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martes, 17 de marzo de 2020

OBITUARIO: RODOLFO ORTEGA


 Por Antonio Luis Aguilera
 
Rodolfo Ortega. Foto revista Aplausos
Ha fallecido el ganadero Rodolfo Ortega García, hijo de Jacinto Ortega Casado, fundador de la centenaria ganadería de origen Veragua, que hace años lidiaba a nombre de sus herederos, y ahora es tradicional en los encierros populares del litoral mediterráneo.   
Tuvimos la suerte de gozar de la amistad de este  hombre cordial, sencillo y gran aficionado al toro, que pese a los problemas de salud surgidos en los últimos años seguía con enorme ilusión la carrera de su sobrino nieto, el matador de toros sevillano Juan Ortega.
Tras un tentadero: Jorge Fuentes, Gonzalo Bienvenida, Pepe García,
Miguel Bienvenida y Rodolfo Ortega. Foto: José Luis Cuevas.
Con motivo de la estancia en Córdoba de Juan Ortegaen su época de becerrista y estudiante universitario, y de su incorporación a la Tertulia “Tercio de Quites”, el tío Rodolfo y la familia Ortega Pardo tuvieron la gentileza de invitar anualmente a un tentadero en “Los Monasterios” a este grupo de aficionados, que fueron testigos privilegiados de faenas de campo inolvidables, disfrutándolas desde el amanecer, cuando se citaban en los exteriores de la plaza de “Los Califas” para enfilar camino en microbús hasta la Venta de “Los Pinos”, situada en la carretera del santuario de la Virgen de la Cabeza, y tras desayunar en tan clásico lugar, continuar ruta por la angosta senda que conduce a la ganadería ubicada en el término de Baños de la Encina (Jaén).

"Los Monasterios". Foto José Luis Cuevas.
Una ruta sinuosa pero generosamente compensada por la manifestación de un paisaje natural único, que despliega al visitante la singularidad de su belleza para recrear la mirada en gamos, ciervos, liebres, jabalís, conejos… Y toros bravos, retozando entre arroyos y verdes praderas pintadas de jaras, margaritas, genistas, mielitos, jaramagos o amapolas. Un espectáculo para los sentidos que recuerda la hermosa composición primaveral de Antonio Vivaldi.
Al llegar a “Los Monasterios” siempre aguardaba Rodolfo para recibirnos con la familia, Juan Pablo, el mayoral, y otros ayudantes, y ofrecer con franca sonrisa su hospitalidad a los amigos de Córdoba, a quienes se sumaban en tan señalada cita anual los amigos de una de las dinastías más señoriales y elegantes del toreo, los Bienvenida, representados por Miguel –hijo de Ángel Luis y ultimo representante que vistió el traje de luces-, Gonzalo Izquierdo –nieto de Antonio y fenomenal periodista taurino- y Paloma –madre de Gonzalo e hija de Antonio-, acompañados del buen torero de plata Jorge Fuentes, para vivir una jornada de tentadero en la coqueta plaza que circundan cerros tapizados de flores silvestres y cercados de toros, y saborear el excelso toreo de Juan Ortega, y también la elegancia de "la casa" de Gonzalo Bienvenida –que templa tan bien como escribe- en el bellísimo marco de la sierra de Andújar.

Convivencia con la familia tras un tentadero. Foto José Luis Cuevas. 
Tras los tentaderos llegaron inolvidables tertulias al refugio del calor o del frío, según la primavera, en magnifica convivencia para disfrutar de los almuerzos dirigidos por Rafael Alonso, que procuraba que no faltaran viandas y vino, sabiendo que la comensalía incentiva el verbo, para que fluyeran amenos recuerdos e historias que manifestaban la grandeza del arte del toreo, y el respeto de la afición por cuantos lo servían con la sencillez de Rodolfo, que desde joven conoció la trashumancia y cruzó España desde Checa (Guadalajara), en la serranía de los Montes Universales, hasta el corazón de Sierra Morena, escoltando a pie la ganadería familiar a través de la Cañada Real Conquense hasta llegar a “Los Monasterios”, el paraíso jiennense de Baños de la Encina donde ahora trinos y bramidos añorarán la ausencia de un hombre bueno.
Descanse en paz. 


lunes, 19 de agosto de 2019

AL HILO DE LA CRÓNICA DE GONZALO BIENVENIDA

Por Luis Miguel López Rojas

Juan Ortega. Foto Plaza1
"La inmensa torería de Juan Ortega". Preciosa crónica la de Gonzalo Bienvenida y sobre todo, en mi opinión, la que mejor expresa los momentos que se vivieron en la plaza. Al menos coincide tal y cómo yo los viví y sentí. Así que mi enhorabuena por esa forma extraordinaria de escribir. También mi enhorabuena al torero, perdón, TORERO (con mayúsculas), que eso es lo que es Juan Ortega. Esa forma de sentir, de expresar, de andar por la plaza, de echar los vuelos, de acariciar… En definitiva, de torear.

Torería, eso que es tan complicado de describir, tan fácil de distinguir y tan difícil de ver. Por eso cuando el sevillano pegó ese trincherazo a un mulo por el que nadie daba un duro, la plaza crujió. Y después vinieron tres naturales que quedaron grabados a fuego en mi memoria, por esa fragua incandescente que tiene en sus muñecas. Y Madrid se hizo un manicomio. No hizo falta más, porque tampoco había para más.

