Mostrando entradas con la etiqueta José María Manzanares hijo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José María Manzanares hijo. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de febrero de 2025

A LOS ABONADOS LOS ESTÁN ECHANDO

Por Antonio Luis Aguilera

Paseíllo en la plaza de la Maestranza. Foto Juan Carlos Muñoz (Diario de Sevilla)

Hace tiempo que en la plaza de toros de Sevilla disminuyó el número de abonados. A la irremediable renovación generacional de los aficionados más fieles, se fue sumando el malestar de quienes desistieron ante la desproporcionada política de precios, y la reiterativa repetición de contrataciones de escaso interés. A los precios más caros que se conocen en plaza de primera, se unió el detestable “coladero” de toreros que “no están ni se les esperan”, por ser representados por los comisionistas de mayor influjo en el nefasto negocio empresarial de intercambio de cromos. Así las cosas, tanto los aficionados sevillanos, como los de otros lugares que cada año compraban el abono, cansados de tanta desconsideración, fueron dejando libre su hueco en tan hermoso escenario taurino, para que fueran otros los que asumieran el papel de “primos”, optando por sacar entradas sueltas para aquellos festejos de su interés, y no acudir a la plaza a disgusto, como si estuvieran obligados a tragarse un purgante de agua de Carabaña, las muchas tardes que la empresa, por interés particular, anuncia a toreros caducos, que fueron pero no son, porque pasó su momento y compromiso, así como otros fríos como témpanos de hielo, sin la menor atracción por su nula expresión artística, algo que siempre fue muy valorado en esta plaza. 

Mientras en el abono de Sevilla tienen asegurados sus puestos todos los espadas que pagan comisiones a Matilla y Casas, que son los diestros que provocan hartazgo y los primeros que ajusta Pagés al planificar la temporada, la afición se pregunta cómo año tras año se ignora a los triunfadores de temporadas anteriores; o por qué oscura razón se ha ninguneado a Juan Ortega, al que los sevillanos querían ver en el cartel del Domingo de Resurrección, y que la empresa, ignorando el clamor popular de todas las peñas y tertulias hispalenses, porque a todas las puso de acuerdo el torero de Triana para ser premiado por la mejor actuación de la pasada feria, Ramón Valencia ha dejado fuera de tan señalado día para incluir a Alejandro Talavante, comisionado del francés, premiando su floja salida a hombros por la Puerta del Príncipe, tras una actuación donde faltó poner a todos de acuerdo como hizo rotundamente Ortega, pero que fue premiada con desmesurada generosidad por un presidente de mano floja, Gabriel Fernández Rey, dispuesto a atender con escaso rigor la desproporcionada demanda de trofeos que solicita el público triunfalista, que últimamente pretende convertir en parte del espectáculo la salida a hombros por la puerta que asoma al Guadalquivir. 

Juan Ortega meciendo el lance a la verónica. Foto Arjona

A los aficionados les produce urticaria que Manzanares acuda tres tardes a Sevilla, cuando la pasada temporada, con igual número de festejos, no dio ni una vuelta al ruedo, mientras se deja fuera a espadas como Fernando Adrián, triunfador en tantas plazas las dos últimas campañas; Paco Ureña, siempre auténtico y comprometido; o el malagueño Fortes, que en la última feria de Málaga firmó una de las actuaciones más contundentes de la temporada española, pero que al no tener un comisionista del lobby no es valorado para estar en el abono maestrante. Lo dicho, que es un pequeño ejemplo de lo que ocurre, lleva a pensar que Ramón Valencia, además de no escuchar lo que quiere la afición de Sevilla en lugar de priorizar a sus colegas comisionistas, es un mal aficionado y peor empresario, pues no piensa en el público al que se debe y están destinados los carteles. Desgraciadamente, después de lo expuesto, resulta ilusorio pensar que en los puestos que cansinamente ocupan El Fandi o Cayetano, demasiado vistos en ese ruedo donde tan poco recuerdo han dejado, se haya pensado en dar cabida a toreros jóvenes con proyección, como por ejemplo Jorge MartínezVíctor Hernández, o José Fernando Molina. Hay muchos más.

No obstante, como en esta vida quien no se consuela es porque no quiere, en la presentación oficial de los carteles, donde curiosamente este año no hubo ningún representante de la Real Maestranza, propietaria del inmueble, el gestor del coso del Baratillo, en un alarde de modestia aseguró que «los carteles tienen solidez, remate y el lujo que exige Sevilla». Falta poco para comprobarlo, para ver la respuesta del público en este último año del contrato que vincula a la empresa Pagés con los dueños de la plaza de toros de la Real Maestranza, a los que posiblemente no tenga muy contentos tras los dos pleitos que les ha planteado en los Tribunales de Justicia. Por tanto, dentro de poco se verá si este año aumenta el número de abonados que no renuevan sus localidades, sumándose a los que se han marchado hartos de ver como sus predilecciones no cuentan en la planificación de la temporada, donde el empresario solo escucha a comisionistas de su cuerda al adjudicar los puestos de fechas clave, ignorando lo que de verdad pide y quiere la gente de la calle, esa que asegura escuchar, que entre la subida de precios y el desdén del empresario, considera que tiene razones suficientes para sentir que la han echado de la plaza, precisamente a ella, que es la que sostiene económicamente el espectáculo, máxime cuando esta feria no habrá ingresos por la televisión temática, la que han mantenido durante treinta años Movistar y dos One Toro, porque la ambición de Ramón Valencia y su colega madrileño Rafael García Garrido ha propiciado que desaparezcan como plataformas taurinas. A ellos les importa poco la necesaria difusión del toreo y el interés de los aficionados. 

