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viernes, 11 de noviembre de 2022

AQUELLOS FESTIVALES BENÉFICOS

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de Córdoba. Foto «Lances de Futuro»

Con el paso de los años se van perdiendo tradiciones que no hace mucho tiempo tuvieron especial relevancia, como aquellos festivales benéficos que propiciaban el generoso encuentro en el ruedo de espadas retirados con otros en activo, para lidiar una res —toro o novillo— a favor de los necesitados, cita que habitualmente tenía lugar al inicio o conclusión de la temporada. Siempre fue atractivo volver a ver en la arena a toreros de grato recuerdo en su paso por el toreo, que además los aficionados jóvenes no alcanzaron a ver en activo, compartiendo cartel con las figuras de hoy por una buena causa, reservando el último lugar del festejo para algún novillero que viniera destacando.

Desde su inauguración el 9 de mayo de 1965, en la plaza de Córdoba se han celebrado festivales taurinos durante 37 años para atender diversas causas, como campañas navideñas o de invierno para los pobres, a favor de cofradías de la Semana Santa, residencias de ancianos, asociaciones de padres con hijos disminuidos, Escuela Taurina del Círculo Taurino, viudas de mozos de espadas, obras de restauración de monumentos, Regimiento de Artillería, o asociación de Lucha contra el Cáncer, festejo que durante veinte años ha sido tradicional para inaugurar la temporada en la plaza de Ciudad Jardín. Por el contrario, durante 20 años (1970, 1971, 1973, 1974, 1975, 1976, 1980, 1983, 1984, 1986, 1991, 1993, 2001, 2015, 2018, 2019, 2020, 2021 y 2022), las puertas del recinto taurino han permanecido cerradas para este tipo de espectáculos benéficos.

Festival en la plaza de «Los Califas». Foto: FIT

Repasando nuestros archivos observamos la amplia relación de espadas que se han anunciado en festivales. Estos son los diez que en más veces lo han hecho: 1º: Juan Serrano «Finito de Córdoba» (16 actuaciones, 16 reses, 20 orejas, 1 rabo). 2º: Gabriel de la Haba «Zurito» (12 actuaciones, 17 reses, 24 orejas, 5 rabos). 3º: Enrique Ponce (12 actuaciones, 12 reses, 10 orejas). 4º: José Luis Moreno (8 actuaciones, 8 reses, 11 orejas). 5º: Manuel Cano «El Pireo» (7 actuaciones, 10 reses, 10 orejas, 2 rabos). 6º: Rafael González «Chiquilín» (7 actuaciones, 7 reses, 8 orejas). 7º: Manuel Díaz «El Cordobés» (7 actuaciones, 7 reses, 7 orejas). 8º: Manuel Benítez «El Cordobés» (5 actuaciones, 10 reses, 16 orejas, 2 rabos). 9º: David Fandila «El Fandi» (5 actuaciones, 5 reses, 7 orejas). 10º: «Jesulín de Ubrique» (5 actuaciones, 5 reses, 7 orejas).

Del mismo modo, en la extensa nómina de ganaderías que lidiaron sus ejemplares, estas son las diez que más reses han jugado: 1ª: Torrestrella (29 reses, 32 orejas, 2 rabos). 2ª: Ramón Sánchez (16 reses, 12 orejas, 2 rabos, 1 vueltas al ruedo). 3ª: Núñez del Cuvillo (14 reses, 15 orejas, 1 rabo, 1 vuelta al ruedo). 4ª: Francisca Marín (12 reses, 13 orejas, 1 rabo). 5ª: Zalduendo (12 reses, 9 orejas). 6ª: Manuel Benítez Pérez (11 reses, 12 orejas, 1 rabo). 7ª: Buenavista (11 reses, 7 orejas, 1 vuelta al ruedo). 8ª: Sayalero y Bandrés (10 reses, 11 orejas). 9ª: José Luis Marca (10 reses, 6 orejas). 10ª: Salvador Guardiola Fantoni (8 reses, 12 orejas, 2 rabos, 1 vueltas al ruedo).

