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sábado, 30 de noviembre de 2024

LA INFLUENCIA DE «CHICUELO» EN EL TOREO DE «MANOLETE»

Por Antonio Luis Aguilera 

Manuel Jiménez «Chicuelo»
(Foto familia Chicuelo)

Faltaban veinte años para la alternativa de Manuel Rodríguez «Manolete» cuando en el mismo palenque la recibió Manuel Jiménez Morenoel torero sevillano que sería su padrino de ceremonia, quien además de cederle muleta y espada, también le entregaría el testigo de su toreo, como si el histórico maestro presintiera que aquel espigado novillero cordobés, por su inmenso valor y el talento que atesoraba, sería capaz de imponerlo definitivamente en el orbe taurino. Aquella tarde del 28 de septiembre de 1919, en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, «Chicuelo», espada de dinastía, huérfano de padre torero desde la niñez —como lo fue «Manolete»—, fue investido matador de toros con el apretón de manos de Juan Belmonte. El  chaval nacido en la calle Betis tenía diecisiete años cuando «El Pasmo de Triana» le cedió la lidia y muerte del toro Vidriero, del Conde de Santa Coloma. Completaba el cartel Manolo Belmonte

En aquella época maravillosa y apasionante del toreo, cuando la afición estaba dividida en dos bandos irreconciliables, los partidarios de José Gómez Ortega y los de Juan Belmonte García, fantásticos y complementarios toreros que  protagonizaron la «edad de oro del toreo» —la segunda, pues este titulo había denominado el siglo anterior la mantenida por «Lagartijo» y «Frascuelo»—, el joven «Chicuelo», como todos los toreros de su tiempo, incluido Belmonte, sentía verdadera admiración por «Gallito», aquel genio al que veneraba desde niño, y ante el que lidió su primer becerro en la placita familiar de los «Gallo» en la Huerta del Lavadero. Tanto le agradó su toreo a «Joselito» que le regaló una propina, que el chaval pronto gastó en las taquillas de la Maestranza, adquiriendo la entrada para la corrida donde José alternaba con Ricardo Torres «Bombita», Rafael «el Gallo» y Juan Belmonte

Juan Belmonte otorga la alternativa a «Chicuelo».
Sevilla, 28 de septiembre de 1919. (Familia Chicuelo)

«Chicuelo» pisaría por primera vez ese redondel el 28 de febrero de 1918, en un festival organizado por «Gallito». Rememoraba el maestro en una entrevista que cuando José le hablaba se ruborizaba, se ponía tan nervioso que no sabía qué decir, y si en un tentadero le cedía un capote o una muleta se le salía el corazón de felicidad. Si la participación del chaval en el festival de su debut de Sevilla fue gracias a José, es fácil deducir la empatía que existió entre ambos. «Chicuelo» consideraba a «Gallito» la máxima referencia del magisterio taurino, y procuró empaparse de sus enseñanzas en los tentaderos, donde pudo observar cómo José entrenaba la técnica de la ligazón del pase natural, procurando sujetar a las reses dejándole la muleta en la cara al terminar el pase en lugar de despedirlas, para así obligarlas a repetir la suerte. «Gallito» desarrolló en el campo la técnica de la ligazón, que después habitualmente incluía en las plazas en su modelo de faena. Fue el primero que mostró públicamente el germen de un toreo nuevo, que con el paso de los años, perfeccionado por «Chicuelo» y «Manolete», culminaría en el toreo de línea natural, el concepto que liga los pases agrupándolos en series: el toreo moderno. ¡Para qué algunos sigan diciendo que «Gallito» fue un torero antiguo!

No debe confundirse el concepto con la expresión o acento personal del torero. Conviene sacar esto a colación porque, ante la montaña de literatura que afirma lo contrario, Juan Belmonte no cambió el planteamiento del antiguo toreo de muleta. Sus faenas se desarrollaron según las normas clásicas, con el matador situado en los terrenos de adentro y el toro en los de afuera, y sus trasteos consistían en pases por alto, el natural ligado con el de pecho —no con otro natural o varios naturales—, molinetes, faroles y desplantes. Lo que de verdad hizo único a Juan Belmonte fue el sitio que pisó, pues  acortó las distancias con el toro, y su portentoso temple le permitió expresar un toreo de capa de prodigiosa belleza, donde el espada ejecutaba los lances a la verónica por ambos lados, hasta cerrar la serie enroscándose el toro a la cintura con media verónica escultural, que liberaba la emoción y el entusiasmo del público por la escalofriante conmoción de su toreo. Con la muleta, por ocupar el mismo sitio, su temple sujetaba al animal, que al terminar el pase natural comenzaba a trazar la línea curva hacia adentro, pero al mantener el torero su terreno, dando la espalda a tablas, entre cada pase tenía que cruzarse al pitón contrario para no quedar fuera de cacho. 

