viernes, 7 de enero de 2022

«MANOLETE» ENSEÑOREÓ EL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera 

«¡Manolete!». Gouache sobre papel de Roberto Domingo

El señorío y la dignidad de aquel torero permanecen intactos en el recuerdo imborrable de su paso por los ruedos. Su personalidad y entrega con todos los toros, su saber estar dentro y fuera de las plazas, su ejemplar respeto a los compañeros de profesión —a todos sin excepción, porque «Manolete» jamás consintió que se hablara mal de ninguno en su presencia; para  él todos eran buenos—, incluso de los que no disimularon la inquina que por envidia los carcomía. Fue el mejor de su tiempo. El mejor por la extrema sinceridad de su torería y entrega, por perseverancia, respeto, honradez, bondad y generosidad. Por el señorío y la elegancia irrepetibles, que un anochecer sepultaron junto a su cadáver en el cementerio de la «Virgen de la Salud» de Córdoba, cuando «Islero» pasó por Linares para poner el punto final a su historia y cargar con tanta culpa inconfensable...

La historia que luego narraron a modo de novela, con los supervisados tintes melodramáticos de aquella época en blanco y negro, ensalzando incluso a quienes hicieron de su vida un calvario, una auténtica sucesión de adversidades y pesadumbres. O la que en engolados actos académicos, argumentandos en invenciones urdidas con propósito de engañar, se propagaron de forma inmoral, para censurar las ventajas del toreo de perfil —en clara insinuación de cobardía— y realzar la pureza del clásico o de avance al pitón contrario. Ni siquiera muerto el gran torero, aquellos que no le aguantaron el pulso, aceptaron que no pudieron arrebatar el cetro al dueño y señor de su época, al torero que implantó definitivamente el toreo ligado en redondo revelado por Manuel Jiménez «Chicuelo», el que sigue vigente cuando se cumple el 75 aniversario de la muerte del espada cordobés. 

Como proverbialmente escribió Fernando Claramunt en su «Historia Ilustrada del Toreo» (Editorial Espasa-Calpe): «Nadie ha vuelto a pasear aquella dignidad vestida de luces, aquel saber estar ante el toro y ante el público. Entrega absoluta. Vergüenza profesional a carta cabal». 

2 comentarios:

Alfredo Asensi dijo...

Excelente como siempre la narracion de A.Luis Aguilera.



Andrés Osado dijo...

Esta sencillez, enaltece tu docta opinión sobre nuestro torero cordobés. Gracias amigo Antonio L.