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jueves, 27 de febrero de 2025

A LOS ABONADOS LOS ESTÁN ECHANDO

Por Antonio Luis Aguilera

Paseíllo en la plaza de la Maestranza. Foto Juan Carlos Muñoz (Diario de Sevilla)

Hace tiempo que en la plaza de toros de Sevilla disminuyó el número de abonados. A la irremediable renovación generacional de los aficionados más fieles, se fue sumando el malestar de quienes desistieron ante la desproporcionada política de precios, y la reiterativa repetición de contrataciones de escaso interés. A los precios más caros que se conocen en plaza de primera, se unió el detestable “coladero” de toreros que “no están ni se les esperan”, por ser representados por los comisionistas de mayor influjo en el nefasto negocio empresarial de intercambio de cromos. Así las cosas, tanto los aficionados sevillanos, como los de otros lugares que cada año compraban el abono, cansados de tanta desconsideración, fueron dejando libre su hueco en tan hermoso escenario taurino, para que fueran otros los que asumieran el papel de “primos”, optando por sacar entradas sueltas para aquellos festejos de su interés, y no acudir a la plaza a disgusto, como si estuvieran obligados a tragarse un purgante de agua de Carabaña, las muchas tardes que la empresa, por interés particular, anuncia a toreros caducos, que fueron pero no son, porque pasó su momento y compromiso, así como otros fríos como témpanos de hielo, sin la menor atracción por su nula expresión artística, algo que siempre fue muy valorado en esta plaza. 

Mientras en el abono de Sevilla tienen asegurados sus puestos todos los espadas que pagan comisiones a Matilla y Casas, que son los diestros que provocan hartazgo y los primeros que ajusta Pagés al planificar la temporada, la afición se pregunta cómo año tras año se ignora a los triunfadores de temporadas anteriores; o por qué oscura razón se ha ninguneado a Juan Ortega, al que los sevillanos querían ver en el cartel del Domingo de Resurrección, y que la empresa, ignorando el clamor popular de todas las peñas y tertulias hispalenses, porque a todas las puso de acuerdo el torero de Triana para ser premiado por la mejor actuación de la pasada feria, Ramón Valencia ha dejado fuera de tan señalado día para incluir a Alejandro Talavante, comisionado del francés, premiando su floja salida a hombros por la Puerta del Príncipe, tras una actuación donde faltó poner a todos de acuerdo como hizo rotundamente Ortega, pero que fue premiada con desmesurada generosidad por un presidente de mano floja, Gabriel Fernández Rey, dispuesto a atender con escaso rigor la desproporcionada demanda de trofeos que solicita el público triunfalista, que últimamente pretende convertir en parte del espectáculo la salida a hombros por la puerta que asoma al Guadalquivir. 

Juan Ortega meciendo el lance a la verónica. Foto Arjona

A los aficionados les produce urticaria que Manzanares acuda tres tardes a Sevilla, cuando la pasada temporada, con igual número de festejos, no dio ni una vuelta al ruedo, mientras se deja fuera a espadas como Fernando Adrián, triunfador en tantas plazas las dos últimas campañas; Paco Ureña, siempre auténtico y comprometido; o el malagueño Fortes, que en la última feria de Málaga firmó una de las actuaciones más contundentes de la temporada española, pero que al no tener un comisionista del lobby no es valorado para estar en el abono maestrante. Lo dicho, que es un pequeño ejemplo de lo que ocurre, lleva a pensar que Ramón Valencia, además de no escuchar lo que quiere la afición de Sevilla en lugar de priorizar a sus colegas comisionistas, es un mal aficionado y peor empresario, pues no piensa en el público al que se debe y están destinados los carteles. Desgraciadamente, después de lo expuesto, resulta ilusorio pensar que en los puestos que cansinamente ocupan El Fandi o Cayetano, demasiado vistos en ese ruedo donde tan poco recuerdo han dejado, se haya pensado en dar cabida a toreros jóvenes con proyección, como por ejemplo Jorge MartínezVíctor Hernández, o José Fernando Molina. Hay muchos más.

No obstante, como en esta vida quien no se consuela es porque no quiere, en la presentación oficial de los carteles, donde curiosamente este año no hubo ningún representante de la Real Maestranza, propietaria del inmueble, el gestor del coso del Baratillo, en un alarde de modestia aseguró que «los carteles tienen solidez, remate y el lujo que exige Sevilla». Falta poco para comprobarlo, para ver la respuesta del público en este último año del contrato que vincula a la empresa Pagés con los dueños de la plaza de toros de la Real Maestranza, a los que posiblemente no tenga muy contentos tras los dos pleitos que les ha planteado en los Tribunales de Justicia. Por tanto, dentro de poco se verá si este año aumenta el número de abonados que no renuevan sus localidades, sumándose a los que se han marchado hartos de ver como sus predilecciones no cuentan en la planificación de la temporada, donde el empresario solo escucha a comisionistas de su cuerda al adjudicar los puestos de fechas clave, ignorando lo que de verdad pide y quiere la gente de la calle, esa que asegura escuchar, que entre la subida de precios y el desdén del empresario, considera que tiene razones suficientes para sentir que la han echado de la plaza, precisamente a ella, que es la que sostiene económicamente el espectáculo, máxime cuando esta feria no habrá ingresos por la televisión temática, la que han mantenido durante treinta años Movistar y dos One Toro, porque la ambición de Ramón Valencia y su colega madrileño Rafael García Garrido ha propiciado que desaparezcan como plataformas taurinas. A ellos les importa poco la necesaria difusión del toreo y el interés de los aficionados. 