 «El Pireo» recibe la alternativa de Antonio Bienvenida en
presencia de «Zurito» (26/9/1964). Fotografía Framar

Entre los muchos recuerdos agradables que guardamos de los festivales celebrados en la plaza califal —vistiendo pantalón corto alcanzamos a ver otros en «Los Tejares», con el aliciente de asistir el día anterior al desencajonamiento público de las reses—, por razones de espacio queremos elegir tres que por su huella destacan en nuestra memoria. El primero fue el celebrado el 18 de marzo de 1978 a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba. Aquella tarde la plaza se llenó para ver un festejo que anunciaba la suelta de siete ejemplares —uno para rejones y seis para lidia a pie—, pero conforme avanzaba el espectáculo la emoción de la tarde fue creciendo debido a un sano pique entre los tres espadas actuantes, y también se lidiaron tres sobreros. El cartel anunciaba un novillo toro para rejones de la ganadería de don Ramón Sánchez y seis de don Francisco Galache para lidia ordinaria, de los que se jugaron solo cinco, y a los que se sumaron cuatro ejemplares de regalo del ganadero don Manuel Benítez Pérez (4º, 7º,8º y 9º). 

El rejoneador Álvaro Domecq Romero cortó dos orejas; en cuanto a los espadas, el balance fue el siguiente: Manuel Benítez «El Cordobés» oreja, dos orejas y rabo y dos orejas; Gabriel de la Haba «Zurito» dos orejas, vuelta al ruedo  y dos orejas; y Manuel Cano «El Pireo», oreja, ovación y dos orejas. Maravillosa la tarde ofrecida por los tres grandes espadas cordobeses, donde la locomotora Benítez mostró una vez más el inmenso poderío con el que remolcó el toreo de su tiempo, haciendo disfrutar al público en los tres novillos que mató, al pisar esos terrenos inverosímiles donde se colocaba para exhibir el excelente trazo de su toreo en redondo de manos bajas. «Zurito» mostró la seriedad de un toreo muy de Córdoba, seco, sin fantasía pero de una entrega y pureza irrefutables, volviendo a destacar poderosamente en el uso de la espada y la belleza de la suerte suprema, donde sin duda ha sido de los mejores matadores cordobeses. Y «El Pireo», como cuando vestía el traje de luces, volvió a enloquecer con sus finas maneras a esas legiones de partidarios que tuvo durante la hegemonia cordobesista, debido a la gracia y fino trazo de su artístico toreo. Al final la puerta grande se abría para homenajear con la salida a a hombros a tres grandes exponentes de la torería cordobesa de los años sesenta.

Ejemplar de don Ramón Sánchez. Foto Arse y Aazpi

También rememoramos la emoción que embargó al público en el festival celebrado el sábado 26 de octubre de 1985, a beneficio de la restauración de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que preside las Ermitas de la sierra cordobesa, que había sido seriamente dañada, por segunda vez e idéntico motivo, por la caída de un rayo. Aquella agradable tarde, con menos público del esperado, el aforo solo se cubrió algo más de la mitad, hicieron el paseíllo las cuadrillas encabezadas por los espadas Pedro Martínez «Pedrés», que cortó una oreja a un ejemplar de su ganadería; Antonio Chenel «Antoñete», que cortó las dos a un utrero de Aldeanueva tras exhibir una hermosa y magistral actuación; Diego Puerta, que paseó una de un ejemplar de su divisa; Gabriel de la Haba «Zurito», que cortó un apéndice a un utrero de Belén Ordóñez; Manuel Díaz «Manolo» —aún no se apodaba «El Cordobés»—, que cortó una a otro novillo de Belén Ordóñez; Fernando Cepeda, que paseó una del ejemplar de Carmen Villadiego; y el ganadero Ramón Sánchez Recio, que actuó en último lugar y cortó la oreja a un toro de su ganadería que sería el gran protagonista de la tarde.

