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lunes, 2 de febrero de 2026

LUPE SINO, PAREJA DE MANOLETE,Y SU FUGAZ REGRESO A MÉXICO

Manolete y Lupe, rumbo a México en 1946. Foto Lara

Por Leonardo Páez 

(Publicado en la sección de Opinión «¿La Fiesta en paz?» del Diario “La Jornada” de México, el 2 de julio de 2017).

 

     Con motivo del centenario del nacimiento de Manuel Rodríguez Sánchez Manolete –Córdoba, España, 4 de julio de 1917– volverán a correr ríos de tinta en torno al legendario diestro, cuya muerte, acaecida en Linares, provincia de Jaén, el 29 de agosto de 1947, no ha sido suficientemente aclarada al quedar en el aire demasiadas sospechas en torno a las verdaderas causas de su fallecimiento, más allá de la cornada que le diera Islero, de Miura, la tarde anterior.

Sin embargo, al utilizado, exaltado, descalificado y enamorado Manolo le habría gustado que se disiparan las dudas en torno a su amada Lupe Sino y su breve retorno a México, país donde la pareja, una vez casados, pensaba radicar la mitad del año. Pero las ambiciones de algunos, el ingenuo sentido de libertad del diestro y su inoportuno anuncio de que en octubre de ese año, una vez retirado de los ruedos, contraería matrimonio, pusieron sobre aviso a su apoderado, a sus amigos de confianza, a los cancerberos de las buenas costumbres, a los taurinos fundamentalistas y a todo el régimen de Franco, preocupado porque el torero que habían utilizado “para olvidar una guerra” se saltaba las trancas de la decencia y se dejaba ver con su amante por los países taurinos del orbe.

Antonia Bronchalo Lopesino, que en el medio artístico sería conocida como Lupe Sino, nació en Sayatón, pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, España, el 6 de marzo de 1917.

Fue la segunda de nueve hijos y a lo largo de su vida tendría que aguantar no sólo las embestidas que toda mujer bella y con personalidad aguanta, sino que además fue objeto de un extraño encarnizamiento de prejuicios, calumnias y rechazos varios de taurinos, funcionarios, periodistas, familiares del diestro y la clerigalla en turno, pues en la España franquista no era bien visto que el portaestandarte de las virtudes de todo un pueblo y figura internacional de los ruedos anduviera luciéndose con esa mujer que, para colmo, ya había estado casada por lo civil –en 1937 con Antonio Verardini, un militar del IV Ejército Republicano, unión que terminó al concluir la Guerra Civil–, no podía tener hijos y se le calificaba, entre otras lindezas, de caza fortunas.

Manuel Rodríguez, tan dueño de sí y de su determinación delante de los toros, poco o nada le importó el juicio condenatorio de que Lupe era objeto y, enamorado como estaba, no midió las consecuencias de desafiar a todo el sistema ideológico que desaprobaba tan escandalizante, para los buenos, relación, al grado de que mientras Manolete expiraba luego de que se le administró, por órdenes del doctor Luis Jiménez Guinea, médico de la plaza de Las Ventas, un plasma noruego en mal estado que días antes ya había cobrado centenares de víctimas en el puerto de Cádiz, tras la explosión de un polvorín, en el cuarto contiguo Lupe Sino rogaba infructuosamente verlo ante la negativa terminante de José Flores Camará, apoderado del torero, y de Álvaro Domecq y Díez, amigo de confianza y quien había traído el plasma.

Al doble duelo de Lupe Sino –haber perdido a su famosa pareja y quedarse sin nada, pues que le gustaran las joyas y las pieles no la convertía en cazafortunas, no obstante que Manolete, sobre todo en México, ofreció comprarle una casa en varias ocasiones–, se añadió una serie de denuestos, responsabilizándola indirectamente de la muerte del diestro y cerrándosele las puertas en el medio cinematográfico, donde entre 1942 y 1948 había intervenido en tres películas –La famosa Luz María, de Fernando MignoniEl testamento del virrey, de Ladislao Vajda, y El marqués de Salamanca, que dirigió Édgar Neville. Por ello, cuando su paisano, el director de cine radicado en México, Miguel Morayta, le ofreció un papel en La dama torera, Lupe no dudó en volver a México en 1949.

Hasta acá la perseguirían los inventos de una prensa amarillista e incondicional del régimen que ahora inventó que Lupe se había casado con un Manuel Rodríguez mexicano.

La realidad es que a sus 32 años Lupe Sino seguía siendo una bella y graciosa mujer con unos ojazos verdes y una sonrisa luminosa, de la que se enamoró a primera vista un simpático y próspero abogado, exitoso empresario del negocio inmobiliario, José Rodríguez Aguado El Chípiro, nada de Manuel, con quien se casó por el civil y la Iglesia en 1950. Sin embargo, no obstante la disposición de la pareja de apostar por una relación prolongada y la cálida acogida que tuvo Lupe de los familiares de El Chípiro Rodríguez, el matrimonio duró poco más de un año, en una lujosa residencia de la calle de Camelia, en la colonia Florida.

