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sábado, 21 de enero de 2023

ALTERNATIVA DE MANUEL BENÍTEZ «EL CORDOBÉS»

Por Antonio Luis Aguilera               

Alternativa de Manuel Benítez «El Cordobés»

El próximo mes de mayo se cumplirá el 60 aniversario de la alternativa de Manuel Benítez Pérez «El Cordobés», el torero de mayor tirón taquillero de la historia, el único entre los más grandes al que los empresarios anunciaban cualquier día de la semana, laborable o festivo, adelantando en la pizarra «El Cordobés y dos más» antes de colgar el cartel definitivo. No importaba si era el día grande de la feria o fiesta del patrón de la localidad: el éxito en taquilla estaba garantizado. Las plazas más grandes se quedaban pequeñas ante la demanda de boletos de las legiones de seguidores del torero; también, por la de aquellos otros que militando en el bando contrario, los defensores de la ortodoxia del toreo o antis, no estaban dispuestos a perderse sus actuaciones. Lo cierto y verdad es que cualquier día era bueno para que los cosos se llenaran hasta el tejado; la reventa «trincara» la aproximación del «gordo de Navidad», y una pedrea generosa del sorteo de premios que suponía para la ciudad anunciar al torero, quedara muy repartida entre los bares y restaurantes próximos a la plaza, donde era imposible encontrar una mesa o hallar un hueco en las barras tomadas por la bulla. Desde que despertaba el día solo se hablaba del torero de Palma del Río, al que por su melena y largo flequillo algunos llamaban «el Pelos»; puestos a poner etiquetas, en la publicidad de la prensa se recurrió a la hipérbole del «fenómeno», utilizada años atrás con Belmonte, a quien llamaron «Terremoto», y bautizaron al nuevo revolucionario como «Huracán Benítez». En los carteles, sin embargo, figuraba su nombre de pila y el gentilicio que «El Pipo» cambió por el anterior apodo de «El Renco»: Manuel Benítez «El Cordobés».

Cartel de la feria de 1963

La alternativa había sido programada para el 12 de octubre de 1962, mas la lluvia caída sobre la ciudad impidió su celebración. Así las cosas, en el escenario previsto, pero en la feria de la «Virgen de la Salud», el sábado 25 de mayo de 1963 se abrieron las puertas del viejo coso de «Los Tejares», cuyo ruedo hoyaron los cuatro «Califas» del toreo de Córdoba, además de un maravilloso elenco de grandiosos toreros históricos, para que en su arena se celebrara el doctorado del novillero que había revolucionado el toreo desde los albores de la prodigiosa década de los sesenta. El cartel no sufrió modificación, con toros de Samuel Flores, el maestro «Antonio Bienvenida» oficiaba la ceremonia sin perder su sonrisa, ante la mirada del elegante José María Montilla, entregando muleta y espada al toricantano, que abandonaría el palenque a hombros de la afición, tras cortar las dos orejas a «Palancar», el toro de la alternativa, y las dos y el rabo a «Lamparilla», el último de la tarde. La entrañable plaza, escaparate de la inolvidable elegancia de «Lagartijo», el inmenso poderío de «Guerrita», las formidables estocadas de «Machaquito», y la elegante majestuosidad de «Manolete», había sido testigo antes de su derribo de la coronación de quien sería otro «Califa», un torero irrepetible, dotado de unas cualidades magníficas para el oficio, que desarrolaría y lo convertirían en la «locomotora» del toreo de su tiempo, donde hubo tantos y tan buenos toreros, que alternarían en los mejores carteles con el espada de Córdoba, nuevamente definitiva en la historia del toreo. 

Antigua plaza de «Los Tejares» de Córdoba

Así lo recordaba el propio torero, en una entrevista que tuvimos el honor de hacerle, veinticinco años después en la revista «Toros 92»:

—«Sabía que tenía mucha responsabilidad y tenía que salir todas las tardes a por todas y a no dejármela ganar. Y de novillero sabía que tenía que llegar a matador... ¡Iba a comérmelos…! La prueba la tienes que cuando salí, cogí mi camino y nadie se puso por delante. Respeté a todos, pero no di paso. Y los toros eran seis y dos para cada uno... Había matadores de toros que decían que cuando yo saliera de matador iban a comerme, porque no iba a andar... Y yo me dije: ¿Ah, sí…? ¡Pues os vais a enterar...! ¡Y los que no andaron fueron ellos! Me mentalicé pá ir a por todas… Ansioso... Lo llevaba dentro… No por hacer daño ni ná… No, ¡pá triunfar…! Fui a por todas... Y si de paso venía el dinero de por medio pues mejor todavía». 

«El Cordobés» y el autor de esta entrada. Foto M.Pérez Polo

Atrás quedaban por fortuna los oscuros años vividos en la década anterior, cuando un muchacho de Palma del Río, con una fe capaz de mover montañas, buscaba abrirse paso en el toreo huyendo del hambre y de la miseria más cruel. Obsesionado con que el toro era su solución, desde que en el cine del pueblo vio escapar de la pobreza a «Currito de la Cruz», jamás perdió la esperanza de cambiar su vida, ser otro protagonista como el de la película, y volver un día a la tierra que lo vio nacer conduciendo un «mercedes», siendo torero famoso. El toro era el único que en la triste época de penuria, hambre y esclavitud laboral que le había tocado vivir podría rescatarle de tan dramática situación. Y decidido emprendió el más duro aprendizaje. En la soledad de la noche, vadeando el río y alumbrándose con la luz de la luna que plateaba los cercados, burlando la vigilancia de vaqueros y «migueletes», comenzó a ejercitarse quedándose quieto y sorteando las acometidas de los cárdenos «saltillos». Temía más al hambre y la miseria que a los porrazos de las vacas y los toros; más al dolor de un estómago vacío, que a las inhumanas palizas del mayoral del terrateniente y las sacudidas de algunos miembros de la Benemérita, como el despiadado «Cara de Tomate», que le hizo sufrir un rosario de vejaciones por robar un saco de patatas o de naranjas, para llevar algo a la boca de los suyos, como desterrarlo de Palma del Río e ingresarlo como un delincuente en la prisión cordobesa.

