Mostrando entradas con la etiqueta Diego Puerta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego Puerta. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de agosto de 2024

PACO CAMINO: TORERO DE TOREROS

Por Antonio Luis Aguilera

Paco Camino. Foto Botán

Ante el fallecimiento de Paco Camino queremos recordar al diestro por cuyo arte nos aficionamos a la Fiesta de los toros, el que marcó nuestra niñez con la impronta de su poderío y el bello trazo de su toreo, ese que no pudimos ver en las plazas, sino en las imágenes en blanco y negro de TVE y de los reportajes del NO-DO, hasta que en los tendidos pudimos disfrutar de sus últimos años en activo. La naturalidad de su expresión y su prodigiosa inteligencia hicieron grande el toreo en manos del diestro de Camas, que pronto nos cautivó con su elegante toreo de capa, sus incomparables chicuelinas, y aquellas faenas abiertas con preciosos pases de trinchera que prologaban la hermosa sinfonía de su toreo en redondo, donde cobraba especial relieve el pase natural y la magistral interpretación de la estocada, instrumentada con tanta ortodoxia y gallardía como pureza y torería. 


El pase natural de Paco Camino

Ha muerto un torero histórico e irrepetible, miembro de la maravillosa generación de figuras que marcaron con la singularidad de sus acentos profesionales la inolvidable década de los sesenta, donde llegaron abriéndose paso a codazos ante un elenco de espadas de mucha categoría, la generación posterior a la época de «Manolete», para  terminar adueñándose del toreo de aquella España del desarrollo y rotular sus nombres en los carteles de todas las ferias. Las imprentas editaban preciosos carteles de toros —de los que viéndolos de lejos se sabía que anunciaban corridas de toros; no como los actuales, que han de observarse de cerca para comprobar si anuncian un concierto o un quinario—, cambiando solo el nombre de la ciudad y repitiendo como una letanía, entre otros buenos e inolvidables toreros de esa época, los nombres de Diego PuertaPaco Camino, «El Viti», y «El Cordobés».

Las décadas de los años sesenta e inicios de los setenta, arrastrados por esa locomotora del toreo que fue el «Huracán Benítez» tuvieron como grandes protagonistas a «Diego Valor», «El Niño Sabio de Camas» y «Su Majestad El Viti», amigos en la calle pero perros de presa en el ruedo, para regocijo del público y la buena salud de las ferias y plazas del orbe taurino. De esa época quedaron acuñadas dos frases que la caracterizaron: la primera, «El Cordobés y dos más», que define el poderío del torero de Palma del Río, que cualquier día de la semana, sin necesidad de que fuera festivo o la fecha del patrón de la localidad, llenaba las plazas hasta el tejado cobrando no menos de un millón de pesetas por tarde, «un kilo» como popularizó el propio Benítez, mientras los elevados honorarios para la época obligaron a las empresas a incrementar considerablemente los que percibían el resto de figuras. La segunda, el tridente que se repetía en todos los carteles de postín, se hizo tan célebre en la jerga taurina que pronto se incorporó al lenguaje coloquial para mandar de paseo a la gente pelmaza: «PuertaCamino y Viti».


Magistral estocada de Paco Camino en Bilbao a un toro 
de Juan Pedro Domecq. Foto Cuevas.

Honda fue la huella torera que dejó Paco Camino en México. En el país hermano lo recuerdan con veneración, como a uno de los toreros españoles más queridos, de sus «consentidos». Si el recuerdo de «Manolete» resulta todavía sobrecogedor para la apasionada afición azteca, la admiración por el toreo de Camino no queda atrás en una tierra que conquistó con su arte y que, como ocurrió al «Monstruo», también ella le conquistó para siempre como torero y persona, pues si grandes e importantes fueron sus éxitos en los ruedos españoles y otras naciones americanas, los conseguidos en su querido México, que lo acogió e hizo uno de sus espadas favoritos, están repletos de tardes históricas y memorables.

Paco Camino a hombros en Madrid

Nos ha dejado una auténtica figura del toreo, de cuya tauromaquia han bebido y beben todos los espadas que quisieron ser gente en el toreo. De Paco Camino puede afirmarse rotundamente que fue un torero histórico, irrepetible, grande entre los grandes, un espejo donde mirar. Lo que los aficionados conocen como torero de toreros. De los de antes y los de ahora. Descanse en paz el inolvidable maestro de Camas, el pueblo del que se sentía orgulloso de haber abierto los ojos y del que apasionadamente defendía su natalidad, con el sinsabor de tener en el alma una espina clavada cuando le decían que era de Sevilla, que digámoslo claro, con él fue, como con otros de sus grandes toreros, madrastra en lugar de madre: «Yo no soy de Sevilla, soy de Camas». 

