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lunes, 22 de mayo de 2023

DESDE EL TENDIDO 4

Por Antonio Luis Aguilera

Andrés Roca Rey sale a hombros en Córdoba. Foto Manuel Murillo (Diario Córdoba)

El pasado fin de semana se celebraron las dos corridas de toros de feria programadas en el coso de «Los Califas». La empresa ofreció unos carteles atractivos que, a pesar de la incertidumbre meteorológica, llevaron hasta la plaza a un gran número de espectadores el sábado por la tarde, cuando el aforo se cubrió en más de tres cuartos de la totalidad, y que por la intensa lluvia caída fue aplazado hasta el domingo a las doce del mediodía. Menos tirón tuvo el programado para ese mismo día por la tarde, donde los espectadores solo cubrieron algo más de un cuarto del aforo. 

Lo primero a destacar es el considerable aumento de público y la gran respuesta a la oferta y trabajo previo de la empresa, que desde antes de Navidad puso a la venta los abonos con interesantes ventajas para quienes entonces los compraran, con garantía de devolución en caso de no estar de acuerdo con los carteles. Todo un acierto de «Lances de Futuro», que con esta atractiva forma de venta consiguió doblar el número de abonados de la plaza, que este año han rondado los 2.200. 

Lo segundo, que ese acierto puede durar poco ante la decepcionante presentación del ganado adquirido para Córdoba, donde se han lidiado toros impropios de una plaza de primera categoría, prevaleciendo en ambos encierros ejemplares sin remate, anovillados, indignos por su falta de trapío de saltar a una plaza de primera categoría, donde ha quedado de manifiesto la nefasta actuación de los equipos presidenciales, que han hecho un flaco favor a la historia taurina de la ciudad permitiendo encierros de plazas no de segunda, sino de tercera categoría. 

El domingo por la mañana se lidió la corridita de Domingo Hernández, una escalera presidida por dos zambombos y cuatro novilletes indignos del coso. «Morante de la Puebla» estuvo aseado con bellas reminiscencias gallistas ante el grandullón que abrió plaza, destacando un torerísimo y arriesgado  quite a cuerpo limpio que hizo a «Lili» a la salida de un par de banderillas; Juan Ortega, que no tuvo opciones con su lote y solo pudo dibujar alguna pincelada de su gran clase, estuvo francamente mal con la espada, dándose la circunstancia que su segundo, un manso de libro emplazado de salida en los medios, ante la escandalosa protesta del público no aficionado, fue devuelto antirreglamentariamente por eso, por ser manso, lo que manifiesta el escaso criterio del palco; y Andrés Roca Rey fue el gran triunfador del festejo, cortando tres orejas que debieron de ser cuatro, porque la faena y estocada al sexto era de dos y fue premiada con una. El peruano, que anda a gorrazos con los toros, le formó un alboroto a esos ejemplares que debieron recordarle su etapa de novillero, a los que estoqueó con la misma  contundencia que toreó, abandonando la plaza a hombros por la puerta grande.

En la plomiza y algo lluviosa tarde del domingo volvieron a lidiarse los toros de Álvaro Núñez Benjumea, corrida muy desigual, suelta y mansa en general, con cuatro ejemplares faltos de remate y anovillados, donde «Finito de Córdoba» dejó pinceladas de su clase en el saludo por verónicas al que abrió plaza, que acabó echándose antes de que el torero entrara a matar; Alejandro Talavante, que cortó una cariñosa oreja, demostrando que, aunque quiere, está lejos de ser el torero que dejó la profesión hace años en Zaragoza; y Pablo Aguado, que hizo el esfuerzo por volver a ser el torero que parece desaparecido y espera el aficionado. 

Poca historia la de un ciclo corto donde hubo más sombras que luces, pues la empresa ha comprado un ganado impresentable para una plaza de primera categoría y, lo que es peor, la autoridad gubernativa se lo ha consentido. La ilusión de los aficionados que fueron al coso se tornó en decepción a la salida, esos pocos que, como sentenció «Jesulín de Ubrique», caben en un autobús. Así las cosas, vendiendo humo, como este año ha hecho el señor Garzón, Córdoba volverá a dar la espalda a esa plaza que la propiedad procura rentabilizar con conciertos musicales y bares ubicados en las antiguas taquillas, para aprovechar con veladores las amplias terrazas de los exteriores del inmueble. Una pena.

martes, 24 de mayo de 2022

DESDE EL TENDIDO 3

Por Antonio Luis Aguilera

Andrés Roca Rey, triunfador de la feria de Córdoba.
Foto Arjona (Cortesía de "Lances de Futuro")

