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sábado, 3 de febrero de 2024

JUAN ORTEGA VUELVE A MÉXICO

Por Manolo Castilla

Juan Ortega mece la verónica en Sevilla. Foto Arjona


Desde Holanda el buen amigo y gran aficionado mexicano Manolo Castilla nos envía este emocionado texto para su publicación, dedicado al matador de toros Juan Ortega con motivo de su regreso esta tarde a los ruedos de México.

 

Después de 1756 días o 4 años, 9 meses, 20 días y más una docena de faenas de culto Juan Ortega vuelve a México en plan de artista para encontrarse con el toro mexicano y su afición.

Hoy hará el paseíllo en “La Luz” de León, Guanajuato un torero sevillano, especial, de corte clásico, autentico, puro, torero de culto, torero de toreros, que su concepto encaja con la templada embestida del toro mexicano misma con la que llevarían su tauromaquia Joaquín Rodríguez Ortega "Cagancho", Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" y Paco Camino Sánchez a su máxima expresión de belleza, sentimiento, temple, suavidad, profundidad, técnica, empaque, poder y dominio entregados ante una afición -mexicana- que disfrutó de su toreo de oro haciendo de éstos los más grandes ídolos toreros españoles queridos por la afición mexicana. 

Ese es el sitio donde pertenece y hacia dónde va el toreo de Juan Ortega.

Ortega acaricia el lance en Ronda. Foto Arjona

El Hilo del Toreo vuelve a encontrarse ahora en tierra de don Rodolfo Gaona “El Califa de León” y de la dinastía Silveti, una de mayor abolengo, riqueza e historia taurina para partir plaza junto a Diego Silveti y Joselito Adame con toros De la Mora; al aficionado mexicano le confesamos y sugerimos no perder la oportunidad de ver a un torero único e inigualable, al que basta con verle hacer el paseíllo, moverse con cadencia por el ruedo o encajar la barbilla al pecho para con suavidad en dedos y muñecas pegar unas verónicas -¡Orteguistas!- y quedar completamente extasiado!

Para aquellos aficionados, llamémosles "Orteguistas", que se multiplican cada tarde que su torero firma una obra de arte en toreo de magia y seducción, conocen y reconocen una evolución, diríamos más bien revolución (¡el que mejor y más despacio torea de todo el escalafón, en frase de mi amigo Antonio Aguilera!) y reencarnación (¡Juan -de Belmonte- y -JoselitoOrtega!) en su toreo, en su figura, pose y expresión cuyo reflejo y fuente de inspiración (¡hilo del toreo!) bebe de los más grandes bohemios de la historia de la tauromaquia: CaganchoCurro PuyaSernaRomeroPaula y que nos hace viajar en tiempo cada tarde que viste el traje de luces o azabache al hacer el paseíllo.

Toreo de seda con las yemas de los dedos. Foto Arjona

La tarde de hoy será apenas su cuarta actuación en México y primera desde que se presentó en tierra de otra leyenda mexicana Silverio Pérez, en Texcoco, Estado de México, ante un serio y fuerte encierro de la legendaria ganadería de Pastejé, misma con la que el “Faraón de Texcoco” hiciera una faena de culto al inmortalizar al toro “Tanguito” hace 80 años (31.01.1943) en el Toreo de la Condesa; pero aquella actuación en Domingo de Ramos fue más bien un preámbulo a su temporada que arrancaría 7 días más tarde en Las Ventas de Madrid, dónde escribiría el periodista Gonzalo I. Bienvenida "El talento de Juan Ortega cala en Madrid... Una faena de otra época llenó de argumentos la peregrinación sevillana. Juan Ortega resucitó el toreo olvidado de capote. Toreó a la verónica reunido, despacio y con ritmo. No le importó el viento, tampoco el gesto encampanado del segundo de El Torero. Meció el capote con suavidad y remató con una media preciosa que calcaría en dos ocasiones más. Madrid rugió desde el principio...,” sobre su actuación.

La temporada 2019 Juan Ortega acabaría con 12 festejos y empezaría una revolución (artística) implantada a través de su arte, personalidad y única forma de ver, entender e interpretar el toreo, o que es lo mismo: “el Torero que mejor y más despacio torea de todo el escalafón”.

Inspiración, sentimiento y profundidad. Foto Arjona

El “Hilo del Toreo” llega a tierra de don Rodolfo Gaona “Califa de León”, el Indio Grande y “Petronio de los Ruedos” cercano al cumplirse el centenario de su despedida (12.04.1925). 

Juan Ortega vuelve a México para fundirse en tierra Azteca eternamente ligada a las entrañas por su aportación taurina, riqueza cultural e idiosincrasia, por su independencia, por su historia, plazas de toros, afición, y por su toro fuente, pilar y bastión para grandes artistas y en general para el toreo universal como lo fue, por ejemplo, para Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo" (éste, por su descubrimiento ante “Dentista y “Lapicero”) y, más recientemente, en menor rango a Pedro Gutiérrez Moya "Niño de la Capea", Enrique Ponce y Julián López "Juli", dejando aparte en otra órbita a José Tomás simplemente porqué es ¡José Tomas!, quién no por nada tuviera una alternativa mexicana con el toro “Mariachi” de Xajay (10.12.1995) en la misma Plaza México.

¡Un torero distinto a todos! Foto Arjona

Juan Ortega vuelve a México para encontrar aún más inspiración y profundidad en su toreo, sumergido en campo bravo mexicano, encontrando en sus raíces la expresión y sentimiento de la escuela mexicana del toreo, a través de su toro, misma que empieza con don Rodolfo pasando por Ortiz, Balderas, El Soldado, Garza, Silverio, Ranchero, Callao, Procuna, Capetillo, Manolo, Mariano, Eloy, Miguel, Jorge, David y, muchos más, hasta llegar al mismo Pana más recientemente, pero esa historia del hilo del toreo mexicano merece una entrada aparte y mención especial.