 

lunes, 15 de julio de 2024

BILBAO: DE BUQUE A PECIO

Por Antonio Luis Aguilera


Ya están en la calle los carteles de Bilbao, plaza en otro tiempo buque insignia de la temporada, hoy hundida por los herederos del gran empresario vasco Manolo Chopera, desde hace unos años aliados con la empresa mexicana Bailleres. Como era de esperar, en la que fue el gran puerto de montaña del norte, se repite el compadreo impuesto en la temporada por los comisionistas, que dejan fuera a toreros que por sus méritos en el ruedo tenían que estar, mientras  se incluyen con calzador a los espectros de antiguas figuras, a espadas que ni están ni se les espera, sin sitio, destemplados, descentrados e inexpresivos, los amparados por MatillaCasas y otros comisionistas, que invitan al público a retraerse en la compra de las caras entradas y dar la espalda a una feria que fue buque insignia y hoy es un pecio complicado de reflotar.

Complicado porque la afición está cansada de que le quieran vender el burro con las supuestas figuras, que ni juntas arrastran gente a la plaza, el «sota, caballo y rey» o coladero de espadas que hurtan los puestos que merecen los que de verdad han triunfado en los ruedos, los que interesan y anhela ver el aficionado junto a los jóvenes que son novedad. Los ganaderos-empresarios-apoderados, hoy influyentes comisionistas, enterraron la antigua fórmula de juntar en los carteles de ferias al torero consagrado, el emergente y la promesa que es novedad,  sustituyéndola por el «cartel rematado», en realidad el «cartel comisionado», ese que ha aburrido y echado a patadas de las plazas a tantos aficionados, cansados de ver a los mismos toreros, impuestos feria tras feria sin justificar sus inclusiones.

En la zona alta del escalafón se mantienen matadores que fueron pero no son, espadas que deberían reflexionar en el banquillo que, de momento, su tiempo pasó, y pensar por qué causan hartazgo. Quienes antes seducían hoy aburren con actuaciones repetitivas sin gobierno, sin colocación ni  orden, sin ajuste ni temple, donde la entrega fue sustituida por la técnica ventajista y la velocidad. Y a esta barbaridad se ha llegado por la nefasta política empresarial que excluye de las ferias a espadas que merecen estar, como Paco UreñaManuel EscribanoFernando Adrián o Tomás Rufo, sin olvidar al rejoneador Diego Ventura, mientras que como una penitencia se imponen a ManzanaresTalavante o Castella, que desesperan con su inexpresivo, tenso y gélido toreo, con actuaciones sin relieve que sin embargo no son obstáculo para que sigan estando en todas las ferias de la temporada. 

martes, 21 de mayo de 2024

DESDE EL TENDIDO 4

Por Antonio Luis Aguilera

La juventud saca a hombros a Roca Rey. Foto José Luis Cuevas.

Terminó la feria de Córdoba. Posiblemente la más extraña que desde 1965 se ha celebrado en la historia de la plaza califal. Una corrida de toros, otra anunciada como mixta, que parecía un festival pero cobrado a precio de corrida, y una novillada «mano a mano» que no era tal, porque carecía del fervor y demanda de la afición. Todo se anunció a lo grande, con una gala celebrada en el Gran Teatro de Córdoba como si se anunciara una de las ferias de once festejos que se celebraban en «Los Califas» en los años noventa. Y todo terminó en una gran decepción para los aficionados cordobeses, esos que ahora son menos que nunca, pero no son imbéciles, los que abandonaron la plaza cabreados, preguntándose donde está el filtro de la autoridad gubernativa para cumplir el reglamento y evitar que en un coso de primera categoría se lidien encierros propios de Andújar, Écija, Lucena o cualquier plaza de tercera.

En cuanto a la asistencia de público: media plaza para la novillada, otra media para el «festival» o mixta «XL», y tres cuartos para la corrida programada, aforos que considerando las 13900 localidades del coso y los precios de taquilla habrán permitido salvar con éxito el presupuesto de la miniferia. Destacar en lo positivo, como puede observarse en la fotografía de José Luis Cuevas, la gran afluencia de público joven.

La novillada no tuvo historia y el supuestamente reñido «mano a mano» quedó en nada. Si  en algo compitieron Manuel Román y Marco Pérez fue en torear sin ponerse, citando por fuera y abusando del pico para torear en oblicuo, desplazando las embestidas de un encierro noble y manejable de Jandilla que exigía algo más de compromiso.

En el «festival», el rejoneador Diego Ventura intercaló un poco de todo, a modo de menú de degustación, sin que su actuación alcanzara el grado de toreo ecuestre de otras tardes. Morante, con un lote manso de Román Sorando, evidenció su escaso compromiso, y el novillero Manuel Román, con utreros de El Parralejo, estuvo francamente bien con su primer oponente, con el que demostró que sabe torear de verdad, pues se colocó, lo enganchó y lo llevó hacía atrás en templados y hermosos muletazos —los mejores que ha dado en sus actuaciones en Córdoba—, mientras que con el segundo, más exigente, la cosa no pasó de intentos.  