Un torero tan grande no puede seguir silenciado en la ciudad cuyo nombre paseó entre triunfos por todo el mundo taurino.

 

jueves, 1 de noviembre de 2018

RABOS CORTADOS EN "LOS CALIFAS" (y II)

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de Los Califas de Córdoba. Foto FIT
En la entrada anterior nos centramos en los matadores de toros que en corridas han cortado los máximos trofeos en el coso de Los Califas. Quedaría incompleto este documento histórico, que abarca desde el 9 de mayo de 1965, fecha de inauguración de la plaza, hasta el cierre de la temporada de 2018, obviando el resto de profesionales del toreo, según las diferentes categorías, que también obtuvieron los máximos trofeos en la plaza de Ciudad Jardín.  

Magnífica instantánea de Diego Ventura en Los Califas. Foto web del torero

En el grupo de rejoneadores únicamente lo ha conseguido Diego Ventura, que el 29 de mayo de 2005 cortó las dos orejas y el rabo al toro Bandido, del hierro de Benítez Cubero, en corrida de rejones donde alternó con Joao Moura y Fermín Bohórquez


Paquirri a hombros en su etapa de novillero
En el grupo de novilleros con picadores, cuatro fueron los que pasearon el ruedo exhibiendo los máximos trofeos. El primero que cortó las dos orejas y el rabo fue Francisco Rivera Paquirri la tarde del 18 de julio de 1965, que alternando con Pedrín Benjumea y Rafael Poyato cuajó a Obrero, de doña María Pallarés de Benítez Cubero. El torero gaditano, cuya presentación con los del castoreño en Córdoba tuvo lugar el 19 de marzo de 1965 en la vieja plaza de Los Tejares, actuó en la de Ciudad Jardín en 7 novilladas picadas (5 en 1965 y 2 en 1966), lidiando un total de 16 utreros con el balance de 12 orejas y 1 rabo.

Julio Vega Marismeño fue el segundo novillero que cortó un rabo en la plaza de la antigua Huerta de La Marquesa. Lo hizo el 12 de octubre de 1968, festividad de la Virgen del Pilar, alternando con Florencio Casado El Hencho y Francisco Ruiz Miguel, que lidiaron un encierro de don Gerardo Ortega Sánchez. El novillero de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) actuó en el coso califal en 2 novilladas picadas (1 en 1968 y 1 en 1969), lidiando un total de 4 reses con el balance de 3 orejas y 1 rabo. 

Chiquilín corta un rabo en Los Califas. Foto Framar
Nada menos que veintidós años habrían de transcurrir hasta que fuera concedido el tercer rabo en Los Califas. Fue el 22 de junio de 1990 y lo consiguió Chiquilín a Barbarrubia de Torrestrella, en su segundo mano a mano con Finito de Córdoba. Tras el rotundo éxito del primero en la feria de ese mismo año, la empresa constituida por José y Manuel Flores Cubero con su cuñado Antonio Pérez-Barquero Herrera, repitió idéntico cartel, lidiándose novillos de Torrestrella y abriendo plaza Luis Domecq. Rafael González Chiquilín, que esa tarde cortó los máximos trofeos,  sumó 12 novilladas picadas en Los Califas (2 en 1989, 6 en 1990 y 4 en 1991), lidiando un total de 31 utreros con un balance de 16 orejas y 1 rabo.

Rubén Cano El Pireo
Rubén Cano El Pireo cierra, de momento, la nómina de novilleros con picadores que han cortado un rabo en la plaza cordobesa. Lo consiguió el 27 de mayo de 1997 con Metepatas, del hierro de Yerbabuena, alternando con Romero de Córdoba y Morante de la Puebla. El hijo del inolvidable maestro de Las Margaritas toreó 4 novilladas picadas en Los Califas (2 en 1995 y 2 en 1997), despachando 8 utreros con un balance de 6 orejas y 1 rabo.             

En el grupo de novilleros sin picadores no se ha cortado aún ningún rabo.                

