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martes, 1 de abril de 2025

LAGARTIJO Y SU “TÚNICO”: «Otra versión de una “lagartijá”»


Por José Rafael López Blancas

 

Imagen de Nuestro Padre Jesús Caído de Córdoba: "El Señor de los Toreros".


“La tradición oral ha sido, desde siempre, la forma suprema de comunicación de los seres humanos, con la cual pueden compartir sus saberes con la sociedad”.

 

El próximo día 1 de agosto, se cumplirá el 125 aniversario del fallecimiento de aquel que fue nuestro Hermano Mayor, Rafael Molina Sánchez, más conocido como “Lagartijo” o “Lagartijo el Grande”. En torno a su persona, se registran infinidad de anécdotas, bromas y frases famosas que han permanecido, a lo largo del tiempo, en la mente de nuestros antepasados y que se han ido transmitiendo, de generación en generación, a través de los años. Rara vez, en la actualidad, cuando se sobrepasa el nivel normal de alguna ocurrencia, se le denomina, lagartijá. Para ser sincero hay que confesar que también, esta denominación, lagartijá, además se ha utilizado, sobre todo, para significar una demostración de bondad y generosidad que, de por sí, supera con creces lo encomiable, sin importarle el coste, sobre todo económico, a aquel que toma la iniciativa de tan grande acción. Rafaé, fue el matador de toros más grande de su época, pero sin duda alguna, también quedó recogido, en su persona, la grandeza de su esplendidez que aún más lo acrecentaba.

 

Rafael Molina Sánchez «Lagartijo»

Una breve reseña de su vida

Nació, en el Barrio del Matadero, el 27 de noviembre de 1841. Hijo del banderillero, en su momento novillero, Manuel Molina “Niño Dios” y de María Sánchez Serrano, hija de Rafael Sánchez “Poleo”, torilero en el coso de Los Tejares. Creció como sus dos hermanos, entre la pobreza y las vaquillas, sin aprender a leer. Su hermanos, Manuel y Juan, tuvieron distintas suertes en la práctica del arte de torear. Mientras Manuel, ni con la ayuda de su afamado hermano, consiguió ocupar ningún puesto destacado dentro de la torería; el pequeño, Juan, sí que logró fama como un peón de brega excepcional.

 

Nuestro protagonista, heredó la afición al toreo desde niño. Con nueve años, perteneció a la cuadrilla infantil creada por Antonio Luque y González “Camará”, donde empezó a adentrarse en el oficio taurino. Con quince años se incorporó, a tiempo completo, en la cuadrilla de José Dámaso Rodríguez “Pepete”, manteniéndose en ella hasta el fallecimiento de su matador. Durante esa época, desarrolló un gran conocimiento de las reses bravas, lo que le llevaría a integrarse en la cuadrilla de los hermanos Carmona. En la cuadrilla del famoso Antonio Carmona “Gordito” es en la que más se adiestró, toreando por las plazas de España y Portugal. Tomó la alternativa en Úbeda, el 29 de septiembre de 1865, a manos del mencionado Antonio Carmona, con una ganadería de encaste vazqueño, propiedad de la Marquesa Viuda de Ontiveros.

 

A lo largo de su trayectoria profesional, fue famosa la rivalidad que mantuvo con Salvador Sánchez “Frascuelo”, torero granadino que, en lo mejor de su carrera, no le hacía ascos a torear con el famoso coloso cordobés. También fue famosa la rivalidad que mantuvo con aquel que siempre se consideró su discípulo, Rafael Guerra Bejarano “Guerrita”. Siempre, hasta después de su muerte, “Guerrita” demostraba su admiración inmensa por su maestro sin rival. Los tres, “Lagartijo”, “Frascuelo” y “Guerrita” fueron los artífices de lo que Domingo Delgado de la Cámara, en su libro, Entre Marte y Venus (breve historia crítica del torero), llamó: «la primera revolución del toreo».

 

En estadísticas de la historia taurómaca, queda reflejado que hizo el paseíllo más de 1600 tardes, de las cuales, solamente, en Madrid toreó 421. Lidió y dio muerte a más de 4800 toros (otras fuentes se refieren a más de 5000) y solamente, en cinco o seis ocasiones sufrió percances, siendo estos, la gran mayoría, de forma leve. Hasta 1893, año de su retirada, sus logros y triunfos, siempre aclamados, también estuvieron acompañados de tardes en la que la suerte le daba la espalda, pero su genialidad y su bien hacer siempre quedarán grabadas y escritas con letras de oro en la historia del toreo.

