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sábado, 26 de abril de 2025

JUAN ORTEGA: «SE TOREA POR MIEDO»

Por Antonio Luis Aguilera 

Juan Ortega

Siempre hemos pensado que se torea por la necesidad de expresar un sentimiento inexplicable, de mostrar en público las formas de un acento propio que anhela escapar de la intimidad, para manifestarse en el vuelo de unas telas gobernadas por el temple, que reduce la embestida del toro y la somete. Es cierto que la historia está llena de hombres que torearon para escapar de la miseria, pero no olvidemos que tenían valor, porque por mucha hambre y necesidad que se tenga, sin ser capaz de ponerse delante para quedarse quieto, es imposible desafiar con un lienzo a un animal imprevisible, que busca derrotar a todo el que se cruce en su camino. Como aseguraba el maestro Paco Camino: «Las colas del paro estarían vacías si los que las forman fueran capaces de ser toreros». 

Nuestro pensamiento contemplaba que el miedo es el compañero inseparable en el viaje profesional del torero, pero no la motivación que lo impulsa a jugarse la vida. Sin embargo, en unas declaraciones realizadas por Juan Ortega para los informativos de Canal Sur Televisión, el torero de Triana explicaba que durante su estancia universitaria en Córdoba, compaginada con su paso por la Escuela del Círculo Taurino, aprendió de un profesor (Rafael Blancas) que se torea por miedo, algo que entonces no lograba entender con claridad, porque estaba convencido que el toreo es un sentimiento. Y cuando se comienza lo único que de verdad se piensa es formarse y asimilar enseñanzas para expresarlo. 

 Juan Ortega, un torero distinto.

A veces, los que no nos jugamos la vida ante el toro, ni sabemos lo que pasa por la cabeza de los toreros por muy aficionados que seamos, pecamos de irrespetuosos. A propósito de estas declaraciones conversamos con el torero para exponerle nuestro punto de vista. Y su contestación nos hizo recordar a otro genio de Triana, Juan Belmonte, quien afirmaba que «se torea cómo se es».

Porque Juan Ortega, el torero que más despacio hemos visto torear, y puede que el que más despacio lo ha hecho en la historia del toreo, nos razonó, con la elegancia y el temple con que muestra su arte, como el paso del tiempo le ha hecho ver que aquella frase, que en principio no entendía, estaba llena de sentido. Su forma de explicarse merece ser conocida por los aficionados que visitan esta recoleta «Plaza de la Lagunilla». Al fin y al cabo, la frase se pronunció en Córdoba, ciudad silenciosa donde el caminante escucha sus propios pasos, y las palabras adquieren aire de sentencia. De su gente la escuchó el maestro, que nos dijo:

«Así lo creía yo antes, pero con el paso del tiempo he ido descubriendo sensaciones nuevas. El toreo, como bien dices, es la expresión de un sentimiento, y cuando uno empieza torea simplemente por la necesidad de mostrarlo. Cuando las circunstancias cambian, cuando el animal deja de ser un becerro para convertirse en un toro, el instinto de conservación se dispara, y el sentido de la vida quiere imponer su ley. Ese miedo, es decir, superar ese miedo, vencer a ese instinto de conservación, es lo primero que uno necesita para poder luego expresarse. Y ese miedo es un cúmulo de miedos: miedo a perder la vida, miedo físico, miedo a hacer el ridículo, miedo a defraudarte, a defraudar…  Todos esos miedos hacen que generes en tu interior una fuerza mayor, que te hace tirar para adelante y expresar, e incluso llegar a disfrutar delante de la cara de un toro».

Ahí queda su lección, que nos hizo recordar al escritor José Alameda, cuando tras una conversación personal con Manolete le aseguró: «Todo lo que se aprende del toreo, se aprende de los toreros».

martes, 6 de agosto de 2024

PACO CAMINO: TORERO DE TOREROS

Por Antonio Luis Aguilera

Paco Camino. Foto Botán

Ante el fallecimiento de Paco Camino queremos recordar al diestro por cuyo arte nos aficionamos a la Fiesta de los toros, el que marcó nuestra niñez con la impronta de su poderío y el bello trazo de su toreo, ese que no pudimos ver en las plazas, sino en las imágenes en blanco y negro de TVE y de los reportajes del NO-DO, hasta que en los tendidos pudimos disfrutar de sus últimos años en activo. La naturalidad de su expresión y su prodigiosa inteligencia hicieron grande el toreo en manos del diestro de Camas, que pronto nos cautivó con su elegante toreo de capa, sus incomparables chicuelinas, y aquellas faenas abiertas con preciosos pases de trinchera que prologaban la hermosa sinfonía de su toreo en redondo, donde cobraba especial relieve el pase natural y la magistral interpretación de la estocada, instrumentada con tanta ortodoxia y gallardía como pureza y torería. 


El pase natural de Paco Camino

Ha muerto un torero histórico e irrepetible, miembro de la maravillosa generación de figuras que marcaron con la singularidad de sus acentos profesionales la inolvidable década de los sesenta, donde llegaron abriéndose paso a codazos ante un elenco de espadas de mucha categoría, la generación posterior a la época de «Manolete», para  terminar adueñándose del toreo de aquella España del desarrollo y rotular sus nombres en los carteles de todas las ferias. Las imprentas editaban preciosos carteles de toros —de los que viéndolos de lejos se sabía que anunciaban corridas de toros; no como los actuales, que han de observarse de cerca para comprobar si anuncian un concierto o un quinario—, cambiando solo el nombre de la ciudad y repitiendo como una letanía, entre otros buenos e inolvidables toreros de esa época, los nombres de Diego PuertaPaco Camino, «El Viti», y «El Cordobés».