Trincherazo de Juan Ortega. Foto Plaza1
Dicho lo cual, creo que ya va siendo hora de hablar alto y claro para decir a aquél que se autoproclama “productor de arte” y a sus veedores, que no hay derecho a soltar semejante corrida. Que en la confección de los carteles, por una parte está la elección de los toreros (bonito cartel el del día de la Paloma), la ganadería, pero por otra parte el ganado que se escoge en el campo. No me imagino las razones ocultas que pueden existir para elegir seis bueyes, más propios para tirar de las carretas del Rocío que para lidiarse (bueno, sí me las puedo imaginar: limpieza de ganado del año anterior, amiguismo, bajo precio…). Corrida mastodóntica, fea, con un promedio de 635 kilos (estos fueron los pesos: 572, 645, 646, 691, 586 y 669 kilos), cinqueña y algún ejemplar a escasos meses de cumplir los seis años. Eso no ha sido nunca el toro bravo, no lo es y espero que no lo sea. Pero la gota que colmó el vaso y el respeto que se le debe tener a la que se considera primera plaza del mundo, fue el sobrero de Osborne. ¡Ni para las calles de Castellón! No entiendo como un ganadero puede dejar un animal tan feo llegar a toro, como se puede lidiar en una plaza, y mucho menos en Madrid, salvo por su precio de saldo… También pongo en tela de juicio la labor de presidentes y veterinarios de Madrid y su concepto de “trapío”. Esa corrida de Martín Lorca se debería haber rechazado por no tener trapío. El día antes, en Gijón, una de la Quinta con 200 kilos menos, daba mucho más miedo. Luego podrán salir buenos, malos o regulares, como así ocurrió en el Bibio, pero nadie podrá negar que estaba en tipo de embestir y tenía mucho más trapío que la de Madrid.
Juan Ortega citando al tercero, de 646 kilos "en la pizarra". Foto Plaza 1
Sinceramente me sentí estafado. Se hace difícil acudir a los toros en agosto a Madrid, cuando todo el mundo está en la playa o bajo el aire acondicionado. Desplazarte de otros lugares, con los gastos que ello conlleva, para ver semejante esperpento salir por los toriles... ¡Hay que ser muy mal empresario para maltratar así a “sus clientes”, y no imagino esa “visión empresarial” en cualquier otro ámbito! Para “producir arte”, señor Casas, hacen falta herramientas. Pero independientemente de ello, ya apelo a la “sensibilidad” de aficionado que debe tener un empresario taurino. ¡Hay que tener muy poca sensibilidad para estrellar las ilusiones de tres toreros que van a jugarse la vida, que viven por y para el toro, con esta envenenada “oportunidad”! Y las ilusiones de los aficionados que acudimos a verlo. ¡Eso es una falta de respeto!
Inolvidables naturales de Juan Ortega. Foto Plaza1
A Juan Ortega le han caído unas cuantas bolitas de esas que decía Rafael de Paula que repartía Dios. Con diez o doce naturales el año pasado el día de la Paloma, dos verónicas y una media cumbres en Resurrección, y el trincherazo y los tres naturales que relata Gonzalo Bienvenida en su crónica, ha sido capaz de remover los cimientos de la Monumental de Madrid. Ha creado un halo de ilusión en los aficionados porque es un torero distinto. Es una irresponsabilidad dejar perder a un torero de este calibre, como lo fue darle semejante “oportunidad” con ese saldo ganadero. Hacen falta muchos Pablo Aguado y Juan Ortega en la situación en que se encuentra hoy el mundo del toro. Apelo a su responsabilidad señor Casas, como empresario y sobre todo como aficionado. ¡Qué no se vuelva a repetir, porque sería síntoma de que es usted muy mal empresario y “sobre todo” muy mal aficionado!

Juan, ¡qué ganas de volver a verte!


