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martes, 7 de junio de 2022

LOS CHUFLAS QUE CHIFLAN

Por Antonio Luis Aguilera 

Andrés Roca Rey. Foto Plaza1

La Fiesta de los toros siempre ha sido la más democrática de todas las fiestas. En ella el espectador ha podido manifestarse con libertad —aunque a veces, confundida con libertinaje, no faltaron episodios donde los toreros temían más al desenfreno del público que al toro—. Excepciones aparte, en la afición siempre prevaleció el respeto a los hombres que se juegan la vida, aunque, como hemos apuntado, hubo épocas donde una sociedad que no tuvo oportunidades para educarse y formarse como la actual resultara temible. Mas por lo general, lo normal ha sido que una vez arrastrado el toro, el espada fuera ovacionado, silenciado o pitado.  

El Juli. Foto Plaza1

Cosa distinta es lo que ocurre en Madrid durante la lidia del toro, donde con manifiesta intención de alterar el ánimo del que se juega la integridad física, algunos maleducados chiflan reiteradamente, lo haga bien, mal o regular. Suele ocurrir especialmente cuando actúan las figuras, porque son en esas tardes donde buscan protagonismo personajes grises, sin valores, que amparados en el anonimato del público chiflan para reventar la actuación, incomodar al torero y, en caso de fracasar, gozar con el naufragio. Por cierto, sería interesante observar las caras de los chuflas que chiflan las tardes que tras su acoso llega la cornada, poderles ver la faz cuando toda la plaza enmudece y cambia de color, en esos segundos que el chiflado, mal herido y ensangrentado, es llevado urgentemente a la enfermería.   

En la reciente feria de San Isidro, como en otras muchas anteriores, se han sucedido los chiflidos de “reprobación técnica” a los matadores durante la lidia. Poco importaba que la actuación fuera seguida con el entusiasmo del noventa por ciento de la plaza, como las tardes de la demostración del valor impactante de Andrés Roca Rey, de la magistral lección torera de Julián López, o de la maravillosa recreación artística de Morante, relación a la que podrían añadirse otros muchos nombres. El caso era que con toda la monumental pendiente de las actuaciones, fueran de mayor o menor calado, estos chuflas chiflaban, silbaban, gritaban y buscaban reventar la faena de quien estaba en el ruedo ante el toro. Y por supuesto, provocar al resto de los espectadores, para que la atención pasara del ruedo a los tendidos originándose la consiguiente bronca entre el público. 

Morante de la Puebla. Foto Plaza1

Según el aforismo popular: «cuando un tonto coge una linde, se acaba la linde y sigue el tonto». Desgraciamente así es, porque rara es la tarde que a un diestro se le guarda el debido respeto por parte de estos sujetos, que desde su estulticia creen saber de toros más que los toreros, los que de verdad, sin figuradas "tauromaquias" ni fantasias mentales, se la juegan ante el de los rizos. Penosa actitud la de estos inquisidores que tantas tardes secuestran la que indudablemente es la plaza determinante del toreo, la que da y quita importancia a los toreros por la categoría de su auténtica afición, no por la de estos chuflas integristas que aburren con los mantras del “crúzate”, “la pata palante”, “menos cuento”, “venga ya”, y otras letanías propias del talibanismo taurino. Como sabiamente enseñaba en sus clases de Retórica «Juan de Mairena», alter ego del genial Antonio Machado: «La verdad del hombre empieza donde acaba su propia tontería. Pero la tontería del hombre es inagotable». 

jueves, 7 de octubre de 2021

JUAN ORTEGA, A CÁMARA LENTA

Por Barquerito

«Juan Ortega, el garbo grave del buen toreo». Foto Plaza1

Antes de asomar el sexto cobró cuerpo un palmeo por bulerías, que iba por Juan Ortega. Tardó en fijarse el toro, nunca llegó a hacerlo del todo y hasta terminó buscando tablas y a su aire. Pero no paró de moverse y de venirse franco cuando tomó engaño. Con ese toro tan distinto a los cinco jugados por delante Juan Ortega improvisó una faena de puro garbo, el garbo grave del buen toreo. Un toreo de una despaciosidad insuperable, la propia del tenido por toreo de compás. Lo hubo por las dos manos, en el medio perfil, tan distinguido, y hasta de frente. La sucesión fue caprichosa, ajena a los patrones preestablecidos. Molinete de apertura ligado con el de pecho a pies juntos, y el de pecho con el natural y este con el remate en recorte. Golpes de sorpresa, uno tras otro. Posado en todas las bazas el toreo sevillano, ni relamido ni envarado, pura melodía. Pero fue faena sin espada. 

«Posado en todas las bazas del toreo sevillano, ni relamido ni envarado, pura melodía». Foto Plaza1

Madrid, 2 de octubre de 2021 (COLPISA, Barquerito). Plaza de Las Ventas. 5ª del abono de otoño. Veranillo. 12.000 almas. No hay billetes. Aforo reducido. Dos horas y veinte minutos de función. Cuatro toros -1º,3º,5º y 6º- de Domingo Hernández (Concha Hernández) y dos -2º y 4º- de Garcigrande (Justo Hernández). El Juli, una oreja y silencio. Emilio de Justo, silencio tras un aviso y dos orejas. A hombros. Juan Ortega, silencio y saludos tras aviso.

lunes, 24 de mayo de 2021

NO PODRÁN DETENER LA PRIMAVERA

Por Antonio Luis Aguilera

Juan Ortega en Las Ventas

Pocas corridas de la madrileña feria de Vista Alegre han tenido buena respuesta de público. A la empresa corresponde averiguar las causas de la fría acogida de su programa, pero el San Isidro que nació con intención de tumbar en la lona a los gestores de la monumental de Las Ventas, se ha dado sin colas ni reventas, y los llenos que podían esperarse con el aforo reducido solo se dieron en alguno de los festejos de figuras.

