martes, 26 de enero de 2021

“RIVERITA Y PAQUIRRI”: PRIMER CAPÍTULO NOVILLERIL DE "LOS CALIFAS"

Por Antonio Luis Aguilera

Inauguración plaza de toros de Córdoba (9 de mayo de 1965). Foto Paco Muñoz

La muerte del matador de toros José Rivera Riverita nos ha hecho retroceder a la infancia y recordar nuestros primeros festejos como aprendiz de aficionado, cuando contábamos diez años de edad y la nueva plaza de Los Califas escribía en 1965 el primer capítulo de su historia. Cuarenta años después, el 14 de agosto de 2005, coincidimos con el torero de Barbate como vecinos de localidad en la plaza de El Puerto de Santa María, en el debut como ganadero de Adolfo Martín, corrida que estoquearon Pepín Liria, Fernando Robleño y Luis Vilches. Al reconocerlo le comenté mi orgullo por compartir asiento con él, a quien había visto actuar de novillero en Córdoba junto a su hermano Paquirri. A José, que como buen profesional pronunció pocas palabras durante la lidia, bastándole un gesto para decirlo todo, le agradó escuchar el recuerdo de torero elegante que había dejado en aquella etapa. Sin embargo, a continuación sentenció: «Pero Paco era mucho Paco; por eso fue quien fue».

Los hermanos Rivera: José y Paco. Foto Diario ABC

En la década de los años sesenta del pasado siglo se celebraban muchas novilladas y becerradas en las plazas importantes. Fue una época brillante donde se organizaban festejos en búsqueda de los nuevos toreros que de forma natural habían de renovar el escalafón. Y la plaza de Los Califas, cuyo primer empresario fue Diodoro Canorea, no lo fue menos, pues desde su inauguración el 9 de mayo de 1965 hasta la temporada de 1969, en el nuevo y cómodo recinto se celebraron 37 novilladas con picadores, 5 sin caballos, y 31 becerradas. Sí, han leído bien, ni más ni menos que 73 festejos menores en el segundo lustro de la que más tarde sería conocida como década prodigiosa.

El novillero Julio Sánchez con Luis Roldán a la derecha

La primera vez que pisé el nuevo coso fue de la mano de un excelente aficionado que sería mi tutor en el aprendizaje, mi tío Luis Roldán Herrera. Fue el 20 de junio de 1965 y se celebraba la primera novillada con picadores. Aquella tarde, con utreros de la ganadería de don Tomás Frías, alternaron José Serrano Joselillo (tabaco y oro), que fue ovacionado en el único que lidió; Andrés Torres El Monaguillo (celeste y oro), aplaudido en su lote y ovacionado en el que mató por Joselillo, y Paco Asensio (lila y oro), cuyo balance fue aplausos y ovación. Aquella novillada me pareció complicada por el ganado, pero mi primera visita al nuevo coso resultó maravillosa, pues a diferencia de la entrañable plaza de Los Tejares, el recinto de Ciudad Jardín presentaba unas instalaciones extraordinarias y confortables. También esa tarde pude experimentar por primera vez que los toros hieren, cuando ensangrentado se llevaban a Joselillo camino de la enfermería.

Foto nocturna de la anterior plaza de Los Tejares de Córdoba.

En la primera temporada del coso hicieron el paseíllo los novilleros con picadores Francisco Rivera Paquirri, que actuó cinco tardes, estoqueando doce utreros a los que cortó nueve orejas y un rabo; Sebastián Palomo Linares, que lo hizo en tres ocasiones, lidiando siete novillos a los que cortó cuatro orejas; Pedrín Benjumea, tres tardes con seis reses a las que cortó cuatro orejas; Paco Asensio, tres paseíllos despachando cinco utreros y cortando dos orejas; Andrés Torres El Monaguillo, dos tardes matando cinco reses; José Rivera Riverita, dos tardes con cuatro novillos y cortando una oreja; Rafael Poyato, dos ocasiones con cuatro reses y una oreja; y en  una tarde despachando dos reses cada uno Manolo Sanlúcar, una oreja, y Paco Pallarés, que se fue de vacío; una comparecencia con un novillo Joselillo, que como hemos dicho resultó herido.

Pude observar que la afición cordobesa era exigente con sus toreros, a los que seguía especialmente, los locales Paco Asensio, de finas maneras, anunciado tres veces y herido grave en una, y el voluntarioso Rafael Poyato. De todas formas era la etapa de formación de grandes toreros como Paquirri, Palomo Linares y Pedrín Benjumea, todos con gran tirón popular. Sirva como ejemplo que el 22 de agosto de ese año -en Córdoba siempre ha hecho el mismo calor-, el coso registró tres cuartos de entrada para presenciar un mano a mano entre Paquirri (ovación, palmas y oreja), y Palomo (oreja, oreja y ovación).

Para mí fue una etapa maravillosa donde pude aprender las primeras lecciones como aficionado, como aquella regla que enseñaba que las preguntas se hacían cuando se arrastraban los toros y durante la lidia había que estar callado como en misa. Y recuerdo con cariño la figura de José Rivera Riverita, que tanto le gustaba a mi tío Luis, aquel gran aficionado que se emocionaba al hablar de Manolete, que había seguido y era partidario acérrimo del gran José María Martorell, y que disfrutaba con el arte de Manuel Cano El Pireo. Me gustaba escuchar a los aficionados mayores opinar sobre los hermanos Rivera, pues mientras algunos se inclinaban por las buenas maneras de Riverita, a quien consideraban “más fino” que su hermano, ninguno dudaba de la casta de Paquirri, que desde novillero hacía gala de una afición desbordante y la raza que le consagró como primera figura del toreo.

Como apéndice histórico insertamos las estadísticas del primer capítulo de la plaza cordobesa de Los Califas.

Plaza de Los Califas. Foto FIT

TEMPORADA DE 1965 EN EL COSO DE “LOS CALIFAS” DE CÓRDOBA. 

(Empresa: D. Diodoro Canorea) 

Datos estadísticos: Antonio Luis Aguilera

 1. RELACIÓN DE FESTEJOS CELEBRADOS.

FECHA

FESTEJO

CARTEL

9 Mayo

 

Corrida de Toros a favor de la  Asociación Española contra el cáncer.  Aforo: Lleno.

Seis toros de los Herederos de don Carlos Núñez. José María Montilla (blanco y plata) oreja y vuelta; Manuel Benítez “El Cordobés” (grana y oro), oreja y dos orejas y rabo; Gabriel de la Haba “Zurito” (rosa y oro), oreja y dos orejas y rabo.

