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jueves, 27 de febrero de 2025

A LOS ABONADOS LOS ESTÁN ECHANDO

Por Antonio Luis Aguilera

Paseíllo en la plaza de la Maestranza. Foto Juan Carlos Muñoz (Diario de Sevilla)

Hace tiempo que en la plaza de toros de Sevilla disminuyó el número de abonados. A la irremediable renovación generacional de los aficionados más fieles, se fue sumando el malestar de quienes desistieron ante la desproporcionada política de precios, y la reiterativa repetición de contrataciones de escaso interés. A los precios más caros que se conocen en plaza de primera, se unió el detestable “coladero” de toreros que “no están ni se les esperan”, por ser representados por los comisionistas de mayor influjo en el nefasto negocio empresarial de intercambio de cromos. Así las cosas, tanto los aficionados sevillanos, como los de otros lugares que cada año compraban el abono, cansados de tanta desconsideración, fueron dejando libre su hueco en tan hermoso escenario taurino, para que fueran otros los que asumieran el papel de “primos”, optando por sacar entradas sueltas para aquellos festejos de su interés, y no acudir a la plaza a disgusto, como si estuvieran obligados a tragarse un purgante de agua de Carabaña, las muchas tardes que la empresa, por interés particular, anuncia a toreros caducos, que fueron pero no son, porque pasó su momento y compromiso, así como otros fríos como témpanos de hielo, sin la menor atracción por su nula expresión artística, algo que siempre fue muy valorado en esta plaza. 

Mientras en el abono de Sevilla tienen asegurados sus puestos todos los espadas que pagan comisiones a Matilla y Casas, que son los diestros que provocan hartazgo y los primeros que ajusta Pagés al planificar la temporada, la afición se pregunta cómo año tras año se ignora a los triunfadores de temporadas anteriores; o por qué oscura razón se ha ninguneado a Juan Ortega, al que los sevillanos querían ver en el cartel del Domingo de Resurrección, y que la empresa, ignorando el clamor popular de todas las peñas y tertulias hispalenses, porque a todas las puso de acuerdo el torero de Triana para ser premiado por la mejor actuación de la pasada feria, Ramón Valencia ha dejado fuera de tan señalado día para incluir a Alejandro Talavante, comisionado del francés, premiando su floja salida a hombros por la Puerta del Príncipe, tras una actuación donde faltó poner a todos de acuerdo como hizo rotundamente Ortega, pero que fue premiada con desmesurada generosidad por un presidente de mano floja, Gabriel Fernández Rey, dispuesto a atender con escaso rigor la desproporcionada demanda de trofeos que solicita el público triunfalista, que últimamente pretende convertir en parte del espectáculo la salida a hombros por la puerta que asoma al Guadalquivir. 

Juan Ortega meciendo el lance a la verónica. Foto Arjona

A los aficionados les produce urticaria que Manzanares acuda tres tardes a Sevilla, cuando la pasada temporada, con igual número de festejos, no dio ni una vuelta al ruedo, mientras se deja fuera a espadas como Fernando Adrián, triunfador en tantas plazas las dos últimas campañas; Paco Ureña, siempre auténtico y comprometido; o el malagueño Fortes, que en la última feria de Málaga firmó una de las actuaciones más contundentes de la temporada española, pero que al no tener un comisionista del lobby no es valorado para estar en el abono maestrante. Lo dicho, que es un pequeño ejemplo de lo que ocurre, lleva a pensar que Ramón Valencia, además de no escuchar lo que quiere la afición de Sevilla en lugar de priorizar a sus colegas comisionistas, es un mal aficionado y peor empresario, pues no piensa en el público al que se debe y están destinados los carteles. Desgraciadamente, después de lo expuesto, resulta ilusorio pensar que en los puestos que cansinamente ocupan El Fandi o Cayetano, demasiado vistos en ese ruedo donde tan poco recuerdo han dejado, se haya pensado en dar cabida a toreros jóvenes con proyección, como por ejemplo Jorge MartínezVíctor Hernández, o José Fernando Molina. Hay muchos más.

No obstante, como en esta vida quien no se consuela es porque no quiere, en la presentación oficial de los carteles, donde curiosamente este año no hubo ningún representante de la Real Maestranza, propietaria del inmueble, el gestor del coso del Baratillo, en un alarde de modestia aseguró que «los carteles tienen solidez, remate y el lujo que exige Sevilla». Falta poco para comprobarlo, para ver la respuesta del público en este último año del contrato que vincula a la empresa Pagés con los dueños de la plaza de toros de la Real Maestranza, a los que posiblemente no tenga muy contentos tras los dos pleitos que les ha planteado en los Tribunales de Justicia. Por tanto, dentro de poco se verá si este año aumenta el número de abonados que no renuevan sus localidades, sumándose a los que se han marchado hartos de ver como sus predilecciones no cuentan en la planificación de la temporada, donde el empresario solo escucha a comisionistas de su cuerda al adjudicar los puestos de fechas clave, ignorando lo que de verdad pide y quiere la gente de la calle, esa que asegura escuchar, que entre la subida de precios y el desdén del empresario, considera que tiene razones suficientes para sentir que la han echado de la plaza, precisamente a ella, que es la que sostiene económicamente el espectáculo, máxime cuando esta feria no habrá ingresos por la televisión temática, la que han mantenido durante treinta años Movistar y dos One Toro, porque la ambición de Ramón Valencia y su colega madrileño Rafael García Garrido ha propiciado que desaparezcan como plataformas taurinas. A ellos les importa poco la necesaria difusión del toreo y el interés de los aficionados. 

