sábado, 6 de abril de 2019

MANOLETE RECORDADO POR CARLOS ARRUZA


Manuel Rodríguez Sánchez y Carlos Ruiz Camino: Manolete y Arruza 
La revista El Ruedo, de México, publicó en el año 1964 un texto que el matador de toros Carlos Arruza dedicó a su amigo Manolete, artículo que fue reeditado en España en 1997 por la revista 6Toros6, al cumplirse el cincuenta aniversario de la muerte del torero cordobés.
Por lo mucho que significó la corta en el tiempo pero entrañable amistad entre ambos toreros, pues esta creció de verdad tras la alternativa de Agustín Parra Parrita, en Valencia en 1945, merece la pena rescatar el maravilloso testimonio del gran torero mexicano Carlos Ruiz Camino sobre su amigo Manolo, a quien siempre llamaba maestro aunque  Manolete le insistiera que no le llamara de esa forma -¡pero Carlos, por favor, no me llames maestro!-, como nos contó en una entrevista otro íntimo amigo del espada de Córdoba, Manuel Sánchez de Puerta.

MANOLETE
Por Carlos Arruza

«En el año 1944 comencé a torear por tierras de Portugal. Había puesto como única condición para presentarme en la plaza de Lisboa hacerlo al lado de Manuel Rodríguez Manolete, lo que me fue concedido un día de junio, en que Manolete, Morenito de Talavera y yo alternamos en la plaza lusitana.
Mi interés personal por conocer a Manolo era extremo. Nunca antes había tenido oportunidad de cruzar palabra con el hombre y el torero que, por ese entonces, apasionaba a los públicos taurinos. Antes de mi presentación en Lisboa, y durante veinticuatro horas, hice lo imposible por que nos presentaran. Cosa que no pudo acontecer sino en el momento mismo de iniciarse la corrida, en el patio de caballos del ruedo en Lisboa. Manolete se liaba el capotillo de paseo. Un amigo hizo las mutuas presentaciones. La forma fue seca, casi cortante. Ninguno de los dos nos estrechamos la mano. El torero de Córdoba me recibió con un tajante, duro, casi grosero: “¿Qué hay?", que de momento me molestó hondamente… Totalmente "como un perro, con la cola entre las patas", me escurrí por allí, francamente molesto.
Manolete 

Tiempo después pude comprobar que esa tajante respuesta era una consecuencia natural del temperamento austero, cortante, característico en la persona de Manolete. Pero en ese momento me produjo un mal entendimiento que causó que, durante más de un año, Manolete y yo toreáramos casi todas las tardes ¡sin dirigirnos una sola palabra, ni siquiera para las circunstancias inevitables de la lidia…!
Ese año llego a España el empresario Antonio Algara.
Su presencia vino a poner punto final al conflicto taurino. Ello favoreció más aún que Manolete y yo toreáramos con mayor frecuencia, casi siempre juntos. El continuo trato vino a convertirse más tarde en una amistad estrecha y profundamente sentida por ambos. Entonces pude comprender en toda su intensidad el valer de Manolete, como torero, como amigo, como hombre. Un sentimiento de hermandad ligó a los dos hasta la muerte de Manolo.
Recuerdo muy bien como empecé a admirar a Manolete; toreábamos Manolete, Morenito de Talavera y yo una corrida del Duque de Palmela. A Manolo le tocó un toro jabonero impresionante, fuerte y peligroso, particularmente porque en Lisboa no se acostumbra picar a los toros por prohibirlo el reglamento. Manolete citó con el estatuario y le dije a Antonio Rangel, que por ese entonces estaba en Lisboa como novillero: "Me cortó la cabeza, si se queda quieto".
Afortunadamente no lo cumplí, porque ahora estaría decapitado, ya que Manolo le dio un pase por alto increíble y lo repitió en la misma forma y manera, hasta en cinco ocasiones. Descubrí entonces el toreo dramático, estoico, su forma arrojada, el carácter por así decirlo de Manolete. Reconocí su propósito de renovar los moldes taurinos impuestos hasta entonces… 
Sevilla, 18 de abril de 1945. Pepe Luis Vázquez, Carlos Arruza y Manolete para 
lidiar una corrida de Clemente Tassara:  "La tarde de las taleguillas rotas".
Belmonte, a quién tan solo pude ver en dos o tres festivales, marcó una época en el toreo. Pero Manolete fue más adelante todavía: su estoicismo para medir, para esperar la arrancada, vino a modificar los procedimientos. La manera angustiosa de hacer su toreo influenció definitivamente a todos los toreros de esa época. Unos buenos, otros no tanto, los toreros se dieron francamente a la imitación de dichos moldes. Todos querían ejercer el dominio del toro, mandando y pasándoselo por la faja, como lo hacía Manolo. Es decir, todos estaban amanoletados. Con una excepción extraordinaria, Pepe Luis Vázquez cuyo arte quintaesenciado le impidió caer en imitaciones.
Creo que una de las razones por la que pude triunfar en España, fue precisamente por haber rehuido al amanoletamiento, valga la expresión. Me puse a pensar que la única manera de no caer en la repetición y en lo común, era llevar a cabo una especie de antítesis del toreo manoletista. Buscar y lograr mis propios métodos y procedimientos. Torear en diverso estilo al estoico de Manolete. Y las fechas se fueron ligando…
He dicho que el sentimiento más de hermandad que de amistad que me ligo con Manolete se inició tras una pausa de mal entendimiento. Al Manolete amigo, caballero y compañero, lo comencé a conocer en una paella que se nos sirvió en Valencia, después de una corrida en que recibió la alternativa Parrita.