La corrida programada fue la que congregó más público. El cartel interesaba y la gente evidenció que acude a lo bueno. Lástima que para la ocasión la empresa hubiera adquirido una impresentable corrida de Domingo Hernández, un encierro impropio para una plaza de primera, que en ningún momento debió superar el reconocimiento veterinario. Morante, que repitió actuación sustituyendo al lesionado Manzanares, demostró que había venido a cobrar; Juan Ortega dibujó los momentos más templados y toreros de la tarde; y Roca Rey, fue el triunfador y se marchó a hombros por la puerta grande tras cortar tres orejas, en una tarde con el fervor popular de su lado, donde hubo más toreo de efectos especiales, desplazando las embestidas hacia afuera, que de ese otro embraguetado de manos bajas y poderosos muletazos con el que ha conquistado a las aficiones más exigentes. Sería que la fácil y ruidosa plaza cordobesa invitaba al alivio.

Por lo demás, apuntar una mala organización en el acceso y evacuación de la plaza, donde por ajuste de presupuesto en porteros no se abrieron todas las alas de las puertas y se formaron largas colas para entrar y salir; una banda de música sin criterio, que tocaba a demanda para amenizar y desesperar; un callejón atestado de «beneficencia», y escasos momentos taurinos para recordar. Una feria sin historia, de las más decepcionantes en la presentación del ganado que se recuerdan en la plaza, donde si algo ha quedado de manifiesto es que Córdoba, con permiso de la autoridad competente, se ha convertido en un auténtico «coladero».

 

martes, 12 de marzo de 2024

DE CARA A LA FERIA

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de «Los Califas» de Córdoba

Comenzamos esta entrada suscribiendo íntegramente el comentario de opinión de Antonio Fuentes Hernández sobre los carteles taurinos, que un año más, rompiendo la tradición, no coinciden con la feria. Lejos quedan los años que los carteles de la feria eran presentados en rueda de prensa y el empresario respondía a las preguntas de los representantes de los medios. Ahora casi no queda feria taurina ni crítica de toros en Córdoba. Son otros tiempos, pero no mejores. Ni un reproche para una  gala en el Gran Teatro de la ciudad donde fue presentado un abono con una sola corrida de toros para tres espadas. Eso sí, los medios se hicieron eco de los aplausos de aprobación del público, entre el que figuraba una amplia representación de políticos municipales y autonómicos. Lo dicho: son otros tiempos para la Córdoba taurina.

En la gala estuvo el Delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía, responsable de la designación de los equipos gubernativos, que debería asesorarse sobre la idoneidad de los miembros que nombra, para evitar petardos como los del año pasado, cuando compañeros de su partido fueron nombrados presidentes por haber realizado un curso de especialización, y pensaron que eso de sacar pañuelos de colorines por la barandilla del palco estaba chupado. Lo malo vino cuando  interpretaron arbitrariamente las normas por no ser capaces  de aguantar la presión de los seguidores de un torero.

Otro sonoro petardo pegaron los equipos que aprobaron la pobre presentación del ganado que se lidió, indigno de una plaza de primera. Sería conveniente cuidar que a «Los Califas» no lleguen corridas que por su escaso trapío no pasarían el reconocimiento en ningún otro coso de su categoría. Y si la empresa las trae, corresponde a la autoridad rechazarlas, imponerse a los taurinos cuando, por aquello de «a perro flaco...», presionan para colar lo que no colarían en ninguna otra plaza de primera. Córdoba no necesita corridas de Pamplona o Madrid, pero sí un ganado de la categoría de su coso, así como equipos gubernativos que sepan estar en su sitio y defender la dignidad de la plaza y los derechos de los que pagan. Nada más.

Las circunstancias profesionales del señor Garzón han cambiado desde su llegada a Córdoba, cuando contagiaba ilusión por gestionar por primera vez una plaza de primera. Galas aparte, que eso es fuego de artificio, ruido y papel de celofán, parece mirar hacia otro lado desde que gestiona bastantes más plazas. Eso al menos evidencia el envoltorio de lujo usado para vender una sola corrida de toros de tres espadas, otra mixta doble XL —matador, rejoneador y novillero— que no hay por donde cogerla, y una novillada «mano a mano» que por la reducción de la feria debería contar con tres aspirantes, dando sitio a novilleros de la tierra como David Fuentes «Bocanegra», Rafael ReyesJosé Antonio Alcalde «El Rubio»… ¿No llegó Garzón con la ilusión de  levantar a una afición dormida…? Pues ignorando a sus toreros no despierta a nadie. ¿Acaso no podría abrir plaza «Finito de Córdoba» en la única corrida de su tierra ocupando el lugar de un prescindible «Manzanares», cuya presencia solo obedece a mantener relaciones políticamente correctas con el poderoso Matilla

A los aficionados que siguen en activo, esos  que nunca fallan, los que sacan el abono y acuden a la plaza, les ofrece muchas interrogantes este abono. Son pocos, es cierto, pero no tontos. ¿De verdad que la plaza de Córdoba no da para más...?

martes, 19 de octubre de 2021

JUAN ORTEGA PREMIADO CON EL TROFEO «JOSÉ MARÍA MARTORELL»