Manolo Castilla


 

Cartel - sábado 3 febrero 2024

Localidad: León, Guanajuato, México

Plaza de toros: "La Luz"

Inauguración: 16 septiembre 1961

Cartel: Manuel Capetillo, Juan Silveti, Felipe Rosas

Toros: Valparaíso

Propiedad: Espectáculos Taurinos de México (ETMSA)

León de los Aldama, conocida como León, es capital del estado de Guanajuato ubicada en el centro de la República Mexicana fundada un 20 de enero de 1576 por Martín Enríquez de Almansa cuenta con un total de 46 municipios es el sexto estado con más población del país

 

JOSELITO ADAME

Alternativa: 7 septiembre 2007

Lugar: Arles, Francia

Padrino: Julián López "El Juli"

Testigo: Juan Bautista

Ganadería: Antonio Bañuelos

Toro: "Magnífico"

 

DIEGO SILVETI

Alternativa: 12 agosto 2011

Lugar: Gijón, España

Padrino: José Tomás

Testigo: Alejandro Talavante

Ganadería: Salvador Domecq

Toro: "Lisonjero"

 

JUAN ORTEGA

Alternativa: 27 septiembre 2014

Lugar: Pozoblanco, Córdoba, España

Padrino: Enrique Ponce

Testigo: José María Manzanares

Ganadería: Zalduendo

Toro: “Amante”



jueves, 25 de noviembre de 2021

JOSELITO Y CORROCHANO: «EL PACTO DE LA ESTRECHA»

Por Antonio Luis Aguilera

El dominio de Joselito. Foto Serrano

El pasado mes de octubre fallecía en Madrid a los 89 años de edad Gonzalo Sánchez Conde, conocido en el mundo taurino por Gonzalito, descubridor de toreros como Víctor Mendes o El Cid, y mozo de espadas y hombre de confianza durante tres décadas de Curro Romero. Este andaluz de Gibraleón (Huelva), hombre afable y ameno, gran conversador sobre ese mundillo que tan bien conocía, contaba entre sus muchas anécdotas una que no es conocida por la afición: la causa de la estancia en Tánger de Gregorio Corrochano, crítico taurino del diario ABC.

Gregorio Corrochano

Manifestaba Gonzalito que entre los toreros a los que don Gregorio «zurraba la badana» estaba el malogrado espada valenciano Manolo Granero. En un encuentro del matador con el obispo de la ciudad del Turia, ante la extrañeza de la autoridad eclesiástica sobre la inquina que intuía en los afilados comentarios del redactor taurino, fue interpelado por la razón de esta, a lo que el torero contestó que él no se plegaba a ciertas pretensiones. El señor obispo, aficionado y seguidor del torero, elevó su queja e informó de la conversación a la dirección de ABC, que destinó temporalmente al cronista a Tánger como corresponsal de guerra. Sea como fuere, lo cierto y verdad es que el periodista dejó de escribir crónicas taurinas el 23 de julio de 1921 y marchó a Marruecos como corresponsal de guerra, retornando a la información taurina de ABC el 25 de octubre de 1922 (Manuel Granero fue corneado mortalmente en Madrid por el toro Pocapena, del Duque de Veragua, el 7 de mayo de 1922, cuando contaba veinte años de edad).

Excelente par de banderillas de Joselito en Madrid

Llama la atención de don Gregorio Corrochano, pródigo por su fecunda obra taurina en la tribuna más influyente de España —no menos pródiga en subjetividad y dogmatismo—, que durante su ejercicio en la crítica se posicionara contra tres toreros que resultaron determinantes en la Tauromaquia: Joselito, Chicuelo y Manolete, ni más ni menos que la terna que configura la columna vertebral del toreo moderno: el ligado en redondo, el sistema técnico que desde los años cuarenta del siglo XX sería adoptado definitivamente por la inmensa mayoría de los toreros para manifestar su arte. Podría decirse que los tuvo ante sus ojos, los miró y no los supo ver. No entendió su dimensión histórica. 

Bastantes años después de la muerte de José en Talavera, a modo de homenaje —eso sí, compartido—, escribiría el libro «Qué es torear. Introducción a las tauromaquias de Joselito, El Gallo y Domingo Ortega (1953)». También, ante la cogida mortal de Manolete solicitaría la gran Cruz de Beneficencia para el torero al que había llamado ventajista por torear de perfil, en clara insinuación de cobardía. Anteriormente, al gran Chicuelo, creador de la faena moderna, lo había envuelto en el papel de regalo de una chicuelina con el rótulo de fino torero sevillano. Inevitablemente hemos de recordar la acertada reflexión del gran pensador del toreo José Alameda: «¿Por qué en la historia se establecen dogmas? La historia no los establece. Los crean algunos críticos y, lo que es más grave, algunos profetas».

Plaza de toros Monumental de Sevilla

La ácida campaña contra Joselito se recrudeció desde la poderosa tribuna taurina de don Gregorio en 1919. Las aguas bajaban turbias desde la construcción de la plaza de toros Monumental de Sevilla, cuando la ciudad tenía su coso de ilustre abolengo, y la familia Luca de Tena, propietaria del diario ABC, mantenía estrechos lazos con los miembros de la Real Maestranza, que no veían con agrado la puesta en escena de otro palenque taurino que les hiciera la competencia. Así las cosas, influenciado o no por la dirección del periódico, Corrochano se posicionó abiertamente contra el espada sevillano, entusiasmado con el proyecto de levantar plazas de toros monumentales en España, para aumentar la capacidad de los recintos, y facilitar el acceso a las localidades baratas del público con escasos recursos económicos.