Afortunadamente las vacunas están dando luz al oscuro túnel del Covid. Pero mientras las plazas abren sus puertas, la primera del mundo permanece cerrada como lo estuvo en abril la de Sevilla, esa preciosa joya que anunció carteles de farol a principios de primavera —pues de farol era imponer aforos a la Junta de Andalucía—, y que de momento solo está para ser fotografiada desde ambas orillas del río. No obstante, además de la pésima gestión de los que cortan el bacalao en el sindicato de empresarios, nos queda la esencia del toreo. El toreo por el que lucha gente de todos los colectivos dispuesta a dar lo mejor de sí misma.

Ahí están empresarios como José María Garzón y Alberto García, navegando en un mar de dificultades controlado por viejos bucaneros, que no solo han puesto en marcha esta temporada, sino que también lo hicieron el año pasado. Ganaderos que han resistido a la tragedia y la ruina de enviar camadas bravas al matadero. Picadores, banderilleros y mozos de espadas, que de la noche a la mañana se veían sin sustento para sus familias, porque el gobierno de la nación denegaba las ayudas económicas por el Covid al toreo. Y por supuesto la televisión, Canal Toros Movistar, que ha estado y sigue estando con el toreo, alimentando la llama con su programación para que llegue a todos los aficionados.

Pablo Aguado en Vistalegre. Foto Cultoro

A pesar de todo, la primavera del toreo ha vuelto a florecer exuberante, gracias a un maravilloso elenco de toreros, capaces de aficionar a la gente joven y llevarla a las plazas, que reciben con alegría a esas nuevas generaciones que se acercan al toreo. Los nombres de Emilio de Justo, Juan Ortega, Pablo Aguado o Ginés Marín, se suman a los de Morante, El Juli, Roca Rey, José María Manzanares, Diego Urdiales, Paco Ureña y otros más, para ofrecer un selecto catálogo de torería que promete emoción por la expresión de un arte singular, con sello propio.

Una nueva primavera con molestas mascarillas y aforos reducidos, donde se está toreando primorosamente de capa, con una despaciosidad desconocida, a toros con más de cinco años cumplidos —a mayor edad, mayor sentido— para que la afición pueda degustar excelsos lances a la verónica, algunos de tan añeja torería que parecen escapados de las viejas fotografías que explican la historia. Una primavera de verónicas en flor interpretadas con ritmo y acento personal, tan magistral como el de los grandes que dejaron su huella en el toreo. Una primavera de aterciopelado manejo de la muleta, conducida por muñecas de seda y clavando las zapatillas en la línea roja de la que habla Paco Ojeda, donde un trozo de tela sujeto a un palo es guiado con las yemas de los dedos para inmortalizar el toreo intemporal de Juan Ortega, cuyo arte versificado en estrofas pide poetas que le canten.

Juan Ortega en Vistalegre. Foto Mundotoro

Sin estar libres de la pandemia empezamos a ver la luz gracias a empresarios como José María Garzón y Alberto García, a quienes han seguido los hermanos García Jiménez. El toreo no puede estar paralizado por el inmovilismo de los miembros del selecto club, incapaces de ponerse a trabajar, necesita poner en marcha la locomotora de su actividad para remolcar a todos los estamentos. Llegará el día que algunos rendirán cuentas de su nefasta gestión. Mientras tanto ha de cundir el ejemplo de los nuevos, de los que han llegado con ganas de atraer a la juventud y llevarla a las plazas, como ha sucedido en la plaza de Córdoba, ofreciéndole abonos baratos y carteles de expectación. En el toreo no deben renovarse solo los escalafones de espadas y ganaderías, sino también el de empresarios que no han sabido estar a la altura en las terribles circunstancias que han tocado vivir.

Por fortuna, cuando la oscura noche parecía impedir la luz del día, la grandeza del toreo ha vuelto a florecer recordando los versos de Pablo Neruda: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera».