Terminada la feria taurina de Córdoba reflexionamos sobre lo visto en la plaza de «Los Califas», que abrió sus puertas con unas temperaturas de cuarenta grados a la sombra para celebrar las dos corridas programadas por José María Garzón, que esta ocasión no acertó a tocar la tecla que llevara al coso al difícil público cordobés, que solo cubrió algo más de un cuarto el aforo para ver a Diego Ventura, Morante y Pablo Aguado con los descastados y flojos toros de Juan Pedro Domecq, menos de media plaza en la tarde de Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey y Javier Moreno “Lagartijo”, con el más que interesante y encastado encierro de Álvaro Núñez Benjumea, y algo menos de un cuarto para presenciar la buena novillada de Talavante con Daniel Luque, González Écija y Marcos Linares. Aforos que difieren mucho de los ofrecidos en los medios de información, y que por supuesto habría deseado la empresa “Lances de Futuro”.

Talavante otorga la alternativa a "Lagartijo" en presencia de
Roca Rey. Foto Arjona (Cortesía de "Lances de Futuro")

Tiene mucho mérito ser empresario taurino de la plaza cordobesa, jugarse el dinero y el prestigio, para después tener que andar con malabarismos en los ajustes de cuentas, que difícilmente podrán salir anunciando a las primeras figuras en las combinaciones, y por si fuera poco organizar una novillada con picadores, espectáculo ruinoso por los gastos que genera. Por tanto, vaya por delante nuestro respeto a José María Garzón.

En cuanto a lo ocurrido en el ruedo pasó lo que tenía que pasar con la ganadería de Juan Pedro Domecq, cuatro mulos con andares mortecinos, que vuelven a Córdoba año tras año sin otra justificación que el supuesto interés de los primeros espadas por actuar con un ganado que no molesta y permite sumar festejos sin grandes dificultades. Morante anduvo sobrado y artista con su lote, mientras Aguado mostró ante sus aburridos ejemplares que no está en su mejor momento. Esa tarde se lidiaron dos ejemplares para rejones de María Guiomar Cortés de Moura, resultando bravísimo el jugado en cuarto lugar, al que Diego Ventura desorejó por partida doble en una magistral actuación. Ya está bien de vetar a esta primerísima figura del rejoneo en las ferias importantes. Los toreros deben ajustar sus cuentas en los ruedos y ante el toro.

Diego Ventura, Morante y Pablo Aguado.
Foto Arjona (Cortesía de "Lances" de Futuro")

Los aficionados aguardaban con agrado la presentación en Córdoba como ganadero de Álvaro Núñez Benjumea, que tras distanciarse de la ganadería paterna de Núñez del Cuvillo, que tantos éxitos cosechó cuando la dirigía, decidió emprender en solitario la difícil tarea de formar una ganadería. Trajo un encierro encastado, desigual pero bien presentado, variado de pelaje, donde nadie se aburrió por el juego de las reses. Destacó por su clase el bravo y noble toro del debut, con el que tomó la alternativa y cortó las orejas Javier Moreno, tras una actuación de gran entrega; más tarde mostró las lógicas carencias del oficio con el complicado sexto. Para los estadísticos el toro de la presentación de Álvaro Núñez como ganadero y de la ceremonia de alternativa, se llamaba “Campanito”, marcado con el número 25, colorado, de 500 kilos. Andrés Roca Rey demostró la autenticidad de su valor y torería con el difícil y complicado salinero que hizo de tercero, y toreó a placer al reservón quinto tras corregir defectos. El peruano ha vuelto esta campaña con todo su esplendor. Talavante, con el bravo y exigente cuarto firmó momentos de reencuentro con su toreo, sin que ante el soso y noble segundo pasara de detalles. De los cinco espadas actuantes el triunfador de la feria ha sido con diferencia Andrés Roca Rey, que vino a Córdoba dispuesto a salir a hombros por la puerta grande o la del cuarto del hule.

La buena novillada de Talavante dio opciones a los tres novilleros. Tuvo mérito la actuación de Daniel de la Fuente, que con la grave cornada sufrida hacía veinte días, aún sin curar, reaparecía con el muslo abierto y visible cojera. Se entendió mejor y le pudo al exigente cuarto. Más verde pero con ganas de agradar estuvo el astigitano Jaime González Écija, que mostró buenas maneras en su actuación, premiada con un apéndice, y con el prestigioso premio "Oreja de oro" del "Club Calerito"; y muy decidido estuvo Marcos Linares, que pronto conectó con el público en su primero, al que cortó una oreja, valiéndole el premio de actuar en la novillada de Santander que organiza la empresa "Lances de Futuro".

martes, 19 de abril de 2022

UN «PETARDO» GRANDE

Por Antonio Luis Aguilera                       

De vuelta a corrales

El juego de la corrida era más que previsible ante el escaso juego de los encierros lidiados en las ferias precedentes, por eso pocos aficionados se sorprendieron del «petardo» que pegó la corrida de Juan Pedro Domecq el domingo en Sevilla. Díganme ahora con el ánimo que acudirán los abonados a los otros dos festejos contratados por este hierro en el coso del Baratillo, porque han sido tres las corridas firmadas en el abono a una divisa que no está en su mejor momento, como esas ofertas del 3 x 1 que hacen algunos supermercados. O digan qué ilusión genera para acudir a las taquillas de la plaza de Córdoba, para comprar entradas del festejo que anuncia con estos toros a Morante y Aguado. Luego dirán que la respuesta de la afición no estuvo a tono con la categoría del cartel, pero como decía el Guerra: «Lo que no puede ser, no puede ser... Y además es imposible».