 

miércoles, 22 de enero de 2025

LA MAESTRANZA-«PAGÉS»: 1932-¿2025?

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla.

En las postrimerías de 2024 quedó claro, por si quedaban dudas, que Ramón Valencia no puede ver a José María Garzón. De ahí que en la adjudicación de la plaza de Santander —donde el manchego concursó con Matilla para armar ruido, a sabiendas que poco habría que hacer ante la brillante gestión en el coso cántabro del sevillano—, al ocurrir lo previsible, recurrió con escasos argumentos y perores formas la reelección de Garzón, conociendo lo difícil que resultaría que la impugnación prosperase y la plaza cambiara de manos. La resolución del Ayuntamiento de Santander dio carpetazo a la denuncia de falsedad en la contratación de un rejoneador, desmentida públicamente por el profesional aludido, con lo que los recurrentes quedaron a la altura del betún.

Puede que don Ramón esté preocupado, porque este año jubilar de 2025 acaba el contrato más longevo del toreo: el que desde 1932 ha unido a la plaza de la Real Maestranza de Sevilla con la empresa Pagés, de la que es último representante. Además, para tensar esa preocupación, presentó dos querellas contra los dueños del histórico recinto, en reclamación del IVA y de las visitas turísticas al coso. A esta tensión habría que añadir los ingresos de televisión dejados de percibir por la Real Maestranza, tras la ruptura del empresario sevillano con las plataformas taurinas, primero Movistar y después One Toro, un hecho que además ha mosqueado seriamente a la afición, y viene a demostrar que tanto a don Ramón como a don Rafael, el colega de Madrid, parné aparte, les trae sin cuidado el toreo y su divulgación. De ahí que decidieran dejar en negro la televisión, que se dice pronto, tras ignorar a la empresa de Telefónica después de treinta años, para vender las retransmisiones a un operador alemán con posibilidades, que pensaba que la televisión por Internet revolucionaría todas las revoluciones y llevaría el toreo a todo el mundo mundial, sin reparar en su desmedida euforia que los mares por los que habría de navegar estaban infestados de piratas.

En Sevilla se habla, se comenta y hasta se desea otro empresario para la Maestranza. No son pocos los abonados que aseguran que los han echado de la plaza. Tanto se habla sobre el fin del contrato con Pagés, que incluso hay quienes piensan en José María Garzón como el mejor relevo. Garzón es joven, emprendedor e inteligente, y tiene unos modales acordes a los tiempos que corren. Ha hecho cosas muy buenas, como sucedió en la pandemia del COVID-19, cuando hicieron un estrepitoso ridículo los miembros de ANOET, que ante el drama social y las dificultades de los colectivos taurinos no fueron capaces de organizar ningún festejo, mientras el joven emprendedor demostraba que era capaz de organizar importantes corridas de toros, soportando falsas acusaciones sobre las medidas de seguridad adoptadas, acusaciones que también resultaron ser falsas y desmentidas por la Guardia Civil. Ha hecho otras buenas, gestionando con acierto plazas como Santander, Almería y Málaga; y también otras regular, que empezaron bien pero no ha terminado de rematar, como el coso de Córdoba. Sin embargo, por juventud, afición, ilusión, disposición y comunicación cae mejor que don Ramón, cuya gestión en Sevilla deja mucho que desear, al repetir cada año en el abono a toreros caducados, vistos, aburridos, amortizados y no deseados, a los que haciendo caso omiso a la afición duplica o triplica sus comparecencias por sus relaciones comerciales con los comisionistas Matilla y Casas, a los que otorga trato de favor para priorizar la contratación de sus comisionados, sin valorar que representan a espadas que la gente está hastiada de ver, a los que incluye con calzador ignorando a otros que son novedad y tendrían que estar en el abono, por haberse ganado en otros ruedos estar en la Maestranza.


Juan Ortega con las orejas del toro Florentino, de Domingo Hernández.
Sevilla, 15 de abril de 2024. Foto: José Manuel Vidal.


Mas don Ramón está por repetir cada año más de lo mismo y seguir llevando la contraria a los que han de pasar por taquilla, aunque haya descendido el número de abonados. La última de sus decisiones es tan desagradable como polémica: como no puede ver ni en pinturas a Garzón, para pasarle factura por el asunto de Santander, se venga con Juan Ortega, uno de los toreros más deseados de la afición hispalense, autor de la mejor faena de la feria de Sevilla de 2024 con el toro Florentino, de Domingo Hernández, con la que arrasó con todos los premios de Sevilla y el reconocimiento absoluto de la afición, pero que no ha sido suficientemente valorada por el señor Valencia para que Ortega figure este año en el cartel del domingo de Resurrección. Es más, para tensar la cuerda, aún no ha hablado con el apoderado para negociar su contratación en el abono, donde el torero de Triana, se ponga como se ponga don Ramón Valencia, ha de figurar como protagonista indiscutible. ¿O acaso pretende faltar el respeto a su condición de gran triunfador ofreciéndole las migajas del mantel?  El rencor del señor Valencia con el señor Garzón no ha de pagarlo el torero, el toreo, ni la afición. Asuntos tan feos como este son los que invitan a pensar que la plaza de la Real Maestranza necesita cuanto antes otra empresa para gobernar el timón de la nave. 