Gracias a la brillante idea de Joselito aún celebran corridas las plazas de Madrid o Pamplona —esta última réplica de la hispalense—. La plaza Monumental de Sevilla, con capacidad para 23.055 espectadores, fue inaugurada el 6 de junio de 1918 en terrenos de la zona de Nervión, clausurada el 8 de abril de 1921, tras la muete del torero, y derribada definitivamente en 1930. El Gobierno Civil firmaría la sentencia de una condena impuesta desde que fue proyectada. Después de tres años de competencia de ambos cosos, Sevilla recuperaba la normalidad con su plaza, la Real Maestranza, por la que había tomado partido don Gregorio cuando en ambas se celebraban funciones taurinas: «La Maestranza tiene la lozanía de una mujer joven; la Monumental es una jamona; guapa pero una jamona».

Desplante de Joselito en la plaza Monumental de Sevilla

La relación entre el influyente crítico y el grandioso torero era demasiado tensa. A Joselito le quitaba el sueño un acoso que consideraba tremendamente cruel e injusto, mientras desde su pedestal Corrochano no tuvo reparos en atacar al torero por todos los frentes, incluso aquellos que trascendían de la narración de los hechos en los ruedos, al insinuar la manipulación fraudulenta de los pitones de los toros en el cajón de curas del embarcadero ferroviario de «Los Merinales», o airear la tristeza que embargaba al joven diestro ante su amor imposible con Guadalupe de Pablo Romero, hija del famoso ganadero, quien se oponía a esta relación.

En la magnífica obra del periodista Paco Aguado «Joselito El Gallo, rey de los toreros» (publicada por Espasa Calpe en 1999, y reeditada por Editorial El Paseo en 2020), se cuenta que el cronista Don Justo reveló a finales de 1920 en la revista taurina The Times, la conversación íntima que mantuvo con el torero, cuando indignado por la despectiva crónica de Corrochano «Joselito torea en el patio de su casa», de la última corrida de la feria de San Miguel de Sevilla, le dijo:

 «—Es que es insaciable, ¡insaciable! —se quejaba José—. ¡Qué mala persona es ese hombre, Don Justo, qué mala persona!

—¿Pero no le has hecho muchos favores?

—Muchos, pero le vuelvo a decir que es insaciable. Yo no me merezco que me trate así. Ese hombre es mi sombra negra, me quita el sueño (…) No sé lo que quiere, pero le vamos a quitar la cabeza Don Justo».

Natural de Joselito en Barcelona. Foto Mateo

Tratando de reconducir la insostenible relación Ignacio Sánchez Mejías, matador de toros y cuñado de Joselito, propició un acercamiento entre el crítico y el torero para firmar la paz, encuentro que se conoce como el «Pacto de la Estrecha», porque tuvo lugar en el restaurante de este nombre, ubicado en la calle Mayor de Madrid, donde en un almuerzo José llegó al acuerdo de actuar por 5.000 pesetas —la mitad de sus honorarios por tarde— en la fatídica corrida del 16 de mayo de 1920 en Talavera de la Reina, localidad natal del crítico, organizada por unos familiares de este, y donde desgraciadamente  hallaría la muerte en las astas de Bailaor, de la ganadería de la Viuda de Ortega, que era doña María Josefa Corrochano, tía de don Gregorio, en un festejo que organizaba su hijo Venancio, propietario de la plaza.

No cabe la menor duda de que el destino de las personas no está en manos de los hombres, pero resulta penoso recordar que Joselito decidiera ir a torear a Talavera de la Reina para poner fin a un hostigamiento cruel e injusto, a un acoso periodístico que lamentable y accidentalmente acabó en fatal derribo, en el insospechado final de uno de los toreros determinantes y más importantes de la historia.

TEXTO RELACIONADO: VENCIDOS POR LA VIDA.

lunes, 1 de noviembre de 2021

TOREAR DESPACIO: UN DON DE PRIVILEGIADOS

Por Antonio Luis Aguilera

«El temple somete y el sometimiento ralentiza la embestida». Foto Plaza1

«El temple somete y el sometimiento ralentiza la embestida». Son palabras del torero que más despacio he visto torear en mi vida: Juan Ortega.

Hacer despacio el toreo de verdad es lo más difícil en el trance de pasarse por la faja a un toro bravo. Requiere una fuerza interior, un don especial que sostenga la calma para mantener la pureza del compromiso sin recurrir a los alivios técnicos, a esas ventajas que ofrece el conocimiento del oficio y permiten aligerar el riesgo, las mismas que son válidas cuando permiten resolver situaciones comprometidas de la lidia ante la peligrosidad del animal, pero que últimamente son comunes en los ruedos ante cualquier res, hasta el punto de que el público no muy entendido las acepta como normales. Verbigracia, colocarse por fuera y aprovechar la inercia del animal para meter el pico de la muleta en el pitón contrario y aligerar el pase con impostada elegancia fotogénica, o torear en oblicuo echando hacia afuera la embestida.

Torear encajado de verdad, con la pureza y el clasicismo que lo hace Juan Ortega es engrandecer el arte del toreo, elevarlo a un estado superior; es exaltar el efímero e inolvidable encuentro donde se ofrece la vida para crear una obra que exige entrega absoluta desde la colocación en la suerte, así como calma interior para afrontar la angustia del riesgo al enganchar al toro y someter la embestida pulseando el suave vuelo de las telas, que terminan por imponer otra velocidad, otro ímpetu al mostrado en las primeras acometidas, graduando su celeridad con ese toreo de seda que nace de un encuentro sin violencia, despacioso, de imágenes a cámara lenta. Atesorar la gracia para hacer inmenso el toreo, con esa cualidad que no parece humana, es un don que solo han tenido algunos privilegiados en la historia, esos elegidos que recibieron «las bolitas» que según Rafael de Paula mandan desde el cielo al nacer. 