Valencia: la paella del armisticio.
Desde el principio, y siempre que toreamos juntos, pareció que Manolete me leía el pensamiento. Sin hablarnos, sin cruzar una sola palabra durante la lidia de nuestros toros, Manolete cuidaba de los míos con un celo y vigilancia extremos. Cuidaba los detalles de la embestida, la colocación de las cuadrillas, se adentraba en la brega de mis toros como si fueran los de él. Por contraparte yo hacía a mi vez otro tanto con los toros suyos. Repito, todo sin decirnos una sola palabra, sin dirigirnos una sola indicación. Y cuando la suerte se me daba bien y cortaba orejas y rabo, Manolete mostraba su íntima satisfacción con aquella sonrisa triste, con aquella amistad silenciosa que le era característica.
Para concluir quiero relatar una anécdota elocuente por sí misma: el día de mi presentación en Madrid -fecha que es fácil suponer lo que significaba y entrañaba para mí- me encontré de momento en grave trance. Faltaban escasos tres cuartos de hora para que se iniciara la corrida y mi sastre no se presentaba con el terno que debería yo vestir esa tarde. Nos encontrábamos en el Hotel Victoria, nerviosos. El nerviosismo de Madrid y 
Traje morado y oro de Manolete. Hermandad de Jesús Caído
 de Córdoba. Foto Manuel Jáimez.

el mío propio eran tensos. Los telefonemas se sucedían ininterrumpidamente. El sastre Ripollés ofrecía llegar en unos minutos y no llegaba. Y los minutos transcurrían indetenibles. En un piso superior del Hotel se hospedaba Manolete. La situación se tornaba insoportable ya, por lo que Andrés Gago subió al piso de Manolete y solicitó prestado un terno. Ante nuestra sorpresa, regresó portando tres ternos que se nos enviaban para escoger. El rasgo de amistad no podía ser más generoso. Me estaba vistiendo yo la casaquilla de un terno morado y oro (propiedad de Manolete y con el, que ocasionalmente, iba a hacer mi presentación máxima) cuando llegó el sastre con mi terno de luces. El favor solicitado y en forma generosa correspondido, puede parecer pequeño, ¡pero que elocuente es en su significado!».



En la foto del aficionado mexicano Manolo Castilla observamos el monumento a Manolete situado en la cordobesa plaza Conde de Priego, frente a la iglesia de Santa Marina de las Aguas Santas, donde se levanta el grupo escultórico de Manuel Álvarez Laviada, inaugurado el 8 de mayo de 1956. Fue sufragado con la recaudación de la corrida monstruo celebrada el 21 de octubre de 1951, organizada por Carlos Arruza  a instancias del periodista cordobés José Luis Sánchez Garrido, que como crítico taurino firmaba con el seudónimo José Luis de Córdoba. Actuaron el rejoneador Duque de Pinohermoso y diez matadores: Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, con un toro de José Luis de la Cova; Carlos Arruza, con uno de Felipe Bartolomé; Agustín Parra Parrita, con uno de Galache; Manuel Capetillo, con uno de Arturo Sánchez Cobaleda; José María Martorell, con uno de Alipio Pérez-Tabernero Sanchón; Jorge Medina, con uno de Leopoldo Lamamié de Clairac; Manuel Calero Calerito con uno del Conde de la Corte; Julio Aparicio, con uno de Marceliano Rodríguez; Anselmo Liceaga con uno de Juan Belmonte García, y Rafael Soria Lagartijo, con uno de Carlos Arruza.

El buen aficionado mexicano Manolo Castilla con el matador
de toros Juan Ortega en la calle de Carlos Arruza. Foto Cuevas
El Ayuntamiento de Córdoba dedicó a la memoria del torero mexicano Carlos Arruza una calle en el barrio de Santa Marina, situada entre la Plaza de la Lagunilla -donde Manolete de niño soñó con ser torero- y la Plaza Conde de Priego, donde se erige su monumento.

lunes, 1 de abril de 2019

EN DEFENSA DE LA TAUROMAQUIA

Por Antonio Luis Aguilera 

Conozco a Antonio Jesús Rodríguez Castilla desde que terminada su licenciatura en Derecho se integró como miembro de la Tertulia “Tercio de Quites” de Córdoba, con la que durante años compartió noches mágicas de charlas taurinas escuchando a los profesionales del toreo a la luz de la luna, viajes a ganaderías y otros actos de convivencia en torno al toro, su cultura y su gente. Actualmente Antonio es magistrado en ejercicio en Córdoba, y mantiene intacta la afición que cultivó y que tan hondo enraizó en él, como demuestra la buena faena que plantea en el libro del que es autor: “EN DEFENSA DE LA TAUROMAQUIA” (Editorial  Almuzara).

