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jueves, 1 de junio de 2023

MEJORES ÉPOCAS

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de "Los Califas" de Córdoba

Terminada la mini feria taurina de Córdoba, con el amargo sabor de la decepción por la mala presentación de las corridas de toros, lo que ha causado malestar y desconfianza con la empresa y los equipos presidenciales, que han hecho la vista gorda aceptando la lidia de animales impropios de la categoría de la plaza, es de suponer que las puertas del recinto no volverán a abrirse este año para ningún festejo. No será porque económicamente se haya dado mal, que no lo ha parecido, ni porque falten novilleros y becerristas cordobeses que tras los duros meses de calor puedan citarse con la afición, sino porque esta es la política de las empresas que sucesivamente explotan el coso: ninguna quiere saber nada de toros después de feria. Y si el contrato con la propiedad de la plaza no obliga a otra cosa, pues el que quiera más que venga el año que viene.

De esta forma, como la pescadilla que se muerde la cola, el abandono por falta de programación incentiva el deterioro taurino de la ciudad que fue definitiva en el toreo, que mientras aguarda la llegada de otro príncipe azul, que no suele aparecer espontáneamente, seguirá viviendo del recuerdo de su historia, esa que cada vez es menos conocida, porque los aficionados mayores van desapareciendo y los jóvenes, que últimamente acuden en buen número a la plaza, ante la falta de actividad es muy probable que puedan terminar aburriéndose, y dejen de interesarse por formarse de verdad, por conocer a fondo el toreo, su historia y tradición, la liturgia, sus normas, su arraigo cultural y el respeto que merecen los valores de la Tauromaquia como escuela de vida.

Manuel Benítez "El Cordobés". Foto Framar

A partir de este mes de junio, la plaza será otro año la más amplia sala de conciertos de la ciudad en las noches de verano. Nada que ver con los festejos que se programaban en los primeros años de existencia del coso, cuando en el estío se anunciaban novilladas y becerradas nocturnas con rifas de regalos. Ahora, aquellas taquillas de sol y de sombra se han convertido en bares y restaurantes, que aprovechan las amplias terrazas de los aledaños de un recinto ideado en años de vacas gordas, aprovechando el tirón de Manuel Benítez Pérez, un genio del toreo que llenaba las plazas cualquier día de la semana anunciándose con “dos más”. Los socios propietarios debieron suponer que la inercia taquillera de «El Cordobés» continuaría, y no dudaron en levantar la magnífica plaza de «Los Califas», posiblemente la más cómoda y de mejor accesibilidad de España, que habría de notar desde 1971 la retirada de los ruedos del «Huracán de Palma del Río», que la llenó en siete ocasiones de las trece en que hizo el paseíllo como matador de toros, mientras en cuatro rozó el lleno, y en dos el aforo se cubrió en tres cuartos. Su balance: 23 orejas y 8 rabos. 

La plaza en la actualidad, después de la feria taurina

Sin embargo, aunque parezca mentira por el impresionante tirón taquillero de Benítez, el cartel de «no hay billetes» se colgó en las taquillas de «Los Califas» por primera vez el 25 de mayo de 1985, con una corrida de Victorino Martín de Andrés, ganadero que había impactado en Córdoba desde el año anterior que se presentó. Aquella tarde  salieron a hombros José Antonio Campuzano, vestido de lila y oro, que cortó una oreja al primero, dio la vuelta al ruedo en el tercero, y cortó las dos orejas al quinto; y su hermano Tomás, que con un terno tabaco y oro cortó una oreja al segundo, otra al cuarto y las dos al sexto. Les acompañaron en volandas por la puerta grande el propio Victorino Martín y Julio Presumido, mayoral de la ganadería, tras una corrida de las que hace afición, donde en reconocimiento al gran juego del encierro fue premiado con la vuelta al ruedo el sexto: Bailaor, número 121, 538 kilos, negro bragado. 

Alternativa de Finito de Córdoba. Foto Arjona

Tras cuatro años de romance con la afición cordobesa (1984/1987), Victorino rompió lazos el 28 de mayo de 1988, cuando decidió retirar la corrida de la tarde por haber sido rechazados dos ejemplares por falta de trapío, negándose a  completar el encierro con otros toros de su hierro. Por fortuna no iba a tardar la plaza en reverdecer sus tardes de gloria, pues estaba por llegar el torero que más veces la ha llenado colgando el cartel de «no hay billetes»: Juan Serrano Pineda «Finito de Córdoba», que lo consiguió de novillero con picadores, la tarde del 23 de mayo de 1990, en un inolvidable y maravilloso mano a mano con Rafael González «Chiquilín», el espigado torero de la «Piedra Escrita» (Santa Marina). De matador de toros, el espada de «El Arrecife», (La Carlota-Córdoba), colgaría el cartelito en seis ocasiones: el 23 de mayo de 1991, la tarde de su alternativa, otorgada por Paco Ojeda con Fernando Cepeda de testigo y toros de Torrestrella, —por cierto, ese año pasaría a la historia del coso por lograr el récord de venta de abonos con 6.500 títulos—; a las que habría de sumar el 30 de mayo de 1992, alternando con Emilio Muñoz y «Espartaco» con toros de Juan Pedro Domecq; 28 de mayo de 1993, con idéntico cartel y toros de Daniel Ruiz y José Luis Marca; el día siguiente, 29 de mayo, en reñido mano a mano con Rafael González «Chiquilín», con toros de Juan Pedro Domecq y uno de Sancho Dávila; 27 de mayo de 1995, mano a mano con Rivera Ordóñez con toros de Juan Pedro Domecq; y por último el 26 de mayo de 2009, actuando con José Tomás y José Luis Moreno, con toros de Las Ramblas

