sábado, 10 de agosto de 2019

MI ÚLTIMO BASTÓN


 Apoteosis de Manolete con el toro Platino
El 17 de febrero de 1946 tuvo lugar en la plaza de El Toreo de la Condesa de México una corrida inolvidable. Se lidiaron seis ejemplares de la ganadería de Coaxamalucan para Manolete, Pepe Luis Vázquez y Luis Procuna. Los tres espadas triunfaron clamorosamente y cortaron un rabo. Cuando el cordobés paseaba una de las vueltas al ruedo que le obligaron a dar tras la faena al toro Platino, un espectador le arrojó un bastón que debió agradar al torero porque decidió quedárselo. Años más tarde, en 1981, fue obsequiado por su familia a Antonio Gala, en gratitud por una brillante intervención sobre Manolete en Televisión Española. Poco después, en la sección semanal titulada “En propia mano” que el gran escritor cordobés tenía en "El País Semanal", agradeció públicamente este regalo con el artículo “Mi último bastón”, donde narró con prosa magistral la historia del bastón que aceptó guardar como recuerdo del inolvidable torero. Merece la pena rescatar un fragmento de esta preciosa pieza literaria:

Antonio Gala
“…Pero el último de todos, que también me vino de Córdoba, contiene un especial significado: lo ganó, toreando, Manolete. Llegó acompañado de su certificado de origen: una fotografía fechada el 17 de febrero de 1946 en Méjico. En ella, da Manolete una vuelta al ruedo. Sereno, pero no sonriente. La mano izquierda lleva la montera, el bastón —con la elegancia del que tiene costumbre de la espada— y el capote, plegado y dibujado por Zurbarán. La mano derecha, con desmayo lleva un ramo de flores. El torero acaba de matar un toro llamado Platino, como el vino admirable de los plateros cordobeses. Ha logrado su más hermosa faena mejicana. En la primera vuelta, de las cuatro que dio, un admirador le arrojó ese bastón de caña de Malaca, cuyo puño es un afilado león de marfil indio y ojos de ámbar. No sé quién era tal espectador, pero estoy satisfecho de encontrar hoy su bastón entre los míos.
La noche que la familia de Manolete me lo ofreció, lo acepté con responsabilidad y con recogimiento. Lo besé al aceptarlo. Besaba en el mi infancia y mi adolescencia, que iban a ver los toros con mi padre y Machaco. Lo besé porque siempre he admirado a esa raza de hombres que viven, como funambulistas, sobre el filo de la navaja; que arrojan al aire una sigilosa moneda, cuya cara y cruz son la vida y la muerte. Siempre he admirado a quienes comprenden que no hay que vivir la vida a cualquier precio; que hay precios que no deben pagarse; que la vida, en todo caso, es corta y hay que hacerla, si no más larga, más ancha por lo menos. Siempre he admirado a quienes hacen del riesgo su pan de cada día; a quienes, enaltecidos y plenos y envidiados, con grandeza y consciencia saben vivir su muerte, acaso lo más arduo de la vida. Siempre he admirado a los hombres de tal raza, a la que Manolete perteneció, y a la que supongo que, de otro modo, también yo pertenezco.
En un país maniqueo, donde gritar ¡viva Joselito! equivale a gritar ¡muera Belmonte! Manolete recogió los vivas y los mueras. Su fruición por la vida pareció a muchos desdén por ella, y su desdén, distancia, y su distancia, sosería: qué cordobés es eso. Se dice que los amados de los dioses mueren jóvenes. No es cierto: los amados de los dioses no mueren: se van al mediodía; se van en flor. Para inmortalizarla hay que cortar la rosa…
En un momento de política estrecha y de estrechas fronteras; en un momento en que aquí se elevó un especialmente estúpido ¡Santiago y cierra España!, Manolete saltó por encima con la agilidad con que saltaba una barrera. Cualquier arte es superior a cualquier política cuando ésta no es un arte. Hay que saber estar en la plaza: fijar, templar, mandar. En el toro por cuya lidia le ofrendaron el bastón, el público le pidió a Manolete que banderillease. Él señaló, sin inmutarse, a su banderillero. Y luego comentó: "Se están poniendo las cosas de una forma que el mejor día van a querer que actúe también de mulillero”. No dio lugar la vida. Sin embargo, hoy, en la fiesta y en muchos otros campos, sería bueno colocar a cada cual en el sitio que le correspondiese. Muchos maestros harían así de mulilleros. Y aún de mulas, algunos”.

Faena de Manolete al toro Platino


1 comentario:

Andrés Osado dijo...

TANTO MONTA, MONTA TANTO. LO MISMO DA QUE ESCRIBAS, QUE NOS HAGAS VER CON TANTA EFICACIA HECHOS IMPORTANTES, DE LOS QUE TU NO ERES EL AUTOR. GRACIAS AMIGO