En la difícil y respetabílisima labor de selección del toro de lidia se ha echado demasiada agua al vino. De nada vale que el envase y etiquetado de la presentación sean bonitos si en el interior se ofrece un caldo sin color, olor ni sabor. No es algo reciente. Los toros del prestigioso hierro de Juan Pedro Domecq llevan años aburriendo por falta de raza, pero las figuras se los disputan, porque permiten sumar corridas de un modo fácil, pues no molestan y de vez en cuando salta algún toro enclasado que posibilita el triunfo. Demasiado poco para que el histórico hierro, como si estuviera en sus épocas de gloria, se repita en los mejores carteles de las plazas importantes, en lugar de pasar una rigurosa ITV que permita diagnosticar y corregir su manifiesta falta de casta antes de volver a circular en las grandes ferias. 

En todas las épocas de la historia los toreros que cortaron el bacalao exigieron las corridas que consideraban de mayores garantías para triunfar. En la actual el encaste favorito es Domecq y están en su derecho de pedirlo, pero por el bien del toreo deberían exigir lo de Domecq que está embistiendo. Y en esa línea ahora están con mejores resultados los hierros de Victoriano del Río, Garcigrande o Núñez del Cuvillo. ¿Acaso no tienen fuerza las figuras que marcan el paso para exigir que una fecha tan señalada como el domingo de Resurrección se lidie alguno de esos hierros en el coso del Arenal? Por supuesto ello no garantiza el resultado, pues los toros son como los melones, pero al menos el «petardo» no hubiera sido tan previsible como el que se adivinaba el pasado domingo con el antiguo hierro de Veragua. Para una fecha tan señalada, con las carísimas entradas agotadas más el plus de ingresos de televisión del canal de pago, debió ser otra la previsión de la empresa y del espada que comandaba el cartel. El «petardo» ha sido grande.

domingo, 23 de enero de 2022

OTRA VEZ JOSÉ Y JUAN

Por Antonio Luis Aguilera

Morante. Óleo de Diego Ramos

Casi un siglo después la historia reescribe en los carteles los nombres de dos toreros míticos de Sevilla: José y Juan. José no es de Gelves, sino de la Puebla del Río, y Juan no nació en Sevilla, sino en Triana. Morante luce los galones de un cuarto de siglo en el oficio; Ortega solo ha completado una temporada en las ferias, pues hasta la inolvidable epifanía de Linares fue ignorado por el «sistema» que ahora lo protege, al que no importaba que se marchara aburrido tras seis años de admirable e incansable lucha desde la alternativa.

José Antonio Morante Camacho y Juan Ortega Pardo están actualmente en el punto de mira de una afición selecta que busca el buen toreo. Son la pareja deseada para las grandes ferias y para cualquier acontecimiento importante de la temporada, la que otorga lustre al cartel y motiva al espectador para acudir pronto a las taquillas y comprar un boleto de esperanza, de los que invitan a soñar que salga premiado, para después guardarlo en las páginas de un libro y al encontrarlo poder recordar el delicado perfume de ese toreo singular, que por belleza y emoción eriza el vello y seca la garganta, cuando en el ruedo se manifiesta la magia de un instante único e irrepetible, de un calambrazo sensorial colectivo que provoca la estruendosa manifestación de jubilo en el público, que al liberar su ole coral quebranta el inquieto silbido de los vencejos en la hora de su vuelo rasante.

Juan Ortega, Foto Rafael Villar

Y como en el siglo anterior no solo hay dos, sino tres o cuatro para completar la terna o combinarla con los espadas que la afición selecciona por la clase de su toreo, por su concepto, por su línea de elegancia, como la que antaño encarnaba Rodolfo Gaona, o mostraba la fantasía de Rafael el Gallo, y un poco después, revelaba la gracia sevillana recreada en la faena nueva que alumbró el no menos grande Manuel Jiménez «Chicuelo». Ahí están hoy Diego Urdiales, Pablo Aguado, Emilio de Justo, Ginés Marín