25 Mayo

 

Corrida de Toros

Aforo: Lleno

Cuatro toros de don Manuel Arranz, uno de Herederos de don Carlos Núñez (1º), y uno del Duque de Pinohermoso (2º), Manuel Benítez “El Cordobés” (azul y oro), ovación y dos orejas y rabo; Manuel Cano “El Pireo (gris perla y oro) oreja y dos orejas y rabo; Agustín Castellano “El Puri”, que tomaba la alternativa, (grana y oro) dos orejas y ovación.

26 Mayo

Corrida de Toros

Aforo: Lleno

Seis toros del Duque de Pinohermoso. Jaime Ostos (burdeos y oro), ovación y aplausos; Manuel Benítez “El Cordobés” (tabaco y oro), ovación y oreja; Gabriel de la Haba “Zurito” (celeste y oro) oreja y ovación.

27 Mayo

Corrida de Toros

Aforo: Un cuarto.

Dos toros de Monte de San Miguel (1º y 2º), tres de doña María Pallarés de Benítez Cubero (3º, 4º y 6º), y uno de don Joaquín Buendía (5º). Diego Puerta (nazareno y oro) palmas y vuelta; Paco Camino (verde botella y oro) dos orejas y pitos; Antonio Sánchez Fuentes (blanco y oro), que tomaba la alternativa, oreja y ovación.

28 Mayo

Corrida de Toros. Aforo: Menos de media.

Seis toros de don Ramón Sánchez. José María Montilla (gris perla y oro), ovación y oreja; Andrés Hernando (blanco y oro), palmas en ambos; Manuel García “Palmeño” (nazareno y oro), ovación y silencio.

29 Mayo

Becerrada Mujer Cordobesa. Aforo: Tres cuartos.

Cuatro becerros de don Manuel Montes. Juan Antonio Navarro, oreja; Antonio Calero Sánchez, ovación; Antonio Porras Lucena, oreja; Nicolás Gracia, oreja.

20 Junio

Novillada con picadores Aforo: Menos de media.

Seis novillos-toros de don Tomás Frías. José Serrano “Joselillo” (tabaco y oro), ovación en el único que mató; Andrés Torres “El Monaguillo” (celeste y oro), palmas en su lote y ovación en el que estoqueó por “Joselillo”; Paco Asensio (lila y oro), aplausos y ovación.

11 Julio

Novillada con picadores Aforo: Menos de media

Seis novillos-toros de don Francisco Rincón Cañizares. Francisco Rivera “Paquirri”  (celeste y oro) oreja, ovación y ovación en el que mató por Asensio; Manolo Sanlúcar (tabaco y oro) vuelta y oreja; Paco Asensio (lila y oro), oreja en el único que estoqueó.

18 Julio

Novillada con picadores Aforo: Media plaza

Seis novillos-toros de doña María Pallarés de Benítez Cubero. Pedrín Benjumea (naranja y oro) vuelta y oreja, Francisco Rivera “Paquirri” (verde manzana y oro) oreja y dos orejas y rabo, Rafael Poyato (blanco y oro), ovación en ambos.

25 Julio

Novillada con picadores Aforo: Casi tres cuartos.

Seis novillos-toros de doña María Pallarés de Benítez Cubero, ganadería que repetía actuación. Paco Pallarés, ovación y aplausos; Francisco Rivera “Paquirri”, oreja y dos orejas; Sebastián Palomo Linares, palmas y dos orejas,

1 Agosto

Novillada sin picadores. Aforo: Un cuarto

Cinco becerros de doña Concepción Mecos Armero. Ángel Rodilla “Angelín”, oreja; Antonio Montes “El Jeringuero”, oreja; Alfonso Castillero, oreja; Antonio Núñez Lara, oreja; Rafael Naval García “Niño del Zahíra”, palmas.

8 Agosto

Novillada sin picadores. Aforo: Menos de un cuarto

Cinco becerros de don Ángel Sánchez Rodríguez. Florencio Casado Morales “El Hencho”, palmas; Fernando Fernández “Fernandillo”, palmas; Ángel Rodilla “Angelín”, ovación; Alfonso Castillero, dos orejas; Nicolás Gracia “El Maño”, ovación.

22 Agosto

Novillada con picadores Aforo: Tres cuartos

Cinco novillos-toros de los Herederos de don Carlos Núñez y uno (6º) de Soto de la Fuente. Mano a mano entre Francisco Rivera “Paquirri”, ovación, palmas y oreja; y Sebastián Palomo Linares, oreja, oreja y ovación.

29 Agosto

Novillada sin picadores. Aforo: Media plaza

Seis becerros de don Ángel Sánchez. Ángel Rodilla “Angelín”, ovación y palmas; Alfonso Castillero, vuelta en ambos; Blas Romero “Platanito”, división de opiniones y pitos.

5 Septiembre

Novillada con picadores Aforo: Menos de un cuarto

Siete novillos-toros de don Francisco Martínez Benavides. El rejoneador Enrique Valdenebro, Conde de san Remy, oreja; José Rivera “Riverita”, oreja y ovación; Pedrín Benjumea, ovación y vuelta; Rafael Poyato, oreja y palmas.

3 Octubre

Novillada con picadores Aforo: Menos de media

Seis novillos-toros de Benítez Cubero. Pedrín Benjumea, oreja y dos orejas; Palomo Linares, ovación y palmas; Paco Asensio, vuelta y oreja.

12 Octubre

Novillada con picadores Aforo: Menos de media

Seis novillos-toros de don Juan de Dios Pareja Obregón. José Rivera “Riverita”, silencio en ambos; Andrés Torres “El Monaguillo”, silencio y pitos; Francisco Rivera “Paquirri”, oreja y palmas.

7 Noviembre

Festival Campaña de Navidad. Aforo: Más de media

Un novillo de Hermanos Peralta, seis de doña Francisca Marín y uno (8º) de don Ramón Sánchez. El rejoneador Ángel Peralta, dos orejas. José María Montilla, oreja y dos orejas; Gabriel de la Haba “Zurito”, dos orejas y rabo y oreja; Antonio Sánchez Fuentes, vuelta al ruedo y dos orejas; el novillero Alfonso Castillero, oreja.

25 Diciembre

Festival Hermandad de  las Angustias. Aforo: Un cuarto

Seis novillos de doña Francisca Marín. El rejoneador Conde de san Remy, oreja; Gabriel de la Haba “Zurito”, dos orejas; Agustín Castellano “El Puri”, oreja; Pedrín Benjumea, aplausos; Francisco Rivera “Paquirri”, oreja; Paco Asensio, palmas.