viernes, 16 de agosto de 2019

LA INMENSA TORERÍA DE JUAN ORTEGA

Por Gonzalo Bienvenida



Un crujido estremeció el alma de los aficionados en el primer trincherazo de Juan Ortega. El núcleo de aficionados que fielmente acude a Las Ventas tuvo paladar para saborear, jalear y exponenciar la exquisita obra del sevillano. La Virgen de la Paloma siempre ha sacado toreros.
Antología del pase natural de Juan Ortega. Foto Plaza1
Con su bendición han resucitado carreras, han surgido figuras y ha dado alas a toreros en vías de extinción. Así ocurrió el año pasado con Juan Ortega, de aquellos polvos estos lodos. De la reveladora torería al despertar de la sensibilidad artística que se vivió ayer en Las Ventas. Entre medias, la cumbre capotera de Resurrección y la nulidad de opciones en San Isidro. También un absurdo apoderamiento por parte de Plaza 1 para tenerlo parado en su casa. Y la mala elección de escoger una destartalada y pesada corrida de Martín Lorca en forma de oportunidad envenenada.
Toreo al natural monumental como la plaza. Foto Plaza1
Dobló las manos el acapachado tercero como lo habían hecho sus hermanos. Con mimo lanceó Ortega ayudándole con las yemas y empujándolo. La torería de las formas estuvo acompañada por una calidad tremenda en muletazos para el recuerdo. Todo hecho despacio, dándole sus tiempos al toro. Eso que los antiguos llamaban torear sin torear. Una tanda eclosionó el toreo de siempre traído a estos días con las yemas de los dedos en el centro del palillo, el pecho por delante, la suerte cargada. Los naturales, de uno en uno, surgieron naturales y preñados de empaque. El pase de pecho sin excentricidades que cerró la tanda levantó a algunos aficionados. De tendido a tendido un señor le mostraba el vello del brazo de punta. Por el derecho el toro no era igual, el contado poder le llevaba a defenderse por ahí. El final andando, con trincherillas, pases del desprecio, cambios de mano fue para enmarcar. Se presentía la oreja pero la defectuosa estocada estuvo agravada con varios descabellos. La fuerte ovación saludada desde el tercio vino a decir: «Esto es lo que gusta en Madrid». Nada pudo hacer con el reservón y malo sexto.

Los corrillos comentaban a la salida el aroma de torería que porta la tauromaquia de Juan Ortega.
Merece más oportunidades.


Extracto de la crónica que Gonzalo Bienvenida firma en el Diario El Mundo, edición del 16 de agosto de 2019, sobre la corrida de toros celebrada la tarde anterior en la plaza de Las Ventas de Madrid. 
Video y fotos Plaza1.

domingo, 17 de febrero de 2019

CIRUGÍA TAURINA (I)

Por Antonio Luis Aguilera

Los cirujanos Rafael Ruiz y Ramón Vila, posan con el D.U.E. 
taurino Rafael Alonso y Antonio Luis Aguilera. Foto Marogo
Tertulia celebrada el 8 de mayo de 1992 en el Hotel Meliá Córdoba con los cirujanos taurinos Ramón Vila Giménez y Rafael Ruiz González. Fue emitida por Onda Cero Córdoba, y figura incluida en el libro del autor de este blog "Tertulias Taurinas en Córdoba 1991-1992", editado por la Diputación Provincial de Córdoba.

El periodista Gonzalo Bienvenida encendía la luz de alarma en el artículo que escribió para el Diario El Mundo el 20 de diciembre de 2018. La Sociedad Española de Cirugía Taurina, preocupada por la situación en que se encuentran las enfermerías de las plazas de toros, propone una serie de medidas urgentes al Ministerio de Cultura.
El problema es para tomarlo en serio, pues no se trata solo de los habitáculos donde se practica una cirugía de urgencia vital, sino de la idoneidad para intervenir lesiones producidas por asta de toro de algunos de los facultativos que están actuando. Aumentan las cornadas que se suturan sin explorar todas las trayectorias. El asunto no es baladí. No solo es necesario ser cirujano para intervenir quirúrgicamente a los toreros, también hay que saber cómo cornean los toros.
En la temporada de 2018 fueron reintervenidos quirúrgicamente los matadores de toros Manuel Escribano, David Mora y el novillero Alberto López Niño del Barrio”. Y en este 2019, cuando la temporada aún no ha comenzado de verdad, el primero en ser reintervenido tres veces de las mismas lesiones ha sido Pepe Moral,  desde que un toro de Miura lo hirió en Valdemorillo. 
Algo está fallando estrepitosamente en la seguridad de los hombres de luces. Pero los que capitanean el escalafón no quieren saber del asunto. La Administración y los toreros deben reflexionar sobre las enfermerías de las plazas y la cualificación de los facultativos que intervienen a los toreros, aunque sea un tema tabú para los hombres del toro, del que nada quieren saber ni cuando suenan las alarmas. 
En la tertulia sobre Cirugía Taurina que en 1992 celebramos con los doctores Ramón Vila y Rafael Ruiz se profetizó lo que iba a ocurrir en el futuro con las enfermerías de las plazas de toros. Ese futuro ya es presente. Nada se ha solucionado y el vaticinio se está cumpliendo. 


Manolo Montoliú
Alboreaba la temporada de 1992 cuando concertamos una cita con los cirujanos Ramón Vila Giménez y Rafael Ruiz González, jefes de las enfermerías de las plazas de Sevilla y de Córdoba, con objeto de celebrar una tertulia que abordara extensamente la problemática de la cirugía taurina. Acordamos reunirnos el 8 de mayo, fecha intermedia entre los ciclos maestrante y califal. ¿Quién iba a imaginar que el toreo estaría de luto…? Lamentablemente, siete días antes, un toro había segado la vida de Manolo Montoliú en el albero sevillano.
Sin pretenderlo, el argumento elegido había cobrado actualidad. ¡Como siempre que el toro hiere de muerte...! Mientras, al menos así lo demuestran los profesionales con su silencio, el tema es considerado tabú. Solo se inquietan por él después de la cornada, cuando el pitón rompe o está a punto de arrancar el imperceptible hilo que separa la vida de la muerte. Entonces, por momentos, acaso por días, se maldicen al reflexionar sobre las condiciones en que los médicos -esos monstruos- desarrollan su trabajo en muchas más plazas de las deseadas. En cierto modo resulta comprensible, bastante preocupación conlleva pensar en el toro.
Sin embargo, parece mentira que la reguladora del espectáculo, una Administración que todo lo controla y articula, olvide que cuando el toro mete el pitón nunca pregunta por la categoría de la plaza. También ella delega en unos monstruos, aunque prefiera llamarles facultativos, a los que solo su afición desmesurada les alienta a taparse en un burladero del callejón, para realizar, siempre que les sea posible, el quite del milagro.
Los desgraciados acontecimientos no cancelaron la cita. Ramón Vila, el cirujano al que el toro Cubatisto obligó a certificar la muerte de Manolo Montoliú, se desplazó a Córdoba para intervenir junto a su compañero Rafael Ruiz en la tertulia programada. En una larga y agradable sobremesa, ambos abordaron una problemática que tampoco debe pasar inadvertida para el aficionado.