La pandemia ha inclinado la sensibilidad del espectador —y lo que es más importante: de la juventud— hacia el toreo clásico, hacia la expresión personal del arte que fluye de la forma más natural, hacia el trazo sentido de la suerte manifestada con la sencillez del suave pulso en las telas, que llevan y traen al toro mecidas con la delicada y tremenda fuerza del temple que acaricia, atempera y crea obras efímeras en lances o pases, versificando en el albero trasteos y faenas que emocionan como los más bellos y profundos poemas. ¿Quién dice que el toreo se acaba…? Otra vez José y Juan, con Diego, Pablo, Emilio o GinésY con todos los que saben y quieren torear con la verdad por delante, con todos los que quieran sumarse para seguir alimentando la ilusión del público engrandeciendo el toreo, ese arte flexible capaz de acoger la diversa expresión de acentos interpretados con autenticidad, sin tamizar con las técnicas ventajistas que los adulteran. Como enseñaba el gran pensador del toreo José Alameda: «El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega». Alborea una temporada con un horizonte lleno de ilusión, de anhelos por contemplar la singularidad de esos privilegiados por su forma de hacer y expresar un arte único e irrepetible: el toreo. 

martes, 8 de junio de 2021

GARZÓN APUESTA POR LOS AFICIONADOS

Por Antonio Luis Aguilera

Cartel de la corrida de Morón de la Frontera
 

José María Garzón ha vuelto a confeccionar un espectáculo de los que pone de acuerdo a los aficionados, programando para el viernes 18 de junio una atractiva corrida en la plaza de Morón de la Frontera (Sevilla), donde se jugarán toros de las divisas de Murube y Juan Pedro Domecq, por el riojano Diego Urdiales y los sevillanos Juan Ortega y Pablo Aguado, terna que por concepto, temple y acento personal la afición anhelaba ver reunida en un cartel. 

Presidido por una fotografía del legendario Curro Romero, para que no haya dudas de que se trata de una corrida de marcada inclinación artística, Garzón ofrece un cartel de auténtica categoría, válido para cualquier feria importante si se hicieran las cosas como se tendrían que hacer, es decir, pensando en la afición, la que sufraga el espectáculo pagando en taquilla, aunque hace tiempo que los comisionistas que surcan los oscuros mares del toreo le perdieron el respeto, y en lugar de ofrecerle menús de su gusto, acordes al elevado precio de las entradas, le impusieron el plato de lentejas programando rancias combinaciones de sus representados, en un intercambio de espadas amortizados por vistos o caducos, que como los malos sofritos se repiten cansinamente por los ruedos de la antigua Iberia.

Por el bien del toreo anhelamos que la corrida anunciada en Morón de la Frontera culmine con éxito, con el triunfo que merece el loable gesto de apostar por la afición, por ofrecerle lo que de verdad quieren ver los catadores del buen toreo clásico y templado, ese que por la verdad y belleza de su expresión emociona y hace que salgan de las plazas locos de contentos si los espadas se acoplan con los toros. Otro paso firme en la valiente y brillante gestión empresarial de José María Garzón, que sigue haciendo camino al andar en su apuesta por el toreo, mientras quienes lo pusieron como un trapo el pasado año, los altos cargos del sindicato de empresarios —que aún no se han disculpado de esas acusaciones que fueron desmontadas por la Unidad de Policia Nacional de la Junta de Andalucía por la corrida de El Puerto de Santa María—, ni dieron toros en 2020 ni se han estrenado en 2021.  «Obras son amores, y no buenas razones».

lunes, 24 de mayo de 2021

NO PODRÁN DETENER LA PRIMAVERA

Por Antonio Luis Aguilera

Juan Ortega en Las Ventas

Pocas corridas de la madrileña feria de Vista Alegre han tenido buena respuesta de público. A la empresa corresponde averiguar las causas de la fría acogida de su programa, pero el San Isidro que nació con intención de tumbar en la lona a los gestores de la monumental de Las Ventas, se ha dado sin colas ni reventas, y los llenos que podían esperarse con el aforo reducido solo se dieron en alguno de los festejos de figuras.

Afortunadamente las vacunas están dando luz al oscuro túnel del Covid. Pero mientras las plazas abren sus puertas, la primera del mundo permanece cerrada como lo estuvo en abril la de Sevilla, esa preciosa joya que anunció carteles de farol a principios de primavera —pues de farol era imponer aforos a la Junta de Andalucía—, y que de momento solo está para ser fotografiada desde ambas orillas del río. No obstante, además de la pésima gestión de los que cortan el bacalao en el sindicato de empresarios, nos queda la esencia del toreo. El toreo por el que lucha gente de todos los colectivos dispuesta a dar lo mejor de sí misma.