 

 

 

NOTA

 

Debido a inclemencias meteorológicas fueron suspendidos tres festejos, dos corridas de toros y una novillada con picadores, anunciados para la feria de septiembre.

 2. GANADERÍAS QUE LIDIARON EN CORRIDAS DE TOROS.

HIERRO

RESES

OR

RB

OBSERVACIONES

Herederos de don Carlos Nuñez

7

 9

2

Inauguración de la plaza

Duque de Pinohermoso

7

2

 

 

Ramón Sánchez

6

1

 

 

Manuel Arranz

4

 5

2

 

María Pallarés de Benítez Cubero

3

2

 

 

Monte de San Miguel

2

1

 

 

Joaquín Buendía

1

-

 

 

TOTALES

30

20

4

 

3. GANADERÍAS QUE LIDIARON EN NOVILLADAS PICADAS.

HIERRO

RESES

OR

RB

OBSERVACIONES

María Pallarés de Benítez Cubero

12

9

1

 

Francisco Martínez Benavides

7

3

 

1 para rejones

José Benítez Cubero

6

4

 

 

Francisco Rincón Cañizares

6

3

 

 

Juan de Dios Pareja Obregón

6

1

 

 

Tomás Frías

6

-

 

1ª novillada picada del coso

Herederos de Carlos Núñez

5

3

 

 

Soto de la Fuente

1

-

 

 

TOTALES

49

23

1

 

4. GANADERÍAS QUE LIDIARON EN NOVILLADAS SIN PICADORES.

HIERRO

RESES

OREJAS

OBSERVACIONES

Ángel Sánchez Rodríguez

11

2

 

Concepción Mecos Armero

5

4

 

TOTALES

16

6

 

5. GANADERÍAS QUE LIDIARON EN BECERRADAS.

HIERRO

RESES

OREJAS

OBSERVACIONES

Manuel Montes

4

3

Homenaje Mujer Cordobesa

TOTALES

4

3

 

6. PROCEDENCIA DE LAS GANADERÍAS QUE LIDIARON.

HIERRO

ENCASTE

Herederos de D. Carlos Núñez

Manuel Rincón, Ramón Mora Figueroa y Marqués de Villamarta.

Manuel Arranz

Graciliano Pérez-Tabernero, Conde de la Corte y Antonio Pérez.

Duque de Pinohermoso

Clairac y Albaserrada (Escudero Calvo).

Ramón Sánchez Rodríguez

Manuel Arranz (Graciliano Pérez-Tabernero, Conde de la Corte y Antonio Pérez)

María Pallarés de Benítez Cubero

Benítez Cubero

Monte de San Miguel

Raimunda Moreno de Guerra (Carlos Núñez)

Joaquín Buendía

Conde de Santa Coloma

Francisco Martínez Benavides

Murube-Urquijo y Conde de Santa Coloma-Graciliano Pérez-Tabernero.

José Benítez Cubero

Hidalgo Barquero (Cabrera, Vázquez, Vistahermosa)

Francisco Rincón Cañizares

Hidalgo Hermanos (Vistahermosa)

Juan de Dios Pareja Obregón

Concha y Sierra

Tomás Frías

Gamero Cívico (Samuel Flores)

Soto de la Fuente

Gallardo y Marqués de Ulloa

Ángel Sánchez Rodríguez

Carlos Núñez

Concepción Mecos Armero

Carlos Núñez

Manuel Montes

Carlos Urquijo

7. ACTUACIONES DE MATADORES DE TOROS.

ESPADA

FESTEJOS

RESES

OREJAS

RABOS

Manuel Benítez “El Cordobés”

3

6

6

2

Gabriel de la Haba “Zurito”

2

4

4

1

José María Montilla

2

4

2

-

Manuel Cano “El Pireo”

1

2

3

1

Paco Camino

1

2

2

-

Agustín Castellano “El Puri”

1

2

2

-

Antonio Sánchez Fuentes

1

2

1

-

Jaime Ostos

1

2

-

-

Diego Puerta

1

2

-

-

Andrés Hernando

1

2

-

-

Manuel García “Palmeño”

1

2

-

-

TOTALES

 

30

20

4

9. ACTUACIONES DE REJONEADORES.

REJONEADOR

FESTEJOS

RESES

OREJAS

AVISOS

Enrique Valdenebro, Conde de San Remy

1

1

1

-

TOTALES

 

1

1

 

10. ACTUACIONES DE NOVILLEROS CON PICADORES.

ESPADA

FESTEJOS

RESES

OREJAS

RABOS

Francisco Rivera “Paquirri”

5

12

9

1

Sebastián Palomo Linares

3

7

4

-

Pedrín Benjumea

3

6

4

-

Paco Asensio

3

5

2

-

Andrés Torres “El Monaguillo”

2

5

-

-

José Rivera “Riverita”

2

4

1

-

Rafael Poyato

2

4

1

-

Manolo Sanlúcar

1

2

1

-

Paco Pallarés

1

2

-

-

José Serrano “Joselillo”

1

1

-

-

TOTALES

 

48

22

1

11. ACTUACIONES DE NOVILLEROS SIN PICADORES.

ESPADA

FESTEJOS

RESES

OREJAS

RABOS

Alfonso Castillero

3

4

3

-

Ángel Rodilla “Angelín”

3

4

1

-

Blas Romero “El Platanito”

1

2

-

-

Antonio Montes “El Jeringuero”

1

1

1

-

Antonio Núñez Lara

1

1

1

-

Rafael Naval García “Niño del Zahíra”

1

1

-

-

Florencio Casado “El Hencho”

1

1

-

-

Fernando Fernández “Fernandillo”

1

1

-

-

Nicolás Gracia “El Maño”

1

1

-

-

TOTALES

 

16

6

-

12. ACTUACIONES DE BECERRISTAS.

ESPADA

FESTEJOS

RESES

OREJAS

RABOS

Juan Antonio Navarro

1

1

1

-

Antonio Porras Lucena

1

1

1

-

Nicolás Gracia

1

1

1

-

Antonio Calero Sánchez

1

1

-

-

TOTALES

 

4

3

-

 13. PERSONAL ATENDIDO EN LA ENFERMERÍA DE LA PLAZA.

Nombre

Fecha

Parte médico

Manuel Benítez “El Cordobés”

Matador de toros

09/05

Herida por asta de toro a nivel del borde posterior de la axila derecha, de unos 8 cm de profundidad, que interesa las fibras musculares del trapecio, disecando en parte el paquete vascular de la región. Pronóstico: menos grave.