 

Falleció a las cinco de la mañana de un miércoles, 1 de agosto de 1900, aquejado de una grave enfermedad.

 

Túnica de Jesús Caído regalada por «Lagartijo»

Antes de continuar: una historia apócrifa

Me he permitido la licencia de adoptar este adjetivo, apócrifo/-a, en el sentido y significado de «no estar aceptado por el canon». Me he negado a tomarlo en su definición de, falso fingido; aunque también podría haber hecho uso de él en su término de: supuesto, atribuyéndolo como referente a la dudosa autenticidad de su contenido. Para los míos, en casa, siempre ocurrió que, al hablar sobre el túnico del Señor, salía a relucir una versión distinta de la que siempre se ha hablado, se habla y, seguramente, se seguirá hablando. La versión más extendida y conocida, todos la conocemos: “Lagartijo encargó una túnica con el bordado de uno de sus trajes para la imagen de nuestro Señor, en agradecimiento por haber salido ileso de una grave cogida”. Esta versión, entra dentro de la lógica si atendemos al riesgo continuado que, nuestro protagonista, tenía dentro de su profesión. El motivo de tan gran ofrenda, al no haber ningún documento que lo atestigüe, es lo que impide que se pueda demostrar la razón de tan gran ofrenda, al igual que al testimonio de mi versión apócrifa. Lo que sí es real y demostrable, es que, a través, de la donación del «túnico» Rafael dejó patente la inmensa devoción y confianza que tuvo en su «Señó».

 

Siempre se ha hablado de las manías de los toreros y de sus supersticiones. Algunas han sido medianamente comprensibles y otras casi incomprensibles, pero el que se la juega, se siente con el derecho de poder tomarla y de cumplirla. Tienen sus presagios y sus momentos, y en esto del toro, cuando un presagio es malo…: ¡malo!

 

Aquellos que realmente me conocen saben de mi afición al toro. Fue una leche que me dieron a mamar desde mi nacimiento tanto por el lado paterno como del materno ya que, desde generaciones, hubo un vínculo muy estrecho con ese mundo y con la gente del toro. ¡Cuántos recuerdos se me vienen a la cabeza! ¡Cuánto daría por poder volver en el tiempo! Por desgracia, tendré que esperar a revivir aquellos momentos vividos y disfrutados, en aquella etapa de mi vida, con mis seres queridos en cielo, cuando Dios lo disponga.

 

Plaza de San Sebastián. Cartel de la Semana Grande de 1883

De abuelo a nieto: “Mira niño…”

En la gran sala de casa de los abuelos, ubicada en el Nº 17 de la calle Reyes Católicos, aquel que de niño me llevaba, de vez en cuando, a San Cayetano, a ver a su Melenas y sobre todo a su Señora de la Soledad, sentado en su sillón -parece que lo estoy viendo- me contó una historia que, en aquel entonces, yo, no aprecié en su justa medida, seguramente por la edad con la que contaba. No era la primera vez, ni sería la última, que la oía, pero sí era la primera vez que me la contaba a solas:

 

«Mira niño, mi abuelo trabajaba en las maderas de la estación del tren. Dicen que era un buen profesional en lo suyo y siendo de aquí “del barrio” tenía mucha amistad, desde niño, con los Molina, con Rafael, que era algo mayor, pero sobre todo con Juan, que andaban por las mismas quintas. En la pandilla había varios chiquillos y ¡todos querían ser toreros!, jugaban al toro, se metían en el Matadero Viejo a ver las reses y a intentar pegarles unos pases, ¡ya sabes…las cosas que podían hacer, en aquel entonces, los arambeles! Pero con el tiempo, Rafael empezó a tener algún nombre entre la gente del toro, y poquito a poco, y a base de no pocos miedos ¡porque todos tienen miedo!, Rafael llegó a ser quien fue. La cuestión: que un día Juan habló con mi abuelo de parte de su hermano. Le propuso que le hiciera unas banderillas para probarlas, ya que las que le proporcionaban en las plazas no le gustaban porque no se sentía seguro al clavarlas. Las notaba algo enclenques y él quería sentirse más seguro al apoyarse sobre ellas a la hora de clavar, y así poder coger más impulso que le permitiera salir de la cara del toro con más soltura. De modo que ¡así nacieron las famosas banderillas cordobesas, por una propuesta del mismísimo Rafael! Al llevarlas Lagartijo, que al principio se las hacia a él exclusivamente, todos los toreros querían las mismas banderillas que llevaba él y así… hasta hoy.