sábado, 1 de junio de 2019

RÉQUIEM POR LAS PLAZAS DE LOS PUEBLOS

Por Antonio Luis Aguilera
Plaza de toros de Cabra. Foto Antonio Mesa
Cuando el efímero grupo de figuras conocido como G5 –El Juli, Morante de la Puebla, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante- boicoteó la feria de Sevilla de 2014, argumentando que no torearían en la Maestranza mientras el coso del Baratillo continuara en manos de la empresa Pagés, batalla que consiguió retirar de la primera línea de gestión a Eduardo Canorea, que previamente había declarado chulesca y groseramente: Si José Tomás va a venir con la canción de la recaudación, que se vaya a Senegal”, fueron varios los comunicados  emitidos por los toreros integrantes. Todos exigían respeto y dinero, alguno aseguraba no haber cobrado en Sevilla lo pactado, y otro decía sentirse respetado pero firmaba por solidaridad con sus compañeros.
Se comenta que antes del feo plantón de las figuras a la afición sevillana, se celebró una reunión del G5, a la que acudió el torero destinado a África por la incontinencia verbal de Canorea, quien había sido invitado por si estimaba oportuno adherirse al acuerdo del grupo. Al ser preguntado si lo firmaba contestó que lo haría con la condición de que se añadiera que las figuras solo se anunciarían en las plazas de primera y segunda categoría, liberando el resto de cosos menores en beneficio de los compañeros de la zona baja del escalafón, que también necesitaban torear y vivir de la profesión.
Al parecer, la propuesta fue objetada por el líder del grupo, argumentando que en esas plazas cobraba ocho kilos por corrida, y replicada por el torero invitado, que aseguró que a él no le ofrecían ocho, sino más del doble de esa suma y sin embargo no iba, porque lo consideraba una cuestión de respeto a la profesión. Como el G5 no la aceptó, el torero que calla y se manifiesta en los ruedos, cuyos aforos revienta cada tarde que se anuncia, abandonó el lugar para continuar navegando con vientos de libertad e independencia.
Plaza de toros de Priego de Córdoba
Esta leyenda, que pronto circuló por lo bajini entre la gente del toro, sirve para recordar que las plazas de los pueblos, antes de ser invadidas por las figuras, fueron verdaderos centros de formación profesional del toreo, escuelas para becerristas y  novilleros, y ruedos propios para que adquirieran oficio los nuevos matadores. Además, esas escuelas de aprendizaje también ayudaban a los ganaderos a limpiar las dehesas, lidiando en ellas como utreros a los ejemplares desechados de tienta y cerrado -que de esta forma se anunciaba en los carteles de las novilladas-, así como comprobar los resultados de la selección de toros defectuosos de pitones o bastos de hechuras, que, si bien no servían para igualar corridas en plazas de ferias, eran aptas para formar encierros que compraban los empresarios modestos que organizaban los festejos de los pueblos, y montaban carteles en las ferias o fiestas del patrón para ofrecer espectáculos taurinos a los aficionados de estas localidades. 
Novillada en Cabra año 1965
Las plazas del segundo circuito de la temporada española eran gestionadas por empresarios románticos, que oteaban las ganaderías y los chavales que destacaban en los tentaderos, para después atreverse a montar los festejos que facilitaban el aprendizaje –así fueron los inicios de Emilio Muñoz, Morante de la Puebla y otros toreros-. Con mucho esfuerzo y  habilidad llenaban las calles de publicidad e incluían a los espadas del pueblo o localidades próximas, a los que anunciaban buscando el apoyo del paisanaje. De esta manera, no había día del patrón o feria de pueblo sin toros, con precios adecuados a las enjutas economías de los ciudadanos de la España rural, que si por razones económicas no podían acudir a la capital para ver a las figuras, iban a las que organizaban en sus pueblos, esas localidades entrañables que tanto bien hicieron al toreo, porque en ellas los novilleros y los nuevos espadas iban madurando, adquiriendo oficio, sumando festejos y sintiendo el calor de los aficionados, que normalmente, si triunfaban, volvían a repetirlos  en las fiestas de la recolección de la cosecha, en las postrimerías de la temporada.
Lamentablemente, desde los años ochenta del pasado siglo, por el afán de sumar festejos y hacer caja, las figuras decidieron anunciarse en los pueblos, e inmediatamente cambió el panorama rompiéndose la cuerda por el lado más débil. ¿Cuál fue el resultado? Pues los empresarios modestos fueron marginados, muchas ganaderías con mercado en palenques rurales desaparecieron, los toreros que empezaban fueron ignorados para poner los comisionistas a los que ellos apoderaban, y los novilleros olvidados. Con el oropel de las figuras  y la codicia de representantes y representados menguaron alarmantemente los festejos del segundo circuito, el de  la España rural, donde echaban la temporada los sencillos del toreo. En muchas de esas localidades ya no se celebran festejos, porque no se pensó en el relevo generacional, en los jóvenes que no podían pagar las entradas de las figuras, quienes crecieron sin entrar en sus plazas, sin vivir el ambiente único y festivo de un día de toros en el pueblo. Sin aficionarse. Para colmo de males, más recientemente habrán escuchado los falsos discursos animalistas de quienes llegaron a la política con una mano delante y otra detrás, y ahora viven en chalets de lujo escoltados por la guardia civil. 
Plaza de toros de Belmez. Foto Belmez taurino
Pero con la Fiesta de los Toros no terminarán los animalistas, ni los discursos fatuos de dictadores bolcheviques residentes en urbanizaciones de lujo, los que hablan de libertad y quieren cercenar la de los aficionados para ir a las corridas. No, la Fiesta terminará antes aniquilada por la falta de escrúpulo y valores éticos de los taurinos, de los piratas que manejan y controlan todos los hilos del negocio, por los comisionistas y cambistas de cromos que, repitiendo carteles de espadas caducos y vistos, que no despiertan interés alguno, han arrasado las plazas sencillas, esas donde tuvieron cabida los humildes del toreo.  
El torero que no quiso firmar el manifiesto llevaba más razón que un santo, aunque su propuesta no gustara a las figuras que no quieren recordar cómo fueron sus principios en el oficio, y ven las plazas de pueblos como un filón donde se cumple el aserto de "billete grande y toro chico". A ellos no les importa que hace años a esas plazas acudiera la gente sencilla, atraída e ilusionada por los montajes de los empresarios románticos, para gastar sus honrados jornales ayudando a ganaderías que ya dejaron de existir, becerristas, novilleros y toreros nuevos. Para invertir en el futuro de la Fiesta y hacer posible ese segundo circuito que durante tanto tiempo alimentó la base del toreo. 


domingo, 16 de diciembre de 2018

EMBESTIR O DEFENDERSE

Por Antonio Luis Aguilera

Elegante torería de Juan Ortega ante un entregado ejemplar de 
Valdefresno  (encaste Atanasio-Conde de la Corte). Foto Plaza1
La mayoría de las ganaderías de toros de lidia españolas proceden de la que fundara en el año 1920 el Conde de la Corte, que adquirió la formada en 1912 por la marquesa viuda de Tamarón con reses de Parladé originarias de Ibarra. Esta procedencia siempre ha gozado de prestigio, debido a la bravísima historia de las reses condesas y los magníficos resultados obtenidos en la transmisión genética por los sementales que abandonaron los cerrados de Los Bolsicos para perpetuar su noble linaje en otras vacadas. 