«Chicuelo» torea a Corchaito. Madrid, 24 de mayo de 1928.
(Foto familia Chicuelo)

Tras la tarde fatal de Talavera de la Reina, sería «Chicuelo» —que había toreado con José seis corridas de toros y un festival—, quien otorgaría continuidad a la técnica de la ligazón de los pases del inolvidable espada de Gelves. Él sería quien daría un nuevo giro de tuerca al concepto «gallista», y al curvar el animal la embestida al final del pase natural, en lugar de irse al pitón contrario, lo que hizo fue girar sobre su eje, para de esa forma, intercambiando los terrenos del toro y del torero, ligar los pases y agruparlos en series, estructurando así la faena moderna. «Chicuelo» fue el creador de la faena actual, que por su quietud, emoción y belleza pronto halló la calurosa acogida del público. 

Trascendente resulto para la historia la tarde del 24 de mayo de 1928 en Madrid, donde «Chicuelo», alternando con «Cagancho» y Vicente Barrera, deslumbró a la afición de la capital del reino ligando los pases en redondo por ambas manos al toro Corchaíto, de la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero, al que toreó con tanta naturalidad, gracia y belleza que aquella faena —como sentenció su banderillero Manuel González Buzón «Rerre» al ir a dejar los trastos el maestro — «había cambiado el toreo». Fue también la gota de agua que colmaba el vaso de la injusticia, porque hasta entonces la carrera del espada sevillano había sido escrita con sordina por la “sobrecogedora” crítica española, que por no “trincar”, no tuvo escrúpulos en callar sus apoteósicos triunfos en México, donde logró éxitos de igual o mayor calado que el de Madrid. Históricas fueron por su repercusión las ejecutadas en la plaza de «El Toreo de la Condesa», donde en 1925 había inmortalizado a los toros Lapicero y Dentista, de San Mateo. En la nación hermana fue considerado máxima figura, y su concepto tuvo gran influencia en uno de los diestros más importantes de la tauromaquia azteca: el maestro de Saltillo Fermín Espinosa «Armillita». Aun así, la crítica española, más preocupada de ensalzar el toreo de avance buscando el pitón contrario, no tuvo reparos en ocultar el clamor levantado en América por «Chicuelo», donde aquella apasionada afición se entusiasmó con su toreo de reunión y quietud ligando los pases en redondo. La faena a Corchaíto no pudo eclipsar por más tiempo la realidad de su toreo en España.

Con el ruedo lleno de sombreros, «Chicuelo» inmortaliza
al toro Dentista en México, el 26 de octubre de 1925.
(Foto familia Chicuelo)

Por su importancia en este asunto reproducimos unos párrafos del texto «Chicuelo, las sombras de un silencio», escrito por Federico Arnás para el interesante libro «Chicuelo, el arte de inventar», editado por la Fundación de Estudios Taurinos de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, donde el sagaz periodista madrileño busca documentación en la hemeroteca para iluminar esta triste historia:

«Llevaba pocos años de alternativa cuando en México costaba entender las razones para que la prensa española no reconociera con carácter de unanimidad el alcance innovador que su toreo traía atestiguado en aquellas plazas. Valga como apunte lo firmado por el mexicano Verduguillo en el semanario La Corrida: “Si los revisteros madrileños que tratan a toda costa regatear méritos a este torero y de empequeñecer su labor hubieran visto a Manolo esta tarde, tendrían que reconocer que están haciendo el ridículo a sabiendas, o que no tienen un tanto así de pudor profesional… Lo que hay es que el tío Zocato no ha querido resolver el problema que tiene más de financiero que de artístico, fiado en lo grande que es su sobrino”. El comentario fue recogido en el diario madrileño La Nación con esta consideración a modo de escozor patrio: “¿Tiene razón Verduguillo? Parece que sí, puesto que a la hora presente todos los revisteros madrileños han dado la callada por respuesta. (Entremos todos y que salga el que pueda). Se ofende a los revisteros españoles y nadie dice esta pluma es mía”». 