Rafael Alonso, Antonio L. Aguilera, Rafael Ruiz y Ramón Vila. Foto Marogo
Antonio L. Aguilera: Doctores, todos reconocemos el impresionante valor que se requiere para ser torero, aunque haberlo sido en épocas antiguas, donde no existían medios…
Ramón Vila: Evidentemente, la profesión de torero lleva implícito un riesgo tremendo. Lo ha tenido siempre, en aquella época más que ahora. Sin embargo, desgraciadamente, hoy estamos hablando después de lo que ha sucedido… Ahora tampoco puede olvidarse que el toro hiere, que hiere gravemente e incluso mata. Esa es la grandeza del torero. Como cirujano creo, y pienso que Rafael está de acuerdo conmigo, porque vivimos los entresijos del dolor y de la herida, que estos hombres tienen una característica que los diferencia de todos nosotros. Después de grandes heridas, no digamos incluso después de una muerte, se vienen arriba, van palante, porque poseen un sentimiento en el cual tienen asumido mejor que nadie lo que es el toreo.
Manolo Montoliu, padre e hijo: "¡Las cosas del toro...!"
Te voy a referir las durísimas, pero realísimas palabras que dijo el padre de Manolo Montoliú cuando llegó a la plaza de toros de Sevilla, estando su hijo de cuerpo presente: “¡Las cosas del toro!”. Es una frase que se me ha quedado grabada en el corazón: “¡Las cosas del toro!”.
A cualquiera se nos mata un hijo en un accidente de circulación y nos ponemos histéricos. No lo aceptamos, no lo comprendemos. Ellos lo comprenden, porque lo tienen asumido desde el primer momento en que sienten esa sensación inefable de querer ser toreros.
Rafael Ruiz: Las circunstancias que dice Ramón son perennes en la vida del torero. La tragedia siempre está presente. Ellos lo llevan impregnado en su mente, en su subconsciente, pero la realidad de la vida del toro es que la tragedia aparece cuando menos lo esperamos. ¿Quién podría pensar que en una corrida de Atanasio Fernández, que la quieren torear las figuras, se presentara el riesgo? Pero este aparece en cualquier momento, no llama a la puerta. Esa es la tragedia y el fin de la Fiesta.
Antonio L. Aguilera: Tenemos claro que para ejercer como cirujano taurino se requiere ser un auténtico aficionado.
Percance de Cayetano Rivera Ordóñez en Zaragoza
Ramón Vila: Claro que sí, Antonio. Detrás de la barrera se pasan unos tragos que como no seas aficionado no puedes estar. Tú no puedes compensar los malísimos ratos que se pasan, viendo la posibilidad de que tengas que intervenir, si no tuvieras también el contrapunto de disfrutar con una faena de enjundia, con un quite de arte, con un par de banderillas de poder a poder, con un puyazo bien dado… ¡Es imposible! No conozco a nadie que, sin ser aficionado a los toros, sea capaz de aguantar el estrés que para nosotros supone estar detrás de las barreras de un burladero.
Porque, fíjate qué curioso, es el único sitio donde el cirujano ve la lesión. O sea, es como si cuando asistieras un accidente de trabajo o de coche, estuvieras en la carretera o en el tajo viendo caer al tío del andamio, o viéndolo clavarse el volante en el pecho. La cirugía taurina es la única en la que esto se ve. Y eso supone un estrés muy grande para nosotros. También, por otro lado, una gran ventaja, porque esa visión de la cornada te hace ver muchas veces lo que desgraciadamente ahora hemos visto con Montoliú: ¡Qué traía una cornada de caballo, de muerte! O en otros casos, que no les ha hecho nada. Eso es muy importante. Pero supone una fuerte descarga adrenalínica para nosotros, que se contrapone con el sacar un pañuelo, como el otro día yo lo saqué cuando Joselito se tiró en ese pitón astifino que tenía el de Álvaro Domecq, se tiró a ley y le cortó la oreja al toro. Ahí disfruté y eso me descarga. De lo contrario no podría estar ahí.
Rafael Ruiz: Para ser cirujano taurino tienes que saber y conocer de toros, que te gusten. Son muchas las horas que pasamos, años de ejercicio. Cuando vas a los pueblos a actuar son tan malos los ratos que se pasan: la carretera para ir, las horas que robas a tu familia... Para aguantar todas esas circunstancias te tienen que gustar los toros, de lo contrario no existe motivo para estar ahí, con esa angustia que estás viendo, porque conocemos cuando el toro tiene peligro; sabemos que lo va a coger porque está pisando un terreno que no le corresponde; observamos que el toro está haciendo cosas que quizá el torero no ve.
Antonio L. Aguilera: El público aficionado escucha o lee atentamente los partes facultativos, pero quizás no comprenda las trayectorias que recorre el pitón cuando entra en el torero, probablemente ignora que una penetración provoca varias cornadas.
 Ramón Vila Giménez en la tertulia. Foto Marogo.