Juan Ortega, encajado de verdad, torea al natural en Sevilla.
Foto Emilio Méndez (Cultoro)

Pronto vio la afición de Madrid las cualidades de Juan Ortega, torero al que ha respetado y esperado desde su revelación en el ruedo venteño el 15 de agosto de 2018, adelantándose incluso a la hispalense, que por la «sensibilidad» de su empresario hubo de aguardar media docena de años, más otro por el maldito Covid, para verlo en su albero como matador de toros. Un largo y duro camino desde la tarde de la alternativa en Pozoblanco, sin que los grandes comisionistas del toreo dieran opciones a las cualidades que después, gracias a dos empresarios modestos, Juan Reverte y Alberto Garcíaiban a maravillar al orbe taurino al ser televisadas por Canal Toros de Movistar, que actuó como notario para dar fe de la epifanía de Linares ante el enclasado Nardito de Parladé, amenizada con las notas del pasodoble Manolete, y fechas después en la plaza de Jaén de la que fue considerada la faena del año, ante el exigente Basurilla del hierro de Victoriano del Río.

Entre la tristeza por la pandemia llegaba un canto a la esperanza por aquella bocanada de pureza, sensibilidad y excelencia del toreo. Tras desbrozar un espinoso camino sacando fuerza de flaqueza, el primer gran éxito de Juan Ortega fue creer en sus cualidades sin que «el sistema» lograra aburrirlo, y tener la certeza de que debía estar preparado para el día que la «suerte» apareciera por la puerta de chiqueros vestida de negro con dos pitones en el testuz. Cuando por fin le vimos «cambiar la moneda» y expresar el toreo clásico tan despacio, llevando la ilusión a los aficionados, recordamos una frase con aires de sentencia pronunciada por Curro Romero: «¡Qué difícil es comer despacio cuando se tiene mucha hambre!».

ENLACE RECOMENDADO: CRÓNICA DE VICENTE ZABALA PUBLICADA EN EL DIARIO «EL MUNDO» E IMÁGENES DEL CANAL TOROS DE MOVISTAR EDITADOS EN EL BLOG «LA RAZÓN INCORPÓREA» de JOSÉ MORENTE.

martes, 8 de junio de 2021

GARZÓN APUESTA POR LOS AFICIONADOS

Por Antonio Luis Aguilera

Cartel de la corrida de Morón de la Frontera
 

José María Garzón ha vuelto a confeccionar un espectáculo de los que pone de acuerdo a los aficionados, programando para el viernes 18 de junio una atractiva corrida en la plaza de Morón de la Frontera (Sevilla), donde se jugarán toros de las divisas de Murube y Juan Pedro Domecq, por el riojano Diego Urdiales y los sevillanos Juan Ortega y Pablo Aguado, terna que por concepto, temple y acento personal la afición anhelaba ver reunida en un cartel. 

Presidido por una fotografía del legendario Curro Romero, para que no haya dudas de que se trata de una corrida de marcada inclinación artística, Garzón ofrece un cartel de auténtica categoría, válido para cualquier feria importante si se hicieran las cosas como se tendrían que hacer, es decir, pensando en la afición, la que sufraga el espectáculo pagando en taquilla, aunque hace tiempo que los comisionistas que surcan los oscuros mares del toreo le perdieron el respeto, y en lugar de ofrecerle menús de su gusto, acordes al elevado precio de las entradas, le impusieron el plato de lentejas programando rancias combinaciones de sus representados, en un intercambio de espadas amortizados por vistos o caducos, que como los malos sofritos se repiten cansinamente por los ruedos de la antigua Iberia.

Por el bien del toreo anhelamos que la corrida anunciada en Morón de la Frontera culmine con éxito, con el triunfo que merece el loable gesto de apostar por la afición, por ofrecerle lo que de verdad quieren ver los catadores del buen toreo clásico y templado, ese que por la verdad y belleza de su expresión emociona y hace que salgan de las plazas locos de contentos si los espadas se acoplan con los toros. Otro paso firme en la valiente y brillante gestión empresarial de José María Garzón, que sigue haciendo camino al andar en su apuesta por el toreo, mientras quienes lo pusieron como un trapo el pasado año, los altos cargos del sindicato de empresarios —que aún no se han disculpado de esas acusaciones que fueron desmontadas por la Unidad de Policia Nacional de la Junta de Andalucía por la corrida de El Puerto de Santa María—, ni dieron toros en 2020 ni se han estrenado en 2021.  «Obras son amores, y no buenas razones».