Mas no queda ahí la cosa, porque además de ostentar el récord colgando el cartel de «no hay billetes» (uno de novillero y seis de matador), Juan Serrano también llenó el coso como novillero el 22 de junio de 1990, en su segundo mano a mano con Rafael González «Chiquilín»; y como matador en otras tres ocasiones: 29 de mayo de 1992, actuando con Paco Ojeda y «Joselito» lidiando toros de Torrestrella y uno de Herederos de Carlos Núñez; 25 de mayo de 2000, con Enrique Ponce y «El Juli», con reses de Torrestrella; y el 28 de mayo de 2008, actuando con José Tomás y Daniel Luque con un encierro de Jandilla y Vegahermosa. A este apabullante palmarés hay que añadir un importante número de corridas donde la plaza registró tres cuartos de entrada. Así pues, «Finito de Córdoba» y Manuel Benítez «El Cordobés», por este orden, han sido los toreros de mayor tirón taquillero en la historia de la plaza cordobesa (1965/2023).

"Finito" y "Chiquilín" de novilleros. Foto A.J. González (D. Córdoba)

Hemos recordado las épocas doradas de «Los Califas», pero además hubo otras donde la plaza registró grandes afluencias de público, para vivir ilusionada el toreo de otros espadas de la tierra, como José María MontillaGabriel de la Haba «Zurito», Manuel Cano «El Pireo», Florencio Casado «El Hencho», Fernando TortosaAgustín Parra «Parrita», José Luis Moreno... Lo importante es la actividad, que se trabaje con los chavales de la cantera que quieren ser toreros buscando el compromiso de instituciones públicas, propietarios de la plaza, peñas y barrios para organizar festejos menores y fomentar la ilusión con los novilleros cordobeses. En definitiva, que además de cuidar la programación de la feria de mayo y no defraudar como este año con la mala presentación del ganado, se trabaje por Córdoba con la misma ilusión que llegó para regentar la plaza José María Garzón, cuando le fue adjudicada por vez primera una de la máxima categoría. Por otra parte, la Delegación de Gobierno de la Junta de Andalucía debe evaluar la actuación de los equipos presidenciales designados, que este año han logrado poner de acuerdo a toda la crítica en los dos días que ha durado la feria.

Plaza de toros en 1965, año de su inauguración. Foto Paco Muñoz

Aprovechando los recuerdos importantes de la plaza cordobesa, insistimos una vez más que su aforo no es de 16.900 localidades, como se reproduce en libros, revistas y portales taurinos. Se trata de un dato erróneo consignado en la enciclopedia «Los Toros» de don José María de Cossío. Esa fue la cifra proyectada por el arquitecto don José Rebollo Dicenta, cuando se contemplaban la mitad de los vomitorios construidos. Finalmente, el aforo quedó en 14.842 localidades, dato que nos facilitó don Antonio Pérez-Barquero Herrera, que lo verificó personalmente siendo empresario con sus cuñados, los hermanos José y Manuel Flores Cubero «Camará»Más tarde, en 2003, el aforo volvió a disminuir hasta 14.621 localidades por las reformas ejecutadas para facilitar el acceso a personas con limitaciones físicas, lo que nos fue confirmado por don Tomás González de Canales, presidente del Consejo de Administración de la Sociedad Propietaria de la plaza.

martes, 21 de febrero de 2023

UNOS REGRESAN, OTROS VUELVEN

Por Antonio Luis Aguilera               

Oliva Soto, que cortó una oreja la pasada feria de abril, se queda
fuera este año por rechazar lo que le ofrecían: un puesto en la
corrida de seis toros para seis toreros sevillanos. Foto Arjona

A la afición no suele agradar el regreso de los toreros retirados. Sobre todo, de los que nadie echó de menos en su ausencia, que es lo general —José Tomás es punto y aparte—, y de forma especial si a las despedidas solo le faltaron los mariachis, o lo que es igual: si se anunciaron a bombo y platillo y tuvieron finales llorones. Salvo puntuales regresos que están en el recuerdo de los aficionados, como aquellos de los años ochenta de AntoñeteManolo Vázquez José Luis Parada, la mayoría de los diestros, al volver a plazas donde su presencia era recibida con agrado, observan como esa afición los saluda con una frialdad alpina, como interpelándoles: ¿Y tú a qué vuelves?

Las madrugadoras combinaciones de Madrid y Sevilla incluyen en sus carteles regresos de toreros que se marcharon como vulgarmente se dice “hace un cuarto de hora”. Sin embargo, a pesar de la dura competencia para figurar anunciados, no han tenido problemas para ser incluidos por una poderosa razón: la influencia en el clan familiar del toreo de sus comisionistas, que cuelan como imprescindibles a diestros que nadie ha llamado, porque a los que pagan la entrada, en otro tiempo “el respetable”, hace tiempo que se les perdió el respeto y no se les pide opinión antes de anunciar tan gélidos como desangelados retornos.

Al “respetable” solo le asiste el derecho a expresar su cabreo en peñas y tertulias, lugares que habitualmente no pisan los que hacen los carteles en los despachos taurinos, para no escuchar a los que despotrican de sus planificaciones, ni aguantar críticas sobre los abusos del sistema o las ausencias de toreros con más méritos para estar, cuyos representantes no comen en la mesa de los comisionistas que controlan el toreo. Así que poco importa si la afición quiere ver en los carteles a los triunfadores del pasado año, toreros emergentes con posibilidades, que necesitan madurar pero que son una seria apuesta para otorgar un imprescindible relevo al escalafón de matadores, bien cargado de espadas con demasiados años de alternativa, que por su rutinario hacer parecen tener todo dicho en el toreo.