Como hemos dicho, la afición vibró de emoción con la excepcional bravura del toro de don Ramón Sánchez. Fue tan bravo que durante la faena de muleta el público se puso en pie solicitando insistentemente su indulto, que desgraciadamente no fue concedido por el presidente don Antonio Aroca Guerrero, asesorado en el palco por el veterinario don José María Urbano Molina y el matador de toros Alfonso González «Chiquilín», al no estar entonces contemplado en el reglamento taurino de 1962. Una lástima, porque difícil será olvidar entre los grandes toros lidiados en la historia de la nueva plaza, a ese extraordinario cinqueño, de nombre “Delicioso”, número 92, de capa negra, que por terciado de trapío se había quedado en el campo, y para la ocasión fue lidiado por el propio ganadero Ramón Sánchez Recio, que en una sobria actuación campera quiso enseñar las cualidades de un animal que se fijó pronto y con clase en el capote, repitiendo y exigiendo compromiso a su lidiador, que en un descuido fue tropezado y terminó con las calzonas rotas. En el tercio de varas, bien colocado en suerte y graduando la dificultad de menos a más, el encastado «arranz» se arrancó con prontitud, galopando con fijeza y descolgado para entregarse en tres varas metiendo la cara abajo, con los dos pitones y apretando con los riñones a la cabalgadura que montaba el gran picador y jinete Ambrosio Martín. La tercera vara fue inolvidable, con la gente de pie viviendo una emoción indescriptible. Ramón colocó al bravísimo ejemplar en la boca de riego de la plaza mientras Ambrosio se hizo ver levantando el palo y moviendo el caballo; entonces, desde tan distante lugar, el animal se arrancó al cite con alegría de la forma que solo lo hacen los toros bravos de verdad, para ser señalado por su extraordinario comportamiento. En la faena continuó mostrando sus virtudes permitiendo al lidiador correr la mano a gusto por ambos pitones. Tras su muerte, el inolvidable Delicioso, que por bravura hizo honor a su nombre, fue premiado con una lenta y apoteósica vuelta al ruedo. 

Manuel Benítez «El Cordobés» toreó así de bien con 78 años.

Y el tercer festival que rememoramos tuvo lugar el 5 de abril de 2014, que se celebró la vigésima edición del organizado a favor de la Asociación contra el Cáncer en Córdoba. Con tres cuartos del aforo cubierto, se lidió un ejemplar de Bohórquez para rejones, que fue lidiado por el propio Fermín Bohórquez y cortó una oreja. En lidia ordinaria se corrió un utrero de Garcigrande (1º) para Manuel Benítez «El Cordobés», que cortó las dos orejas; y cuatro de Fuente Ymbro para «Finito de Córdoba», que cortó una oreja; José Luis Torres —que sustituyó a Enrique Ponce— y paseó otro apéndice; Julio Benítez «El Cordobés», que cortó dos orejas; y el novillero «Israel de Córdoba», que también cortó dos orejas.

El magistral toreo al natural del veterano Benítez

Cuando se anunció este festejo algunos aficionados no daban crédito a que «El Cordobés», que contaba 78 años de edad, lidiara un utrero. Sin embargo, a la hora de la verdad, allí estaba el gran mandón del toreo, posiblemente la figura con más poder de convocatoria de toda la historia del toreo, para demostrar con la muleta en ambas manos porqué fue quien fue en la fiesta de los toros. Bien colocado, citó, bajó las manos, y embraguetado llevó con temple hacia atrás las bravas embestidas del utrero de Garcigrande, para vaciarlo con un poderoso toque de muñeca y, sin enmendar su terreno, presentarle nuevamente la muleta y encadenar los muletazos. Eso solo puede hacerlo un genio del toreo como Manuel Benítez Pérez, que a pesar de sus años no tuvo reparos en anunciarse y jugársela para poner, una vez más, su granito de arena en una buena causa. Al final del festejo el «Califa» abandonó su plaza a hombros de sus compañeros por la puerta grande, mientras los aficionados a la salida formaban corrillos para comentar la inolvidable tarde de toros ofrecida por un torero irrepetible: Manuel Benítez «El Cordobés».