Queda por tanto suficientemente claro que la histórica faena realizada en la plaza madrileña no fue un hecho aislado, sino un eslabón más de la brillante y silenciada carrera de Manuel Jiménez «Chicuelo», que desde 1922 había conquistado a los públicos de Perú, México y Venezuela. En México, por su acoplamiento a los toros del encaste Saltillo, había protagonizado muchas tardes inolvidables en la plaza de «El Toreo de la Condesa», donde inmortalizó a ToledanoLapiceroDentistaTestaforteCarteroMelcocheroPeregrinoMezcaleroPintorDuendeSerranoPergamino y Zacatecano. Tampoco los aficionados de Venezuela pudieron olvidar la realizada a Carpintero en la Maestranza de Maracay. Mas  tantos triunfos no aparecieron en la prensa española, y tuvieron que  pasar más de cinco años para que el encuentro de «Chicuelo» y Corchaíto resultara determinante gracias a la influyente la afición madrileña. 

«Chicuelo» otorga la alternativa a «Manolete»
el 2 de julio de 1937 en la plaza de Sevilla.
(Foto familia Chicuelo)

Tras la década de los años treinta del siglo XX, dominada por el magisterio de Domingo Ortega y su toreo cambiado o de avance con el toro, quedó en segundo plano el toreo ligado en redondo, que después de la guerra española cobraría su más alto vuelo con la impresionante regularidad en el triunfo de Manuel Rodríguez «Manolete», que recibió la alternativa en Sevilla el 2 de julio de 1939 de manos de «Chicuelo». Por Comunista atendía el toro de la alternativa, pero lo rebautizaron con Mirador. «Manolete» hizo el paseíllo junto a Manuel Jiménez, su padrino, y Rafael Vega «Gitanillo de Triana», para lidiar un encierro de Clemente Tassara, antes Parladé, y la corrida fue a beneficio de la Asociación de la Prensa. Lo hizo con un traje heliotropo y oro, y cortaría las orejas, pero el gran triunfador de la tarde fue «Chicuelo», que cortaría las dos y el rabo del cuarto. «Gitanillo de Triana» paseó las del quinto. Aquella tarde no solo fue histórica por la alternativa del torero cordobés, sino porque «Chicuelo», al entregarle muleta y espada, también le cedió el testigo de su toreo, el que había aprendido de «Joselito» y pulido con la gracia de su arte. Se lo pasaba a «Manolete», que abrazando el concepto de la ligazón lo implantaría definitivamente durante su reinado. 

Un reinado donde el torero cordobés, dirigido astutamente por José Flores «Camará», mandó sin contemplaciones dentro y fuera de las plazas, entre otras cosas, porque nadie le aguantaba el pulso, lo que provocó el adelanto de la retirada de toreros como Marcial Lalanda y Domingo Ortega, que nunca se lo perdonarían, y en complicidad con el influyente crítico Gregorio Corrochano lanzaron una feroz campaña para erosionarlo, a la que tristemente también se sumaron otros toreros. Lo acusaron de torear animales chicos y afeitados, cuando el mayor escándalo sobre este fraude lo provocó Marcial Lalanda en Valencia, y lo etiquetaron como un torero corto, perfilero y ventajista, en clara insinuación de cobardía. Ya se sabe que los rayos siempre fueron a las cumbres, pero lo inmoral fue que ese acoso continuó después de muerto el inolvidable torero, como quedó de manifiesto en la conferencia que leyó Domingo Ortega en el Ateneo de Madrid en 1950, cuando los restos de Manuel Rodríguez estaban enterrados en el cementerio de “Nuestra Señora de la Salud” de Córdoba, tras haber dado su vida por el toreo. Pero tanta patraña no pudo cambiar la historia, «Manolete» había mostrado su verdad en los ruedos, donde deben de hablar los toreros, y lo hizo todas las tardes —no aguardó a que le saliera "su" toro— con admirable honestidad, majestad y gallardía. Por otra parte, es importante subrayar que el público no estaba dispuesto a tolerar la vuelta de aquellas faenas pretéritas, las de un pase aquí y otro allí buscando el rabo, y exigió la faena con sentido de unidad que liga los pases agrupándolos en series, el toreo que Manuel Rodríguez defendia que era el de su padrino. Lo hizo en el invierno de 1946, en su última campaña mexicana, conversando con «José Alameda». El escritor le habló de la similitud de su toreo con el de «Chicuelo», y «Manolete» no tuvo reparos en confirmarlo: «Así es, la gente no suele verlo, porque la gente no se fija en esas cosas, pero ese es mi toreo. Yo creo que el torero debe mantenerse lo más posible en su centro, en la línea. Y en eso el mejor que yo he visto ha sido «Chicuelo».