—«Era un niño que en la vida lo tenía todo en contra. No tenía padre ni madre y me estaba criando con mi hermana Angelita. Faltaba de todo… Mi saquillo de naranjas,  de patatas… Lo que podía y ya está… Comiendo cuando podía, comía “tascardanchas cocías” (tagarninas).  Esas batallas, ley de vida, no había más… Entonces, ese chiquillo un día aburrido dijo: “Ea, pues yo ya me voy... Me voy de España”. Entonces me fui a Madrid en un tren mercancía, como siempre, y estuve por Salamanca, por las tientas, por todos lados… Pero nada. Aburrido, me tiro de espontáneo, la cárcel… ¡Esta vida dura!  Entonces, cuando ya me iba para Francia a trabajar, que era un crío, me apunté en una cola que se cortó cuando faltaban veinte o treinta. Me quedé en Madrid maldiciendo mi suerte. Allí, como pude, me acoplé en los albañiles de peoncillo. Más tarde me tiré de espontáneo otra vez en Madrid. Total, que seguí con el toro y arranqué ya».

El espontáneo Benítez detenido en Madrid

Pero ni las más dramáticas condiciones que la vida ofrecía a Manuel Benítez le hicieron dejar de pensar en el toro, sabía que era el único que podría cambiar su suerte y continuó buscándolo de forma obsesiva, seguro de sí mismo, sin perder la confianza a pesar de lo extremadamente difícil que resultaba el camino emprendido, donde en las duras capeas de los pueblos, con reses viejas y resabiadas, llegó a sufrir percances y contemplar terribles cornadas de compañeros de fatigas, que fueron víctimas del toro; como el joven que murió un día que Manolo resultó herido, en una cama junto a la suya de una habitación para pobres del hospital, donde en una larga madrugada de dolor dejó de escuchar los quejidos de aquel maletilla, observando en la penumbra como cubrían su cadáver con una sábana, y lo dejaban a su lado hasta que lo retiraron horas después.     

—«El torero tiene que ser duro, irse a los tentaderos, dormir en los pajares, pasar frío… ¿Qué no me dejan torear aquí…? ¡Pues verás cuando llegue como me van a dejar…!  Todas estas cosas pá uno, pá dentro… Y eso te va a ir dando fuerza pá llegar al punto ese».

«El Cordobés» y «El Pipo»

Cuando tanto esfuerzo por ser alguien en el toro parecía inútil, tras fracasar también en el cambio de rumbo que pretendió dar a su vida marchándose a Francia a trabajar, por fin la suerte iba a cambiar un día en un bar frecuentado por la gente del toro, en la madrileña plaza de Santa Ana. Allí conoció a don Rafael Sánchez Ortiz, un aficionado de Córdoba apodado «El Pipo», que había sido amigo y seguidor de «Manolete». Le enseñó una fotografía y le pidió que le ayudara. Tras no pocas rogativas, aquel hombre de negocios, entonces sin posibilidades, creyó ver algo en el joven, y dejado llevar por la intuición pidió a su familia que le ayudaran económicamente, proponiendo el empeño de las joyas y objetos de valor de tiempos mejores, con la promesa de su inmediata devolución ante el éxito que aseguraba para el muchacho que iba a apoderar. Así se gestaron los primeros festejos de «El Cordobés», que como decía «El Pipo» no sabía torear, pero atesoraba un valor nada común y un atractivo inmediato con el público, cualidades que manejadas inteligentemente en sus primeros éxitos con las lastimosas campañas del apoderado, propagaron un inusitado entusiasmo popular. La gente se puso de parte del muchacho que fue torero huyendo de la pobreza, el que se levantaba encorajinado una y otra vez, sin dolerse de los muchos porrazos de los novillos, y entusiasmada celebraba sus primeros triunfos, agolpándose en interminables colas ante las taquillas de las plazas donde lo anunciaban.  

«Me vio don Rafael Sánchez Ortiz en una foto, toreando una vaca en un pueblo, y le gusté. Me echó una mano y me trajo a Córdoba. Alquiló la plaza a don José Escriche  y con los hermanos Lozano dio una novillada de la que me dieron 80.000 pesetas. Entonces yo le vi a aquello otro color y me dije: ¡Ah, yo sigo con esto! Y seguí con la vida. Total, he sido torero por una miajilla, ya aburrido. ¿Qué quieres que te cuente más…? Mucha fatiga, mucha necesidad hasta llegar donde creí que nunca podría. ¡Fue el hambre…! Yo no tenía afición al toro ni ná… ¡Estaba esmayao…!».

 «El Cordobés», manoletinas de rodillas. Foto Framar

El 15 de mayo de 1960 se celebró en la antigua plaza de Córdoba la novillada sin picadores referida por el torero. Se corrieron seis novillos de don Francisco Amián Gómez para Edmundo Juárez –de Argentina–, Ramón Montero –de Venezuela–, y Manuel Benítez «el Cordobés», de Palma del Río. De la actuación de su presentación en «Los Tejares» escribió «José Luis de Córdoba» en su crónica del  periódico «Córdoba»: «Se llevaron a hombros al Cordobés, ese nuevo torero que le ha nacido a Palma del Río. En los tendidos tableteaban los aplausos, mientras el muchacho, con la segunda oreja de la tarde aprisionada sobre el corazón, sonreía, sonreía... Y soñaba. Soñaba con que ya era torero de verdad. Puede serlo. Porque de ahí, de esa misma madera, nacieron muchos que ahora son millonarios. Que Dios proteja, muchacho, tus sueños de gloria». 