Las décadas de los años sesenta e inicios de los setenta, arrastrados por esa locomotora del toreo que fue el «Huracán Benítez» tuvieron como grandes protagonistas a «Diego Valor», «El Niño Sabio de Camas» y «Su Majestad El Viti», amigos en la calle pero perros de presa en el ruedo, para regocijo del público y la buena salud de las ferias y plazas del orbe taurino. De esa época quedaron acuñadas dos frases que la caracterizaron: la primera, «El Cordobés y dos más», que define el poderío del torero de Palma del Río, que cualquier día de la semana, sin necesidad de que fuera festivo o la fecha del patrón de la localidad, llenaba las plazas hasta el tejado cobrando no menos de un millón de pesetas por tarde, «un kilo» como popularizó el propio Benítez, mientras los elevados honorarios para la época obligaron a las empresas a incrementar considerablemente los que percibían el resto de figuras. La segunda, el tridente que se repetía en todos los carteles de postín, se hizo tan célebre en la jerga taurina que pronto se incorporó al lenguaje coloquial para mandar de paseo a la gente pelmaza: «PuertaCamino y Viti».


Magistral estocada de Paco Camino en Bilbao a un toro 
de Juan Pedro Domecq. Foto Cuevas.

Honda fue la huella torera que dejó Paco Camino en México. En el país hermano lo recuerdan con veneración, como a uno de los toreros españoles más queridos, de sus «consentidos». Si el recuerdo de «Manolete» resulta todavía sobrecogedor para la apasionada afición azteca, la admiración por el toreo de Camino no queda atrás en una tierra que conquistó con su arte y que, como ocurrió al «Monstruo», también ella le conquistó para siempre como torero y persona, pues si grandes e importantes fueron sus éxitos en los ruedos españoles y otras naciones americanas, los conseguidos en su querido México, que lo acogió e hizo uno de sus espadas favoritos, están repletos de tardes históricas y memorables.

Paco Camino a hombros en Madrid

Nos ha dejado una auténtica figura del toreo, de cuya tauromaquia han bebido y beben todos los espadas que quisieron ser gente en el toreo. De Paco Camino puede afirmarse rotundamente que fue un torero histórico, irrepetible, grande entre los grandes, un espejo donde mirar. Lo que los aficionados conocen como torero de toreros. De los de antes y los de ahora. Descanse en paz el inolvidable maestro de Camas, el pueblo del que se sentía orgulloso de haber abierto los ojos y del que apasionadamente defendía su natalidad, con el sinsabor de tener en el alma una espina clavada cuando le decían que era de Sevilla, que digámoslo claro, con él fue, como con otros de sus grandes toreros, madrastra en lugar de madre: «Yo no soy de Sevilla, soy de Camas». 

Un torero tan grande no puede seguir silenciado en la ciudad cuyo nombre paseó entre triunfos por todo el mundo taurino.

 

sábado, 3 de febrero de 2024

JUAN ORTEGA VUELVE A MÉXICO

Por Manolo Castilla

Juan Ortega mece la verónica en Sevilla. Foto Arjona


Desde Holanda el buen amigo y gran aficionado mexicano Manolo Castilla nos envía este emocionado texto para su publicación, dedicado al matador de toros Juan Ortega con motivo de su regreso esta tarde a los ruedos de México.

 

Después de 1756 días o 4 años, 9 meses, 20 días y más una docena de faenas de culto Juan Ortega vuelve a México en plan de artista para encontrarse con el toro mexicano y su afición.

Hoy hará el paseíllo en “La Luz” de León, Guanajuato un torero sevillano, especial, de corte clásico, autentico, puro, torero de culto, torero de toreros, que su concepto encaja con la templada embestida del toro mexicano misma con la que llevarían su tauromaquia Joaquín Rodríguez Ortega "Cagancho", Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" y Paco Camino Sánchez a su máxima expresión de belleza, sentimiento, temple, suavidad, profundidad, técnica, empaque, poder y dominio entregados ante una afición -mexicana- que disfrutó de su toreo de oro haciendo de éstos los más grandes ídolos toreros españoles queridos por la afición mexicana. 

Ese es el sitio donde pertenece y hacia dónde va el toreo de Juan Ortega.

Ortega acaricia el lance en Ronda. Foto Arjona

El Hilo del Toreo vuelve a encontrarse ahora en tierra de don Rodolfo Gaona “El Califa de León” y de la dinastía Silveti, una de mayor abolengo, riqueza e historia taurina para partir plaza junto a Diego Silveti y Joselito Adame con toros De la Mora; al aficionado mexicano le confesamos y sugerimos no perder la oportunidad de ver a un torero único e inigualable, al que basta con verle hacer el paseíllo, moverse con cadencia por el ruedo o encajar la barbilla al pecho para con suavidad en dedos y muñecas pegar unas verónicas -¡Orteguistas!- y quedar completamente extasiado!