El Juli doblándose con maestría ante un enrazado Alcurrucén (encaste Núñez).
Sin restar mérito alguno a un ganadero de la dimensión  histórica de don Agustín Mendoza Montero, conviene matizar que este adquirió una vacada que ya venía formada, como lo demuestran los éxitos logrados desde que empezó a lidiar a su nombre los toros que llegaron a la famosa dehesa extremeña de Jerez de los Caballeros. Esto indica la acertada selección de la anterior propietaria, la marquesa viuda de Tamarón, y más concretamente la de don Ramón Mora Figueroa, su hijo, excelente aficionado y experto criador de reses de lidia, que fue quien realmente manejó las riendas de la ganadería y supo descubrir en el semental Alpargatero y su línea de descendencia el verdadero filón de bravura de este encaste ganadero.

 Talavante conduce con firmeza la embestida de un Cuvillo (encaste Juan Pedro)
Si en principio el origen Conde de la Corte otorgaba un toque de distinción a las vacadas de esta procedencia, lógicamente con el paso del tiempo no todas las derivaciones de esta simiente lograron mantener el original sello de calidad, debido a los diferentes criterios de selección de los propietarios, que ofrecieron unos resultados morfológicos y de juego tan dispares como las pautas y normas aplicadas en el manejo y reproducción. Por otra parte, desde el fallecimiento de don Agustín Mendoza en 1964, la aristocrática vacada entró en una profunda crisis al cambiar de manos y ser administrada por los herederos, y aunque mantuvo éxitos aislados con algunos ejemplares, lo cierto es que perdió uno de los signos que la caracterizaba: la importante regularidad con que su bravura había reinado durante cuatro décadas en el panorama ganadero. 

Ejemplar de Juan Pedro Domecq, elegida como la mejor 
ganadería de la feria de San Isidro 2015. Foto Las Ventas.
Dicho esto, mientras la ganadería matriz conoce la decadencia, su extraordinario caudal genético adquiere relieve en otras divisas señeras como las de don Atanasio Fernández, y la que don Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio forma en 1930 comprando la del Duque de Veragua, cuyas reses elimina, reservando por su variedad cromática algunas hembras de contrastada bravura, para crear una nueva línea reproductora con vacas y sementales que adquiere al Conde de la Corte y a don Ramón Mora Figueroa, procedencia esta de don Francisco Correa y don Antonio García Pedrajas, a las que había agregado sementales del Conde de la Corte y Gamero Cívico

Toro de Parladé (Juan Pedro Domecq). Foto Las Ventas.
Mas si los toros de la acrisolada sangre condesa habían sido recibidos siempre con el agrado de la afición, a partir de los años setenta del pasado siglo resultó que por varias razones cambió la acogida con la derivación de juampedro. De una parte, el hostigamiento sistemático de un influyente sector de la crítica, que inició una cruzada regeneracionista para ensalzar las virtudes de otro encaste, sumado a la desafortunada calificación de artistas con que don Juan Pedro Domecq Solís definió a sus toros. Pero, sobre todo, debido a la proliferación de nuevas vacadas formadas con reses vendidas por este, que en poco tiempo invadieron las ferias con un toro de tanta nobleza como empalagosa obediencia y desesperante sosería, demandado por las figuras del toreo para sumar corridas de forma más fácil con ejemplares que no decían nada, sin valorar la repercusión negativa que la falta de emoción tendría para un espectáculo caro que aburría al público que lo sostiene.  

Arrancándose con fijeza, galopando descolgado. Foto Arjona.
No obstante, restar importancia a todo lo que se lidia de este origen, argumentando que en líneas generales se trata de un animal descastado y carente de emoción es faltar a la verdad. Actualmente existe un grupo de ganaderías de esta procedencia que se encuentran en un momento excelente, y sus ejemplares se cotizan al alza por la clase y bravura que mantienen desde hace varias temporadas en las grandes ferias e importantes plazas donde se lidian: Núñez del Cuvillo, Jandilla, Fuente YmbroGarcigrande o Victoriano del Río, por citar algunas, sin olvidar la vacada matriz que hoy día dirige don Juan Pedro Domecq Morenés, que también lidia con el hierro de Toros de Parladé, destacan por el elevado promedio de toros auténticamente bravos y con clase, que exigen compromiso y firmeza en la lidia para embestir entregados de verdad a los engaños que le presentan los toreros.  