Ahí están empresarios como José María Garzón y Alberto García, navegando en un mar de dificultades controlado por viejos bucaneros, que no solo han puesto en marcha esta temporada, sino que también lo hicieron el año pasado. Ganaderos que han resistido a la tragedia y la ruina de enviar camadas bravas al matadero. Picadores, banderilleros y mozos de espadas, que de la noche a la mañana se veían sin sustento para sus familias, porque el gobierno de la nación denegaba las ayudas económicas por el Covid al toreo. Y por supuesto la televisión, Canal Toros Movistar, que ha estado y sigue estando con el toreo, alimentando la llama con su programación para que llegue a todos los aficionados.

Pablo Aguado en Vistalegre. Foto Cultoro

A pesar de todo, la primavera del toreo ha vuelto a florecer exuberante, gracias a un maravilloso elenco de toreros, capaces de aficionar a la gente joven y llevarla a las plazas, que reciben con alegría a esas nuevas generaciones que se acercan al toreo. Los nombres de Emilio de Justo, Juan Ortega, Pablo Aguado o Ginés Marín, se suman a los de Morante, El Juli, Roca Rey, José María Manzanares, Diego Urdiales, Paco Ureña y otros más, para ofrecer un selecto catálogo de torería que promete emoción por la expresión de un arte singular, con sello propio.

Una nueva primavera con molestas mascarillas y aforos reducidos, donde se está toreando primorosamente de capa, con una despaciosidad desconocida, a toros con más de cinco años cumplidos —a mayor edad, mayor sentido— para que la afición pueda degustar excelsos lances a la verónica, algunos de tan añeja torería que parecen escapados de las viejas fotografías que explican la historia. Una primavera de verónicas en flor interpretadas con ritmo y acento personal, tan magistral como el de los grandes que dejaron su huella en el toreo. Una primavera de aterciopelado manejo de la muleta, conducida por muñecas de seda y clavando las zapatillas en la línea roja de la que habla Paco Ojeda, donde un trozo de tela sujeto a un palo es guiado con las yemas de los dedos para inmortalizar el toreo intemporal de Juan Ortega, cuyo arte versificado en estrofas pide poetas que le canten.

Juan Ortega en Vistalegre. Foto Mundotoro

Sin estar libres de la pandemia empezamos a ver la luz gracias a empresarios como José María Garzón y Alberto García, a quienes han seguido los hermanos García Jiménez. El toreo no puede estar paralizado por el inmovilismo de los miembros del selecto club, incapaces de ponerse a trabajar, necesita poner en marcha la locomotora de su actividad para remolcar a todos los estamentos. Llegará el día que algunos rendirán cuentas de su nefasta gestión. Mientras tanto ha de cundir el ejemplo de los nuevos, de los que han llegado con ganas de atraer a la juventud y llevarla a las plazas, como ha sucedido en la plaza de Córdoba, ofreciéndole abonos baratos y carteles de expectación. En el toreo no deben renovarse solo los escalafones de espadas y ganaderías, sino también el de empresarios que no han sabido estar a la altura en las terribles circunstancias que han tocado vivir.

Por fortuna, cuando la oscura noche parecía impedir la luz del día, la grandeza del toreo ha vuelto a florecer recordando los versos de Pablo Neruda: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera».

lunes, 17 de mayo de 2021

DESDE EL TENDIDO 3

Por Antonio Luis Aguilera

Finito torea a la verónica. Foto Lances de Futuro.

Terminada la feria de mayo cordobesa esbozamos una breve reflexión de lo más destacable que observamos en la plaza. Empezamos felicitando a la empresa que lidera José María Garzón, por la perfecta organización de los espectáculos y las medidas de seguridad tomadas, así como por la presentación de las ganaderías jugadas. Cosa distinta es el juego de las reses, que en eso nada tiene que ver el empresario.

Preocupados tendrán que estar los ganaderos de las divisas jugadas por el pobre bagaje de sus toros. Núñez del Cuvillo, que vio como su encierro de cuatro ejemplares hubo de ser remendado con uno de Parladé, presentó algunos toros embastecidos por hondos y badanudos, algo que nada tiene que ver con el tipo y preciosas hechuras de los que jugaba hace escasos años. También le habrá de doler la cabeza a Juan Pedro Domecq Morenés, que embarcó una corrida pasada de kilos, floja y falta de raza. Aún así, hilando fino, hubo toros que con distinta propuesta y mayor compromiso de sus lidiadores habrían ofrecido otro juego. Así lo vimos en un Cuvillo que correspondió a Pablo Aguado y en el quinto Juampedro de Finito.

Desesperante puesta en escena de Roca Rey, el triunfador de la feria con una oreja, que estableció más tiempos muertos que un partido de baloncesto, escenificando una coreografía exageradamente lenta, que imprimió un ritmo de despaciosidad desproporcionada a la corrida que duró más de tres horas. Roca es el de siempre, ve toro en cualquier parte y le puede, pero en Córdoba quiso acentuar una majestuosidad impostada a sus andares por el ruedo -incluso paseando la oreja en una interminable vuelta-, y no conectó con los tendidos, a los que llevó el sopor, solo aplaudían al rematar las series, mientras callaban como en un velatorio en la ejecución de las series. No hervía la olla.