Se trata de una obra brillante, fundamentada y argumentada, donde se ligan los razonamientos con temple y mando para defender sin complejos la guerra que libra el mundo del toro, mientras exhorta a los aficionados a abandonar la pasividad, porque lo que se está librando es una guerra contra la libertad, la cultura y nuestras raíces. Por eso nos propone un posicionamiento sin complejos, un cambio de actitud para dar la cara por algo tan auténtico como son las corridas de toros, un acontecimiento más que un espectáculo, entendido como "espectáculo que significa una concepción del mundo", según el profesor don Enrique Tierno Galván. ¡Qué nostalgia en los tiempos que corren de politicos de cualquier signo con altura de miras: honestos, tolerantes, respetuosos, formados y educados! 

El libro que comentamos apela a valores esenciales como la libertad, el respeto, la tolerancia y la aceptación de las diferentes culturas del mundo, a defender un valor universal que ha existido en la historia de la humanidad en todas las civilizaciones: el culto al toro. Como explica el autor: “Desde los toros alados asirios, pasando por Apis y Serapis de las mitologías egipcia y griega, los juegos con los toros representados en los mosaicos de la Creta minoica, la lucha contra los toros en los coliseos de la Roma imperial, con Mitra, el dios romano que mata al toro, hasta los toros de Guisando, esculpidos sobre granito en las tierras abulenses, la lucha contra el toro es algo constante en nuestra civilización”.

Con prosa fácil y amena Antonio Jesús Rodríguez Castilla nos ofrece una obra bien estructurada, que desmonta con argumentos el animalismo humanista global, impulsado y favorecido por importantes grupos de presión económicos, los lobbys, que desde una falsedad inaceptable pretenden abolir las corridas para exterminar una raza única como es el toro de lidia. Magnífica la defensa del toreo que plantea este aficionado y magistrado cordobés, que por esta doble condición, a modo de capote de brega, nos ofrece una valiosa herramienta para pisar el ruedo de la vida con orgullo, voz y argumentos, pues todos debemos saber lo que nos jugamos ante los militantes del buenismo, y no  debemos tener reparos en defender los valores del toreo como esencia de vida, porque como concluye el último capítulo de esta obra: “¡Quejarse no sirve de nada!”.

martes, 26 de marzo de 2019

CARMELUCHI

Por Federico Arnás   

Federico Arnás, Antonio L. Aguilera, Paco Pérez, José Luis Cuevas y Carmen
 Acosta Carmeluchi sostienen un capote de Manolete. Foto José Luis Cuevas
El 24 de noviembre de 2014 tuve el gusto de acompañar al periodista taurino Federico Arnás por las calles de Córdoba, para buscar por sus íntimos y bellos rincones las huellas del pasado manoletista. Nunca habría podido imaginar lo que nos aguardaba en la taurina Taberna “La Sacristía”, donde su dueño, Paco Pérez, había concertado una cita con una mujer muy especial: Carmen Acosta, conocida por “Carmeluchi” entre la gente del castizo y torero barrio de Santa Marina. Lo que ocurrió aquella inolvidable mañana forma parte de nuestros recuerdos más hermosos, y fue redactado magistral y entrañablemente por el periodista madrileño en este artículo que con su autorización insertamos, el cual fue publicado poco después en la revista taurina “6 Toros 6”.

