viernes, 13 de noviembre de 2020

CHICUELO-MANOLETE; MANOLETE-EL CORDOBÉS: ESTILO Y CONCEPTO.

Por Luis Miguel López Rojas

La sombra de Manolete sigue viva en toreo. Y si miramos bien, las de Chicuelo y Joselito.
Solo hay que seguir el hilo conductor de una historia apasionanteFoto: Ernesto Castillejo.

Una de las grandes dificultades que encontramos en cualquier ámbito de la vida, y en especial de las ciencias cuando tratamos de analizar algo, es separar lo superficial o el envoltorio, de lo realmente importante. En muchas de las ocasiones, se encuentra oculto y nos da las verdaderas claves del entendimiento. En la ciencia del toreo, la tauromaquia, no podía ser menos. 

Para explicar la evolución del toreo a través del estudio de los grandes toreros de su historia, en la mayoría de las ocasiones nos hemos basado en el estilo, envoltorio superficial donde juegan un papel determinante la estética y la personalidad del torero, en lugar del concepto, lo verdaderamente importante, donde se cimientan los pilares de su toreo.

Manuel Jiménez Chicuelo. Natural al toro Corchaíto (Graciliano Pérez Tabernero).
La faena que cambió el toreo. Madrid, 24 de mayo de 1928. Foto familia de Chicuelo.

Tratar de encontrar nexos de unión entre toreros tan diferentes como Chicuelo y Manolete, o Manolete y el Cordobés, basándonos en su estilo, resulta realmente difícil. Imposible diría yo. Nada tienen que ver la estética y personalidad de Manuel Jiménez Chicuelo, con la de Manuel Rodríguez Manolete, y todavía mucho menos, la de este con Manuel Benítez El Cordobés. Pero si quitamos ese envoltorio que es el estilo y lo analizamos desde el punto de vista del concepto, la cosa cambia. Pero no seré yo el que lo diga, sino los propios toreros. Dejemos que hablen.

Me resultan realmente interesantes las entrevistas publicadas a toreros o los libros de entrevistas, porque en determinadas ocasiones se sinceran o “se abren” al entrevistador, para ofrecer verdaderos descubrimientos que los analistas del toreo de todas las épocas dejaron pasar por alto.

Manolete consagra definitivamente el toreo moderno: el ligado en redondo.
 Natural al toro Perfecto (Miura). Barcelona, 2 de julio de 1944. Foto Mateo.

Para determinar la influencia de Chicuelo y Manolete, conviene leer completa la magnífica entrada escrita y publicada en este blog por Antonio Aguilera el pasado 2 de julio de 2020. “Chicuelo y Manolete: La línea gallista del toreo”. (https://plazadelalagunilla.blogspot.com/2020/07/chicuelo-y-manolete-la-linea-gallista.html). No obstante, cito aquí lo que me más interesa: “José Alameda tuvo oportunidad de comentarlo con el mismo Manolete y levantó acta en su obra «Los arquitectos del toreo moderno» (Ediciones Bellaterra, 2010), donde escribió: 

«… hemos visto que la aportación técnica de Manolete, su forma de obligar, tuvo una significación no sólo porque acortaba una distancia, sino porque lo hacía en rectitud. Esto no hubiera sido posible si Manolete hubiera estado en la línea de Belmonte, ya que, tal y como Belmonte entendía y practicaba el toreo, su cite oblicuo, su provocación en cruce, estaba cargado de razón.

El hecho es que Manolete procedía de la misma línea que Chicuelo. Esta afirmación sin duda parecerá sorprendente a muchos. Pero yo no digo que sea una opinión mía, me pongo categórico y sostengo que es una realidad, por eso he empezado diciendo «el hecho es». Y tan lo es que el primero en saberlo era el propio Manolete.

Corría el mes de febrero de 1946, cuando tuve ocasión de hablar con Manolete sobre este tema. Nos encontrábamos en el Hotel Reforma, de la ciudad de México, charlando mientras él terminaba de vestirse para acudir a una cita. Estaba en mangas de camisa, anudándose la corbata y, al oírme decir que yo encontraba mucha similitud entre su forma de torear y la de Chicuelo, volvió hacia mí sus ojos que revelaban una complacida sorpresa:

—Así es —dijo sin titubear—, la gente no suele verlo, porque la gente no se fija en esas cosas, pero ese es mi toreo. Yo creo que el torero debe mantenerse lo más posible en su centro, en la línea. Y, en eso el mejor que yo he visto ha sido Chicuelo».

Lo dice Manolete, dicho queda y escrito está.  