Ángel Téllez, triunfador en Madrid, fuera de Sevilla. Foto Arjona

En Madrid se organizó una gala de presentación de los carteles, que sustituyó a las antiguas ruedas de prensa, evitando así a periodistas independientes, que son los menos pero molestan como "moscas cojoneras", porque no enjabonan ni dan masajes añadiendo unas gotitas de colonia. Quedaron, pues, fuera del guion de la noche, las preguntas molestas, para que los políticos y la gente guapa disfrutaran del éxito de la ceremonia, sin que a nadie se le atragantaran los canapés. En Sevilla, sin canapés, de forma austera, más de lo mismo. El circunspecto empresario se ufanó en presentar “la feria con mayúsculas”. Solo faltó el incensario humeante perfumando el regio salón maestrante. Tampoco hubo ninguna explicación del por qué se repiten más que un sofrito malo espadas caducados y amortizados, ni los méritos para estar dos tardes en el abono de quienes regresan sin ser llamados, y nada menos que tres los que, sin haberse retirado, por lo que fueron hace temporadas, vuelven como las golondrinas al estar representados por comisionistas de la gran familia.

Así las cosas, entre los que regresan y los que vuelven sin haberse ido, en Madrid y en Sevilla, como le gustaba decir a mi abuela: “ni son todos los que están, ni están todos los que son”. Y entre algunos buenos carteles, por aquello de “vamos a llevarnos bien”, la programación de ambas plazas empacha con tanto torero de tono gris, sin mayor mérito que estar impuesto por los comisionistas de las familias del toreo. Las declaraciones que afirman que “la de este año es la feria con mayúsculas”, cobrarían sentido si no existiera el intercambio de cromos en perjuicio de toreros que se han ganado el puesto en el ruedo. Las galas nocturnas y los placenteros soliloquios de los empresarios de ambas plazas no pueden ocultar las miserias que tanto daño están haciendo al toreo.

domingo, 20 de noviembre de 2022

LUPE «CONTARÁ» LA HISTORIA

Por Antonio Luis Aguilera 

Paco Laguna, a la derecha, con los miembros de la mesa 
de presentación de su nueva obra. Foto José L.Cuevas

El pasado día 16 fue presentado en el Círculo de la Amistad de Córdoba el libro «Manolete: Leyenda viva en Villa del Río», cuyo autor es Francisco Laguna Menor. La obra, vigésima primera del extenso catálogo de este autor ecijano, que ha sido editada con lujo de detalles por la Diputación Provincial de Córdoba y el Ayuntamiento de Villa del Río, ofrece abundante información gráfica e interesantes documentos inéditos en las 400 páginas que proponen un recorrido por la vida del diestro cordobés, donde se pone en valor su huella como «rey del toreo» de la década de los años cuarenta del pasado siglo.

La huella de «Manolete» en el toreo no ha perdido actualidad, como lo demuestran sus fotos al ser comparadas con las de espadas de su tiempo y otros anteriores. Es un toreo que no está anticuado, a pesar de los 75 años que se han cumplido de su muerte, y su influencia, definitiva en la arquitectura del moderno, proclama a Manuel Rodríguez Sánchez como uno de los mejores toreros de la historia del «arte de Cúchares» —con permiso de los ditirambos que proclaman a un torero de nuestros días como «el más grande de la historia»—, esa que magistralmente fue redactada por otros grandes espadas, que no lo fueron menos en sus épocas, como Francisco Arjona Herrera «Curro Cúchares», Rafael Molina «Lagartijo», Rafael Guerra «Guerrita», José Gómez «Gallito», Juan Belmonte, Manuel Jiménez «Chicuelo», Manuel Benítez «El Cordobés», Paco Ojeda, o José Tomás Román Martín, por citar algunos ejemplos.

Los aficionados cabales saben bien que cada tiempo tuvo su toro —los ditirambos también han proclamado este año al mejor ganadero de la historia—, sus toreros, su toreo, su público y sus propias circunstancias históricas y sociales. Y no olvidan que para que hoy se toree de la forma que se hace, fue indispensable el maravilloso y generoso magisterio, entre otros, de los maestros mencionados, además del sagrado testimonio de entrega, valor, dolor y sangre de una inmensa nómina de honorables toreros que nadie recuerda. «Amén de los amenes», habría añadido José Álvarez «Juncal»

«Manolete» y «Lupe Sino». Foto José María Lara

En la documentada obra de Paco Laguna, que ha investigado como pocos la vida e historia de Manuel Rodríguez Sánchez, también se recogen fotografías de los informes de la Jefatura Superior de Policía de Madrid sobre la conducta de Antonia Bronchalo Lopesino, la novia del torero, su inclinación política y la de sus padres, por supuesto redactados con el desprecio propio de su tiempo para los sospechosos de ser «rojos», su anterior matrimonio con un militar republicano, y la pretendida prohibición para que acompañara al espada a México. Pero «Manolete», elegante y valiente en la plaza y fuera de ella, defendió a la mujer con la que convivió durante más de tres años, y consiguió que lo acompañara al país hermano, donde nadie fisgaba en la vida de nadie, como en la España de la perturbadora posguerra, aquella represora en blanco y negro como los fotogramas del «NODO» que obligatoriamente prologaba todas las sesiones de cine.

Informes policiales a un lado, la documentación que ofrece este libro corrobora que «Manolete» y «Lupe» vivieron adelantados a su tiempo, a pesar de saberse «señalados» por «saltarse a la torera»  las normas de la cruzada Iglesia-Estado, donde de forma tan severa se combatían, además de otros frentes ideológicos, los pecados  que eran considerados inmorales e indecentes socialmente, como convivir con una mujer sin estar casados —otros tapadillos, como las habituales «queridas» de los ricos, o las «sobrinas» de los curas con hijos de increíble parecido al clérigo, eran silenciados de salir a la luz por tratarse de «debilidades humanas»—.