 

lunes, 15 de julio de 2024

BILBAO: DE BUQUE A PECIO

Por Antonio Luis Aguilera


Ya están en la calle los carteles de Bilbao, plaza en otro tiempo buque insignia de la temporada, hoy hundida por los herederos del gran empresario vasco Manolo Chopera, desde hace unos años aliados con la empresa mexicana Bailleres. Como era de esperar, en la que fue el gran puerto de montaña del norte, se repite el compadreo impuesto en la temporada por los comisionistas, que dejan fuera a toreros que por sus méritos en el ruedo tenían que estar, mientras  se incluyen con calzador a los espectros de antiguas figuras, a espadas que ni están ni se les espera, sin sitio, destemplados, descentrados e inexpresivos, los amparados por MatillaCasas y otros comisionistas, que invitan al público a retraerse en la compra de las caras entradas y dar la espalda a una feria que fue buque insignia y hoy es un pecio complicado de reflotar.

Complicado porque la afición está cansada de que le quieran vender el burro con las supuestas figuras, que ni juntas arrastran gente a la plaza, el «sota, caballo y rey» o coladero de espadas que hurtan los puestos que merecen los que de verdad han triunfado en los ruedos, los que interesan y anhela ver el aficionado junto a los jóvenes que son novedad. Los ganaderos-empresarios-apoderados, hoy influyentes comisionistas, enterraron la antigua fórmula de juntar en los carteles de ferias al torero consagrado, el emergente y la promesa que es novedad,  sustituyéndola por el «cartel rematado», en realidad el «cartel comisionado», ese que ha aburrido y echado a patadas de las plazas a tantos aficionados, cansados de ver a los mismos toreros, impuestos feria tras feria sin justificar sus inclusiones.

En la zona alta del escalafón se mantienen matadores que fueron pero no son, espadas que deberían reflexionar en el banquillo que, de momento, su tiempo pasó, y pensar por qué causan hartazgo. Quienes antes seducían hoy aburren con actuaciones repetitivas sin gobierno, sin colocación ni  orden, sin ajuste ni temple, donde la entrega fue sustituida por la técnica ventajista y la velocidad. Y a esta barbaridad se ha llegado por la nefasta política empresarial que excluye de las ferias a espadas que merecen estar, como Paco UreñaManuel EscribanoFernando Adrián o Tomás Rufo, sin olvidar al rejoneador Diego Ventura, mientras que como una penitencia se imponen a ManzanaresTalavante o Castella, que desesperan con su inexpresivo, tenso y gélido toreo, con actuaciones sin relieve que sin embargo no son obstáculo para que sigan estando en todas las ferias de la temporada. 

jueves, 27 de junio de 2024

URGE REFRESCAR EL ESCALAFÓN

Por Antonio Luis Aguilera 

José Ignacio Uceda Leal. Foto Plaza1

Están en todas las ferias importantes de la temporada. En los ciclos largos por triplicada o cuadruplicada impresión de su nombre en los carteles. Lo peor es que suelen completar sus citas igual que llegaron, haciendo que la afición siga preguntándose ¿y este qué ha hecho para estar otro año en tantas corridas si no justifica en la plaza el trato privilegiado de su inclusión? Nos referimos a los toreros apoderados por Matilla y Casas, los influyentes comisionistas que manejan los hilos que mueven el entramado del toreo. Son quienes los mantienen vivos en los carteles, los que les garantizan unas contrataciones que no se corresponden con las actuaciones de los que viven del recuerdo de lo que fueron, de otro tiempo que se fue y no tiene visos de volver. Han salido de las ferias de Sevilla y Madrid tocados, con el crédito bajo mínimos, pero seguirán ocupando los puestos que deberían pertenecer a quienes legítimamente han ganado en el ruedo lo que le birlan en las ferias.

Borja Jiménez. Foto Plaza1

La tarde que Talavante se dejaba ir un toro de cortijo de Santiago Domecq, con el que no se puso de verdad para torear ajustado, ofreciendo la panza de la muleta y templándolo para llevarlo hacia detrás en lugar de desplazarlo hacia afuera, para cuajarlo como merecía tan bravo, noble y  enclasado animal, hubo otro torero que sin ningún toro de tan excelsas condiciones dejó la gratísima impronta de su toreo clásico. Mientras un Alejandro sin gobierno, con violencia en el manejo de la muleta, poco  compromiso y sonrisas forzadas parecía implorar la complicidad del público, José Ignacio Uceda Leal se centraba en expresar su torería en las pocas embestidas que le ofrecía su lote, con el regusto de su elegante clasicismo, que esa tarde perfumaba la plaza y dejaba en evidencia a los que reparten y acoplan los puestos de las ferias según sus intereses. Cunde el hartazgo ante la abusiva repetición de quienes fueron figuras y son figurantes, toreros descentrados, desmotivados, sin ideas ni compromiso, que se dejan ir toros de verdadero triunfo grande, sin que el petardo sea obstáculo para continuar en las ferias.