Ramón Vila: Como decía Rafael, y lo dice con doble razón, porque es cirujano taurino y porque se ha puesto delante de los toros, él sabe perfectamente -yo menos, pero sé algo- cuando el toro está en condiciones de poder coger al torero. Y eso no se aprende en los libros de medicina, se aprende en los libros de tauromaquia, se aprende viendo. Como tú también te das cuenta cuando el torero está fuera de sitio, cuando no lleva al toro dominado, cuando se pega un muletazo sin mando ninguno y está a merced del toro. En ese momento es cuando te vas estresando cada vez más.
Cuando ves a un torero que ha dominado al toro, aunque sea muy ofensivo y tenga muchos pitones, te relajas, porque aunque puede surgir cualquier tragedia, resbalar y caerse porque ha pisado un hoyo, eso es un accidente no es una cornada. La cornada torera llega cuando el diestro está toreando y está mal colocado, o el toro tiene peligro y el tío echa la pata palante. Ahí es donde nosotros presentimos que lo puede coger. Para mí ese es el momento de mayor estrés.
Y eso, repito, no se aprende en los libros de la cirugía, sino en los de la tauromaquia. Para eso hay que ir muchas tardes a los pueblos, a pasarlo mal, para aprender ese problema.
Rafael Ruiz: Las trayectorias tienen unas características especiales por la forma en que se realizan. Ves en un muslo un agujero pequeño, más o menos chamuscado, con desgarros, una herida inciso-contusa, pero no sabes la profundidad que puede llevar esa cornada, porque el toro en su acometividad tiene una forma de mover la cabeza. El cuerno produce trayectorias, y hay que explorar para que no se quede ninguna atrás. Si la dejas puede surgir una sorpresa, y en circunstancias posteriores producirá algún hematoma o una infección en esa herida, que por cierto ya estaba infectada, ocasionará un absceso, lo que no es un éxito, pues el torero quiere estar toreando a los quince días.
Ramón Vila: Las características que se dan en la cirugía taurina no se presentan en ninguna otra del mundo. Primero, estás viendo la lesión; segundo, no puedes estar preparado. ¡Fíjate lo que te digo...! Porque cuánto nos gustaría nosotros salir ya con nuestro pijama verde a la plaza, pero eso es intolerable en una plaza de toros. Si yo fuera torero y viera a tres médicos vestidos de verde me iba para atrás. Entonces, no podemos hacer lo que hacemos en cualquier hospital cuando estamos de guardia. En tercer lugar, tenemos que salir corriendo y quitarnos las chaquetas por el camino para prepararnos. Y hay que estar ejercitados para hacerlo lo más rápidamente posible.
Te contaré como anécdota que el otro día, cuando cogieron a Pedrín Sevilla, tenía invitado a un cirujano no taurino de Sevilla que quería vivir eso. Entonces, cuando entramos en la enfermería, como el hombre no está habituado llegó el último y nos encontró a todos vestidos. Después nos dijo qué cómo era posible, que jamás lo había visto en ningún hospital.
Y ahora encontrarnos con ese agujero negro, como decía Rafael, donde se abren una cantidad de trayectos, y explorarlos. Por eso, si no eres taurino, ni sabes cómo cornea el toro, ni cómo son los pitones y la vuelta que da el toro siempre al pitón para cornear más, no sabes las lesiones, se te pasan las trayectorias, se te olvida. Y si llega a un hospital un tío corneado por una vaca, y el cirujano que lo atiende, aunque sea el mejor del mundo, no conoce lo que es el toreo, se deja alguna trayectoria. Porque tú sabes como aficionado que el toro tiene una forma de embestir: agacha la cabeza, la levanta, clava el pitón y, con este dentro, trata de hacer el mayor daño posible sin sacarlo. Eso hay que saberlo y vivirlo, pues de lo contrario se te olvida la mitad.
Por eso digo que las características de la cirugía taurina son únicas en el mundo. Si añadimos la fuerza que tiene el toro, la velocidad con que cornea, que a veces ni incluso el video es capaz de captar el momento de la cornada, pues, a esa velocidad, esa fuerza, esas características, hacen que sea distinto a todo cuanto pueda ver cualquier otro cirujano en un hospital.
Gravísima cornada de Juan José Padilla en Zaragoza
Rafael Ruiz: Tienes que ir a la plaza con la predisposición de que en cualquier momento puedes actuar. No podemos ir holgados y tranquilos, como van los aficionados a los toros, con su puro, su café… Sabes que en cualquier momento tienes que ponerte los guantes, que ni incluso da tiempo para vestirse, porque aquella herida está sangrando y metes hasta el puño… Te lo traen los mozos en unas condiciones que tienes que estar allí, ver lo que ocurre.