martes, 18 de junio de 2019

JUAN ORTEGA PIDE SU SITIO EN EL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera
Juan Ortega visto por el pintor Tico de la Rosa
Hubo toreros que sin llegar a ser figuras del toreo, por el concepto y belleza de su expresión artística, dejaron una huella indeleble entre quienes lo fueron y bebieron de sus fuentes. Sucedió, por ejemplo, con el novillero sevillano de los años cincuenta Antonio Gallardo, a quien el mismísimo Juan Belmonte pedía que lo anunciaran en la Maestranza para verlo torear a la verónica. El mismo a quien Curro Romero cita cuando se refiere a los grandes artífices del toreo a la verónica, como uno de los que se fijó en sus comienzos para expresarla. Antonio Gallardo no fue conocido por el gran público y el Cossío lo despacha pronto, lo que no quita que entre los profesionales del toreo y buenos aficionados de Sevilla su lance a la verónica cobrara veneración y se fuera transmitiendo a las nuevas generaciones, para que admirasen las pocas fotos de este sencillo pero magnífico torero.
Antonio Gallardo torea a la verónica en la Maestranza. Foto Arjona
Sacamos a colación a Antonio Gallardo por cierta similitud con otro magnífico torero sevillano, a quien el sistema que controla los entresijos del toreo ignora de forma injusta. Se llama Juan Ortega, nació en Triana, y aún no le han ofrecido la oportunidad de realizar su presentación como matador de toros en la Maestranza, a pesar de que en septiembre se cumplirá un lustro de su alternativa en la plaza de Pozoblanco. Juan Ortega no tiene ningún Belmonte que interceda para que lo anuncien en el coso del Baratillo. Y como los comisionistas que regentan el toreo son tan malos aficionados, lo ignoran, les importa poco que se aburra en su lucha, cuanto menos les moleste, mejor. A ellos les suenan a música celestial los ecos de ese joven espada del que dicen que expresa el toreo como solo lo hacen los elegidos. Y como los malos cocineros repiten en los carteles rancios menús de toreros caducos, cortados todos por el mismo patrón, violentos en el uso de los trastos, vistos feria tras feria y que no despiertan la menor ilusión entre la afición. El mismo sofrito malo de te pongo al tuyo y tú me pones al mío. 
Juan Ortega meciendo la verónica en Málaga. Foto Fidel Arroyo
El Domingo de Resurrección anunciaron a Juan Ortega en Madrid después de su reveladora actuación el día de la Virgen de la Paloma, cuando presentó ante la capital del reino sus elegantes credenciales y cortó una oreja. Y en una tarde antitaurina por ventosa y fría, el torero de Sevilla impresionó a la exigente afición de Las Ventas al ralentizar el toreo encadenando portentosas verónicas de manos bajas, mecidas con un capotillo que llevaba aromas de Triana e imponía un ritmo más lento a la embestida del noble ejemplar de la ganadería de El Torero, una velocidad menos a la que embrocaba, para llevarlo embebido en el vuelo de la tela acariciando su embestida con suavidad de terciopelo gracias a un temple superior, que lo conducía hacia detrás tan despacio y armoniosamente que en esos instantes eternos cristalizaron en el ruedo carteles de lances de la más profunda y pura torería.  
Juan Ortega el Domingo de Resurrección. Foto Rafael Villar
Madrid rugió de inmediato, la afición se levantó de los asientos sorprendida por esa luz cegadora que desde el ruedo relampagueaba iluminando los tendidos en la nublada tarde. Cómo sería que, cautivada por el hallazgo del mejor toreo a la verónica, ni protestó algunas claudicaciones del toro, procurando que sus contadas pero enclasadas embestidas permitieran entonar el cante a aquella pequeña muleta que ofrecía el sevillano -bien colocado, encajado, con las zapatillas enterradas, ofreciendo planchada la tela y conduciendo el viaje en rectitud, sin echarlo para afuera-, quien al expresarlo también erigió un monumento al pase natural, toreando con idéntico temple portentoso y sintiendo la suerte con el brazo desmayado y la muñeca rota, como expresando la liberación de un quejido del alma mientras apuraba con pulso sereno un toreo excepcional.  
Juan Ortega. Foto Plaza1
Le quedaba otra cita el 16 de mayo, en su incomprensible única actuación en el larguísimo ciclo de San Isidro, donde tuvo el infortunio de vivir una tarde imposible para el toreo, propia de suspensión por el vendaval que azotaba Madrid con rachas de viento de cincuenta kilómetros por hora, que llegó a levantar por completo el capote por encima de la montera al recibir al segundo de su lote dejándolo indefeso. Y para rizar el rizo, en el ruedo polvoriento una descastada e infumable corrida de Valdefresno. Juan Ortega, cuando el viento lo permitió, solo pudo mostrar detalles de su torería, como el bello macheteo con que gobernó  a su segundo morucho. ¿Y después qué...? Pues después, el sistema que maneja el toreo debió responsabilizarlo del viento y de los arreones de los moruchos, y volvió a ignorarlo en los carteles de las ferias que iban tomando cuerpo. Como si nada importante hubiera pasado. Pero sí pasó, como escribió el respetado crítico Ignacio Álvarez Vara Barquerito en la crónica de ese día: De su brusco fondo dio cuenta con particular primor Juan Ortega en una faena de rico encaje, suavidad distinguida, asiento impecable y composición nada común. Tres tandas en redondo bastaron para dejar sello y huella a pesar de que, implacable, el viento se metió por donde y cuanto pudo. El manejo de avíos de Ortega llama la atención. Su colocación y postura natural también. La armonía toreando. Solo que protestó el toro antes de venirse abajo. Tras una estocada contraria, tres descabellos. Pareció que no había pasado nada. Pero pasó. Y volvió a pasar cuando, con decoro refinado, resolvió la papeleta del quinto, el peor de la corrida”.
Toreo por bajo de Juan Ortega el 15/8/2018. Foto Plaza1
El toreo no puede permitirse el lujo de ignorar a un espada como el de Triana, que maneja los engaños sin mentir con un temple nada común, sabe expresar el toreo con una belleza excepcional y se va derecho detrás de la espada. Al juzgar su tarde de Resurrección en Madrid el comentarista Domingo Delgado de la Cámara, lo comparó con toreros históricos como Curro Puya o Cagancho, y la periodista Rosario Pérez no tuvo reparos al titular así la crónica de ABC: "Juan Ortega y unas verónicas para resucitar a los muertos". Damos fe que aquella tarde los aficionados que sienten el toreo abandonaron la plaza impresionados por la inmensa capacidad del diestro sevillano. 
Pero en la Fiesta ya no existe el romanticismo. No quedan apoderados ni empresarios que valoren estos milagros -¿o no es un milagro ser un torero así hoy  día?-, y quienes manejan hasta la calderilla del negocio, los comisionistas que llevan plazas, toreros y ganaderías, e imponen favores, intercambios y recomendaciones, no escuchan a la afición y hacen oídos sordos cuando se habla que es necesario renovar el escalafón con toreros que sepan expresar el toreo. Por el bien de este arte es necesario abrir los carteles y retirar de las ferias a tanto torero caduco al que los comisionistas prolongan la agonía profesional. Junto a las figuras hay que dar sitio a toreros emergentes como Juan Ortega, para que cuando pasen los años no se les recuerde como a Antonio Gallardo, añorando a un magnífico intérprete del toreo al que aburrió el sistema, sino como un torero que pudo expresar las maravillosas cualidades que atesoraba cuando le ofrecieron ocasión de hacerlo. La Fiesta no está sobrada de toreros que sequen las gargantas, pongan el vello de punta y humedezcan los ojos a quienes admiran su arte. De esos pocos elegidos por el cielo que son capaces de devolver la ilusión por el toreo eterno.