Para aquellos aficionados, llamémosles "Orteguistas", que se multiplican cada tarde que su torero firma una obra de arte en toreo de magia y seducción, conocen y reconocen una evolución, diríamos más bien revolución (¡el que mejor y más despacio torea de todo el escalafón, en frase de mi amigo Antonio Aguilera!) y reencarnación (¡Juan -de Belmonte- y -JoselitoOrtega!) en su toreo, en su figura, pose y expresión cuyo reflejo y fuente de inspiración (¡hilo del toreo!) bebe de los más grandes bohemios de la historia de la tauromaquia: CaganchoCurro PuyaSernaRomeroPaula y que nos hace viajar en tiempo cada tarde que viste el traje de luces o azabache al hacer el paseíllo.

Toreo de seda con las yemas de los dedos. Foto Arjona

La tarde de hoy será apenas su cuarta actuación en México y primera desde que se presentó en tierra de otra leyenda mexicana Silverio Pérez, en Texcoco, Estado de México, ante un serio y fuerte encierro de la legendaria ganadería de Pastejé, misma con la que el “Faraón de Texcoco” hiciera una faena de culto al inmortalizar al toro “Tanguito” hace 80 años (31.01.1943) en el Toreo de la Condesa; pero aquella actuación en Domingo de Ramos fue más bien un preámbulo a su temporada que arrancaría 7 días más tarde en Las Ventas de Madrid, dónde escribiría el periodista Gonzalo I. Bienvenida "El talento de Juan Ortega cala en Madrid... Una faena de otra época llenó de argumentos la peregrinación sevillana. Juan Ortega resucitó el toreo olvidado de capote. Toreó a la verónica reunido, despacio y con ritmo. No le importó el viento, tampoco el gesto encampanado del segundo de El Torero. Meció el capote con suavidad y remató con una media preciosa que calcaría en dos ocasiones más. Madrid rugió desde el principio...,” sobre su actuación.

La temporada 2019 Juan Ortega acabaría con 12 festejos y empezaría una revolución (artística) implantada a través de su arte, personalidad y única forma de ver, entender e interpretar el toreo, o que es lo mismo: “el Torero que mejor y más despacio torea de todo el escalafón”.

Inspiración, sentimiento y profundidad. Foto Arjona

El “Hilo del Toreo” llega a tierra de don Rodolfo Gaona “Califa de León”, el Indio Grande y “Petronio de los Ruedos” cercano al cumplirse el centenario de su despedida (12.04.1925). 

Juan Ortega vuelve a México para fundirse en tierra Azteca eternamente ligada a las entrañas por su aportación taurina, riqueza cultural e idiosincrasia, por su independencia, por su historia, plazas de toros, afición, y por su toro fuente, pilar y bastión para grandes artistas y en general para el toreo universal como lo fue, por ejemplo, para Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo" (éste, por su descubrimiento ante “Dentista y “Lapicero”) y, más recientemente, en menor rango a Pedro Gutiérrez Moya "Niño de la Capea", Enrique Ponce y Julián López "Juli", dejando aparte en otra órbita a José Tomás simplemente porqué es ¡José Tomas!, quién no por nada tuviera una alternativa mexicana con el toro “Mariachi” de Xajay (10.12.1995) en la misma Plaza México.

¡Un torero distinto a todos! Foto Arjona

Juan Ortega vuelve a México para encontrar aún más inspiración y profundidad en su toreo, sumergido en campo bravo mexicano, encontrando en sus raíces la expresión y sentimiento de la escuela mexicana del toreo, a través de su toro, misma que empieza con don Rodolfo pasando por Ortiz, Balderas, El Soldado, Garza, Silverio, Ranchero, Callao, Procuna, Capetillo, Manolo, Mariano, Eloy, Miguel, Jorge, David y, muchos más, hasta llegar al mismo Pana más recientemente, pero esa historia del hilo del toreo mexicano merece una entrada aparte y mención especial.


Manolo Castilla


 

Cartel - sábado 3 febrero 2024

Localidad: León, Guanajuato, México

Plaza de toros: "La Luz"

Inauguración: 16 septiembre 1961

Cartel: Manuel Capetillo, Juan Silveti, Felipe Rosas

Toros: Valparaíso

Propiedad: Espectáculos Taurinos de México (ETMSA)

León de los Aldama, conocida como León, es capital del estado de Guanajuato ubicada en el centro de la República Mexicana fundada un 20 de enero de 1576 por Martín Enríquez de Almansa cuenta con un total de 46 municipios es el sexto estado con más población del país

 

JOSELITO ADAME

Alternativa: 7 septiembre 2007

Lugar: Arles, Francia

Padrino: Julián López "El Juli"

Testigo: Juan Bautista

Ganadería: Antonio Bañuelos

Toro: "Magnífico"

 

DIEGO SILVETI

Alternativa: 12 agosto 2011

Lugar: Gijón, España

Padrino: José Tomás

Testigo: Alejandro Talavante

Ganadería: Salvador Domecq

Toro: "Lisonjero"

 

JUAN ORTEGA

Alternativa: 27 septiembre 2014

Lugar: Pozoblanco, Córdoba, España

Padrino: Enrique Ponce

Testigo: José María Manzanares

Ganadería: Zalduendo

Toro: “Amante”



martes, 21 de diciembre de 2021

EL AÑO DE PEPE LUIS

Por Antonio Luis Aguilera

Pepe Luis Vázquez 

Hay que tener mucho cuidado con los «doctores taurinos» que acuden a prestigiosos foros para ser protagonistas de coloquios donde se propaga la confusión. Con motivo de cumplirse hoy el centenario del nacimiento de Pepe Luis Vázquez, se están celebrando en Sevilla diversos actos para glosar sobre la figura del memorable torero, pero no en todos se le está guardando el respeto que merece a la historia del toreo. Que el conferenciante ostente un buen curriculum como docente, y ocupe la tribuna taurina de un importante periódico, no significa que esté capacitado para escribir o hablar de toros si sus juicios carecen de objetividad. No puede estarlo desde el momento en que se ignora el curso de los acontecimientos protagonizados por los que escribieron la historia.