Por Antonio Luis Aguilera 

Juan Ortega. Foto Plaza1
La Tertulia Taurina «Tercio de Quites» de Córdoba ha premiado con el trofeo «José María Martorell» al matador de toros Juan Ortegaen reconocimiento «a la ilusión despertada en la afición y la excelencia de su toreo». El premio, un busto en bronce del inolvidable torero del barrio de San Cayetano, magistralmente modelado por los escultores cordobeses Hermanos García Rueda, que generosamente colaboraron con la tertulia por admiración y amistad con el torero, y que en su basamento tiene alegorías de la vieja plaza cordobesa de «Los Tejares», le será entregado al torero nacido en Triana en el transcurso de un almuerzo, cuando sus compromisos profesionales se lo permitan.
Juan Ortega en la pasada feria de Otoño de Madrid. Foto Plaza1
Juan Ortega fue miembro activo de esta Tertulia durante su etapa universitaria en la ciudad, donde entre toros y libros estudió y se licenció como Ingeniero Agrónomo. De igual modo, en el año 2010, siendo novillero sin picadores, Juan Ortega también fue premiado por este grupo de aficionados cordobeses con el «Trofeo a la Ilusión», un capote de brega que le fue entregado por la máxima figura del toreo Manuel Benítez «El Cordobés», que en el mismo acto recibió el trofeo «José María Martorell» en reconocimiento a su incomparable carrera en la historia del toreo. 
        Trofeo «Martorell»

Durante su etapa universitaria en Córdoba Juan Ortega fue alumno de la Escuela Taurina del «Círculo Taurino», con la que participó en varias novilladas sin picadores televisadas por Canal Sur. Del mismo modo, debutó como novillero con picadores en la plaza de «Los Califas», donde se había presentado sin caballos el año anterior, el día  24 de mayo de 2011, formando terna con Juan del Álamo y Víctor Barrio para lidiar un encierro de la ganadería Fuente Ymbro, y tomó la alternativa en el coso de «Los Llanos» de Pozoblanco el 27 de septiembre de 2014, de manos de Enrique Ponce, actuando como testigo José María Manzanares, con una corrida de Zalduendo. El toro de la ceremonia atendía por «Amante», estaba marcado con el número 122, y era negro mulato. El toricantano cortó las dos orejas a «Presumido», el sexto de aquella lluviosa tarde.

El trofeo «José María Martorell» fue instaurado por la Tertulia «Tercio de Quites» de Córdoba a la muerte del gran espada cordobés en 1995. 

viernes, 9 de julio de 2021

JOSÉ MARÍA MANZANARES EN CÓRDOBA

Por Antonio Luis Aguilera

Magnífico muletazo de José María Manzanares en Sevilla. Foto Arjona

El 24 de junio se cumplió medio siglo de la alternativa del matador de toros José María Dols Abellán, fallecido el 28 de octubre de 2014. José María Manzanares, espada que por el concepto, clase y calidad de su toreo ha sido considerado un «espejo de toreros», pues raro resultaría el caso de alguna de las figuras actuales que no lo haya tenido como modelo de referencia para expresar su arte. La ceremonia tuvo lugar el día grande de la feria de Hogueras de su Alicante natal, oficiada por Luis Miguel Dominguín y actuando de testigo Santiago Martín El Viti, perteneciendo la ganadería al hierro de Atanasio Fernández; el toro del doctorado, al que cortó las orejas y el rabo, se llamaba Rayito.

José María Dols Abellán: Manzanares

El inolvidable torero alicantino permaneció en activo hasta el 2 de mayo de 2006, cuando en la plaza de Sevilla no hubo suerte y tras la lidia del sexto, sin previo aviso, decidió dejar el toreo activo, diciéndole a su hijo José María, matador de toros del mismo nombre y apodo, que cogiera unas tijeras y saliera al tercio para quitarle el añadido que simula la coleta. Reaccionaron ante el imprevisto varios matadores y subalternos que estaban en la corrida, que saltaron al ruedo para cogerlo a hombros y sacarlo así por la anhelada Puerta del Príncipe de la Maestranza, mérito que a punto estuvo de lograr varias tardes en la que era una de sus plazas favoritas, pero que nunca alcanzó durante su carrera. Así pues, por encima del preceptivo éxito artístico y de los trofeos exigidos para abrirla, sus compañeros quisieron reconocer la categoría del maestro, al que se disputaron por llevar de costaleros

Un emocionado Manzanares 
a hombros de Enrique Ponce.

Hablar del maestro de Alicante es hacerlo de quien desde sus inicios fue un referente para los aficionados del toreo clásico, uno de los pocos espadas al que se marcan los carteles de las ferias grandes para seguirlo, porque gusta lo qué hace y cómo lo hace: el toreo con elegancia y maestría, sin estridencias, con suave dominio y un marcado acento personal que cautiva por su belleza y señorío.

Vamos a recordar la huella del alicantino en la plaza de Los Califas, donde José María hizo diecinueve paseíllos para actuar en dieciséis corridas de toros y tres festivales benéficos.

Su debut en Córdoba fue como espada de alternativa el 26 de mayo de 1973, tarde que se lidiaron toros de la recordada divisa cordobesa de don Francisco Martínez Benavides —encaste Santacoloma-Urquijo, que por brava y enclasada gozaba de un excelente momento y que el torero de Alicante mató con frecuencia—, acartelado con el cordobés Antonio José Galán, que cortó cuatro orejas y un rabo, y José Luis Galloso, que cortó una oreja al sexto. José María resolvió su presentación cortando las dos orejas al segundo y una al quinto. Por cierto, esa tarde se dio la vuelta al ruedo a Madrileño, al que Galán había cortado el rabo.