En las antípodas de estilo se encuentran la majestuosidad, sobriedad, incluso esa imagen de  halo de tristeza de Manolete, y la personalidad excéntrica, alegre y arrolladora, de ManuelHuracán Benítez”. Fue catalogado por los puristas de la época como toreo bufo, despreciando la grandiosidad que escondía su toreo fuera de esos gestos.

El pase natural más ortodoxo en la muleta de un hetedoroxo.
Estilo y concepto. El CordobésBancalero (Carlos Núñez).
Benítez corta el rabo en Sevilla, 20 de abril de 1964. Foto Arjona

Pero dejemos que nos lo aclare el propio Cordobés. En dos libros escritos por François Zumbiehl, “El torero y su sombra” (núm. 9, Colección La Tauromaquia de Espasa Calpe, 1987) y “La voz del toreo” (Alianza Editorial, 2002), se recoge la misma entrevista a Manuel Benítez. De este último, extraigo las siguientes frases: 

—“A Rafael Sánchez El Pipo le debo mucho… Los consejos suyos eran muy buenos, me valieron bastante. Me hablaba constantemente de Manolete, porque fue uno de sus grandes seguidores, y de alguna manera me metió su toreo en la cabeza” (página 153). 

“El hecho de ser cordobés no tiene nada que ver con Manolete. Cuando era pequeñito oía hablar de él. Para mí era un dios en el toreo cuando quería andar por esos caminos.

… Abriendo el compás ya traes al toro toreado; nunca puede ver el cuerpo. Lo difícil es aguantar con la muleta a la altura del cuerpo. De la otra forma, llevas al toro. Lo difícil no es torear al toro, es tocarlo; es dejar la mano muerta en un punto, en línea con el cuerpo, tocarlo, sacarlo del cuerpo y llevarlo allí. Es el medio pase. Abriendo la pierna y adelantando la muleta, ganas dos metros, y esto lo hace cualquiera. Pero lo otro, ¡amigo!, es muy difícil. Y también lo hacía Manolete. Ese toque era Manolete; y ganarle un pase al toro, no perdérselo” (página 155).

Lo dice el Cordobés, dicho queda y escrito está.  

Joselito en Valencia. Él fue el 
primer eslabón. Foto Martín Vidal

Por tanto, si quitamos el envoltorio tan diferente del estilo de estos toreros, y nos basamos en el concepto, podemos trazar una línea clara y precisa que une a Chicuelo y Manolete; Manolete y el Cordobés. El hilo del toreo. 

Y si queremos tirar un poco más de esa madeja, tal y como reconoce el Cordobés, fue su apoderado, El Pipo, el que le metió a Manolete en la cabeza. Como a Manolete, tantas veces le habló Camará de José Gómez Gallito. Y no había fuente más cristalina de la que beber, que aquella que manaba del mismo corazón de la Alameda de Hércules y de Chicuelo. Para llegar, como no podía de ser otra forma a Joselito, rey de los toreros. 

Gallito-Chicuelo-Manolete-El Cordobés. Estilos diferentes. Un mismo concepto. El toreo ligado en redondo.

 

sábado, 7 de noviembre de 2020

JUAN ORTEGA: NATURALIDAD, CLASICISMO Y SENTIDO DE LA MEDIDA

Por Antonio Luis Aguilera

Lance de manos bajas meciendo la verónica de Juan Ortega.
Foto Joaquín González Arjona. Revista Aplausos.

Hace tiempo que algunos matadores olvidaron algo importantísimo en el toreo: el sentido de la medida. Como consecuencia, las plazas fueron tomadas por largometrajes de series sin estructura, avisadas con sonoros recados del palco. Lamentablemente, las ferias están cortadas por ese mismo patrón de faenas tediosas, desilvanadas, sin interés ni calado artístico, y lo que es peor: previsibles. Como los carteles los hacen los comisionistas, que cambian sus toreros según los intereses creados, como el título de la obra teatral de don Jacinto Benavente, puede asegurarse que según los actuantes el aficionado sabe cómo iniciará cada espada el planteamiento de faena, que en muchos casos no será atendiendo a la lidia que precisa el toro, sino buscando la inmediatez en la respuesta del público, recurriendo para ello a prólogos de pólvora, tracas y fuegos de artificio. 

Clásico toreo por bajo para abrir faena de Juan Ortega
Foto Joaquín González Arjona. Revista Aplausos.

Este tipo de repertorios, que podrían clasificarse como los del más difícil todavía, comienzan con uno o varios pases cambiados en los medios y suelen cerrarse con más cambios, estos con inciertos cites pendulares propios de prestidigitador, por aquello de la enseño por aquí pero cito por allí, para interpretar un popurrí de manoletinas, arruzinas o giraldillas, que por quiebros y juegos de brazos angustian a los tendidos, que cuando aquello termina se manifiestan con un ¡uy…! o un ¡vaya tela...! Por el contrario, en el toreo clásico, respetando la lidia que pide cada toro, el respetable suele manifestarse con ese biennn sostenido y contagioso que precede al ole rotundo y seco, exclamación que libera su emoción ante la elegancia y la naturalidad. 