Antes de comenzar el acto de presentación del nuevo trabajo de Paco Laguna se nos acercó un señor que no conocíamos, que se identificó como Antonio Estévez Reyes y nos mostró su satisfacción por conocernos personalmente, al ser lector de «Plaza de la Lagunilla», blog que sigue por ser un apasionado del inolvidable torero cordobés. Nos informó que es autor de trabajos literarios, siendo su última novela «Cuando no exista el mañana», y nos adelantó que lleva varios años documentando y preparando la biografía de «Lupe Sino», que novelada editará la próxima primavera, donde Antoñita —como siempre la llamó «Manolete»— la guapísima alcarreña que tan feliz lo hizo, será quien narrará en primera persona su historia con el torero, la férrea oposición del entorno profesional y familiar, así como su vida antes y después de conocer a quien consideró el gran amor de su vida.

Antoñita y Manolo. Foto Santos Yubero (1947)

Nos sorprendió gratamente la información que nos facilitaba Antonio Estévez. También las fotografías inéditas que nos mostró de la protagonista de su próxima obra, tratadas con aplicaciones informáticas que las convierten en magníficas instantáneas a todo color, que sin duda resaltan la belleza de la mujer que enamoró a «Manolete». Nos habló de la importante documentación recopilada, los valiosos testimonios de familiares y amigos de España y México, y la colaboración con el proyecto de José María Lara, hijo del autor del mismo nombre del libro «Manolete, yo me mando», editado por Bellaterra en 2017 y prologado por Orson Welles, una de las escasas obras donde se habla sin tapujos de las personas y hechos que llevaron al fatal desenlace a un hombre hastiado del toreo, ante el inmoral acoso de la prensa influyente y su cruel repercusión en el público, y triste por la obstinada cerrazón de su madre a que formalizara su relación con Lupe, boda que definitivamente estaba prevista para el mes de octubre de 1947 en Barcelona, como reveló el torero al periodista don Antonio Bellón la noche antes de morir, mientras viajaban desde Manzanares a Linares, para pedirle que convenciera a su madre, al considerarlo la única persona capaz de hacerlo y llevarla a esa ceremonia.

Con gran interés aguardamos la nueva obra sobre el torero del que más libros se han escrito en la historia. Ahora será la pluma de Antonio Estévez la que prestará voz al testimonio de quien fue  su pareja de hecho, la mujer de su vida, novia, confidente, fuente de paz, ilusión y alegría… La protagonista de una historia moderna cuando la modernidad no existía, cuando estaba prohibido adelantarse al tiempo que tocaba vivir y no se comprendía, como ahora tampoco lo entienden muchos, que el sacramento es un signo sagrado, y en el matrimonio ese signo sagrado es el amor, no la bendición de un cura ni la anotación en un registro. Cuando el amor se acaba desaparece el signo sagrado, aunque la pareja siga casada de por vida «como Dios manda».

Nuestra enhorabuena a Paco Laguna por esta interesante obra, y a Antonio Estévez por la iniciativa biográfica sobre la mujer que nunca tuvo voz en la narración de los hechos.