Jorge Martínez. Foto Plaza1

Continuar marginando en los carteles a esos toreros que en buena lógica deben renovar el escalafón y lo han justificado en las plazas va contra la esencia del toreo. La pasada temporada, después de años ignorado y gracias al impulso de la «Copa Chenel» de la Fundación del Toro de Lidia, Borja Jiménez pudo dar el salto a un sitio de privilegio, el mismo que este año estaban dispuestos a arrebatarle al menor resbalón. Pero también en los veteranos hay quienes llaman la atención de los aficionados que, hartos de «sota, caballo y rey», anhelan ver en citas importantes, toreros cuestionados e injustamente orillados como Manuel EscribanoDaniel LuqueMiguel Ángel PereraPaco UreñaCurro Díaz Fernando Adrián, y por supuesto abrir la puerta de una vez a esos otros incipientes que en las pocas ocasiones otorgadas han demostrado tener más verdad y ganas de ser gente en el toro, que algunos de los coletas caducados impuestos por los comisionistas. Ahí están esperando a que les hagan caso muchachos con excelentes condiciones, como Jorge MartínezJosé Fernando MolinaVíctor Hernández o Isaac Fonseca, a quienes citamos entre un nutrido grupo de la nueva savia que necesita la Fiesta para ser más atractiva, generar interés y acabar con el aburrimiento de diestros más que previstos y vistos, que por su mandanga y sosería, además de por aquello de que el banquillo curte, tendrían que quedarse un tiempo en sus casas. Urge refrescar el escalafón. Hay que dar paso a quienes demuestran en el ruedo ilusión, condiciones y disponibilidad para justificar su inclusión en los carteles, para los que de verdad quieren ser figuras del toreo, algo que algunos han confundido con un título vitalicio. Las ferias no deben seguir hipotecadas por los intereses particulares de los comisionistas que ejercen como empresarios y apoderados. 

 

miércoles, 9 de agosto de 2023

¿INDIFERENTE EL TORERO QUE MÁS GENTE LLEVA A LAS PLAZAS?

Por Antonio Luis Aguilera

Andrés Roca Rey. Foto Arjona

Sentenció «Manolete» que los pleitos de los toreros deben resolverse en los ruedos. Fue en los inicios del acoso que hubo de sufrir en su último año, en la tormenta orquestada por la prensa influyente y algunos toreros españoles, que finalmente se desencadenó en las postrimerías del mes de agosto en la plaza de Linares. Los intrigantes de aquí decidieron romper el convenio taurino con México, para cortar las alas a dos pájaros que resultaban demasiado molestos, porque volaban más alto que todos los demás. Así, rotas las relaciones entre ambos países, con esa carambola Carlos Arruza no torearía en España ni «Manolete» en México, donde fue feliz profesional y personalmente, y tan honda huella dejó en aquella admirable afición. 

En el invierno de 1947, al regreso del último y triunfal viaje por tierras aztecas, le informaron de las declaraciones de Pepe Luis Vázquez para saber qué pensaba. El sevillano lo había retado a matar varias corridas duras en plazas incómodas, estrategia que por la timidez de su carácter es de suponer que fuera de Marcial Lalanda, su apoderado, quizás en complicidad con Gregorio Corrochano, el más influyente de los críticos de entonces, como pareció resolverse poco después, cuando en abril llamó banquero al espada cordobés, en la crónica de una corrida de Miura de la feria de Sevilla que no toreaba el espada ofendido, por recibir un brindis de su compadre «Gitanillo de Triana». Tanto Marcial como Domingo Ortega no aceptaron, ni muerto «Manolete», el relevo generacional en la capitanía del toreo impuesto por el torero cordobés, quien, con la elegancia que le caracterizaba, contestó a la prensa que  Pepe Luis lo habría retado a comer almejas, que sabía que le gustaban mucho, para de esta forma no herir a su admirado compañero, que retos a un lado, desde la temporada de 1942, por no aguantarle el pulso, había dejado de ser su rival en los ruedos.

Sevilla, 1945. Manolete, Pepe Luis y Carlos Arruza.
"La feria de las taleguilas rotas"

Hemos rememorado este capítulo de la historia ante las inoportunas declaraciones de Alejandro Talavante sobre Andrés Roca Rey. Según el extremeño, torear con Roca Rey, el espada que actualmente lleva más gente a las plazas, le resulta indiferente. Dicho de otra forma, que le da igual torear la tarde que más dinero se ingresa en taquillas. ¿De verdad? No conforme con tan desafortunada afirmación, añadió «que es muy positivo toda la gente que está arrastrando, pero esa gente joven necesita también una educación taurina». 

Brindis de Talavante a Roca Rey

Días después, al coincidir ambos en los ruedos, vinieron los brindis de torero a torero. Primero fue el peruano, que debió «agradecer» al extremeño sus «entrañables» palabras; después, ante las cámaras de televisión, el de Alejandro, donde debió argumentar que sus palabras se habían mal interpretado, que lo admiraba mucho como torero, y esas lisonjas que se suelen decir tras meter la pata. Porque no deja de ser una inoportuna metedura de pata hablar tan despectivamente de quien, de momento, «corta el bacalao» y manda en el toreo. Algo que debiera considerar con más prudencia Alejandro, que desde su vuelta a los ruedos busca sin encontrar al Talavante que no se le adivinaba techo y dejó de torear hace años en Zaragoza, al parecer, por no ser atendidas sus pretensiones económicas, esas que con seguridad desde su regreso no puede ingresar con las taquillas del «educado» público que acude a sus actuaciones. 