IMÁGENES DE LA ACTUACIÓN DE JUAN ORTEGA. PROGRAMA TENDIDO CERO DE RTVE


sábado, 2 de febrero de 2019

EL APODERADO (I)

Por Antonio Luis Aguilera
Manuel Flores Cubero Camará. Foto Marogo
Tertulia taurina celebrada el 3 de abril de 1992 en el Hotel Meliá Córdoba, con el apoderado Manuel Flores CuberoCamará” y el comentarista taurino Rafael Sánchez González. Fue emitida por Onda Cero Córdoba, y figura incluida en el libro Tertulias Taurinas en Córdoba 1991-1992, editado por la Diputación Provincial de Córdoba.

Córdoba no solo mandó en el toreo de barreras hacia fuera, también desde estas hacia dentro. José Flores González, matador de  toros cuya carrera se desarrolla en la “edad de oro del toreo”, revela en los años cuarenta, ya retirado de los ruedos, sus expertos conocimientos sobre los entresijos del planeta taurino y otorga verdadera personalidad a la figura del apoderado, pues define las competencias del torero y las de su representante, mientras deroga tácitamente la hasta entonces vigente figura de un apoderado sin iniciativa alguna, cuya misión se limitaba  exclusivamente a cumplir las órdenes del torero.
José Flores Camará y Manuel Rodríguez Manolete
No cabe duda de que Manolete revolucionó el toreo de su época, pero tampoco de que fue Camará quien hizo valer en los despachos la auténtica dimensión de la gran figura que representaba, rentabilizando sus triunfos para que mandase sin contemplaciones dentro y fuera de los ruedos. El éxito del tándem, como así se le denominó en su momento, solo puede explicarse desde una ilimitada confianza recíproca, verdadero soporte para que las inigualables dotes de cada uno resolvieran, de la forma que lo hicieron, en sus respectivos ámbitos profesionales.
La tragedia de Linares estuvo a punto de marcar el punto final de José Flores como apoderado. Sin embargo, estimulado por amigos y familiares, decide regresar a su actividad. Aún le quedaban cosas por demostrar, entre ellas, que sin la presencia del llorado Manuel siguió mandando en lo suyo, y que el prestigio de la casa Camará -pues el apodo tuvo sucesión con el paso del tiempo en sus hijos Pepe y Manolo-, por seriedad y responsabilidad, otorgaba el sello de figura del toreo a la mayoría de los diestros que representaba.
Para hablar sobre la figura del apoderado, quisimos conocer la opinión de Manuel Flores Cubero, último representante de la dinastía Camará, de quien empezamos diciendo que, acudiendo puntualmente a la cita concertada, nos dejó un testimonio impresionante, porque tenía motivos más que sobrados para cancelarla, debido a que su madre se encontraba gravemente enferma -falleció dos días después de esta tertulia-. Sin embargo, al desplazarse expresamente desde Sevilla a Córdoba, el gesto de Manolo recordaba que el valor de la palabra dada estaba por encima de las circunstancias, por duras que estas fueran.
Nos acompañó en la mesa Rafael Sánchez González, amigo y compañero en la información taurina de la cadena SER en Córdoba.

Antonio L. Aguilera: Seguramente que Rafael, experto en recopilación de datos taurinos, se habrá provisto de la extensa relación de toreros que han sido apoderados por la casa Camará. Sería interesante comenzar el programa con perspectiva histórica.