sábado, 1 de junio de 2019

RÉQUIEM POR LAS PLAZAS DE LOS PUEBLOS

Por Antonio Luis Aguilera
Plaza de toros de Cabra. Foto Antonio Mesa
Cuando el efímero grupo de figuras conocido como G5 –El Juli, Morante de la Puebla, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante- boicoteó la feria de Sevilla de 2014, argumentando que no torearían en la Maestranza mientras el coso del Baratillo continuara en manos de la empresa Pagés, batalla que consiguió retirar de la primera línea de gestión a Eduardo Canorea, que previamente había declarado chulesca y groseramente: Si José Tomás va a venir con la canción de la recaudación, que se vaya a Senegal”, fueron varios los comunicados  emitidos por los toreros integrantes. Todos exigían respeto y dinero, alguno aseguraba no haber cobrado en Sevilla lo pactado, y otro decía sentirse respetado pero firmaba por solidaridad con sus compañeros.
Se comenta que antes del feo plantón de las figuras a la afición sevillana, se celebró una reunión del G5, a la que acudió el torero destinado a África por la incontinencia verbal de Canorea, quien había sido invitado por si estimaba oportuno adherirse al acuerdo del grupo. Al ser preguntado si lo firmaba contestó que lo haría con la condición de que se añadiera que las figuras solo se anunciarían en las plazas de primera y segunda categoría, liberando el resto de cosos menores en beneficio de los compañeros de la zona baja del escalafón, que también necesitaban torear y vivir de la profesión.
Al parecer, la propuesta fue objetada por el líder del grupo, argumentando que en esas plazas cobraba ocho kilos por corrida, y replicada por el torero invitado, que aseguró que a él no le ofrecían ocho, sino más del doble de esa suma y sin embargo no iba, porque lo consideraba una cuestión de respeto a la profesión. Como el G5 no la aceptó, el torero que calla y se manifiesta en los ruedos, cuyos aforos revienta cada tarde que se anuncia, abandonó el lugar para continuar navegando con vientos de libertad e independencia.
Plaza de toros de Priego de Córdoba
Esta leyenda, que pronto circuló por lo bajini entre la gente del toro, sirve para recordar que las plazas de los pueblos, antes de ser invadidas por las figuras, fueron verdaderos centros de formación profesional del toreo, escuelas para becerristas y  novilleros, y ruedos propios para que adquirieran oficio los nuevos matadores. Además, esas escuelas de aprendizaje también ayudaban a los ganaderos a limpiar las dehesas, lidiando en ellas como utreros a los ejemplares desechados de tienta y cerrado -que de esta forma se anunciaba en los carteles de las novilladas-, así como comprobar los resultados de la selección de toros defectuosos de pitones o bastos de hechuras, que, si bien no servían para igualar corridas en plazas de ferias, eran aptas para formar encierros que compraban los empresarios modestos que organizaban los festejos de los pueblos, y montaban carteles en las ferias o fiestas del patrón para ofrecer espectáculos taurinos a los aficionados de estas localidades. 
Novillada en Cabra año 1965
Las plazas del segundo circuito de la temporada española eran gestionadas por empresarios románticos, que oteaban las ganaderías y los chavales que destacaban en los tentaderos, para después atreverse a montar los festejos que facilitaban el aprendizaje –así fueron los inicios de Emilio Muñoz, Morante de la Puebla y otros toreros-. Con mucho esfuerzo y  habilidad llenaban las calles de publicidad e incluían a los espadas del pueblo o localidades próximas, a los que anunciaban buscando el apoyo del paisanaje. De esta manera, no había día del patrón o feria de pueblo sin toros, con precios adecuados a las enjutas economías de los ciudadanos de la España rural, que si por razones económicas no podían acudir a la capital para ver a las figuras, iban a las que organizaban en sus pueblos, esas localidades entrañables que tanto bien hicieron al toreo, porque en ellas los novilleros y los nuevos espadas iban madurando, adquiriendo oficio, sumando festejos y sintiendo el calor de los aficionados, que normalmente, si triunfaban, volvían a repetirlos  en las fiestas de la recolección de la cosecha, en las postrimerías de la temporada.
Lamentablemente, desde los años ochenta del pasado siglo, por el afán de sumar festejos y hacer caja, las figuras decidieron anunciarse en los pueblos, e inmediatamente cambió el panorama rompiéndose la cuerda por el lado más débil. ¿Cuál fue el resultado? Pues los empresarios modestos fueron marginados, muchas ganaderías con mercado en palenques rurales desaparecieron, los toreros que empezaban fueron ignorados para poner los comisionistas a los que ellos apoderaban, y los novilleros olvidados. Con el oropel de las figuras  y la codicia de representantes y representados menguaron alarmantemente los festejos del segundo circuito, el de  la España rural, donde echaban la temporada los sencillos del toreo. En muchas de esas localidades ya no se celebran festejos, porque no se pensó en el relevo generacional, en los jóvenes que no podían pagar las entradas de las figuras, quienes crecieron sin entrar en sus plazas, sin vivir el ambiente único y festivo de un día de toros en el pueblo. Sin aficionarse. Para colmo de males, más recientemente habrán escuchado los falsos discursos animalistas de quienes llegaron a la política con una mano delante y otra detrás, y ahora viven en chalets de lujo escoltados por la guardia civil. 
Plaza de toros de Belmez. Foto Belmez taurino
Pero con la Fiesta de los Toros no terminarán los animalistas, ni los discursos fatuos de dictadores bolcheviques residentes en urbanizaciones de lujo, los que hablan de libertad y quieren cercenar la de los aficionados para ir a las corridas. No, la Fiesta terminará antes aniquilada por la falta de escrúpulo y valores éticos de los taurinos, de los piratas que manejan y controlan todos los hilos del negocio, por los comisionistas y cambistas de cromos que, repitiendo carteles de espadas caducos y vistos, que no despiertan interés alguno, han arrasado las plazas sencillas, esas donde tuvieron cabida los humildes del toreo.  
El torero que no quiso firmar el manifiesto llevaba más razón que un santo, aunque su propuesta no gustara a las figuras que no quieren recordar cómo fueron sus principios en el oficio, y ven las plazas de pueblos como un filón donde se cumple el aserto de "billete grande y toro chico". A ellos no les importa que hace años a esas plazas acudiera la gente sencilla, atraída e ilusionada por los montajes de los empresarios románticos, para gastar sus honrados jornales ayudando a ganaderías que ya dejaron de existir, becerristas, novilleros y toreros nuevos. Para invertir en el futuro de la Fiesta y hacer posible ese segundo circuito que durante tanto tiempo alimentó la base del toreo. 


jueves, 22 de noviembre de 2018

JOSÉ TOMÁS

Por Antonio Luis Aguilera
 José Tomás, vestido de purísima y oro.
Desde la gravísima cornada que Navegante, de la ganadería mexicana De Santiagoinfiriera a José Tomás el 24 de abril de 2010 en la plaza monumental de Aguascalientes, han sido escasas las comparecencias en los ruedos del diestro de Galapagar, pero seguidas por miles de espectadores que peregrinan desde cualquier punto del orbe taurino para no perderse ninguna actuación del espada. La expectación es tal que las taquillas agotan el papel el mismo día que se pone a la venta, los reventas se proveen de material para hacer el agosto, y los aficionados que adquieren localidades se consideran unos privilegiados por tener asegurado un asiento en la corrida del torero, aunque ello sea comprando el abono completo de la feria, cuyas entradas para los festejos a los que no acudan tendrán que malvender o regalar. En los tiempos tan complicados que corren para la Fiesta, con lo difícil que resulta llenar las plazas de espectadores llegados de otros lares, que además llenarán restaurantes, hoteles, bares o taxis, reactivando la economía de la ciudad, esto pone de relieve que la pasión por el toreo está viva, a la espera de que salgan toreros que verdaderamente interesen al público, de esos pocos escogidos que por su atracción y poder de convocatoria sean capaces de darle la vuelta a la tortilla, algo que parece muy difícil o imposible de conseguir de persistir la tónica empresarial que rige en la mayoría de las ferias de no organizar novilladas con picadores, criterio a todas luces erróneo que impide el relevo generacional, asfixia el toreo, e impide cualquier milagro.