Ese mismo año, en la desaparecida feria de septiembre, Manzanares haría su segundo paseíllo el día 26, alternando con José Fuentes, ovación y palmas; y Ruiz Miguel, vuelta y dos orejas. Se lidiaron cuatro ejemplares de don Juan Gallardo Santos, uno (4º) de don Julio Garrido y otro (6º) de Prieto de la Cal. Su balance fue ovación y silencio.

El 25 de mayo de 1975, José María Manzanares volvía a triunfar con rotundidad en la plaza cordobesa, cortando las dos orejas del segundo y otra al quinto. En su tercera corrida, con toros de don Manuel González Cabello, alternó con Sebastián Palomo Linares, que fue ovacionado en ambos; y Paco Alcalde, que cortó la oreja al tercero y dio la vuelta al ruedo en el sexto. Manzanares fue proclamado el triunfador de la feria con la adjudicación del trofeo Manolete del Ayuntamiento de la ciudad.

La cuarta cita como matador de toros fue el 30 de mayo de 1976, tarde que se jugaron astados de doña María Coronel de Núñez. Manzanares, que encabezaba la terna, fue aplaudido en el primero y cortó las dos orejas del cuarto; Paco Alcalde fue ovacionado y escuchó palmas; y Agustín Parra Parrita cortaba una oreja a cada uno de sus ejemplares.

Córdoba, 29 de mayo de 1977. Curro Romero,
José María Manzanares y Paquirri. Foto Arjona.

El 29 de mayo de 1977 Manzanares toreaba su quinta corrida en el coso califal, cortando las dos orejas al sexto y siendo aplaudido en el tercero. Alternó con Curro Romero, división de opiniones y ovación; y Francisco Rivera Paquirri, que cortó las dos orejas al segundo y fue ovacionado en el quinto. Los toros pertenecieron, cinco a la ganadería de don Francisco Martínez Benavides, y uno (5º) a los Herederos de don Salvador Guardiola.

La sexta comparecencia de José María Manzanares en corrida de toros tuvo dos partes, porque en la tarde del 26 de mayo de 1978 fue tal la tormenta y el fuerte aguacero que descargó durante la lidia del primer astado, que en pocos minutos el ruedo quedó impracticable para el toreo. Empresa, autoridad y toreros acordaron que la corrida se celebrara tres días después, el 29 de mayo, lidiándose los cinco toros restantes. Así pues, en la nueva fecha se pudo llevar a cabo y el balance de este festejo de dos sesiones fue Antonio José Galán, oreja y dos orejas; José María Manzanares, vuelta y palmas; y Niño de la Capea, ovación y oreja. Los toros pertenecieron a don Francisco Martínez Benavides.

La séptima corrida de José María Manzanares en Los Califas fue el 27 de mayo de 1979, tarde que nuevamente se lidiaron cinco toros de don Francisco Martínez Benavides y uno (6º) de doña Mercedes Pérez Tabernero, corrido como sobrero. El albaceteño Dámaso González fue ovacionado en el primero y cortó una oreja al cuarto; Manzanares cortó las dos orejas al segundo y una al quinto; y Niño de la Capea fue silenciado en su lote.

Manzanares al natural en Sevilla. Foto Arjona

Por octava vez como matador de toros haría el paseíllo el 25 de mayo de 1980, para lidiar toros de Torrestrella con Francisco Rivera Paquirri, división de opiniones y dos orejas; Manzanares, ovación y oreja; y Luis Francisco Esplá, vuelta tras aviso y ovación. Al tercer ejemplar, de nombre Rompevientos, se le concedió la vuelta al ruedo.

La tarde del 26 de mayo de 1982 el diestro alicantino sumaría su novena actuación compartiendo cartel con Paquirri, oreja y vuelta, y Dámaso González, vuelta y silencio. Manzanares dio la vuelta en el tercero y escuchó palmas en el sexto. Los toros pertenecieron, tres al hierro de don Ramón Sánchez Rodríguez y tres (2º, 3º y 4º) al de su hijo don Ramón Sánchez Recio.

Cuatro años después, la tarde del 25 de mayo de 1986, José María Manzanares sumaba su décima corrida en Córdoba. Se lidiaron toros de los Herederos de don José Luis Osborne para el espada alicantino, que fue pitado en el primero y cortó una oreja al cuarto; Paco Ojeda, oreja y ovación; y Juan Antonio Ruiz Espartaco, silencio y ovación.

En la feria siguiente, la tarde del 26 de mayo de 1987, Manzanares sumaba su corrida número once. Se jugaron cinco toros de don Ramón Sánchez y uno (6º) de don Alonso Moreno. El balance de José María fue pitos y división de opiniones; Paco Ojeda, ovación y silencio; y Emilio Oliva, oreja y palmas.

El inolvidable toreo de Manzanares. Foto Arjona

Para la corrida número doce, celebrada la tarde siguiente, se jugaron cuatro toros de los Herederos de don José Luis Osborne y dos (1º y 5º) de don Ramón Sánchez. Manzanares cortó la oreja al primero y fue ovacionado en el cuarto; Niño de la Capea, palmas y ovación; y Fernando Cepeda, vuelta al ruedo y palmas.