 

Cuando Rafael y Juan estaban en Córdoba, siempre se reunían con sus amigos, con los de siempre, muchos de ellos piconeros, y se «jartaban de tó». Los dineros de Lagartijo siempre eran los primeros, no había necesidad o desgracia que llegase a sus oídos, en los que él no quitara la penuria. ¡Cuánto ayudó y cuánta misería aplacó!

 

Estaba dispuesto para todo y también -por supuesto- para su «Señó». ¡Ay su Señó, cuántas cosas le contaría en sus visitas! Cuando lo nombraron Hermano Mayor, Lagartijo era de muy pocas letras, casi analfabeto, pero con mucha experiencia, y al igual que hacía en su privacidad, en la hermandad también se rodeó con algunos de “su gente”. A mi abuelo lo metió un tiempo largo en aquella junta de gobierno junto a otros conocidos para que cuidaran de aquello cuando él no estaba. Costeaba de su bolsillo los gastos que originaban aquellas salidas, pagaba las deudas que pudiera haber pendientes, mantenía todos los gastos que se pudieran presentar y, sobre todo, ayudaba mucho a la gente del barrio.

 

Una tarde de calor cordobés, estaban reunidos, seguramente en “La Corsaria”, los amigos. Aquella junta era como otras tantas veces hacían, pero se percataron que Rafael estaba alicaído, parecía preocupado, había algo que no le permitía estar a gusto en su momento de juerga. Hubo un “tiznao”, íntimo suyo, que le preguntó por aquello que le impedía disfrutar:

 

—“Rafaé” ¿qué te pasa?

—“No sé, tengo un no sé qué que no me deja… estoy algo intranquilo, por las noches no descanso. Tengo una «corría» metía en la cabeza que no me gusta, que no me deja… ¡tengo un presagio!”

—¡Pero “amos a ver” Rafaé!... ¿malo?

—Una corría de don Nazario, ¡qué no me la quito de la cabeza…!

 

Nadie lo vio, y nadie puede decir que así fue, pero entre los suyos siempre supusieron que, de aquel mal presagio, y de la gran devoción que le tenía a su Señor, nació una promesa, y que de aquella promesa nació una túnica, ya que no pasó mucho tiempo entre “aquel mal presagio” y el tener el Señor de San Cayetano la famosa túnica de Lagartijo».

 

Detalle del cartel anterior

Internet, un gran invento

Durante un tiempo, y a sabiendas que iba a escribir sobre esta lagartijá, que realmente es una historia apócrifa, estuve buscando cualquier tipo de información que me ayudara a dar más veracidad a ese relato que el abuelo materno me contó. Tenía que buscar sobre unos parámetros de los que no encontraba grandes respuestas. Por supuesto la localidad de la corrida, la desconocía, o si el abuelo la contó, no la recordaba. El año tampoco, aunque tenía que ser anterior al 1884 que es cuando mi Señor Jesús Caído estrena la túnica. Buscaba a nombre de Rafael y la información era muy numerosa; buscaba a nombre de la ganadería y encontraba información, pero ni de una ni de otra forma hallaba lo que quería… Me daba, en cierta manera, miedo escribir sobre algo que no se pudiera defender de alguna forma, no el poder demostrarlo, porque eso es imposible, pero sí justificar que había sido posible esa otra versión de aquella narración. Además, quería encontrar algo que sirviera no simplemente para crear la duda de la certeza, sino que se acercara más a la verdad que a la suspicacia.

