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viernes, 22 de noviembre de 2024

“EL COTO” DE LOS HERMANOS ARRANZ

Por Antonio Luis Aguilera 

 

Ramón y Pepe Arranz Molina en la antigua taberna "Coto".
Detrás de la barra, Ramón Arranz Feria. Foto Diario Córdoba

Entre los buenos aficionados a los toros que hemos conocido y dejaron huella en nuestra memoria recordamos con especial cariño a los hermanos Ramón y Pepe Arranz Molina, excelentes profesionales de la hostelería cordobesa, que en la Taberna Coto de la calle Doce de Octubre lograron durante muchos años, que tanto los profesionales del toreo como los aficionados acudieran para improvisar tertulias, conocer en primicia cualquier novedad taurina, o simplemente para conversar con Ramón, una enciclopedia taurina viviente, de palabras certeras, precisas y sencillas, que calaba pronto por su hondo conocimiento y gran humanidad. Junto a él, su hermano Pepe resultaba el contraste perfecto para salpicar con acertadas notas de humor -muy cordobés por cierto, por seco e irónico- cualquier conversación, donde procuraba intervenir poco, dejando siempre a su hermano el hilo narrativo, pero cuando lo hacía, por sus ocurrencias en el momento preciso, provocaba la sonrisa en la clientela por sus certeros golpes y sentenciosas palabras.

Tuvimos la suerte de contar con la amistad de ambos hermanos, que desde el comienzo de nuestra andadura en la información taurina nos mostraron su calor y sabio consejo. De su fuente pudimos aprender en las frecuentes conversaciones que mantuvimos en la década de los años ochenta, cuando íbamos al establecimiento los jueves, a eso de las once de la noche, finalizado el programa semanal “Tercio de Quites” que dirigimos en “Radio Mezquita”, emisora de la Rueda de Rato, ubicada en los sótanos del edificio de Gran Capitán, que después pasaría a denominarse Onda Cero. Teníamos la costumbre de acudir al Coto de Pepe y Ramón para tomar una cerveza con unas tapas junto a los invitados del espacio radiofónico, con la certeza de que esa hora tan cercana al cierre era la idónea para seguir hablando de toros con tranquilidad, incorporando a la charla a dos grandes aficionados, mientras que en la barra dábamos cuenta de las exquisitas especialidades  que preparaba Ramón y servía Pepe.

Ramón Arranz Molina, que en su juventud llegó a actuar vestido de luces como novillero, hablaba del toreo con el respeto y el conocimiento de los auténticos profesionales. Lejos de colgarse medallas por haber lucido el chispeante, lo hacía con una especial sencillez y humildad, que convertían sus juicios en verdaderas lecciones. Daba gusto escuchar su admiración y respeto por todos los toreros, por los que habían dejado huella como figuras, y por los que sin alcanzar la gloria hicieron el toreo bueno y tuvieron cualidades para haber sido gente en el toro. «¡Pero esto del toreo es muy difícil!», le gustaba remachar. Pepe, siempre atento a las palabras de su hermano, intervenía lo preciso, y como los buenos subalternos, estaba pendiente para echar un capote si era necesario y quitar  a cualquier “espontáneo” o “malasombra” de guardia, si intentaba fastidiar la conversación rompiendo el relato. 

Ramón Arranz, José Luis Moreno y Pepe Arranz. El torero 
de Dos Torres recibe el premio de la "Taberna Coto" al mejor
novillero de la feria de mayo de Córdoba.

«Todo pasa y todo queda…», escribió el inolvidable poeta Antonio Machado. Hace tres años nos dejó Ramón, mientras su hermano Pepe disfruta junto a su familia de una merecida jubilación tras su larga carrera profesional. Por fortuna, aunque pasen los años y las personas, la taberna Coto sigue abierta en Córdoba, para continuar atendiendo a los aficionados del toro y otros muchos clientes que la visitan. El nuevo establecimiento, situado en la céntrica plaza de San Miguel, está regentado por Ramón Arranz Feria, hijo de Pepe, que desde muy joven, como se muestra en la primera fotografía, se incorporó al negocio familiar para formarse en el oficio. Este segundo Ramón Arranz maneja la cocina con la misma maestría que el primero, y ha sabido mantener arriba la taberna con sus especialidades clásicas, a las que ha incorporado una carta de platos más amplia. A la saga familiar se ha sumado Rebeca, hija de Ramón y nieta de Pepe, que dirige el comedor con delicadeza y profesionalidad, haciendo que el cliente se sienta a gusto para disfrutar de la suculenta gastronomía del establecimiento. 