La naturalidad y aplomo de Juan Ortega en el toreo en redondo. 
Foto: Joaquín González Arjona. Revista Aplausos.

Con el respeto que profesamos a todos los toreros, porque todos se juegan la vida y no existe suerte sin riesgo físico, y aceptando como algo natural que existan varios estilos que aseguran la variedad del toreo, observamos una inclinación hacia suertes cada vez más difíciles y arriesgadas. Lo que antes era más propio del circo –cuyas funciones también se celebraban en las ferias, como las corridas de toros–, donde en las llamativas y luminosas carpas, junto a malabaristas, domadores, trapecistas o payasos, para atraer la curiosidad de los espectadores se incluían otros artistas de complicada clasificación, que eran anunciados por megafonías ensordecedoras con las frases: pasen y vean..., lo más difícil, lo nunca visto..., contemplen algo sobrenatural y estremecedor...  En las funciones circenses siempre hubo actuaciones que se salían de lo normal, artistas que anunciados con redoble de tambor accedían a la pista para sobrecoger al público, como el famoso Hombre Bala –que salía disparado de un cañón a modo de proyectil–, o la no menos célebre Sansona del siglo XX –una robusta señora que hacia gala de una fuerza descomunal–.

Colocación, suavidad y buen trazo del natural de Juan Ortega
Foto Joaquín González Arjona. Revista Aplausos

Por otra parte, independientemente de la inclinación artística de cada torero, lo que resulta alarmante y debe solucionarse son las faenas interminables, esos trasteos faltos de métrica, ritmo y sentido de la medida, que buscando machaconamente el calor que no llega de un público aburrido, se alargan toro tras toro hasta que la tarde da paso a la noche, y la corrida pasa de las dos horas aproximadas que debe durar a cerca de tres. Entendemos que el toreo es otra cosa completamente distinta. Una faena bien planteada no tiene más de veinte o veinticinco pases sin violencia, bien rematados y culminados con una estocada entrando derecho y atacando arriba. Con ese toreo la gente no mira cansada los relojes como hace ahora ante ese batiburrillo de pases y toques más bruscos que los golpes de un martillo pilón.

Juan Ortega atacando derecho y arriba sin volver la cara 
Foto Carmen Moya. Revista Aplausos.

El toreo de verdad nace del sentimiento del torero. Y el sentimiento se manifiesta con buenos modales en el trato y respeto al animal, con la forma de estar, andar y dejarse ver en el ruedo, con la colocación correcta, ofreciendo despacito y con suavidad la bamba de la muleta para enganchar, templar, llevar, mandar, rematar por abajo vaciando atrás, y quedar colocado para ligar la suerte. Si además el torero está bendecido con la gracia de la clase o del arte, no hace falta más para dejar grabados en la mente del aficionado esos veinte o veinticinco muletazos, que lo dejarán ronco de gritar olés, y luego tratará de explicar toreando en la calle. 
Ahí está, verbigracia, Juan Ortega, el torero revelación de esta dolorosa temporada, con sus actuaciones en las plazas de Linares, Córdoba y Jaén, que gracias a Canal Toros Televisión ha visto todo el orbe taurino, para reivindicar la calidad, clasicismo y pureza de un torero al que el sistema tenía escondido y cuya epifanía lo convierte en el espada más esperado en las ferias del próximo año. El toreo bueno de verdad no deja indiferente a nadie.

P.D. Bienaventurados los empresarios modestos que valientemente han organizado este año corridas de toros mientras los importantes han estado escondidos.  
Por cierto, ¿cuándo pedirán disculpas los miembros de ANOET al empresario José María Garzón, a quien acusaron de "causar un importante daño a la imagen de la Fiesta" por la corrida celebrada el 6 de agosto en la plaza de El Puerto de Santa María, acusación desmontada por el atestado de la Policía Autonómica de Andalucía, que certifica que el empresario cumplió todas las normas sanitarias establecidas por la Junta?


           Movistar Canal Toros. Juan Ortega: Jaén, 17 de octubre de 2020

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

"EL CORDOBÉS": UN GENIO DEL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera

Manuel Benítez el Cordobés durante la entrevista. Foto M. Pérez Polo

Hace treinta y dos años tuvimos el honor de realizar una entrevista a un genio del toreo: Manuel Benítez El Cordobés. Fue publicada el 1 de marzo de 1988 en la revista Toros 92, hermana mayor de la tristemente desaparecida 6Toros6. El carismático espada nos la concedió cuando había decidido reaparecer para encerrarse con seis toros en la plaza de toros de Los Califas de Córdoba, a beneficio de Cruz Roja Española. Sin embargo, una intervención de apendicitis se cruzó en el camino desbaratando el proyecto.