Juan Márquez Sierra

Banderillero

09/05

Contusiones. Pronóstico leve.

Cipriano Velázquez Benítez

Picador

26/05

Lesiones de pronóstico reservado.

José María Montilla Álvarez

Matador de toros

28/05

Lesiones de pronóstico leve.

José Serrano “Joselillo”

Novillero con picadores

20/06

Herida por asta de toro en la cara interna del muslo izquierdo, con trayectoria oblicua de 12 cm de profundidad. Se le aplicó una transfusión de sangre. Pronóstico grave.

Paco Asensio

Novillero con picadores

11/07

Herida por asta de toro en el vientre con dos trayectorias de 14 cm de extensión, penetrando el pitón por la parte baja del abdomen e interesando partes blandas. Pronóstico grave.

Ángel Rodilla “Angelín”

Becerrista

08/08

Puntazo en el muslo derecho. Pronóstico reservado.

Nicolás Gracia “El Maño”

Becerrista

08/08

Lesiones de pronóstico leve.

Pedro Benjumea Durán

Novillero con picadores

05/09

Lesiones de pronóstico leve.

14. RESUMEN DE FESTEJOS 

TIPO DE FESTEJO

1965

Corrida de toros

5

Corrida de rejones

-

Novillada picada

9

Novillada sin picar

3

Becerrada

1

Cómico-Taurino

-

Festival

2

TOTALES

20

 

martes, 19 de enero de 2021

HAY QUE METER EL HOMBRO

Por Antonio Luis Aguilera 

 Costalero de la Semana Santa de Córdoba. Foto Rafael Carmona

Los empresarios de plazas de primera dicen que quieren dar toros esta temporada, pero exigen que se les permita un aforo en torno al cincuenta por ciento del recinto. Con la que está cayendo, mientras espectáculos de masas como el fútbol se celebran a puerta cerrada o con un veinte por ciento de la capacidad del estadio, lo del cincuenta por ciento no deja de ser una utopía. ¿A qué empresa o actividad comercial de España se le puede garantizar en el momento y con las condiciones actuales un aforo semejante? Ya lo quisiera para sí el sector turístico, que es la primera industria del país. Por esta razón, si es cierto como se ha escrito, que los precontratos taurinos se están estipulando con esta condición, podemos deducir que la intención empresarial es seguir sin dar toros este año. De ser así, quienes deben dar un paso al frente son los propietarios de las plazas, sean públicas o privadas, porque la situación del toreo es insostenible. 

José María Garzón. Foto Rafael Ruiz

Los empresarios tienen la obligación moral de organizar corridas con el aforo que sea posible en cada momento. Las grandes plazas no pueden permanecer otro año cerradas y el ejemplo de José María Garzón, que por organizar festejos el año pasado fue vilipendiado injustamente por una asociación de incompetentes, ha de ser la hoja de ruta para la segunda temporada Covid. No hay otra. Con el público que la enfermedad permita y, por supuesto, con los honorarios proporcionales a la recaudación. Y si las primeras figuras apuestan por mantener su caché y olvidarse de la Fiesta, como hicieron en 2020 todas excepto Enrique Ponce, o si los oscuros comisionistas tratan de abortar festejos –como ocurrió el pasado año en la plaza de Málaga y se intentó en la de Córdoba–, siempre habrá espadas dispuestos a torear y reivindicar la grandeza del toreo, como ocurrió con la gloriosa epifania de Juan Ortega. El toreo no puede permitirse otro año en blanco.

Juan Ortega. Foto González Arjona

Ni los ganaderos tampoco. Ellos son los principales perjudicados de la pandemia. El pasado año fueron muchas las ganaderías que enviaros las reses de saca al matadero. Otras hicieron el esfuerzo por mantener las susceptibles de ser lidiadas con cinco años esta campaña, pero si tampoco ahora pueden saltar a los ruedos, lo previsible, por cruel que sea, será el sacrificio de ese caudal genético único que le importa bien poco al gobierno de la nación, que apuesta desvergonzadamente por la desaparición de los toros y seguirá poniendo todos los impedimentos posibles al colectivo taurino. Por cierto, ¿dónde han estado esos gobernantes y animalistas piadosos con los animalitos cuando por los efectos de la borrasca Filomena no podían alimentarse en las dehesas cubiertas de nieve, mientras esos hombres honrados a los que llaman criminales les llevaban el sustento jugándose la propia vida...? 

Ahora más que nunca, como los costaleros de un trono de Semana Santa, es el momento de ir todos a una, de meter el hombro en la trabajadera y demostrar que este colectivo es capaz de sumar voluntades, permanecer unido y, en la medida que sea posible, poner en marcha la temporada. Los que no sean capaces que den un paso al lado, porque lo del pasado año con las grandes empresas escondidas y las figuras del toreo aguardando a verlas venir fue una vergüenza que no se debe repetir. Es hora de levantar la Fiesta y emular a los costaleros andaluces, esos que unidos escuchan la voz del capataz dispuestos a meter el hombro cuando este antes de golpear el llamador les dice confiado: 

Vamos a verlo, valientes. Tó por igual...

 ¡Al cielo con ella! 

viernes, 8 de enero de 2021

MANOLETE: EL QUEHACER DE REGULAR EL ARTE

Por Germán Lebatard

Manolete. Óleo de Diego Ramos.

Soy manoletista de la misma manera que soy cristiano: por un acto de fe. A Manolete, como a Cristo, jamás los vi en la vida, pero me han bastado sus imágenes. Crecí rodeado siempre de una gran cantidad de iconografía manoletista y juro que, para mantener viva mi idolatría, no necesitaba ver la foto de alguna de aquellas medias verónicas (tan lacónicas y tan estéticas) o aquella otra famosísima del natural al Miura en Barcelona; era suficiente verlo liado en el patio de cuadrillas, o vestido de corto en algún tentadero, o dando la vuelta al ruedo, o recargado en la barrera, o incluso en la calle con aquellas gafas tan características. Como fuera, donde estuviera, Manolete siempre se veía torero. Y sin embargo, a pesar de todo este fervor juvenil, fui apóstata del manoletismo.

Natural de Manolete al toro Perfecto de Miura.
Barcelona, 2 de julio de 1944. Foto Mateo.