Interior de la taberna "Coto" de la plaza de San Miguel

El restaurante sigue adornado con las mismas fotografías y carteles taurinos que colgaban en las paredes de la taberna de la calle Doce de Octubre, para que los aficionados se sientan en su ambiente, como cuando Pepe atendía la barra y Ramón preparaba las deliciosas raciones y tapas de la casa. Aun así, cada vez que acudimos y contemplamos esas fotos, no podemos evitar recordar con mucho cariño cuando hace casi cuatro décadas, los jueves, a las once de la noche, llegaba la hora bruja de continuar en El Coto la tertulia iniciada una hora antes en el programa radiofónico “Tercio de Quites”, sin micrófonos y ante una buena cerveza, escuchando a los hermanos Arranz Molina, excelentes profesionales de la hostelería y mejores personas, que hicieron de su pequeña pero entrañable taberna el punto de encuentro de referencia de la afición taurina cordobesa. 

viernes, 18 de septiembre de 2020

TERTULIA “TERCIO DE QUITES” DE CÓRDOBA

 Por Antonio Luis Aguilera    

Rafael González Chiquilín visita Tercio de Quites. Foto Marogo
            

El lunes santo de 1985 coincidí con mi amigo y maestro Pepe Toscano en la taberna de Pepe Salinas de la Puerta de Almodóvar. Me propuso que fuera crítico taurino en Radio Mezquita, emisora local de la Cadena Rato en Córdoba, que años después se denominaría Onda Cero Radio. Con no poca osadía y confiando en mi afición acepté realizar un programa en directo, de una hora de duración, que se emitiría los jueves a las diez de la noche anunciado como Tercio de Quites, espacio que mantuve en antena varios años con frecuencia semanal, hasta que la nueva cadena comenzó a restringir las desconexiones locales y los toros pasaron a un segundo plano, pues solo interesaban en la feria de mayo por los ingresos de publicidad que entonces generaban, y el medio optaba por transmitir en directo una tertulia a medio día, con participación de los protagonistas del cartel, y las corridas desde la plaza. Mi vinculación con la emisora se mantuvo hasta 1994, reapareciendo excepcionalmente en la feria de 2006 a petición de la misma, al tratarse del último ciclo taurino que acogía en sus dependencias antes de su demolición el Hotel Meliá Córdobael hotel de los toreros— donde tantas tertulias radiofónicas tuve el privilegio de moderar, y tanto aprendí escuchando a los sabios hombres del toro.

Visita de la Tertulia Tercio de QuitesEl Toruño de los Guardiola. Foto: León

Pero volviendo a los inicios, cuando los jueves a las once de la noche terminaba la emisión de Tercio de Quites, me agradaba invitar en la taurina Taberna Coto a los personajes que habían sido protagonistas del programa. De forma distendida, con unas cervezas y las exquisitas tapas que salían del conocido como rincón de Ordóñez, continuaba la conversación de toros en una improvisada tertulia, a la que se sumaban los dueños de la taberna, los excelentes aficionados Ramón y Pepe Arranz. Lo que nació de forma natural fue trascendiendo entre los aficionados al toro y cada jueves aumentaban los asistentes, hasta que por falta de espacio físico decidimos celebrarla en establecimientos amplios y otro día de la semana para comenzar y terminar antes. Esta tertulia sería conocida con el nombre del espacio taurino que la alumbró, y a ella se fueron incorporando selectos aficionados. A partir de 1987 decidimos formalizar las reuniones semanales, que se celebrarían todos los lunes siguiendo el calendario del curso académico. De esta forma, sin protocolos ni papeleos en el registro de asociaciones, porque nunca hubo estatutos ni cargos, con la puerta de acceso siempre abierta para los que quisieran entrar o salir, comenzó su navegación por las rutas del toreo Tercio de Quites

Tertulia con becerristas desde el Hotel Meliá-Córdoba. Foto Marogo

Durante más de tres décadas, por la tertulia han pasado muchos y variados personajes del mundo del toro; unos célebres, desplazados expresamente a Córdoba para compartir una noche de toros, otros que sin alcanzar tanta celebridad también tenían su historia que contar. Lo que había empezado como una tertulia radiofónica se había convertido en otra presencial de tres horas de duración. Un auténtico privilegio para los tertulianos que tuvieron la oportunidad de escuchar tantas lecciones magistrales de ganaderos, toreros, apoderados, cirujanos taurinos, críticos, novilleros, picadores, banderilleros, mozos de espadas, profesores de la Universidad… Todos los que generosa y gentilmente acudieron a nuestra llamada, para que aquellos que supieran aprovecharlo se dejaran empapar como esponjas con sus palabras. Esta fue la filosofía de Tercio de Quites, la misma que expresa Alberto Cortéz en los versos de su canción Qué suerte he tenido de nacer, cuando el inolvidable poeta argentino añadía: para callar cuando habla el que más sabe, aprender a escuchar, esa es la clave, si se tienen intenciones de saber.

