martes, 27 de agosto de 2019

MANOLETE: 72 AÑOS DE LINARES

VERSOS PARA SU TUMBA
 Cementerio de la Virgen de la Salud de Córdoba. Foto Ignacio Sánchez-Mejías

Aquél que las arenas pisó con más firmeza,

yace aquí bajo el cielo de su Córdoba mora.

Dictó frente a los toros lecciones de majeza,

poniendo en pie a la hispana muchedumbre sonora. 


Los claros cordobeses de otros siglos, le ungieron,

porque en él renaciera su propia aristocracia.

Tuvo en su mano izquierda –dicen los que le vieron-

el divino secreto natural de la gracia.


Creyó en Dios y en la Virgen. Fue valiente y galante.

Prendió por ambos mundos la gloria en sus muletas.

Vistió el traje de luces con señorial talante.

Gozó de la alabanza de todos los poetas.


Cumplióse en él la estrella que se da en los mejores:

Morir en la contienda, la noble frente erguida…

Entró a matar sin trampa, con clásicos fervores,

y en astas de un miureño lo dio todo: ¡la vida!


Su apodo MANOLETE. “Islero”, el de la fiera.

La fecha de un agosto. La plaza de Linares.

Manuel Rodríguez Sánchez resurrección espera.

¡Un aire de leyenda le llora en mil cantares! 

RAFAEL DUYOS

Versos de Rafael Duyos en el dorso del Mausoleo donde reposan los restos de Manolete

RAFAEL FARINA CANTA A MANOLETE: "CAMPANAS DE LINARES"





lunes, 19 de agosto de 2019

AL HILO DE LA CRÓNICA DE GONZALO BIENVENIDA

Por Luis Miguel López Rojas

Juan Ortega. Foto Plaza1
"La inmensa torería de Juan Ortega". Preciosa crónica la de Gonzalo Bienvenida y sobre todo, en mi opinión, la que mejor expresa los momentos que se vivieron en la plaza. Al menos coincide tal y cómo yo los viví y sentí. Así que mi enhorabuena por esa forma extraordinaria de escribir. También mi enhorabuena al torero, perdón, TORERO (con mayúsculas), que eso es lo que es Juan Ortega. Esa forma de sentir, de expresar, de andar por la plaza, de echar los vuelos, de acariciar… En definitiva, de torear.

Torería, eso que es tan complicado de describir, tan fácil de distinguir y tan difícil de ver. Por eso cuando el sevillano pegó ese trincherazo a un mulo por el que nadie daba un duro, la plaza crujió. Y después vinieron tres naturales que quedaron grabados a fuego en mi memoria, por esa fragua incandescente que tiene en sus muñecas. Y Madrid se hizo un manicomio. No hizo falta más, porque tampoco había para más.