Cuando quise ser torero y andaba intentándolo, estaba de moda negar a Manolete: que el toro chico, que la muleta atrasada, que el toreo de perfil y todo aquel cúmulo de patrañas tecnicistas que los sabios de café pusieron tan en boga a finales de los cincuenta  a raíz de que algunos cronistas influyentes (Corrochano entre otros) se dedicaron a echar lodo sobre la tumba del gran torero cordobés. Y como los muertos no pueden defenderse y Manolete ya no podía ponerse en la cara del toro y taparle la boca a todos, aquello se puso de moda y yo me tragué el cuento. Contribuyó que a mi callaísmo de aquellos días había que agregarle un incipiente ordoñismo nacido con la faena a Cascabel, en la feria guadalupana del 56, y acentuado después cuando muchas veces lo vi en España en su momento cumbre. Y como los jóvenes tienden a radicalizar sus opiniones, yo no podía aceptar que me gustara tanto Ordóñez (torero de pata pa´lante, pecho pa´fuera y cintura flexible) y continuara, al mismo tiempo, vigente mi manoletismo.

La faena de Manolete a Platino «resistía el paso del tiempo»

De modo que empecé a seguir la corriente; si estaba de moda negar a Manolete, había que negarlo y punto. ¿Mi antiguo manoletismo? Pasiones infantiles. Ahora, ya opinaba yo en las tertulias taurinas, ya era novillero, ya «sabía mucho de esto» y de pronto… ¡zas! Me tropiezo de frente con la faena de Platino, y se hizo la luz. Resulta que un grupo de amigos y compañeros «del toro» nos reuníamos a ver viejas películas, y alguien consiguió la de aquella famosa tarde de Manolete,  Pepe Luis y Procuna con los Coaxamalucan. Lo que hizo Manolete a aquel toro castaño resultó una iluminación repentina para todos los que estábamos allí reunidos. No solamente porque la faena era extraordinaria -que lo fue- sino por el contraste. Me explico: lo que aquella misma tarde le hicieron a sus toros Pepe Luis y Procuna (cada uno a su estilo) era de un torerismo indiscutible y tenía, por supuesto, mucho mérito. Pero la de Manolete era diferente. Se veía moderna, tenía actualidad 20 años después; esa era la única faena de la célebre corrida que resistía el paso del tiempo, tenía la frialdad de un vídeo-tape. Aquello, para mí, fue toda una revelación. Comenzaba a reivindicarse mi torero. 

«Como fuera, donde estuviera, Manolete siempre se veía torero»

Algunos años después le platiqué esta anécdota a Pepe Alameda -con quien llegué a tener una entrañable amistad- y no solo me dio la razón sobre el trazo moderno de la faena de Platino, sino que abundó más en la vigencia del toreo manoletista a pesar de los años transcurridos. Alameda -manoletista confeso- contribuyó muchísimo a mi redescubrimiento del enorme torero cordobés y a echar por tierra las patrañas antimanoletistas, incluyendo el mito del toro chico y el mitote de los muletazos cortos.

Los toreros cumbres -y Manolete lo fue- son en cada época verdaderos «pararrayos» de la Fiesta. Siempre se les percibe culpables de todo lo que pase. Y tal parece que una de las culpas de Manolete debió ser la Guerra Civil Española. Resulta ocioso, a estas alturas, recordar como quedaron precisamente ese toro, menos graneado y menos corpulento -pero con más movilidad, por cierto- el que empezaron a lidiar en las plazas españolas todos los toreros del momento. Es decir, Manolete y todos sus contemporáneos.

Con uno de La Punta, la ganadería que más toreó en México

En la actualidad es usual que los aficionados exijan un toro corpulento, gordo, enmorrillado, con muchos kilos aunque se «acochine». Creen que el toro es toro cuando pesa 550 kg. En cambio, la realidad es otra: el toro es toro cuando cumple cuatro años, pese los kilos que pese. Veamos entonces lo del mito: 1) Manolete y todos sus alternantes lidiaban -a veces- un toro relativamente disminuido en peso. 2) Testimonios de aficionados y toreros de la época (a mí me lo han dicho el maestro Cagancho y El Choni) me hacen pensar que, aún pesando menos, casi siempre se lidiaban con cuatro hierbas. 3) Tengo testimonios gráficos de Manolete toreando de todo: toros chicos, medianos, grandes y enormes. 4) Una de sus faenas consagratorias fue a un sobrero de Pinto Barreiro paréntesis (Ratón) que era un tío. 5) Su debut en México fue con una corrida bastante seria de Torrecilla (al primero le cortó las orejas y el rabo). 6) Otra de sus faenas cumbres en plazas mexicanas, la de Manzanito, fue en aquella tarde con Lorenzo Garza, el Ahijado y un corridon más que serio de Pastejé; sobra aclarar que Manzanito como Murciano, el primero de su lote fue un «tío» igual que el resto de la corrida. 7) Por aquellos días había una ganadería en México con reputación de lidiar las corridas más serias; toros largos, hondos, enmorrillados, cubiertos de culata y con más leña en la cabeza que un bosque canadiense. Esa ganadería (puro Parladé) se llamaba La Punta. ¿Sabe usted cuál fue la ganadería que más toreo Manolete en México? Adivinó: La Punta. En resumen, ni el toro chico de la época es atribuible a Manolete, ni Manolete requirió del toro chico para triunfar.

Superado el mito, pasemos al mitote; al del muletazo más corto y la muleta atrasada.

He escuchado de muchos contemporáneos suyos, que Manolete fue -en la forma aunque no en el fondo- dos toreros: uno del 39 hasta el 42, y otro muy diferente de mediados del 42 en adelante, que fue cuando encontró el sitio, se relajó y suavizó sus maneras, es decir: cuando Manolete encontró a Manolete.

 «Verticalidad de torre sin fisura alguna en su fábrica»
(José María de Cossío).  Foto Cano

Al principio era un torero muy tieso y bastante «esaborío» que solo lograba salir adelante en base a aquel valor, aquel carácter y aquella entrega que siempre tuvo. Su propósito, desde siempre, fue lograr torear con lucimiento y quedársele quieto al mayor número de toros que fuera posible, pero se demoró toda su etapa novilleril y casi cuatro temporadas de matador de toros para encontrar el toque, la colocación, el temple, el sitio exacto, el cómo de la técnica que andaba buscando y que consistía en andar en rectitud hacia el toro (no hacia el pitón contrario, con lo que se echa al toro para afuera) enhilado con el pitón por el que se está toreando hasta llegar a la distancia en que el toro embiste, esto con la muleta atrasada casi sobre la pierna de salida. De esta forma sacrificaba medio metro del inicio del muletazo, pero lograba, en cambio, rematar lucidamente el pase aún tratándose de toros con poco recorrido.