Una vez más el chismorreo y la maledicencia, ahora de periodistas de la Ciudad de México, acompañaron la decisión de la pareja, para incluso aventurar que Lupe se quedaría con tres casas que su esposo poseía en las Lomas de Chapultepec. De nuevo el sambenito de cazafortunas le fue colgado a Lupe, que sin casas a su nombre ni fortunas de que disponer, regresó a España en 1951, a su modesto piso del paseo Rosales, en Madrid, donde sola, rodeada de recuerdos y algunas fotografías, falleció el 13 de septiembre de 1959 a causa de un derrame cerebral, luego de 42 años de decir sí a la vida.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

EL FUGAZ Y MEMORABLE PASO DE MANOLETE POR RUEDOS MEXICANOS

Silverio Pérez confirma la alternativa a Manolete en la plaza
del Toreo de la Condesa. México, 9 de diciembre de 1945.

Al cumplirse el 75 aniversario de la presentación de Manolete en México, reproducimos el interesante artículo de Leonardo Páez, publicado el 23 de septiembre de 2012 en el periódico Jornada de México, donde se detallan las actuaciones del torero cordobés en el país hermano.

Los genios no requieren longevidades ni estadísticas abultadas. ¿Sabe usted cuántas temporadas vino Manuel Rodríguez Manolete a México? Acertó: ¡dos! Luego de su presentación en El Toreo de la Condesa, el 9 de diciembre de 1945, tras haber bordado a Gitano, de Torrecilla, y recibido una cornada en el muslo izquierdo de Cachorro, su segundo, la tarde en que le confirmó Silverio Pérez, quien bordó a Cantaclaro, regresó tres tardes más a ese histórico escenario (16, 20 y 30 de enero de 1946), que celebró su última corrida el 19 de mayo de ese año, antes de ser demolido para posteriormente levantar allí un almacén.

Manolete tras triunfar con Gitano de Torrecilla en su presentación

¿Cuántas corridas toreó en el país El Monstruo de Córdoba esas temporadas de 45-46 y 46-47? Volvió a acertar: ¡37 y dos festivales! Tal cantidad le bastó para convertirse en ídolo de la afición mexicana, no solo por su personalidad y estilo incopiable, sino sobre todo por su entrega y honradez en cualquier plaza, fuese en la ciudad de México o en Torreón. Cobraba mucho, pero complacía más, a sí mismo, a conocedores, a villamelones y al gran público que abarrotaba las plazas, no se diga a las empresas.

Asombra asimismo comprobar que de esas 37 tardes en ruedos mexicanos, Manolete toreó 16 corridas en el Distrito Federal: cuatro tardes en El Toreo de la Condesa, donde alternó tres veces con Silverio y dos con Armillita, 12 en la recién inaugurada Plaza México y 21 en plazas de provincia: tres ocasiones en Guadalajara, Puebla e Irapuato; dos en Mérida, Orizaba y Torreón, y una en San Luis Potosí, Aguascalientes, Nuevo Laredo, Tijuana, Monterrey y Jerez, así como dos festivales, uno en la Plaza México, donde actuó como picador al lado de Cantinflasy otro en León.

Manolete torea al natural a uno de La Punta en México

En su efímero contacto con la fiesta de México el diestro más mitificado, famoso, poemizado y plasmado de la historia moderna del toreo estimuló el celo y competitividad de los matadores mexicanos y contó con la bravura, estilo y fuerza del toro criado en estas tierras, cuando aún no prevalecía el torito de la ilusión, de entra y sal, el que pasa y pasa sin que pase nada, pues carece de transmisión de peligro aunque tenga recorrido.

Revelador también que la mitad -18- del total de los encierros mexicanos que lidió aquí Manuel Rodríguez fueran de la ganadería de La Punta, de los hermanos Madrazo, uno de los hierros más encastados, por no decir duros, que existían en esa época; toros para toreros, pues, y otro de Matancillas, de la misma simiente punteña. También triunfó con tres corridas de San Mateo y Torrecilla, dos de Coaxamaluca y Xajay, y una de Piedras Negras, Pastejé, La Laguna, Carlos Cuevas, Sinkehuel, Peñuelas y Palomeque. Haber hecho caso Manolete y Arruza a sus respectivos apoderados de nunca alternar en plazas mexicanas, sería la única desconsideración cometida aquí por ambos colosos, que no tuvieron inconveniente en actuar juntos en Colombia, Venezuela y Perú. 

Leonardo Páez

TEXTO RELACIONADO CON IMÁGENES CINEMATOGRÁFICAS DE RTVE:

"PRESENTACIÓN DE MANOLETE EN MÉXICO"