Tiene ochenta y tres años muy flamencos repartidos en un metro y medio de estatura, si es que llega. Tiene las canas cerca del suelo y el corazón cerca del cielo. Nada sabía de ella pero me bastó un ratito para comprender lo que han visto sus ojos, lo que ha sentido su alma. Todo empezó en un mañana de esas en las que Córdoba parece tener el monopolio de una primavera instalada en la recta final del otoño.
El matrimonio Arnás en un patio cordobés
Los sinceros amigos y mejores aficionados de una peña con solera como es “Tercio de Quites” habían tenido la gentileza de invitarme a compartir una noche de tertulia, ahí donde la palabra cercana permite la intimidad y la sincera expresión de los pensamientos confesables y no tan confesables. Me apetecía volver sobre los pasos de Manolete, entre otras cosas para quitarme el mal sabor de boca de la visita el día anterior a un Museo Taurino que recordaba cargado de historia y leyendas en la casa que fue de Góngora. Tras diez años con las puertas cerradas el Ayuntamiento entregó el proyecto de renovación a una empresa catalana que debe saber tanto de toros como Manuel Benítez de sardanas. Me contaron que han sido tantas las quejas que hay planteada una revisión profunda en unos espacios donde lo superficial genera indiferencia mientras algunos de sus fondos maravillosos no pasan de una fría pantalla táctil. Un museo que podrá ser curioso para los neófitos y güiris pero que decepciona al que busca la profunda historia cordobesa del toreo. Y ambas concepciones podrían convivir de hacer un planteamiento menos hueco y liviano. Allí, en una simple sala se concentra a los cinco califas. Si a “el Guerra” se le ocurriera hablar la que les iba a liar a los promotores de semejante simpleza. Horas después la boca iba a cambiar de sabor porque esa mañana Córdoba era muy Córdoba y a ese sol limpio sólo le faltaban las flores en sus patios para imaginarnos que estábamos en plenas cruces de Mayo. Esos pasos de Manolete nos llevaron hasta su panteón antes de pararnos frente a los de Lagartijo, el de las flores blancas de Guerrita, el de Machaquito, asomarnos a los nombres de la dinastía Camará y del genial “El Pipo”. La figura de  Manolete impone allí donde te asomes a su imagen ya sea en piedra, bronce o mármol. Ese mausoleo, situado en el corazón del cementerio de La Salud cuya espalda guarda el maravilloso poema de Rafael Duyos, es visitado por Morante cada vez que torea en Córdoba. Silencio.
A la izquierda, Carmeluchi, fotografiada con el grupo de amigos que posa 
entre fundones, capotes y muletas de Manolete. Foto José Luis Cuevas.
Seguir las huellas de Manolete por Córdoba suponen asomarse a las páginas amarillentas de una guía que nos transporta a un tiempo que sigue impregnando la esencia de una ciudad escrita en verso. No sé que pasa aquí que siendo tantos los rincones toreros con los que te tropiezas luego, a la hora de los toros, las empresas se las ven y desean para meter gente en los tendidos del coso de Los Califas. La ciudad te dice una cosa y su plaza otra. Manolete en la plaza del Conde de Priego, frente a Santa Marina, y Manuel Rodríguez en la de La Lagunilla. Los amigos Rafael Alonso, Antonio Aguilera, motores de la peña, junto al generoso José Luis Cuevas con su inseparable cámara, me habían anunciado una sorpresa ignorando que a ellos también les aguardaba otra.
 Traje de la penúltima tarde en Santander
en la Hermandad del Señor Resucitado.
En la Casa de la Hermandad del Señor Resucitado, espacio de paredes envueltas en los olores y colores de la Semana Santa, estaba recogido desde hace un mes el vestido que llevó Manolete la última tarde que salió por su propio pie de la plaza después de que Rovira le brindara la faena del sexto. Fue en Santander, el 26 de agosto, antes de ponerse en ruta con dirección a Linares, con destino a “Islero”. Parte del oro lo había matado el tiempo y lo que pudo ser seda blanca se había tornado en un tono vainilla, pero ese vestido traspiraba a su vez frescura, tal vez porque se lo enfundo aún lleno de vida, de una vida que para entonces no le llenaba. ¡Pero ahora veréis! Nos lo dijo Paco Pérez, componente de la Tertulia Santa Marina. Justo enfrente podía leerse “Taberna La Sacristía”. Y allí estaba la mujer con las canas cerca del suelo y el corazón pegado al cielo. Carmen, aunque todos la conocen como “Carmeluchi”. Su abuela sirvió en casa de Manolete padre, su madre vio nacer a Manuel y Manuel la vio nacer a ella. Durante dieciséis años le conoció y le sirvió como luego haría con Doña Angustias. Una dinastía al servicio de los Manolete. Alguien la había dicho que el señor de la tele, el de Tendido Cero, ese programa que nunca se pierde, iba a estar en Córdoba. Entonces cogió las llaves de una casa de Manuel y le pidió al amigo Paco que la ayudara a sacar unas “cosillas” que quería mostrarme. Las cosillas eran el fundón con las
Fundones de las espadas de Manolete, padre e hijo, así como
capotes -uno de seda sin estrenar- y muletas del Monstruo. 
espadas de Manolete padre, “Sagañón”, y el fundón con los estoques y descabello de Manolete. Pero había más: un capote usado y mordido por “el monstruo”, otro, de seda ligera, que nunca llegó a estrenar, y una muleta con rastros de sangre. Posiblemente teníamos en nuestras manos el capote, la muleta y el estoque con el que Manolete toreo y entró a matar al Miura que le cerró los ojos. Me temblaba el pulso; no era el único, la emoción envolvía al reducido grupo que estábamos en el coqueto rincón de “La Sacristía”. Y en medio de tantas sensaciones “Carmeluchi” empezó a contar historias de uno de los pilares de la tauromaquia. De ese niño tímido que escondidas se llevaba trapos y palos con los que montaba trebejos de juguete para ponerse a torear cuando nadie le veía. Hasta que un día la madre de “Carmeluchi” miró por una cerradura al cuarto de los secretos. Allí daba unos pases con la muletilla improvisada, “muuu planssa”, ese niño con perfiles de esqueleto y piernas alargadas. Entonces se dirigió a doña Angustias y le dijo: “señora, su hijo va a ser un torero muy grande”. Por vivir momentos de tan compleja descripción como estos que ahora quiero compartir con el lector vale la pena seguir luchando por el toreo como esencia de vida. Porque sólo en este mundo se pueden encontrar personas tan generosas, tan apasionadas, tan auténticas. “Carmeluchi” es una simple aficionada que no una aficionada simple. Te cuenta el toreo con las manos para que tú lo escribas con las tuyas. Sin decírmelo capte el mensaje y eso es lo que he hecho porque la mujer que estaba cerca del suelo nos acercó al cielo, nos permitió tocar a Manolete.