lunes, 15 de julio de 2024

BILBAO: DE BUQUE A PECIO

Por Antonio Luis Aguilera


Ya están en la calle los carteles de Bilbao, plaza en otro tiempo buque insignia de la temporada, hoy hundida por los herederos del gran empresario vasco Manolo Chopera, desde hace unos años aliados con la empresa mexicana Bailleres. Como era de esperar, en la que fue el gran puerto de montaña del norte, se repite el compadreo impuesto en la temporada por los comisionistas, que dejan fuera a toreros que por sus méritos en el ruedo tenían que estar, mientras  se incluyen con calzador a los espectros de antiguas figuras, a espadas que ni están ni se les espera, sin sitio, destemplados, descentrados e inexpresivos, los amparados por MatillaCasas y otros comisionistas, que invitan al público a retraerse en la compra de las caras entradas y dar la espalda a una feria que fue buque insignia y hoy es un pecio complicado de reflotar.

Complicado porque la afición está cansada de que le quieran vender el burro con las supuestas figuras, que ni juntas arrastran gente a la plaza, el «sota, caballo y rey» o coladero de espadas que hurtan los puestos que merecen los que de verdad han triunfado en los ruedos, los que interesan y anhela ver el aficionado junto a los jóvenes que son novedad. Los ganaderos-empresarios-apoderados, hoy influyentes comisionistas, enterraron la antigua fórmula de juntar en los carteles de ferias al torero consagrado, el emergente y la promesa que es novedad,  sustituyéndola por el «cartel rematado», en realidad el «cartel comisionado», ese que ha aburrido y echado a patadas de las plazas a tantos aficionados, cansados de ver a los mismos toreros, impuestos feria tras feria sin justificar sus inclusiones.

En la zona alta del escalafón se mantienen matadores que fueron pero no son, espadas que deberían reflexionar en el banquillo que, de momento, su tiempo pasó, y pensar por qué causan hartazgo. Quienes antes seducían hoy aburren con actuaciones repetitivas sin gobierno, sin colocación ni  orden, sin ajuste ni temple, donde la entrega fue sustituida por la técnica ventajista y la velocidad. Y a esta barbaridad se ha llegado por la nefasta política empresarial que excluye de las ferias a espadas que merecen estar, como Paco UreñaManuel EscribanoFernando Adrián o Tomás Rufo, sin olvidar al rejoneador Diego Ventura, mientras que como una penitencia se imponen a ManzanaresTalavante o Castella, que desesperan con su inexpresivo, tenso y gélido toreo, con actuaciones sin relieve que sin embargo no son obstáculo para que sigan estando en todas las ferias de la temporada. 

domingo, 25 de junio de 2023

EL TORO NO PONE A CADA UNO EN SU SITIO

Por Antonio Luis Aguilera

Manuel Escribano. Foto Diario de Sevilla

Dicen que el toro pone a cada uno en su sitio, pero no siempre se cumple este aserto. Los que de verdad ponen y quitan son los gestores de las empresas taurinas, y no todos han mamado el respeto a la tradición, es decir, a los toreros y sus éxitos en los ruedos. Sirvan de ejemplo los casos de Manuel Escribano, a quien injustamente dejaron fuera de Madrid, o el de Paco Ureña, al que inmoralmente excluyeron de la corrida de la Beneficencia, programada este año para el domingo 18 de junio con dos puestos libres, para incluir a los triunfadores de san Isidro, a la que se cambió la fecha un día, al sábado 17, para favorecer la contratación de Sebastián Castella, legítimo triunfador pero anunciado previamente en la plaza de Istres para el día señalado, que se cambió por estar apoderado por Matilla, uno de los taurinos más poderosos del complejo entramado del toreo.

Rotundamente, no. En esta época el toro no pone a cada uno en su sitio, como cuando hace años un torero triunfaba en Madrid o Sevilla, pues los empresarios actuales, a diferencia de los de otras calendas, no solo son empresarios, sino apoderados —¿o simplemente comisionistas, si hablamos claro?— de uno o varios toreros, algunos son ganaderos —algo otrora reservado a las grandes figuras del toreo, que  hoy no está al alcance de la mayoría de los diestros destacados—, acaparadores de corridas, que compran para revender cuando escasean las de otras ferias, y miembros de un excluido grupo, donde cobra primacía el intercambio de toreros entre los que controlan las ferias de la temporada, aunque ello vaya en detrimento de los intereses de otros toreros, de la afición y, en definitiva, de la propia Fiesta. 

Juan Ortega. Foto Diario "El Mundo"

El incontestable triunfo de Manuel Escribano en la feria de Sevilla, que no fue sino otro más en el eslabón de la gloriosa trayectoria del  admirado torero de Gerena, denunciaba su vergonzosa exclusión en los carteles que confeccionaron para Madrid el señor García Garrido, gestor de viajes aterrizado en el negocio taurino, y el señor Casas, indómito charlatán que ante cualquier micrófono proclama odas exaltando la grandeza y verdad del toreo, aunque después, por ejemplo, no tenga reparos en dejar fuera de san Isidro a Juan Ortega, un espada del gusto de Madrid, porque el sevillano, que posiblemente es quien más despacio y reunido torea de todo el escalafón, decidió poner en otras manos el rumbo de su carrera, esa que el taurino francés tuvo aparcada varios años sin prestar ningún interés hasta la grandiosa epifanía de Linares y posterior confirmación en Jaén del torero de Triana. 