Pepe Luis y Manolete

Para hablar bien de Pepe Luis no es necesario hablar mal o con desangelado desdén de sus compañeros de época, porque puede que el «prestigioso orador» quede con el culo al aire, de olvidar que la época de Pepe Luis la protagonizó «Manolete», que fue quien mandó en el toreo de los años cuarenta, y el que implantó de forma definitiva el sistema de toreo actual, el que quedaría establecido como canon para todas las generaciones de toreros que vendrían después: el ligado en redondo. Sin embargo, resulta chocante observar la exaltación de los pensamientos de Marcial Lalanda y de Domingo Ortega, quienes nunca perdonaron a «Manolete» que les adelantara la retirada del toreo. Por esta razón, no es de recibo que para glosar la figura de Pepe Luis —que siempre habló bien de «Manolete» como éste a su vez lo hizo de él—, se esboce una desafortunada y vaga referencia del dueño y señor de aquella época, como un torero perfilero que mataba muy bien; o que al contemplar la historia se aluda insulsamente al creador de la faena moderna: Manuel Jiménez «Chicuelo». Como el burro da vueltas a la noria sin preguntar qué hace, afamados oradores manosean la historia sin saber qué dicen.

Sería triste romper la magia del año que Sevilla pretende dedicar a la figura del inolvidable y grandioso Pepe Luis, si para ello algunos pretenden colocarlo en el lugar que no ocupó en el toreo, o que para ensalzarlo caigan en el menosprecio de otros enormes toreros sevillanos, que como el «Sócrates de San Bernardo» expresaron su arte en los ruedos, cincelando en la historia las maravillosas huellas de su toreo, aunque sus figuras no hayan sido cinceladas en las estatuas toreras de la ciudad hispalense, como Pepín Martín Vázquez o Paco Camino. 

Ya está bien de escribir o hablar exaltando la prevalencia del toreo cambiado o de avance sobre el de reunión o ligado, cuando no se entiende o no se quiere entender que el toreo actual poco o nada tiene que ver con el de Domingo Ortega o el de Marcial, sino con el que reveló, alternando los terrenos para ligar los pases Manuel Jiménez «Chicuelo», al que siguen envolviendo en el papel de regalo de la chicuelina, sistema que consolidó definitivamente la irrepetible regularidad de «Manolete». No se puede desnudar a un santo para vestir a otro, ni se debe hablar de toros sin objetividad y perspectiva histórica. El público no puede salir confundido por lo que ha escuchado en el interior de un templo del toreo como es la Maestranza de Sevilla. Ni los profesionales del toreo mirarse en la puerta preguntándose qué hacen ellos allí. La historia es la historia, y porque cada cual ocupa su sitio hay que tratarla con el rigor y la seriedad que merece.  

viernes, 9 de julio de 2021

JOSÉ MARÍA MANZANARES EN CÓRDOBA

Por Antonio Luis Aguilera

Magnífico muletazo de José María Manzanares en Sevilla. Foto Arjona

El 24 de junio se cumplió medio siglo de la alternativa del matador de toros José María Dols Abellán, fallecido el 28 de octubre de 2014. José María Manzanares, espada que por el concepto, clase y calidad de su toreo ha sido considerado un «espejo de toreros», pues raro resultaría el caso de alguna de las figuras actuales que no lo haya tenido como modelo de referencia para expresar su arte. La ceremonia tuvo lugar el día grande de la feria de Hogueras de su Alicante natal, oficiada por Luis Miguel Dominguín y actuando de testigo Santiago Martín El Viti, perteneciendo la ganadería al hierro de Atanasio Fernández; el toro del doctorado, al que cortó las orejas y el rabo, se llamaba Rayito.

José María Dols Abellán: Manzanares

El inolvidable torero alicantino permaneció en activo hasta el 2 de mayo de 2006, cuando en la plaza de Sevilla no hubo suerte y tras la lidia del sexto, sin previo aviso, decidió dejar el toreo activo, diciéndole a su hijo José María, matador de toros del mismo nombre y apodo, que cogiera unas tijeras y saliera al tercio para quitarle el añadido que simula la coleta. Reaccionaron ante el imprevisto varios matadores y subalternos que estaban en la corrida, que saltaron al ruedo para cogerlo a hombros y sacarlo así por la anhelada Puerta del Príncipe de la Maestranza, mérito que a punto estuvo de lograr varias tardes en la que era una de sus plazas favoritas, pero que nunca alcanzó durante su carrera. Así pues, por encima del preceptivo éxito artístico y de los trofeos exigidos para abrirla, sus compañeros quisieron reconocer la categoría del maestro, al que se disputaron por llevar de costaleros

Un emocionado Manzanares 
a hombros de Enrique Ponce.

Hablar del maestro de Alicante es hacerlo de quien desde sus inicios fue un referente para los aficionados del toreo clásico, uno de los pocos espadas al que se marcan los carteles de las ferias grandes para seguirlo, porque gusta lo qué hace y cómo lo hace: el toreo con elegancia y maestría, sin estridencias, con suave dominio y un marcado acento personal que cautiva por su belleza y señorío.

