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jueves, 27 de febrero de 2025

A LOS ABONADOS LOS ESTÁN ECHANDO

Por Antonio Luis Aguilera

Paseíllo en la plaza de la Maestranza. Foto Juan Carlos Muñoz (Diario de Sevilla)

Hace tiempo que en la plaza de toros de Sevilla disminuyó el número de abonados. A la irremediable renovación generacional de los aficionados más fieles, se fue sumando el malestar de quienes desistieron ante la desproporcionada política de precios, y la reiterativa repetición de contrataciones de escaso interés. A los precios más caros que se conocen en plaza de primera, se unió el detestable “coladero” de toreros que “no están ni se les esperan”, por ser representados por los comisionistas de mayor influjo en el nefasto negocio empresarial de intercambio de cromos. Así las cosas, tanto los aficionados sevillanos, como los de otros lugares que cada año compraban el abono, cansados de tanta desconsideración, fueron dejando libre su hueco en tan hermoso escenario taurino, para que fueran otros los que asumieran el papel de “primos”, optando por sacar entradas sueltas para aquellos festejos de su interés, y no acudir a la plaza a disgusto, como si estuvieran obligados a tragarse un purgante de agua de Carabaña, las muchas tardes que la empresa, por interés particular, anuncia a toreros caducos, que fueron pero no son, porque pasó su momento y compromiso, así como otros fríos como témpanos de hielo, sin la menor atracción por su nula expresión artística, algo que siempre fue muy valorado en esta plaza. 

Mientras en el abono de Sevilla tienen asegurados sus puestos todos los espadas que pagan comisiones a Matilla y Casas, que son los diestros que provocan hartazgo y los primeros que ajusta Pagés al planificar la temporada, la afición se pregunta cómo año tras año se ignora a los triunfadores de temporadas anteriores; o por qué oscura razón se ha ninguneado a Juan Ortega, al que los sevillanos querían ver en el cartel del Domingo de Resurrección, y que la empresa, ignorando el clamor popular de todas las peñas y tertulias hispalenses, porque a todas las puso de acuerdo el torero de Triana para ser premiado por la mejor actuación de la pasada feria, Ramón Valencia ha dejado fuera de tan señalado día para incluir a Alejandro Talavante, comisionado del francés, premiando su floja salida a hombros por la Puerta del Príncipe, tras una actuación donde faltó poner a todos de acuerdo como hizo rotundamente Ortega, pero que fue premiada con desmesurada generosidad por un presidente de mano floja, Gabriel Fernández Rey, dispuesto a atender con escaso rigor la desproporcionada demanda de trofeos que solicita el público triunfalista, que últimamente pretende convertir en parte del espectáculo la salida a hombros por la puerta que asoma al Guadalquivir. 

Juan Ortega meciendo el lance a la verónica. Foto Arjona

A los aficionados les produce urticaria que Manzanares acuda tres tardes a Sevilla, cuando la pasada temporada, con igual número de festejos, no dio ni una vuelta al ruedo, mientras se deja fuera a espadas como Fernando Adrián, triunfador en tantas plazas las dos últimas campañas; Paco Ureña, siempre auténtico y comprometido; o el malagueño Fortes, que en la última feria de Málaga firmó una de las actuaciones más contundentes de la temporada española, pero que al no tener un comisionista del lobby no es valorado para estar en el abono maestrante. Lo dicho, que es un pequeño ejemplo de lo que ocurre, lleva a pensar que Ramón Valencia, además de no escuchar lo que quiere la afición de Sevilla en lugar de priorizar a sus colegas comisionistas, es un mal aficionado y peor empresario, pues no piensa en el público al que se debe y están destinados los carteles. Desgraciadamente, después de lo expuesto, resulta ilusorio pensar que en los puestos que cansinamente ocupan El Fandi o Cayetano, demasiado vistos en ese ruedo donde tan poco recuerdo han dejado, se haya pensado en dar cabida a toreros jóvenes con proyección, como por ejemplo Jorge MartínezVíctor Hernández, o José Fernando Molina. Hay muchos más.

No obstante, como en esta vida quien no se consuela es porque no quiere, en la presentación oficial de los carteles, donde curiosamente este año no hubo ningún representante de la Real Maestranza, propietaria del inmueble, el gestor del coso del Baratillo, en un alarde de modestia aseguró que «los carteles tienen solidez, remate y el lujo que exige Sevilla». Falta poco para comprobarlo, para ver la respuesta del público en este último año del contrato que vincula a la empresa Pagés con los dueños de la plaza de toros de la Real Maestranza, a los que posiblemente no tenga muy contentos tras los dos pleitos que les ha planteado en los Tribunales de Justicia. Por tanto, dentro de poco se verá si este año aumenta el número de abonados que no renuevan sus localidades, sumándose a los que se han marchado hartos de ver como sus predilecciones no cuentan en la planificación de la temporada, donde el empresario solo escucha a comisionistas de su cuerda al adjudicar los puestos de fechas clave, ignorando lo que de verdad pide y quiere la gente de la calle, esa que asegura escuchar, que entre la subida de precios y el desdén del empresario, considera que tiene razones suficientes para sentir que la han echado de la plaza, precisamente a ella, que es la que sostiene económicamente el espectáculo, máxime cuando esta feria no habrá ingresos por la televisión temática, la que han mantenido durante treinta años Movistar y dos One Toro, porque la ambición de Ramón Valencia y su colega madrileño Rafael García Garrido ha propiciado que desaparezcan como plataformas taurinas. A ellos les importa poco la necesaria difusión del toreo y el interés de los aficionados. 