Benítez corta un rabo en la plaza de Sevilla

Lo que llegó después resulta conocido. Los sueños del muchacho se hicieron realidad después de tanto sufrimiento. Su valor y las cualidades que mostraba en la cara del toro, rápidamente le hicieron asimilar los conocimientos para triunfar en la profesión, donde encadenaba vertiginosamente los éxitos, que asociados a su extrovertido carisma personal le proclamaron como el dueño absoluto del toreo, el amo de una época realmente maravillosa, repleta de excelentes e inolvidables toreros, donde Manuel Benítez mandó sin contemplaciones hasta 1971, año que decidió retirarse por primera vez del toreo. Durante nueve años consecutivos «El Cordobés» triunfó en todas las plazas, incluidas las consideradas «duras», los «tribunales» que lo «esperaban», como Sevilla y Madrid, donde del mismo modo triunfó a golpe cantado, como lo hizo en todo el «planeta de los toros»: España, Francia, Portugal, México, Venezuela, Perú, Colombia… Por supuesto, además del éxito y de los millones o «kilos» no faltaron las cornadas, algunas muy graves, pero tras los percances el «Huracán» reaparecía volviendo a ser el «Benítez», para no defraudar y continuar entusiasmando al público, pisando el sitio donde los toros se entregan, para someterlos en interminables y ajustadas series del más puro toreo ligado en redondo. 

Grave cornada en su confirmación. Madrid, 20 de mayo de1964 

—«Tengo varias cornadas, y tres muy fuertes, pero eso no es lo importante. He triunfado en todas las plazas. Hasta en México, que con 50.000 personas también “la barrí“... Si tú ganas una batalla debes de ir en el lugar más importante, y si la pierdes debes de ir en la cola. Pero hasta ganar esa batalla hay que luchar. Eso no te lo han regalado. A la plaza van seis toros, van dos para cada uno y en sorteo. ¡Lo que hace falta es estar todos los días en máquina en lugar de vagón! Ser vagón es muy cómodo porque te llevan».

Concluimos este recuerdo del grandioso torero de Córdoba en el sesenta aniversario de su alternativa, con un fragmento del magistral comentario de José Alamedaotro de los grandes en la literarura taurina. Este fue el análisis que hizo de Manuel Benítez en su libro «Los heterodoxos del toreo» (Editorial Espasa Calpe, 2002):

El ortodoxo toreo al natural de Manuel Benítez

«El Cordobés sabía y podía quedarse quieto, pero no andarle al toro. Por eso, cuando tenía que avanzar, o recolocarse, o buscar su sitio, lo hacía descompuesto, a veces casi cojitranco, en unan zapateta chaplinesca, como náufrago en la arena. Pero en cuanto llegaba a la línea de centro con el toro, como si sonara un timbre mental y se prendiera un foco invisible, toda la maquinaria “cordobesista” se ponía a ritmo y el toro, metido por el carrusel de un toreo en redondo que parecía mentira, circulaba en torno a la figura del torero, como si le hubieran dado cuerda. Algo contagioso, contaminante, hiperbólico, trascendía de aquellos dos cuerpos, eje y órbita de un mecanismo cuya vitalidad producía una atracción y una expansión que diríanse de naturaleza planetaria, astral».

Excelente pase natural de «El Cordobés»

NOTA: Pueden ver las imágenes a color de la alternativa de Manuel Benítez «El Cordobés», filmadas por Fernando Achúcarro, pinchando el siguiente enlace y registrándose en Vímeo: 

PINCHAR ESTE ENLACE


sábado, 23 de julio de 2022

«MANOLETE» ESCRITOR

Por Antonio Luis Aguilera

Madrid, Hotel Victoria, 19 de septiembre de 1946. Antes de torear gratis la gran
corrida de Beneficencia, única que toreó en España ese año. Foto Finezas

Debido a la precaria economía familiar, a los doce años de edad «Manolete» hubo de dejar los estudios en  el colegio de los padres Salesianos de Córdoba, donde estaba considerado por sus profesores un estudiante responsable y aplicado. En su etapa colegial el niño Manuel Rodríguez destacó en Dibujo —siendo famoso como torero se divulgaron algunos de sus dibujos de toros y su propia autocaricatura—, y sobre todo era un apasionado de la lectura, inclinándose por los libros de Historia y por las Biografías de personajes importantes. Resulta menos conocida su facilidad en la escritura, algo que sin embargo no debe extrañar al tratarse de una persona que tanto cultivó su formación con la lectura.

Autocaricatura y autógrafo de Manolete

«José Luis de Córdoba», periodista y biógrafo del torero, contaba en sus publicaciones que el ilustre profesor D. Rafael Castejón y Martínez de Arizala, miembro y presidente de la Real Academia de Córdoba, le hizo llegar un artículo titulado «Mallorca, una invitación al reposo», publicado con la firma de «Manolete» en la revista «Trenes», en el verano de 1945, y posteriormente reproducido en la revista poética «Hixen I», editada en Córdoba en 1947 por la «Peña Domingo». El eminente profesor Castejón le explicaba que «dicho trabajo nos revela un «Manolete» intelectual que, como en sus trabajos de pintura, revela un espíritu claro y sereno, muy cordobés, que de haberlo cultivado hubiera dado sin duda muy buenos frutos».

Mallorca. Cala Gat.

Este es el breve relato de Manuel Rodríguez «Manolete:

«Cada región de España tiene para mí dos caras distintas. Una, en la plaza de toros; otra, fuera de la plaza. Cuando paseo por una capital, me olvido de mis actuaciones taurinas y me entrego a la belleza del paisaje o de las cosas. Y raro es el sitio donde no encuentro algo que me guste. Y eso que a la velocidad que yo veo España, apenas si puedo saborear nada. La velocidad fatiga el cuerpo y los ojos son parte de ese cuerpo que se fatiga.

Aparte de mi querida Andalucía, uno de los lugares que más impresión me causa es Mallorca. Creo que esa predilección se explica, porque en Mallorca todo parece invitar al descanso, que es lo que yo suelo necesitar. Ante aquellas casas pequeñitas, que son como pequeños hogares de la naturaleza en espera del inquilino de vida agitada; ante aquella luz —yo soy de una tierra luminosa— me siento tranquilo y satisfecho. Para mí, Mallorca, más que una isla llena de encantos es un gran establecimiento de reposo, donde no llegan más ruidos que los del mar, que, por cierto, es poco amigo de escándalo. A cada uno, lo suyo. Los toros que sean bravos y que embistan. Los mares, que sean suaves y que estén quietos».

viernes, 1 de julio de 2022

ANIVERSARIO DE LA ALTERNATIVA DE «MANOLETE»

Manuel Rodríguez «Manolete»

Con motivo de cumplirse el 83 aniversario de la alternativa de «Manolete» en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, rescatamos unos fragmentos de la crónica del periodista, biógrafo y amigo personal del torero José Luis Sánchez Garrido, que firmaba sus artículos como José Luis de Córdoba, recogida en el libro «50 años de Manolete», editado por «Diario Córdoba» y «Cajasur» en 1997.