Carmen Acosta lee "Carmeluchi"


En esta foto obtenida por Paco Pérez se contempla a Carmeluchi con un ejemplar de la revista "6 Toros 6", leyendo el emocionante texto que le dedicó Federico Arnás. 
El 24 de septiembre de 2015, contando ochenta y cuatro años de edad, tras presenciar el desfile procesional por las calles del barrio de las imágenes de Nuestro Padre Jesús Caído y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad -la hermandad de los toreros a la que pertenecía-, fallecía para llenar el cielo de gracia y alegría. 

domingo, 17 de marzo de 2019

HACER AFICIÓN

Por Luis Miguel López Rojas
Juan Ortega. Foto José Luis Cuevas
Quisiera agradecer públicamente a Juan Ortega, Antonio Luis Aguilera y al Círculo Taurino Juan Ortega,  haberme invitado para ser partícipe de un día tan bonito como el que vivimos el pasado sábado 9 de marzo, en La Carlota (Córdoba).
Es muy importante que los toreros acerquen el toreo a los aficionados o a gentes que puedan llegar a serlo en el futuro. Eso es lo que hizo Juan Ortega. Ese es el mejor resumen de esta jornada. Aderezado con una serie de ingredientes que hicieron del día, una experiencia inolvidable.
Disfrutar del sabor del toreo bueno en la lidia de un utrero y un cuatreño en la intimidad de una coqueta plaza de tientas. Paladear cada detalle, cada gesto de torería…, ese silencio respetuoso y expectante, solamente roto por esos olés que brotan de lo más profundo del corazón de los aficionados…
Antonio L. Aguilera, Luis M. López y Manolo Chicuelo
Solo por vivir esos momentos ya había merecido la pena el viaje desde Toledo. Pero además, la posterior comida donde el torero se entremezcló con los allí presentes. Un grupo de personas donde no importa su procedencia, edad, sexo, condición.  Sólo la pasión que compartimos,  el toreo. Magnífica oportunidad para conocer a grandes aficionados. Tertulia que enriquece nuestra cultura taurina y de la que surgen amistades para toda la vida. Así conocí a José Morente, al propio Antonio Luis Aguilera. ¡Qué grande es el toreo!
Y como guinda final, el doble acto de homenaje a Chicuelo. Y digo doble, por la magnífica exposición fotográfica sobre el gran Manuel Jiménez Chicuelo, injustamente tratado por los que han escrito y nos han contado la historia del toreo. Apenas existen filmaciones y las fotos, salvo contadas excepciones como las del toro Corchaíto, desconocidas. Lo mejor, es que había sido el propio torero Juan Ortega, el artífice. Eso denota que antes que torero, es AFICIONADO. Esa naturalidad, ese empaque que refleja el papel fotográfico es simplemente la base del toreo actual. Es el toreo actual. Espero que Sevilla, su ciudad,  tome nota como decía Juncal y le rinda el homenaje que merece en fecha tan señalada.
Exposición fotográfica de Manuel Jiménez Chicuelo. Foto Cuevas
Grandiosa la conferencia posterior conducida por Antonio Luis Aguilera sobre la figura del torero de la Alameda, en el centenario de su alternativa. Magistral su introducción para desgranar la verdadera importancia que ha tenido Chicuelo como arquitecto del toreo moderno.  Esa línea Lagartijo, Guerrita, Gallito, el gran Joselito El Gallo, por siempre Rey de los toreros y fuente de la que bebe directamente Chicuelo. Y Chicuelo, como referente de Manuel Rodríguez Sánchez Manolete. De alternativa y lo más importante, de concepto. El toreo cristaliza y desde ese momento ya nada será igual. Se impone la faena moderna. Se impone la línea del toreo natural, la del toreo ligado en redondo. Pases enlazados como en la poesía  los versos en estrofas, para dar forma al poema de la faena. Esa línea que nos explica el gran Pepe Alameda, que así firmaba Carlos Fernández y López-Valdemoro (Pepe por Joselito y Alameda, por la Alameda de Hércules, como nos descubrió Antonio Luis). Esa línea que ningunean, muchos de los que se consideran grandes críticos de la historia de la tauromaquia, Corrochano, Vidal, Navalón… Esa línea sin la que no se entiende el toreo de nuestro tiempo, y que motiva en muchas ocasiones la incomprensión de lo que acontece en el ruedo. 
Sin entender a Manolete (culmen de esa línea), no se puede entender el  toreo de hoy. Y es que cada tarde, en cada faena, resucita Manolete, y con él,  Chicuelo. Y Gallito, Guerrita y Lagartijo...
Alternativa de Manuel Jiménez Chicuelo. Sevilla, 28-9-1919
De esta forma y una vez aclarada la importancia de Chicuelo en la historia, Antonio Luis puso en suerte la conferencia para que su nieto, Manuel Jiménez Amador, nos contara de primera mano, la vida de su abuelo a través del contacto directo y del de su padre, Rafaelito Chicuelo. ¡Qué maravilla, qué privilegio poder escucharlo! Ser testigos de su historia. Es tocar el mito con las manos. Gracias, Manuel.
Antonio L. Aguilera, Manolo Chicuelo y Pepe Luis Vargas. Foto Cuevas
Preciosa la intervención de Pepe Luis Vargas, como nos contó sus vivencias con los grandes del toreo, lo que le contaron de Chicuelo. Como le enseñó a coger la muleta el gran Pepín Martín Vázquez, Antonio Gallardo el capote con un mantón de Manila… Las fuentes donde bebió, Los Vázquez, Pepe Luis y Manolo, Rafael Torres, Antonio Ordóñez, Manolo Cortés… y que como apoderado de Juan Ortega, su gran objetivo es servir de mero transmisor de ese grandioso legado. ¡Qué bonito y qué importante es recuperar la figura de apoderado independiente! ¡Fundamental para el torero el crecimiento en lo espiritual, beber de esos manantiales tan puros! El resto, si se tienen condiciones como las que atesora Juan, más pronto que tarde, llegará. Todo llegará.
Juan Ortega recibe de Juan Arrazola y Macarena Ortega el traje de luces. Foto Cuevas
Finalizó el acto con la entrega por parte del Círculo Taurino Juan Ortega de un torero traje, verde y azabache, de corte muy gallista y la presentación de la temporada, a cargo del  propio matador, que remató con un “Vivir sin torear, no es vivir” de tintes tomasistas.
Madrid, 21-4-2019
Todos deseamos que tenga mucha suerte el domingo de Resurrección en Madrid, y que ese toreo tan bueno, cristalice en un triunfo que pueda catapultar su carrera a figura del toreo.
Por último y a modo de cierre, Juan Ortega, humildemente solo le pido una cosa. Cuando sea figura, siga  siendo aficionado antes que torero. Siga haciendo actos como estos para fomentar la afición. Esos que brillan por su ausencia por parte de las grandes figuras actuales. Que ayuden a conocer a los más grandes como Chicuelo.  Que transmita ese legado que ahora recibe de Pepe Luis Vargas. Esa semilla que siembra hoy, puede servir para que en un futuro, un loco como yo, se decida ir un 15 de agosto a un Madrid desierto, con más de cuarenta grados a la sombra, para sentarse en una piedra del coliseo venteño con la esperanza de encontrar un torero tan puro como usted. Y tener sensaciones para recordar en otoño, invierno, primavera, verano…, y toda la vida. https://plazadelalagunilla.blogspot.com/2018/08/carta-abierta-juan-ortega_29.html