Meciendo el toreo a la verónica con delicada naturalidad.
José Tomás es un torero diferente, único, de los que “rompe moldes” y moviliza al público. Profesionales del toreo, aficionados con experiencia y crítica especializada coinciden en este juicio. Todos convergen en que se trata de un auténtico figurón del toreo, que supo ganarse el respeto y la admiración general desde sus inicios, mucho antes de la cornada donde seriamente peligró su vida, el gravísimo percance que aún superado por el hombre hizo temer que no podría salvar el torero, pues un accidente vascular tan severo, con destrozos en femoral, ilíaca y safena, conlleva una medicación vitalicia para mantener un correcto flujo sanguíneo, tratamiento que de suspenderse para vestir el traje de luces conlleva un riesgo añadido. Puede que este plus de riesgo asumido conscientemente, unido al hermetismo del espada con la prensa, sin olvidar la indudable calidad de su toreo, haya mitificado en vida a un diestro del que muchos quisieran saber más y al que todos quieren ver. Valga como prueba el eco que adquieren sus actuaciones en importantes medios de comunicación que sistemáticamente ignoran la información taurina.  

Templando y cargando la suerte con el compás abierto.
No obstante, como en el servicio militar obligatorio cuando en el periodo de instrucción algunos reclutas marchaban con el paso cambiado, tampoco faltan en el toreo quienes ante la repercusión de esta gran figura se echan las manos a la cabeza e inician particulares y absurdas cruzadas para “devolver” la vista a tanto “ciego”. Algo que siempre ocurrió cuando algún espada interesó de verdad al público, al que paga y llena las plazas aunque vaya ¿equivocado?. Entre los argumentos de sus detractores están que se trata de un fenómeno social, que las legiones de espectadores que lo siguen no saben de toros, que un torero no puede resultar cogido tantas veces, que no se puede atropellar la razón, que la quietud que conmueve al público es fruto de su torpeza... En fin, para gustos los colores. 

 Sometiendo con gallardía y las zapatillas hundidas.
Por supuesto merecen todo respeto las opiniones de aficionados íntegros a los que puede que no agrade ese toreo y están en su derecho de manifestarse, pero no son dignos de crédito los juicios que provienen de partes interesadas en el negocio taurino, especializadas en manipular la realidad y propagar una imagen distorsionada o falsa del torero, por el hecho de que este no acepta imposiciones y decide libremente cómo han de ser sus contratos, excluyendo de forma determinante la televisión. Precisamente por esto, por defender sus derechos y plantar cara al orden establecido, ha sido objeto de laceradas críticas e injustas descalificaciones de revisteros bien conocidos entre los aficionados por su "ejemplar objetividad” y “ética profesional”. 

Majestuoso natural en la plaza de Jerez. Foto Arjona
Nada nuevo en el toreo. La perspectiva histórica recuerda que cuando aparece un torero excepcional se orquestan campañas para “desengañar” a la opinión pública. A veces se hizo de forma tan sibilina como cruel, en foros distinguidos y cuando el criticado no podía defenderse porque lo había matado un toro, como ocurrió con la "célebre" conferencia del Ateneo de Madrid, donde el maestro Domingo Ortega, que no había digerido ser relegado a un segundo plano durante el reinado de Manolete, pretendió restaurar la “verdad” del toreo explicando su propio concepto lidiador, en clara alusión crítica al instaurado por el inolvidable espada cordobés, mientras era arropado por una crítica adepta que propagó su discurso a modo de dogma. 

Toreando hasta donde acaba el juego del brazo y la muñeca.
Pero el tiempo vino a demostrar que esa “verdad” no tuvo descendencia, porque todos los toreros aceptaron y adoptaron el sistema censurado por ¿mentiroso?, el toreo ligado en redondo revelado por Chicuelo e  impuesto de forma definitiva por Manolete. Lo que confirmaba el acierto de esa frase en forma de sentencia del gran escritor taurino Pepe Alameda, quien aseguraba que la historia no establece dogmas, los establecen los que la escriben. También se organizaron "cruzadas" para desengañar a las legiones de seguidores de Manuel Benítez Pérez, el torero más taquillero de la historia del toreo, que mandó sin contemplaciones en su época abarrotando las plazas de miles de ¿equivocados?, cualquier día de la semana durante nueve años consecutivos y en todo el planeta taurino al reclamo de "El Cordobés y dos más". Debe ser que cuando la fuerza de un torero supera todas las previsiones, bate todas las marcas en honorarios e incluso obliga a incrementar los de sus compañeros, las empresas procuran estabilizar un negocio pensado para que siempre gane la banca y controlar el quebranto que causan los genios. 

Solemne verticalidad y dominio en el toreo de manos bajas. Foto Arjona
Los aficionados saben bien que los toros hieren a los toreros, sobre todo a los que se arriman de verdad, porque una cosa es que la cornada llegue encajado y toreando, y otra que sorprenda al espada por una mala colocación, falta de ajuste, dar tirones o no llevar toreada la embestida, por ventajas que no perdona el toro encastado. Y aunque es indudable que todas las figuras del toreo lo son por méritos propios, pues ese rango no es hereditario y se lo han ganado en el ruedo, no es menos cierto que en algunas, exceptuando tardes y ferias determinantes de la temporada donde hay que estar de verdad sí o también, prevalece la técnica sobre el toreo auténtico, el armazón de los mecanismos de defensa sobre la entrega con pureza, sea porque no encuentran mayores exigencias o por la seguridad que ofrecen los contratos ajustados al inicio de la campaña, que no sufrirán merma alguna por esas tardes insulsas donde realmente no pasa nada.

Soberano y ceñido pase de pecho de pitón a rabo.