Rafael Sánchez González
Rafael Sánchez: Creo que casi todo el toreo ha pasado por las manos de Camará. Mi compañero José María Montilla, que siempre ha sido un enamorado de esta casa, en más de una ocasión ha dicho que Córdoba ha mandado en el toreo hasta cuando no ha tenido toreros, porque en el intervalo de tiempo transcurrido entre Manolete y El Cordobés, el que mandó en el toreo fue Camará, que se preocupó y puso todo su interés en que los toreros que él apoderase mandasen en el toreo, lo que quiere decir que quien mandaba también era el apoderado.
Efectivamente he traído una relación y agradezco la presencia de Manuel Flores, porque me ha aclarado que en algunos casos el hecho de decir que tal o cuál espada iba bajo la dirección de la casa Camará, no significa concretamente que su padre fuera el apoderado. 
Así dicho, entre don José Flores o los hermanos Flores Cubero, aquí queda la relación de los toreros que han pasado por las manos de la casa Camará: Manolete, Parrita, Domingo Ortega -en su campaña americana-, Julio Aparicio, Litri, Pedrés, Ordóñez, Cascales, Chamaco, Manolo González, José María Clavel, Diego Puerta Gregorio Sánchez, Curro Romero -en dos ocasiones-, Gómez Terrón, Luis Barceló, Vicente Perucha, los hermanos de la Casa, Paquirri, que fue cuando don José Flores ya entregó prácticamente el mando del apoderamiento, habiendo puesto el malogrado torero en el sitio más alto que puede soñarse en el toreo. Y a partir de ahí, ya solo sus hijos: Paco Alcalde, Roberto Domínguez, Jairo Antonio, Dámaso González, Currillo, Parrita hijo, Miguel Márquez, etc., hasta el apoderamiento de Finito de Córdoba.
Aparicio y Litri en sus inicios, cuando eran apoderados por Camará. Foto Cano
Creo que esta baraja de toreros dice muy a las claras lo que ha significado el nombre taurino de la casa Camará, dentro de lo que representa el dirigir y llevar toreros.
Recuerdo que cuando don José Flores apoderaba, pues los carteles más importantes se componían con toreros que habían pasado por sus manos. Y el sueño más grande de un torero -igual que en el fútbol es pertenecer al Madrid o al Barcelona-, para los chavales que empezaban a torear era que los llevase don José Flores Camará, quien a partir de él tomó auténtica representación la figura del apoderado.
Decirte, Antonio, que no terminaba la baraja de toreros en los citados. Lo que ocurre es que están en el ánimo de todos: Paco Ojeda, Dámaso González, Pepe Luis Vázquez hijo, Julio Robles… De todos puede hablarnos Manolo mejor que nadie.
Antonio L. Aguilera: Tras esta introducción, vamos a escuchar la opinión de Manuel Flores, a quien comenzamos preguntando por la época qué Manolete impone sumando absolutos los ruedos y su padre en los despachos. Suponemos que fue entonces cuando verdaderamente se instituye la figura del apoderado.
Pendientes de la lidia: Guillermo,
 Camará y Manolete. Foto Cano
Manuel Flores: No, lo que se instituye es la figura del apoderado con personalidad propia junto con la del torero al que administraba. El apoderado existe anteriormente en la historia del toreo. Puedo decir que el abuelo de una tía mía fue el apoderado de Lagartijo, se llamaba Poleo. Fíjate si viene el antiguo.
Lo que ocurre es que en aquella época y en anteriores, en la de Belmonte y Gallito -yo conocí personalmente a Domingo Ruiz, que fue un apoderado que tuvo Belmonte; conocí de oídas a Pineda, que era el apoderado de Gallito-, pues estos señores en aquellos momentos eran más bien administradores, no del patrimonio del torero, sino de su profesión taurina. Porque en realidad los que marcaban las pautas, los que decidían, eran los toreros- Ellos les decían a los apoderados que los llamaría tal empresario con el que habían concretado ir a tal sitio, para que mandaran los contratos y se ocuparán de ver la corrida. Pero era el torero quien decía al apoderado lo que tenía que hacer.
Luego llegan los años cuarenta. Un poquito antes mi padre decidió unirse a Manolete, este como torero y él como apoderado. Mi padre empieza desarrollar la personalidad del apoderado que también protagoniza, y se convierte en un protagonista similar al torero, porque él consideraba que el torero tenía que ser protagonista de la barrera hacia dentro, con el toro, y que el protagonismo que el torero hubiera de tener fuera lo asumiría él, con la responsabilidad que conlleva. En parte, para evitar al torero problemas que no debe porque tenerlos, y en parte porque ese tema lo conocía mi padre mucho mejor que el torero que dirigía, en este caso Manolete.
La majestuosa elegancia de Manolete captada por Finezas en Alicante
Manolete confía plenamente en mi padre y mi padre plenamente en Manolete. Cada uno tiene la confianza mutua de que en sus terrenos no tienen porque mezclarse, y hacen un tándem que perdura durante todo el tiempo que Manolete es torero. Y claro, al desaparecer Manolete queda instituida la figura del apoderado.
A mi padre, como es lógico, aquello le afectó mucho, y de la forma en que sucede aún más. Pero al año empiezan los amigos a obligarle, a decirle que la vida hay que resolverla, que hay que sobreponerse.
Y un muchacho en el cual Manolete vio que tenía condiciones para ser torero -que es Aparicio-, pues acude mi padre y este empieza a ayudarle sin ánimo de apoderarle, pero poco a poco va tomando interés. Entonces aparece Litri, y hace el tándem Aparicio-Litri metiéndose de lleno en la profesión.
En aquella época mi hermano Pepe y yo le animamos mucho. No estábamos metidos de lleno en la cosa taurina, estudiábamos en Madrid, pero sabíamos que alguien -más que allegado a la profesión, ajeno a esta-, había dicho que al faltar Manolete desaparecía Camará. Nosotros considerábamos que nuestro padre tenía personalidad propia para que, incluso faltando Manolete, pudiera desarrollar su profesión, y lo animamos mucho para que pudiera demostrar que sabía caminar por sí solo, hecho que demostró con el paso del tiempo.
Miguel Báez Litri y Julio Aparicio. Foto Cano