DE CÓRDOBA A LA ALAMEA PASANDO POR TRIANA

Por José Luis de Córdoba

«Chicuelo» otorga la alternativa a «Manolete»
Desde la presentación de Manolete en la plaza de Tetuán de las Victorias en el año 1935, hasta el 25 de junio de 1939, en que se despidió como novillero en la plaza de El Puerto de Santa María, había toreado el diestro de Córdoba un total de 42 novilladas con picadores, en diferentes plazas, pero sobre todo en las de Sevilla, Córdoba, Algeciras, Granada, Cádiz, Huelva y otros puntos de Andalucía, con la excepción de Salamanca y Zaragoza. La novillada de El Puerto fue a beneficio de las obras de reconstrucción del Santuario de Nuestra Señora  de la Cabeza de Andújar, y alternó Manolete con Gallito y Paquito Casado, con ganado del Conde de la Corte. Rotundo fue el triunfo obtenido aquella tarde por el joven diestro cordobés. Al entrar a matar a su primer novillo y cobrar una soberbia estocada, ejecutando los tiempos del volapié, fue derribado y pisoteado. Pasó a la enfermería, donde le fue llevada a la oreja de su enemigo. En el segundo se superó y cortó las dos orejas y el rabo. 

Cartel de la alternativa

Córdoba, en Sevilla.

No dudamos en calificar de histórica la fecha del 2 de julio de 1939, en que el torero de Córdoba Manuel Rodríguez Manolete recibió el doctorado en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla. Aquel día, que, por más señas, era domingo, la afición cordobesa se volcó materialmente en la tierra de la Giralda para presenciar el acontecimiento. Nosotros tuvimos la dicha de ser testigos de tan singular efeméride. Testigos y cronistas. Aún no se había fundado el diario Córdoba y ocupábamos la tribuna taurina del diario Azul. Como enviados especiales del mismo, vivimos aquella jornada inolvidable. De aquella crónica nuestra, que vio la luz el 4 de julio, martes, y que se titulaba “De Córdoba a la Alamea pasando por Triana", vamos a reproducir algunos párrafos.

«Manolete» al natural  con Comunista, rebautizado como Mirador.

«Los que comenzamos a poner andadores a la carrera taurina de Manolete, recordamos ahora su breve pasado profesional. Evocamos la figura de aquel torerito enclenque, serio y modesto, codillerillo, defectuoso en su forma de hacer el toreo, fácil estoqueador, que cruzó tantas veces el ruedo de Córdoba  recibiendo el aliento de sus paisanos y siempre el apoyo de nuestra pluma de revistero.

Más tarde, seguimos admirando su evolución artística, su modelación de torero de porvenir. Y así Manuel Rodríguez ha llegado a Sevilla y al doctorado. A pulso de tesón. En empuje magnífico de voluntad, de juventud de ansias infinitas de gloria y de triunfo… Al verle nosotros ahora, en esta tarde del quemante julio, avanzar, decidido y animoso, con aire de conquistador, por el ruedo de la Maestranza, de compañeros el maestro de la lidia Chicuelo  y el faraón de la torería Rafaelito Vega de los Reyes, hemos sentido emocionarse nuestro corazón y nos han dado ganas de gritar al paisano con todas las fuerzas de nuestros pulmones: ¡Buena suerte, muchacho!».

El espada de Córdoba con el toro de su alternativa

Más adelante, al referirnos en la crónica a la actuación de Manuel Rodríguez, nos expresamos así:

«Vino luego la cesión de trastos, de manos de Chicuelo, y después la faena. Una faena brindada al público, acabada y completa de torero de calidad, acoplado con el toro, natural y elegante. Labor fue esta del paisano subrayada por la aprobación de los tendidos, en la que desde el pase por alto o de pecho, hasta el adorno final, porfiado y artista, tuvieron su adecuado marco. Broche de la faena, media estocada lagartijera, marcando los tiempos, como un gran maestro. Y premio, las orejas del cornúpeta y la vuelta triunfal al redondel».

Y finalizábamos la crónica con el párrafo siguiente:

«¡Enhorabuena a todos! Manuel Rodríguez acaba de doctorarse en materia taurina. Materia difícil que logra dominar a fuerza de estímulo, de valor y de arte. Y así la vencerá este torero que ha nacido a Córdoba y en cuya carrera por los ruedos españoles han de sonar bien pronto los claros y vibrantes clarines de la fama…». 

En la desaparecida taberna cordobesa de Paco Acedo, donde se reunía
el torero con los miembros de la Peña "Los amigos de Manolete", se
conservaba en el salón principal este recordatorio de la tarde de su alternativa.

martes, 8 de febrero de 2022

LA IRONÍA DE «MANOLETE»

Por Antonio Luis Aguilera 

Guillermo coloca la chaquetilla a Manolete.
Pintura de Juan Cantabrana

La seriedad característica de su semblante invita a pensar que «Manolete» no fue un hombre de buen humor, pero lo era, aunque cueste imaginar que al torero le encantara reírse, disfrutar y pasarlo bien. Una cosa era la seriedad del oficio, jugarse la vida ante los toros, que no tiene nada de broma, y otra ser un muchacho alegre que, a pesar de su timidez, cuando estaba con sus amigos era una persona más, a la que le encantaba divertirse y gozar de la juventud.

En la entrada de este blog «Manolete recordado por un amigo», se cuenta la anécdota de la noche que el torero y sus amigos habían tomado unas copas y «estaban contentos», cuando por la céntrica plaza de San Miguel —iglesia donde fue bautizado— vieron venir a un señor bajito que llevaba un sombrero tipo «mascota». Al torero le hizo mucha gracia y se le ocurrió quitárselo para ponérselo y salir corriendo dando vueltas a la oscura plaza, mientras aquel hombre emprendía carrera tras ellos tratando de recuperar la prenda y llamándoles sinvergüenzas. Finalmente, el torero y su grupo se detuvieron ante uno de los pocos faroles que prestaba luz a la plaza, se identificaron ante ese señor, que quedó estupefacto al comprobar quién era el autor de la broma, y tras excusarse quedaron citados a la mañana siguiente para desayunar juntos.