 

miércoles, 22 de enero de 2025

LA MAESTRANZA-«PAGÉS»: 1932-¿2025?

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla.

En las postrimerías de 2024 quedó claro, por si quedaban dudas, que Ramón Valencia no puede ver a José María Garzón. De ahí que en la adjudicación de la plaza de Santander —donde el manchego concursó con Matilla para armar ruido, a sabiendas que poco habría que hacer ante la brillante gestión en el coso cántabro del sevillano—, al ocurrir lo previsible, recurrió con escasos argumentos y perores formas la reelección de Garzón, conociendo lo difícil que resultaría que la impugnación prosperase y la plaza cambiara de manos. La resolución del Ayuntamiento de Santander dio carpetazo a la denuncia de falsedad en la contratación de un rejoneador, desmentida públicamente por el profesional aludido, con lo que los recurrentes quedaron a la altura del betún.

Puede que don Ramón esté preocupado, porque este año jubilar de 2025 acaba el contrato más longevo del toreo: el que desde 1932 ha unido a la plaza de la Real Maestranza de Sevilla con la empresa Pagés, de la que es último representante. Además, para tensar esa preocupación, presentó dos querellas contra los dueños del histórico recinto, en reclamación del IVA y de las visitas turísticas al coso. A esta tensión habría que añadir los ingresos de televisión dejados de percibir por la Real Maestranza, tras la ruptura del empresario sevillano con las plataformas taurinas, primero Movistar y después One Toro, un hecho que además ha mosqueado seriamente a la afición, y viene a demostrar que tanto a don Ramón como a don Rafael, el colega de Madrid, parné aparte, les trae sin cuidado el toreo y su divulgación. De ahí que decidieran dejar en negro la televisión, que se dice pronto, tras ignorar a la empresa de Telefónica después de treinta años, para vender las retransmisiones a un operador alemán con posibilidades, que pensaba que la televisión por Internet revolucionaría todas las revoluciones y llevaría el toreo a todo el mundo mundial, sin reparar en su desmedida euforia que los mares por los que habría de navegar estaban infestados de piratas.

En Sevilla se habla, se comenta y hasta se desea otro empresario para la Maestranza. No son pocos los abonados que aseguran que los han echado de la plaza. Tanto se habla sobre el fin del contrato con Pagés, que incluso hay quienes piensan en José María Garzón como el mejor relevo. Garzón es joven, emprendedor e inteligente, y tiene unos modales acordes a los tiempos que corren. Ha hecho cosas muy buenas, como sucedió en la pandemia del COVID-19, cuando hicieron un estrepitoso ridículo los miembros de ANOET, que ante el drama social y las dificultades de los colectivos taurinos no fueron capaces de organizar ningún festejo, mientras el joven emprendedor demostraba que era capaz de organizar importantes corridas de toros, soportando falsas acusaciones sobre las medidas de seguridad adoptadas, acusaciones que también resultaron ser falsas y desmentidas por la Guardia Civil. Ha hecho otras buenas, gestionando con acierto plazas como Santander, Almería y Málaga; y también otras regular, que empezaron bien pero no ha terminado de rematar, como el coso de Córdoba. Sin embargo, por juventud, afición, ilusión, disposición y comunicación cae mejor que don Ramón, cuya gestión en Sevilla deja mucho que desear, al repetir cada año en el abono a toreros caducados, vistos, aburridos, amortizados y no deseados, a los que haciendo caso omiso a la afición duplica o triplica sus comparecencias por sus relaciones comerciales con los comisionistas Matilla y Casas, a los que otorga trato de favor para priorizar la contratación de sus comisionados, sin valorar que representan a espadas que la gente está hastiada de ver, a los que incluye con calzador ignorando a otros que son novedad y tendrían que estar en el abono, por haberse ganado en otros ruedos estar en la Maestranza.


Juan Ortega con las orejas del toro Florentino, de Domingo Hernández.
Sevilla, 15 de abril de 2024. Foto: José Manuel Vidal.


Mas don Ramón está por repetir cada año más de lo mismo y seguir llevando la contraria a los que han de pasar por taquilla, aunque haya descendido el número de abonados. La última de sus decisiones es tan desagradable como polémica: como no puede ver ni en pinturas a Garzón, para pasarle factura por el asunto de Santander, se venga con Juan Ortega, uno de los toreros más deseados de la afición hispalense, autor de la mejor faena de la feria de Sevilla de 2024 con el toro Florentino, de Domingo Hernández, con la que arrasó con todos los premios de Sevilla y el reconocimiento absoluto de la afición, pero que no ha sido suficientemente valorada por el señor Valencia para que Ortega figure este año en el cartel del domingo de Resurrección. Es más, para tensar la cuerda, aún no ha hablado con el apoderado para negociar su contratación en el abono, donde el torero de Triana, se ponga como se ponga don Ramón Valencia, ha de figurar como protagonista indiscutible. ¿O acaso pretende faltar el respeto a su condición de gran triunfador ofreciéndole las migajas del mantel?  El rencor del señor Valencia con el señor Garzón no ha de pagarlo el torero, el toreo, ni la afición. Asuntos tan feos como este son los que invitan a pensar que la plaza de la Real Maestranza necesita cuanto antes otra empresa para gobernar el timón de la nave.