Agitador, de Fuente Ymbro. (Jandilla-Juanpedro), lidiado por Paco Ureña.
 Premiado como toro más bravo de San Isidro 2015. Foto Las Ventas.
Lógicamente cada aficionado tiene sus inclinaciones por determinadas ramas del frondoso e histórico tronco de Vistahermosa, pero en la diversidad de este tesoro genético se encuentra la grandeza de los distintos tipos de hechuras y diferentes comportamientos del toro de lidia. Si hermoso resulta contemplar la acometida de un albaserrada arrastrando el hocico por el albero, no lo es menos la belleza de un santacoloma planeando en la muleta, o cómo se rebosa en los engaños la embestida de un núñez, o la pretérita e inquietante arrancada de un miura... Dicho esto, lo que resulta decepcionante y penoso son los juicios que por norma se vierten en conocidos medios de las ganaderías que derivan de juampedro, donde muchas veces silencian deliberadamente el excelente juego de toros que han sido bravos, y otras magnifican los aspectos negativos de los mansos, que por supuesto le saltan como a todas las ganaderías. De forma arbitraria se utiliza otra vara de medir en crónicas donde no se valora el comportamiento de cada ejemplar, y para no mojarse utilizan la socorrida muletilla de “mal presentados, aborregados, mansos y descastados”, que además de no informar, resulta estrafalaria por los insostenibles equilibrios de quienes no tienen reparos en mostrar su inquina al encaste Domecq.  

Diego Urdiales expresa el toreo con un bravo fuenteymbro. Foto Plaza1
El aficionado íntegro no tiene prejuicios y diferencia a la perfección entre dos tipos de casta: la buena y enrazada del toro que se entrega y va a más, para luchar hasta el final con clase y nobleza; y la defensiva, esa otra propia del genio que manifiesta el bravucón o el manso, cuando arrea violentamente, con ruido y sin entrega, frenándose, midiendo y echando miradas a las tablas, porque no tiene valentía para meter los riñones y empujar siguiendo las telas. No basta con que el toro se mueva, hay que saber distinguir cómo se mueve. Los mansos y bravucones solo engañan a los aficionados ingenuos, a esos que les pasa como a los esportones de los toreros, que  van a las plazas pero no se enteran de nada de lo que ocurre. Embestir o defenderse, esa es la cuestión que diferencia al aficionado que sabe ver los toros sin necesidad de leer lo que escriben algunos, que olvidan que actualmente televisan con todo lujo de detalles las ferias más importantes. Ahora no cuelan historias.


jueves, 1 de noviembre de 2018

RABOS CORTADOS EN "LOS CALIFAS" (y II)

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de Los Califas de Córdoba. Foto FIT
En la entrada anterior nos centramos en los matadores de toros que en corridas han cortado los máximos trofeos en el coso de Los Califas. Quedaría incompleto este documento histórico, que abarca desde el 9 de mayo de 1965, fecha de inauguración de la plaza, hasta el cierre de la temporada de 2018, obviando el resto de profesionales del toreo, según las diferentes categorías, que también obtuvieron los máximos trofeos en la plaza de Ciudad Jardín.  

Magnífica instantánea de Diego Ventura en Los Califas. Foto web del torero

En el grupo de rejoneadores únicamente lo ha conseguido Diego Ventura, que el 29 de mayo de 2005 cortó las dos orejas y el rabo al toro Bandido, del hierro de Benítez Cubero, en corrida de rejones donde alternó con Joao Moura y Fermín Bohórquez


Paquirri a hombros en su etapa de novillero
En el grupo de novilleros con picadores, cuatro fueron los que pasearon el ruedo exhibiendo los máximos trofeos. El primero que cortó las dos orejas y el rabo fue Francisco Rivera Paquirri la tarde del 18 de julio de 1965, que alternando con Pedrín Benjumea y Rafael Poyato cuajó a Obrero, de doña María Pallarés de Benítez Cubero. El torero gaditano, cuya presentación con los del castoreño en Córdoba tuvo lugar el 19 de marzo de 1965 en la vieja plaza de Los Tejares, actuó en la de Ciudad Jardín en 7 novilladas picadas (5 en 1965 y 2 en 1966), lidiando un total de 16 utreros con el balance de 12 orejas y 1 rabo.

Julio Vega Marismeño fue el segundo novillero que cortó un rabo en la plaza de la antigua Huerta de La Marquesa. Lo hizo el 12 de octubre de 1968, festividad de la Virgen del Pilar, alternando con Florencio Casado El Hencho y Francisco Ruiz Miguel, que lidiaron un encierro de don Gerardo Ortega Sánchez. El novillero de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) actuó en el coso califal en 2 novilladas picadas (1 en 1968 y 1 en 1969), lidiando un total de 4 reses con el balance de 3 orejas y 1 rabo. 

Chiquilín corta un rabo en Los Califas. Foto Framar
Nada menos que veintidós años habrían de transcurrir hasta que fuera concedido el tercer rabo en Los Califas. Fue el 22 de junio de 1990 y lo consiguió Chiquilín a Barbarrubia de Torrestrella, en su segundo mano a mano con Finito de Córdoba. Tras el rotundo éxito del primero en la feria de ese mismo año, la empresa constituida por José y Manuel Flores Cubero con su cuñado Antonio Pérez-Barquero Herrera, repitió idéntico cartel, lidiándose novillos de Torrestrella y abriendo plaza Luis Domecq. Rafael González Chiquilín, que esa tarde cortó los máximos trofeos,  sumó 12 novilladas picadas en Los Califas (2 en 1989, 6 en 1990 y 4 en 1991), lidiando un total de 31 utreros con un balance de 16 orejas y 1 rabo.