Manuel Benítez "El Cordobés"

Llevaba razón «Manolete». Donde tienen que hablar los toreros es en el ruedo y ante el toro. Ahí es donde impondrán condiciones los que sean capaces de pilotar el tren del toreo, de ser la locomotora que tira de los vagones, en palabras de Manuel Benítez «El Cordobés», ese genio que mientras imponía a las empresas no cobrar menos de «un kilo» por tarde, elevaba al doble los honorarios del maravilloso elenco de toreros de los años sesenta, un buen ramillete de primeras figuras que se benefició de los llenazos del «melenas», ese pedazo de torero al que los muñidores de la ortodoxia ridículamente llamaron «payaso», ofensa que no tuvo la menor influencia en las legiones de seguidores que arrastró todas las tardes, desde 1963 a 1971, por todo el planeta de los toros.

Andrés Roca Rey

La historia permite observar con perspectiva la diferencia entre la fuerza taquillera de los espadas que llevan a las plazas a los «aficionados educados taurinamente», «los que caben en un autobús», según «Jesulín de Ubrique», y los que llevados por la pasión arrasan las taquillas, para seguir a esos toreros que, gusten o no, con más o menos arte, tienen  recursos y valor para pisar todas las tardes esa línea roja de la que hablaba Paco Ojeda, ese sitio donde queman las zapatillas y transmite de inmediato la emoción a quienes de otra forma no habrían ido a las plazas. Queremos decir que si los seguidores de Roca Rey, que además de tener un valor descomunal domina todas las suertes y torea magistralmente, son personas jóvenes, pues mucho mejor, porque una vez dentro de las plazas tendrán ocasión de aprender y perfeccionar sus conocimientos. Igual que nos ocurrió a todos. 

Francisco Arjona Herrera "Curro Cúchares"

Nadie nace sabiendo. Mucho menos los intríngulis y emocionantes modos de expresar el arte de Cúchares, torero a quien también los ortodoxos de su tiempo llamaron «ventajista», es decir, truculento,  por echarse la muleta a la mano derecha, entonces de uso exclusivo de la espada, para «animar la función», en palabras textuales del propio Curro. Curiosamente, de aquella licencia mal vista por los ortodoxos, «animando» a las gentes que según los educados taurinamente había que formar, por aquel desbordante entusiasmo popular habría de empezar a desarrollarse el toreo de muleta. Con razón el pueblo llano, que es bastante más listo de lo que suponen algunos sabios entendidos, acabó bautizando el toreo como «el arte de Cúchares».   

lunes, 22 de mayo de 2023

DESDE EL TENDIDO 4

Por Antonio Luis Aguilera

Andrés Roca Rey sale a hombros en Córdoba. Foto Manuel Murillo (Diario Córdoba)

El pasado fin de semana se celebraron las dos corridas de toros de feria programadas en el coso de «Los Califas». La empresa ofreció unos carteles atractivos que, a pesar de la incertidumbre meteorológica, llevaron hasta la plaza a un gran número de espectadores el sábado por la tarde, cuando el aforo se cubrió en más de tres cuartos de la totalidad, y que por la intensa lluvia caída fue aplazado hasta el domingo a las doce del mediodía. Menos tirón tuvo el programado para ese mismo día por la tarde, donde los espectadores solo cubrieron algo más de un cuarto del aforo. 

Lo primero a destacar es el considerable aumento de público y la gran respuesta a la oferta y trabajo previo de la empresa, que desde antes de Navidad puso a la venta los abonos con interesantes ventajas para quienes entonces los compraran, con garantía de devolución en caso de no estar de acuerdo con los carteles. Todo un acierto de «Lances de Futuro», que con esta atractiva forma de venta consiguió doblar el número de abonados de la plaza, que este año han rondado los 2.200. 

Lo segundo, que ese acierto puede durar poco ante la decepcionante presentación del ganado adquirido para Córdoba, donde se han lidiado toros impropios de una plaza de primera categoría, prevaleciendo en ambos encierros ejemplares sin remate, anovillados, indignos por su falta de trapío de saltar a una plaza de primera categoría, donde ha quedado de manifiesto la nefasta actuación de los equipos presidenciales, que han hecho un flaco favor a la historia taurina de la ciudad permitiendo encierros de plazas no de segunda, sino de tercera categoría. 

El domingo por la mañana se lidió la corridita de Domingo Hernández, una escalera presidida por dos zambombos y cuatro novilletes indignos del coso. «Morante de la Puebla» estuvo aseado con bellas reminiscencias gallistas ante el grandullón que abrió plaza, destacando un torerísimo y arriesgado  quite a cuerpo limpio que hizo a «Lili» a la salida de un par de banderillas; Juan Ortega, que no tuvo opciones con su lote y solo pudo dibujar alguna pincelada de su gran clase, estuvo francamente mal con la espada, dándose la circunstancia que su segundo, un manso de libro emplazado de salida en los medios, ante la escandalosa protesta del público no aficionado, fue devuelto antirreglamentariamente por eso, por ser manso, lo que manifiesta el escaso criterio del palco; y Andrés Roca Rey fue el gran triunfador del festejo, cortando tres orejas que debieron de ser cuatro, porque la faena y estocada al sexto era de dos y fue premiada con una. El peruano, que anda a gorrazos con los toros, le formó un alboroto a esos ejemplares que debieron recordarle su etapa de novillero, a los que estoqueó con la misma  contundencia que toreó, abandonando la plaza a hombros por la puerta grande.