Tener muchos aficionados es la única esperanza para que el toreo viva para siempre…
                                                ¡¡¡¡GRACIAS Y SUERTE, TORERO!!!

lunes, 11 de marzo de 2019

ACTIVIDADES DEL CÍRCULO TAURINO "JUAN ORTEGA"

Por Antonio Luis Aguilera

Magnífico muletazo del torero de Triana
El sábado 9 de marzo, el matador de toros Juan Ortega lidió a puerta cerrada dos ejemplares de la ganadería de Román Sorando en la plaza de “El Pilar”, en La Carlota, donde se congregaron unos doscientos aficionados, la mayoría desplazados desde Checa (Guadalajara), pero también desde México, Zaragoza, Toledo, Madrid, Jaén, Sevilla, Málaga y Córdoba.
En una mañana primaveral, el espada sevillano mostró el toreo clásico que atesora, especialmente aprovechando las posibilidades del utrero corrido en primer lugar, donde pudo expresar el acento y temple de su toreo de capote, y ligar unas series de naturales de una despaciosidad, belleza y ritmo que hicieron las delicias de los aficionados; a este ejemplar lo mató de una estocada en todo lo alto, haciendo la suerte con pureza, de la que salió rodado sin puntilla.
Por abajo con torería y firmeza
Con el cuatreño corrido en segundo lugar, precioso de hechuras y que mostró gran clase al tomar el capote pero acabó rajándose pronto, el torero nacido en Triana estuvo con torería, mostrando su capacidad lidiadora, y lo despenó de media en lo alto de la que salió muerto.
Juan Ortega con unos amigos  
A continuación fue servido un magnífico almuerzo donde se habló de toros y se disfrutó de un día de convivencia entre los amigos que siguen al torero desde diversos puntos del país.

Exposición fotográfica sobre Chicuelo 
Tras la sobremesa se inauguró una exposición fotográfica homenaje al matador de toros Manuel Jiménez Moreno “Chicuelo”, con motivo de celebrarse este año el 28 de septiembre el centenario de su alternativa en Sevilla. Los concurrentes quedaron sorprendidos por las instantáneas de un toreo actual, lleno de arte y belleza, el expresado por el espada nacido en la calle Betis, verdadero creador de la ligazón de la faena moderna, donde adquiere primacía el eslabonamiento de los pases en redondo.