La tarde doce más uno tuvo lugar el 25 de mayo de 1989, corriéndose cinco toros de El Torero y uno (3º) de Hermanos González Sánchez-Dalp. Manzanares fue ovacionado en ambos; Manili, dos vueltas al ruedo y ovación; y Fernando Cepeda, vuelta y silencio.

El 24 de mayo de 1991, para su corrida catorce en Córdoba, se jugaron tres toros de Montalvo y tres (1º, 5º y 6º) de Arauz de Robles. Curro Romero fue abroncado en ambos; Manzanares escuchó ovación y pitos; y Julio Aparicio, fue pitado en su lote, siendo avisado en el sexto. 

Al año siguiente, la tarde del 31 de mayo de 1992, José María se anunció con toros de los Herederos de don José Luis Osborne, siendo ovacionado en el primero y silenciado en el cuarto; Niño de la Capea, fue ovacionado en ambos; y Rafael González Chiquilín escuchó ovación y palmas.

Toreando al natural a un santacoloma de doña Ana
Romero. Última corrida en Córdoba. Foto Arjona

Y así llegamos a su último paseíllo como matador de toros, que fue el 1 de junio de 1996. Aquella tarde el mal uso de la espada impidió un gran éxito al maestro de Alicante, que con los bravos santacoloma de doña Ana Romero, remendados con un sobrero de don Juan José González (2º), ofreció una soberana tarde de toros. José María Manzanares dio la vuelta al ruedo en el primero y fue fuertemente ovacionado en el cuarto; José Miguel Arroyo Joselito cortó una oreja a cada uno de su lote; y Juan Serrano Finito de Córdoba cortó una oreja al tercero y las dos al sexto tras una gran actuación.

En cuanto a los festivales, en tres ocasiones pisó José María Manzanares el ruedo califal para colaborar con su arte en causas benéficas. La primera vez fue el 22 de abril de 1979, cuando el torero de Alicante vistió de corto para colaborar con la Escuela Taurina del Círculo Taurino de Córdoba, despachando utreros de Torrestrella. Le acompañaron los maestros Paco Camino (dos orejas), Gabriel de la Haba Zurito (oreja) y Pedro Gutiérrez Niño de la Capea (dos orejas y rabo), y los novilleros Fernando Vera (oreja), Fermín Vioque (vuelta) y Antonio Tejero (dos orejas). Manzanares cortó una oreja.

Su segundo paseíllo con el marsellés tuvo lugar el 19 de diciembre de 1998, festejo a favor de la Hermandad de Jesús Caído de Córdoba (la de los toreros). Aquella tarde se jugaron dos novillos de Miguel Báez Litri (1º y 3º), dos de Los Guateles (5º y 7º) y tres de Enrique Ponce (2º, 4º y 6º). Abrió plaza el rejoneador Martín González Porras, que cortó una oreja; en lidia ordinaria, José María Manzanares fue ovacionado; Litri cortó una oreja; Enrique Ponce, dos orejas; Chiquilín, oreja; José Luis Moreno, oreja; y el novillero Rafael Sánchez Pulido, dos orejas.

Su último paseíllo en el albero califal fue vestido de corto el 25 de marzo de 2006, actuando a beneficio de la Asociación contra el Cáncer en Córdoba. Se lidió un toro de Castilblanco para rejones, y seis utreros de Manuel y Antonio Tornay. El rejoneador Leonardo Hernández hijo fue ovacionado; José María Manzanares, silenciado; Enrique Ponce, oreja; Jesulín de Ubrique, oreja; Rivera Ordóñez, oreja; Salvador Cortés, dos orejas; y el novillero Julio Benítez El Cordobés, oreja.

Pepe Manzanares (padre de José María), Fernando Carrasco (crítico de ABC)
 y el autor del blog. Antiguo hotel Meliá Córdoba, 31-5-1992 . Foto Marogo.

Este es el historial de José María Dols Abellán en Córdoba, el hijo del banderillero Pepe Manzanares, al que su padre transmitió la afición y de quien recibió, además del apodo y las nociones básicas del oficio, el permanente consejo de que el toreo es clasicismo y pureza para acariciar las embestidas y expresar artísticamente un sentimiento. La gran referencia del maestro de Alicante, como la de tantos otros, fue Antonio Ordóñez, pero también bebió de las cristalinas fuentes de Antonio BienvenidaPaco Camino, Santiago Martín El Viti, José Fuentes y otros toreros hasta pulir un estilo con sello propio, inconfundible por la bella expresión de las suertes, su cadencia en la forma de acompañarlas con la cintura, y la maestría con que las ejecutaba desde que se colocaba para enganchar hasta que las soltaba para ligar la serie, dibujando inolvidables y templados trazos que engrandecía con su empaque de clásica torería.

Al cumplirse cincuenta años de la alternativa de José María Manzanares, rendimos honor a uno de los maestros del toreo, de los que dejaron su huella imborrable en el corazón de los aficionados, que lo recuerdan con la admiración y emoción que merece la elegante belleza de su arte. 

lunes, 24 de mayo de 2021

NO PODRÁN DETENER LA PRIMAVERA

Por Antonio Luis Aguilera

Juan Ortega en Las Ventas

Pocas corridas de la madrileña feria de Vista Alegre han tenido buena respuesta de público. A la empresa corresponde averiguar las causas de la fría acogida de su programa, pero el San Isidro que nació con intención de tumbar en la lona a los gestores de la monumental de Las Ventas, se ha dado sin colas ni reventas, y los llenos que podían esperarse con el aforo reducido solo se dieron en alguno de los festejos de figuras.