 

Primero en mi biblioteca taurina, no encontré ninguna referencia a una corrida que uniese a Lagartijo y a la ganadería de don Nazario. Después, una página web me llevaba a otra, y esa, a otra, y esa otra, a otra… Un maremágnum de páginas y de información que me entretenían, pero nada más, lo que buscaba tampoco, no lo encontraba. Hasta que sin saber cómo ¡zas! encontré el cartel que muestro. Mi Señor Jesús Caído me ayudó: ¡hizo el milagro!: agosto, 1883, Lagartijo y Nazario Carriquiri ¡estaban todos los parámetros! Una pena que sólo haya encontrado el cartel y ninguna referencia de las corridas reseñadas, pero como decía el otro… “menos da una piedra y hace más daño”.

 

Por fin encontré algo que sustentara esta versión. A ciencia cierta sabemos que la túnica, en su confección, no lleva nada, en el bordado, de un traje de torear. Además, también se ha comprobado, que el color original de la misma no era el morado que hoy contemplamos, sino un “rojo cardenal” como han atestiguado profesionales del bordado al revisar las costuras interiores e inferiores que aún mantiene partes de la original. Con este hallazgo, hoy, muchísimos años después, estoy seguro al decir: “abuelo, tienes razón”.


Acta de la Hermandad por la que se nombraba
Hermano Mayor a Rafael Molina «Lagartijo»


Texto publicado en el Boletín oficial de 2025 de la cordobesa Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído, Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad y San Juan de la Cruz.

jueves, 4 de mayo de 2023

MUNDOTORO TELEVISIÓN

Por Antonio Luis Aguilera 

Mundotoro Televisión

    

Terminó la feria de Sevilla, un ciclo de enorme atractivo e interés donde pudieron contemplarse grandes tardes de toros y toreros. Para quienes la seguimos por televisión debutaba «MUNDOTORO TV», una nueva plataforma televisiva que, con su atractiva llegada económica para las empresas de Sevilla y Madrid, había propiciado el cierre de «Canal TOROS de MOVISTAR». El hecho de retransmitir en streaming, a través de Internet, provocó rechazo y preocupación entre la afición, que finalmente hubo de aceptar que era la única solución para continuar estando presente, a través de la televisión, en las grandes ferias y de esta forma seguir el apasionante curso de la temporada,

El debut tuvo lugar el domingo 9 de abril en Sevilla, fecha donde la falta de previsión sorprendió en fuera de juego al nuevo canal televisivo, que en una tarde tan señalada en el calendario de la temporada pegó un sonoro petardo que se escuchó en toda España. Porque en toda España hubo problemas de conexión, siendo miles los abonados que no accedieron a las imágenes que habían suscrito hasta la lidia del cuarto toro de la tarde. Sorpresa mayúscula, estupefacción general, sensación de engaño y nostalgia de la plataforma anterior… La reacción de los responsables fue rápida, pues al día siguiente se ofreció a los perjudicados rescindir el contrato o ser indemnizados con una mensualidad gratis. Y lo que es mejor, las retransmisiones empezaron a ganar en calidad de visualización, aunque es cierto que todavía faltan por ajustar algunos instantes donde las imágenes se detienen, mientras un círculo gira como una noria indicando que se produce fallo de la conexión.

En cuanto a la retransmisión en sí, el cambio del equipo de locución ha sido notable, pues si bien se mantiene el esquema aplicado en la plataforma anterior, que trata de armonizar el hilo conductor mantenido por el periodista David Casas, comentarista principal, con las intervenciones de un matador de toros, Fernando Cepeda o Eduardo Dávila Miura, y del aficionado Domingo Delgado de la Cámara, opinamos que en esta parcela hay bastante que mejorar. 

La prudencia en los comentarios que se observaba en la anterior plataforma queda lejos de la pretensión del señor Delgado, empeñado en impartir cada tarde un curso intensivo de Tauromaquia de una densidad poco digerible, recordando aquellos momentos que de niños vivimos en la escuela, donde nunca  faltaba el nene de la mano levantada, anhelando dar respuesta a todas las preguntas de la señorita. No debe olvidarse que «Mundotoro Tv» es un canal para aficionados a los toros, y la mayoría, salvo recordarle fechas o hechos puntuales, tiene conocimientos suficientes para seguir la corrida con las palabras precisas, como se sigue el festejo en la propia plaza, para que cada tarde de corrida no se tengan que acordar de aquel niño de la clase de infantil.

