Mostrando entradas con la etiqueta José Morente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Morente. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de noviembre de 2021

TOREAR DESPACIO: UN DON DE PRIVILEGIADOS

Por Antonio Luis Aguilera

«El temple somete y el sometimiento ralentiza la embestida». Foto Plaza1

«El temple somete y el sometimiento ralentiza la embestida». Son palabras del torero que más despacio he visto torear en mi vida: Juan Ortega.

Hacer despacio el toreo de verdad es lo más difícil en el trance de pasarse por la faja a un toro bravo. Requiere una fuerza interior, un don especial que sostenga la calma para mantener la pureza del compromiso sin recurrir a los alivios técnicos, a esas ventajas que ofrece el conocimiento del oficio y permiten aligerar el riesgo, las mismas que son válidas cuando permiten resolver situaciones comprometidas de la lidia ante la peligrosidad del animal, pero que últimamente son comunes en los ruedos ante cualquier res, hasta el punto de que el público no muy entendido las acepta como normales. Verbigracia, colocarse por fuera y aprovechar la inercia del animal para meter el pico de la muleta en el pitón contrario y aligerar el pase con impostada elegancia fotogénica, o torear en oblicuo echando hacia afuera la embestida.

Torear encajado de verdad, con la pureza y el clasicismo que lo hace Juan Ortega es engrandecer el arte del toreo, elevarlo a un estado superior; es exaltar el efímero e inolvidable encuentro donde se ofrece la vida para crear una obra que exige entrega absoluta desde la colocación en la suerte, así como calma interior para afrontar la angustia del riesgo al enganchar al toro y someter la embestida pulseando el suave vuelo de las telas, que terminan por imponer otra velocidad, otro ímpetu al mostrado en las primeras acometidas, graduando su celeridad con ese toreo de seda que nace de un encuentro sin violencia, despacioso, de imágenes a cámara lenta. Atesorar la gracia para hacer inmenso el toreo, con esa cualidad que no parece humana, es un don que solo han tenido algunos privilegiados en la historia, esos elegidos que recibieron «las bolitas» que según Rafael de Paula mandan desde el cielo al nacer. 

Juan Ortega, encajado de verdad, torea al natural en Sevilla.
Foto Emilio Méndez (Cultoro)

Pronto vio la afición de Madrid las cualidades de Juan Ortega, torero al que ha respetado y esperado desde su revelación en el ruedo venteño el 15 de agosto de 2018, adelantándose incluso a la hispalense, que por la «sensibilidad» de su empresario hubo de aguardar media docena de años, más otro por el maldito Covid, para verlo en su albero como matador de toros. Un largo y duro camino desde la tarde de la alternativa en Pozoblanco, sin que los grandes comisionistas del toreo dieran opciones a las cualidades que después, gracias a dos empresarios modestos, Juan Reverte y Alberto Garcíaiban a maravillar al orbe taurino al ser televisadas por Canal Toros de Movistar, que actuó como notario para dar fe de la epifanía de Linares ante el enclasado Nardito de Parladé, amenizada con las notas del pasodoble Manolete, y fechas después en la plaza de Jaén de la que fue considerada la faena del año, ante el exigente Basurilla del hierro de Victoriano del Río.

Entre la tristeza por la pandemia llegaba un canto a la esperanza por aquella bocanada de pureza, sensibilidad y excelencia del toreo. Tras desbrozar un espinoso camino sacando fuerza de flaqueza, el primer gran éxito de Juan Ortega fue creer en sus cualidades sin que «el sistema» lograra aburrirlo, y tener la certeza de que debía estar preparado para el día que la «suerte» apareciera por la puerta de chiqueros vestida de negro con dos pitones en el testuz. Cuando por fin le vimos «cambiar la moneda» y expresar el toreo clásico tan despacio, llevando la ilusión a los aficionados, recordamos una frase con aires de sentencia pronunciada por Curro Romero: «¡Qué difícil es comer despacio cuando se tiene mucha hambre!».

ENLACE RECOMENDADO: CRÓNICA DE VICENTE ZABALA PUBLICADA EN EL DIARIO «EL MUNDO» E IMÁGENES DEL CANAL TOROS DE MOVISTAR EDITADOS EN EL BLOG «LA RAZÓN INCORPÓREA» de JOSÉ MORENTE.