Maribel Atiénzar
En el de becerristas, considerando como tales los que lidiaron añojos, figuran 22 nombres. La mayoría protagonizó su éxito en la popular y festiva becerrada de convite en homenaje a la mujer cordobesa. Por orden cronológico, aquí están sus nombres para la historia: Juan Antonio López Pérez (1969), Maribel Atiénzar (1976), Nelson Villegas, padre (1978), Antonio Tejero (1978), Antonio Manuel de la Rosa (1981), Nelson Villegas, hijo (1991), Sergio Sanz (1993), Francisco José Ayuso (1994), Rafael Rosa Alejandre (1996), Francisco Jose Izquierdo Rodríguez (1996), Francisco Villena (1998), David Encinas (1998), Pedro Ángel Dorado Bello (1999), Antonio Julián Torres El Javi (1999), José Antonio Moreno El Zorro (2004), Jesus Pedregosa (2014), Ignacio Ostos (2014), Rocío Romero (2014), Mercedes San Roman (2015), Curro Núñez (2015), Marta Reíllo (2016) y Fuentes Bocanegra (2018). 

Por último, en el grupo de toreros en general que vestidos de corto colaboraron con su arte y solidaridad en diferentes causas sociales, recordamos a los protagonistas de los 18 rabos cortados en festivales benéficos:  

 Gabriel de la Haba Zurito lidera el grupo con 5 rabos. El torero de Santa Marina los cortó el 7 de noviembre de 1965 a un ejemplar de doña Francisca Marín (Campaña de Navidad); el 21 de abril de 1968, a uno de don Salvador Guardiola (A beneficio de los pobres); el 4 de diciembre de 1969, a uno de don Ramón Sánchez (Regimiento de Artillería de Córdoba), el 18 de marzo de 1978, a uno de don Francisco Galache (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba), y el 7 de noviembre de 1981 a uno de los Hermanos Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Gabriel de la Haba ha participado en 12 festivales, en los que estoqueó 17 ejemplares con el balance de 24 orejas y 5 rabos. 

 Genio y figura. El Cordobés con 77 años de
edad torea al natural así de bien a un utrero 

Manuel Benítez El Cordobés figura con 2 rabos. Los cortó el 21 de abril de 1968 a un ejemplar de don Salvador Guardiola (A beneficio de los pobres) y el 18 de marzo de 1978 a otro de su propia ganadería (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Manuel Benítez ha participado en un total de 4 festivales benéficos, lidiando 9 reses y cortando 14 orejas y 2 rabos.

Con otros 2 rabos figura Manuel Cano El Pireo. Los cortó el 26 de febrero de 1967 a un ejemplar de los Hermanos Cembrano (Campaña de invierno), y el 7 de noviembre de 1981 a otro de Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Manuel Cano ha intervenido en 7 festivales benéficos, estoqueando 10 reses y cortando 10 orejas y 2 rabos

Otros nueve toreros cortaron un rabo vistiendo el traje corto:

José María Martorell lo hizo el 7 de noviembre de 1981, a un ejemplar de Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El espada cordobés intervino en 4 festivales, estoqueando 4 reses y cortando 3 orejas y 1 rabo.

Diego Puerta, lo cortó a un ejemplar de Torrestrella el 19 de septiembre de 1985 (Junta de Andalucía. A favor de la Tercera Edad). El valiente espada sevillano participó en 3 festivales, lidiando 3 reses y cortando 4 orejas y 1 rabo.

Antonio Sánchez Fuentes lo consiguió de un ejemplar de don José de la Cova el 13 de marzo de 1966 (Campaña de invierno). El diestro de los Olivos Borrachos participó en 2 festivales, lidiando 3 reses con un balance de 4 orejas y 1 rabo.

 Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea lo logró con un ejemplar de Torrestrella, el 22 de abril de 1979 (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El salmantino intervino en 2 festivales, lidiando 2 reses y cortando 2 orejas y 1 rabo.

Finito de Córdoba
Finito de Córdoba, lo hizo a un ejemplar de Núñez del Cuvillo el 1 de febrero de 1998 (A beneficio de la viuda del conserje de la plaza de toros Antonio de la Rosa Llamas). Juan Serrano lidera el escalafón de profesionales que han intervenido en festivales benéficos con 16 actuaciones, habiendo lidiado 16 reses y cortado 20 orejas y 1 rabo.

Julián López El Juli lo cortó a un ejemplar de Jandilla, el 26 de marzo de 2011 (Asociación Española de Lucha contra el Cáncer en Córdoba), siendo éste el único festival en que ha participado el espada madrileño.