Vamos a recordar la huella del alicantino en la plaza de Los Califas, donde José María hizo diecinueve paseíllos para actuar en dieciséis corridas de toros y tres festivales benéficos.

Su debut en Córdoba fue como espada de alternativa el 26 de mayo de 1973, tarde que se lidiaron toros de la recordada divisa cordobesa de don Francisco Martínez Benavides —encaste Santacoloma-Urquijo, que por brava y enclasada gozaba de un excelente momento y que el torero de Alicante mató con frecuencia—, acartelado con el cordobés Antonio José Galán, que cortó cuatro orejas y un rabo, y José Luis Galloso, que cortó una oreja al sexto. José María resolvió su presentación cortando las dos orejas al segundo y una al quinto. Por cierto, esa tarde se dio la vuelta al ruedo a Madrileño, al que Galán había cortado el rabo.

Ese mismo año, en la desaparecida feria de septiembre, Manzanares haría su segundo paseíllo el día 26, alternando con José Fuentes, ovación y palmas; y Ruiz Miguel, vuelta y dos orejas. Se lidiaron cuatro ejemplares de don Juan Gallardo Santos, uno (4º) de don Julio Garrido y otro (6º) de Prieto de la Cal. Su balance fue ovación y silencio.

El 25 de mayo de 1975, José María Manzanares volvía a triunfar con rotundidad en la plaza cordobesa, cortando las dos orejas del segundo y otra al quinto. En su tercera corrida, con toros de don Manuel González Cabello, alternó con Sebastián Palomo Linares, que fue ovacionado en ambos; y Paco Alcalde, que cortó la oreja al tercero y dio la vuelta al ruedo en el sexto. Manzanares fue proclamado el triunfador de la feria con la adjudicación del trofeo Manolete del Ayuntamiento de la ciudad.

La cuarta cita como matador de toros fue el 30 de mayo de 1976, tarde que se jugaron astados de doña María Coronel de Núñez. Manzanares, que encabezaba la terna, fue aplaudido en el primero y cortó las dos orejas del cuarto; Paco Alcalde fue ovacionado y escuchó palmas; y Agustín Parra Parrita cortaba una oreja a cada uno de sus ejemplares.

Córdoba, 29 de mayo de 1977. Curro Romero,
José María Manzanares y Paquirri. Foto Arjona.

El 29 de mayo de 1977 Manzanares toreaba su quinta corrida en el coso califal, cortando las dos orejas al sexto y siendo aplaudido en el tercero. Alternó con Curro Romero, división de opiniones y ovación; y Francisco Rivera Paquirri, que cortó las dos orejas al segundo y fue ovacionado en el quinto. Los toros pertenecieron, cinco a la ganadería de don Francisco Martínez Benavides, y uno (5º) a los Herederos de don Salvador Guardiola.

La sexta comparecencia de José María Manzanares en corrida de toros tuvo dos partes, porque en la tarde del 26 de mayo de 1978 fue tal la tormenta y el fuerte aguacero que descargó durante la lidia del primer astado, que en pocos minutos el ruedo quedó impracticable para el toreo. Empresa, autoridad y toreros acordaron que la corrida se celebrara tres días después, el 29 de mayo, lidiándose los cinco toros restantes. Así pues, en la nueva fecha se pudo llevar a cabo y el balance de este festejo de dos sesiones fue Antonio José Galán, oreja y dos orejas; José María Manzanares, vuelta y palmas; y Niño de la Capea, ovación y oreja. Los toros pertenecieron a don Francisco Martínez Benavides.

La séptima corrida de José María Manzanares en Los Califas fue el 27 de mayo de 1979, tarde que nuevamente se lidiaron cinco toros de don Francisco Martínez Benavides y uno (6º) de doña Mercedes Pérez Tabernero, corrido como sobrero. El albaceteño Dámaso González fue ovacionado en el primero y cortó una oreja al cuarto; Manzanares cortó las dos orejas al segundo y una al quinto; y Niño de la Capea fue silenciado en su lote.

Manzanares al natural en Sevilla. Foto Arjona

Por octava vez como matador de toros haría el paseíllo el 25 de mayo de 1980, para lidiar toros de Torrestrella con Francisco Rivera Paquirri, división de opiniones y dos orejas; Manzanares, ovación y oreja; y Luis Francisco Esplá, vuelta tras aviso y ovación. Al tercer ejemplar, de nombre Rompevientos, se le concedió la vuelta al ruedo.

La tarde del 26 de mayo de 1982 el diestro alicantino sumaría su novena actuación compartiendo cartel con Paquirri, oreja y vuelta, y Dámaso González, vuelta y silencio. Manzanares dio la vuelta en el tercero y escuchó palmas en el sexto. Los toros pertenecieron, tres al hierro de don Ramón Sánchez Rodríguez y tres (2º, 3º y 4º) al de su hijo don Ramón Sánchez Recio.

Cuatro años después, la tarde del 25 de mayo de 1986, José María Manzanares sumaba su décima corrida en Córdoba. Se lidiaron toros de los Herederos de don José Luis Osborne para el espada alicantino, que fue pitado en el primero y cortó una oreja al cuarto; Paco Ojeda, oreja y ovación; y Juan Antonio Ruiz Espartaco, silencio y ovación.

En la feria siguiente, la tarde del 26 de mayo de 1987, Manzanares sumaba su corrida número once. Se jugaron cinco toros de don Ramón Sánchez y uno (6º) de don Alonso Moreno. El balance de José María fue pitos y división de opiniones; Paco Ojeda, ovación y silencio; y Emilio Oliva, oreja y palmas.