Juan Arrazola y Macarena Ortega entregan al torero un traje de luces
Juan Arrazola, en representación de los miembros del Círculo Taurino llegados desde Checa (Guadalajara), realizó una emotiva semblanza sobre el traje de luces de los toreros, preámbulo a la entrega del precioso terno verde y azabache que regalaron a Juan Ortega, que emocionado mostró su gratitud a los amigos de su club.
Seguidamente se celebró un coloquio sobre la figura de Manuel Jiménez “Chicuelo”, donde intervinieron el nieto del torero, Manuel Jiménez Amador “Chicuelo”, que fue novillero con picadores, el matador de toros Pepe Luis Vargas, y Antonio Luis Aguilera, comentarista taurino, donde se defendió el lugar histórico que ningunearon al genial orfebre sevillano algunos de los que escribieron la historia, y se reivindicó su excelsa figura como el espejo donde se miraron todos los toreros artistas de la ciudad de la Giralda. 
Manolo Chicuelo, Pepe Luis Vargas y Antonio Aguilera
Finalizó la jornada con el anuncio de Juan Ortega de las corridas que de momento tiene hechas para la temporada, donde actuará, entre otras por confirmar, en plazas como Madrid, Texcoco y Puebla en México, y La Brède en Francia.


Asistentes a la ruta ante el monumento de Manolete
El domingo día 10, organizado por el Club del torero, un grupo de setenta personas realizó una ruta manoletista, que comenzó en la Torre de la Malmuerta, próxima al lugar donde estuvo el antiguo Matadero de Córdoba, para recibir explicaciones de lo que significó el barrio de los toreros. Seguidamente se visitaron la iglesia de san Cayetano -donde estaban expuestas las imágenes de Jesús Caído y Nuestra Señora de la Soledad-, plaza de la Lagunilla, plaza del Conde de Priego, plaza de Capuchinos, calle Torres Cabrera, plaza Vaca de Alfaro, calle Góngora, Ronda de los Tejares, avenida de Cervantes y terminar en el camposanto de Nuestra Señora de la Salud, donde se rindió un homenaje poético a Manolete y se rezó una oración por su eterno descanso. 
Concluyó el domingo con un almuerzo degustando las exquisitas tapas y el rabo de toro de la taurina Taberna “San Cristóbal”, cerca de la plaza de toros, desde donde el grupo emprendió viaje de regreso a sus puntos de origen tras un intenso fin de semana taurino en Córdoba con Juan Ortega, y emplazándose a reencontrarse en Madrid el domingo de resurrección, donde está anunciado el espada en un cartel del agrado de la afición madrileña. 

Reportaje fotográfico de José Luis Cuevas


martes, 5 de marzo de 2019

UNA DE PIRATAS

Por Antonio Luis Aguilera

Todos los piratas tienen
un lorito que habla en francés,
al que relatan el glosario
de una historia que no es
la que cuentan del corsario.
Ni tampoco lo contrario.
                           J.M. Serrat


Desde que los aficionados a los toros –espécimen en peligro de extinción- dejaron de exigir a los espadas considerados figuras del toreo, estos relajaron su compromiso con los espectadores, con su dignidad profesional y con su propia vocación. Puede tener su lógica, porque a todo el mundo le gusta ejercer su profesión de la mejor forma posible, resolviendo las dificultades propias y evitando compromisos añadidos que exijan más esfuerzos de los habituales. Y los toreros no iban a ser menos, máxime en una profesión donde cada tarde y en cada plaza, con cualquier tipo de toro, se arriesga no solo la integridad física, sino la propia vida.

Dicho esto, resulta abismal la diferencia entre las figuras del toreo de otros capítulos no muy lejanos de la historia y los de la actualidad. Los de épocas no tan pretéritas se anunciaban en las ferias importantes con las ganaderías duras y con las maduras, con las corridas apetecibles, con las que lo eran menos, y con las que, sin ser agradables, se consideraban indispensables para reivindicar en el ruedo la graduación adquirida de primer espada sin que nadie osara a cuestionarla. Vamos, lo que se dice para poner las cosas en orden, o más claro aún, para poner a cada uno en su sitio. 

Pepe Luis Vázquez con un miura en la feria de Sevilla de 1945. Foto Luis Arenas
Claro que entonces había un público más apasionado y entendido que el actual, que obligaba a las figuras no solo a matar los toros por arriba o de lo contrario se esfumaba el triunfo, sino a realizar una serie de compromisos a modo de “ITV”, para verificar cada temporada su condición –la palabra “gesta” aún no se conocía en la jerga taurina–; también había una crítica que no tenía más remedio que hacerse eco de las exigencias del “respetable” –alguna con sobrecogedores equilibrios; y por supuesto, existían unos empresarios que buscaban ofrecer carteles atractivos para llenar las plazas con los aficionados que fielmente se “retrataban” en las taquillas y mantenían el espectáculo.