sábado, 14 de septiembre de 2019

MANOLETE RECORDADO POR UN AMIGO

Por Antonio Luis Aguilera
 Dos amigos: Manolete y Manuel Sánchez de Puerta. Foto Mari.
El 27 de julio de 1985 tuvimos el honor de hablar en Córdoba con un amigo íntimo de Manolete, don Manuel Sánchez de Puerta Guerrero, un señor en el sentido literal de la palabra, que tuvo la amabilidad de recibirnos en su domicilio para recordar al amigo torero. Aquella mañana de verano Manuel había convertido el salón de su casa en un auténtico museo, para exponer los recuerdos que guardaba de su amigo Manolo, invitándonos a examinarlos despacio mientras nos contaba la historia de cada uno. Allí vimos la escopeta de cacería del torero, el regalo de bodas que le hizo, del que nos dijo que le habría costado un dineral y cuando le reprochó el gasto que había hecho le contestó que así la gente no diría que su amigo el torero era un gurrumino.
De los objetos de aquella exposición destacaba un regalo excepcional: el traje celeste y oro que Manolete vistió el 16 de julio de 1947 en la plaza de Las Ventas, la última tarde que actuó en Madrid, corrida de Beneficencia que toreó gratis donando sus honorarios a favor de los necesitados -como siempre hizo en esa corrida-, en la que alternó con Rafael Vega Gitanillo de Triana y Pepín Martín Vázquez. El destino quiso que esa tarde tan próxima a Linares también ofreciera su sangre, pues resultó herido en la pierna izquierda por un derrote seco de su segundo toro, de nombre Babilonio y del hierro de Bohórquez, al que continuó toreando sangrando en una faena inolvidable por entrega y belleza, en la que cortó las orejas tras estoquearlo brillantemente, para acto seguido echarse en brazos de sus compañeros para que lo llevaran a la enfermería.
Sevilla 1941, Manolete pasea un rabo. Foto Mari
También llamaba la atención un pequeño álbum con tapas de nácar marcadas con el hierro de la ganadería de Villamarta, donde se conservaba el reportaje fotográfico de la faena realizada en Sevilla el 26 de abril de 1941, tarde que actuando con Pepe Bienvenida, Juanito Belmonte y Pepe Luis Vázquez, cortó un rabo. El álbum se lo había regalado al torero el propio ganadero, pero Manolete se lo obsequió a su amigo porque a Manuel le había gustado y quiso que lo conservara, con el argumento de que él tenía muchas fotografías.
Emocionados sujetamos aquellas taleguillas manchadas de sangre. Manuel nos dijo:
Mira el boquete de la cornada... ¡Y siguió toreando el tío...! 
Sentimos una profunda impresión al tener en nuestras manos ese traje, ligeramente palidecido por el tiempo. Manuel se dio cuenta y nos dijo:
Antonio, para mí es muy grato tenerte en mi casa y hablar contigo del torero que a mi juicio ha sido el mejor que tuvo Córdoba.
Muchas gracias, Manuel. ¿Cómo nació vuestra amistad?
Con exactitud no te lo puedo decir, pero fue siendo novillero, antes de la alternativa. Era un amigo más. De su profesión, siendo figura del toreo, nunca hizo alarde. Era uno más del grupo que formaban Domingo Roca, mi hermano Baldomero, Enrique León, Manolo Suárez... Un tío sencillo, de trato estupendo, sin alardes de ninguna clase. Pasaba con mi familia temporadas en el cortijo, donde no era frecuente sacar el tema taurino. Se pasaban los días enteros sin hablar de toros, se charlaba del campo, del tiempo o de las faenas agrícolas. Eso sí,  como saliera el tema de los toros nunca se veía el final, nos entusiasmábamos hablando, sobre todo él.
¿Recuerdas algunas anécdotas vividas con él?
Iglesia de S. Miguel. Foto M. Castilla