Aclaro: esta técnica la utilizan muchos toreros actuales como recurso recomendable (tranquillo) para poder correr la mano a toros con recorrido corto. La diferencia estriba en que Manolete le fue fiel a su técnica (una vez que la encontró) y la llevó hasta las últimas consecuencias, toreando de este modo a todos los toros, tuvieran el recorrido que tuvieran. Es muy cierto que el pase, al no comenzar enganchando al toro adelante, tiene menos dimensión; sin embargo de esta manera logró torear más toros, ser más consistente y acabar de golpe con el cuento de que en el toreo se puede vivir en la comodidad de una faena al año.

Triunfo y felicidad de Manolete en México.

Yo, francamente, no me quejaría del balance, porque en el Debe tenemos medio metro menos en cada pase, pero en el Haber está uno de los grandes logros manoletistas: aquella consistencia, aquel triunfar tarde a tarde, aquel torear con quietud y con lucimiento más toros de más diverso comportamiento. 

No sé si esto quede claro. En Manolete se consolida la faena actual, ya esbozada por otros desde antes, pero sin llegar nunca a la realidad manoletista: la realidad de regularizar el arte.

La sombra eterna del toreo... Monumento a Manolete en el
 barrio de Santa Marina de Córdoba. Foto Ernesto Castillejo

Esto es lo que pienso cada vez que visito el cementerio de La Salud, para poner una flor, en su tumba, cada año, desde 1970. Pienso en esto ante su figura de mármol y, sin saber por qué, me viene a la mente aquella bella y certera metáfora del inolvidable soneto que Pepe Alameda escribió para Manuel Rodríguez Sánchez…

a ti que eras una epifanía y hoy eres un estoque abandonado. 


Artículo publicado en la Revista 6Toros6/Extra Manolete/del 26 de agosto de 1997.

                                     Manolete en México. Incluye la faena a Platino



sábado, 2 de enero de 2021

PEPE-ILLO Y EL CRISTO DE LOS TRAPEROS

 Por Rafael Sánchez González                       

Patio de la cuadra de caballos de la plaza de toros antes de una
corrida. Oleo de Manuel Castellano. Museo del Prado de Madrid.

Sevilla, antigua corte de treinta reyes, ciudad predilecta de los godos, adorada de los árabes, y a su vez cuna de tantos y tan magníficos toreros, creadora en su día de una Escuela de Tauromaquia y también de un estilo, de una forma elegante y alegre de interpretar un toreo que se trata de imitar, pero siempre carentes de esa manera, esa gracia singular, única de los toreros de la tierra, ha venido conmemorando, contra viento y marea por culpa de la pandemia que nos sigue azotando, el centenario de la muerte de uno de sus figuras más destacadas en la historia del toreo, un programa de actos que por culpa de la señalada adversidad  se prolongará en el transcurso del año recientemente iniciado. Pero no será José Gómez Ortega Joselito a quien recordaré en esta ocasión, sino a otro sevillano ilustre en el arte de lidiar toros. Me refiero a José Delgado Guerra más conocido por el eufónico alias de Pepe-Illo, que, según los eruditos en filología, de todos los empleados es el modo más adecuado de escribirlo por derivar del diminutivo Joseíllo, que parece ser era como le llamaban en su infancia y así se contempla, además, en cuantos documentos  recogidos por los historiadores taurinos aparece la firma de José Delgado, que no sabía escribir, intercalando una coma entre su nombre de pila y el apodo: Joseph, Illo.

José Delgado Guerra Pepe-Illo

Felipe V fue un príncipe educado en la corte de su abuelo, Luis XIV, que desde su llegada a España en el año 1700 implantó el afrancesamiento de la nobleza. No es de extrañar, por tanto, que esta sociedad culta desdeñara las funciones taurinas. Ni los esfuerzos de algunos caballeros, ni los célebres rejoneadores lograron nada a favor de dichos espectáculos, que en 1723 quedaron prohibidos con la promulgación de una ley dictada por el primer monarca de la dinastía borbónica. Esto, mas allá de causar la extinción de la tauromaquia, desarrolló un movimiento popular entre la plebe, totalmente contrario, que sería el origen del toreo a pie. 

Treinta y cuatro años contaba  Fernando VI cuando a la muerte de su padre, Felipe V, fue proclamado rey de España. En el nuevo reinado los festejos taurómacos afirman las características que venían apuntando en la primera mitad del siglo XVIII. Ya no saldrán los lidiadores vestidos con cintas y tafetanes, espuelas de plata y sombreros adornados con plumas, propios de la nobleza. El antiguo toreo caballeresco y cortesano fue perdiendo importancia y lo cobró, en cambio, el toreo a pie, tomando así carta de naturaleza de cara a tiempos venideros. Ejercitarlo precisaba ahora agilidad, astucia y arrojo para poder esquivar, frente a frente, las acometidas de los astados. La generalización de la muleta como instrumento para la nueva lidia y la reglamentación de la muerte del toro a estoque darían el golpe de gracia a la preeminencia del toreo a caballo. Asimismo la realización de otras suertes va perfeccionándose también en esta centuria, entre ellas la de banderillas, que de colocarse de una en una pasan a clavarse a pares.

Con el advenimiento de este cambio variaron también los lugares donde se celebraban dichos festejos, que eran las grande plazas públicas de cada ciudad, destacando sobre todas  la Plaza Mayor de Madrid como escenario de acontecimientos de muy diversa índole, entre los que tomaban mayor solemnidad y vistosidad las denominadas Corridas Reales con la participación incluso del Cuerpo de Alabarderos. Festejos en los que los lidiadores vestían calzón y coleto de ante, correón ceñido y mangas atacadas de terciopelo negro y se recogían  el pelo con lazos y redecillas. Una indumentaria que con el paso del tiempo iría evolucionando hasta llegar a Francisco Montes Paquiro, que fue el gran innovador del traje de torear.