No es el compromiso de José Tomás, que siempre se ha arrimado como pocos, colocando el cuerpo donde otros ponen las telas, para torear con suavidad de seda y conducir las embestidas con las manos bajísimas hasta donde acaban el recorrido del brazo y de la muñeca. Encajado con una pureza increíble ante el toro, el madrileño ha ligado el toreo en redondo dibujando en la arena carteles de toros, hilvanando sinfónicamente series de naturales como se engarzan las perlas de un collar, o rimando con majestuosos pases desmayados las estrofas más emocionantes y conmovedoras del toreo de verdad. José Tomás habla y se expresa en la arena con ese aire de dignidad que lo hicieron las más grandes figuras de la historia, las que imaginamos asomadas al balcón celestial batiendo palmas cuando lo ven torear, entre ellos Joselito, Chicuelo y Manolete, los precursores de su cuerda artística. 

José Tomás, un gran torero con aire de leyenda.
Las legiones de aficionados que le siguen en peregrinación abandonan las plazas cada vez más entusiasmadas, anhelando una nueva cita que nadie sabe cuándo o dónde llegará, si es que llega, mientras algunos detractores se obcecan en buscarle vicios porque no soportan la grandeza de su dignidad como torero, que libremente decide su destino sin dejarse manipular por el orden establecido, el tutelado por esos clanes de comisionistas que manejan ganaderías, plazas y toreros, los que mueven todos los hilos del negocio y acaparan las fortunas que antes atesoraban las figuras del toreo, muchas convertidas en un cuerpo de funcionarios al que de marzo a octubre asignan ferias y honorarios que cumplen sin preguntar siquiera a qué hora comienza la corrida. No vayan a molestar.

jueves, 18 de octubre de 2018

LLENOS EN EL COSO DE "LOS CALIFAS"

Por Antonio Luis Aguilera
Paseíllo en la cordobesa plaza de Los Califas
Desde el 9 de mayo de 1965, fecha de su inauguración, hasta el final de la temporada de 2018, en la cordobesa plaza de Los Califas se han celebrado 802 espectáculos taurinos (247 corridas de toros, 49 de rejones, 187 novilladas con picadores, 71 sin los del castoreño, 156 becerradas, 41 espectáculos cómico-taurinos y 51 festivales benéficos), habiendo registrado el recinto 46 llenos en su aforo, de los que 33 fueron aparentes y 13 absolutos, es decir, con todas las entradas agotadas en taquillas y colocado el cartel que informa al público: “No hay billetes”. 

Clasificados por la categoría de los festejos, 21 se registraron en corridas de toros, de los que 12 fueron aparentes y 9 absolutos; 2 en novilladas con picadores, siendo 1 absoluto; 1 en novilladas sin picadores; 8 en festivales benéficos, con 3 absolutos; y 14 aparentes en la popular y centenaria becerrada homenaje a la mujer cordobesa. Veamos quienes fueron los protagonistas de estos acontecimientos:

Manuel Benítez El Cordobés
Manuel Benítez El Cordobés  lo consiguió en 7 ocasiones durante los años 1965 (9, 25 y 26 de mayo), 1966 (25 de mayo), 1967 (27 de mayo) y 1968 (25 de mayo y 29 de septiembre), pero, aunque resulte extraño por su inmenso poder de convocatoria, en ninguna se colgó el cartel de “no hay billetes”. 

Retirado del toreo el diestro de Palma del Río, el coso de Ciudad Jardín no volvió a llenarse hasta la llegada del prestigioso ganadero don Victorino Martín de Andrés, que con sus albaserradas lo hizo en 2 ocasiones, el 25 de mayo de 1985, con todo el papel agotado por primera vez en una corrida de toros en la nueva plaza, y el 30 de mayo de 1987. 
Juan Serrano Finito de Córdoba
Juan Serrano Finito de Córdoba, que desde sus inicios como novillero sin picadores había despertado a la ciudad y su provincia de un profundo letargo taurino, volvió a llenar el coso levantado en terrenos de la antigua Huerta de la Marquesa. Lo hizo en 7 ocasiones, de las que en 6 agotó el taquillaje. Fue en los años 1991 (23 y 25 de mayo, agotando en ambas el papel), 1992 (29 y 30 de mayo, colgando el cartel en la segunda), 1993 (28 y 29 de mayo, vendiéndose todo el billetaje en las dos) y 1995 (27 de mayo, despachándose en taquillas todas las localidades).

Julián López El Juli en su presentación como matador de toros en Córdoba, 28 de mayo de 1999, agotó todas las entradas. También llenó el 25 de mayo de 2000, pero entonces fue aparente y con la solidaria convocatoria de Enrique Ponce y Finito de Córdoba; y el 25 de mayo de 2001, aparentemente, anunciado con Joselito y José Tomás.

José Tomás
Sería precisamente José Tomás quien tras unos años retirado de los ruedos y reaparecer con enorme tirón taquillero, llenó aparentemente la plaza el 28 de mayo de 2008, actuando con Finito de Córdoba y Daniel Luque, y el 26 de mayo de 2009, que se agotaron todas las localidades, alternando con Finito de Córdoba y José Luis Moreno.

Como anteriormente hemos reseñado, en la categoría de novilladas con picadores el coso se llenó en 2 ocasiones, ambas protagonizadas en apasionantes mano a mano por los novilleros cordobeses Finito de Córdoba y Chiquilín, que lidiaron reses de Torrestrella, acartelados ambas tardes con Luis Domecq, que rejoneó un utrero de la divisa familiar. El primer lleno, con todo el papel vendido, fue el 23 de mayo de 1990, y el segundo el 22 de junio del mismo año, fecha en que el coso volvió a llenarse hasta el tejado, aunque inexplicablemente esa tarde no se colocó  en taquillas el  cartel de “no hay billetes”.