En cuanto a los matadores de toros que han intervenido, destaca la participación de Fernando Cepeda, que con prudencia y conocimientos no solo ha estado oportuno en sus juicios y comentarios, sino que ha brillado cuando ha sabido corregir al señor Delgado en temas tan delicados como difíciles de probar, cuando en sus juicios censuraba corridas  con toros sospechosos de pitones o demasiado astigordos. Con buen criterio, el maestro Cepeda mostraba su desacuerdo y pedía no sembrar confusión con comentarios de sospechas injustificadas. 

Deseamos que la nueva oferta televisiva continue con la calidad de realización mostrada durante el ciclo abrileño, y se cuiden todos los aspectos técnicos que sean mejorables e inciden de forma determinante en la calidad de las retransmisiones.

martes, 18 de junio de 2019

JUAN ORTEGA PIDE SU SITIO EN EL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera
Juan Ortega visto por el pintor Tico de la Rosa
Hubo toreros que sin llegar a ser figuras del toreo, por el concepto y belleza de su expresión artística, dejaron una huella indeleble entre quienes lo fueron y bebieron de sus fuentes. Sucedió, por ejemplo, con el novillero sevillano de los años cincuenta Antonio Gallardo, a quien el mismísimo Juan Belmonte pedía que lo anunciaran en la Maestranza para verlo torear a la verónica. El mismo a quien Curro Romero cita cuando se refiere a los grandes artífices del toreo a la verónica, como uno de los que se fijó en sus comienzos para expresarla. Antonio Gallardo no fue conocido por el gran público y el Cossío lo despacha pronto, lo que no quita que entre los profesionales del toreo y buenos aficionados de Sevilla su lance a la verónica cobrara veneración y se fuera transmitiendo a las nuevas generaciones, para que admirasen las pocas fotos de este sencillo pero magnífico torero.
Antonio Gallardo torea a la verónica en la Maestranza. Foto Arjona
Sacamos a colación a Antonio Gallardo por cierta similitud con otro magnífico torero sevillano, a quien el sistema que controla los entresijos del toreo ignora de forma injusta. Se llama Juan Ortega, nació en Triana, y aún no le han ofrecido la oportunidad de realizar su presentación como matador de toros en la Maestranza, a pesar de que en septiembre se cumplirá un lustro de su alternativa en la plaza de Pozoblanco. Juan Ortega no tiene ningún Belmonte que interceda para que lo anuncien en el coso del Baratillo. Y como los comisionistas que regentan el toreo son tan malos aficionados, lo ignoran, les importa poco que se aburra en su lucha, cuanto menos les moleste, mejor. A ellos les suenan a música celestial los ecos de ese joven espada del que dicen que expresa el toreo como solo lo hacen los elegidos. Y como los malos cocineros repiten en los carteles rancios menús de toreros caducos, cortados todos por el mismo patrón, violentos en el uso de los trastos, vistos feria tras feria y que no despiertan la menor ilusión entre la afición. El mismo sofrito malo de te pongo al tuyo y tú me pones al mío. 
Juan Ortega meciendo la verónica en Málaga. Foto Fidel Arroyo
El Domingo de Resurrección anunciaron a Juan Ortega en Madrid después de su reveladora actuación el día de la Virgen de la Paloma, cuando presentó ante la capital del reino sus elegantes credenciales y cortó una oreja. Y en una tarde antitaurina por ventosa y fría, el torero de Sevilla impresionó a la exigente afición de Las Ventas al ralentizar el toreo encadenando portentosas verónicas de manos bajas, mecidas con un capotillo que llevaba aromas de Triana e imponía un ritmo más lento a la embestida del noble ejemplar de la ganadería de El Torero, una velocidad menos a la que embrocaba, para llevarlo embebido en el vuelo de la tela acariciando su embestida con suavidad de terciopelo gracias a un temple superior, que lo conducía hacia detrás tan despacio y armoniosamente que en esos instantes eternos cristalizaron en el ruedo carteles de lances de la más profunda y pura torería.  
Juan Ortega el Domingo de Resurrección. Foto Rafael Villar