El inolvidable toreo de Manzanares. Foto Arjona

Para la corrida número doce, celebrada la tarde siguiente, se jugaron cuatro toros de los Herederos de don José Luis Osborne y dos (1º y 5º) de don Ramón Sánchez. Manzanares cortó la oreja al primero y fue ovacionado en el cuarto; Niño de la Capea, palmas y ovación; y Fernando Cepeda, vuelta al ruedo y palmas.

La tarde doce más uno tuvo lugar el 25 de mayo de 1989, corriéndose cinco toros de El Torero y uno (3º) de Hermanos González Sánchez-Dalp. Manzanares fue ovacionado en ambos; Manili, dos vueltas al ruedo y ovación; y Fernando Cepeda, vuelta y silencio.

El 24 de mayo de 1991, para su corrida catorce en Córdoba, se jugaron tres toros de Montalvo y tres (1º, 5º y 6º) de Arauz de Robles. Curro Romero fue abroncado en ambos; Manzanares escuchó ovación y pitos; y Julio Aparicio, fue pitado en su lote, siendo avisado en el sexto. 

Al año siguiente, la tarde del 31 de mayo de 1992, José María se anunció con toros de los Herederos de don José Luis Osborne, siendo ovacionado en el primero y silenciado en el cuarto; Niño de la Capea, fue ovacionado en ambos; y Rafael González Chiquilín escuchó ovación y palmas.

Toreando al natural a un santacoloma de doña Ana
Romero. Última corrida en Córdoba. Foto Arjona

Y así llegamos a su último paseíllo como matador de toros, que fue el 1 de junio de 1996. Aquella tarde el mal uso de la espada impidió un gran éxito al maestro de Alicante, que con los bravos santacoloma de doña Ana Romero, remendados con un sobrero de don Juan José González (2º), ofreció una soberana tarde de toros. José María Manzanares dio la vuelta al ruedo en el primero y fue fuertemente ovacionado en el cuarto; José Miguel Arroyo Joselito cortó una oreja a cada uno de su lote; y Juan Serrano Finito de Córdoba cortó una oreja al tercero y las dos al sexto tras una gran actuación.

En cuanto a los festivales, en tres ocasiones pisó José María Manzanares el ruedo califal para colaborar con su arte en causas benéficas. La primera vez fue el 22 de abril de 1979, cuando el torero de Alicante vistió de corto para colaborar con la Escuela Taurina del Círculo Taurino de Córdoba, despachando utreros de Torrestrella. Le acompañaron los maestros Paco Camino (dos orejas), Gabriel de la Haba Zurito (oreja) y Pedro Gutiérrez Niño de la Capea (dos orejas y rabo), y los novilleros Fernando Vera (oreja), Fermín Vioque (vuelta) y Antonio Tejero (dos orejas). Manzanares cortó una oreja.

Su segundo paseíllo con el marsellés tuvo lugar el 19 de diciembre de 1998, festejo a favor de la Hermandad de Jesús Caído de Córdoba (la de los toreros). Aquella tarde se jugaron dos novillos de Miguel Báez Litri (1º y 3º), dos de Los Guateles (5º y 7º) y tres de Enrique Ponce (2º, 4º y 6º). Abrió plaza el rejoneador Martín González Porras, que cortó una oreja; en lidia ordinaria, José María Manzanares fue ovacionado; Litri cortó una oreja; Enrique Ponce, dos orejas; Chiquilín, oreja; José Luis Moreno, oreja; y el novillero Rafael Sánchez Pulido, dos orejas.

Su último paseíllo en el albero califal fue vestido de corto el 25 de marzo de 2006, actuando a beneficio de la Asociación contra el Cáncer en Córdoba. Se lidió un toro de Castilblanco para rejones, y seis utreros de Manuel y Antonio Tornay. El rejoneador Leonardo Hernández hijo fue ovacionado; José María Manzanares, silenciado; Enrique Ponce, oreja; Jesulín de Ubrique, oreja; Rivera Ordóñez, oreja; Salvador Cortés, dos orejas; y el novillero Julio Benítez El Cordobés, oreja.

Pepe Manzanares (padre de José María), Fernando Carrasco (crítico de ABC)
 y el autor del blog. Antiguo hotel Meliá Córdoba, 31-5-1992 . Foto Marogo.

Este es el historial de José María Dols Abellán en Córdoba, el hijo del banderillero Pepe Manzanares, al que su padre transmitió la afición y de quien recibió, además del apodo y las nociones básicas del oficio, el permanente consejo de que el toreo es clasicismo y pureza para acariciar las embestidas y expresar artísticamente un sentimiento. La gran referencia del maestro de Alicante, como la de tantos otros, fue Antonio Ordóñez, pero también bebió de las cristalinas fuentes de Antonio BienvenidaPaco Camino, Santiago Martín El Viti, José Fuentes y otros toreros hasta pulir un estilo con sello propio, inconfundible por la bella expresión de las suertes, su cadencia en la forma de acompañarlas con la cintura, y la maestría con que las ejecutaba desde que se colocaba para enganchar hasta que las soltaba para ligar la serie, dibujando inolvidables y templados trazos que engrandecía con su empaque de clásica torería.