 Tarde de toros en Los Califas
Por extraño que parezca el coso también se llenó para presenciar una novillada sin picadores, aunque el interés del público no era precisamente el taurino. En los sorteos de regalos efectuados en las novilladas sin picadores y becerradas nocturnas celebradas en los años sesenta para llevar público a la plaza, la estrella no solo era el popular coche Seat-600, que con suficiente antelación era paseado por la ciudad sobre una camioneta con el cartel “¡A los toros. Vaya andando y vuelva en coche!”, sino el de una vivienda, sorteo en el que participaban todas las localidades vendidas en las nocturnas del verano, y que se celebraba en la última de las programadas. Esto explica que el 7 de septiembre de 1968, víspera de la festividad local de la Virgen de la Fuensanta, el coso se llenara a reventar para contemplar las hazañas toreras de Manuel Acevedo, Juan José López Cuevitas, Antonio Álvarez El Hortelano y Modesto Adame El Palmerito, que lidiaron tres erales de don Ángel Sánchez  Rodríguez, y uno de Mencos Armero (3º), pues al final del festejo llegaba el momento de la ilusión para muchas familias necesitadas y no pocas parejas de novios, que anhelaban salir de la plaza con las llaves de un piso de su propiedad. El agraciado resultó don Alonso Morales, vendedor de cupones de la ONCE en la plaza de Las Tendillas, que recibió las llaves de una vivienda en la calle Doña Berenguela, situada en la barriada de la Huerta de la Reina.
Justo es constatar que otros aspirantes a fenómenos consiguieron llenar el coso hasta 14 ocasiones vestidos de corto en la popular becerrada homenaje a la mujer cordobesa (festejo que se celebra en Córdoba desde 1898, con la excepción de 1986). Los llenos se registraron en los años y con los protagonistas que se indican: 1968 (Paco Luna, Pedro Dorado Molina, Francisco Moreno, Pedro Flores); 1969 (José Luis Jurado Jodral, Rafael Pérez Lamarca, Juan Antonio López Pérez, Luis Gavilán Sánchez); 1974 (Eusebio Fernández Serranito, Joaquín Martínez, Juan de Dios de la Rosa, Alfonso Ortiz);  1975 (Joselito Torres, José Manuel El Sagre, Rafael Lamarca, Joaquín Martínez); 1979 (Antonio Tejero, Antonio Romero, Luis Rodríguez, José María Tejero); 1980 (Antonio Romero, Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa); 1981 (Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa, Rafael Mangas); 1983 (Emilio González, Paco Trujillo, Antonio Pavón, Rafael Naz); 1985 (José María Franco, José Antonio Maldonado, Manuel Rodríguez Palitos, Cayetano de Julia); 1988 (Paco Benítez, Rafael M. López, Manuel Casado, Ángel Quero); 1991 (Nelson Villegas, Paquito Asensio, Beltrán Torres, Javier Castro); 1992 (Medina Núñez, Antonio Pérez, Antonio Sanz, Alejandro Castro); 1993 (Juan de la Rosa, Pepe Guerrero, Raúl Sanz,  Sergio Sanz) y 1997 (Víctor Martínez, Fernando Medina Tello, Rafael Sánchez Pulido, Juan Antonio Cobos Martínez, Miguel A. Ruiz Viana, Manuel Luna Pérula, Francisco Cost Niño del Alamillo).

Festival del Cáncer en Córdoba
Completamos este documento histórico dejando constancia de otros 8 llenos que el coso ha registrado hasta 2018. Se consiguió en estos festivales benéficos:

21 de abril de 1968, a beneficio de los pobres, con la actuación de Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito, Fernando Tortosa y Curro Martínez Botines.

18 de marzo de 1978, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación del rejoneador Álvaro Domecq Romero y los matadores Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito y Manuel Cano El Pireo.

22 de abril de 1979, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación de los matadores Paco Camino, Gabriel de la Haba Zurito, José María Manzanares, Niño de la Capea, y los novilleros Fernando Vera, Fermín Vioque y Antonio Tejero.

19 de septiembre de 1985, organizado por la Junta de Andalucía en homenaje a los pensionistas de la Comunidad Autónoma, con la actuación de Manolo Vázquez, Diego Puerta, Paco Ojeda, Espartaco y los novilleros Paco Zurito y Rafael Gago.

25 de marzo de 2006, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con la actuación de Leonardo Hernández, hijo, José María Manzanares, Enrique Ponce, Jesulín de Ubrique, Rivera Ordóñez, Salvador Cortés y Julio Benítez El Cordobés, hijo.

10 de marzo de 2007, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con el papel agotado y el cartel de “no hay billetes”, con la actuación de Ortega Cano, Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Fandi, Salvador Cortés y el novillero Daniel Luque.

2 de marzo de 2008, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el billetaje agotado, actuaron Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, Rivera Ordóñez, El Cid, El Fandi, Daniel Luque y el novillero Ignacio González.

26 de marzo de 2011, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el papel agotado, con la actuación de Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Juli, Cayetano Rivera y el novillero Juan Ortega.
Vista aérea de la plaza de Los Califas
Deseamos de corazón que los aficionados cordobeses puedan añadir datos en los próximos años y actualizar este documento. Sería señal inequívoca de que Córdoba habría recobrado el pulso taurino. Mas para ello es indispensable una mayor iniciativa de la empresa. No basta abrir la plaza cuatro días en mayo y echar el cierre hasta el año siguiente. También, que la sociedad propietaria que firma el contrato exija unas condiciones mínimas para una plaza de primera categoría, como celebrar al menos una novillada con picadores en feria, y comprometer al arrendatario a colaborar en la organización del que era hasta hace muy pocos años el tradicional festival a beneficio de la Asociación Cordobesa de Lucha contra el Cáncer, que tanto bien ha hecho y hace por las personas que sufren la enfermedad. Y por supuesto, que peñas, tertulias taurinas y  aficionados acudan a los festejos que se anuncien, pues sin el apoyo de todos los que de verdad aman la Fiesta nunca saldrán nuevos toreros y Córdoba solo será importante en la historia del toreo. El presente hay que trabajarlo sumando voluntades.