José Luis Torres lo consiguió de un ejemplar de doña María José Barral el 21 de febrero de 2004 (Asociación Española de Lucha contra el Cáncer en Córdoba). El matador cordobés ha participado en 2 festivales, lidiando 2 reses y cortando 4 orejas y 1 rabo.

José Antonio Carretero lo logró de un novillo de don Alonso Moreno el 7 de junio de 1988 (Homenaje a las Fuerzas Armadas), única ocasión que vestido de corto actuó como jefe de filas en el coso califal.

Antonio Manuel de la Rosa lo hizo de un ejemplar de don Ramón Sánchez el 19 de octubre de 1985 (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El torero cordobés participó en 2 festivales, estoqueando 2 reses con un balance de  2 orejas y 1 rabo.

Manuel Benítez sale de Los Califas a hombros de los toreros el 5 de abril de 2014
Con los profesionales que obtuvieron los máximos trofeos en festivales benéficos, completamos este trabajo que contempla todos los toreros, clasificados por grupos, que cortaron uno o varios rabos en la plaza cordobesa. 

viernes, 26 de octubre de 2018

RABOS CORTADOS EN "LOS CALIFAS" POR MATADORES DE TOROS

Por Antonio Luis Aguilera

Morante con el último rabo otorgado en Córdoba. Foto Fidel Arroyo.

El 1 de junio de 2013 fue otorgado el último rabo en la plaza de toros de Córdoba al espada sevillano Morante de la Puebla, que con el número doce mas uno se incorpora al distinguido club de los matadores de toros que, hasta la temporada de 2018, han cortado los máximos trofeos en el coso califal, selecto escalafón que lidera en solitario Manuel Benítez El Cordobés

En la década de los años sesenta del pasado siglo se otorgaron 13 de los 22 rabos que en total han paseado triunfalmente matadores de toros, dato que puede ofrecer varias lecturas, como la calidad de los espadas que protagonizaron aquella época, la competencia que existía, el carácter festivo de un público que premiaba lo que le gustaba, o la ligereza en sacar el pañuelo de los presidentes para agradar al respetable. Sea lo que sea, muy distintos son los datos de décadas posteriores: en los años setenta se cortaron 2 rabos, en los ochenta 3, y en los noventa 2. En la primera decena del nuevo milenio 1, y en la segunda 1. 

Otra lectura que revela este estudio es la importancia que tuvo de la ganadería de los Herederos de don Carlos Núñez, una de las preferidas por las figuras en los años sesenta, pues a sus toros le cortaron 5 de los rabos concedidos en la plaza cordobesa. La divisa gaditana, formada con vacas y sementales de don Manuel Rincón, Mora Figueroa y Marqués de Villamarta, representa sin duda a uno de los encastes más importantes del toro de lidia, y fue la elegida durante décadas por las máximas figuras para anunciarse en los carteles más significativos. 

El Cordobés, ocho rabos en Córdoba
Pero vayamos con los protagonistas. Manuel Benítez El Cordobés con 8 rabos cortados lidera con autoridad este escalafón. El Huracán de Palma del Río cortó el primero el 9 de mayo de 1965, tarde de la inauguración de la plaza, al toro Catavinos de los Herederos de don Carlos Núñez, idéntico hierro al que cortaría otros tres más, dos en 1967, las tardes del 27 de mayo y 25 de septiembre, y uno en 1968, el 29 de septiembre. También obtuvo los máximos trofeos el 25 de mayo de 1965, tarde de la alternativa de Agustín Castellano El Puri, a un ejemplar de don Manuel Arranz; el 25 de mayo de 1966 a otro de doña Francisca García Villalón, procedencia Curro Chica; el 25 de mayo de 1970 a uno de Juan María Pérez Tabernero; y por último, el 1 de junio de 2002, tras oficiar la alternativa de Enrique Reyes Mendoza, al burraco Potrero, de doña María José Barral. Manuel Benítez El Cordobés no solo fue la locomotora que remolcó el toreo de su tiempo, sino el diestro con mayor poder de convocatoria de la historia del toreo. Triunfó clamorosamente en todas las plazas del mundo y su estadística en el coso califal resulta mareante: 13 corridas, 27 toros lidiados, 23 orejas y 8 rabos

Manuel Cano El Pireo. Revista El Ruedo
Al carismático torero de Palma del Río le siguen en este selecto escalafón Manuel Cano El Pireo y Juan Serrano Finito de Córdoba, con dos rabos cada uno. El torero del barrio de Las Margaritas cortó los máximos trofeos a un ejemplar de la ganadería de don Manuel Arranz la tarde del 25 de mayo de 1965, repitiendo balance la del 26 de mayo de 1967 con un toro de doña María Teresa de Oliveira. El Pireo despertó enorme pasión en la afición cordobesa por el arte y la gracia de su toreo. Actuó en la nueva plaza 9 tardes, lidiando 22 toros y cortando 20 orejas y 2 rabos.