Innovó en el año 1950, cuando con dos novilleros en la mano mandó en el toreo, estando como estaban Manolo González, Luis Miguel Dominguín, José María Martorell… En aquella época mi padre mandó con dos novilleros en la mano. Fíjate que en el año 1950, en la feria de Valencia, una de las más importantes de la época, solo se celebraron novilladas; no se dio ni una corrida de toros. Luego, cuando ya Litri y Aparicio se hicieron matadores de toros, siguió mandando. Y como bien ha dicho Rafael Sánchez, hizo que Córdoba siguiera mandando en el toreo durante muchos años, incluso hasta que realmente apareció El Cordobés.
Antonio L. Aguilera: Manolo, la pareja Manolete-Camará parece rozar la perfección, pues cada uno mandó en su parcela.
Manuel Flores: Pues sí, roza la perfección. Si me apuras mucho te diría que fue perfecta y creo que nunca se volverá a dar más. ¿Por qué? Pues por una razón muy simple: en Manolete concurrían una serie de circunstancias, pues como torero ha sido la persona que más cualidades importantes reunía para ser una figura del toreo; y después, en aquellas cosas en que tuviera alguna duda, como pudiera ser torear fuera de la plaza, se encontró que mi padre las resolvió perfectamente. Pero las resolvió perfectamente porque había mutua confianza, cada uno en su terreno desarrollaba lo que podía ser.
Te puedo contar la anécdota de como mi padre, llegados los momentos, arreaba a Manolete, porque sabía que era capaz de aquello, y este reaccionaba ante los arreamientos que le hacía...
Antonio L Aguilera: Por favor, continué.
México: Contrasta el gesto severo de Manolete con la
  sonrisa de Garza al saludar con el ganadero de Pastejé.
Manuel Flores: Bueno, pues muy fácil. Eso fue en las postrimerías de Manolete, te hablo del año 1946 en una corrida toros de San Mateo en México, una de las muchas que hubo.
Aquella temporada Lorenzo Garza había llevado durante todo el año una política de que toreaba mejor que Manolete, que era el mejor, que toreaba mejor con la mano izquierda… Andaba el hombre tratando de hacerle competencia. Entonces se dio la casualidad de que torearon una de San Mateo juntos. Lorenzo Garza había estado bien, pero sin redondear en el toro anterior. Manolete salió dispuesto arrimarse como siempre, más con las circunstancias que se habían dado. Y aquél toro, estando toreándolo, empezó a responderle; y cuando le respondió, lo cogió, le pegó una voltereta muy fuerte, se cebó con él, y lo llevaron bastante maltrecho hasta la enfermería, esa es la realidad. Cuando llegó a la enfermería mi padre, que iba detrás -no inmediatamente, pero iba detrás-, se lo encontró en la mesa previa que hay en todas las enfermerías. Lo miró, vio que no tenía ninguna herida, y le dijo:
—¿Tú qué haces ahí? ¿Tú vas a consentir, con los cojones que tienes, que ese te mate el toro?
Madrid. Manolete y su amor propio. Abandonando
la enfermería con gesto tenso y buscando el toro. 
Y el o otro, sin pensárselo dos veces, se levantó de la cama, salió para afuera y le cortó el rabo.
Claro, eso lo hacía mi padre porque tenía confianza de que el hombre le respondía; pero también se echaba la responsabilidad de que cuando salía aquél hombre, de aquella forma, pues lo podía coger el toro y pasarle lo que le ocurrió luego después.
Indudablemente había que llevar la responsabilidad, y arriba estaba El que disponía una cosa u otra, pero había que tener una conciencia y una compenetración tal, para uno poder hacer eso, el otro poder hacer lo otro, y solamente darse explicaciones entre ambos.
Antonio L. Aguilera: Manolo, la palabra confianza debe tener auténtico sentido en la relación torero-apoderado.
Manuel Flores: Pues, sí. Mira, el puesto de apoderado, tal como mi padre lo establece, es un puesto de absoluta confianza. Precisamente, porque hay muchos momentos en los que el torero se tiene que jugar la vida, y el apoderado tiene que instarlo a que se la juegue. ¡Eso es muy duro! Como no haya confianza mutua, ¿dime quién obliga a uno a que se juegue la vida? Tiene que ser una relación de mutua confianza, porque de lo contrario, si aquello sale mal después de tú arrear a un torero para que se juegue el pellejo, al término ya sabes lo que te espera.
Antonio L. Aguilera: Sin duda, esa confianza debe ser fruto de un diálogo sincero. Se nos viene a la memoria un pasaje íntimo de la vida de Paquirri, que fue revelado por el propio torero. Decía que, tras una tarde de éxito en la que cortó tres orejas, mientras se quitaba el vestido en la habitación del hotel, le preguntó a don José Flores qué le había parecido su actuación. La respuesta no pudo ser más sincera, pues le contestó que en lugar de tres orejas pudo haber cortado las cuatro.
Manolo, después de la corrida debe ser fundamental un diálogo reflexivo entre apoderado y torero.
José María Montilla, Rafael Sánchez, Antonio Luis Aguilera, 
Manolo Camará y Andrés Rodríguez Ortigosa. Foto Marogo
Manuel Flores: Sí, el diálogo indudablemente siempre es bueno. Pero, más que inmediatamente después de la corrida, cuando ya los ánimos se han serenado. Tú sabes que las personas en un momento de acaloramiento tratan de defenderse, y en este oficio de torero es donde más disgusta que a uno le digan la verdad. Es lo que más les repele.
Justo en el momento del acaloramiento, recién llegado de una corrida de toros, si reprendes de mala forma, violentamente o con cierto orden al torero, pues este se suele defender. Es mejor esperar a que las cosas se serenen, hacer que rememore los momentos y entonces reprender; o más que reprender, llevar al ánimo del torero las cosas que no se han hecho bien en un momento.
Antonio L. Aguilera: Manolo, una persona de su experiencia verá mejor que nadie la cantidad de coba que le dan a algunos toreros: hoteles abarrotados, palmadas en la espalda, halagos….
Manuel Flores: Sí, por supuesto. Yo, por viejo, he conocido muchas cosas. Y he visto a muchos toreros que de primeras han estado rodeados de halagos y de amigos. Y cuando las cosas no han venido bien el torero y yo hemos estado muy solos en esas habitaciones. Claro, ya uno, a estas alturas, esto lo ve de pasada; y a veces, cuando estás con un muchacho que empieza y ves tanto halago, piensas en la desilusión que se llevará cuando le llegue el momento. Porque ese momento le llega a todos. ¡Que nadie crea lo contrario! Ese momento de soledad les llega a todos; unos lo superan antes y otros después, pero ese momento les llega a todos.