En esta ciudad, tras la fachada de un semblante serio, es frecuente encontrar a personas de burla fina y disimulada, que con su ironía en cualquier ocurrencia, gesto o aseveración —generalmente de pocas palabras—, provocan la risa por sus divertidas ocurrencias. Personalmente consideramos que forma parte del carácter de Córdoba y guarda bastante relación con el que tuvo «Manolete». 

Guillermo entrega los trastos a Manolete en Linares. Foto Cano

Hemos recordado esta anécdota de la broma de «Manolete», que nos contó su íntimo amigo Manolo Sánchez de Puerta, al releer antiguos textos sobre el torero. Alguno de ellos no por conocido resulta indiferente, como el que relata la ocasión en que su fiel amigo y mozo de espadas Guillermo González Luque, cansado de la mala suerte del espada en los sorteos, decidió meter la mano en el sombrero y elegir la bola de papel. La anécdota la contó Ricardo García «K-Hito» en el semanario taurino «Dígame», en una entrevista al torero cordobés, y en ella es evidente la ironía del torero y su agudo sentido del humor: 

«K-Hito»: Muchas ganas de que empiece la temporada, ¿verdad?

«Manolete»: Regulá na más.

«K-Hito»: ¡Pero hombre!

«Manolete»: Estoy contando los días que me quedan de vacaciones. Y es que los toreros solo vivimos en invierno. Porque comprenderá usted que aquello otro no es vida.

«K-Hito»: ¿El qué?

«Manolete»: La temporada, criatura. Los toreros sevillanos, con sus bromas y sus alegrías, la llevan mejor; pero nosotros, los cordobeses, con nuestra seriedad senequista… ¿Ustedes han visto mi cuarto en día de corrida…? Caras largas como somieres. Muchas veces tengo yo que decir: Bueno ¿qué pasa? «Pepe Camará» es hombre serio. Y Guillermo, el mozo de “espás”. Y yo, porque no vamos a decir que sea yo unas castañuelas. Siempre que vuelven del “apartao” se pisan la barba con los pies: “No me digas ná; ya sé que me han tocado los más feos (se refiere al reconocimiento y sorteo de los toros entre las cuadrillas que torean cada tarde) y los más destartalados, agrego yo". “Y los más desaboríos”, añaden ellos. Excuso a usted de decirle lo que sale opinando el que entra entonces a mi cuarto de Séneca, de Pepe, de Guillermo y de mí. ¡Pa jaserle aire a los cuatro! (Reímos todos de buena gana).

Guillermo, su mozo de espadas, le dijo un día en Vitoria: “Hoy voy a meter yo la mano en el sombrero para el sorteo. Estoy seguro de que …”.

«K-Hito»: ¿Y qué tal, qué tal?

Valencia, 19-3-1942. Pinturas colea al toro desde el suelo tratando de
 librar a Manolete de la cornada. A la izquierda, de azabache, Juanito
Belmonte quiere llevarse el toro con los brazos. A la derecha, sin capote,
Alfredo David trata de ayudar. Al fondo, acude también raudo al quite Pedro
Barrera. Todo acontece bajo la mirada de Guillermo González, fiel mozo de
espadas y chófer de Manolete, que a cuerpo descubierto y sin soltar sus trebejos,
expone su vida a cambio de asegurar la de su jefe de filas. Foto Finezas.

«Manolete»: Yo por la tarde ya no me acordaba, pero noté que Guillermo me quería poner la chaquetilla desde la pared de enfrente. Caí entonces en la cuenta y le dije: “¿Qué has hecho, condenao?”. Guillermo estaba pálido. “Acércate, que te voy a matá”. “No lo volveré a hacer más”. “¿Qué clase de rinocerontes me has buscao?”. “Más vale no entrar en averiguaciones”, me repuso. Y es que —continúa «Manolete»— me quieren de verdad. Muchas veces en las tientas le digo a Guillermo: “Anda, echa un capotazo”. Y que si quieres arroz, Catalina. Pero como me coja el toro, allí está Guillermo mordiéndole el rabo. Es curioso. ¿Se explican ustedes a un mozo de “espás” que a mitad de temporada, y en contra de sus intereses, diga que ojalá fuese la última corrida? Claro que los banderilleros lo fulminan con sus miradas».

Ronda de «Los Tejares» de Córdoba, con la antigua plaza a la derecha 

Además el torero tenía buena memoria y las devolvía con suave ironía. Cuenta «José Luis de Córdoba», biógrafo de «Manolete», en su obra «El toreo en Córdoba» (Editorial Nebrija, 1980), que el 25 de julio de 1935 «Manolete» se presentó con picadores en la cordobesa plaza de «Los Tejares» (Cartel: novillos de Enriqueta de la Cova, para Jaime Pericás, Edmundo Cepeda y Manuel Rodríguez «Manolete»), y en la puerta de cuadrillas fue saludado por Jaime Pericás, que de broma le preguntó:

—¡Oye, chico! ¿En esta plaza salen los picadores por delante?

«Manolete» no contestó. Se santiguó e inició el paseíllo.

Años después «Manolete» fue a torear como matador de toros a Palma de Mallorca. En la puerta de cuadrillas coincidía nuevamente con Pericás, al que el espada de Córdoba devolvió la broma:

—¡Oiga, Jaime! ¿Los picadores cómo salen en esta plaza?

Sonrió Pericás y le dijo:

—Buena memoria tiene usted, maestro!