De lo mejor de la feria, las verónicas de Juan Serrano al tercero de la corrida de Juan Pedro, que tras tomar el capote en tan magnífico saludo se desfondó y pedía por compasión la presencia del puntillero. Pablo Aguado decepcionó, pues, salvo un hermoso saludo por verónicas y algún detalle suelto, estuvo sin sitio y falto de compromiso con su lote. Morante no tuvo toros y obsequió con lo poco que le ofrecieron dejando una bella serie de verónicas y algunas pinceladas de vieja torería gallista, en la tarde que los aficionados no olvidaron la efeméride de Talavera de la Reina.

En cuanto a los novilleros, dos orejas cortaron al manejable encierro de Fuente Ymbro. Una fue para el Rafi, próximo a la alternativa, que mostró ganas y formas, conquistando  el trofeo Calerito al novillero triunfador de la feria, y otra para Tomás Rufo, que evidenció un buen manejo del percal pero erró en la elección de terrenos al plantear los trasteos. Javier Moreno Lagartijo no pasó de voluntarioso, como Diego Ventura que iba por delante en la primera corrida y a pesar del doble trofeo conseguido no tuvo una de sus mejores tardes. 

Pobre bagaje artístico de una feria que había levantado una gran expectación y contó con una buena respuesta del público, que agotó el papel autorizado en ambas corridas. Garzón ha vuelto a demostrar con maestría que se podían dar toros en plazas de primera. Y lo ha hecho con una organización perfecta. Ya lo habría querido la afición de Sevilla hace un mes.

domingo, 4 de abril de 2021

CÓRDOBA TENDRÁ TOROS EN MAYO

Por Antonio Luis Aguilera

Cartel anunciador de la feria taurina de 2021

El pasado 30 de marzo fueron presentados en el Museo Taurino de Córdoba los carteles que la empresa Lances de Futuro, capitaneada por el empresario José María Garzón, ofrecerá en la plaza de Los Califas en el mes de mayo. El gestor sevillano ha programado dos corridas de toros -una mixta- y una novillada con picadores, para que el coso taurino, coincidiendo con el fin de semana que la ciudad celebra el concurso floral de los patios cordobeses, abra sus puertas tanto a la afición local como a los visitantes que, si las circunstancias lo permiten, llegarán el fin de semana del viernes 14 al domingo 16 de mayo.

Para empezar, ofrecer tres festejos y ponerse a trabajar, sin supeditar la celebración a la exigencia del porcentaje del cincuenta por ciento del aforo, condición inexcusable con la que anuncian sus programas las celebridades empresariales taurinas, merece la más sincera felicitación por parte de la afición a un empresario distinto, al que parece importarle de verdad el toreo, como reveló el pasado año al demostrar que la Fiesta necesita más que palabras en estos dramáticos momentos, que el toreo ha de ponerse en marcha y que él está dispuesto a trabajar por ello, aguantando incluso zancadillas y descalificaciones gratuitas, con la colaboración de los ganaderos y toreros que quieran sumarse a tan loable labor.

Además, el señor Garzón ha tenido el acierto de programar una novillada con picadores, festejo que llevaba sin celebrarse en Córdoba cinco años, lo que demuestra su grado de afición y compromiso con el futuro. Solo por este festejo, que debería ser obligatorio en todas las plazas de primera y segunda categoría, el empresario merece el respeto y el respaldo de la afición. El cartel anuncia la ganadería de Fuente Ymbro con una terna de interés, aunque a decir verdad añoramos algún que otro nombre de novilleros cordobeses, de los que aguardan desde hace años la oportunidad de poder presentarse con picadores en su tierra, como Rafael Reyes, Rocío Romero o José Antonio Alcalde.