Rubén Cano El Pireo
Rubén Cano El Pireo cierra, de momento, la nómina de novilleros con picadores que han cortado un rabo en la plaza cordobesa. Lo consiguió el 27 de mayo de 1997 con Metepatas, del hierro de Yerbabuena, alternando con Romero de Córdoba y Morante de la Puebla. El hijo del inolvidable maestro de Las Margaritas toreó 4 novilladas picadas en Los Califas (2 en 1995 y 2 en 1997), despachando 8 utreros con un balance de 6 orejas y 1 rabo.             

En el grupo de novilleros sin picadores no se ha cortado aún ningún rabo.                

Maribel Atiénzar
En el de becerristas, considerando como tales los que lidiaron añojos, figuran 22 nombres. La mayoría protagonizó su éxito en la popular y festiva becerrada de convite en homenaje a la mujer cordobesa. Por orden cronológico, aquí están sus nombres para la historia: Juan Antonio López Pérez (1969), Maribel Atiénzar (1976), Nelson Villegas, padre (1978), Antonio Tejero (1978), Antonio Manuel de la Rosa (1981), Nelson Villegas, hijo (1991), Sergio Sanz (1993), Francisco José Ayuso (1994), Rafael Rosa Alejandre (1996), Francisco Jose Izquierdo Rodríguez (1996), Francisco Villena (1998), David Encinas (1998), Pedro Ángel Dorado Bello (1999), Antonio Julián Torres El Javi (1999), José Antonio Moreno El Zorro (2004), Jesus Pedregosa (2014), Ignacio Ostos (2014), Rocío Romero (2014), Mercedes San Roman (2015), Curro Núñez (2015), Marta Reíllo (2016) y Fuentes Bocanegra (2018). 

Por último, en el grupo de toreros en general que vestidos de corto colaboraron con su arte y solidaridad en diferentes causas sociales, recordamos a los protagonistas de los 18 rabos cortados en festivales benéficos:  

 Gabriel de la Haba Zurito lidera el grupo con 5 rabos. El torero de Santa Marina los cortó el 7 de noviembre de 1965 a un ejemplar de doña Francisca Marín (Campaña de Navidad); el 21 de abril de 1968, a uno de don Salvador Guardiola (A beneficio de los pobres); el 4 de diciembre de 1969, a uno de don Ramón Sánchez (Regimiento de Artillería de Córdoba), el 18 de marzo de 1978, a uno de don Francisco Galache (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba), y el 7 de noviembre de 1981 a uno de los Hermanos Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Gabriel de la Haba ha participado en 12 festivales, en los que estoqueó 17 ejemplares con el balance de 24 orejas y 5 rabos. 

 Genio y figura. El Cordobés con 77 años de
edad torea al natural así de bien a un utrero 

Manuel Benítez El Cordobés figura con 2 rabos. Los cortó el 21 de abril de 1968 a un ejemplar de don Salvador Guardiola (A beneficio de los pobres) y el 18 de marzo de 1978 a otro de su propia ganadería (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Manuel Benítez ha participado en un total de 4 festivales benéficos, lidiando 9 reses y cortando 14 orejas y 2 rabos.

Con otros 2 rabos figura Manuel Cano El Pireo. Los cortó el 26 de febrero de 1967 a un ejemplar de los Hermanos Cembrano (Campaña de invierno), y el 7 de noviembre de 1981 a otro de Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Manuel Cano ha intervenido en 7 festivales benéficos, estoqueando 10 reses y cortando 10 orejas y 2 rabos

Otros nueve toreros cortaron un rabo vistiendo el traje corto:

José María Martorell lo hizo el 7 de noviembre de 1981, a un ejemplar de Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El espada cordobés intervino en 4 festivales, estoqueando 4 reses y cortando 3 orejas y 1 rabo.

Diego Puerta, lo cortó a un ejemplar de Torrestrella el 19 de septiembre de 1985 (Junta de Andalucía. A favor de la Tercera Edad). El valiente espada sevillano participó en 3 festivales, lidiando 3 reses y cortando 4 orejas y 1 rabo.

Antonio Sánchez Fuentes lo consiguió de un ejemplar de don José de la Cova el 13 de marzo de 1966 (Campaña de invierno). El diestro de los Olivos Borrachos participó en 2 festivales, lidiando 3 reses con un balance de 4 orejas y 1 rabo.

 Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea lo logró con un ejemplar de Torrestrella, el 22 de abril de 1979 (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El salmantino intervino en 2 festivales, lidiando 2 reses y cortando 2 orejas y 1 rabo.

Finito de Córdoba
Finito de Córdoba, lo hizo a un ejemplar de Núñez del Cuvillo el 1 de febrero de 1998 (A beneficio de la viuda del conserje de la plaza de toros Antonio de la Rosa Llamas). Juan Serrano lidera el escalafón de profesionales que han intervenido en festivales benéficos con 16 actuaciones, habiendo lidiado 16 reses y cortado 20 orejas y 1 rabo.

Julián López El Juli lo cortó a un ejemplar de Jandilla, el 26 de marzo de 2011 (Asociación Española de Lucha contra el Cáncer en Córdoba), siendo éste el único festival en que ha participado el espada madrileño.

José Luis Torres lo consiguió de un ejemplar de doña María José Barral el 21 de febrero de 2004 (Asociación Española de Lucha contra el Cáncer en Córdoba). El matador cordobés ha participado en 2 festivales, lidiando 2 reses y cortando 4 orejas y 1 rabo.

José Antonio Carretero lo logró de un novillo de don Alonso Moreno el 7 de junio de 1988 (Homenaje a las Fuerzas Armadas), única ocasión que vestido de corto actuó como jefe de filas en el coso califal.