ENTRADA RELACIONADA: «MANOLETE RECORDADO POR UN AMIGO»

domingo, 1 de noviembre de 2020

"EL CORDOBÉS": UN GENIO DEL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera

Manuel Benítez el Cordobés durante la entrevista. Foto M. Pérez Polo

Hace treinta y dos años tuvimos el honor de realizar una entrevista a un genio del toreo: Manuel Benítez El Cordobés. Fue publicada el 1 de marzo de 1988 en la revista Toros 92, hermana mayor de la tristemente desaparecida 6Toros6. El carismático espada nos la concedió cuando había decidido reaparecer para encerrarse con seis toros en la plaza de toros de Los Califas de Córdoba, a beneficio de Cruz Roja Española. Sin embargo, una intervención de apendicitis se cruzó en el camino desbaratando el proyecto.

Hoy rescatamos para PLAZA DE LA LAGUNILLA este valioso documento, con las declaraciones del torero que llenó las plazas hasta la bandera como ningún otro en la historia. Al reclamo de El Cordobés, durante nueve años consecutivos y cualquier día de la semana, sin necesidad de recurrir al fin de semana o la fiesta del santo local, anunciado con cualquier espada de un fabuloso elenco de matadores, o simplemente "con dos más", como muchas veces adelantaban las empresas su contratación, el Benitez era garantía de lleno a rebosar. Casi nada.

Salvo las referencias a la corrida de la frustrada reaparición, las declaraciones del torero de Palma del Río no han perdido actualidad y calan por su autenticidad. Aquí tienen, contados en primera persona, los recuerdos y reflexiones de Manuel Benítez el Cordobés, un torero histórico, único, irrepetible, con una capacidad de triunfo increíble y un atractivo personal que lo llevaron a conquistar a la afición de todo el mundo taurino. Ninguna plaza se resistió a la fuerza arrolladora del Huracán Benítez

El Cordobés protagonista de la portada del semanario Toros´ 92

Ya no hay quien lo pare, Manuel Benítez, el último mito internacional que ha dado la Fiesta, vuelve a los toros. Y vuelve por sus fueros. Para arrasar, como él dice: en plan locomotora. Nunca fue vagón de enganche. Porque el Cordobés, que fue el primero en llamar kilo a un millón de pesetas y cobrarlo cada tarde que se vestía de luces, mientras elevaba la cotización de sus compañeros, mandó en el toreo con la fuerza arrolladora de su singular poder de convocatoria.

La niñez de este figurón del toreo no fue como la de un chiquillo cualquiera. Abrió los ojos a la vida cuando España quedó dividida por una absurda y cruel guerra fratricida. Malos tiempos. Peores aún si faltan unos padres y no existe un jefe abastecedor. Manuel Benítez Pérez no pudo jugar, no tuvo juguetes ni tiempo. Él estaba condenado a luchar contra el hambre. Y el hambre sería su fiel aliada para conseguir la anhelada meta: ser figura del toreo.

Después de tantos años, todavía se habla y se escribe de El Cordobés sin reconocer su verdadero papel en la Fiesta. Levantaron un mito -dicen algunos-. Pero ese mito mandó, impuso su ley y no dio tregua a nada ni a nadie, siendo la locomotora que remolcó la Fiesta mientras vistió el traje de luces. El Cordobés nos recibió para hablar de Manuel Benítez y cómo se abrió paso hasta ser el eje de esa Fiesta donde todo y todos gravitaron a su alrededor.

El pase natural de Manuel Benítez el Cordobés

La noticia surgió en las postrimerías de 1987 y fue difundida de inmediato por todos los medios. Manuel Benítez se encerraría con seis toros de Núñez en la plaza de Córdoba el día 30 de abril. Y lo haría gratis, a favor de Cruz Roja. La duda surgió entre los taurinos. No asimilaban que El Cordobés, a sus 52 años de edad, quisiera enfundarse de nuevo el traje luces.   

Manolo, tras dar a conocer la noticia a los medios, con gesto tranquilo y serio se ausentaba dando las gracias. Era su punto de partida. No podía defraudar a una multitud de seguidores y había que empezar cuidando lo que nunca abandonó: su preparación física, que no es la propia de su edad y muchos jóvenes no alcanzan. Él lo sabe y se siente orgulloso, por eso cada día cuida su elasticidad jugando al tenis, judo, fútbol sala, o encerrándose en su gimnasio para esforzarse al máximo con un preparador. 

Al finalizar una sesión de preparación física, Manuel Benítez nos recibió gentilmente. En un despacho contiguo al gimnasio, relajado y sonriente, nos estrechaba la mano…

—Un saludo para toda España con mucho cariño -de verdad-. Y para todos ustedes que sois unos fenómenos. 

Se ha contado varias veces la historia de Manuel Benítez Pérez. En ocasiones buscando el matiz que más interesaba para buscar captación entre la gente. Ahora es el propio  torero quien nos recuerda su infancia. 

—Pues era un niño que en la vida lo tenía todo en contra. (Con las pupilas dilatadas y la mirada fija parece regresar a ese tiempo). No tenía padre ni madre y me estaba criando con mi hermana Angelita. Faltaba de todo… Mi Saquillo de naranjas,  de patatas… Lo que podía y ya está… Comiendo cuando podía, comía “tascardanchas cocías” (tagarninas).  Esas batallas... Ley de vida, no había más…

Entonces, pues ese chiquillo, que ahora ya tiene 52 años -ríe con fuerza-, un día, aburrido, se dijo: “Ea, pues yo ya me voy... Me voy de España“. Entonces me fui a Madrid en un tren mercancía, como siempre, y estuve por Salamanca, por las tientas, por todos lados… Pero nada.

Manuel Benítez detenido en la plaza de Madrid.
Aburrido, me tiro de espontáneo… La cárcel… ¡Esta vida dura!  Entonces, cuando ya me iba para Francia a trabajar, que era un crío, me apunté en una cola que se cortó cuando faltaban veinte o treinta. Me quedé en Madrid maldiciendo mi suerte. Allí, como pude, me acoplé en los albañiles de peoncillo. Más tarde me tiré de espontáneo otra vez en Madrid. Total, que seguí con el toro y arranqué ya.

Me vio don Rafael Sánchez Ortiz en una foto, toreando una vaca en un pueblo, y le gusté. Me echó una mano y me trajo a Córdoba. Alquiló la plaza a don José Escriche -que en gloria esté - y con los hermanos Lozano dio una novillada de la que me dieron 80.000 pesetas.