Juan Ortega meciendo la verónica. Foto Joaquín González Arjona

En cuanto a las corridas de toros, no cabe duda del interés que ambas despiertan. Anunciar a Diego Ventura, una de las máximas figuras del rejoneo, así como a tres espadas de primerísima fila como Andrés Roca Rey, Pablo Aguado, Morante de la Puebla, junto al veterano Finito de Córdoba, que con este paseíllo celebrará el treinta aniversario de su alternativa, y es el torero cordobés que ha tenido mayor protagonismo en la historia de esta plaza, inaugurada en el año 1965 en terrenos de la antigua Huerta de la Marquesa, donde ha actuado en 84 ocasiones (60 corridas de toros, 6 novilladas con picadores, 2 becerradas y 16 festivales benéficos). Del mismo modo, las ganaderías previstas -Núñez del Cuvillo y Juan Pedro Domecq- son de primera categoría, aliciente que se suma al atractivo de acudir al confortable coso de Ciudad Jardín, con la ilusión intacta para ver dos gratas funciones de toros, combinaciones que en nuestra opinión habrían logrado la calificación de gratísimas de haber contado con el espada sevillano Juan Ortega, tan vinculado y querido en Córdoba, que debería estar en los carteles por la razón de ser el triunfador de la temporada pasada, como pudo ver todo el orbe taurino gracias a las cámaras de Movistar Toros, y como acredita el prestigioso trofeo Oreja de Oro del programa Clarín de Radio Nacional de España, el espacio taurino más veterano y respetado de la radiodifusión española. En la tradición del toreo siempre fue norma incluir a los triunfadores del año anterior en la programación de las ferias. Y las buenas costumbres no deben perderse.

De todas formas deseamos que la programación ofrecida resulte exitosa en todos los sentidos, que el coso se llene en el aforo permitido por la autoridad sanitaria, que los ganaderos y toreros triunfen, y que el señor Garzón continúe su valiente y brillante andadura organizando espectáculos en otros cosos españoles. La Fiesta no puede permanecer parada para que prevalezcan los intereses de los empresarios incapaces de gestionar las grandes plazas en la pandemia. En estos momentos difíciles se necesitan más que nunca empresarios dispuestos a arrimar el hombro.

viernes, 2 de octubre de 2020

LANCES DE FUTURO: LANCES DE ESPERANZA

 Por Antonio Luis Aguilera 

Cartel del 12 de octubre en Córdoba en las taquillas de la plaza

Cuando en el año del maldito virus parecía imposible organizar festejos en el coso de la antigua Huerta de la Marquesa, la empresa que dirige José María Garzón no solo anuncia el único espectáculo mayor de la temporada española en plaza de primera, sino que con su valiente decisión, al transmitirse el espectáculo por el Canal Toros de MoviStar Televisión —de lo contrario sería imposible con un aforo reducido a 2.300 localidades—, sitúa a Córdoba en el epicentro del orbe taurino con la corrida del 12 de octubre, conmemoración de la Hispanidad.

Tras una sórdida pero real batalla contra tirios y troyanos, aguantando con señorío los reproches de algunos empresarios significativos de ANOET, a los que se adelantó un cantamañanas en calidad de pregonero, todos con intención de desprestigiar su gestión en la plaza de El Puerto de Santa María —y todos desmentidos por el informe emitido por el Cuerpo Nacional de Policía, que asegura que el empresario había cumplido escrupulosamente las medidas impuestas por la Junta de Andalucía—, además de otras chinitas en el camino, como la lesión de Pablo Aguado, que sufrió recaída para el festejo del día 12, y sin embargo se daba por mejorada para poder anunciarse el 31 de octubre en una plaza de tercera —¿Acaso podía dirimirse en Córdoba y con la televisión como testigo el nuevo príncipe del toreo sevillano?—. Lo cierto es que la empresa del señor Garzón Mergelina, con la estrecha colaboración para celebrar esta corrida de Morante de la Puebla, todo hay que decirlo, ha colocado el cartel de no hay billetes en menos de 24 horas de venta. Propuesta superada con nota alta.

Córdoba necesita un empresa así, que le devuelva la esperanza para que la afición retorne a su gran plaza, una empresa capaz de orillar el rancio menú de sota, caballo y rey impuesto por los comisionistas que manejan el orden taurinoy cambiarlo por carteles atractivos, que disten de los del clan que lleva décadas exprimiendo el toreo. Hay que abrir las ventanas de par en par y ventilar el toreo, para que penetre ese aire fresco y puro del concepto clásico de Juan Ortega, y el de esos otros nuevos toreros a los que sistemáticamente se cierra el paso y la afición quiere ver para volver a ilusionarse, como se ilusionó, y de qué forma, con la epifanía del torero de Triana ante el toro Nardito de Parladé en la tarde de la plaza de Linares.

Son momentos de ir por derecho y dar la cara por el toreo. Y Lances de futuro debuta en Córdoba devolviendo la esperanza a muchos aficionados y dejando en evidencia al orden establecido, ese que manejan quienes en el año Covid no han sido capaces de ofrecer ni un solo festejo en plazas de primera. Por supuesto, eso no se lo van a perdonar. Aún así, bienvenido a Córdoba señor Garzón. Y enhorabuena por homenajear a José Gómez Ortega Gallito en el centenario de su muerte en el cartel. No podía ser de otra forma viniendo de un aficionado.

lunes, 19 de agosto de 2019

AL HILO DE LA CRÓNICA DE GONZALO BIENVENIDA

Por Luis Miguel López Rojas

Juan Ortega. Foto Plaza1
"La inmensa torería de Juan Ortega". Preciosa crónica la de Gonzalo Bienvenida y sobre todo, en mi opinión, la que mejor expresa los momentos que se vivieron en la plaza. Al menos coincide tal y cómo yo los viví y sentí. Así que mi enhorabuena por esa forma extraordinaria de escribir. También mi enhorabuena al torero, perdón, TORERO (con mayúsculas), que eso es lo que es Juan Ortega. Esa forma de sentir, de expresar, de andar por la plaza, de echar los vuelos, de acariciar… En definitiva, de torear.