En la plomiza y algo lluviosa tarde del domingo volvieron a lidiarse los toros de Álvaro Núñez Benjumea, corrida muy desigual, suelta y mansa en general, con cuatro ejemplares faltos de remate y anovillados, donde «Finito de Córdoba» dejó pinceladas de su clase en el saludo por verónicas al que abrió plaza, que acabó echándose antes de que el torero entrara a matar; Alejandro Talavante, que cortó una cariñosa oreja, demostrando que, aunque quiere, está lejos de ser el torero que dejó la profesión hace años en Zaragoza; y Pablo Aguado, que hizo el esfuerzo por volver a ser el torero que parece desaparecido y espera el aficionado. 

Poca historia la de un ciclo corto donde hubo más sombras que luces, pues la empresa ha comprado un ganado impresentable para una plaza de primera categoría y, lo que es peor, la autoridad gubernativa se lo ha consentido. La ilusión de los aficionados que fueron al coso se tornó en decepción a la salida, esos pocos que, como sentenció «Jesulín de Ubrique», caben en un autobús. Así las cosas, vendiendo humo, como este año ha hecho el señor Garzón, Córdoba volverá a dar la espalda a esa plaza que la propiedad procura rentabilizar con conciertos musicales y bares ubicados en las antiguas taquillas, para aprovechar con veladores las amplias terrazas de los exteriores del inmueble. Una pena.

martes, 24 de mayo de 2022

DESDE EL TENDIDO 3

Por Antonio Luis Aguilera

Andrés Roca Rey, triunfador de la feria de Córdoba.
Foto Arjona (Cortesía de "Lances de Futuro")

Terminada la feria taurina de Córdoba reflexionamos sobre lo visto en la plaza de «Los Califas», que abrió sus puertas con unas temperaturas de cuarenta grados a la sombra para celebrar las dos corridas programadas por José María Garzón, que esta ocasión no acertó a tocar la tecla que llevara al coso al difícil público cordobés, que solo cubrió algo más de un cuarto el aforo para ver a Diego Ventura, Morante y Pablo Aguado con los descastados y flojos toros de Juan Pedro Domecq, menos de media plaza en la tarde de Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey y Javier Moreno “Lagartijo”, con el más que interesante y encastado encierro de Álvaro Núñez Benjumea, y algo menos de un cuarto para presenciar la buena novillada de Talavante con Daniel Luque, González Écija y Marcos Linares. Aforos que difieren mucho de los ofrecidos en los medios de información, y que por supuesto habría deseado la empresa “Lances de Futuro”.

Talavante otorga la alternativa a "Lagartijo" en presencia de
Roca Rey. Foto Arjona (Cortesía de "Lances de Futuro")

Tiene mucho mérito ser empresario taurino de la plaza cordobesa, jugarse el dinero y el prestigio, para después tener que andar con malabarismos en los ajustes de cuentas, que difícilmente podrán salir anunciando a las primeras figuras en las combinaciones, y por si fuera poco organizar una novillada con picadores, espectáculo ruinoso por los gastos que genera. Por tanto, vaya por delante nuestro respeto a José María Garzón.

En cuanto a lo ocurrido en el ruedo pasó lo que tenía que pasar con la ganadería de Juan Pedro Domecq, cuatro mulos con andares mortecinos, que vuelven a Córdoba año tras año sin otra justificación que el supuesto interés de los primeros espadas por actuar con un ganado que no molesta y permite sumar festejos sin grandes dificultades. Morante anduvo sobrado y artista con su lote, mientras Aguado mostró ante sus aburridos ejemplares que no está en su mejor momento. Esa tarde se lidiaron dos ejemplares para rejones de María Guiomar Cortés de Moura, resultando bravísimo el jugado en cuarto lugar, al que Diego Ventura desorejó por partida doble en una magistral actuación. Ya está bien de vetar a esta primerísima figura del rejoneo en las ferias importantes. Los toreros deben ajustar sus cuentas en los ruedos y ante el toro.

Diego Ventura, Morante y Pablo Aguado.
Foto Arjona (Cortesía de "Lances" de Futuro")

Los aficionados aguardaban con agrado la presentación en Córdoba como ganadero de Álvaro Núñez Benjumea, que tras distanciarse de la ganadería paterna de Núñez del Cuvillo, que tantos éxitos cosechó cuando la dirigía, decidió emprender en solitario la difícil tarea de formar una ganadería. Trajo un encierro encastado, desigual pero bien presentado, variado de pelaje, donde nadie se aburrió por el juego de las reses. Destacó por su clase el bravo y noble toro del debut, con el que tomó la alternativa y cortó las orejas Javier Moreno, tras una actuación de gran entrega; más tarde mostró las lógicas carencias del oficio con el complicado sexto. Para los estadísticos el toro de la presentación de Álvaro Núñez como ganadero y de la ceremonia de alternativa, se llamaba “Campanito”, marcado con el número 25, colorado, de 500 kilos. Andrés Roca Rey demostró la autenticidad de su valor y torería con el difícil y complicado salinero que hizo de tercero, y toreó a placer al reservón quinto tras corregir defectos. El peruano ha vuelto esta campaña con todo su esplendor. Talavante, con el bravo y exigente cuarto firmó momentos de reencuentro con su toreo, sin que ante el soso y noble segundo pasara de detalles. De los cinco espadas actuantes el triunfador de la feria ha sido con diferencia Andrés Roca Rey, que vino a Córdoba dispuesto a salir a hombros por la puerta grande o la del cuarto del hule.