Francisco Montes Paquiro

No son muchas las referencias que de aquellos lidiadores se tienen. Digamos en el corto espacio disponible, que el sevillano Miguel Canelo pasa por ser el primer espada cuyo nombre aparece documentalmente como profesional del toreo. Pero, sin lugar a dudas, los grandes colosos de este primer periodo fueron José Rodríguez Costillares, José Delgado Pepe-Illo y Pedro Romero. Los tres llenaron de gloria esta etapa goyesca del toreo. Costillares rivalizó con Pepe-Illo, a quien venció, y con Pedro Romero, por quien habría de ser vencido. Dolencias reumáticas y un carbunco en la mano derecha aceleraron su retirada en 1790. En la fiesta taurina afloraron entonces dos formas de concebir el toreo, dos estilos bien diferenciados, de ahí que la comparación entre ambas figuras resulte difícil, podría decirse que hasta improcedente si tenemos en cuenta sus respectivos conceptos acerca de la lidia. El toreo que realizaba Pedro Romero era severo y grave a la vez que seguro, como acreditan los más de 5.500 toros que se dice estoqueó sin sufrir percance de gravedad alguno. El de Pepe-Illo se ofrecía más movido y alegre, cultivador de la escuela sevillana, que después adoptarían José Romero (frente a la de sus hermanos Pedro, Antonio y Gaspar), más tarde Jerónimo José Cándido, y en su orden Juan León y nada menos que Francisco Montes Paquiro. Y a la hora de entrar a matar, el rondeño se mostraba inmenso y recibía a las reses, fiel a la regla de que “todos los toros acuden al cite”. El torero sevillano, en cambio, obediente a la máxima de su maestro Costillares, se decidía por el volapié. Y de esa contrapuesta interpretación del todavía incipiente toreo a pie, según el historiador Natalio Rivas, brotaron las dos escuelas. Un tema, quizás, excesivamente considerado. Está claro, no obstante, que en la pugna Illo-Romero, era éste el que preferentemente acaparaba el interés del público, pero cuando el clamor de las plazas se apagaba, el fervor y la admiración general se volcaban hacia su rival.

Retrato de Pedro Romero. Francisco de Goya

En aquel Madrid de Carlos III, bullicioso y lleno de una avidez vital, el pueblo se engrescaba como nunca. Las palabras, que poseían un sabor jaranero en las coplas, llegaban a un filo barbero en las tertulias políticas de las reboticas. Y en este ambiente vivo y apasionante, aparece por primera vez un aire de leyenda taurina: Pepe-Illo. Con un encanto personal, elegancia en el vestir y gentileza en el trato supo ganar voluntades, convirtiéndose muy pronto en ídolo de masas; aviva discusiones en tabernas y botillerías, provoca pasiones en los camerinos de los teatros y es tema de cuchicheos en saraos palaciegos, donde se comenta cómo algunas damas de linaje se disputan el halago y la compañía del famoso y seductor torero, que, desenvuelto en la conversación a pesar de su rudeza innata, le esperan en todas las tertulias encopetadas, así en el palacio de la marquesa de Santa Cruz, en el de San Carlos, en el de la condesa de Benavente y la marquesa de Alcañices, entre otros. Recordemos que en una de las Corridas Reales celebradas en Madrid con ocasión de la jura de Carlos IV, al resultar herido, para realizarle una primera cura de urgencia fue conducido al palco de la duquesa de Osuna, que con la de Alba compartían el centro de la elegancia en la Corte. El diestro sevillano tuvo amores con toda clase de mujeres, con majas y manolas, con tonadilleras y bailarinas, como también con féminas de mejor sangre. Unido a María Salado por matrimonio celebrado el 2 de junio de 1774 en la Colegial de San Salvador de Sevilla (el escritor Fernández y González, sin base documental alguna, en su novela Glorias del toreo se empeñó en casarlo con María Conde, hermana de Juan, también matador de toros), se decía que era buen marido y mejor padre (tenía dos hijos), pero al parecer no sabia,  o no quería, evadirse del amable acoso de grandes damas.

Aun así, lo verdaderamente importante de la vida particular de Pepe-Illo fueron sus relaciones con el pueblo llano y más concretamente con el populacho madrileño. Chisperos, chulos y rufianes, contrabandistas y demás gente de las clases más humildes le aclamaban jubilosamente, y como buen andaluz gustaba de los aires de su tierra y además punteaba la guitarra con habilidad. Dotado de un cuerpo robusto y ágil, de varonil gallardía, vestía con lujo y fue el primero que usó en la ropa de torear ricos y abundantes adornos de oro y plata. Por rumboso y desprendido era generoso con los más necesitados, asimismo era supersticioso hasta la exageración y de muy piadosas devociones. Tanto en Madrid como en Sevilla, sus plazas predilectas, nunca salió a torear sin pasar antes por sus capillas: ¡Qué lástima me ha dado / de ver a Illo, / rezando en la capilla / del Baratillo!  Y es que, cuando la plaza de la Real Maestranza no disponía todavía de capilla, los diestros que actuaban en ella, antes de salir al ruedo solían acudir a rezar a la Capilla de la Piedad, sede de la Hermandad del Baratillo, donde recibe culto una imagen de San José y el Niño Jesús, atribuida a José Montes de Oca, que en 1774 fue regalada por Pepe-Illo. 

Fachada de la capilla del Baratillo en Sevilla

José Delgado nació en el sevillano barrio del Baratillo, el día 14 de marzo de 1754, y fueron sus padres Juan Antonio Delgado y Agustina Guerra, tratantes de vinos y aceites en el Aljarafe, quienes quisieron que se iniciase en el oficio de zapatero de portal, pero su verdadero taller fue el cercano matadero donde, con otros zagalones y utilizando sus camisas a modo de capichuelas, se ejercitaban desahogando su fiebre taurina en la corraleja de las jaulas que servía de apartadero para las reses destinadas al sacrificio. 

Apenas contaba dieciséis años cuando el ya entonces matador de toros Costillares, con el que ha quedado dicho que competiría más tarde, fijó en él su atención y valorando las excelentes condiciones que para la lidia reunía no dudó en hacerle un sitio en su cuadrilla, llevándole por algunas plazas hasta presentarlo de manera oficial en Córdoba, en 1770, función anunciada de convite con motivo de profesar religiosamente una novicia en el Convento de Santa Inés, próximo al eventual escenario del festejo que tuvo por marco la Plaza de la Magdalena, ubicándose el palco presidencial en la desaparecida Torre de los Donceles.

Dos años después, en calidad de media espada interviene en El Puerto de Santa María (Cádiz), y en la primavera de 1774 alterna en Málaga con Juan Romero, que posiblemente le diera allí la categoría de matador de toros, puesto que el año siguiente es contratado en Sevilla como primer espada y jefe de cuadrilla. En 1777, ante la negativa de los hermanos Juan y Pedro Romero de torear aquella temporada en la Corte, la Junta de Hospitales, que regía la plaza, decidió sustituirles con los diestros  Costillares y Pepe-Illo. El primer encuentro en los ruedos de José Delgado con Pedro Romero aconteció un año después en Cádiz, iniciándose una rivalidad que habría de durar hasta las ya mencionadas Corridas Reales celebradas en Madrid, los días 22, 24 y 28 de septiembre de 1789, por la exaltación al trono de Carlos IV, donde quedó plenamente confirmada la superioridad del torero de Ronda sobre los dos espadas sevillanos.