Natural de «Manolete» al toro Perfecto,
de Miura. Barcelona, 2 de julio de 1944.
(Foto Mateo)

La gran aportación de «Manolete» al torero moderno la explica el historiador «José Alameda»Manuel Rodríguez creó una nueva forma de obligar. Con la mano muy baja, situado en línea con el animal, acortaría las distancias con pasos laterales hasta provocar la arrancada. De esa forma fue como el torero cordobés consiguió sacar partido a la mayoría de los toros quedados de su época, que eran la mayoría, hasta instaurar de forma definitiva la ligazón revelada por «Joselito» —el toreo que deja venir al toro por su línea natural para obligarlo a ir hacia atrás y hacia adentro—, pulido y perfeccionado con el arte de «Chicuelo», que alternando los terrenos del toro y del torero creó la faena moderna, la que aceptó y adoptó «Manolete» para aguantar, obligar, ligar y expresar desde su majestuosa verticalidad de torre su señorial e inolvidable toreo de manos bajas.  

viernes, 4 de diciembre de 2020

EL TEMPLE SE ENTRENA

Por Antonio Luis Aguilera 

Manolete engancha a la becerra con la misma panza de la muleta y la lleva embebida en los vuelos

La foto es de escasa calidad pero mantiene intacto su mensaje. Debe tener unos ochenta años y en ella observamos a Manolete interpretando el toreo actual, el de nuestro tiempo. Cuando se captó la instantánea, cuyo autor desconocemos, habrían transcurrido cinco a seis lustros de la revolución de Joselito y Belmonte. Pero el toreo ya era distinto al de su época, aunque algunos de los que escribieron la historia se habían apresurado en redactar el capítulo del toreo moderno atribuyendo "paternidades". Tenían un serio problema, pues la historia seguía su curso dejando en evidencia un relato inconcluso, para el que buscaron un titular rimbombante, que no ofreciera dudas, escogiendo la edad de oro del toreo, el mismo que en el siglo anterior había nominado la competencia entre Lagartijo y Frascuelo

Así las cosas, resultaba complejo reescribir la historia, y optaron por silenciar su curso, por esconder la evolución sin valorar un hecho que la cambiaba por completo, y lo que es peor, por ningunear al protagonista, el gran orfebre del toreo Manuel Jíménez Chicuelo, al que pretendieron envolver en el papel de regalo de la chicuelina, o catalogar como un fino torero sevillano. Pero no fue así, porque el torero de la torerísima Alameda de Hércules, aunque nacido en la trianera calle Betis, fue quien pulió y puso en valor el toreo de línea gallista, el ligado en redondo. Fue él quien con su gracia manifestó la geometría de la ligazón de los pases en redondo, demostrando que era posible alternando los terrenos de adentro y los de afuera, cuando entonces era habitual que el lidiador ocupara los de adentro -dando la espalda a tablas-, y el toro los de afuera, para dar dos pases: el natural y el cambiado o de pecho. Por tanto, Chicuelo fue el creador de la faena moderna, la que relaciona los pases y otorga cohesión a la lidia. Qué razón llevaba su banderillero Manuel González Buzón el Rerre, cuando la tarde del 24 de mayo de 1928 en Madrid, tras la apoteósica faena al toro Corchaíto, se dirigió a su maestro y le sentenció: "Manolo, hoy has cambiado el toreo".

Chicuelo otorga la alternativa a Manolete

Posteriormente vendría otro hecho determinante, la alternativa de Manolete, porque el 2 de julio de 1939 en la Maestranza de Sevilla, donde Chicuelo fue el gran triunfador cortando un rabo, el sevillano no solo entregaba al cordobés espada y muleta otorgándole el grado de matador de toros, sino que le cedía el testigo de su propio toreo, el que eslabona los pases, para que Manuel Rodríguez Sánchez, con el valor y la regularidad que atesoraba, lo implantara como el sistema al que habrían de adaptarse todos los toreros para expresar su arte. 