Entonces yo le vi a aquello otro color y me dije: ¡Ah, yo sigo con esto! Y seguí con la vida. Total, he sido torero por una mijilla, ya aburrido. ¿Qué quieres que te cuente más…? Mucha fatiga, mucha necesidad hasta llegar donde creí que nunca podría. Fue el hambre... ¡Yo no tenía afición al toro ni ná, estaba esmayao…!

El  Cordobés y su descubridor, don Rafael Sánchez Ortiz El Pipo

Manuel ha recordado una de las tardes que se tiró de espontáneo en Madrid. Fue en una corrida de toros de Escudero Calvo en la que actuaban Pablo Lozano, Antonio del Olivar y Juan Antonio Romero. La prensa publicó: “En el quinto toro se tiró al ruedo un chalado. Después de arrojarse al suelo, cuando huía de la persecución de un guardia, cayó sobre la misma cara del toro”.

Como consecuencia, Manolo conoce la cárcel. Ser torero, admirado, respetado, tener dinero, y acabar con la miseria era un sueño casi inalcanzable. Pero había que intentarlo. Daba más miedo sentir el estómago vacío. Un día decide visitar al Pipo, y don Rafael -como Manuel  le llamó toda la vida- se decide a apoderarlo. 

—¿Por qué quieres ser torero?, le pregunta el Pipo.

Porque quiero comer rápidamente y no pasar miseria.

El 15 de mayo de 1960 se celebra en la plaza de Córdoba la novillada a que Manuel ha hecho referencia. José Luis de Córdoba, en el Diario Córdoba escribe la crónica: "Se llevaron a hombros al Cordobés, ese nuevo torero que le ha nacido a Palma del Río. En los tendidos tableteaban los aplausos, mientras el muchacho, con la segunda oreja de la tarde aprisionada sobre el corazón, sonreía, sonreía... Y soñaba. Soñaba con que ya era torero de verdad. Puede serlo. Porque de ahí, de esa misma madera, nacieron muchos que ahora son millonarios. Que Dios proteja, muchacho, tus sueños de gloria". 

—A don Rafael Sánchez Ortiz le debo todo. Si no fuera por él no hubiera sido torero. Puso mucho empeño en mí, pero luego no tuvo confianza, hubo dudas. Habló con Álvaro Domecq, con Camará. En Palma Del Río se montó una novillada y no estuve bien, porque era un toro malo, que me pegó unas pocas de “trechas”. Entonces empezó a dudar. 

Ya digo que si no es por él no soy torero, pero luego las circunstancias de la vida no nos llevaron juntos, pero siempre reconociendo que conmigo se portó muy bien al principio. Luego no congeniamos y le dije: “Mire usted, don Rafael, si yo tengo que ser torero así prefiero irme a los albañiles”. Vi que no tenía una fe fuerte en mí cuando yo siempre le respondí con lo que estaba a mi alcance. Era un crío que me ponía delante, pero no sabía otra cosa. Él estaba más en el mundo del toro, con otros señores de su edad, y sabía más. Don Rafael tuvo un poco de confusión. 

Manoletinas de rodillas de El Cordobés. Foto Framar

Manuel Benítez ya es famoso. España entera habla de un nuevo novillero que viene con una fuerza arrolladora. Se discute sobre su forma de concebir el toreo, de apartarse de los cánones, pero El Cordobés llena las plazas a rebosar. Atrás quedan los tiempos que anduvo solo por caminos polvorientos, las noches de luna en los cerrados de las ganaderías, con el hatillo al hombro y el estómago vacío. 

—Aquella época era distinta. Hoy un chaval Se puede colocar y gana las dos, dos quinientas o tres mil pesetas sin tener que echar todo el día. Antes era muy difícil trabajar y poder ganar pa un cacho de pan.

Ahora hay muchas cosas cómodas. ¿Las escuelas taurinas…? Yo no estoy en contra. Tampoco a favor. Estoy más a favor de que el hombre se tiene que hacer, el torero tiene que ser de más dureza, tiene que pasar alguna necesidad, tiene que ser un hombre que se convierta un poco en fiera, porque va a pelear con una fiera. Si se lo ponen muy cómodo pasa lo que está ocurriendo: Un chaval, ¡Pues venga, para la escuela taurina…! Al carretón… Toma o dame un cigarro… Hoy no entreno, me voy pa mi casa que tengo el plato…

¡Todo esto enfría al torero! El torero tiene que ser duro, irse a los tentaderos, dormir en los pajares, pasar frío… ¿Qué no me dejan torear aquí…? ¡Pues verás cuando llegue como me van a dejar…!  Todas estas cosas pa uno, pa dentro… Y eso te va a ir dando fuerza pa llegar al punto ese. ¡Ahora, si tú lo tienes todo cómodo, y a las dos de la tarde tienes en tu casa el plato lleno de patatas fritas y dos huevos o lo que sea, la ropa limpia y no pasas necesidad…! Amigo, no voy a decir que no salga alguno, pero sí que cada vez es más difícil. 

A principio de la década de los años sesenta se organizan más novilladas que nunca y la Fiesta gravita alrededor del nuevo torero de Palma del Río. Mientras, en el escalafón superior, algún matador sonríe pensando en el ridículo que hará Benítez cuando tome la alternativa. ¿Se le tolerarán esas formas, ese estilo, una vez haga el paseíllo como matador de toros?

El Benítez, El Pelos, Huracán Benítez... El Cordobés, fue
la locomotora del toreo desde 1963 a 1971. Foto Framar

El tiempo siempre responde. Y fue una vez más en Córdoba el punto de partida. El 12 de octubre de 1962 estaba prevista la alternativa de Manuel Benítez el Cordobés, pero la lluvia frustró el acontecimiento. Habría que aguardar al mes de mayo, el de las flores, y en la primera corrida de la feria.

El 25 de mayo de 1963 la puerta de cuadrillas de la vieja plaza de Los Tejares se abre para dar paso al Cordobés, que montera en mano se sitúa en el centro de la formación, escoltado a su izquierda por Antonio Bienvenida y a la derecha por José María Montilla. Del encierro de don Samuel Flores corresponden al toricantano Palancar, al que corta las dos orejas, y Lamparilla, al que corta las dos orejas y el rabo. Por vez primera se le abría la puerta grande para salir a hombros. ¡El Cordobés ya es matador de toros! 