Con idéntico número de rabos -uno simbólico-, figura otro espada no menos artista y elegante, Juan Serrano Finito de Córdoba, ambos obtenidos en 1994. El primero, el 27 de marzo a Chupador, de Guadalest, tras un trasteo que contó con diecinueve muletazos y una gran estocada, lo que indica la calidad y emoción de la faena. El segundo, dos meses después, el 28 de mayo, fecha que se concedió el primer indulto en el coso cordobés, a Tabernero de don Gabriel Rojas, tras una larga faena que encendió la pasión del público por su fina elegancia y excelente trazo. Hasta la temporada de 2018, Finito ostenta un récord de actuaciones en Córdoba, que será muy difícil de superar por ningún otro espada: 59 corridas, en las que lidió 135 toros, cortando 55 orejas y 2 rabos.

 Finito de Córdoba, de novillero, corta un rabo en Barcelona 
Otros diez matadores consiguieron pasear un rabo en la plaza de la antigua Huerta de la Marquesa. Ordenados por orden cronológico son: Gabriel de la Haba Zurito, Francisco Rivera Paquirri, Antonio Ordóñez, Diego Puerta, Florencio Casado El Hencho, Antonio José Galán, Paco Ojeda, Vicente Ruiz El Soro, Tomás Campuzano, y Morante de la Puebla.

Gabriel de la Haba Zurito
Gabriel de la Haba Zurito lo consiguió con Corredor, de la ganadería de Herederos de don Carlos Núñez, la tarde del 9 de mayo de 1965, fecha histórica para Córdoba por  inaugurarse la nueva plaza y porque aquella mañana fue coronada canónicamente la venerada imagen de la cordobesa Virgen de los Dolores. El penúltimo representante de la torerísima dinastía de los Zurito, que reaparecía tras sufrir un serio percance en la cabeza en la plaza de Jaén, reencontró el sitio y ese toreo, recio y hondo, de enorme pureza y verdad, que junto con su gallardía manejando la espada le hace ocupar un lugar de privilegio en el recuerdo de la afición. Gabriel de la Haba Vargas sumó 14 corridas de toros en la nueva plaza, estoqueando 28 ejemplares a los que cortó 24 orejas y 1 rabo. 

Un diestro muy querido por la afición cordobesa, Francisco Rivera Paquirri, cuya raza y ambición por mandar en el toreo se adivinaban desde novillero, no permitió que El Pireo, que el 26 de mayo de 1967 había cortado los máximos trofeos, se proclamase triunfador solitario, y tras una faena de poder y torería cortó el segundo rabo de la tarde a un encastado ejemplar de doña María Teresa de Oliveira, origen Parladé. El diestro de Barbate, que años más tarde encontraría la muerte en Pozoblanco, actuó 12 tardes en Los Califas, lidiando 24 toros,  y cortando 17 orejas y 1 rabo

Antonio Ordóñez y Paquirri con Francisco y Cayetano Rivera Ordóñez en Ronda
Dos días después del triunfo de Paquirri, el  28 de mayo de 1967, Antonio Ordóñez haría lo propio al toro Boticario, del hierro de don Carlos Urquijo, tras una faena plena de majestad, hondura, temple y dominio.  El maestro de Ronda, que años más tarde sería suegro de Francisco Rivera, sumó 3 corridas en la plaza de Ciudad Jardín, lidiando 6 toros con un balance de 3 orejas y 1 rabo.

Diego Puerta pasea un rabo en Sevilla
No sería el último rabo de la temporada de 1967, pues en la desaparecida feria de septiembre, la tarde del 25, Diego Puerta paseó el albero con los máximos trofeos de un astado del Conde de Mayalde, encaste Contreras, tras entusiasmar con la gracia y raza de su toreo. Diego Valor, como fue llamado en su época, actuó 6 tardes en la nueva plaza, enfrentándose a 12 toros a los que cortó 7 orejas y 1 rabo.