Trincherazo de Juan Ortega. Foto Plaza1
Dicho lo cual, creo que ya va siendo hora de hablar alto y claro para decir a aquél que se autoproclama “productor de arte” y a sus veedores, que no hay derecho a soltar semejante corrida. Que en la confección de los carteles, por una parte está la elección de los toreros (bonito cartel el del día de la Paloma), la ganadería, pero por otra parte el ganado que se escoge en el campo. No me imagino las razones ocultas que pueden existir para elegir seis bueyes, más propios para tirar de las carretas del Rocío que para lidiarse (bueno, sí me las puedo imaginar: limpieza de ganado del año anterior, amiguismo, bajo precio…). Corrida mastodóntica, fea, con un promedio de 635 kilos (estos fueron los pesos: 572, 645, 646, 691, 586 y 669 kilos), cinqueña y algún ejemplar a escasos meses de cumplir los seis años. Eso no ha sido nunca el toro bravo, no lo es y espero que no lo sea. Pero la gota que colmó el vaso y el respeto que se le debe tener a la que se considera primera plaza del mundo, fue el sobrero de Osborne. ¡Ni para las calles de Castellón! No entiendo como un ganadero puede dejar un animal tan feo llegar a toro, como se puede lidiar en una plaza, y mucho menos en Madrid, salvo por su precio de saldo… También pongo en tela de juicio la labor de presidentes y veterinarios de Madrid y su concepto de “trapío”. Esa corrida de Martín Lorca se debería haber rechazado por no tener trapío. El día antes, en Gijón, una de la Quinta con 200 kilos menos, daba mucho más miedo. Luego podrán salir buenos, malos o regulares, como así ocurrió en el Bibio, pero nadie podrá negar que estaba en tipo de embestir y tenía mucho más trapío que la de Madrid.
Juan Ortega citando al tercero, de 646 kilos "en la pizarra". Foto Plaza 1
Sinceramente me sentí estafado. Se hace difícil acudir a los toros en agosto a Madrid, cuando todo el mundo está en la playa o bajo el aire acondicionado. Desplazarte de otros lugares, con los gastos que ello conlleva, para ver semejante esperpento salir por los toriles... ¡Hay que ser muy mal empresario para maltratar así a “sus clientes”, y no imagino esa “visión empresarial” en cualquier otro ámbito! Para “producir arte”, señor Casas, hacen falta herramientas. Pero independientemente de ello, ya apelo a la “sensibilidad” de aficionado que debe tener un empresario taurino. ¡Hay que tener muy poca sensibilidad para estrellar las ilusiones de tres toreros que van a jugarse la vida, que viven por y para el toro, con esta envenenada “oportunidad”! Y las ilusiones de los aficionados que acudimos a verlo. ¡Eso es una falta de respeto!
Inolvidables naturales de Juan Ortega. Foto Plaza1
A Juan Ortega le han caído unas cuantas bolitas de esas que decía Rafael de Paula que repartía Dios. Con diez o doce naturales el año pasado el día de la Paloma, dos verónicas y una media cumbres en Resurrección, y el trincherazo y los tres naturales que relata Gonzalo Bienvenida en su crónica, ha sido capaz de remover los cimientos de la Monumental de Madrid. Ha creado un halo de ilusión en los aficionados porque es un torero distinto. Es una irresponsabilidad dejar perder a un torero de este calibre, como lo fue darle semejante “oportunidad” con ese saldo ganadero. Hacen falta muchos Pablo Aguado y Juan Ortega en la situación en que se encuentra hoy el mundo del toro. Apelo a su responsabilidad señor Casas, como empresario y sobre todo como aficionado. ¡Qué no se vuelva a repetir, porque sería síntoma de que es usted muy mal empresario y “sobre todo” muy mal aficionado!

Juan, ¡qué ganas de volver a verte!


viernes, 16 de agosto de 2019

LA INMENSA TORERÍA DE JUAN ORTEGA


Un crujido estremeció el alma de los aficionados en el primer trincherazo de Juan Ortega. El núcleo de aficionados que fielmente acude a Las Ventas tuvo paladar para saborear, jalear y exponenciar la exquisita obra del sevillano. La Virgen de la Paloma siempre ha sacado toreros.
Antología del pase natural de Juan Ortega. Foto Plaza1
Con su bendición han resucitado carreras, han surgido figuras y ha dado alas a toreros en vías de extinción. Así ocurrió el año pasado con Juan Ortega, de aquellos polvos estos lodos. De la reveladora torería al despertar de la sensibilidad artística que se vivió ayer en Las Ventas. Entre medias, la cumbre capotera de Resurrección y la nulidad de opciones en San Isidro. También un absurdo apoderamiento por parte de Plaza 1 para tenerlo parado en su casa. Y la mala elección de escoger una destartalada y pesada corrida de Martín Lorca en forma de oportunidad envenenada.
Toreo al natural monumental como la plaza. Foto Plaza1
Dobló las manos el acapachado tercero como lo habían hecho sus hermanos. Con mimo lanceó Ortega ayudándole con las yemas y empujándolo. La torería de las formas estuvo acompañada por una calidad tremenda en muletazos para el recuerdo. Todo hecho despacio, dándole sus tiempos al toro. Eso que los antiguos llamaban torear sin torear. Una tanda eclosionó el toreo de siempre traído a estos días con las yemas de los dedos en el centro del palillo, el pecho por delante, la suerte cargada. Los naturales, de uno en uno, surgieron naturales y preñados de empaque. El pase de pecho sin excentricidades que cerró la tanda levantó a algunos aficionados. De tendido a tendido un señor le mostraba el vello del brazo de punta. Por el derecho el toro no era igual, el contado poder le llevaba a defenderse por ahí. El final andando, con trincherillas, pases del desprecio, cambios de mano fue para enmarcar. Se presentía la oreja pero la defectuosa estocada estuvo agravada con varios descabellos. La fuerte ovación saludada desde el tercio vino a decir: «Esto es lo que gusta en Madrid». Nada pudo hacer con el reservón y malo sexto.