Manolete dio otra vuelta de tuerca a la ligazón con su forma de obligar a los toros quedados. Y toreó a la inmensa mayoría acortando las distancias con pasos laterales sin corregir su posición para provocar las embestidas. Pero los escolásticos le acusaron de perfilero, y organizaron campañas difamatorias que llegaron hasta después de su muerte, siendo una de las más tristes la engolada conferencia de un espada de distinta cuerda en el Ateneo madrileño, donde leyó lo que escribió o le escribieron, un manifiesto antimanoletista cuando ya el honrado y cabal torero de Córdoba no existía. Sin embargo, la lección de Manolete había sido suficientemente explicada en el ruedo y con el toro, por eso todos los toreros adoptaron el nuevo sistema para expresar su acento artístico. Además, el público no habría soportado el regreso de ese toreo de un pase aquí y otro allí, y exigía la ligazón de los pases en series en la faena de muleta. 

En la antigua fotografía vemos a Manolete entrenando en una placita campera en el marco de un paisaje otoñal. Relajado, con los botos clavados, el compás ligeramente abierto y desmayado el brazo que no torea. La escena expresa absoluta naturalidad. El torero ha enganchado la embestida con la panza de la muleta y lleva a la becerra embebida en los vuelos, mientras hundiendo el mentón acompaña el viaje con la cintura para sentir el temple con que somete a la res, que noblemente humilla siguiendo la bamba que suavemente la trae y la lleva en ese emocionante equilibrio de quietud de piernas, movimiento de brazos y goznes de muñecas que determina el toreo. ¿Entrenaba Manolete el temple...? 

Manolete descansa al sol en la plaza de tienta
Defendía el magistral escritor José Alameda que el temple se entrena, «que cuando se tiene un don, éste se acendra y afina con el ejercicio, no se entrenan sólo mecanismos concebidos, "se" entrena uno mismo, sus facultades, sus posibilidades, los niveles de su aptitud. El objeto del entrenamiento es el artista mismo». Y recordando una gélida mañana de invierno, que tuvo el orgullo de ser ayudante de Juan Belmonte en un tentadero celebrado en la ganadería de don Nemesio Villarroel, añadía: «Lejos del barullo de los cosos, y del delirio de los públicos, prácticamente sin ambiente, o digamos, en el ambiente neutral de la placita gris, de la mañana fría y del silencio, las formas esenciales del toreo de Belmonte, sus engranajes íntimos, sus goznes determinantes, cobraban un valor paradigmático y se veían, como en un cuadro "abstracto", los valores esenciales, despojados de la anécdota». 

Entendemos que para ser torero se necesitan dos cualidades con las que hay que nacer: el valor y el temple. Y consideramos que ambas se pueden entrenar por quienes las atesoran. Nos contaba Pascual Membrives, amigo entrañable de la Tertulia Tercio de Quites de Córdoba, una anécdota que vivió en su niñez y traemos a colación por la enseñanza que pueda aportar.

Manolete ayudándose por alto en un tentadero

Recordaba que estaba en la tapia de un tentadero dirigido por Manolete en la finca Las Cuevas, en el término de Villarrubia (Córdoba la Vieja), donde pastaba la ganadería de don Alfonso de Olivares. Su viuda, doña Conchita Gómez-Barzanallana, era aficionada práctica y con frecuencia salía a torear. En ello estaba cuando una de sus becerras la derribó. Inmediatamente, los banderilleros salieron para hacer el quite, pero Manolete les ordenó que se detuvieran: «¡No corráis, dejarla ahí un momento para que se le quite el miedo!». A continuación fue él mismo para llevarse la vaca y cuando se la había quitado preguntó a la ganadera: «¿Te has asustado?».

La teoría del gran analista taurino parece cobrar vida en la fotografía que nos ha servido para recordar la evolución del toreo moderno, aquel del que hablaba Guerrita en su Tauromaquia, iniciara Joselito, puliera Chicuelo e implantara Manolete. Una foto que también invita a reflexionar sobre el importante trabajo de los ganaderos, que seleccionaron un animal con mayor entrega y fijeza que posibilitara ese nuevo toreo.  