Hoy rescatamos para PLAZA DE LA LAGUNILLA este valioso documento, con las declaraciones del torero que llenó las plazas hasta la bandera como ningún otro en la historia. Al reclamo de El Cordobés, durante nueve años consecutivos y cualquier día de la semana, sin necesidad de recurrir al fin de semana o la fiesta del santo local, anunciado con cualquier espada de un fabuloso elenco de matadores, o simplemente "con dos más", como muchas veces adelantaban las empresas su contratación, el Benitez era garantía de lleno a rebosar. Casi nada.

Salvo las referencias a la corrida de la frustrada reaparición, las declaraciones del torero de Palma del Río no han perdido actualidad y calan por su autenticidad. Aquí tienen, contados en primera persona, los recuerdos y reflexiones de Manuel Benítez el Cordobés, un torero histórico, único, irrepetible, con una capacidad de triunfo increíble y un atractivo personal que lo llevaron a conquistar a la afición de todo el mundo taurino. Ninguna plaza se resistió a la fuerza arrolladora del Huracán Benítez

El Cordobés protagonista de la portada del semanario Toros´ 92

Ya no hay quien lo pare, Manuel Benítez, el último mito internacional que ha dado la Fiesta, vuelve a los toros. Y vuelve por sus fueros. Para arrasar, como él dice: en plan locomotora. Nunca fue vagón de enganche. Porque el Cordobés, que fue el primero en llamar kilo a un millón de pesetas y cobrarlo cada tarde que se vestía de luces, mientras elevaba la cotización de sus compañeros, mandó en el toreo con la fuerza arrolladora de su singular poder de convocatoria.

La niñez de este figurón del toreo no fue como la de un chiquillo cualquiera. Abrió los ojos a la vida cuando España quedó dividida por una absurda y cruel guerra fratricida. Malos tiempos. Peores aún si faltan unos padres y no existe un jefe abastecedor. Manuel Benítez Pérez no pudo jugar, no tuvo juguetes ni tiempo. Él estaba condenado a luchar contra el hambre. Y el hambre sería su fiel aliada para conseguir la anhelada meta: ser figura del toreo.

Después de tantos años, todavía se habla y se escribe de El Cordobés sin reconocer su verdadero papel en la Fiesta. Levantaron un mito -dicen algunos-. Pero ese mito mandó, impuso su ley y no dio tregua a nada ni a nadie, siendo la locomotora que remolcó la Fiesta mientras vistió el traje de luces. El Cordobés nos recibió para hablar de Manuel Benítez y cómo se abrió paso hasta ser el eje de esa Fiesta donde todo y todos gravitaron a su alrededor.

El pase natural de Manuel Benítez el Cordobés

La noticia surgió en las postrimerías de 1987 y fue difundida de inmediato por todos los medios. Manuel Benítez se encerraría con seis toros de Núñez en la plaza de Córdoba el día 30 de abril. Y lo haría gratis, a favor de Cruz Roja. La duda surgió entre los taurinos. No asimilaban que El Cordobés, a sus 52 años de edad, quisiera enfundarse de nuevo el traje luces.   

Manolo, tras dar a conocer la noticia a los medios, con gesto tranquilo y serio se ausentaba dando las gracias. Era su punto de partida. No podía defraudar a una multitud de seguidores y había que empezar cuidando lo que nunca abandonó: su preparación física, que no es la propia de su edad y muchos jóvenes no alcanzan. Él lo sabe y se siente orgulloso, por eso cada día cuida su elasticidad jugando al tenis, judo, fútbol sala, o encerrándose en su gimnasio para esforzarse al máximo con un preparador. 

Al finalizar una sesión de preparación física, Manuel Benítez nos recibió gentilmente. En un despacho contiguo al gimnasio, relajado y sonriente, nos estrechaba la mano…

—Un saludo para toda España con mucho cariño -de verdad-. Y para todos ustedes que sois unos fenómenos. 

Se ha contado varias veces la historia de Manuel Benítez Pérez. En ocasiones buscando el matiz que más interesaba para buscar captación entre la gente. Ahora es el propio  torero quien nos recuerda su infancia. 