Ramón Vila: Esas características hacen que después tengamos los resultados que tenemos. La gente cree que nosotros obtenemos buenos resultados en la cirugía taurina porque el torero es un ser divino. No, el torero es una persona normal como los demás. Lo que ocurre es que no hay ninguna cirugía que recién producida la herida, en escasos minutos, ya lo tengas anestesiado y estés operándolo. No hay en ninguna. Ni en accidentes laborales, ni de tráfico, ni de guerra. Lo óperas  inmediatamente. Ésa es la causa de que cuando salga el torero de la enfermería, ya tratado quirúrgicamente, se han ganado lo menos diez o quince días de postoperatorio.
En cambio, cuando te llevan a un señor que le han producido unas heridas hace cuatro horas, pues llega con estrés, con hemorragias, en unas condiciones totalmente distintas. Ese es nuestro éxito. No es que seamos mejores nosotros ni los toreros distintos.
Antonio L. Aguilera: ¿No les resulta extraño que el nuevo reglamento ignore la problemática de las enfermerías?
Ramón Vila: La problemática que tenemos es gorda. Más ahora, pues en el nuevo reglamento taurino estamos casi excluidos de la Fiesta después de llevar tantos años trabajando por ella. Es verdad que el hombre se enfrentó al toro, no ahora ni en España, sino hace muchos cientos de años y en países en los que hoy ni siquiera se habla de toros. Ese reto del hombre por el toro ha existido siempre. Entonces existieron unas personas con conocimientos médicos, los antiguamente llamados curanderos o barberos, actualmente denominados cirujanos taurinos, que aportaban sus conocimientos sin ningún apoyo, como tampoco la Fiesta lo ha tenido nunca, esta ha tenido el del pueblo, y nosotros también. Institucionalmente nunca ha existido apoyo para nada.
Nosotros, que hemos luchado durante muchos años para que ese apoyo se convierta en algo básico y fundamental en los tiempos modernos, como es una reglamentación, un futuro, nos hemos encontrado que después de luchar durante dieciocho años por esto, hacer multitud de congresos desde 1974, aglutinar a más de setecientos cirujanos de todo el mundo, pues cuando teníamos todo formado, aparece un reglamento que nos dice que somos unos médicos más, que no tenemos nada que ver con los toros ni con los toreros.
Eso es intolerable, porque nos hemos volcado para que esto sirva de semilla a los que vienen detrás. Si a un chaval joven que no sea aficionado le presentas la panorámica de la cirugía taurina actual, pues no tiene ningún porvenir. Y sin embargo, hay un porvenir muy bonito, mucho más importante que en otras ramas de la cirugía, pero nos encontramos que en el nuevo reglamento nos excluyen, no como médicos, sino como cirujanos taurinos.
Incluso comentaré como anécdota, que cuando se preguntó por qué no estábamos en la Comisión Consultiva Nacional que se ha creado para todo lo que es la Fiesta de los toros, el propio ministro dijo que nosotros no teníamos nada que ver con los toros. Le contesté: “No, claro, afortunadamente tenemos que ver con algo más importante, que es con el hombre, con el torero”. ¡Pues estamos fuera...!
Y el aficionado está muy tranquilo en la plaza. Cree que nosotros solo estamos para los toreros. Te contaré, como anécdota dramática, que en el momento en que entraba en la enfermería Manolo Montoliú, salía urgentemente de la plaza de toros un señor con una parada cardíaca que, afortunadamente, gracias al internista que tenemos en la enfermería, llego con vida al hospital. Y sí, era un señor que estaba muy alegre en el tendido, probablemente pensando que éramos unos locos los que hacemos cirugía taurina.
 Rafael Ruiz González. Foto Marogo
Rafael Ruiz: La problemática es gorda. Nosotros hemos comentado días atrás las reuniones que se han celebrado con los ministros de interior y sanidad, para ver cómo se pueden definir nuestra postura. En el nuevo reglamento no se menciona para nada la Sociedad de Cirugía Taurina, una sociedad científica que está trabajando en congresos desde 1974, que sigue celebrándolos cada dos años en las distintas naciones donde existe la Fiesta de los toros. El próximo, que se celebrará este año en España, será el número diez y Ramón Vila será el presidente. Hemos pasado por Madrid, Colombia, Venezuela, Sevilla, Ecuador, Perú, Francia, México, y ahora en Sevilla. En estos congresos vamos a profundizar sobre lo que vemos en las enfermerías, para dar explicaciones a la juventud que ya está apareciendo en los mismos. Nos preocupa poder enseñar a los que vienen detrás, para que ellos sigan con la misma trayectoria que nosotros hemos marcado, porque eso no se aprende en la Universidad. Que pasen por las enfermerías de las plazas y vean las clases de cornadas. Esa es nuestra ilusión: llevar a esos muchachos una especialidad como es la cirugía taurina.
Antonio L. Aguilera: Nos gustaría saber algo más de la Sociedad de Cirujanos Taurinos.