Madrid rugió de inmediato, la afición se levantó de los asientos sorprendida por esa luz cegadora que desde el ruedo relampagueaba iluminando los tendidos en la nublada tarde. Cómo sería que, cautivada por el hallazgo del mejor toreo a la verónica, ni protestó algunas claudicaciones del toro, procurando que sus contadas pero enclasadas embestidas permitieran entonar el cante a aquella pequeña muleta que ofrecía el sevillano -bien colocado, encajado, con las zapatillas enterradas, ofreciendo planchada la tela y conduciendo el viaje en rectitud, sin echarlo para afuera-, quien al expresarlo también erigió un monumento al pase natural, toreando con idéntico temple portentoso y sintiendo la suerte con el brazo desmayado y la muñeca rota, como expresando la liberación de un quejido del alma mientras apuraba con pulso sereno un toreo excepcional.  
Juan Ortega. Foto Plaza1
Le quedaba otra cita el 16 de mayo, en su incomprensible única actuación en el larguísimo ciclo de San Isidro, donde tuvo el infortunio de vivir una tarde imposible para el toreo, propia de suspensión por el vendaval que azotaba Madrid con rachas de viento de cincuenta kilómetros por hora, que llegó a levantar por completo el capote por encima de la montera al recibir al segundo de su lote dejándolo indefeso. Y para rizar el rizo, en el ruedo polvoriento una descastada e infumable corrida de Valdefresno. Juan Ortega, cuando el viento lo permitió, solo pudo mostrar detalles de su torería, como el bello macheteo con que gobernó  a su segundo morucho. ¿Y después qué...? Pues después, el sistema que maneja el toreo debió responsabilizarlo del viento y de los arreones de los moruchos, y volvió a ignorarlo en los carteles de las ferias que iban tomando cuerpo. Como si nada importante hubiera pasado. Pero sí pasó, como escribió el respetado crítico Ignacio Álvarez Vara Barquerito en la crónica de ese día: De su brusco fondo dio cuenta con particular primor Juan Ortega en una faena de rico encaje, suavidad distinguida, asiento impecable y composición nada común. Tres tandas en redondo bastaron para dejar sello y huella a pesar de que, implacable, el viento se metió por donde y cuanto pudo. El manejo de avíos de Ortega llama la atención. Su colocación y postura natural también. La armonía toreando. Solo que protestó el toro antes de venirse abajo. Tras una estocada contraria, tres descabellos. Pareció que no había pasado nada. Pero pasó. Y volvió a pasar cuando, con decoro refinado, resolvió la papeleta del quinto, el peor de la corrida”.
Toreo por bajo de Juan Ortega el 15/8/2018. Foto Plaza1
El toreo no puede permitirse el lujo de ignorar a un espada como el de Triana, que maneja los engaños sin mentir con un temple nada común, sabe expresar el toreo con una belleza excepcional y se va derecho detrás de la espada. Al juzgar su tarde de Resurrección en Madrid el comentarista Domingo Delgado de la Cámara, lo comparó con toreros históricos como Curro Puya o Cagancho, y la periodista Rosario Pérez no tuvo reparos al titular así la crónica de ABC: "Juan Ortega y unas verónicas para resucitar a los muertos". Damos fe que aquella tarde los aficionados que sienten el toreo abandonaron la plaza impresionados por la inmensa capacidad del diestro sevillano. 
Pero en la Fiesta ya no existe el romanticismo. No quedan apoderados ni empresarios que valoren estos milagros -¿o no es un milagro ser un torero así hoy  día?-, y quienes manejan hasta la calderilla del negocio, los comisionistas que llevan plazas, toreros y ganaderías, e imponen favores, intercambios y recomendaciones, no escuchan a la afición y hacen oídos sordos cuando se habla que es necesario renovar el escalafón con toreros que sepan expresar el toreo. Por el bien de este arte es necesario abrir los carteles y retirar de las ferias a tanto torero caduco al que los comisionistas prolongan la agonía profesional. Junto a las figuras hay que dar sitio a toreros emergentes como Juan Ortega, para que cuando pasen los años no se les recuerde como a Antonio Gallardo, añorando a un magnífico intérprete del toreo al que aburrió el sistema, sino como un torero que pudo expresar las maravillosas cualidades que atesoraba cuando le ofrecieron ocasión de hacerlo. La Fiesta no está sobrada de toreros que sequen las gargantas, pongan el vello de punta y humedezcan los ojos a quienes admiran su arte. De esos pocos elegidos por el cielo que son capaces de devolver la ilusión por el toreo eterno.

IMÁGENES DE LA ACTUACIÓN DE JUAN ORTEGA. PROGRAMA TENDIDO CERO DE RTVE