—Una noche que Manolo Suárez, Manolete y yo habíamos tomado unas copas de vino y estábamos “contentos”. En la iglesia de San Miguel vimos a un señor que venía del Palacio del Cine desde la plaza de Las Tendillas e iba hacia el hotel donde se hospedaba. A Manolete le hizo gracia la mascota que llevaba de sombrero y al pasar a su lado se la quitó. Se la puso y salimos corriendo dándole vueltas a la iglesia mientras el pobre hombre iba detrás de nosotros. Entonces había muy poca luz en Córdoba y nos escondíamos  a la sombra de la iglesia. Nos dio lástima y salimos al encuentro para pedirle perdón por la broma. Manolete, con el sombrero puesto, le dijo: —Vamos a ver amigo, ¿sabe usted quién soy yo?—A lo que el hombre indignado, contestó: —¡Sí, un sinvergüenza!— Manolo, muerto de risa y quitándose el sombrero, continuó: —¡Hombre, no me diga usted que soy un sinvergüenza! Yo soy Manolete— Pero el hombre insistía: —¡Usted qué va a ser Manolete ni Manolete, usted es un sinvergüenza!
Entonces nos dirigimos a la única farola que había en el centro de la plaza y ya con la luz la reacción del hombre al ver que era Manolete te la puedes imaginar. Cambió de color, se quedó sin palabras. El señor era representante de una casa de perfumes de Barcelona y se hospedaba en el hotel Simón. Al día siguiente quedamos citados y estuvimos tomando café con él. Imagínate: un hombre loco de contento por haber conocido a Manolete gracias a una broma.
Otro día fuimos a Sevilla cuando él empezaba su carrera. Lo hicimos en un tren que la gente llamaba “el carreta”. En la estación cogimos un taxi para ir al café Gayango, y al entrar un camarero lo reconoció y dijo en voz alta: —¡Señores, acaba de entrar un aficionado a los toros!— La gente se percató de que era Manolete y le aplaudió con fuerza. Pienso que Sevilla lo descubrió antes que Córdoba. Ya el día de su alternativa se dieron cuenta del torero tan grandioso que era. Sí, que no había nacido allí, pero era uno de los mejores que había y ellos lo reconocieron.
Manolete sentía un cariño especial por Sevilla, allí tenía muy buenos amigos, como Pepe Luis Vázquez sin ir más lejos, un torero del que era apasionado. Le escuché decir muchas veces: —Ustedes no habéis visto torear bien a Pepe Luis. Si es que cuando al rubio de San Bernardo se le cae el mechón de pelo en la frente chorrea almíbar, el arte de ese hombre no lo tiene nadie—  Era un gran entusiasta de Pepe Luis.
Manuel, qué papel jugó José Flores Camará en su carrera.
Muy importante. La gente puede estar equivocada con Camará. Él quería mucho Manolete, más de lo que se piensa. Soy testigo de muchas conversaciones entre ambos, sin tener porqué haberlas presenciado, por la confianza que los dos tenían en mí, porque sabían que lo que escuchaba no lo comentaría con nadie. Y te digo que Camará quería Manolete. No estoy de acuerdo con lo que se habló después sobre si esto o lo otro. Igual que Manolete fue figura del toreo, Camará fue figura de apoderado.
—¿Cómo era el toreo de Manolete?
Pues un toreo único. Antonio Bienvenida decía que llevaba las faenas hechas en la maleta. Y es que para que a ese hombre se le fuera un toro sin torear no sé que tenía que pasar. ¡Qué se le echara...! Porque como pudiera sacarle cinco, siete o diez muletazos se los daba. Siempre apuraba los toros al máximo. Cuando no tenía más remedio que matar lo hacía, pero como el toro le embistiera te aseguro que había faena para rato. Por su amor propio, por la dignidad profesional que tenía, sacaba más partido que nadie a todos los toros. Ese hombre se jugaba el pellejo cada vez que se vestía de luces, le importaba poco que la plaza fuera grande o chica, de más o menos categoría, él cumplía con su obligación. Muchas veces dijo: —¿Por qué no voy a torear al toro con posibilidades, si es mi obligación? Para eso paga la gente, para verme torear. Y yo no puedo defraudarla porque el animal sea mejor o peor, tengo que sacarle el partido que tiene, porque para mí lo mismo es el público de Madrid que el de cualquier pueblo de España, por pequeño que sea—
Última tarde de Manolete en Madrid
Recuerdo una tarde que fui a Andújar con Domingo Roca. Toreaba una corrida de Flores Albarrán mano a mano con Pepe Luis y me parece que iba de sobresaliente Morenito de Talavera. La corrida se dio por el ambiente que había, pero la tarde era muy mala, nublada, el ruedo con verdina, en malas condiciones. Yo estaba intranquilo en el callejón, porque los dos toros primeros no fueron buenos, pero salió el tercero para Manolete y cuando fue a por la muleta y la espada, dijo: —Voy a procurar poner a la gente contenta— Y mientras llovía hizo unan faena magnífica. ¡A ese hombre le importaba poco que fuera Andújar o la monumental de Barcelona! El público era el mismo para él en todas partes. Por eso pasó lo que pasó… Por ser tan cumplidor. La honradez suya… Pero era su forma de ser, nació con ese don que Dios da, que los demás también tendrían, pero no lo demostraban.
Manuel, se ha escrito mucho sobre el toro de su época. Sus detractores le acusaban de torear toros chicos.
El toro de su época era como el de todas las épocas. Los había chicos y grandes. El motivo fue la guerra. Se criaron menos toros porque la situación de España era distinta a la de hoy, pero toros grandes o chicos ha habido toda la vida, la prueba la tienes en el que mató a Joselito en Talavera. El toro de la época de Manolete era normal. Además, las cornadas las dan los grandes y los chicos, aunque influyan el peso y la edad. Pero tampoco es lo que se ha dicho.
Además de Pepe Luis Vázquez ¿a qué otros toreros admiraba?
Lo primero que te digo es que nunca habló mal de ninguno de sus compañeros. Jamás le oí decir que si tal o cual. Todos tenían algo bueno para él. Eso sí, sobre todos admiraba a Pepe Luis. También fue admirador de Arruza. Carlos era un torero cumplidor, con mucho amor propio y dignidad, que no se dejaba ganar en la plaza por ninguno y que le podía a los toros.
—Y con él llegó a tener una sincera amistad.
Abrazo entre dos amigos: Carlos Arruza y Manolete