Hoy todo es distinto. Nadie exige nada a los espadas considerados figuras del toreo para que, al menos de vez en cuando, tengan el detalle de anunciarse con algún hierro menos apetecible. Nadie les rechista que lleven lustros e incluso decenios  –es curioso el tiempo que ahora permanecen en activo las figurasmatando camadas completas de los mismos hierros, sus divisas favoritas, y que se crean en el derecho de que por su estatus no tienen nada que demostrar, ni necesidad de pasar un mal trago en las ferias o plazas determinantes, lo que puede resultar comprensible humanamente pero nunca profesionalmente. No cabe la menor duda de que esto ocurre porque actualmente no hay una sola figura que por sí misma llene las plazas, que fue el signo que siempre distinguió a los que de verdad mandaron en el toreo, poniendo orden en el escalafón y en los honorarios. Hoy tienen que agruparse para anunciarse juntos en los días grandes de cada feria o del santo local, en fin de semana y con un encierro “de garantía”. ¿Habla alguno de desafíos en Madrid o Sevilla con una divisa de las que se salen del guion previsto?

Y como el público tampoco es igual que el de antes, entiende poco y molesta menos, les da lo mismo, porque bajo el paraguas de las empresas de “multiusos taurinos”, que lo mismo administran plazas que toreros y ganaderías, procurando conciliar la vida laboral de sus trabajadores sin molestar a los socios comisionistas, por aquello de hoy por ti y mañana por mi, tienen las temporadas hechas. Además, tampoco los comentaristas taurinos se meten mucho ni poco en el asunto –los críticos de hoy se cuentan con una mano y sobran dedos–, no se les ocurre exigir y procuran hablar de las ferias tirando de optimismo con adjetivos como “auténtico lujo" o "verdadera categoría”, es decir, sin molestar, mirando hacia otro lado para preservar los ingresos de publicidad que generan toreros y empresas en las revistas o portales de internet especializados. O sea, callando.

Manolete con el miura Perfecto. Barcelona 1944. Foto Mateo
Desde los años cincuenta y parte de los sesenta del siglo pasado, contadas han sido las figuras del toreo que han matado las corridas menos agradables en las ferias que marcan el rumbo de la temporada; también, las ocasiones en que lo han hecho. Así que lo que antes era algo habitual entre los primeros espadas, que las mataban sin aspavientos ni sonido de trompetas, por dignidad vocacional y porque les preocupaba el reconocimiento profesional, ahora no solo es historia, sino que produce sonrojo ver como algunos se arrogan el reconocimiento de figuras anunciándose en las ferias solo con aquellas divisas que, sin dejar de entrañar el riesgo que siempre tiene un toro, permiten sumar festejos con más facilidad, esquivando cualquier gesto de mayor compromiso e incluso amenazando con no acudir de no ser anunciado con la corrida pretendida.

Así está el panorama taurino. Y no tiene signos de cambiar mientras los comisionistas que mueven los hilos del negocio impongan sus normas. La situación del toreo produce vértigo, algunos espadas del grueso del escalafón no cubren gastos mientras los que manejan el botín llevan años amasando fortunas con comisiones de toreros, ganaderías e intercambio de favores con otros comisionistas, potenciado un circuito cerrado y controlado de contrataciones que asfixia el toreo. De esta forma, imponiendo en los carteles a sus  administrados tengan méritos o no, gusten al público o no, aburran o desesperen a la afición con actuaciones sin interés, repetitivas y previsibles, las ferias se reproducen cada año con más de lo mismo, cerrándose el paso a toreros emergentes con cualidades para renovar el escalafón, a los que se niega la entrada natural en la programación que siempre tuvieron los espadas nuevos que atesoraban condiciones. 

Negro se atisba el horizonte del toreo bajo el control de los comisionistas, los mismos que sirven de paraguas para varios de los espadas considerados figuras, que prefieren navegar de forma mediocre en aguas estancadas, renunciando a la batalla por la independencia que siempre blandieron las auténticas figuras del toreo, en los ruedos y con cualquier tipo de corridas, para defender gallardamente su condición. Mientras el toreo siga siendo administrado por los comisionistas que imponen el intercambio permanente de toreros, ganaderías y compromisos para otras plazas, la Fiesta barbeará tablas herida de un miserable golletazo, a punto echarse y recibir el cachete de gracia que  ya han administrado a ganaderías históricas, a las que ignoraron y hundieron en este bucle destructivo impuesto por los cobradores de porcentajes, a los que no les importa mucho ni poco la independencia de los estamentos profesionales, ni el futuro del toreo, que está en las novilladas picadas que no se organizan, y en los toreros emergentes que deben refrescar un escalafón obsoleto, repleto de toreros caducos y vistos, cuyos gestos con la profesión se limitan a imponer sus estúpidos caprichos.  

Terminamos con otros versos de la canción “Una de piratas” de Juan Manuel Serrat, y dejándoles el enlace para quienes quieran escucharla completa. 
¡A saber por qué la habremos rememorado al redactar esta opinión! 
Todos los piratas tienen
atropellos que aclarar,
deudas pendientes y asuntos
de los que mejor no hablar.
Se beben la vida de un trago
Y se ríen con descaro.