Los corrillos comentaban a la salida el aroma de torería que porta la tauromaquia de Juan Ortega.
Merece más oportunidades.

Extracto de la crónica que Gonzalo Bienvenida firma en el Diario El Mundo, edición del 16 de agosto de 2019, sobre la corrida de toros celebrada la tarde anterior en la plaza de Las Ventas de Madrid. 
Video y fotos Plaza1.

sábado, 10 de agosto de 2019

MI ÚLTIMO BASTÓN


 Apoteosis de Manolete con el toro Platino
El 17 de febrero de 1946 tuvo lugar en la plaza de El Toreo de la Condesa de México una corrida inolvidable. Se lidiaron seis ejemplares de la ganadería de Coaxamalucan para Manolete, Pepe Luis Vázquez y Luis Procuna. Los tres espadas triunfaron clamorosamente y cortaron un rabo. Cuando el cordobés paseaba una de las vueltas al ruedo que le obligaron a dar tras la faena al toro Platino, un espectador le arrojó un bastón que debió agradar al torero porque decidió quedárselo. Años más tarde, en 1981, fue obsequiado por su familia a Antonio Gala, en gratitud por una brillante intervención sobre Manolete en Televisión Española. Poco después, en la sección semanal titulada “En propia mano” que el gran escritor cordobés tenía en "El País Semanal", agradeció públicamente este regalo con el artículo “Mi último bastón”, donde narró con prosa magistral la historia del bastón que aceptó guardar como recuerdo del inolvidable torero. Merece la pena rescatar un fragmento de esta preciosa pieza literaria:

Antonio Gala
“…Pero el último de todos, que también me vino de Córdoba, contiene un especial significado: lo ganó, toreando, Manolete. Llegó acompañado de su certificado de origen: una fotografía fechada el 17 de febrero de 1946 en Méjico. En ella, da Manolete una vuelta al ruedo. Sereno, pero no sonriente. La mano izquierda lleva la montera, el bastón —con la elegancia del que tiene costumbre de la espada— y el capote, plegado y dibujado por Zurbarán. La mano derecha, con desmayo lleva un ramo de flores. El torero acaba de matar un toro llamado Platino, como el vino admirable de los plateros cordobeses. Ha logrado su más hermosa faena mejicana. En la primera vuelta, de las cuatro que dio, un admirador le arrojó ese bastón de caña de Malaca, cuyo puño es un afilado león de marfil indio y ojos de ámbar. No sé quién era tal espectador, pero estoy satisfecho de encontrar hoy su bastón entre los míos.
La noche que la familia de Manolete me lo ofreció, lo acepté con responsabilidad y con recogimiento. Lo besé al aceptarlo. Besaba en el mi infancia y mi adolescencia, que iban a ver los toros con mi padre y Machaco. Lo besé porque siempre he admirado a esa raza de hombres que viven, como funambulistas, sobre el filo de la navaja; que arrojan al aire una sigilosa moneda, cuya cara y cruz son la vida y la muerte. Siempre he admirado a quienes comprenden que no hay que vivir la vida a cualquier precio; que hay precios que no deben pagarse; que la vida, en todo caso, es corta y hay que hacerla, si no más larga, más ancha por lo menos. Siempre he admirado a quienes hacen del riesgo su pan de cada día; a quienes, enaltecidos y plenos y envidiados, con grandeza y consciencia saben vivir su muerte, acaso lo más arduo de la vida. Siempre he admirado a los hombres de tal raza, a la que Manolete perteneció, y a la que supongo que, de otro modo, también yo pertenezco.
En un país maniqueo, donde gritar ¡viva Joselito! equivale a gritar ¡muera Belmonte! Manolete recogió los vivas y los mueras. Su fruición por la vida pareció a muchos desdén por ella, y su desdén, distancia, y su distancia, sosería: qué cordobés es eso. Se dice que los amados de los dioses mueren jóvenes. No es cierto: los amados de los dioses no mueren: se van al mediodía; se van en flor. Para inmortalizarla hay que cortar la rosa…
En un momento de política estrecha y de estrechas fronteras; en un momento en que aquí se elevó un especialmente estúpido ¡Santiago y cierra España!, Manolete saltó por encima con la agilidad con que saltaba una barrera. Cualquier arte es superior a cualquier política cuando ésta no es un arte. Hay que saber estar en la plaza: fijar, templar, mandar. En el toro por cuya lidia le ofrendaron el bastón, el público le pidió a Manolete que banderillease. Él señaló, sin inmutarse, a su banderillero. Y luego comentó: "Se están poniendo las cosas de una forma que el mejor día van a querer que actúe también de mulillero”. No dio lugar la vida. Sin embargo, hoy, en la fiesta y en muchos otros campos, sería bueno colocar a cada cual en el sitio que le correspondiese. Muchos maestros harían así de mulilleros. Y aún de mulas, algunos”.

Faena de Manolete al toro Platino


sábado, 3 de agosto de 2019

PRESENTACIÓN DE MANOLETE EN MÉXICO


Silverio Pérez confirma la alternativa a Manolete
El 9 de diciembre de 1945, Manuel Rodríguez Manolete hizo su presentación en la plaza de El Toreo de la Condesa de México, actuando con los espadas locales Silverio Pérez, que le confirmó la alternativa, y Eduardo Solórzano, en la lidia de un encierro de la ganadería de Torrecilla. El torero cordobés obtuvo el rabo del primero de su lote, de nombre Gitano, en una actuación que impactó a la afición de aquél país, mientras que el segundo de su lote, de nombre Cachorro, lo corneó al lancear de capote enviándolo a la enfermería.
Por el  excelente análisis técnico que hace del toreo de Manolete, rescatamos la opinión de una de las plumas más brillantes y autorizadas de la crítica taurina mexicana, la del doctor don Carlos Cuesta Baquero (1886-1951), que además de cronista vocacional como médico profesional fue pionero en llevar la cirugía taurina a las plazas de toros de la nación hermana. Firmaba sus textos con el seudónimo de Roque Solares Tacubac. 

"Desde tiempo lejano, la personalidad artística de los modernos toreros hispanos —entiéndase especialmente espadas famosos— no promovía en mí la expectación de aficionado y de crítico. A este respecto abrí paréntesis para fijar mi interés en Joselito, Belmonte y mi amigo Ignacio Sánchez Mejías. Y el paréntesis se hallaba sin cerrar hasta que surgió el actual Manolete, que produjo en mí intenso avivamiento en el criterio tauromáquico… Manolete es la resurrección casi integral del inolvidable Antonio Fuentes.