El 1 de junio de 1969 se doctoraba Florencio Casado El Hencho, que cuajó una importante actuación, pues tras cortar una oreja a Idiota, el toro de la ceremonia, consiguió las dos y el rabo del último ejemplar, ambos del hierro de Gerardo Ortega. El torero nacido en Santa Marina, actuó en Córdoba 8 tardes, lidiando 16 toros y cortando 13 orejas y 1 rabo.

Antonio José Galán. Foto Chapresto
Otro espada cordobés, Antonio José Galán, natural de Bujalance, cortaría los máximos trofeos a Madrileño, bravo ejemplar de la añorada y encastada ganadería cordobesa de don Francisco Martínez Benavides la tarde del 26 de mayo de 1973. El recordado diestro, célebre por rematar las faenas entrando a matar sin muleta o con un pañuelo, actuó en el nuevo coso 9 tardes, lidiando 19 toros a los que cortó 15 orejas y 1 rabo.

Paco Ojeda era el gran atractivo de la feria de 1983, pues se anunciaba dos tardes tras formar un lío y triunfar clamorosamente en la de abril de Sevilla, donde impresionó con su toreo revolucionario. El diestro de Sanlúcar de Barrameda lo expuso con claridad la tarde del 26 de mayo ante un bravo ejemplar de González Sánchez-Dalp, antes de pasear triunfalmente el ruedo con los máximos trofeos. El último revolucionario del toreo actuó como matador en el coso cordobés –también lo hizo como rejoneador-  en 13 corridas de toros, lidiando 27 toros con un balance de 9 orejas y 1 rabo.

Paco Ojeda. Madrid 1983, año de la revolución ojedista
Un día después, el 27 de mayo de 1983, Vicente Ruiz El Soro también cortaría los máximos trofeos a un ejemplar de la divisa de Puerta Hermanos. El valenciano, que forjó sus comienzos como novillero en la plaza cordobesa, donde gozó de gran predicamento por su espectacular forma de banderillear, actuó 6 tardes como matador, lidiando 12 toros y cortando 10 orejas y 1 rabo.

Tomás Campuzano cortó el penúltimo la tarde del 28 de mayo de 1986 a Balconero, de don Victorino Martín. Si inolvidables resultan los encierros lidiados en la década de los ochenta por el gran ganadero de Galapagar, no es menos memorable la faena del torero ecijano, en la que templó largos y ligados muletazos al encastado y noble albaserrada, al que estoqueó de forma soberana. Tomás actuó en la plaza de Ciudad Jardín 9 tardes, lidiando 19 toros con un balance de 12 orejas y 1 rabo.

Plaza de toros de Córdoba. Foto FIT
La nómina de los trece matadores de toros que han conseguido los máximos trofeos la cierra, de momento, José Antonio Morante Camacho, Morante de la Puebla, que el 1 de junio de 2013 recibió las dos orejas y el rabo de Guasón, de don Juan Pedro Domecq. El torero de La Puebla del Río ha sumado en Córdoba 17 corridas, lidiando 33 toros y cortando 13 orejas y 1 rabo.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

PAQUIRRI: DE YUNQUE A MARTILLO

Por Antonio Luis Aguilera
Francisco Rivera Paquirri. Foto Ciarrusta
La muerte de un torero deja marcada para siempre la plaza donde ocurrió. Selladas quedaron las de Talavera de la Reina, en cuya arena tuvo lugar la cogida fatal de Joselito; Manzanares, donde su cuñado Ignacio Sánchez Mejías halló idéntico fin, inmortalizado con desgarrado dolor y enorme belleza literaria en el “Llanto” del inolvidable Federico García Lorca; Linares, donde una calurosa tarde de San Agustín la parca segó la vida del rey de los toreros: Manolete. 

Hace treinta y cuatro años, en su imprevisible elección, el destino sumó a la triste lista el coso de Los Llanos de Pozoblanco, donde Francisco Rivera Paquirri había acudido a poner punto final a su temporada actuando en la feria de Nuestra Señora de las Mercedes, que organizaba el empresario de Sevilla Diodoro Canorea. En el corazón del honrado y laborioso Valle de los Pedroches, un astifino toro negro del hierro de Sayalero y Bandrés, de nombre Avispado, pasaría a la historia por herir de muerte a un torero de inmenso poderío, que nunca volvió la cara ante las dificultades, y que hasta el último aliento de vida tuvo la gallardía de mirar a la muerte cara a cara, para testimoniar al mundo entero su hombría y torería.
          