—Pues era un niño que en la vida lo tenía todo en contra. (Con las pupilas dilatadas y la mirada fija parece regresar a ese tiempo). No tenía padre ni madre y me estaba criando con mi hermana Angelita. Faltaba de todo… Mi Saquillo de naranjas,  de patatas… Lo que podía y ya está… Comiendo cuando podía, comía “tascardanchas cocías” (tagarninas).  Esas batallas... Ley de vida, no había más…

Entonces, pues ese chiquillo, que ahora ya tiene 52 años -ríe con fuerza-, un día, aburrido, se dijo: “Ea, pues yo ya me voy... Me voy de España“. Entonces me fui a Madrid en un tren mercancía, como siempre, y estuve por Salamanca, por las tientas, por todos lados… Pero nada.

Manuel Benítez detenido en la plaza de Madrid.
Aburrido, me tiro de espontáneo… La cárcel… ¡Esta vida dura!  Entonces, cuando ya me iba para Francia a trabajar, que era un crío, me apunté en una cola que se cortó cuando faltaban veinte o treinta. Me quedé en Madrid maldiciendo mi suerte. Allí, como pude, me acoplé en los albañiles de peoncillo. Más tarde me tiré de espontáneo otra vez en Madrid. Total, que seguí con el toro y arranqué ya.

Me vio don Rafael Sánchez Ortiz en una foto, toreando una vaca en un pueblo, y le gusté. Me echó una mano y me trajo a Córdoba. Alquiló la plaza a don José Escriche -que en gloria esté - y con los hermanos Lozano dio una novillada de la que me dieron 80.000 pesetas.

Entonces yo le vi a aquello otro color y me dije: ¡Ah, yo sigo con esto! Y seguí con la vida. Total, he sido torero por una mijilla, ya aburrido. ¿Qué quieres que te cuente más…? Mucha fatiga, mucha necesidad hasta llegar donde creí que nunca podría. Fue el hambre... ¡Yo no tenía afición al toro ni ná, estaba esmayao…!

El  Cordobés y su descubridor, don Rafael Sánchez Ortiz El Pipo

Manuel ha recordado una de las tardes que se tiró de espontáneo en Madrid. Fue en una corrida de toros de Escudero Calvo en la que actuaban Pablo Lozano, Antonio del Olivar y Juan Antonio Romero. La prensa publicó: “En el quinto toro se tiró al ruedo un chalado. Después de arrojarse al suelo, cuando huía de la persecución de un guardia, cayó sobre la misma cara del toro”.

Como consecuencia, Manolo conoce la cárcel. Ser torero, admirado, respetado, tener dinero, y acabar con la miseria era un sueño casi inalcanzable. Pero había que intentarlo. Daba más miedo sentir el estómago vacío. Un día decide visitar al Pipo, y don Rafael -como Manuel  le llamó toda la vida- se decide a apoderarlo. 

—¿Por qué quieres ser torero?, le pregunta el Pipo.

Porque quiero comer rápidamente y no pasar miseria.

El 15 de mayo de 1960 se celebra en la plaza de Córdoba la novillada a que Manuel ha hecho referencia. José Luis de Córdoba, en el Diario Córdoba escribe la crónica: "Se llevaron a hombros al Cordobés, ese nuevo torero que le ha nacido a Palma del Río. En los tendidos tableteaban los aplausos, mientras el muchacho, con la segunda oreja de la tarde aprisionada sobre el corazón, sonreía, sonreía... Y soñaba. Soñaba con que ya era torero de verdad. Puede serlo. Porque de ahí, de esa misma madera, nacieron muchos que ahora son millonarios. Que Dios proteja, muchacho, tus sueños de gloria". 

—A don Rafael Sánchez Ortiz le debo todo. Si no fuera por él no hubiera sido torero. Puso mucho empeño en mí, pero luego no tuvo confianza, hubo dudas. Habló con Álvaro Domecq, con Camará. En Palma Del Río se montó una novillada y no estuve bien, porque era un toro malo, que me pegó unas pocas de “trechas”. Entonces empezó a dudar. 

Ya digo que si no es por él no soy torero, pero luego las circunstancias de la vida no nos llevaron juntos, pero siempre reconociendo que conmigo se portó muy bien al principio. Luego no congeniamos y le dije: “Mire usted, don Rafael, si yo tengo que ser torero así prefiero irme a los albañiles”. Vi que no tenía una fe fuerte en mí cuando yo siempre le respondí con lo que estaba a mi alcance. Era un crío que me ponía delante, pero no sabía otra cosa. Él estaba más en el mundo del toro, con otros señores de su edad, y sabía más. Don Rafael tuvo un poco de confusión. 

Manoletinas de rodillas de El Cordobés. Foto Framar

Manuel Benítez ya es famoso. España entera habla de un nuevo novillero que viene con una fuerza arrolladora. Se discute sobre su forma de concebir el toreo, de apartarse de los cánones, pero El Cordobés llena las plazas a rebosar. Atrás quedan los tiempos que anduvo solo por caminos polvorientos, las noches de luna en los cerrados de las ganaderías, con el hatillo al hombro y el estómago vacío. 