martes, 19 de octubre de 2021

JUAN ORTEGA PREMIADO CON EL TROFEO «JOSÉ MARÍA MARTORELL»

Por Antonio Luis Aguilera 

Juan Ortega. Foto Plaza1
La Tertulia Taurina «Tercio de Quites» de Córdoba ha premiado con el trofeo «José María Martorell» al matador de toros Juan Ortegaen reconocimiento «a la ilusión despertada en la afición y la excelencia de su toreo». El premio, un busto en bronce del inolvidable torero del barrio de San Cayetano, magistralmente modelado por los escultores cordobeses Hermanos García Rueda, que generosamente colaboraron con la tertulia por admiración y amistad con el torero, y que en su basamento tiene alegorías de la vieja plaza cordobesa de «Los Tejares», le será entregado al torero nacido en Triana en el transcurso de un almuerzo, cuando sus compromisos profesionales se lo permitan.
Juan Ortega en la pasada feria de Otoño de Madrid. Foto Plaza1
Juan Ortega fue miembro activo de esta Tertulia durante su etapa universitaria en la ciudad, donde entre toros y libros estudió y se licenció como Ingeniero Agrónomo. De igual modo, en el año 2010, siendo novillero sin picadores, Juan Ortega también fue premiado por este grupo de aficionados cordobeses con el «Trofeo a la Ilusión», un capote de brega que le fue entregado por la máxima figura del toreo Manuel Benítez «El Cordobés», que en el mismo acto recibió el trofeo «José María Martorell» en reconocimiento a su incomparable carrera en la historia del toreo. 
        Trofeo «Martorell»

Durante su etapa universitaria en Córdoba Juan Ortega fue alumno de la Escuela Taurina del «Círculo Taurino», con la que participó en varias novilladas sin picadores televisadas por Canal Sur. Del mismo modo, debutó como novillero con picadores en la plaza de «Los Califas», donde se había presentado sin caballos el año anterior, el día  24 de mayo de 2011, formando terna con Juan del Álamo y Víctor Barrio para lidiar un encierro de la ganadería Fuente Ymbro, y tomó la alternativa en el coso de «Los Llanos» de Pozoblanco el 27 de septiembre de 2014, de manos de Enrique Ponce, actuando como testigo José María Manzanares, con una corrida de Zalduendo. El toro de la ceremonia atendía por «Amante», estaba marcado con el número 122, y era negro mulato. El toricantano cortó las dos orejas a «Presumido», el sexto de aquella lluviosa tarde.

El trofeo «José María Martorell» fue instaurado por la Tertulia «Tercio de Quites» de Córdoba a la muerte del gran espada cordobés en 1995. 

viernes, 9 de julio de 2021

JOSÉ MARÍA MANZANARES EN CÓRDOBA

Por Antonio Luis Aguilera

Magnífico muletazo de José María Manzanares en Sevilla. Foto Arjona

El 24 de junio se cumplió medio siglo de la alternativa del matador de toros José María Dols Abellán, fallecido el 28 de octubre de 2014. José María Manzanares, espada que por el concepto, clase y calidad de su toreo ha sido considerado un «espejo de toreros», pues raro resultaría el caso de alguna de las figuras actuales que no lo haya tenido como modelo de referencia para expresar su arte. La ceremonia tuvo lugar el día grande de la feria de Hogueras de su Alicante natal, oficiada por Luis Miguel Dominguín y actuando de testigo Santiago Martín El Viti, perteneciendo la ganadería al hierro de Atanasio Fernández; el toro del doctorado, al que cortó las orejas y el rabo, se llamaba Rayito.