Paco Ureña en la corrida de Victorino. Foto Plaza 1

No, el toro no pone a cada uno en su sitio, porque entonces, por encima de intereses entre grupos de poder, Paco Ureña habría toreado la corrida de Beneficencia como legítimo triunfador de la feria de san Isidro. No se puede ofrecer la vida con más verdad para conseguir un triunfo legítimo, ni torear con mayor entrega y pureza, echando la moneda arriba dispuesto a dejarse matar si fuera necesario, como tan real y espeluznantemente hizo el de Cartagena en la seria y brava corrida de Victorino, donde no salió de la plaza a hombros por la puerta grande por la insensibilidad de un horroroso aficionado, el presidente  de la corrida, que ya debería estar cesado, obstinado en no atender una petición a todas luces mayoritaria y negarle el trofeo que le habría permitido salir en volandas, decisión que sirvió en bandeja a la empresa la exclusión del gran torero murciano, para cambiar la fecha y satisfacer compromisos empresariales de mayor calado entre los colegas que mueven los hilos del negocio. «¡Indecente!», así lo calificó el maestro Paco Ojeda en los micrófonos del programa «Clarín» de RNE.

No, el toro no pone a cada uno en su sitio. Aquí los que ponen y quitan son los insensibles comisionistas del toreo, los que gestionan las plazas para poner y quitar a los suyos, favorecer a otros cobradores de porcentajes como ellos, que con toda seguridad revertirán el favor, mantener a raya a los apoderados independientes, y organizar las ferias excluyendo a quienes demostraron su inmensa torería en el ruedo y ante el toro —que es donde tienen que hablar los toreros tener méritos sobrados para estar anunciados en los mejores carteles. 

martes, 7 de febrero de 2023

EL TOREO SE LLAMA JUAN ORTEGA

Por Antonio Luis Aguilera 

Juan Ortega en Valdemorillo. Foto Alfredo Arévalo

El toreo existe de milagro. Sale un torero excepcional como Juan Ortega, que está en boca de los mejores aficionados, y lo dejan fuera de Madrid. El motivo: haber roto con el comisionista que lo representaba, que a su vez tiene una pequeña participación en la empresa de Las Ventas. Y los aficionados que lo quieran ver, que vayan a donde lo anuncien, como Valdemorillo, donde el nuevo «Pasmo de Triana» formó hace dos días un lío grande. Y lo hizo de la forma que él sabe hacerlo: sin levantar la voz, susurrando el toreo, acariciando las embestidas con engaños de seda guiados por las yemas de los dedos, para contagiar a quienes se sientan en los tendidos del sentimiento más místico y auténtico del arte de jugarse la vida. No hay nada más verdadero que el valor de quien relaja todo su cuerpo —observen los dedos de la mano que no torea y las zapatillas en el trance— para crear una obra que estremece por su pureza y maravillosa belleza.

Pues Juan Ortega, este grandioso artista, está fuera de Madrid, porque el señor García, socio mayoritario de Plaza1, no es aficionado ni siente el arte del toreo, y deja que el locuaz y vacuo Casas, el socio minoritario, se tome la venganza con tan gran torero, al que hacía las corridas hasta la pasada temporada, ese al que no acompañaba casi nunca, y con quien no hablaba de las cosas que se deben hablar entre torero y apoderado: de cómo eran los toros de sus corridas, de cuándo fue a verlos al campo, del hierro y de las hechuras de los sobreros dispuestos para las plazas importantes. O lo que es igual: de las letras vocales que debe conocer un apoderado para diferenciarse de un comisionista.

El domingo, el torero que mejor torea de todo el escalafón, el castigado a quedarse fuera de San Isidro, la feria que llaman «el mundial del toreo», toreó en Madrid. Lo hizo en la provincia, en la serrana localidad de Valdemorillo, donde iluminó la tarde con la insuperable belleza del toreo más lento que puede verse en los ruedos, ese que no saben ver, porque no son aficionados, los listos que gestionan la plaza de Madrid, esos que, para escarnio de la gran afición de la capital del reino, lo han dejado fuera de los carteles. Observen las imágenes grabadas por Carmelo López, y entenderán de qué estamos hablando y de cómo se preocupan por la afición los gestores de la primera plaza del mundo, esos dos personajes que no tienen sensibilidad ni saben de toros.


martes, 27 de julio de 2021

LAS VERGÜENZAS DEL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de Valencia. Foto J. Diez Arnal

Las familias que controlan el toreo hace tiempo que dejaron de engañar a la afición, que no se traga ni una de las mentiras que pregonan, pretendiendo colar con inaguantables verborreas una imagen falsa del panorama taurino, donde rigen de manera absolutista y opaca todos los estamentos que conforman este mundo singular, en el que lamentablemente cada cual hace su propia guerra, sin importarle mucho ni poco la unión por el futuro de la Tauromaquia.  