Al cumplirse cincuenta años de la alternativa de José María Manzanares, rendimos honor a uno de los maestros del toreo, de los que dejaron su huella imborrable en el corazón de los aficionados, que lo recuerdan con la admiración y emoción que merece la elegante belleza de su arte. 

jueves, 23 de enero de 2020

JOSELITO: CIEN AÑOS DE TALAVERA

Por Antonio Luis Aguilera
Joselito en Valencia, 26 de octubre de 1913. Foto Martín Vidal Romero.
—Niño, a Joselito lo mató el toro Bailaor en la plaza de Talavera de la Reina; a Granero, Pocapena en Madrid; a Sánchez Mejías, Granadino en Manzanares, a Manolete, Islero en Linares. 
—Abuela, ¿tú de quien eras, de Joselito o de Belmonte?
—¿Yo de quien iba a ser...? ¡De Joselito, que parecía que lo había pario una vaca, porque lo sabía del toreo! ¡Como él no había otro, era el más grande! Si sería bueno que hasta el Guerra, que no se casaba con nadie, era partidario suyo. 
Yo conocía a Guerrita, porque tenía amistad con mi hermano Pepe, que regentaba un picadero de caballos en Écija. Rafael siempre iba vestido de corto por la calle, pa que to er mundo supiera que pasaba un torero. ¡Menudo fue en su tiempo! El día que tu tío Luis hizo la primera comunión, cuando íbamos por Gran Capitán camino de San Nicolás, nos paró y le regaló una moneda de cinco duros, que entonces era un dineral. ¡Y decía la gente que era gurrumino...!
—¿Y Belmonte, te gustaba?
—También era buen torero... Pero a mí el que me gustaba de verdad era Gallito, porque era completísimo
Y después Manolo Chicuelo. Me gustaba mucho por el arte que tenía. Yo conocía a Manolo, porque venía por el teatro (la abuela estaba empleada en la conserjería del desaparecido teatro Duque de Rivas de Córdoba) para ver a don Antonio Cabrera, que fue su padrino de boda con Dora la Cordobesa. Se casaron en el convento de san Jacinto, ante la Virgen de los Dolores, y fui a verlos. Dolores iba guapísima. Me acuerdo que lo celebraron en unos salones que había en el Gran Capitán donde daban banquetes. Además, Chicuelo fue padrino de alternativa de Manolete, que era punto y aparte. ¡Como ése no ha habido ni habrá ninguno...! Qué pena de hombre, entre todos le hicieron la vida imposible... Más tarde tu abuelo y toda la familia fuimos partidarios de Martorell, que toreaba divinamente, con las manos bajas, de Córdoba… 

Verónica de Joselito. Foto Espasa Calpe.
Así me instruía mi entrañable abuela materna, Pilar Herrera, a principio de los años sesenta del pasado siglo, cuando me llevaba y traía dos veces al día al parvulario del Colegio de la Milagrosa, en la calle Gondomar —donde me recordaba que estuvo situado el famoso Club Guerrita—. En el camino me hablaba de ganaderías y de toreros, porque los toros fueron su gran afición. Ella me llevó vestido con un babero blanco a ver mi primer festejo en la plaza de Los Tejares de Córdoba, una becerrada de convite homenaje a la mujer cordobesa, festejo que no me traumatizó —como ahora aseguran que ocurre los animalistas, mintiendo más que hablando—, sino que encendió en mí la llama de la afición al toreo. Aquella maravillosa aficionada estuvo abonada al tendido seis de la plaza de Los Califas con más de ochenta años, y no solo pagó con sus humildes ingresos mis primeras entradas de novilladas, sino que junto a su hijo, mi tío Luis Roldán, me enseñaron a ver, respetar y sentir el toreo como la expresión artística más culta, hermosa y auténtica. Y como una filosofía de saber ser y estar en la vida. 

Grandioso par clavando por los los adentros de Joselito 
De adulto, cuando comencé a interesarme por conocer a fondo la historia, no comprendía cómo se hablaba tanto de Belmonte y tan poco de Joselito, o cómo Gallito pudo ser el más grande de su época, si cualquier novillero de mi tiempo toreaba más quieto que aquella gran figura que observaba en las viejas fotos... Realmente, la evolución del toreo en las cuatro décadas que cronológicamente me separaban de su época había resultado demasiado rápida. Me desconcertaba pensar que el toreo de Bienvenida, Ordóñez o Camino pudiera proceder de la misma fuente. Compraba libros y leía cuanto caía en mis manos, repasaba fotos, veía los escasos reportajes antiguos... Y concluía que Gallito, con el capote y las banderillas era un genio, el mejor comparado con todos los de su tiempo, pero permanecían mis dudas sobre un rey movido con la muleta, por no asimilar aún que entonces la lidia gravitaba sobre los dos primeros tercios de la lidia y la estocada, mientras se estaban dando los primeros pasos, históricos y fundamentales, para que la muleta fuera la gran protagonista, algo para lo que resultó indispensable otro toro más bravo y noble, de mayor fijeza y hechuras proporcionadas, que los ganaderos seleccionaron y encontraron para que fuera posible el toreo moderno. 


Joselito y Belmonte
Mas volviendo a mi apasionada iniciación en la historia del toreo y la edad de oro de José y Juan —maticemos que la primera vez que se utilizó ese titulo fue para nominar la época de Lagartijo y Frascuelo—, observaba como los más reputados escritores daban razones que se debían creer como dogmas de fe. Algunos afirmaban que con Joselito culminaba en su máxima expresión el toreo antiguo, y que con Belmonte comenzaba el moderno. O sea, que Gallito fue un grandioso torero que se había quedado anticuado... Y se quedaban tan tranquilos. No creía tales afirmaciones, pues, por mucho que miraba y volvía a mirar las filmaciones y fotografías de ese tiempo, también veía antiguo a Belmonte. Los historiadores no despejaban mis dudas.