José María Dols Abellán: Manzanares

El inolvidable torero alicantino permaneció en activo hasta el 2 de mayo de 2006, cuando en la plaza de Sevilla no hubo suerte y tras la lidia del sexto, sin previo aviso, decidió dejar el toreo activo, diciéndole a su hijo José María, matador de toros del mismo nombre y apodo, que cogiera unas tijeras y saliera al tercio para quitarle el añadido que simula la coleta. Reaccionaron ante el imprevisto varios matadores y subalternos que estaban en la corrida, que saltaron al ruedo para cogerlo a hombros y sacarlo así por la anhelada Puerta del Príncipe de la Maestranza, mérito que a punto estuvo de lograr varias tardes en la que era una de sus plazas favoritas, pero que nunca alcanzó durante su carrera. Así pues, por encima del preceptivo éxito artístico y de los trofeos exigidos para abrirla, sus compañeros quisieron reconocer la categoría del maestro, al que se disputaron por llevar de costaleros

Un emocionado Manzanares 
a hombros de Enrique Ponce.

Hablar del maestro de Alicante es hacerlo de quien desde sus inicios fue un referente para los aficionados del toreo clásico, uno de los pocos espadas al que se marcan los carteles de las ferias grandes para seguirlo, porque gusta lo qué hace y cómo lo hace: el toreo con elegancia y maestría, sin estridencias, con suave dominio y un marcado acento personal que cautiva por su belleza y señorío.

Vamos a recordar la huella del alicantino en la plaza de Los Califas, donde José María hizo diecinueve paseíllos para actuar en dieciséis corridas de toros y tres festivales benéficos.

Su debut en Córdoba fue como espada de alternativa el 26 de mayo de 1973, tarde que se lidiaron toros de la recordada divisa cordobesa de don Francisco Martínez Benavides —encaste Santacoloma-Urquijo, que por brava y enclasada gozaba de un excelente momento y que el torero de Alicante mató con frecuencia—, acartelado con el cordobés Antonio José Galán, que cortó cuatro orejas y un rabo, y José Luis Galloso, que cortó una oreja al sexto. José María resolvió su presentación cortando las dos orejas al segundo y una al quinto. Por cierto, esa tarde se dio la vuelta al ruedo a Madrileño, al que Galán había cortado el rabo.

Ese mismo año, en la desaparecida feria de septiembre, Manzanares haría su segundo paseíllo el día 26, alternando con José Fuentes, ovación y palmas; y Ruiz Miguel, vuelta y dos orejas. Se lidiaron cuatro ejemplares de don Juan Gallardo Santos, uno (4º) de don Julio Garrido y otro (6º) de Prieto de la Cal. Su balance fue ovación y silencio.

El 25 de mayo de 1975, José María Manzanares volvía a triunfar con rotundidad en la plaza cordobesa, cortando las dos orejas del segundo y otra al quinto. En su tercera corrida, con toros de don Manuel González Cabello, alternó con Sebastián Palomo Linares, que fue ovacionado en ambos; y Paco Alcalde, que cortó la oreja al tercero y dio la vuelta al ruedo en el sexto. Manzanares fue proclamado el triunfador de la feria con la adjudicación del trofeo Manolete del Ayuntamiento de la ciudad.

La cuarta cita como matador de toros fue el 30 de mayo de 1976, tarde que se jugaron astados de doña María Coronel de Núñez. Manzanares, que encabezaba la terna, fue aplaudido en el primero y cortó las dos orejas del cuarto; Paco Alcalde fue ovacionado y escuchó palmas; y Agustín Parra Parrita cortaba una oreja a cada uno de sus ejemplares.

Córdoba, 29 de mayo de 1977. Curro Romero,
José María Manzanares y Paquirri. Foto Arjona.