Un jovencísimo Francisco Rivera
Fue el 26 de septiembre de 1984, miércoles para más señas. Al caer la tarde, cuando la noche desplegaba su velo negro sobre encinas y olivares, una ambulancia buscaba desesperadamente ganar tiempo al tiempo por la sinuosa carretera que unía la capital con los pueblos serranos. Las ráfagas de color ámbar centelleaban en la penumbra, mientras el rugido del acelerado motor rasgaba el silencio de una noche de estío en el angustioso trayecto al Hospital “Reina Sofía”. Pero la muerte viajaba en el habitáculo del torero herido, y cuando el horizonte dibujaba las primeras luces de Córdoba su presencia obligaba a un cambio de plan. El torero agonizaba y había que llegar cuanto antes a un centro sanitario, el que fuera, sin demora alguna. El primero era el antiguo Hospital Militar, situado a la entrada de la ciudad bajando desde Cerro Muriano. Solo un milagro podría impedir que unos párpados sin fuerza cerraran para siempre aquellos ojos azules como el mar que besa Barbate, donde Francisco de niño, quebrando olas de espuma blanca, soñó alcanzar la gloria del toreo. 

Mas la parca llegó silenciosa en el bochorno de aquella noche de principio de otoño con aromas a jazmín, mientras en el cielo azul oscuro, como el color del último traje que vistió el torero, las estrellas rutilaban viendo llorar a los hombres del toro, rotos y hermanados en el caserón castrense donde moraba el cadáver de Paco. La noticia, propagada con inmediatez por la radio, recordaba al mundo que el toro mata y le basta un instante para segar la vida del torero más poderoso, incluso aquel que por sus fabulosas facultades pueda parecer imposible, como ocurrió con Joselito en Talavera de la Reina. Y como había vuelto a suceder con Paquirri en Pozoblanco.

En la plaza de Los Califas de Córdoba, 29 de mayo de 1977. Antes del paseíllo
 sonríen Curro Romero, Paquirri y Manzanares. Todo un cartel. Foto Arjona
Porque como Joselito, Francisco Rivera fue un lidiador excepcional, de inmenso poderío, completo en todos los tercios. Y como el menor de los Gallo tenía obsesión por demostrar su hegemonía en el toreo. La lidia carecía de secretos para él, conocía el oficio de principio a fin, le sobraba afición y reunía las cualidades necesarias para ser figura enfrentándose a cualquier encaste, sin vacilar en la forja de una vocación donde si difícil es llegar más lo es mantenerse en primerísima fila. La noble y legítima aspiración del diestro de Barbate era codearse con los grandes en las puertas de cuadrillas. Su ansiedad juvenil fue administrada sabiamente por el sagaz apoderado cordobés José Flores Camará, que dirigió su carrera hasta situarlo en la cúspide de la torería, y del que no olvidó nunca una frase con aire de sentencia, pronunciada en un momento duro de sus comienzos para espolearlo: “Francisco, aprende a ser yunque para cuando seas martillo”. 

Hizo tan suyas estas palabras que siendo máxima figura las repetía a los compañeros que empezaban en momentos de fragilidad. Francisco Rivera hubo de aprender a ser yunque, comprobar como la triunfal carrera de novillero no contaba tras la alternativa, donde  comenzaba otra guerra más difícil en la que era imprescindible poderle a los toros por duros que fueran, para abrirse paso a codazos ante un elenco de espadas fabuloso: Manuel Benítez El Cordobés, Paco Camino, Diego Puerta, El Viti, Antonio Bienvenida, Jaime Ostos, Julio Aparicio, Litri, César Girón, Mondeño, Miguelín… Pero Camará, admirador de Joselito y astuto como pocos, sabía que dirigía la carrera de un gallo de pelea, capaz de triunfar a golpe cantao, cuyas cualidades terminarían por revelar a un lidiador largo, dueño de la lidia de principio a fin, poderoso con el capote, brillante banderillero, eficaz muletero y gran estoqueador, con valor probado y ambición sobrada para lograr su objetivo. 