TEXTO RELACIONADO CON LA EVOLUCIÓN DEL TOREO:

viernes, 14 de septiembre de 2018

ALTERNATIVAS CONCEDIDAS EN CÓRDOBA

Por Rafael Sánchez González y Antonio Luis Aguilera    

      
Plaza de toros de Los Tejares de Córdoba
       
        Al parecer, la primera tuvo lugar en una de las plazas que se levantaron en el Campo de la Merced, el día 22 de mayo de 1815, donde Francisco González Díaz Panchón, recibió el doctorado de manos de José María Inclán.  

EN LA PLAZA DE LOS TEJARES  (AÑOS 1846-1965)
El Gordito

1.- EL GORDITO. Antonio Carmona Luque
Fecha: 8 de junio de 1862. Padrino: José Carmona Luque, su hermano. Ganadería: Romero Balmaseda.

 2.- RERRE. Manuel González Buzón.
Fecha: 29 de septiembre de 1904. Padrino: Antonio de Dios Conejito. Completaba la terna: El Algabeño. Toro: Famoso, negro. Ganadería: González  Nandín.  

3.- DIONISIO FERNÁNDEZ. Manuel Dionisio Fernández Acebal.
Fecha: 26 de septiembre de 1909. Padrino: Antonio Guerrero Guerrerito. Completaba la terna: Manuel Mejias Rapela Bienvenida. Ganadería: Julio Laffitte.

4.- SERRANITO DE CÓRDOBA. Francisco Paula Gutiérrez Martínez.
Fecha: 25 de julio de 1921. Padrino: José Flores Camará. Completaba la terna: Pastorest. Ganadería: Sánchez Rodríguez.

5.- MARIANO MONTES. Mariano Montes Mora.
Fecha: 25 de septiembre de 1921. Padrino: Joseíto de Málaga. Completaba la terna: Serranito de Córdoba. Ganadería: Viuda de Antonio Guerra.

José María Martorell
6.- JOSÉ MARÍA MARTORELL. José María Martorell Navas.
Fecha: 26 de mayo de 1949. Padrino: Agustín Parra Parrita. Testigo: Antonio Caro. Toro de la ceremonia: Pato, núm. 99. Negro. Ganadería: Juan Guardiola Soto. Vestido: Blanco y oro.

7.- CALERITO. Manuel Calero Cantero.
Fecha: 26 de mayo de 1950. Padrino: Agustín Parra Parrita. Testigo: José María Martorell. Toro de la ceremonia: Noguerillo, núm. 30, negro. Ganadería: Viuda de Galache.

8.- FACUNDO ROJAS. Facundo Rojas Muro.
Fecha: 26 de octubre de 1952. Padrino: Rafael Vega Gitanillo de Triana. Testigo: Enrique Vera. Toro de la ceremonia: Bastonero, núm. 36, negro. Ganadería: Enriqueta de la Cova.

9.- JOSÉ MARÍA MONTILLA. José María Montilla Álvarez.
Fecha: 26 de mayo de 1962. Padrino: Julio Aparicio. Testigo: Jaime Ostos. Toro de la ceremonia: Avefría, núm. 66, negro zaíno, 465 kilos. Ganadería: Francisca de Mora Figueroa. Vestido: Azul celeste y oro.

Manuel Benítez El Cordobés
10.- EL CORDOBÉS. Manuel Benítez Pérez.
Fecha: 25 de mayo de 1963. Padrino: Antonio Bienvenida. Testigo: José María Montilla. Toro de la ceremonia: Palancar, núm. 88, negro, 464 kilos. Ganadería: Samuel Flores. Vestido: Azul celeste y oro.

11.- EL PIREO. Manuel Cano Ruiz
Fecha: 26 de septiembre de 1964. Padrino: Antonio Bienvenida. Testigo: Gabriel de la Haba Zurito. Toro de la ceremonia: Fogarín, núm. 156, negro, 471 kilos. Ganadería: Carlos Núñez. Vestido: blanco y oro.
                            
Plaza de toros de Los Califas de Córdoba
EN LA PLAZA DE LOS CALIFAS (DESDE 9 DE MAYO DE 1965)

1.-  EL PURI. Agustín Castellano Martínez.
Fecha: 25 de mayo de 1965 Padrino: Manuel Benítez El Cordobés. Testigo: Manuel Cano El Pireo. Toro de la ceremonia: Acuseta, núm. 116, negro zaíno, 435 kilos. Ganadería: Herederos de Carlos Núñez. Vestido: Grana y oro. 