Al hacerse públicas las condiciones para regentar la plaza de Valencia, Simón Casas, el mismo empresario que la lleva y seguirá llevando, con su habitual incontinencia verbal se quejaba amargamente de la falta de interés por el toreo de la propietaria del coso, la Diputación de Valencia, cuando esta requería un canon inferior al que viene satisfaciendo por el alquiler de la plaza.

Tras la cortina de humo intentando despistar a la opinión pública, la empresa con la que concursa, la misma que regenta el coso de Las Ventas en Madrid, con objeto de asegurar que el inmueble no fuera a otras manos ofreció 450.000 euros, cantidad que supera holgadamente los 150.000 euros que establecía la Diputación, y que habrán de salir, no quepa la menor duda, del incremento de precios de las localidades y reducción de honorarios a toreros y ganaderos.

Ahora, con el poder en la mano, toca callar, mientras el aficionado se pregunta para qué querrá tantas plazas quien no da toros en las que debe y puede hacerlo, como ocurre en la misma Valencia, donde llevan dos años sin ver un pitón, o Madrid, plaza de temporada donde con un par de festejos y la promesa de un otoño taurino han callado bocas.

Parece mentira que este señor, presidente de la Asociación de Empresarios Taurinos, fuera el mismo que el pasado año cargara toda la artillería pesada contra José María Garzón, un empresario joven, buen aficionado, que goza de excelente crédito entre los amantes del toreo, por el hecho de organizar brillantemente una corrida de toros en la plaza de El Puerto de Santa María, cuando las familias permanecían escondidas y no eran capaces de dar un pitón.

Y como el delito fue que «les levantó los pies del suelo» pretendieron hundirlo, lo que no consiguieron gracias al testimonio de la Policía Autonómica de la Junta de Andalucía, que desarmó el conjunto de falsedades de las que fue acusado por la cúpula del club de empresarios, y algún ridículo espontáneo con ganas de notoriedad, sin que después ninguno de los que quedaron con sus vergüenzas al aire ante el informe de la Policia Nacional, por un mínimo de decencia o vergüenza torera entonara su disculpa.

Del buen hacer de Garzón se van a acordar este año en la bonita plaza gaditana, pues el Ayuntamiento del Puerto ha subastado al mejor postor la explotación, para que la regente el que más dinero ingrese en las arcas municipales. Gracias a tan brillante idea política, el tendido de sombra que en 2020 costaba 65 euros este año costará 99 euros con Carlos Zuñiga, que para cuadrar sus cuentas deberá hacer lo que hemos apuntado hablando de Valencia, plaza donde por cierto también pujaron en subasta los miembros de las otras familias que controlan el toreo, como Bailleres-Chopera, que no ofrecen un pitón desde hace dos años en las plazas del norte que regentan —San Sebastián y Bilbao—, mientras Garzón, también en el norte, ha sido capaz de ofrecer en el precioso coso de Santander una brillante feria taurina. ¿A las familias les importan las plazas o el poder absoluto para controlar y manejar el toreo a su antojo?

Hacen falta empresarios independientes, que vayan por derecho y se preocupen por la afición y por organizar festejos con categoría, como se ha hecho en El Puerto, Córdoba, Jaén, Santander y ahora se anuncia en la bella Málaga, empresarios valientes como Alberto García y José María Garzón, capaces de dar la cara en los dramáticos momentos Covid del pasado año, y sobran los que buscando el control absoluto del negocio, pretenden sin disimulos cortar el paso a esa gente joven que ha demostrado que se pueden dar toros con ilusión, afición, precios aceptables y pensando en el futuro de la Fiesta. 

domingo, 14 de febrero de 2021

NO ESTÁ EN JUEGO EL FUTURO, SINO EL PRESENTE

Por Antonio Luis Aguilera

Foto González Arjona

El inmovilismo y la estrategia cainita de las familias imperan en el mundo del toro. Los empresarios de las plazas grandes siguen atrincherados, esperando a que pase la pandemia, sin calibrar que lo que puede pasar a la historia es el propio toreo. Obcecados en mantener cerrados los cosos de no asegurar garantías, aguardan a que se les conceda el cincuenta por ciento de los aforos, porcentaje que de momento no cobra visos de realidad de no producirse un cambio radical en el panorama sanitario, oscuro como una tormenta por la lentitud en la administración de vacunas.

Así las cosas, gestores de plazas importantes como Valencia, Sevilla y Madrid confían en tiempos mejores para ofrecer programación en verano y otoño, parapetados en una asociación que los respalda al ocupar los cargos directivos, y que hace frente injustificada e irracionalmente a quienes pretendan alterar el orden establecido. El año comenzó hablándose de Sevilla, algunos medios daban fechas, nombres de espadas y divisas, pero conforme avanzaban las semanas todo parecía quedarse en un brindis al sol, en un amago de movimiento en las oficinas de la calle Adriano, donde no parece sobrar ilusión por programar sin garantías del porcentaje solicitado, que la Administración no asegura a ninguna otra actividad lúdica o comercial. También se habla que Valencia concentraría las corridas de Fallas con las de la feria de Julio; que Madrid podría ofrecer una larga feria de otoño con el paraguas de la televisión... Todo para más adelante. Ninguno de los gestores de las grandes parece dispuesto a dar el primer paso y poner en macha la actividad, como hacen desde que acabó el confinamiento otros sectores de la sociedad: cuándo, cómo y con lo que pueden.  