Gran pase de pecho de Paquirri. Foto Cano

Paquirri, sabiendo que el timón de su carrera lo guiaban unas manos expertas, curtidas en mil galernas, que marcaban con precisión el rumbo para atracar en el puerto soñado, afrontó un reto que solo superan quienes reúnen condiciones para mandar en el toreo. En las primeras temporadas hubo de matar corridas menos apetecibles con honorarios ridículos, pero sacó su raza cuando las dudas y percances invitaban a pensar si todo merecía la pena. Confiando en sí mismo atacó sin guardar nada dentro y  el éxito no tardó en llegar, ni el caché de figura y las repeticiones en plazas determinantes con carteles de categoría que sellarían su carrera con la aureola de primer espada que mantuvo siempre. Las palabras de Camará se cumplieron a rajatabla: el yunque se convirtió en martillo. Como ejemplo de la autoestima de Paquirri, recordamos que en las postrimerías de su carrera, en plena revolución de un genio llamado Paco Ojeda, no dudó en anunciarse con él varias tardes mano a mano. Era su modo de decir al revolucionario de Sanlúcar quién ocupaba el trono del toreo.
Marbella, 29 de julio de 1984. Paquirri y Paco Ojeda con 
Francisco  y Cayetano Rivera Ordóñez. Foto J.L.Carabias
Córdoba fue testigo del inicio de su carrera. Francisco Rivera se presentó con picadores en la vieja plaza de Los Tejares el 19 de marzo de 1965, junto a Curro Limones y El Monaguillo, cortando dos orejas como tarjeta de visita, triunfo que le sirvió para echar el paseíllo siete tardes en la nueva plaza de Ciudad Jardín, entre las temporadas de 1965 y 1966. En el coso levantado en terrenos de la antigua Huerta de la Marquesa, Paquirri se enfrentó a su hermano José, de apodo Riverita, Manolo Sanlúcar, Paco Asensio, Pedrín Benjumea, Rafael Poyato, Paco Pallarés, Palomo Linares, Andrés Torres El Monaguillo, Paco Ceballos, Alfonso González Chiquilín y Antonio Ruiz El Barquillero. Tal fue el idilio que despertó el gaditano con la afición cordobesa, que en el verano de 1965 lo anunciaron tres domingos consecutivos, llenando la plaza el 25 de julio, festividad del apóstol Santiago -también hacía en verano un calor insoportable, lo que demuestra la calidad de aquella afición-, donde alternó con Paco Pallarés y Palomo Linares, saliendo a hombros tras cortar tres orejas a un encierro de doña María Pallarés de Benítez-Cubero

Madrid 24 de mayo de 1979. Paquirri estoqueando
 a Buenasuerte de Torrestrella. Foto Botán.
Se aguardaba con expectación su presentación como matador de toros, que ocurrió el 25 de septiembre de 1966, en la desaparecida feria de otoño, donde el coso se llenó para verlo cruzar el albero junto a Manuel García Mondeño y Manuel Benítez El Cordobés, auténtico amo del toreo, quienes lidiaron un encierro de Hermanos García Romero. Sería la primera de la docena de corridas que sumó en Córdoba, plaza donde también alternó con Ángel Peralta, Gabriel de la Haba Zurito, Manuel Cano El Pireo, Victoriano Valencia, Pedrín Benjumea, Miguel Márquez, Curro Rivera, Luis Miguel Dominguín, José Antonio Campuzano, Sebastián Palomo Linares, Agustín Parra Parrita, Curro Romero, José María Manzanares, Emilio Muñoz, Luis Francisco Esplá, Dámaso González y Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea. Su última comparecencia tuvo lugar el 26 de mayo de 1982, con Dámaso González y José María Manzanares, para despachar un encierro de don Ramón Sánchez Rodríguez

La satisfecha sonrisa del triunfo. Foto Moratalla
El 26 de septiembre se cumple el aniversario de la cogida mortal del espada nacido en Zahara de los Atunes, en el término de Barbate, quien con enorme valor, sin perder la sonrisa, manifestó su entrega en los ruedos saludando a los toros con largas de rodillas, protagonizando brillantes tercios de banderillas, y sometiéndolos en la muleta antes de homenajear la suerte suprema con fulminantes estocadas al volapié o recibiendo. Con la muerte de Paquirri el toreo perdió a un lidiador completo. Córdoba lo vio salir a hombros de las plazas de Los Tejares y de Los Califas en atardeceres de gloria y triunfo. También, porque el destino lo quiso,  del Hospital Militar en un féretro portado por toreros, mientras los aficionados congregados en las puertas del recinto le tributaban un sencillo y emotivo homenaje, rompiendo el tenso silencio de la madrugada con una emocionada ovación y gritando entre lágrimas al héroe muerto: ¡Torero, torero, torero...!