Te puedo contar que una noche estábamos cenando en el restaurante de Miguel Gómez, que era el centro taurino de Córdoba, tenía mucho ambiente y los amigos nos reuníamos allí. Llegó Carlos Arruza, que iba camino de Sevilla, para saludar a Manolete. La noche no estaba para seguir viajando y Manolete le insistió para que se quedara en Córdoba, pero Carlos decía que su madre lo esperaba. Finalmente pidió una conferencia con Sevilla, habló con su madre y se quedó. Cenamos Manolo Suárez, Domingo Roca, Manolete, Arruza y yo. Manolete le encargó a su amigo una habitación en el hotel Regina, y al día siguiente se fue para Sevilla, donde su madre se había quedado más tranquila sabiendo que dormía en Córdoba y no se ponía de noche en carretera. La cena transcurrió entre bromas de los dos matadores, recordando toros y corridas en que las cosas no salieron como ellos querían y despacharon cómo mejor pudieron. Eran muy buenos amigos. Además Arruza era un gran admirador de Manolete. Le llamaba maestro. Manolete no quería y le decía: —¡Carlos, por Dios!— Y él le contestaba: —¡Pero si para mí eres un maestro!— Y así, entre bromas y veras, se lo decía, porque verdaderamente lo consideraba un maestro.
Al morir Manolete todo el mundo se hizo partidario suyo, pero en vida, siendo máxima figura, la cosa no fue igual. Le exigieron como a ninguno e incluso no faltaron las ofensas.
Sí. La afición a los toros es eso: elevar al torero para luego derribarlo, destruirlo sin motivos, pero eso por desgracia es la afición a los toros, es pasión por un torero y cuando está en la cúspide echarlo abajo. Eso le pasó a Manolete. Él sabía que tenía muchos detractores, porque en el ruedo se escuchan las voces aunque la gente piense que no. Los toreros oyen las ofensas cuando se meten con ellos. El público puede obligar al torero a que toree lo mejor que pueda, pero no tiene derecho a ofenderle como hicieron con él. Desgraciadamente es la otra cara del traje de luces. Los toreros tienen dos clases de amigos: los del traje de luces y a los que el traje de luces les importa tres pitos.
¿Y la afición de México?
Manolete pasea un rabo en el coso de El Toreo de México
Aquella afición lo consideraba más que la de España. Mucho más. Manolete fue un fuera de serie en todas partes, pero en México lo era más. Allí fue impresionante. Algo que no se había conocido nunca, ni siquiera en la época de otros toreros grandiosos que llegaron desde España. Lógicamente, los mejores de aquí. ¡Pero cuando llegó él…! Allí también fue un mito. ¡Igual que aquí, un dios del toreo!
Su última actuación en Córdoba fue en el año 1944. ¿Por qué no toreó aquí en los tres últimos años de su carrera?
Él no rehusaba a torear en Córdoba, eso eran desacuerdos de Camará con las empresas, pero él no se metía nunca en eso. Eran asuntos que el apoderado, por las razones que tuviera, no veía conveniente. Manolete no rehusó jamás a torear en ninguna plaza.
¿Es cierto que pensaba retirarse al finalizar la temporada de 1947?
Sí. Se lo escuché personalmente junto a mi hermano Baldomero. Decía que le quedaban diez o doce corridas para terminar la temporada e irse de los ruedos definitivamente. Y conociéndolo cómo lo conocía pienso que lo hubiera cumplido y no habría vuelto. Hubiera toreado en el campo, o en los festivales benéficos que le hubieran requerido, pero nunca vestido de luces. Esa es mi opinión conociendo cómo pensaba y sabiendo que cuando decía algo lo cumplía.
Tristemente no llegó a disfrutar de la retirada. ¿Pero tenía proyectos para cuando abandonara los ruedos?
El campo era su afición. Tal vez una ganadería brava… Pero su gran afición era el campo y las labores. Entendía mucho de escuchar a sus amigos labradores. Las faenas agrícolas no eran desconocidas para él. Seguramente habría sido un buen labrador. Y si hubiera adquirido reses bravas hubiera sido el mejor.
¿Fue su madre el gran amor de su vida?
Sin duda alguna. Quería a su madre con delirio, la nombraba cuarenta mil veces al día: que si mi madre esto, que si mi madre aquello… Era pasión de hijo bueno con su madre. Si iba de viaje siempre le traía algún regalo por chico que fuera, chico según se quiera ver, porque hay cosas pequeñas que en la vida son grandes respecto a la madre.
¿Piensas que después de Manolete ha habido algún torero de su dimensión?
Pienso que no. Ahí está todavía su sitio vacío. ¿Quién lo ocupa…? ¡Eso sí que es difícil, ocupar un sitio de esos…! El sitio que dejó un hombre de la envergadura, la talla, la honradez profesional, el amor propio, la dignidad… De tantos dones que Dios le otorgó como torero. Yo creo que el sitio está ahí. ¿Quién lo ocupa? ¡Que venga alguien y me lo diga!
Majestuoso señorío de Manolete al romper el paseíllo en Lima
El 28 de agosto no fuiste a Linares. ¿Cómo conociste la noticia?
Estaba en el campo. La última vez que hablé con él fue aquí, en mi casa. Le dije que ya no iba más a verle torear, que no quería pasar un mal rato oyendo las cosas que la gente le decía. Me contestó que no hiciera caso, pero yo había decidido no volver a verle vestido de luces. Mi hermano Baldomero sí fue a Linares. Yo me quedé en el campo, con mi mujer. Aquella noche no puse la radio y no conocí la noticia hasta el día siguiente que los trabajadores me la dieron. Recuerdo que mi madre me envió un taxi y regresé a Córdoba. Desgraciadamente aquel día la Fiesta de los toros perdió al mejor torero. Luego ha habido muchos y muy buenos. Pero ahí está vacío el sitio que él dejó.
Y tu amigo fue sepultado en el panteón de vuestra familia, en el cementerio cordobés de Nuestra Señora de la Salud.
Sí, allí se enterró. Hubo alguna dificultad en el panteón del padre de Palitos, no recuerdo con exactitud. Entonces mi hermano y yo pensamos que, si su familia lo veía bien, se podía enterrar en el nuestro. Hablamos con Camará y rompió a llorar como un chiquillo. Finalmente fue él quien lo comunicó a la familia y a Álvaro Domecq. Y allí permaneció sepultado hasta que le construyeron su panteón.
Manuel, ¿por qué tanta grandeza en ese hombre?
Pues por su forma de ser, su amor propio, su dignidad, sus cualidades humanas… Eran tantas cosas las que se llevó su muerte. Aquí en Córdoba, no sé, podrá salir algún torero, Dios lo quiera… ¿Pero igualarle…? Eso es tan difícil… ¡Te digo que es imposible!
El protagonista de estas declaraciones, don Manuel Sánchez de Puerta Guerrero falleció en Córdoba el 22 de diciembre de 1992. Jamás podremos olvidar su amable y exquisito trato, su sincera cordialidad y hospitalidad, su señorío de hombre de bien y la amistad que nos brindó.  