—Sabía que tenía mucha responsabilidad y tenía que salir todas las tardes a por todas y a no dejármela ganar. Y de novillero sabía que tenía que llegar a matador... ¡Iba a comérmelos…! La prueba la tienes que cuando salí, cogí mi camino y nadie se puso por delante. Respeté a todos, pero no di paso. Y los toros eran seis y dos para cada uno... Había matadores de toros que decían que cuando yo saliera de matador iban a comerme, porque no iba a andar... Y yo me dije ¿ah, sí…? ¡Pues os vais a enterar...! ¡Y los que no andaron fueron ellos! Me mentalicé pa ir a por todas… Ansioso... Lo llevaba dentro… No por hacer daño ni ná… No... ¡Pá triunfar…! Fui a por todas. Y si de paso venía el dinero de por medio pues mejor todavía. 

¿Qué tiene de especial Córdoba? ¿Cuál es su misterio? Dos Rafaeles y dos Manueles, cuatro luceros brillando con luz propia en el firmamento taurino. Dicen que cuando de Córdoba sale un torero todo el mundo se conmueve, porque es distinto, diferente, de los que va -como se dice en el argot- con la escoba barriéndolo todo. Dos Rafaeles y dos Manueles, cuatro toreros diferentes con un punto común: mandar en el toreo. Los cuatro fueron los amos de su tiempo: Lagartijo, Guerrita, Manolete y el Cordobés 

El Cordobés corta un rabo en la Real Maestranza de Sevilla

—Córdoba tiene una cantera muy segura. Hay gente que dice que si este hubiera nacido en Sevilla… No, cada uno somos de donde somos, de nuestra cantera. ¡Aquí también hay que nacer…! Lo que pasa es que todos los días no sale uno, pero Córdoba tiene su cantera especial. Y cuando sale uno, arrolla. Está demostrado. Ahí está. Se puede repasar la historia del toreo.

¿Qué ocurre…? Pues que estamos metidos en una órbita de comodidad… Cogemos la historia de los Califas, se lee, de aquí -gesticula llevándose la mano a la boca- “tó frititos". ¿Por qué no salen ahora…? Pues porque la cosa está muy cómoda y no solo en Córdoba. Se están perdiendo las canteras. Pero Córdoba es distinta a todas. Aquí cuando uno rompe es que arrasa. Pero hay que tener mucho cuidado, el toreo va dando un giro diferente al de nuestra época.

Te voy a hacer una comparación: un pollo de campo se tiene que buscar la comida y luchar con todo, y a un pollo de granja se lo dan todo. No estoy comparando al hombre con un animal, pero ¿qué pasa…? Pues que el pollo de granja llega un momento en que está tan harto de comer que no se puede mover… Y el de campo, corriendo tras las hormigas y los bichos, está más fuerte… Esto va cogiendo este giro. Está todo muy cómodo, no se lucha por nada, no hay esfuerzo…

¿El carretón -se lleva los dedos a las sienes y frunce el ceño-…? ¿Qué te va a dar una rueda de bicicleta…? !El toro es distinto! 

En la historia del toreo las figuras siempre buscaron ir lo más cómodas posible -si es que puede resultar cómodo jugarse la vida-. Y cuando un torero ha triunfado ha procurado que en él se cumpla el aforismo: “billete grande y toro chico”. Manuel Benítez triunfa en todas las plazas y sus admiradores, auténticas legiones, no dan tregua a los grupos de detractores. Todas las plazas se le entregan. Nadie puede con el “Huracán Benítez”. 

Portada del ABC: El Cordobés herido grave 
en la tarde de su confirmación de alternativa

—Tengo varias cornadas, y tres muy fuertes, pero eso no es lo importante. He triunfado en todas las plazas. Hasta en México, que con 50.000 personas también “la barrí“... 

Si tú ganas una batalla debes de ir en el lugar más importante, y si la pierdes debes de ir en la cola. Pero hasta ganar esa batalla (se le transforma la cara y golpea con los nudillos en la mesa) hay que luchar. Eso no te lo han regalado. A la plaza van seis toros, van dos para cada uno y en sorteo. ¡Lo que hace falta es estar todos los días en máquina en lugar de vagón! Ser vagón es muy cómodo porque te llevan...

No quiero meterme en honduras, pero está ocurriendo ahora mismo en España, donde nadie quiere ser máquina. ¿Me entiendes, verdad...? 

Por supuesto,  Manuel, que nadie quiere tirar del carro.

—¡Eso es. Ya está todo dicho! 

Córdoba es el lugar, el 30 de abril la fecha. El mundo taurino gravitará nuevamente alrededor de Manuel Benítez. Un Cordobés con más años, algo menos de pelo, pero conciente de que no puede defraudar. Él no puede inspirar compasión. Su mentalidad triunfadora y permanente esfuerzo físico darán los resultados. Además, su generosidad en esta ocasión la brinda a Cruz Roja Española. Por eso quiere que los precios sean populares, que se controle la reventa, que todo sea popular, como él mismo.

—Va a salir una cosa fabulosa para Córdoba, para España, para el mundo entero. Y es normal, porque va a ocurrir lo que tiene que ocurrir, que vamos a salir todos muy contentos por una cosa que ha hecho un torero más… ¡Pero ojo, siempre en máquina, es decir, mandando! 

Manuel, a raíz del anuncio de esta corrida habrán sido muchas las ofertas que le han hecho para que se despida de otras plazas. 

—Vamos a dejar el mundo andar. 

Pues ya está dicho. Cordialmente, El Cordobés nos acompañó hasta la puerta. Él se marchaba al campo. Al despedirnos observamos que se llevaba un canastillo de mimbre tapado con una servilleta donde llevaba la comida… Un sencillo canastillo, a pesar de los años, el dinero, la fama y la gloria...

El Cordobés no ha cambiado la naturalidad de Manuel Benítez, un genio del toreo  


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