José María Garzón, Foto Rafael Ruiz

Por el contrario, empresarios jóvenes de otras plazas importantes no integrados en ninguna familia taurina, como Alberto García, gestor de Jaén y otros cosos, ha prologado la temporada programando en abril toros en Leganés, y si es autorizado por la Comunidad de Madrid –donde se autorizan conciertos, cines, teatro, pero no espectáculos taurinos– ofrecerá dos corridas y una novillada con picadores. También José María Garzón ha manifestado su intención de dar toros en mayo en Córdoba, aunque la feria haya sido suspendida, demostrando ambos que para ser empresarios, además de algo indispensable como es tener afición, es preciso emprender y hacer frente a las circunstancias. 

El planteamiento de los jóvenes gestores difiere del mantenido por los clásicos. Deben tener claro que el objetivo actual no puede centrarse en ganar dinero, algo que parece imposible de momento; ganar para guardar en la despensa no será posible, pero jugando bien las cartas tampoco perderán de lograr un consenso para equilibrar la contabilidad, cálculo posible de realizar cuando existen voluntad e ilusión por dar toros. Esta intención de movimientos requiere un plus de trabajo extra para hacer frente no solo a la adversidad, sino a la hostilidad de los piratas que controlan los mares del toreo, que procurarían hundir a los atrevidos veleros que surcan en las que consideran sus aguas.   

A propósito de lo anterior, resulta increíble que espadas considerados figuras miren para otro lado, sin querer saber de los atropellos que se exigen al negociar su nombre, y que por omisión validen los chantajes que se urden contra empresas, abortando carteles donde exigen incluir a representados que no interesan, para destrozar la función que se programa y multiplicar esas jugosas comisiones, que han permitido a algunos comisionistas un patrimonio antes exclusivo de quienes se jugaban la vida en el ruedo.

Pero igual que hay empresarios dispuestos a poner en marcha la maquinaria del toreo, también hay toreros y ganaderos dispuestos porque les duele la Fiesta y saben que es vital para el futuro. Sabemos que no son tiempos fáciles para nadie, pero el toreo no puede seguir escondido. No queda otra que dar un paso adelante y arrimar el hombro adaptándose a los tiempos que corren. Otro año sin toros sería insostenible para las ganaderías que no sacrificaron la pasada temporada, y que de sucumbir ante la necesidad estarían arrojando por el sumidero del matadero un caudal genético único, irrepetible e imposible de recuperar, para el que han sido necesarios muchos años de selección.

La pasada temporada José María Garzón fue el único empresario que organizó una corrida en plaza de primera, colocando con su gesto a Córdoba en el mapa taurino. Ahora, de persistir en su loable acción, puede que Córdoba impulse a Garzón a los primeros puestos de los empresarios más deseados para llevar cualquier plaza importante española, pues de ofrecer varias corridas en mayo demostrará saber manejar esa situación que orilla un sector viciado, inmovilista e injusto por las descalificaciones vertidas contra este gestor, que resultaron ser falsas.   

Según informa el diario EL MUNDO, la asociación ANOET ha recibido una carta firmada por nueve empresarios taurinos, dirigida al presidente Simón Casas, en la que se exige una asamblea general para elegir lo antes posible nueva junta directiva. En la misiva expresan su preocupación por la situación del sector, y entre los firmantes figuran José María Garzón, Alberto García, Óscar Polo o Maximino Pérez. Algo parece moverse en el toreo cuando varios empresarios quieren renovar la junta directiva que los representa.

Son momentos preocupantes donde es imprescindible la unidad. El toreo está siendo acosado por una jauría de políticos incompetentes, incultos e injustos, que, en su irrespetuosa e ilegal carrera por hundirlo, discriminan a los toreros denegándoles las ayudas extraordinarias aprobadas por el Covid para los artistas en espectáculos públicos, ayudas que los hombres de luces tienen que lograr mediante sentencias judiciales. El toreo no puede esperar nada de quien lo ignora y desprecia tan miserablemente, como los ridículos cargos ministeriales que hasta hace poco ocupaban los callejones en corridas televisadas y ahora desaparecen cuando se les necesita. Ni nada puede esperar de los medios de comunicación que miran hacia otro lado negando la información taurina. El toreo está más solo que nunca y necesita más unidad que nunca.

 Córdoba, 12 de octubre de 2020. Corrida con aforo reducido.

Una unidad que parece imposible cuando el silencio ha sido la única respuesta al llamamiento de la Unión de Criadores de Toros de Lidia a todas las asociaciones ganaderas para cerrar filas. O ante la insostenible situación de las novilladas, cuando los sindicatos de banderilleros y picadores se cierran a buscar soluciones que las hagan viables. El diálogo es más necesario que nunca para entender lo que está en juego. Nadie programa espectáculos ruinosos. Un novillero no deja de ser un aprendiz, y no puede llevar en la cuadrilla el mismo número de subalternos que un maestro de alternativa. Ni las empresas que ofrecen oportunidades de formación pueden sufragar gastos desorbitados de sueldos y cotizaciones a la Seguridad Social. Si las plazas de primera y segunda no pueden asumir los costes y marginan las novilladas ¿cómo van a hacerlo las de los pueblos? ¿Y si las novilladas siguen desapareciendo cuál es el futuro del toreo?