La buena novillada de Talavante dio opciones a los tres novilleros. Tuvo mérito la actuación de Daniel de la Fuente, que con la grave cornada sufrida hacía veinte días, aún sin curar, reaparecía con el muslo abierto y visible cojera. Se entendió mejor y le pudo al exigente cuarto. Más verde pero con ganas de agradar estuvo el astigitano Jaime González Écija, que mostró buenas maneras en su actuación, premiada con un apéndice, y con el prestigioso premio "Oreja de oro" del "Club Calerito"; y muy decidido estuvo Marcos Linares, que pronto conectó con el público en su primero, al que cortó una oreja, valiéndole el premio de actuar en la novillada de Santander que organiza la empresa "Lances de Futuro".

sábado, 1 de junio de 2019

RÉQUIEM POR LAS PLAZAS DE LOS PUEBLOS

Por Antonio Luis Aguilera
Plaza de toros de Cabra. Foto Antonio Mesa
Cuando el efímero grupo de figuras conocido como G5 –El Juli, Morante de la Puebla, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante- boicoteó la feria de Sevilla de 2014, argumentando que no torearían en la Maestranza mientras el coso del Baratillo continuara en manos de la empresa Pagés, batalla que consiguió retirar de la primera línea de gestión a Eduardo Canorea, que previamente había declarado chulesca y groseramente: Si José Tomás va a venir con la canción de la recaudación, que se vaya a Senegal”, fueron varios los comunicados  emitidos por los toreros integrantes. Todos exigían respeto y dinero, alguno aseguraba no haber cobrado en Sevilla lo pactado, y otro decía sentirse respetado pero firmaba por solidaridad con sus compañeros.
Se comenta que antes del feo plantón de las figuras a la afición sevillana, se celebró una reunión del G5, a la que acudió el torero destinado a África por la incontinencia verbal de Canorea, quien había sido invitado por si estimaba oportuno adherirse al acuerdo del grupo. Al ser preguntado si lo firmaba contestó que lo haría con la condición de que se añadiera que las figuras solo se anunciarían en las plazas de primera y segunda categoría, liberando el resto de cosos menores en beneficio de los compañeros de la zona baja del escalafón, que también necesitaban torear y vivir de la profesión.
Al parecer, la propuesta fue objetada por el líder del grupo, argumentando que en esas plazas cobraba ocho kilos por corrida, y replicada por el torero invitado, que aseguró que a él no le ofrecían ocho, sino más del doble de esa suma y sin embargo no iba, porque lo consideraba una cuestión de respeto a la profesión. Como el G5 no la aceptó, el torero que calla y se manifiesta en los ruedos, cuyos aforos revienta cada tarde que se anuncia, abandonó el lugar para continuar navegando con vientos de libertad e independencia.
Plaza de toros de Priego de Córdoba
Esta leyenda, que pronto circuló por lo bajini entre la gente del toro, sirve para recordar que las plazas de los pueblos, antes de ser invadidas por las figuras, fueron verdaderos centros de formación profesional del toreo, escuelas para becerristas y  novilleros, y ruedos propios para que adquirieran oficio los nuevos matadores. Además, esas escuelas de aprendizaje también ayudaban a los ganaderos a limpiar las dehesas, lidiando en ellas como utreros a los ejemplares desechados de tienta y cerrado -que de esta forma se anunciaba en los carteles de las novilladas-, así como comprobar los resultados de la selección de toros defectuosos de pitones o bastos de hechuras, que, si bien no servían para igualar corridas en plazas de ferias, eran aptas para formar encierros que compraban los empresarios modestos que organizaban los festejos de los pueblos, y montaban carteles en las ferias o fiestas del patrón para ofrecer espectáculos taurinos a los aficionados de estas localidades. 
Novillada en Cabra año 1965
Las plazas del segundo circuito de la temporada española eran gestionadas por empresarios románticos, que oteaban las ganaderías y los chavales que destacaban en los tentaderos, para después atreverse a montar los festejos que facilitaban el aprendizaje –así fueron los inicios de Emilio Muñoz, Morante de la Puebla y otros toreros-. Con mucho esfuerzo y  habilidad llenaban las calles de publicidad e incluían a los espadas del pueblo o localidades próximas, a los que anunciaban buscando el apoyo del paisanaje. De esta manera, no había día del patrón o feria de pueblo sin toros, con precios adecuados a las enjutas economías de los ciudadanos de la España rural, que si por razones económicas no podían acudir a la capital para ver a las figuras, iban a las que organizaban en sus pueblos, esas localidades entrañables que tanto bien hicieron al toreo, porque en ellas los novilleros y los nuevos espadas iban madurando, adquiriendo oficio, sumando festejos y sintiendo el calor de los aficionados, que normalmente, si triunfaban, volvían a repetirlos  en las fiestas de la recolección de la cosecha, en las postrimerías de la temporada.
Lamentablemente, desde los años ochenta del pasado siglo, por el afán de sumar festejos y hacer caja, las figuras decidieron anunciarse en los pueblos, e inmediatamente cambió el panorama rompiéndose la cuerda por el lado más débil. ¿Cuál fue el resultado? Pues los empresarios modestos fueron marginados, muchas ganaderías con mercado en palenques rurales desaparecieron, los toreros que empezaban fueron ignorados para poner los comisionistas a los que ellos apoderaban, y los novilleros olvidados. Con el oropel de las figuras  y la codicia de representantes y representados menguaron alarmantemente los festejos del segundo circuito, el de  la España rural, donde echaban la temporada los sencillos del toreo. En muchas de esas localidades ya no se celebran festejos, porque no se pensó en el relevo generacional, en los jóvenes que no podían pagar las entradas de las figuras, quienes crecieron sin entrar en sus plazas, sin vivir el ambiente único y festivo de un día de toros en el pueblo. Sin aficionarse. Para colmo de males, más recientemente habrán escuchado los falsos discursos animalistas de quienes llegaron a la política con una mano delante y otra detrás, y ahora viven en chalets de lujo escoltados por la guardia civil. 
Plaza de toros de Belmez. Foto Belmez taurino
Pero con la Fiesta de los Toros no terminarán los animalistas, ni los discursos fatuos de dictadores bolcheviques residentes en urbanizaciones de lujo, los que hablan de libertad y quieren cercenar la de los aficionados para ir a las corridas. No, la Fiesta terminará antes aniquilada por la falta de escrúpulo y valores éticos de los taurinos, de los piratas que manejan y controlan todos los hilos del negocio, por los comisionistas y cambistas de cromos que, repitiendo carteles de espadas caducos y vistos, que no despiertan interés alguno, han arrasado las plazas sencillas, esas donde tuvieron cabida los humildes del toreo.  
El torero que no quiso firmar el manifiesto llevaba más razón que un santo, aunque su propuesta no gustara a las figuras que no quieren recordar cómo fueron sus principios en el oficio, y ven las plazas de pueblos como un filón donde se cumple el aserto de "billete grande y toro chico". A ellos no les importa que hace años a esas plazas acudiera la gente sencilla, atraída e ilusionada por los montajes de los empresarios románticos, para gastar sus honrados jornales ayudando a ganaderías que ya dejaron de existir, becerristas, novilleros y toreros nuevos. Para invertir en el futuro de la Fiesta y hacer posible ese segundo circuito que durante tanto tiempo alimentó la base del toreo. 