Ramón Vila: Mira, Antonio, la historia es muy fácil. Aquellos hombres que iban de forma independiente y aislada las plazas de toros en los países donde había corridas, un buen día, gracias a la gestión de don Máximo García de la Torre y de don Javier Campos Licastro, médicos de las plazas de Madrid y México, respectivamente, decidieron aglutinarse. ¿Por qué? Pues para decir que las experiencias que tenemos entre todos son mucho más importantes que si las tengo solo aislado. Dijeron, vamos a reunirnos para cambiar impresiones y crear una base científica sobre la cirugía taurina. Así empezaron nuestras sociedades.
Entonces se constituyeron sociedades en todos los países de habla hispana y Francia. Fueron sociedades nacionales, posteriormente una internacional que aglutinaba a todas, estoy hablando del año 1974. A partir de ahí nos reunimos periódicamente, como ocurre en cualquier otra rama de la cirugía, para intercambiar opiniones, trabajos, cornadas que ha asistido cada uno, cómo se puede hacer esto o lo otro, qué es lo que hay que llevar a las enfermerías, cómo hay que dotarlas.
Enfermería de la Real Maestranza de Sevilla.
Pues esa labor ingente de setecientos cirujanos, hematólogos y anestesistas, el equipo médico, todo eso, a lo largo de este tiempo se ha aglutinado en revistas, libros, cuatro tesis doctorales sobre heridas por asta de toro que se han publicado por compañeros muertos. Todo eso, llega el año 1992 y es papel mojado. Lo que me duele mucho es que esa experiencia no sea acogida y, a partir de ahí, potenciada, no anulada, que es lo que realmente se ha hecho. Ahora no sabe nadie quién va a la plaza, ni qué medios se tienen que llevar, ni cómo se tienen que hacer las cosas. Nada de nada.
Esto se lo dijimos al ministro escrito en un buen tomo, donde le expusimos nuestras experiencias para que le sirvieran de base para mejorarlas. Y no solo no han servido, sino que ni siquiera aparecen. Aparece que tiene que existir un servicio médico en las plazas, pero no se dice cómo, cuántos, de qué manera, medios. Nada de nada.
Y nosotros lo vivimos, porque no somos de los que decimos que lo queremos todo. No. Queremos lo preciso, lo que nos hace falta de verdad en las plazas del pueblo, de capitales. Y eso es fácil en el mundo del toreo, donde hay mucho dinero y la mayoría de las veces son empresas públicas, donde se manejan cientos de millones de pesetas lo nuestro es insignificante.
Recuerdo que una vez, sentado en la mesa del Senado, le dije al senador Arévalo que me gustaría, como médico de la plaza de Sevilla, que a mi equipo lo considerasen igual que a una cuadra de caballos. ¿Qué quiere decir eso? Pues que le pagan más a una cuadra de caballos por ir a una plaza a torear, que a un equipo médico compuesto por nueve personas, que tienen más medios, y nosotros no tenemos nada, que llevamos lo nuestro, de nuestro propio bolsillo. Pensaba que en 1992 se iba plasmar una línea de actuación para el futuro, y he visto que todo se ha quedado en el aire, en agua de borrajas. Ahora hay que empezar a rehacer todo de nuevo.
Personalmente estoy algo cansado, pero me duele por los que vengan detrás, me duele por los que ahora son como yo cuando tenía 24 o 25 años, que empecé a ir de recogegasas en un equipo médico a una plaza de toros, después empecé a ir a los pueblos, y más tarde, por fin, conseguí la plaza de Sevilla. Igual le ha pasado a Rafael y a cualquier otro cirujano.
Los que vengan detrás lo van a tener crudo. Y dudo mucho ahora mismo, te hablo con el corazón en la mano, que la especialidad o lo que quieran llamarle a la cirugía taurina, pueda tener alguna viabilidad en el futuro. Podrá existir una gran ambulancia que lleve al torero al hospital, podrán existir todos los medios que queramos en el hospital, pero nunca podrá existir la vivencia que el cirujano taurino tiene en la enfermería de la plaza de toros para curar, tratar y recuperar al hombre herido. Eso lo van a pagar primero los hombres del toro, y después la gente que asiste a los espectáculos.
Recordarás que hace poco tiempo murió un chico en el estadio de fútbol del Español, porque le explotó un cohete en el cuello y allí no había ni gasas. Y ahora nosotros, cuando ocurre algo en una plaza de toros, que está perfectamente dotada, somos los más malos del mundo, los peores. No, mire: el señor que salió el otro día vivo de la plaza es porque nosotros teníamos un desfibrilador y los medios necesarios para tratar un infarto de miocardio, que se da con mucha frecuencia en las plazas de toros. Sin embargo, el del Español no lo pudieron atender ¿a eso vamos a llevar la Fiesta de los toros? Pues como cirujano te digo que están equivocados.
Antonio L. Aguilera: Los aficionados, después de escuchar su comparación con la cuadra de caballos, habrán descartado que ustedes puedan estar motivados por los honorarios que perciben.