—Aquella época era distinta. Hoy un chaval Se puede colocar y gana las dos, dos quinientas o tres mil pesetas sin tener que echar todo el día. Antes era muy difícil trabajar y poder ganar pa un cacho de pan.

Ahora hay muchas cosas cómodas. ¿Las escuelas taurinas…? Yo no estoy en contra. Tampoco a favor. Estoy más a favor de que el hombre se tiene que hacer, el torero tiene que ser de más dureza, tiene que pasar alguna necesidad, tiene que ser un hombre que se convierta un poco en fiera, porque va a pelear con una fiera. Si se lo ponen muy cómodo pasa lo que está ocurriendo: Un chaval, ¡Pues venga, para la escuela taurina…! Al carretón… Toma o dame un cigarro… Hoy no entreno, me voy pa mi casa que tengo el plato…

¡Todo esto enfría al torero! El torero tiene que ser duro, irse a los tentaderos, dormir en los pajares, pasar frío… ¿Qué no me dejan torear aquí…? ¡Pues verás cuando llegue como me van a dejar…!  Todas estas cosas pa uno, pa dentro… Y eso te va a ir dando fuerza pa llegar al punto ese. ¡Ahora, si tú lo tienes todo cómodo, y a las dos de la tarde tienes en tu casa el plato lleno de patatas fritas y dos huevos o lo que sea, la ropa limpia y no pasas necesidad…! Amigo, no voy a decir que no salga alguno, pero sí que cada vez es más difícil. 

A principio de la década de los años sesenta se organizan más novilladas que nunca y la Fiesta gravita alrededor del nuevo torero de Palma del Río. Mientras, en el escalafón superior, algún matador sonríe pensando en el ridículo que hará Benítez cuando tome la alternativa. ¿Se le tolerarán esas formas, ese estilo, una vez haga el paseíllo como matador de toros?

El Benítez, El Pelos, Huracán Benítez... El Cordobés, fue
la locomotora del toreo desde 1963 a 1971. Foto Framar

El tiempo siempre responde. Y fue una vez más en Córdoba el punto de partida. El 12 de octubre de 1962 estaba prevista la alternativa de Manuel Benítez el Cordobés, pero la lluvia frustró el acontecimiento. Habría que aguardar al mes de mayo, el de las flores, y en la primera corrida de la feria.

El 25 de mayo de 1963 la puerta de cuadrillas de la vieja plaza de Los Tejares se abre para dar paso al Cordobés, que montera en mano se sitúa en el centro de la formación, escoltado a su izquierda por Antonio Bienvenida y a la derecha por José María Montilla. Del encierro de don Samuel Flores corresponden al toricantano Palancar, al que corta las dos orejas, y Lamparilla, al que corta las dos orejas y el rabo. Por vez primera se le abría la puerta grande para salir a hombros. ¡El Cordobés ya es matador de toros! 

—Sabía que tenía mucha responsabilidad y tenía que salir todas las tardes a por todas y a no dejármela ganar. Y de novillero sabía que tenía que llegar a matador... ¡Iba a comérmelos…! La prueba la tienes que cuando salí, cogí mi camino y nadie se puso por delante. Respeté a todos, pero no di paso. Y los toros eran seis y dos para cada uno... Había matadores de toros que decían que cuando yo saliera de matador iban a comerme, porque no iba a andar... Y yo me dije ¿ah, sí…? ¡Pues os vais a enterar...! ¡Y los que no andaron fueron ellos! Me mentalicé pa ir a por todas… Ansioso... Lo llevaba dentro… No por hacer daño ni ná… No... ¡Pá triunfar…! Fui a por todas. Y si de paso venía el dinero de por medio pues mejor todavía. 

¿Qué tiene de especial Córdoba? ¿Cuál es su misterio? Dos Rafaeles y dos Manueles, cuatro luceros brillando con luz propia en el firmamento taurino. Dicen que cuando de Córdoba sale un torero todo el mundo se conmueve, porque es distinto, diferente, de los que va -como se dice en el argot- con la escoba barriéndolo todo. Dos Rafaeles y dos Manueles, cuatro toreros diferentes con un punto común: mandar en el toreo. Los cuatro fueron los amos de su tiempo: Lagartijo, Guerrita, Manolete y el Cordobés 

El Cordobés corta un rabo en la Real Maestranza de Sevilla

—Córdoba tiene una cantera muy segura. Hay gente que dice que si este hubiera nacido en Sevilla… No, cada uno somos de donde somos, de nuestra cantera. ¡Aquí también hay que nacer…! Lo que pasa es que todos los días no sale uno, pero Córdoba tiene su cantera especial. Y cuando sale uno, arrolla. Está demostrado. Ahí está. Se puede repasar la historia del toreo.