jueves, 2 de mayo de 2019

"CHICUELO" VUELVE A TRIUNFAR EN TOLEDO, CIEN AÑOS DESPUÉS

Por Luis Miguel López Rojas
Chicuelo: suerte del molinillo en Toledo. Foto familia Chicuelo
Dentro de la XXXIV Semana Cultural Taurina que organiza la Peña Taurina de Sonseca (Toledo), el pasado viernes 26 de abril, tuvo lugar un emotivo homenaje a la figura de Manuel Jiménez Moreno Chicuelo.

Bajo el título “Manuel Jiménez Chicuelo, el creador de la faena moderna (en el centenario de su alternativa 1919-2019)”, este acto se viene a encuadrar dentro de los que quieren conmemorar tan importante acontecimiento taurino, y situarlo a la altura de los que ya tuvieron Gallito, en 2012, y Belmonte, en 2013. Aquellos, cuyo pistoletazo de salida tuvo lugar en el Ateneo de Sevilla, homenaje capitaneado por José Morente, en el que intervinieron Rafael Jiménez Castro -Rafaelito Chicuelo- y Manuel Jiménez Amador Chicuelo, hijo y nieto, respectivamente del gran Chicuelo. Continuaron, como no podía ser de otra manera, en Córdoba el pasado 9 de marzo. Concretamente en La Carlota. Acto organizado por el Círculo Taurino Juan Ortega, donde intervinieron  Antonio Luis Aguilera, autor de este blog, Manuel Jiménez Amador y Pepe Luis Vargas.

En este camino iniciado hacia el norte, cruzar Despeñaperros “pa arriba”, atravesar la llanura manchega como lo hiciera el Ingenioso Hidalgo, podemos decir sin temor a equivocarnos que Chicuelo triunfó en Toledo. A las puertas de Madrid: “Su Madrid”.

Magistralmente conducido por Antonio Luis Aguilera, que desgranó la verdadera importancia que el torero de la Alameda ha tenido como arquitecto del toreo moderno. Chicuelo ha sido seguramente el torero más injustamente tratado por los que han escrito y nos han contado la historia del toreo. Quisieron despacharlo únicamente como un torero artista, pinturero, fundador de la “escuela sevillana”, o como el creador de algunos pases de muleta, como el de costadillo y el de la firma; o de capote, por el lance que con su nombre pasará a la eternidad: la “chicuelina”. Pero Chicuelo es más. Mucho más. Perfectamente argumentado, como ya lo hiciera uno de los más grandes historiadores del toreo, el gran Pepe Alameda, que así firmaba Luis Carlos Fernández y López-Valdemoro (Pepe por Joselito y Alameda, por la Alameda de Hércules, como relató Antonio Luis), nos descifró la línea Guerrita-Gallito  -el gran Joselito el Gallo, por siempre rey de los toreros y fuente de la que bebe directamente Chicuelo-. Y Chicuelo como referente de Manuel Rodríguez Sánchez Manolete. De alternativa y, lo más importante, de concepto. Ese toreo cristaliza y desde ese momento nada será igual. Se impone la faena moderna, la línea del toreo natural, la del ligado en redondo: los pases enlazando las series como en la poesía los versos componen las estrofas, para dar forma al poema de la faena. La línea sin la que no se entiende el toreo de nuestro tiempo, y que motiva en muchas ocasiones la incomprensión de lo que acontece en el ruedo.  Sin entender a Manolete (culmen de esa línea), no se puede entender el  toreo de hoy. Y es que cada tarde, en cada faena, resucita Manolete, y con él,  Chicuelo. Y Gallito, Guerrita
Justo López Rosado, Luis Miguel López Rojas, Antonio L. Aguilera y Manolo Chicuelo
Una vez captada la atención de todos los aficionados y expuestos estos pilares del toreo como las columnas que custodian la “Alameda de Hércules”, donde se ubica la casa de los Chicuelo, Antonio Luis dio paso a su nieto, Manuel Jiménez Amador. “Solo” por la condición de torero y nieto de “Chicuelo” habría sido más que suficiente para justificar su presencia, pero además hizo una brillante demostración de conocimiento de la historia del toreo en general y del sevillano en particular.