Tertulia radiofónica con Enrique Ponce. Foto Marogo

Tuvimos la inmensa suerte de moderar estas tertulias durante más de treinta años, para alimentar nuestra afición con tanto personaje inolvidable que compartió con el grupo sus conocimientos, su humanidad entrañable, su siempre nostálgico paso por el toreo, y reverdecer sueños e inquietudes, miedos y momentos únicos, forjas de triunfos y fracasos, huellas de emociones que jamás habían contado, o anécdotas que no recogen ningún libro, saboreando pequeños sorbos de fino que propiciaban su locuacidad en aquellas lecciones únicas, que difícilmente se pueden aprender sin los testimonios de los sabios hombres que dedicaron su vida al toro, los que generosamente acudieron a nuestra llamada para regalarnos una noche mágica, presidida por el respeto y la admiración de un grupo de aficionados a los que abrieron de par en par las puertas del alma.  

El maestro José María Martorell. Foto Marogo

Difícil resulta seleccionar algunas de las muchas que afortunadamente vivimos, pero a modo de ejemplo rememoramos la protagonizada por el matador de toros José María Martorell, cuya amistad caló profundamente en el alma de la tertulia. El inolvidable maestro, que con palabras justas explicaba perfectamente el toreo, gustaba narrar todos los resortes de la lidia, defender con orgullo la dignidad que nunca debe perder el espada al ejecutar la suerte suprema, o la obligación de este de hacer el primer quite sin delegar en un banderillero, remachando que en su época las ganaderías ahora denominadas duras eran habituales, y que había que matar de todos los encastes porque eran matadores de toros. Entre las anécdotas narradas por este gran torero, que tras la tragedia de Manolete en Linares fue capaz de abrirse paso hasta colocarse entre las figuras, había una que le gustaba narrar con satisfacción y cariño. Recordaba como un atardecer, siendo adolescente, a la vuelta de un tentadero celebrado en las Cuevas de Altázar, donde había logrado dar unos pases como aficionado, Manolete, que había dirigido la faena campera, lo reconoció al pasar por la puerta de su casa, en el barrio de San Cayetano junto a la plaza de la Lagunilla, y verlo sentado en el bordillo del portal. El Monstruo lo saludó con dos palabras —que cordobés es eso de hablar poco y pronunciar las palabras justas— que Martorell nunca pudo olvidar: ¡Adiós, torero! Sólo el destino conocía el alcance de la sentencia que Manuel Rodríguez había pronunciado.

—¿Imagináis –decía el torero cordobés– lo que significó para mí siendo un chaval que ese Monstruo me llamara torero...?

Fue tan enorme el cariño de los aficionados de Tercio de Quites por el torero más representativo de Córdoba tras la muerte de Manolete, que a su muerte decidimos instaurar el trofeo que lleva su nombre e imagen, obra magistral de los hermanos Rafael, Pepe y Pedro García Rueda, que colaboraron desinteresadamente en modelar el busto del torero.

Tertulia con Paloma Bienvenida, su hijo Gonzalo, Manuel 
Cano El Pireo, Juan Ortega y Jorge Fuentes. Foto Q. Cano

Hablar de toros callando cuando habla el que más sabe, esta fue la partida de nacimiento de Tercio de Quites, la brújula que durante más de tres décadas ha guiado el destino de un grupo ensamblado por la afición al toro, que desgraciadamente fue viendo caer hojas de sus ramas, aficionados entrañables que fallecieron, y observar con naturalidad como la puerta de la tertulia se abría para que otros compañeros se marcharan. De momento, el Covid-19 ha interrumpido la actividad taurina del grupo después de tantos años, pero la veterana tertulia volverá a hacer camino al andar para seguir hablando de toros cuando las circunstancias lo permitan, y volver a sentir el embrujo del toreo hablado y escuchado en mágicas noches acompañadas del tintineo de los catavinos, que suavemente rompen el silencio para que entre sorbitos de fino fluyan los más íntimos y taurinos recuerdos. 

PINCHE PARA VER LOS INVITADOS QUE HAN COMPARTIDO TERTULIA