¿Qué ocurre…? Pues que estamos metidos en una órbita de comodidad… Cogemos la historia de los Califas, se lee, de aquí -gesticula llevándose la mano a la boca- “tó frititos". ¿Por qué no salen ahora…? Pues porque la cosa está muy cómoda y no solo en Córdoba. Se están perdiendo las canteras. Pero Córdoba es distinta a todas. Aquí cuando uno rompe es que arrasa. Pero hay que tener mucho cuidado, el toreo va dando un giro diferente al de nuestra época.

Te voy a hacer una comparación: un pollo de campo se tiene que buscar la comida y luchar con todo, y a un pollo de granja se lo dan todo. No estoy comparando al hombre con un animal, pero ¿qué pasa…? Pues que el pollo de granja llega un momento en que está tan harto de comer que no se puede mover… Y el de campo, corriendo tras las hormigas y los bichos, está más fuerte… Esto va cogiendo este giro. Está todo muy cómodo, no se lucha por nada, no hay esfuerzo…

¿El carretón -se lleva los dedos a las sienes y frunce el ceño-…? ¿Qué te va a dar una rueda de bicicleta…? !El toro es distinto! 

En la historia del toreo las figuras siempre buscaron ir lo más cómodas posible -si es que puede resultar cómodo jugarse la vida-. Y cuando un torero ha triunfado ha procurado que en él se cumpla el aforismo: “billete grande y toro chico”. Manuel Benítez triunfa en todas las plazas y sus admiradores, auténticas legiones, no dan tregua a los grupos de detractores. Todas las plazas se le entregan. Nadie puede con el “Huracán Benítez”. 

Portada del ABC: El Cordobés herido grave 
en la tarde de su confirmación de alternativa

—Tengo varias cornadas, y tres muy fuertes, pero eso no es lo importante. He triunfado en todas las plazas. Hasta en México, que con 50.000 personas también “la barrí“... 

Si tú ganas una batalla debes de ir en el lugar más importante, y si la pierdes debes de ir en la cola. Pero hasta ganar esa batalla (se le transforma la cara y golpea con los nudillos en la mesa) hay que luchar. Eso no te lo han regalado. A la plaza van seis toros, van dos para cada uno y en sorteo. ¡Lo que hace falta es estar todos los días en máquina en lugar de vagón! Ser vagón es muy cómodo porque te llevan...

No quiero meterme en honduras, pero está ocurriendo ahora mismo en España, donde nadie quiere ser máquina. ¿Me entiendes, verdad...? 

Por supuesto,  Manuel, que nadie quiere tirar del carro.

—¡Eso es. Ya está todo dicho! 

Córdoba es el lugar, el 30 de abril la fecha. El mundo taurino gravitará nuevamente alrededor de Manuel Benítez. Un Cordobés con más años, algo menos de pelo, pero conciente de que no puede defraudar. Él no puede inspirar compasión. Su mentalidad triunfadora y permanente esfuerzo físico darán los resultados. Además, su generosidad en esta ocasión la brinda a Cruz Roja Española. Por eso quiere que los precios sean populares, que se controle la reventa, que todo sea popular, como él mismo.

—Va a salir una cosa fabulosa para Córdoba, para España, para el mundo entero. Y es normal, porque va a ocurrir lo que tiene que ocurrir, que vamos a salir todos muy contentos por una cosa que ha hecho un torero más… ¡Pero ojo, siempre en máquina, es decir, mandando! 

Manuel, a raíz del anuncio de esta corrida habrán sido muchas las ofertas que le han hecho para que se despida de otras plazas. 

—Vamos a dejar el mundo andar. 

Pues ya está dicho. Cordialmente, El Cordobés nos acompañó hasta la puerta. Él se marchaba al campo. Al despedirnos observamos que se llevaba un canastillo de mimbre tapado con una servilleta donde llevaba la comida… Un sencillo canastillo, a pesar de los años, el dinero, la fama y la gloria...

El Cordobés no ha cambiado la naturalidad de Manuel Benítez, un genio del toreo  


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MANUEL BENITEZ EL CORDOBÉS UNO DE LOS MÁS GRANDES DEL TOREO

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miércoles, 21 de octubre de 2020

MANOLETE EN LA FOTOGRAFÍA DE MANUEL H.

 Por Antonio Luis Aguilera

«Manolete» en la plaza de Santamaría de Bogotá. Foto Manuel H.