 Ramón Vila en la enfermería de la plaza de Sevilla.
Ramón Vila: A mí me daría vergüenza decir cuáles son los honorarios, porque la gente pensaría que no tenemos dignidad humana. ¡Nosotros vamos por lo que nos echen! ¡Es tan poca la cantidad…! Además, esa en las mejores plazas, porque si te dicen que vas a ver las ferias de Madrid, Córdoba, Valencia, Bilbao o Sevilla, pues todavía habrá algunos que digan que encima vamos gratis a los toros, Bien, pero ¿y cuando vas al Corralón de Abajo, o a Trebujena de los Palacios, el 15 de agosto, a las cuatro de la tarde, con tu propio coche, jugándote la vida por la carretera, para presenciar una novillada de las que además echan zambombos? Vas allí solo y te dan menos que eso... Ahí no se va a ninguna feria importante, se va por afición. Además, nosotros en Sevilla, gran parte de los honorarios que tenemos los destinamos a otorgar trofeos a los toreros. ¡Para que veas hasta donde llegamos!
Ahí no se puede ir por dinero. ¡Ojo, ni lo queremos, porque el día que yo vaya una plaza solamente por dinero, me retiro! Pero tampoco voy a ponerlo de mi bolsillo. Hay quienes dicen que ganamos mucho dinero con los toreros… ¡No está equivocada la gente…! Menos mal que Hacienda es la única que lo sabe, menos mal.
Percance de Andrés Roca Rey
Rafael Ruiz: Lo que parece mentira es la ilusión que todos teníamos puesta en 1992, porque saldría el nuevo reglamento, ilusión por ver que la cirugía taurina estaría presente. Ahora vemos como en el mismo solo se menciona esta en un artículo, de forma parcial, cargándolo todo al Ministerio de Sanidad, y en otro apartado hace otra pequeña mención sobre nuestra presencia en las escuelas taurinas. Tendremos que esperar a que el ministerio se decida confeccionar un anexo, que está pendiente, sobre las necesidades mínimas que debe reunir una enfermería de plaza de toros. Por supuesto, en las enfermerías de Sevilla y Córdoba, Ramón y yo aportamos todos los medios que consideramos necesarios, pero en otras plazas es mejor no saber lo que hay.
Antiguamente, en el siglo pasado, los cirujanos taurinos no tenían una entidad propia, era un cirujano de hospital al que se designaba la guardia el día de corrida. Aquel cirujano iba un día, pero probablemente no volvía asistir hasta dentro de unos dos meses; y las cornadas que ellos estaban viendo eran todas graves y hasta mortales. Por eso nosotros decidimos constituirnos en una Sociedad que cambiara criterios, se unificaran, y se obtuvieran conclusiones para poder tratar a todos los toreros en las mejores condiciones posibles. Así nació la Sociedad Internacional de Cirugía Taurina, que se formó en México y ahora lleva veinte años de evolución. El próximo congreso será en Sevilla.
Ramón Vila: Efectivamente, porque se da la circunstancia que correspondía a España, mejor dicho a Europa, el anterior fue en Biarritz (Francia). Y qué mejor que en Sevilla, para que todo el mundo pueda echar una miradita a la Expo-92, que tampoco está mal. Entonces dijeron, pues vamos a dárselo al Vila.
Ya dije en Zacatecas que me costaría mucho trabajo organizarlo. Llevaba razón, porque conocía a la ciudad y los problemas que existían con la Exposición Universal. Efectivamente, estoy encontrando muchos problemas. A nivel institucional no existe nadie que nos apoye. A nivel taurino nos apoya la empresa de Sevilla, la Real Maestranza y la empresa de Huelva, pero no tenemos más apoyos, así que tendremos que apoyarnos nosotros y con nuestro dinerito hacer realidad el congreso.
¿Qué misión tiene el congreso? Pues hablar de las lesiones anorectales; de los problemas inmunológicos que tenemos con las transfusiones, algo que dicho de paso no se toca en la mayoría de los congresos de cirugía y que nosotros tocamos en este; los problemas de las lesiones medulares, teniendo en cuenta los accidentes que se produjeron el año pasado en Francia, tan gordos como los de Nimeño y Julio Robles; los problemas de la cirugía taurina como especialidad…
Y ahí estamos trabajando un montón de gente, intentando mejorar lo que tenemos. Por ejemplo, estamos casi siendo pioneros en introducir en las plazas las autotransfusiones, algo que en los hospitales está costando mucho trabajo y que es el futuro de la hematología, porque la sangre no existe prácticamente en casi ningún hospital y cada día se gasta más. Nosotros estamos siempre avanzando en esto. Todo lo haces sin que nadie te apoye, sobre todo a nivel administrativo, y le hemos dado su sitio. Le hemos dicho a la Administración Nacional y Autonómica que hagan la reglamentación que quieran, pero que nos metan dentro a los que estamos ahí, porque tenemos experiencia, pero, desgraciadamente, nada.
Volviendo al Congreso de Sevilla, pienso que saldrá bien, como hasta ahora han salido todos los celebrados, porque nosotros los cirujanos tenemos una ventaja sobre otros: formamos una auténtica familia. Y eso sí que es bueno. Seremos menos que otros colectivos, pero cuando vengan a Sevilla, como cuando fuimos a Zacatecas o cualquier otro país, estaremos apiñados, unidos, eso es muy importante no solo a nivel profesional, sino también humano.