Impregnó todo el Teatro Echegaray de aromas de Sevilla, de aromas de su abuelo. Con una memoria fuera de lo común, fue contando la vida de su abuelo, de lo que ha vivido y le ha contado su padre: Rafaelito Chicuelo. Fue tocar el mito. En una especie de “encerrona”, sin ningún tipo de preparación previa, se fueron proyectando fotos de su abuelo y él iba ofreciendo datos de la fecha, plaza, nombre del toro o de la ganadería. Y todo aderezado con anécdotas que hicieron las delicias de los aficionados allí reunidos.

Sevilla y Córdoba, ciudades sin las que no se puede entender la historia de toreo.  Córdoba (Antonio) y Sevilla (Manuel), hablando de Manuel Jiménez Chicuelo, sin el que tampoco se puede comprender la  historia del toreo.  Pasaron más de horas e incluso después de terminar el acto, los aficionados seguían acercándose para seguir preguntando por esta grandiosa figura. Así que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Manuel Jiménez Moreno, el gran Chicuelo, ha vuelto a triunfar en Toledo, como lo hiciera en vida en la plaza de toros de la ciudad Imperial.

Esperamos que Madrid -su Madrid-, aquel que lo vio cambiar la historia del toreo con una sola faena, la de Corchaíto, también le vuelva a abrir sus puertas de par en par y le rinda el homenaje que merece en el año que se conmemora el centenario de su alternativa. 
Alternativa de Chicuelo de manos de Juan Belmonte. Sevilla 28/9/1919.
POSDATA PARA ANTONIO LUIS AGUILERA Y MANUEL JIMÉNEZ AMADOR:

Justo López Rosado,  presidente de la Peña Taurina “Sonseca”, en nombre de todos sus socios y el suyo propio, les agradece su absoluta disposición, de forma totalmente desinteresada, para que fuera posible este bonito homenaje en la XXXIV Semana Cultural Taurina. Se llevan un trocito de corazón de toda la afición sonsecana.

A nivel particular, tuve un premio adicional. Llevarles en mi coche a la estación del tren me hizo sentirme por momentos chófer de toreros. Escucharles hablar de toros y compartir tertulia con ustedes, en lo que es mi gran pasión, fue un placer y un privilegio. Cada vez iba más despacio para que el camino durara lo máximo posible… (Manuel lo llamó “conducir con temple...” Creo que me descubrió). Lo guardaré en lo más profundo de mi corazón.

Muchísimas gracias y hasta pronto.