Antonio Manuel de la Rosa lo hizo de un ejemplar de don Ramón Sánchez el 19 de octubre de 1985 (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El torero cordobés participó en 2 festivales, estoqueando 2 reses con un balance de  2 orejas y 1 rabo.

Manuel Benítez sale de Los Califas a hombros de los toreros el 5 de abril de 2014
Con los profesionales que obtuvieron los máximos trofeos en festivales benéficos, completamos este trabajo que contempla todos los toreros, clasificados por grupos, que cortaron uno o varios rabos en la plaza cordobesa. 

jueves, 18 de octubre de 2018

LLENOS EN EL COSO DE "LOS CALIFAS"

Por Antonio Luis Aguilera
Paseíllo en la cordobesa plaza de Los Califas
Desde el 9 de mayo de 1965, fecha de su inauguración, hasta el final de la temporada de 2018, en la cordobesa plaza de Los Califas se han celebrado 802 espectáculos taurinos (247 corridas de toros, 49 de rejones, 187 novilladas con picadores, 71 sin los del castoreño, 156 becerradas, 41 espectáculos cómico-taurinos y 51 festivales benéficos), habiendo registrado el recinto 46 llenos en su aforo, de los que 33 fueron aparentes y 13 absolutos, es decir, con todas las entradas agotadas en taquillas y colocado el cartel que informa al público: “No hay billetes”. 

Clasificados por la categoría de los festejos, 21 se registraron en corridas de toros, de los que 12 fueron aparentes y 9 absolutos; 2 en novilladas con picadores, siendo 1 absoluto; 1 en novilladas sin picadores; 8 en festivales benéficos, con 3 absolutos; y 14 aparentes en la popular y centenaria becerrada homenaje a la mujer cordobesa. Veamos quienes fueron los protagonistas de estos acontecimientos:

Manuel Benítez El Cordobés
Manuel Benítez El Cordobés  lo consiguió en 7 ocasiones durante los años 1965 (9, 25 y 26 de mayo), 1966 (25 de mayo), 1967 (27 de mayo) y 1968 (25 de mayo y 29 de septiembre), pero, aunque resulte extraño por su inmenso poder de convocatoria, en ninguna se colgó el cartel de “no hay billetes”. 

Retirado del toreo el diestro de Palma del Río, el coso de Ciudad Jardín no volvió a llenarse hasta la llegada del prestigioso ganadero don Victorino Martín de Andrés, que con sus albaserradas lo hizo en 2 ocasiones, el 25 de mayo de 1985, con todo el papel agotado por primera vez en una corrida de toros en la nueva plaza, y el 30 de mayo de 1987. 
Juan Serrano Finito de Córdoba
Juan Serrano Finito de Córdoba, que desde sus inicios como novillero sin picadores había despertado a la ciudad y su provincia de un profundo letargo taurino, volvió a llenar el coso levantado en terrenos de la antigua Huerta de la Marquesa. Lo hizo en 7 ocasiones, de las que en 6 agotó el taquillaje. Fue en los años 1991 (23 y 25 de mayo, agotando en ambas el papel), 1992 (29 y 30 de mayo, colgando el cartel en la segunda), 1993 (28 y 29 de mayo, vendiéndose todo el billetaje en las dos) y 1995 (27 de mayo, despachándose en taquillas todas las localidades).

Julián López El Juli en su presentación como matador de toros en Córdoba, 28 de mayo de 1999, agotó todas las entradas. También llenó el 25 de mayo de 2000, pero entonces fue aparente y con la solidaria convocatoria de Enrique Ponce y Finito de Córdoba; y el 25 de mayo de 2001, aparentemente, anunciado con Joselito y José Tomás.

José Tomás
Sería precisamente José Tomás quien tras unos años retirado de los ruedos y reaparecer con enorme tirón taquillero, llenó aparentemente la plaza el 28 de mayo de 2008, actuando con Finito de Córdoba y Daniel Luque, y el 26 de mayo de 2009, que se agotaron todas las localidades, alternando con Finito de Córdoba y José Luis Moreno.

Como anteriormente hemos reseñado, en la categoría de novilladas con picadores el coso se llenó en 2 ocasiones, ambas protagonizadas en apasionantes mano a mano por los novilleros cordobeses Finito de Córdoba y Chiquilín, que lidiaron reses de Torrestrella, acartelados ambas tardes con Luis Domecq, que rejoneó un utrero de la divisa familiar. El primer lleno, con todo el papel vendido, fue el 23 de mayo de 1990, y el segundo el 22 de junio del mismo año, fecha en que el coso volvió a llenarse hasta el tejado, aunque inexplicablemente esa tarde no se colocó  en taquillas el  cartel de “no hay billetes”.