Afortunadamente las vacunas están dando luz al oscuro túnel del Covid. Pero mientras las plazas abren sus puertas, la primera del mundo permanece cerrada como lo estuvo en abril la de Sevilla, esa preciosa joya que anunció carteles de farol a principios de primavera —pues de farol era imponer aforos a la Junta de Andalucía—, y que de momento solo está para ser fotografiada desde ambas orillas del río. No obstante, además de la pésima gestión de los que cortan el bacalao en el sindicato de empresarios, nos queda la esencia del toreo. El toreo por el que lucha gente de todos los colectivos dispuesta a dar lo mejor de sí misma.

Ahí están empresarios como José María Garzón y Alberto García, navegando en un mar de dificultades controlado por viejos bucaneros, que no solo han puesto en marcha esta temporada, sino que también lo hicieron el año pasado. Ganaderos que han resistido a la tragedia y la ruina de enviar camadas bravas al matadero. Picadores, banderilleros y mozos de espadas, que de la noche a la mañana se veían sin sustento para sus familias, porque el gobierno de la nación denegaba las ayudas económicas por el Covid al toreo. Y por supuesto la televisión, Canal Toros Movistar, que ha estado y sigue estando con el toreo, alimentando la llama con su programación para que llegue a todos los aficionados.

Pablo Aguado en Vistalegre. Foto Cultoro

A pesar de todo, la primavera del toreo ha vuelto a florecer exuberante, gracias a un maravilloso elenco de toreros, capaces de aficionar a la gente joven y llevarla a las plazas, que reciben con alegría a esas nuevas generaciones que se acercan al toreo. Los nombres de Emilio de Justo, Juan Ortega, Pablo Aguado o Ginés Marín, se suman a los de Morante, El Juli, Roca Rey, José María Manzanares, Diego Urdiales, Paco Ureña y otros más, para ofrecer un selecto catálogo de torería que promete emoción por la expresión de un arte singular, con sello propio.

Una nueva primavera con molestas mascarillas y aforos reducidos, donde se está toreando primorosamente de capa, con una despaciosidad desconocida, a toros con más de cinco años cumplidos —a mayor edad, mayor sentido— para que la afición pueda degustar excelsos lances a la verónica, algunos de tan añeja torería que parecen escapados de las viejas fotografías que explican la historia. Una primavera de verónicas en flor interpretadas con ritmo y acento personal, tan magistral como el de los grandes que dejaron su huella en el toreo. Una primavera de aterciopelado manejo de la muleta, conducida por muñecas de seda y clavando las zapatillas en la línea roja de la que habla Paco Ojeda, donde un trozo de tela sujeto a un palo es guiado con las yemas de los dedos para inmortalizar el toreo intemporal de Juan Ortega, cuyo arte versificado en estrofas pide poetas que le canten.

Juan Ortega en Vistalegre. Foto Mundotoro

Sin estar libres de la pandemia empezamos a ver la luz gracias a empresarios como José María Garzón y Alberto García, a quienes han seguido los hermanos García Jiménez. El toreo no puede estar paralizado por el inmovilismo de los miembros del selecto club, incapaces de ponerse a trabajar, necesita poner en marcha la locomotora de su actividad para remolcar a todos los estamentos. Llegará el día que algunos rendirán cuentas de su nefasta gestión. Mientras tanto ha de cundir el ejemplo de los nuevos, de los que han llegado con ganas de atraer a la juventud y llevarla a las plazas, como ha sucedido en la plaza de Córdoba, ofreciéndole abonos baratos y carteles de expectación. En el toreo no deben renovarse solo los escalafones de espadas y ganaderías, sino también el de empresarios que no han sabido estar a la altura en las terribles circunstancias que han tocado vivir.

Por fortuna, cuando la oscura noche parecía impedir la luz del día, la grandeza del toreo ha vuelto a florecer recordando los versos de Pablo Neruda: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera».