Luis Carlos Fernández y López
Valdemoro. El gran José Alameda
Y como quien busca, halla, tuve la suerte de encontrar el gran descubrimiento, la sorpresa del tesoro, al comprar en la taurina librería Rodríguez de Madrid la obra que daría luz a mis ojos abriéndolos de par en par. Estaba redactada por un hombre culto, extraordinario escritor y poeta, que además conocía el toreo por dentro, pues fue aficionado práctico —y debió serlo bueno porque llegó a auxiliar al mismísimo Juan Belmonte en algunos tentaderos—, un ciudadano español, nacido en Madrid, que desde Francia hubo de emigrar a México y allí, en lugar de ejercer su licenciatura de abogado, dedicó su vida al toreo como comentarista en diferentes medios de comunicación y publicando varios libros, donde con gran lucidez puso orden a lo que otros vieron sin comprender y escribieron sin entender. Mi constante búsqueda por conocer el origen y evolución del toreo había puesto en mis manos un libro sencillo, ni siquiera se trataba de un tratado, pero de una dimensión profunda, realmente maravillosa, que me impulsaba a devorar aquellas páginas que desmenuzaban y explicaban magistralmente algo tan complicado como la infancia, adolescencia y madurez del toreo. Mi gran descubrimiento fue que José Alameda entrara en mi vida con su libro Historia verdadera de la evolución del toreo (Bibliófilos Taurinos. México D.F. 1985), que en España sería editado en 1989, con el título El hilo del toreo, por Espasa Calpe.
Joselito sujeta al toro y le obliga a ir
hacia la izquierda. Foto Espasa Calpe.
Quedé maravillado con el magistral ensayo del genial aficionado y escritor que fue Luis Carlos Fernández y López Valdemoro (Madrid 24/11/1912–Ciudad de México 28/1/1990), que así se llamaba quien firmó sus obras con el seudónimo de José Alamedaen homenaje a dos inolvidables espadas: JoselitoChicuelo, el también histórico torero de la sevillana Alameda de Hércules nacido en la trianera calle Betis. Lo leí y releí no sé cuántas veces, porque disipaba mis dudas y ponía en orden conceptos históricos. Se trataba de disfrutar del fantástico descubrimiento que ordenaba el toreo en mi cabeza, con una explicación sobre su evolución como no he conocido otra, al tiempo que ponía en valor las aportaciones de otros toreros que, siendo determinantes en el curso de la historia, como el genial Manuel Jiménez Chicuelo, fueron condenados al miserable silencio impuesto por algunos de los respetables leguyelos que la escribieron, inventando dogmas, modelándola a su gusto, e ignorando a espadas fundamentales en la vertebración del toreo moderno, protagonistas de su curso, mientras cargaban la suerte hacia los de su cuerda o simpatía. Sin embargo, las magistrales enseñanzas de José Alameda, que afirmaba que la historia no establece dogmas sino aquellos que la escriben, se asemejaban a la ventana que se abre para ventilar un ambiente viciado e irrespirable; ellas oxigenaron y cambiaron por completo mis conocimientos sobre la Tauromaquia. Decía Alameda en unos versos dedicados a Joselito: ...que maravillosa crónica,/ si yo fuera en el papel/ como en la arena era él. Estoy convencido de que lo fue.

José Gómez Ortega Joselito 
Joselito Gallito, el inolvidable torero del que se cumplirá el 16 de mayo el centenario de su muerte en Talavera de la Reina, no solo llevó a su cenit el toreo del siglo anterior, siendo comparable por intuición, sabiduría, poder e inmensa torería al genial Guerrita, último rey de la centuria del XIX, sino que heredó el cetro para desbrozar durante su reinado el camino que conducía al toreo moderno, pues fue quien con la muleta en la izquierda ejecutó el pase natural obligando al toro a desviar su trayectoria, sujetándolo con el paño para desviarlo de la rectitud de su inercia hacia afuera y obligarlo a ir hacia el terreno de adentro, posibilitando de esta forma, con el intercambio de los terrenos del toro y los del torero, la repetición de la suerte las veces que fuera posible. 
Joselito colocó la primera piedra en la ligazón del pase natural, que aunque antes quede constancia histórica que a veces ejecutaron "girando los talones" espadas como Cayetano Sanz, Lagartijo, Fernando el Gallo, su propio padre, o Guerrita, podría suponerse que pudo consistir en "sumar pases" a los escasos animales fáciles de entonces, pero no tender la suerte, cargarla y obligar al toro a ir al terreno que el torero decide para ligar los pases, mecanismo que no desarrolló excepcional ni puntualmente Joselito, sino que lo incluyó en su habitual trasteo de muleta para rematar las faenas ligando naturales. José Gómez Ortega fue el gran maestro que expresó y enseñó a ligar los pases naturales obligando al toro de una forma experimental, que después refinaría Chicuelo con la gracia de su arte, y más tarde impondría definitivamente Manolete con su perseverancia y regularidad, consagrando la obra revelada por Joselitoun lidiador excepcional que en su inolvidable paso por los ruedos enseñó el camino que llevaba al toreo moderno. 


Excelente reportaje sobre Joselito, editado por Toreros, Historia y Arte.