2.- SÁNCHEZ FUENTES. Antonio Sánchez Fuentes.
Fecha: 27 de mayo de 1965. Padrino: Diego Puerta. Testigo: Paco Camino. Toro de la ceremonia: Lozano, núm. 85, negro zaíno, 438 kilos. Ganadería: Monte de San Miguel. Vestido: Blanco y oro.

3.- FERNANDO TORTOSA. Fernando Martín Tortosa.
Fernando Tortosa
Fecha: 19 de marzo de 1968. Padrino: Diego Puerta. Testigo: Manuel Cano El Pireo. Toro de la ceremonia: Desgraciao, núm. 80, negro bragado, 464 kilos. Ganadería: Gerardo Ortega Sánchez. Vestido: Azul celeste y oro.

4.- EL HENCHO. Florencio Casado Morales.
Fecha: 1 de junio de 1969. Padrino. Gabriel de la Haba Zurito. Testigo: Fernando Tortosa. Toro de la ceremonia: Idiota, núm. 98, negro zaíno. 499 kilos. Ganadería: Gerardo Ortega Sánchez. Vestido: Azul celeste y oro.

Agustín Parra Parrita
5.- PARRITA. Agustín Parra Vargas.
Fecha: 27 de mayo de 1976. Padrino: Curro Romero. Testigo: Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea. Toro de la ceremonia: Aguamiel, núm. 137, negro zaíno girón, 517 kilos. Ganadería: Manolo González. Vestido: Verde oliva y oro.

6.- FERMÍN VIOQUE. Fermín Vioque Ruiz.
Fecha: 24 de mayo de 1984. Padrino: José Cubero Yiyo. Testigo: Vicente Ruiz El Soro. Toro de la ceremonia: Jareto, núm. 18, negro zaíno, 533 kilos. Ganadería: Los Guateles. Vestido: Marfil y oro con remates negros.

Finito de Córdoba
7.- FINITO DE CÓRDOBA. Juan Serrano Pineda.
Fecha: 23 de mayo de 1991. Padrino: Paco Ojeda. Testigo: Fernando Cepeda. Toro de la ceremonia: Infundioso, núm. 51, burraco, 500 kilos. Ganadería: Torrestrella. Vestido: blanco y oro.

8.- CHIQUILÍN. Rafael Jiménez González.
Fecha: 27 de mayo de 1992. Padrino: Curro Romero. Testigo: Julio Aparicio. Toro de la ceremonia: Canalla, núm. 68, negro mulato bragado, 489 kilos. Ganadería: Jandilla. Vestido: Nazareno y oro.
Chiquilín

9.- CAYETANO DE JULIA. Cayetano Fernández Fernández.
Fecha: 23 de mayo de 1995. Padrino: Rafi Camino. Testigo: Rafael González Chiquilín. Toro de la ceremonia: Málaga, núm. 42, negro bragado meano, 609 kilos. Ganadería: Murteira Grave. Vestido: Blanco bordado en oro y plata.


José Luis Moreno
10.- JOSÉ LUIS MORENO. José Luis Moreno Ruiz.
Fecha: 30 de mayo de 1996. Padrino: Enrique Ponce. Testigo: Juan Serrano Finito de Córdoba. Toro de la ceremonia: Chupaíto, núm. 6, negro bragado, 512 kilos. Ganadería: Torrestrella. Vestido: blanco y oro. 

11.- ROMERO DE CÓRDOBA. Manuel Romero Santiago.
Fecha: 1 de mayo de 1998. Padrino: Rafael González Chiquilín. Testigo: José Romero, su hermano. Toro de la ceremonia: Arito, núm.34, negro, 553 kilos. Ganadería: Guardiola Fantoni. Vestido: Grana y oro.

12.- EL PIREO. Rubén Cano de Vegas.
Fecha: 30 de mayo de 1998. Padrino: Jesús Janeiro Jesulín de Ubrique. Testigo: Juan Serrano Finito de Córdoba. Toro de la ceremonia: Trajeroto, núm. 65, negro, 549 kilos. Ganadería: Torrestrella. Vestido: Blanco y oro.