domingo, 17 de marzo de 2019

HACER AFICIÓN

Por Luis Miguel López Rojas
Juan Ortega. Foto José Luis Cuevas
Quisiera agradecer públicamente a Juan Ortega, Antonio Luis Aguilera y al Círculo Taurino Juan Ortega,  haberme invitado para ser partícipe de un día tan bonito como el que vivimos el pasado sábado 9 de marzo, en La Carlota (Córdoba).
Es muy importante que los toreros acerquen el toreo a los aficionados o a gentes que puedan llegar a serlo en el futuro. Eso es lo que hizo Juan Ortega. Ese es el mejor resumen de esta jornada. Aderezado con una serie de ingredientes que hicieron del día, una experiencia inolvidable.
Disfrutar del sabor del toreo bueno en la lidia de un utrero y un cuatreño en la intimidad de una coqueta plaza de tientas. Paladear cada detalle, cada gesto de torería…, ese silencio respetuoso y expectante, solamente roto por esos olés que brotan de lo más profundo del corazón de los aficionados…
Antonio L. Aguilera, Luis M. López y Manolo Chicuelo
Solo por vivir esos momentos ya había merecido la pena el viaje desde Toledo. Pero además, la posterior comida donde el torero se entremezcló con los allí presentes. Un grupo de personas donde no importa su procedencia, edad, sexo, condición.  Sólo la pasión que compartimos,  el toreo. Magnífica oportunidad para conocer a grandes aficionados. Tertulia que enriquece nuestra cultura taurina y de la que surgen amistades para toda la vida. Así conocí a José Morente, al propio Antonio Luis Aguilera. ¡Qué grande es el toreo!
Y como guinda final, el doble acto de homenaje a Chicuelo. Y digo doble, por la magnífica exposición fotográfica sobre el gran Manuel Jiménez Chicuelo, injustamente tratado por los que han escrito y nos han contado la historia del toreo. Apenas existen filmaciones y las fotos, salvo contadas excepciones como las del toro Corchaíto, desconocidas. Lo mejor, es que había sido el propio torero Juan Ortega, el artífice. Eso denota que antes que torero, es AFICIONADO. Esa naturalidad, ese empaque que refleja el papel fotográfico es simplemente la base del toreo actual. Es el toreo actual. Espero que Sevilla, su ciudad,  tome nota como decía Juncal y le rinda el homenaje que merece en fecha tan señalada.
Exposición fotográfica de Manuel Jiménez Chicuelo. Foto Cuevas
Grandiosa la conferencia posterior conducida por Antonio Luis Aguilera sobre la figura del torero de la Alameda, en el centenario de su alternativa. Magistral su introducción para desgranar la verdadera importancia que ha tenido Chicuelo como arquitecto del toreo moderno.  Esa línea Lagartijo, Guerrita, Gallito, el gran Joselito El Gallo, por siempre Rey de los toreros y fuente de la que bebe directamente Chicuelo. Y Chicuelo, como referente de Manuel Rodríguez Sánchez Manolete. De alternativa y lo más importante, de concepto. El toreo cristaliza y desde ese momento ya nada será igual. Se impone la faena moderna. Se impone la línea del toreo natural, la del toreo ligado en redondo. Pases enlazados como en la poesía  los versos en estrofas, para dar forma al poema de la faena. Esa línea que nos explica el gran Pepe Alameda, que así firmaba Carlos Fernández y López-Valdemoro (Pepe por Joselito y Alameda, por la Alameda de Hércules, como nos descubrió Antonio Luis). Esa línea que ningunean, muchos de los que se consideran grandes críticos de la historia de la tauromaquia, Corrochano, Vidal, Navalón… Esa línea sin la que no se entiende el toreo de nuestro tiempo, y que motiva en muchas ocasiones la incomprensión de lo que acontece en el ruedo. 
Sin entender a Manolete (culmen de esa línea), no se puede entender el  toreo de hoy. Y es que cada tarde, en cada faena, resucita Manolete, y con él,  Chicuelo. Y Gallito, Guerrita y Lagartijo...
Alternativa de Manuel Jiménez Chicuelo. Sevilla, 28-9-1919
De esta forma y una vez aclarada la importancia de Chicuelo en la historia, Antonio Luis puso en suerte la conferencia para que su nieto, Manuel Jiménez Amador, nos contara de primera mano, la vida de su abuelo a través del contacto directo y del de su padre, Rafaelito Chicuelo. ¡Qué maravilla, qué privilegio poder escucharlo! Ser testigos de su historia. Es tocar el mito con las manos. Gracias, Manuel.
Antonio L. Aguilera, Manolo Chicuelo y Pepe Luis Vargas. Foto Cuevas
Preciosa la intervención de Pepe Luis Vargas, como nos contó sus vivencias con los grandes del toreo, lo que le contaron de Chicuelo. Como le enseñó a coger la muleta el gran Pepín Martín Vázquez, Antonio Gallardo el capote con un mantón de Manila… Las fuentes donde bebió, Los Vázquez, Pepe Luis y Manolo, Rafael Torres, Antonio Ordóñez, Manolo Cortés… y que como apoderado de Juan Ortega, su gran objetivo es servir de mero transmisor de ese grandioso legado. ¡Qué bonito y qué importante es recuperar la figura de apoderado independiente! ¡Fundamental para el torero el crecimiento en lo espiritual, beber de esos manantiales tan puros! El resto, si se tienen condiciones como las que atesora Juan, más pronto que tarde, llegará. Todo llegará.
Juan Ortega recibe de Juan Arrazola y Macarena Ortega el traje de luces. Foto Cuevas
Finalizó el acto con la entrega por parte del Círculo Taurino Juan Ortega de un torero traje, verde y azabache, de corte muy gallista y la presentación de la temporada, a cargo del  propio matador, que remató con un “Vivir sin torear, no es vivir” de tintes tomasistas.
Madrid, 21-4-2019
Todos deseamos que tenga mucha suerte el domingo de Resurrección en Madrid, y que ese toreo tan bueno, cristalice en un triunfo que pueda catapultar su carrera a figura del toreo.
Por último y a modo de cierre, Juan Ortega, humildemente solo le pido una cosa. Cuando sea figura, siga  siendo aficionado antes que torero. Siga haciendo actos como estos para fomentar la afición. Esos que brillan por su ausencia por parte de las grandes figuras actuales. Que ayuden a conocer a los más grandes como Chicuelo.  Que transmita ese legado que ahora recibe de Pepe Luis Vargas. Esa semilla que siembra hoy, puede servir para que en un futuro, un loco como yo, se decida ir un 15 de agosto a un Madrid desierto, con más de cuarenta grados a la sombra, para sentarse en una piedra del coliseo venteño con la esperanza de encontrar un torero tan puro como usted. Y tener sensaciones para recordar en otoño, invierno, primavera, verano…, y toda la vida. https://plazadelalagunilla.blogspot.com/2018/08/carta-abierta-juan-ortega_29.html