Joaquín Rodríguez Costillares

Pero tampoco es mi intención ocuparme ahora de la dilatada ejecutoria profesional de Pepe-Illo, que aun de manera sintetizada precisaría de un espacio no disponible, sino de una faceta suya más personal y poco conocida.  

La segunda plaza de toros levantada en los alrededores de la madrileña Puerta de Alcalá era baja, blanqueada al exterior y de muy mala disposición en su interior, puesto que el desolladero de los toros que se mataban, así como de los caballos que morían durante la lidia estaba fuera del recinto, en unos desmontes contiguos, dándose la circunstancia de que los días de corrida eran muchos los curiosos que se concentraban allí para presenciar el despiece de las reses estoqueadas y aquellos jamelgos que muertos en el ruedo y arrastrados se despellejaban, o la forma en que eran cosidos los que aún podían volver a la arena. De ahí, que dicho lugar tomara el nombre de tendido de los sastres.

Durante muchos años perduró en Madrid una popular ofrenda piadosa al Cristo de la Cofradía de los Traperos, que se veneraba en la iglesia de la Concepción Jerónima, situado entonces en la calle Toledo sobre terrenos que eran propiedad de Francisco Ramírez El Artillero, casado con Beatriz Galindo, conocida por La Latina, que fue quien auspició su construcción a principios del siglo XVI, junto al Hospital de Ntra. Sra. de la Concepción. Dicha ofrenda consistía en una función religiosa que se sufragaba con el importe recaudado por la venta de las colas de los caballos fenecidos en los festejos taurinos. Diversidad de flores, velas y limosnas eran depositadas a los pies del Crucificado tras una misa que con carácter de excepción se celebraba ese día, dado que estaba reservada a los cofrades  y benefactores de dicha imagen, quienes compartían después una comilona a la que se invitaba también a determinados picadores y, por supuesto, a los mozos de caballos que se encargaban de la retención y venta de los referidos apéndices equinos.

Francisco de Goya: La desgraciada muerte de Pepe-Illo

De reconocida religiosidad, Pepe-Illo se hizo devoto del Cristo a través del picador Diego Molina Chamorro, perteneciente a una familia de afamados varilargueros algabeños, al  que con frecuencia solía llevar en su cuadrilla, estableciéndose entre ambos una estrecha amistad. Diego, que falleció el 2 de mayo de 1795 en Sevilla al sufrir un fuerte golpe en la cabeza, fue quien el año anterior le invitó a una de estas anuales celebraciones lúdico-religiosas, que solían revestir brillantez y solemnidad gracias a que los ingresos obtenidos a tal fin alcanzaban una importante suma de reales, habida cuenta el elevado número de cabalgaduras que cada temporada morían en los espectáculos taurinos. Del agradecimiento y la devoción de Pepe-Illo hacia el Cristo de los Traperos daría prueba inequívoca el libro de cuentas de esta corporación crucera, donde se registraban las generosas donaciones que voluntaria e íntimamente realizó en numerosas ocasiones; y entre las medallas que del cuello del torero sevillano colgaban no faltaba la de este Crucificado, que en señal de agradecimiento le concedieron.

Existen noticias de que Fernando VII asistió de incógnito a una de estas funciones piadosas de la Cofradía del Cristo de los Traperos, poco antes de casarse con su tercera esposa, María Amalia de Sajonia, y puede que fuera acompañado del arrojado diestro Juan León, amigo suyo. La regia visita dio luego margen a diversos comentarios, quedando muestra de ella en esta popular coplilla: “Al Cristo de los Traperos / pidió ayer el rey Fernando, / para que a los madrileños / no nos deje de su mano”

No se conoce con exactitud el origen de esta costumbre religiosa, ni el motivo que propició la vinculación del gremio de ropavejeros con los mozos de caballos de la plaza de toros, aunque no es difícil suponerla, ya que estaban en la órbita del negocio de la cerda y los restos de pieles para curtidos interiores. Y sabido es, que curtidores y traperos tuvieron en tiempos pasados una vecindad, tanto de sitio como de intereses.

La estrecha vinculación devocional del pueblo madrileño con esta imagen tenía otra fecha señalada en el calendario festivo de la ciudad, y es precisamente el motivo que me induce a tratar este tema en las fechas actuales. Al llegar el día de Navidad, celebrada la misa, en la que solían cantarse los más conocidos villancicos del padre Soler, la Cofradía del Cristo de los Traperos  obsequiaba a los asistentes con buñuelos y roscos de vino, rodeando los alrededores del templo de un ambiente pleno de cordialidad y buena vecindad. 

Muerte de Pepe-Illo por el toro Barbudo en la plaza de Madrid

Impulsor y regulador de la Fiesta de toros (dio nombre a la obra “La Tauromaquia o Arte de torear”, que impresa en Cádiz en 1796, se supone que quien la escribió fue José de la Tixera), Pepe-Illo inventó la suerte o lance de frente por detrás, fue amigo de Francisco de Goya y de otros señalados personajes de su época, y dominó sobre las multitudes por su valor y su alegría ante las reses, como dominó sobre los corazones femeninos por el secreto hechizo de su carácter y por una atracción personal indefinible, disfrutando de una popularidad que ningún otro torero había alcanzado hasta entonces. La leyenda se mezcló con su historia y ha servido de fuente de inspiración a poetas, músicos, pintores y autores dramáticos. Dechado de gracia y simpatía, rumboso y caritativo, tras verse alzado a la categoría de ídolo de las multitudes, su trágica muerte en la plaza de toros de Madrid, el 11 de mayo de 1801, contribuyó a que aumentase considerablemente el nimbo de celebridad que rodea su nombre. “Jose-Illo, José-Illo / no vayas más a la plaza, / que anoche soñó tu dueña / un sueño de abracadabra”. Su cadáver fue trasladado a un cementerio de Madrid, que bien podría decirse que todavía existe y casi todos lo ignoran, situado a muy corta distancia de la Puerta del Sol. Allí, sin cipreses ni cruces de mármol, sin lápidas blancas con epitafios rimbombantes, en el atrio de la Parroquia de San Ginés, junto a la Santa Bóveda, reposan los restos de este famoso torero.

Todo lo escrito y mucho más fue José Delgado Guerra Pepe-Illo. Pero, cuando menos, resulta curioso que quien dictó reglas en el arte de torear fuera el primer contraventor de ellas, pagándolo con su vida.