó a coger la muleta el gran Pepín Martín Vázquez, Antonio Gallardo el capote con un mantón de Manila… Las fuentes donde bebió, Los Vázquez, Pepe Luis y Manolo, Rafael Torres, Antonio Ordóñez, Manolo Cortés… y que como apoderado de Juan Ortega, su gran objetivo es servir de mero transmisor de ese grandioso legado. ¡Qué bonito y qué importante es recuperar la figura de apoderado independiente! ¡Fundamental para el torero el crecimiento en lo espiritual, beber de esos manantiales tan puros! El resto, si se tienen condiciones como las que atesora Juan, más pronto que tarde, llegará. Todo llegará.
Juan Ortega recibe de Juan Arrazola y Macarena Ortega el traje de luces. Foto Cuevas
Finalizó el acto con la entrega por parte del Círculo Taurino Juan Ortega de un torero traje, verde y azabache, de corte muy gallista y la presentación de la temporada, a cargo del  propio matador, que remató con un “Vivir sin torear, no es vivir” de tintes tomasistas.
Madrid, 21-4-2019
Todos deseamos que tenga mucha suerte el domingo de Resurrección en Madrid, y que ese toreo tan bueno, cristalice en un triunfo que pueda catapultar su carrera a figura del toreo.
Por último y a modo de cierre, Juan Ortega, humildemente solo le pido una cosa. Cuando sea figura, siga  siendo aficionado antes que torero. Siga haciendo actos como estos para fomentar la afición. Esos que brillan por su ausencia por parte de las grandes figuras actuales. Que ayuden a conocer a los más grandes como Chicuelo.  Que transmita ese legado que ahora recibe de Pepe Luis Vargas. Esa semilla que siembra hoy, puede servir para que en un futuro, un loco como yo, se decida ir un 15 de agosto a un Madrid desierto, con más de cuarenta grados a la sombra, para sentarse en una piedra del coliseo venteño con la esperanza de encontrar un torero tan puro como usted. Y tener sensaciones para recordar en otoño, invierno, primavera, verano…, y toda la vida. https://plazadelalagunilla.blogspot.com/2018/08/carta-abierta-juan-ortega_29.html

Tener muchos aficionados es la única esperanza para que el toreo viva para siempre…
                                                ¡¡¡¡GRACIAS Y SUERTE, TORERO!!!

lunes, 11 de marzo de 2019

ACTIVIDADES DEL CÍRCULO TAURINO "JUAN ORTEGA"

Por Antonio Luis Aguilera

Magnífico muletazo del torero de Triana
El sábado 9 de marzo, el matador de toros Juan Ortega lidió a puerta cerrada dos ejemplares de la ganadería de Román Sorando en la plaza de “El Pilar”, en La Carlota, donde se congregaron unos doscientos aficionados, la mayoría desplazados desde Checa (Guadalajara), pero también desde México, Zaragoza, Toledo, Madrid, Jaén, Sevilla, Málaga y Córdoba.
En una mañana primaveral, el espada sevillano mostró el toreo clásico que atesora, especialmente aprovechando las posibilidades del utrero corrido en primer lugar, donde pudo expresar el acento y temple de su toreo de capote, y ligar unas series de naturales de una despaciosidad, belleza y ritmo que hicieron las delicias de los aficionados; a este ejemplar lo mató de una estocada en todo lo alto, haciendo la suerte con pureza, de la que salió rodado sin puntilla.
Por abajo con torería y firmeza
Con el cuatreño corrido en segundo lugar, precioso de hechuras y que mostró gran clase al tomar el capote pero acabó rajándose pronto, el torero nacido en Triana estuvo con torería, mostrando su capacidad lidiadora, y lo despenó de media en lo alto de la que salió muerto.
Juan Ortega con unos amigos  
A continuación fue servido un magnífico almuerzo donde se habló de toros y se disfrutó de un día de convivencia entre los amigos que siguen al torero desde diversos puntos del país.

Exposición fotográfica sobre Chicuelo 
Tras la sobremesa se inauguró una exposición fotográfica homenaje al matador de toros Manuel Jiménez Moreno “Chicuelo”, con motivo de celebrarse este año el 28 de septiembre el centenario de su alternativa en Sevilla. Los concurrentes quedaron sorprendidos por las instantáneas de un toreo actual, lleno de arte y belleza, el expresado por el espada nacido en la calle Betis, verdadero creador de la ligazón de la faena moderna, donde adquiere primacía el eslabonamiento de los pases en redondo.

Juan Arrazola y Macarena Ortega entregan al torero un traje de luces
Juan Arrazola, en representación de los miembros del Círculo Taurino llegados desde Checa (Guadalajara), realizó una emotiva semblanza sobre el traje de luces de los toreros, preámbulo a la entrega del precioso terno verde y azabache que regalaron a Juan Ortega, que emocionado mostró su gratitud a los amigos de su club.
Seguidamente se celebró un coloquio sobre la figura de Manuel Jiménez “Chicuelo”, donde intervinieron el nieto del torero, Manuel Jiménez Amador “Chicuelo”, que fue novillero con picadores, el matador de toros Pepe Luis Vargas, y Antonio Luis Aguilera, comentarista taurino, donde se defendió el lugar histórico que ningunearon al genial orfebre sevillano algunos de los que escribieron la historia, y se reivindicó su excelsa figura como el espejo donde se miraron todos los toreros artistas de la ciudad de la Giralda. 
Manolo Chicuelo, Pepe Luis Vargas y Antonio Aguilera
Finalizó la jornada con el anuncio de Juan Ortega de las corridas que de momento tiene hechas para la temporada, donde actuará, entre otras por confirmar, en plazas como Madrid, Texcoco y Puebla en México, y La Brède en Francia.


Asistentes a la ruta ante el monumento de Manolete
El domingo día 10, organizado por el Club del torero, un grupo de setenta personas realizó una ruta manoletista, que comenzó en la Torre de la Malmuerta, próxima al lugar donde estuvo el antiguo Matadero de Córdoba, para recibir explicaciones de lo que significó el barrio de los toreros. Seguidamente se visitaron la iglesia de san Cayetano -donde estaban expuestas las imágenes de Jesús Caído y Nuestra Señora de la Soledad-, plaza de la Lagunilla, plaza del Conde de Priego, plaza de Capuchinos, calle Torres Cabrera, plaza Vaca de Alfaro, calle Góngora, Ronda de los Tejares, avenida de Cervantes y terminar en el camposanto de Nuestra Señora de la Salud, donde se rindió un homenaje poético a Manolete y se rezó una oración por su eterno descanso. 
Concluyó el domingo con un almuerzo degustando las exquisitas tapas y el rabo de toro de la taurina Taberna “San Cristóbal”, cerca de la plaza de toros, desde donde el grupo emprendió viaje de regreso a sus puntos de origen tras un intenso fin de semana taurino en Córdoba con Juan Ortega, y emplazándose a reencontrarse en Madrid el domingo de resurrección, donde está anunciado el espada en un cartel del agrado de la afición madrileña. 

Reportaje fotográfico de José Luis Cuevas