Un torero inactivo amigo nos enjuicia así la situación: «El toreo en el ruedo se caracteriza por la unión. Si hay que cortar un toro o torear un festival, ahí no hay problema. Pero fuera de la plaza, para mojarse por la profesión, no se hace nada ni se ha hecho a lo largo de la historia, salvo algunos toreros y hechos puntuales. Lo que pasa ahora, en la situación que se vive en España, es que se nos ven las vergüenzas a todos, porque el enemigo tiene el poder y las ideas claras, sabe a lo que va y lo que quiere. Y  en frente no tiene un ejército... Ni siquiera una pandilla. El lío es chico, porque estamos vendidos, completamente vendidos».

La pandemia está ahí y es una amenaza de la que no escapa la Fiesta. Pero el inmovilismo y la falta de unidad conducen al ostracismo y el olvido. No está en juego el futuro, sino el presente del toreo. 

lunes, 19 de agosto de 2019

AL HILO DE LA CRÓNICA DE GONZALO BIENVENIDA

Por Luis Miguel López Rojas

Juan Ortega. Foto Plaza1
"La inmensa torería de Juan Ortega". Preciosa crónica la de Gonzalo Bienvenida y sobre todo, en mi opinión, la que mejor expresa los momentos que se vivieron en la plaza. Al menos coincide tal y cómo yo los viví y sentí. Así que mi enhorabuena por esa forma extraordinaria de escribir. También mi enhorabuena al torero, perdón, TORERO (con mayúsculas), que eso es lo que es Juan Ortega. Esa forma de sentir, de expresar, de andar por la plaza, de echar los vuelos, de acariciar… En definitiva, de torear.

Torería, eso que es tan complicado de describir, tan fácil de distinguir y tan difícil de ver. Por eso cuando el sevillano pegó ese trincherazo a un mulo por el que nadie daba un duro, la plaza crujió. Y después vinieron tres naturales que quedaron grabados a fuego en mi memoria, por esa fragua incandescente que tiene en sus muñecas. Y Madrid se hizo un manicomio. No hizo falta más, porque tampoco había para más.

Trincherazo de Juan Ortega. Foto Plaza1
Dicho lo cual, creo que ya va siendo hora de hablar alto y claro para decir a aquél que se autoproclama “productor de arte” y a sus veedores, que no hay derecho a soltar semejante corrida. Que en la confección de los carteles, por una parte está la elección de los toreros (bonito cartel el del día de la Paloma), la ganadería, pero por otra parte el ganado que se escoge en el campo. No me imagino las razones ocultas que pueden existir para elegir seis bueyes, más propios para tirar de las carretas del Rocío que para lidiarse (bueno, sí me las puedo imaginar: limpieza de ganado del año anterior, amiguismo, bajo precio…). Corrida mastodóntica, fea, con un promedio de 635 kilos (estos fueron los pesos: 572, 645, 646, 691, 586 y 669 kilos), cinqueña y algún ejemplar a escasos meses de cumplir los seis años. Eso no ha sido nunca el toro bravo, no lo es y espero que no lo sea. Pero la gota que colmó el vaso y el respeto que se le debe tener a la que se considera primera plaza del mundo, fue el sobrero de Osborne. ¡Ni para las calles de Castellón! No entiendo como un ganadero puede dejar un animal tan feo llegar a toro, como se puede lidiar en una plaza, y mucho menos en Madrid, salvo por su precio de saldo… También pongo en tela de juicio la labor de presidentes y veterinarios de Madrid y su concepto de “trapío”. Esa corrida de Martín Lorca se debería haber rechazado por no tener trapío. El día antes, en Gijón, una de la Quinta con 200 kilos menos, daba mucho más miedo. Luego podrán salir buenos, malos o regulares, como así ocurrió en el Bibio, pero nadie podrá negar que estaba en tipo de embestir y tenía mucho más trapío que la de Madrid.
Juan Ortega citando al tercero, de 646 kilos "en la pizarra". Foto Plaza 1
Sinceramente me sentí estafado. Se hace difícil acudir a los toros en agosto a Madrid, cuando todo el mundo está en la playa o bajo el aire acondicionado. Desplazarte de otros lugares, con los gastos que ello conlleva, para ver semejante esperpento salir por los toriles... ¡Hay que ser muy mal empresario para maltratar así a “sus clientes”, y no imagino esa “visión empresarial” en cualquier otro ámbito! Para “producir arte”, señor Casas, hacen falta herramientas. Pero independientemente de ello, ya apelo a la “sensibilidad” de aficionado que debe tener un empresario taurino. ¡Hay que tener muy poca sensibilidad para estrellar las ilusiones de tres toreros que van a jugarse la vida, que viven por y para el toro, con esta envenenada “oportunidad”! Y las ilusiones de los aficionados que acudimos a verlo. ¡Eso es una falta de respeto!
Inolvidables naturales de Juan Ortega. Foto Plaza1
A Juan Ortega le han caído unas cuantas bolitas de esas que decía Rafael de Paula que repartía Dios. Con diez o doce naturales el año pasado el día de la Paloma, dos verónicas y una media cumbres en Resurrección, y el trincherazo y los tres naturales que relata Gonzalo Bienvenida en su crónica, ha sido capaz de remover los cimientos de la Monumental de Madrid. Ha creado un halo de ilusión en los aficionados porque es un torero distinto. Es una irresponsabilidad dejar perder a un torero de este calibre, como lo fue darle semejante “oportunidad” con ese saldo ganadero. Hacen falta muchos Pablo Aguado y Juan Ortega en la situación en que se encuentra hoy el mundo del toro. Apelo a su responsabilidad señor Casas, como empresario y sobre todo como aficionado. ¡Qué no se vuelva a repetir, porque sería síntoma de que es usted muy mal empresario y “sobre todo” muy mal aficionado!