Tener muchos aficionados es la única esperanza para que el toreo viva para siempre…
                                                ¡¡¡¡GRACIAS Y SUERTE, TORERO!!!

miércoles, 29 de agosto de 2018

CARTA ABIERTA A JUAN ORTEGA


Por Luis Miguel López Rojas

Juan Ortega. Foto Plaza 1
“Juan Ortega, tú sí estás en mi otoño…”

Hoy, instantes después de que Plaza 1 haya presentado oficialmente la lista de los once toreros que entrarán en el bombo de la feria de otoño, diseñado por aquel que se autoproclama “productor de arte”. Sorprende que en el sorteo no esté una bola con tu nombre. Sólo te puedo decir Juan Ortega, tú sí que estás en mi otoño.

En ese sorteo, sí estará presente la bola de la injusticia, del cambio de cromos, del mediocre sistema taurino que asfixia el toreo, la bola de la falta de sensibilidad…Porque el arte no se produce señor Casas. El Arte, se tiene o no se tiene. Como la torería, la que tú, Juan Ortega, derramaste en el coso venteño el pasado día de la Paloma.  

La torería clásica de Juan Ortega. Foto Plaza 1
Ya lo dijo Curro Romeroqué difícil es comer despacio cuando se tiene mucha hambre”, y que difícil debe ser después de que pasaran más de dos años desde tu confirmación y no haber vuelto a pisar su ruedo. Del olvido, de ostracismo que somete el sistema a tanto torero bueno. En tarde de canícula agosteña, del Madrid desierto, de mucho cemento, de escasa entrada y mucho turista, de andanadas cubiertas de andamios… Pero también de fecha de tradición con aficionados dispuestos a paladear el toreo, el buen toreo. Tarde de jugarse el todo por el todo…

Por eso impactaste tanto, desde el primer quite, donde tu capote se mece en forma de dos verónicas. La media que esculpe y cincela tu cuerpo. Esa despaciosidad, esa mente despejada, ese aroma a toreo bueno. El reencuentro con el toreo añejo, el toreo caro, el toreo de sabor. El toreo de hoy y de siempre. Por tu forma de iniciar la faena con esos doblones por bajo, torerísimos, además de eficacia y dar al toro la lidia que necesitaba, reunieron belleza y se convirtieron en escultura

Ese aroma a toreo bueno. Foto Plaza 1
Faena maciza. Cadencia y compás. Para saborear y paladear. Tres series con la derecha y una tanda donde los naturales surgieron cristalinos y puros.  Exquisita. Como exquisito volvió a ser el cierre por bajo. Tu corazón tras de tu espada, que quedó en todo lo alto… ¡Cómo olía a toreo en tu vuelta al ruedo con la oreja en la mano!

¡Qué pena que tu segundo no dejara redondear la tarde! Y qué ganas de volver a verte… Juan Ortega.

Cadencia y compás. Para saborear y paladear. Foto Plaza 1
Por todo esto todavía doy más valor a tu actuación, que por sí sola y en otros tiempos te habría valido un buen número de contratos. Pero de lo que todos estábamos seguros, es que al menos te valdría para que tu nombre apareciese anunciado en los carteles de esta novedosa feria de otoño. La del sorteo. 

Seguramente el Señor Casas no estuvo en Madrid ese día, lo que no es disculpa, porque gente de su amplio grupo y confianza, sí estaría. Y si no, están los videos y como todos los medios taurinos de forma unánime lo cantaron. Por eso duele más tu ausencia.

Hoy retumbarán en tu mente una y otra vez ese: “tanta lucha, pa ná”, que en su día pronunció tu apoderado, Pepe Luis Vargas, con el que tantas horas de toreo de salón, de sueños, de lucha has compartido este año… 

 "Tú sí estás en mi otoño". Foto Plaza 1
Sé que mis palabras de poco servirán, pero cuando la temporada eche el cierre, las luces se apaguen, las plazas españolas cierren sus puertas y el invierno coja fuerza, mi mente de aficionado recapitulará para ver lo que quedó grabado en mi memoria esta temporada 2018. Eso es lo que verdaderamente distingue el arte. La inmortalidad del recuerdo que queda marcado a fuego en nuestro corazón de aficionado. Ese arte que parece desconocer el que dice llamarse “su productor”. El arte que vi y esparciste en las Ventas. 

Por eso Juan Ortega, solo te puedo decir que tú sí que estás en mi otoño.

 Y yo te espero, TORERO.

Luis Miguel López Rojas

24 de agosto de 2018.

Pinche para ver la faena de Juan Ortega de la que habla el autor. (Video Plaza 1)
Texto publicado el 27/8/2018 en el blog La razón incorpórea, de José Morente.