sábado, 21 de julio de 2018

PLAZA DE TOROS DE LOS TEJARES

Por Rafael Sánchez González

Plaza de toros de la Carrera de los Tejares en Córdoba
Córdoba tiene sobradamente reconocida su arraigada tradición taurina, y de aquí han salido relevantes figuras de la tauromaquia que dieron gloria y fama a la tierra que les vio nacer, entre cuyos habitantes prendió muy pronto la afición a la Fiesta de los toros, para cuyo desarrollo se han venido utilizando diversos lugares de la ciudad hasta desembocar en el coso de Los Tejares, y después en el actual de Los Califas.

El documento más antiguo que a tal respecto ha llegado hasta nosotros data de 1493. Se refiere a una función “en honor y divertimento del Príncipe Don Juan” (único hijo varón de los Reyes Católicos), en la que se corrieron dos toros en el Alcázar de los Reyes Cristianos, residencia de Isabel y Fernando durante sus prolongadas estancias en Córdoba. El lugar donde debió desarrollarse esta función, según historiadores consultados, cabría situarlo en lo que hoy es el Campo Santo de los Mártires, que, integrado entonces en dicho conjunto, correspondía a lo que en los castillos y demás fortificaciones de esta índole se conoce como el patio de armas. 
Alcázar de los Reyes Cristianos, lugar de la primera función taurina de Córdoba.
A partir de aquella fecha se celebraron festejos taurinos en varias plazas -públicas o instaladas para dicho fin- situadas en diferentes puntos de la capital, mereciendo destacarse la Plaza de la Corredera y las que en distintas ocasiones se alzaron en el Campo de la Merced. Pero molestos los cordobeses por la circunstancia de tener que levantar y desmontar aquellos circos taurinos que se ubicaban en el arrabal contiguo al Convento de los Mercedarios, a iniciativa de Juan Manté, industrial tipográfo y aficionado, se constituyó una sociedad encaminada a la construcción de una plaza de toros con carácter permanente. Así, bajo la dirección del arquitecto Manuel García del Álamo, en 1844 dieron comienzo las obras sobre terrenos adquiridos a José Severo García en la llamada Huerta de Perea, situada en la Carrera de los Tejares. De ahí su nombre. 

Plaza de la Corredera, donde se celebraron festejos taurinos.
La plaza tenía forma poligonal de 16 lados, con tres pisos (palcos, gradas y tendidos) y una capacidad inicial de 8.278 espectadores. El redondel medía 52 metros de diámetro y el callejón una anchura de 1,50. Contaba con las correspondientes dependencias de toriles, con 10 chiqueros y dos corrales, patio de caballos, desolladero, enfermería, cuarto para monturas, cuadras, vivienda para el conserje, ambigú y dos taquillas.

Vista aérea de la plaza de Los Tejares de Córdoba
Aún cuando oficialmente se inaugurase en septiembre de 1846, los primeros espectáculos se dieron con motivo de la Feria de Nuestra Señora de la Salud de aquel año, los días 31 de mayo, 2 y 3 de junio, haciéndose constar en los carteles la siguiente nota: “La Sociedad dueña de la plaza previene al público que por la premura de tiempo no han podido concluirse los trabajos de la misma; sin embargo, se hayan habilitadas todas las localidades, si no con el lujo que deberán estar en adelante, a lo menos con la seguridad y comodidad consiguientes”.

En los citados días se celebraron tres corridas, lidiándose 24 toros -ocho en cada festejo- pertenecientes -a partes iguales- a las ganaderías de don Plácido Comesaña, de Sevilla (divisa morada y blanca), procedente de la que fuera de don Vicente Márquez;  don Manuel Siguri, de Sevilla (celeste y negra); don Manuel Suárez, de Coria (rosa y morada) y don Francisco Escobedo, de Martos (con cintas verde y azul).
Los toreros encargados de su lidia y muerte fueron el sevillano Juan León, el famoso Cúchares (Francisco Arjona), de Madrid, y nuestro paisano Antonio Luque El Camarada -que más tarde se anunciaría Camará- cuando aún no había confirmado su dudosa condición de matador de toros.

Cartel del último festejo celebrado
en Los Tejares.Taberna San Cristóbal
Como ya hemos apuntado, la inauguración oficial de la plaza de Los Tejares aconteció en septiembre, el día 8 festividad de la Virgen de la Fuensanta, cuya tarde, el arrogante Chiclanero (José Redondo) y aquel madrileño al que protegiera el espada Roque Miranda Rigores, llamado Isidro Sánchez Barragán, estoquearon ocho astados de doña Isabel de Montemayor (oriundos de Lesaca). Al día siguiente, los mencionados diestros se las entendieron con otros ocho bureles de don José Arias de Saavedra.
Ocurrió que veinte años después, el 15 de agosto de 1866, al término de una novillada y de manera fortuita se produjo un gran incendio que destruyó todo el maderamen, principalmente de gradas y tendidos. Tras la oportuna reconstrucción, dirigida por el arquitecto Amadeo Rodríguez, la plaza fue reinaugurada el 20 de enero de 1868, dándose un cartel netamente cordobés. Con toros de don Rafael José Barbero, actuaron, mano a mano, Rafael Molina Lagartijo y Manuel Fuentes Bocanegra -superadas ya sus particulares rencillas familiares-, quienes rivalizaron en valor y destreza ante el beneplácito de sus paisanos.

Posteriores reformas posibilitaron un aforo que rebasaba los diez mil espectadores, pero no lograron que el coso ganara en comodidad. Esta circunstancia y la lógica especulación del suelo propiciaron su demolición, comenzando el derribo en agosto de 1971. 

A tres novilleros, El Puri, Antonio Sánchez Fuentes y José María Susoni, les cupo el honor histórico de realizar el último paseíllo sobre el albero de Los Tejares el 18 de abril de 1965, para lidiar astados de doña Enriqueta de la Cova.
No haría falta indicar que numerosos acontecimientos, de muy distintos signos y diversa índole, tuvieron por escenario el ruedo del desaparecido recinto taurino. Si acaso, recordar que Antonio Carmona El Gordito fue el primer torero que recibió la alternativa en esta plaza (8/6/1862), cerrándose la nómina de doctorados con Manuel Cano El Pireo, el 26 de septiembre de 1964.  

Marco de azulejos en el lugar que ocupó la antigua plaza cordobesa
Añadir, la acertada decisión del Departamento de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Córdoba, de conmemorar el 150 aniversario de la inauguración oficial de la plaza de toros de Los Tejares, colocando el año 1996 un marco de azulejos en el lugar donde se construyó el coso. Allí se desarrolló gran parte de la densa y brillante historia de la tauromaquia cordobesa.                                            

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