sábado, 1 de junio de 2019

RÉQUIEM POR LAS PLAZAS DE LOS PUEBLOS

Por Antonio Luis Aguilera
Plaza de toros de Cabra. Foto Antonio Mesa
Cuando el efímero grupo de figuras conocido como G5 –El Juli, Morante de la Puebla, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante- boicoteó la feria de Sevilla de 2014, argumentando que no torearían en la Maestranza mientras el coso del Baratillo continuara en manos de la empresa Pagés, batalla que consiguió retirar de la primera línea de gestión a Eduardo Canorea, que previamente había declarado chulesca y groseramente: Si José Tomás va a venir con la canción de la recaudación, que se vaya a Senegal”, fueron varios los comunicados  emitidos por los toreros integrantes. Todos exigían respeto y dinero, alguno aseguraba no haber cobrado en Sevilla lo pactado, y otro decía sentirse respetado pero firmaba por solidaridad con sus compañeros.
Se comenta que antes del feo plantón de las figuras a la afición sevillana, se celebró una reunión del G5, a la que acudió el torero destinado a África por la incontinencia verbal de Canorea, quien había sido invitado por si estimaba oportuno adherirse al acuerdo del grupo. Al ser preguntado si lo firmaba contestó que lo haría con la condición de que se añadiera que las figuras solo se anunciarían en las plazas de primera y segunda categoría, liberando el resto de cosos menores en beneficio de los compañeros de la zona baja del escalafón, que también necesitaban torear y vivir de la profesión.
Al parecer, la propuesta fue objetada por el líder del grupo, argumentando que en esas plazas cobraba ocho kilos por corrida, y replicada por el torero invitado, que aseguró que a él no le ofrecían ocho, sino más del doble de esa suma y sin embargo no iba, porque lo consideraba una cuestión de respeto a la profesión. Como el G5 no la aceptó, el torero que calla y se manifiesta en los ruedos, cuyos aforos revienta cada tarde que se anuncia, abandonó el lugar para continuar navegando con vientos de libertad e independencia.
Plaza de toros de Priego de Córdoba
Esta leyenda, que pronto circuló por lo bajini entre la gente del toro, sirve para recordar que las plazas de los pueblos, antes de ser invadidas por las figuras, fueron verdaderos centros de formación profesional del toreo, escuelas para becerristas y  novilleros, y ruedos propios para que adquirieran oficio los nuevos matadores. Además, esas escuelas de aprendizaje también ayudaban a los ganaderos a limpiar las dehesas, lidiando en ellas como utreros a los ejemplares desechados de tienta y cerrado -que de esta forma se anunciaba en los carteles de las novilladas-, así como comprobar los resultados de la selección de toros defectuosos de pitones o bastos de hechuras, que, si bien no servían para igualar corridas en plazas de ferias, eran aptas para formar encierros que compraban los empresarios modestos que organizaban los festejos de los pueblos, y montaban carteles en las ferias o fiestas del patrón para ofrecer espectáculos taurinos a los aficionados de estas localidades. 
Novillada en Cabra año 1965
Las plazas del segundo circuito de la temporada española eran gestionadas por empresarios románticos, que oteaban las ganaderías y los chavales que destacaban en los tentaderos, para después atreverse a montar los festejos que facilitaban el aprendizaje –así fueron los inicios de Emilio Muñoz, Morante de la Puebla y otros toreros-. Con mucho esfuerzo y  habilidad llenaban las calles de publicidad e incluían a los espadas del pueblo o localidades próximas, a los que anunciaban buscando el apoyo del paisanaje. De esta manera, no había día del patrón o feria de pueblo sin toros, con precios adecuados a las enjutas economías de los ciudadanos de la España rural, que si por razones económicas no podían acudir a la capital para ver a las figuras, iban a las que organizaban en sus pueblos, esas localidades entrañables que tanto bien hicieron al toreo, porque en ellas los novilleros y los nuevos espadas iban madurando, adquiriendo oficio, sumando festejos y sintiendo el calor de los aficionados, que normalmente, si triunfaban, volvían a repetirlos  en las fiestas de la recolección de la cosecha, en las postrimerías de la temporada.
Lamentablemente, desde los años ochenta del pasado siglo, por el afán de sumar festejos y hacer caja, las figuras decidieron anunciarse en los pueblos, e inmediatamente cambió el panorama rompiéndose la cuerda por el lado más débil. ¿Cuál fue el resultado? Pues los empresarios modestos fueron marginados, muchas ganaderías con mercado en palenques rurales desaparecieron, los toreros que empezaban fueron ignorados para poner los comisionistas a los que ellos apoderaban, y los novilleros olvidados. Con el oropel de las figuras  y la codicia de representantes y representados menguaron alarmantemente los festejos del segundo circuito, el de  la España rural, donde echaban la temporada los sencillos del toreo. En muchas de esas localidades ya no se celebran festejos, porque no se pensó en el relevo generacional, en los jóvenes que no podían pagar las entradas de las figuras, quienes crecieron sin entrar en sus plazas, sin vivir el ambiente único y festivo de un día de toros en el pueblo. Sin aficionarse. Para colmo de males, más recientemente habrán escuchado los falsos discursos animalistas de quienes llegaron a la política con una mano delante y otra detrás, y ahora viven en chalets de lujo escoltados por la guardia civil. 
Plaza de toros de Belmez. Foto Belmez taurino
Pero con la Fiesta de los Toros no terminarán los animalistas, ni los discursos fatuos de dictadores bolcheviques residentes en urbanizaciones de lujo, los que hablan de libertad y quieren cercenar la de los aficionados para ir a las corridas. No, la Fiesta terminará antes aniquilada por la falta de escrúpulo y valores éticos de los taurinos, de los piratas que manejan y controlan todos los hilos del negocio, por los comisionistas y cambistas de cromos que, repitiendo carteles de espadas caducos y vistos, que no despiertan interés alguno, han arrasado las plazas sencillas, esas donde tuvieron cabida los humildes del toreo.  
El torero que no quiso firmar el manifiesto llevaba más razón que un santo, aunque su propuesta no gustara a las figuras que no quieren recordar cómo fueron sus principios en el oficio, y ven las plazas de pueblos como un filón donde se cumple el aserto de "billete grande y toro chico". A ellos no les importa que hace años a esas plazas acudiera la gente sencilla, atraída e ilusionada por los montajes de los empresarios románticos, para gastar sus honrados jornales ayudando a ganaderías que ya dejaron de existir, becerristas, novilleros y toreros nuevos. Para invertir en el futuro de la Fiesta y hacer posible ese segundo circuito que durante tanto tiempo alimentó la base del toreo.