13.- ALEJANDRO CASTRO. Alejandro Castro García.
Fecha: 5 de septiembre de 1998. Padrino: Juan Serrano Finito de Córdoba. Testigo: Rubén Cano El Pireo. Toro de la ceremonia: Jandino II, núm. 36, castaño, 492 kilos. Ganadería: Marcos Núñez. Vestido: Blanco y plata.

14. REY VERA. Antonio Rey Vera.
Fecha: 21 de mayo de 2000. Padrino: Juan Muriel. Testigo: Alejandro Castro. Toro de la ceremonia: Sagrado, núm. 31, negro mulato, 501 kilos. Ganadería: Criado Holgado. Vestido: Blanco y oro.

15. REYES MENDOZA. Enrique Reyes Mendoza.
Fecha: 1 de junio de 2002. Padrino: Manuel Benítez El Cordobés. Testigo: Juan Mora. Toro de la ceremonia: Airoso, núm. 12, colorado, 520 kilos. Ganadería: María José Barral. Vestido: Blanco y oro.

16. MANOLO MARTÍNEZ. Manuel Martínez González.
Fecha: 27 de mayo de 2004. Padrino: Enrique Ponce. Testigo: Julián López El Juli. Toro de la ceremonia: Grotesco, núm. 65, 530 kilos, castaño salpicado, de la ganadería de Buenavista. Vestido: marfil y oro.
José Luis Torres  

17.- JOSÉ LUIS TORRES. José Luis Torres Roldán.
Fecha: 26 de mayo de 2005. Padrino: Enrique Ponce. Testigo: Juan Serrano Finito de Córdoba. Toro de la ceremonia: Verboso, núm. 138, 515 kilos, colorado, de la ganadería de Juan Pedro Domecq. Vestido: marfil y oro.

18.- SERGIO SANZ. Sergio Sanz López.
Fecha: 9 de septiembre de 2005. Padrino: Salvador Cortés. Testigo: José Luis Torres. Toro de la ceremonia: Buenastardes, núm. 125, 566 kilos, de la ganadería de La Dehesilla. Vestido: Azul marino y oro. (Nota: La corrida comenzó a las 9,30 de la noche y finalizó entrada la madrugada del día 10).
Leonardo Hernández

19.- LEONARDO HERNÁNDEZ NARVÁEZ. (Rejoneador)
Fecha: 28 de mayo de 2006. Padrino: Leonardo Hernández García, su padre. Testigo: Pablo Hermoso de Mendoza. Toro de la ceremonia: Cirilo, núm. 43, 625 kilos, negro, de la ganadería de la señora viuda de Flores Tassara. 

20.- JULIO BENÍTEZ EL CORDOBÉS. Julio Benítez Fraysse.
Fecha: 25 de mayo de 2007. Padrino: Juan Serrano Finito de Córdoba, que hizo salir al ruedo a Manuel Benítez El Cordobés, padre del torero, para que cediera los trastos a su hijo. Testigos: Finito de Córdoba, por voluntad propia, y Cayetano Rivera Ordóñez. Toro de la ceremonia: Batibero, numero 10, 545 kilos, negro mulato, de Román Sorando. Vestido: Blanco y oro.

21.- MIGUEL ÁNGEL DELGADO. Miguel Ángel Delgado Álvarez.
Fecha: 30 de Mayo de 2009. Padrino: Alejandro Talavante. Testigo: Julio Benítez El Cordobés, hijo. Toro de la ceremonia: Campolargo, núm. 51, 520 kilos, negro, cinqueño, de la ganadería de Gavira. Vestido: blanco y plata.

22.- JAVIER MORENO «LAGARTIJO»Javier Moreno Sanz.

Fecha: 21 de mayo de 2022. Padrino: Alejandro Talavante. Testigo: Andrés Roca Rey. Toro de la ceremonia: Campanito, número 25, 500 kilos, colorado, de la ganadería de Álvaro Núñez Benjumea. Vestido: blanco y plata.

 

23.- MANUEL ROMÁN. Manuel Román Álvarez.

Fecha: 25 de mayo de 2025. Padrino: Juan Ortega. Testigo: Andrés Roca Rey. Toro de la ceremonia: Ofiverde, número 2, 500 kilos, negro, de la ganadería de Domingo Hernández. Vestido: grana y oro.