En lo relacionado con el manejo del capote y de la muleta, y en la generalidad torera por la suficiencia de técnica para estar en el ruedo —para lo que en otro tiempo llamábamos como "saber estar colocado y saber andar en derredor del toro"—, el diestro cordobés nos hace ver de nuevo en la arena al inmortal diestro sevillano. Existe en este artista igual señorío natural, completamente ajeno a la afectación. Muestra igual valentía, basada en la serenidad que estriba en "saber ver llegar a los toros", lo que en frase no técnica sino de significación común y corriente es que el lidiador sepa estar tranquilo, quieto en el sitio donde cita para la suerte, apreciando bien que el toro toma el engaño —sea el capote o la muleta— y entonces hacer que la embestida sea al pleno de la tela, no a las extremidades. Que el pitón esté dando el derrote abajo, pero sin el exceso de ir en la semicircunferencia del capote o en el ángulo redondeado de la muleta.

Estas dos cualidades —que Manolete posee— se llaman también aguantar primeramente, y después centrar. De ellas proviene que haya la facilidad en templar y mandar, en la dirección que lleva el derrote del asta del toro. Y de ese conjunto surge la belleza majestuosa —plástica— que hay en el modo de torear que tiene Manolete y que es idéntico al que tuvo Fuentes.

Manolete es la personificación de la belleza en su estilo artístico y deja satisfechos a todos los aficionados, tanto a los que somos antiguos, como a los modernos.

Gran triunfo en la presentación del torero cordobés

La belleza es suprema ley, afirmé en una de mis críticas antiguas, cuando tenía el carácter de censor en alguno de los numerosos periódicos en los que colaboré. Y ese apotegma lo apliqué cuando Belmonte hacía la revolución en el estilo de torear, modificando la jurisdicción del torero, acortándola, metiéndose en la jurisdicción del toro y pisándole su terreno.

Manolete, en esta corrida, no fue excepcional a ese respecto. Fue graduando la distancia a que debía situarse para citar a la suerte. A veces, vacilando —dudoso— por lo incierto de la acometida que mostró el primero de los toros de la corrida —y también primero de los de Manolete— situábase alejado, previsor de que el toro se arrancara; pero cuando se percataba de que no lo hacía, a pesar de la provocación flameando la tela de la muleta, se aproximaba con pasos cortos, deslizando los pies. Esto es lo que técnicamente se dice mejorar el terreno, recurso de diestro perfectamente enterado de los secretos del arte taurino.

En lo referente a la postura que adopta para practicar los lances de capa y los pases con la muleta, no es enteramente la clásica de frente. Toma la de un escorzamiento, pero no llega al exceso de actitud de perfil exagerado: la que hace es aceptable. Luego, la quietud en los pies, el ritmo en el movimiento de los brazos y llevar al toro bien centrado, dan al lance la belleza escultórica y majestuosa, el plasticismo, según en anterior párrafo ya fue elogiado. Corto en el uso de la capa, a juzgar por lo que en esta corrida vieron, pues todos los quites los hizo con la suerte de la verónica.

El modo de practicar el pase natural es perfecto, irreprochable en lo relacionado con el aguante, el temple y el mando, porque tiene la excelente cualidad del centrado de la cabeza del toro.

Manolete atacando en la suerte suprema con la vista fija en el hoyo de las agujas.
En la suerte de estoquear tiene cualidades. Se coloca cerca y en rectitud al cuerno derecho del toro. Ayer, en el único que estoqueo no estuvo cruzado; la colocación que tomó fue enhilado y presentando el pecho. Hace el viaje rectitud y sin excesiva rapidez, con la necesaria únicamente, y se deja ver del toro; no hace la trayectoria con celeridad. Conserva su reunión —el tener montado el estoque, tocando el brazo derecho al pecho— hasta el instante en que la punta del acero hiere el cuerpo del toro. Esta manera es la clásica y por tanto elogiable. En el toro que estoqueó, el cruzamiento de la muleta no dio el resultado requerido, porque la escasa codicia del toro motivó que no humillara. Por esto la estocada solo fue llegando a la mitad del acero y el conjunto de este momento de la suerte careció de la belleza que ha de tener. Vuelvo a decir que la deficiencia radicó en la índole del toro, no en falta de destreza en Manolete".
Roque Solares Tacubac