domingo, 16 de diciembre de 2018

EMBESTIR O DEFENDERSE

Por Antonio Luis Aguilera

Elegante torería de Juan Ortega ante un entregado ejemplar de 
Valdefresno  (encaste Atanasio-Conde de la Corte). Foto Plaza1
La mayoría de las ganaderías de toros de lidia españolas proceden de la que fundara en el año 1920 el Conde de la Corte, que adquirió la formada en 1912 por la marquesa viuda de Tamarón con reses de Parladé originarias de Ibarra. Esta procedencia siempre ha gozado de prestigio, debido a la bravísima historia de las reses condesas y los magníficos resultados obtenidos en la transmisión genética por los sementales que abandonaron los cerrados de Los Bolsicos para perpetuar su noble linaje en otras vacadas. 

El Juli doblándose con maestría ante un enrazado Alcurrucén (encaste Núñez).
Sin restar mérito alguno a un ganadero de la dimensión  histórica de don Agustín Mendoza Montero, conviene matizar que este adquirió una vacada que ya venía formada, como lo demuestran los éxitos logrados desde que empezó a lidiar a su nombre los toros que llegaron a la famosa dehesa extremeña de Jerez de los Caballeros. Esto indica la acertada selección de la anterior propietaria, la marquesa viuda de Tamarón, y más concretamente la de don Ramón Mora Figueroa, su hijo, excelente aficionado y experto criador de reses de lidia, que fue quien realmente manejó las riendas de la ganadería y supo descubrir en el semental Alpargatero y su línea de descendencia el verdadero filón de bravura de este encaste ganadero.

 Talavante conduce con firmeza la embestida de un Cuvillo (encaste Juan Pedro)
Si en principio el origen Conde de la Corte otorgaba un toque de distinción a las vacadas de esta procedencia, lógicamente con el paso del tiempo no todas las derivaciones de esta simiente lograron mantener el original sello de calidad, debido a los diferentes criterios de selección de los propietarios, que ofrecieron unos resultados morfológicos y de juego tan dispares como las pautas y normas aplicadas en el manejo y reproducción. Por otra parte, desde el fallecimiento de don Agustín Mendoza en 1964, la aristocrática vacada entró en una profunda crisis al cambiar de manos y ser administrada por los herederos, y aunque mantuvo éxitos aislados con algunos ejemplares, lo cierto es que perdió uno de los signos que la caracterizaba: la importante regularidad con que su bravura había reinado durante cuatro décadas en el panorama ganadero. 