Torería, eso que es tan complicado de describir, tan fácil de distinguir y tan difícil de ver. Por eso cuando el sevillano pegó ese trincherazo a un mulo por el que nadie daba un duro, la plaza crujió. Y después vinieron tres naturales que quedaron grabados a fuego en mi memoria, por esa fragua incandescente que tiene en sus muñecas. Y Madrid se hizo un manicomio. No hizo falta más, porque tampoco había para más.

Trincherazo de Juan Ortega. Foto Plaza1
Dicho lo cual, creo que ya va siendo hora de hablar alto y claro para decir a aquél que se autoproclama “productor de arte” y a sus veedores, que no hay derecho a soltar semejante corrida. Que en la confección de los carteles, por una parte está la elección de los toreros (bonito cartel el del día de la Paloma), la ganadería, pero por otra parte el ganado que se escoge en el campo. No me imagino las razones ocultas que pueden existir para elegir seis bueyes, más propios para tirar de las carretas del Rocío que para lidiarse (bueno, sí me las puedo imaginar: limpieza de ganado del año anterior, amiguismo, bajo precio…). Corrida mastodóntica, fea, con un promedio de 635 kilos (estos fueron los pesos: 572, 645, 646, 691, 586 y 669 kilos), cinqueña y algún ejemplar a escasos meses de cumplir los seis años. Eso no ha sido nunca el toro bravo, no lo es y espero que no lo sea. Pero la gota que colmó el vaso y el respeto que se le debe tener a la que se considera primera plaza del mundo, fue el sobrero de Osborne. ¡Ni para las calles de Castellón! No entiendo como un ganadero puede dejar un animal tan feo llegar a toro, como se puede lidiar en una plaza, y mucho menos en Madrid, salvo por su precio de saldo… También pongo en tela de juicio la labor de presidentes y veterinarios de Madrid y su concepto de “trapío”. Esa corrida de Martín Lorca se debería haber rechazado por no tener trapío. El día antes, en Gijón, una de la Quinta con 200 kilos menos, daba mucho más miedo. Luego podrán salir buenos, malos o regulares, como así ocurrió en el Bibio, pero nadie podrá negar que estaba en tipo de embestir y tenía mucho más trapío que la de Madrid.
Juan Ortega citando al tercero, de 646 kilos "en la pizarra". Foto Plaza 1
Sinceramente me sentí estafado. Se hace difícil acudir a los toros en agosto a Madrid, cuando todo el mundo está en la playa o bajo el aire acondicionado. Desplazarte de otros lugares, con los gastos que ello conlleva, para ver semejante esperpento salir por los toriles... ¡Hay que ser muy mal empresario para maltratar así a “sus clientes”, y no imagino esa “visión empresarial” en cualquier otro ámbito! Para “producir arte”, señor Casas, hacen falta herramientas. Pero independientemente de ello, ya apelo a la “sensibilidad” de aficionado que debe tener un empresario taurino. ¡Hay que tener muy poca sensibilidad para estrellar las ilusiones de tres toreros que van a jugarse la vida, que viven por y para el toro, con esta envenenada “oportunidad”! Y las ilusiones de los aficionados que acudimos a verlo. ¡Eso es una falta de respeto!
Inolvidables naturales de Juan Ortega. Foto Plaza1
A Juan Ortega le han caído unas cuantas bolitas de esas que decía Rafael de Paula que repartía Dios. Con diez o doce naturales el año pasado el día de la Paloma, dos verónicas y una media cumbres en Resurrección, y el trincherazo y los tres naturales que relata Gonzalo Bienvenida en su crónica, ha sido capaz de remover los cimientos de la Monumental de Madrid. Ha creado un halo de ilusión en los aficionados porque es un torero distinto. Es una irresponsabilidad dejar perder a un torero de este calibre, como lo fue darle semejante “oportunidad” con ese saldo ganadero. Hacen falta muchos Pablo Aguado y Juan Ortega en la situación en que se encuentra hoy el mundo del toro. Apelo a su responsabilidad señor Casas, como empresario y sobre todo como aficionado. ¡Qué no se vuelva a repetir, porque sería síntoma de que es usted muy mal empresario y “sobre todo” muy mal aficionado!

Juan, ¡qué ganas de volver a verte!