 Tarde de toros en Los Califas
Por extraño que parezca el coso también se llenó para presenciar una novillada sin picadores, aunque el interés del público no era precisamente el taurino. En los sorteos de regalos efectuados en las novilladas sin picadores y becerradas nocturnas celebradas en los años sesenta para llevar público a la plaza, la estrella no solo era el popular coche Seat-600, que con suficiente antelación era paseado por la ciudad sobre una camioneta con el cartel “¡A los toros. Vaya andando y vuelva en coche!”, sino el de una vivienda, sorteo en el que participaban todas las localidades vendidas en las nocturnas del verano, y que se celebraba en la última de las programadas. Esto explica que el 7 de septiembre de 1968, víspera de la festividad local de la Virgen de la Fuensanta, el coso se llenara a reventar para contemplar las hazañas toreras de Manuel Acevedo, Juan José López Cuevitas, Antonio Álvarez El Hortelano y Modesto Adame El Palmerito, que lidiaron tres erales de don Ángel Sánchez  Rodríguez, y uno de Mencos Armero (3º), pues al final del festejo llegaba el momento de la ilusión para muchas familias necesitadas y no pocas parejas de novios, que anhelaban salir de la plaza con las llaves de un piso de su propiedad. El agraciado resultó don Alonso Morales, vendedor de cupones de la ONCE en la plaza de Las Tendillas, que recibió las llaves de una vivienda en la calle Doña Berenguela, situada en la barriada de la Huerta de la Reina.
Justo es constatar que otros aspirantes a fenómenos consiguieron llenar el coso hasta 14 ocasiones vestidos de corto en la popular becerrada homenaje a la mujer cordobesa (festejo que se celebra en Córdoba desde 1898, con la excepción de 1986). Los llenos se registraron en los años y con los protagonistas que se indican: 1968 (Paco Luna, Pedro Dorado Molina, Francisco Moreno, Pedro Flores); 1969 (José Luis Jurado Jodral, Rafael Pérez Lamarca, Juan Antonio López Pérez, Luis Gavilán Sánchez); 1974 (Eusebio Fernández Serranito, Joaquín Martínez, Juan de Dios de la Rosa, Alfonso Ortiz);  1975 (Joselito Torres, José Manuel El Sagre, Rafael Lamarca, Joaquín Martínez); 1979 (Antonio Tejero, Antonio Romero, Luis Rodríguez, José María Tejero); 1980 (Antonio Romero, Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa); 1981 (Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa, Rafael Mangas); 1983 (Emilio González, Paco Trujillo, Antonio Pavón, Rafael Naz); 1985 (José María Franco, José Antonio Maldonado, Manuel Rodríguez Palitos, Cayetano de Julia); 1988 (Paco Benítez, Rafael M. López, Manuel Casado, Ángel Quero); 1991 (Nelson Villegas, Paquito Asensio, Beltrán Torres, Javier Castro); 1992 (Medina Núñez, Antonio Pérez, Antonio Sanz, Alejandro Castro); 1993 (Juan de la Rosa, Pepe Guerrero, Raúl Sanz,  Sergio Sanz) y 1997 (Víctor Martínez, Fernando Medina Tello, Rafael Sánchez Pulido, Juan Antonio Cobos Martínez, Miguel A. Ruiz Viana, Manuel Luna Pérula, Francisco Cost Niño del Alamillo).

Festival del Cáncer en Córdoba
Completamos este documento histórico dejando constancia de otros 8 llenos que el coso ha registrado hasta 2018. Se consiguió en estos festivales benéficos:

21 de abril de 1968, a beneficio de los pobres, con la actuación de Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito, Fernando Tortosa y Curro Martínez Botines.

18 de marzo de 1978, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación del rejoneador Álvaro Domecq Romero y los matadores Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito y Manuel Cano El Pireo.

22 de abril de 1979, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación de los matadores Paco Camino, Gabriel de la Haba Zurito, José María Manzanares, Niño de la Capea, y los novilleros Fernando Vera, Fermín Vioque y Antonio Tejero.

19 de septiembre de 1985, organizado por la Junta de Andalucía en homenaje a los pensionistas de la Comunidad Autónoma, con la actuación de Manolo Vázquez, Diego Puerta, Paco Ojeda, Espartaco y los novilleros Paco Zurito y Rafael Gago.

25 de marzo de 2006, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con la actuación de Leonardo Hernández, hijo, José María Manzanares, Enrique Ponce, Jesulín de Ubrique, Rivera Ordóñez, Salvador Cortés y Julio Benítez El Cordobés, hijo.

10 de marzo de 2007, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con el papel agotado y el cartel de “no hay billetes”, con la actuación de Ortega Cano, Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Fandi, Salvador Cortés y el novillero Daniel Luque.

2 de marzo de 2008, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el billetaje agotado, actuaron Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, Rivera Ordóñez, El Cid, El Fandi, Daniel Luque y el novillero Ignacio González.

26 de marzo de 2011, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el papel agotado, con la actuación de Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Juli, Cayetano Rivera y el novillero Juan Ortega.
Vista aérea de la plaza de Los Califas
Deseamos de corazón que los aficionados cordobeses puedan añadir datos en los próximos años y actualizar este documento. Sería señal inequívoca de que Córdoba habría recobrado el pulso taurino. Mas para ello es indispensable una mayor iniciativa de la empresa. No basta abrir la plaza cuatro días en mayo y echar el cierre hasta el año siguiente. También, que la sociedad propietaria que firma el contrato exija unas condiciones mínimas para una plaza de primera categoría, como celebrar al menos una novillada con picadores en feria, y comprometer al arrendatario a colaborar en la organización del que era hasta hace muy pocos años el tradicional festival a beneficio de la Asociación Cordobesa de Lucha contra el Cáncer, que tanto bien ha hecho y hace por las personas que sufren la enfermedad. Y por supuesto, que peñas, tertulias taurinas y  aficionados acudan a los festejos que se anuncien, pues sin el apoyo de todos los que de verdad aman la Fiesta nunca saldrán nuevos toreros y Córdoba solo será importante en la historia del toreo. El presente hay que trabajarlo sumando voluntades.