Ejemplar de Juan Pedro Domecq, elegida como la mejor 
ganadería de la feria de San Isidro 2015. Foto Las Ventas.
Dicho esto, mientras la ganadería matriz conoce la decadencia, su extraordinario caudal genético adquiere relieve en otras divisas señeras como las de don Atanasio Fernández, y la que don Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio forma en 1930 comprando la del Duque de Veragua, cuyas reses elimina, reservando por su variedad cromática algunas hembras de contrastada bravura, para crear una nueva línea reproductora con vacas y sementales que adquiere al Conde de la Corte y a don Ramón Mora Figueroa, procedencia esta de don Francisco Correa y don Antonio García Pedrajas, a las que había agregado sementales del Conde de la Corte y Gamero Cívico

Toro de Parladé (Juan Pedro Domecq). Foto Las Ventas.
Mas si los toros de la acrisolada sangre condesa habían sido recibidos siempre con el agrado de la afición, a partir de los años setenta del pasado siglo resultó que por varias razones cambió la acogida con la derivación de juampedro. De una parte, el hostigamiento sistemático de un influyente sector de la crítica, que inició una cruzada regeneracionista para ensalzar las virtudes de otro encaste, sumado a la desafortunada calificación de artistas con que don Juan Pedro Domecq Solís definió a sus toros. Pero, sobre todo, debido a la proliferación de nuevas vacadas formadas con reses vendidas por este, que en poco tiempo invadieron las ferias con un toro de tanta nobleza como empalagosa obediencia y desesperante sosería, demandado por las figuras del toreo para sumar corridas de forma más fácil con ejemplares que no decían nada, sin valorar la repercusión negativa que la falta de emoción tendría para un espectáculo caro que aburría al público que lo sostiene.  

Arrancándose con fijeza, galopando descolgado. Foto Arjona.
No obstante, restar importancia a todo lo que se lidia de este origen, argumentando que en líneas generales se trata de un animal descastado y carente de emoción es faltar a la verdad. Actualmente existe un grupo de ganaderías de esta procedencia que se encuentran en un momento excelente, y sus ejemplares se cotizan al alza por la clase y bravura que mantienen desde hace varias temporadas en las grandes ferias e importantes plazas donde se lidian: Núñez del Cuvillo, Jandilla, Fuente YmbroGarcigrande o Victoriano del Río, por citar algunas, sin olvidar la vacada matriz que hoy día dirige don Juan Pedro Domecq Morenés, que también lidia con el hierro de Toros de Parladé, destacan por el elevado promedio de toros auténticamente bravos y con clase, que exigen compromiso y firmeza en la lidia para embestir entregados de verdad a los engaños que le presentan los toreros.  

Agitador, de Fuente Ymbro. (Jandilla-Juanpedro), lidiado por Paco Ureña.
 Premiado como toro más bravo de San Isidro 2015. Foto Las Ventas.
Lógicamente cada aficionado tiene sus inclinaciones por determinadas ramas del frondoso e histórico tronco de Vistahermosa, pero en la diversidad de este tesoro genético se encuentra la grandeza de los distintos tipos de hechuras y diferentes comportamientos del toro de lidia. Si hermoso resulta contemplar la acometida de un albaserrada arrastrando el hocico por el albero, no lo es menos la belleza de un santacoloma planeando en la muleta, o cómo se rebosa en los engaños la embestida de un núñez, o la pretérita e inquietante arrancada de un miura... Dicho esto, lo que resulta decepcionante y penoso son los juicios que por norma se vierten en conocidos medios de las ganaderías que derivan de juampedro, donde muchas veces silencian deliberadamente el excelente juego de toros que han sido bravos, y otras magnifican los aspectos negativos de los mansos, que por supuesto le saltan como a todas las ganaderías. De forma arbitraria se utiliza otra vara de medir en crónicas donde no se valora el comportamiento de cada ejemplar, y para no mojarse utilizan la socorrida muletilla de “mal presentados, aborregados, mansos y descastados”, que además de no informar, resulta estrafalaria por los insostenibles equilibrios de quienes no tienen reparos en mostrar su inquina al encaste Domecq.  

Diego Urdiales expresa el toreo con un bravo fuenteymbro. Foto Plaza1
El aficionado íntegro no tiene prejuicios y diferencia a la perfección entre dos tipos de casta: la buena y enrazada del toro que se entrega y va a más, para luchar hasta el final con clase y nobleza; y la defensiva, esa otra propia del genio que manifiesta el bravucón o el manso, cuando arrea violentamente, con ruido y sin entrega, frenándose, midiendo y echando miradas a las tablas, porque no tiene valentía para meter los riñones y empujar siguiendo las telas. No basta con que el toro se mueva, hay que saber distinguir cómo se mueve. Los mansos y bravucones solo engañan a los aficionados ingenuos, a esos que les pasa como a los esportones de los toreros, que  van a las plazas pero no se enteran de nada de lo que ocurre. Embestir o defenderse, esa es la cuestión que diferencia al aficionado que sabe ver los toros sin necesidad de leer lo que escriben algunos, que olvidan que actualmente televisan con todo lujo de detalles las ferias más importantes. Ahora no cuelan historias.