Juan, ¡qué ganas de volver a verte!


miércoles, 29 de agosto de 2018

CARTA ABIERTA A JUAN ORTEGA


Por Luis Miguel López Rojas

Juan Ortega. Foto Plaza 1
“Juan Ortega, tú sí estás en mi otoño…”

Hoy, instantes después de que Plaza 1 haya presentado oficialmente la lista de los once toreros que entrarán en el bombo de la feria de otoño, diseñado por aquel que se autoproclama “productor de arte”. Sorprende que en el sorteo no esté una bola con tu nombre. Sólo te puedo decir Juan Ortega, tú sí que estás en mi otoño.

En ese sorteo, sí estará presente la bola de la injusticia, del cambio de cromos, del mediocre sistema taurino que asfixia el toreo, la bola de la falta de sensibilidad…Porque el arte no se produce señor Casas. El Arte, se tiene o no se tiene. Como la torería, la que tú, Juan Ortega, derramaste en el coso venteño el pasado día de la Paloma.  

La torería clásica de Juan Ortega. Foto Plaza 1
Ya lo dijo Curro Romeroqué difícil es comer despacio cuando se tiene mucha hambre”, y que difícil debe ser después de que pasaran más de dos años desde tu confirmación y no haber vuelto a pisar su ruedo. Del olvido, de ostracismo que somete el sistema a tanto torero bueno. En tarde de canícula agosteña, del Madrid desierto, de mucho cemento, de escasa entrada y mucho turista, de andanadas cubiertas de andamios… Pero también de fecha de tradición con aficionados dispuestos a paladear el toreo, el buen toreo. Tarde de jugarse el todo por el todo…

Por eso impactaste tanto, desde el primer quite, donde tu capote se mece en forma de dos verónicas. La media que esculpe y cincela tu cuerpo. Esa despaciosidad, esa mente despejada, ese aroma a toreo bueno. El reencuentro con el toreo añejo, el toreo caro, el toreo de sabor. El toreo de hoy y de siempre. Por tu forma de iniciar la faena con esos doblones por bajo, torerísimos, además de eficacia y dar al toro la lidia que necesitaba, reunieron belleza y se convirtieron en escultura

Ese aroma a toreo bueno. Foto Plaza 1
Faena maciza. Cadencia y compás. Para saborear y paladear. Tres series con la derecha y una tanda donde los naturales surgieron cristalinos y puros.  Exquisita. Como exquisito volvió a ser el cierre por bajo. Tu corazón tras de tu espada, que quedó en todo lo alto… ¡Cómo olía a toreo en tu vuelta al ruedo con la oreja en la mano!

¡Qué pena que tu segundo no dejara redondear la tarde! Y qué ganas de volver a verte… Juan Ortega.

Cadencia y compás. Para saborear y paladear. Foto Plaza 1
Por todo esto todavía doy más valor a tu actuación, que por sí sola y en otros tiempos te habría valido un buen número de contratos. Pero de lo que todos estábamos seguros, es que al menos te valdría para que tu nombre apareciese anunciado en los carteles de esta novedosa feria de otoño. La del sorteo. 

Seguramente el Señor Casas no estuvo en Madrid ese día, lo que no es disculpa, porque gente de su amplio grupo y confianza, sí estaría. Y si no, están los videos y como todos los medios taurinos de forma unánime lo cantaron. Por eso duele más tu ausencia.

Hoy retumbarán en tu mente una y otra vez ese: “tanta lucha, pa ná”, que en su día pronunció tu apoderado, Pepe Luis Vargas, con el que tantas horas de toreo de salón, de sueños, de lucha has compartido este año… 

 "Tú sí estás en mi otoño". Foto Plaza 1
Sé que mis palabras de poco servirán, pero cuando la temporada eche el cierre, las luces se apaguen, las plazas españolas cierren sus puertas y el invierno coja fuerza, mi mente de aficionado recapitulará para ver lo que quedó grabado en mi memoria esta temporada 2018. Eso es lo que verdaderamente distingue el arte. La inmortalidad del recuerdo que queda marcado a fuego en nuestro corazón de aficionado. Ese arte que parece desconocer el que dice llamarse “su productor”. El arte que vi y esparciste en las Ventas. 

Por eso Juan Ortega, solo te puedo decir que tú sí que estás en mi otoño.

 Y yo te espero, TORERO.

Luis Miguel López Rojas

24 de agosto de 2018.

Pinche para ver la faena de Juan Ortega de la que habla el autor. (Video Plaza 1)
Texto publicado el 27/8/2018 en el blog La razón incorpórea, de José Morente.