En el espacio taurino Tendido Cero de RTVE del sábado 17 de octubre, fue emitido un reportaje sobre el restaurante La Casa de Manolete Bistró de Córdoba, que contó con una entrevista a Fernando García Herrera, pintor del magnífico cuadro de Manuel Rodríguez Sánchez que preside uno de los comedores del distinguido establecimiento. Curiosamente, nos llamó la atención que el autor no hiciera referencia alguna al hermanamiento de su pintura con la instantánea del fotógrafo colombiano Manuel H. Es más, nos pareció entender que la obra es fruto de su propia imaginación: «Yo pinté a Manolete en su última tarde, con el traje que falleció. Y quise hacerlo así. Me pareció más bonito estar apoyado sobre el burladero, y con esa mirada que  todo el mundo que lo ve le fascina, porque le crea ese sentimiento justo que yo pensaba y quería darle».

Manolete en  la obra de  Fernando García Herrera.
Foto La casa de Manolete Bistró

Sin embargo, esta imagen tiene su historia, que vamos a contar sin que ello reste valor alguno a la obra pictórica que enseñorea la que fuera casa del torero. Se trata de la fotografía en blanco y negro captada el 28 de abril de 1946 por Manuel H. en la plaza de toros de Santamaría de Bogotá (Colombia), donde el cordobés actuó tres tardes ese mes, cuando por el contrario ese año solo toreó una corrida en España, la de Beneficencia en Madrid el 19 de septiembre, sin cobrar honorarios, como siempre hizo en las corridas que toreó a favor de los necesitados, lidiando toros de Carlos Núñez, con Álvaro Domecq, que rejoneó un astado, y en lidia ordinaria alternando con Gitanillo de Triana, Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín (Manolete cortó las dos orejas de un toro). Así pues, esta imagen no tuvo lugar en la plaza de Linares la tarde del 28 de agosto, aunque al morir el torero dio la vuelta al mundo por su aire premonitorio.

Madrid, 12 de septiembre de 1946. Corrida de Beneficencia.
Gitanillo de Triana, Antonio Bienvenida, Manolete y Luis Miguel

En el callejón del histórico coso colombiano estaba el reportero, tipógrafo y prestigioso fotógrafo taurino Manuel H., que así firmaba sus fotos Manuel Humberto Rodríguez Corredor (Bogotá, 14/7/1920 – 18/9/2009), y fue él quien con su cámara Rolleiflex inmortalizó la pose del torero en la excelente instantánea que motiva este artículo, donde puede observarse a un Manolete abatido, apoyado e inclinado en la contera de la barrera, con la mirada triste y perdida en el infinito. El objetivo del fotógrafo captó admirablemente toda la carga dramática del instante, que refleja el cansancio y el hastío que ya hacían mella en el rostro del torero con mayor personalidad de todos los tiempos. El propio Manuel H. comentó esta foto: «Infortunadamente en la Santamaría le fue muy mal con un toro, por eso se retiró a la barrera dejando descargar en su rostro el inconformismo».

Manuel Humberto Rodríguez Corredor. Manuel H. 

Fernando García Herrera refleja maravillosamente en su pintura la fuerza dramática de la fotografía en blanco y negro de Manuel H., y la tamiza con la belleza de cálidos colores que otorgan una carga melancólica a la perspectiva histórica del torero. En definitiva, esta gran obra, de 2,5 x 2 metros, hermosea la histórica casa que comprara el torero en la avenida de Cervantes, antes llamada Carrera de la Estación, convertida hoy en un magnífico y acogedor restaurante que dirigen Juan José Ruiz y Remedios Romero: La Casa de Manolete Bistró.

Manolete en la Santamaría de Bogotá. Foto Manuel H.

Añadir por último que Manolete toreó en abril de 1946
en la plaza de Santamaría de Bogotá el 7 de abril, lidiando toros de Mondoñedo junto a Jesús Solórzano y Alejandro Montani (cortó cuatro orejas, un rabo y una pata); el día 14, frente a toros de Clara Sierra, alternando con Gitanillo de Triana y Carlos Arruza (cortando cuatro orejas); y el 28 del mismo mes, frente a toros de Mondoñedo, en reñido mano a mano con su amigo Carlos Arruza (cortando dos orejas, un rabo y una pata). También Manuel H. captó en la misma plaza otra célebre fotografía del espada, en la que se observa al diestro destocado, tras haber pedido el cambio de tercio después de un quite. Por la elegancia natural del torero de Córdoba, muchos aficionados creen ver en ella la vuelta al ruedo de Manolete, lo que desmiente el peón situado arriba a la derecha, que confirma que está captada en el tercio de banderillas, cuando el matador se dirige al burladero para cambiar el capote por muleta y espada.