El 29 de mayo de 1977 Manzanares toreaba su quinta corrida en el coso califal, cortando las dos orejas al sexto y siendo aplaudido en el tercero. Alternó con Curro Romero, división de opiniones y ovación; y Francisco Rivera Paquirri, que cortó las dos orejas al segundo y fue ovacionado en el quinto. Los toros pertenecieron, cinco a la ganadería de don Francisco Martínez Benavides, y uno (5º) a los Herederos de don Salvador Guardiola.

La sexta comparecencia de José María Manzanares en corrida de toros tuvo dos partes, porque en la tarde del 26 de mayo de 1978 fue tal la tormenta y el fuerte aguacero que descargó durante la lidia del primer astado, que en pocos minutos el ruedo quedó impracticable para el toreo. Empresa, autoridad y toreros acordaron que la corrida se celebrara tres días después, el 29 de mayo, lidiándose los cinco toros restantes. Así pues, en la nueva fecha se pudo llevar a cabo y el balance de este festejo de dos sesiones fue Antonio José Galán, oreja y dos orejas; José María Manzanares, vuelta y palmas; y Niño de la Capea, ovación y oreja. Los toros pertenecieron a don Francisco Martínez Benavides.

La séptima corrida de José María Manzanares en Los Califas fue el 27 de mayo de 1979, tarde que nuevamente se lidiaron cinco toros de don Francisco Martínez Benavides y uno (6º) de doña Mercedes Pérez Tabernero, corrido como sobrero. El albaceteño Dámaso González fue ovacionado en el primero y cortó una oreja al cuarto; Manzanares cortó las dos orejas al segundo y una al quinto; y Niño de la Capea fue silenciado en su lote.

Manzanares al natural en Sevilla. Foto Arjona

Por octava vez como matador de toros haría el paseíllo el 25 de mayo de 1980, para lidiar toros de Torrestrella con Francisco Rivera Paquirri, división de opiniones y dos orejas; Manzanares, ovación y oreja; y Luis Francisco Esplá, vuelta tras aviso y ovación. Al tercer ejemplar, de nombre Rompevientos, se le concedió la vuelta al ruedo.

La tarde del 26 de mayo de 1982 el diestro alicantino sumaría su novena actuación compartiendo cartel con Paquirri, oreja y vuelta, y Dámaso González, vuelta y silencio. Manzanares dio la vuelta en el tercero y escuchó palmas en el sexto. Los toros pertenecieron, tres al hierro de don Ramón Sánchez Rodríguez y tres (2º, 3º y 4º) al de su hijo don Ramón Sánchez Recio.

Cuatro años después, la tarde del 25 de mayo de 1986, José María Manzanares sumaba su décima corrida en Córdoba. Se lidiaron toros de los Herederos de don José Luis Osborne para el espada alicantino, que fue pitado en el primero y cortó una oreja al cuarto; Paco Ojeda, oreja y ovación; y Juan Antonio Ruiz Espartaco, silencio y ovación.

En la feria siguiente, la tarde del 26 de mayo de 1987, Manzanares sumaba su corrida número once. Se jugaron cinco toros de don Ramón Sánchez y uno (6º) de don Alonso Moreno. El balance de José María fue pitos y división de opiniones; Paco Ojeda, ovación y silencio; y Emilio Oliva, oreja y palmas.

El inolvidable toreo de Manzanares. Foto Arjona

Para la corrida número doce, celebrada la tarde siguiente, se jugaron cuatro toros de los Herederos de don José Luis Osborne y dos (1º y 5º) de don Ramón Sánchez. Manzanares cortó la oreja al primero y fue ovacionado en el cuarto; Niño de la Capea, palmas y ovación; y Fernando Cepeda, vuelta al ruedo y palmas.

La tarde doce más uno tuvo lugar el 25 de mayo de 1989, corriéndose cinco toros de El Torero y uno (3º) de Hermanos González Sánchez-Dalp. Manzanares fue ovacionado en ambos; Manili, dos vueltas al ruedo y ovación; y Fernando Cepeda, vuelta y silencio.

El 24 de mayo de 1991, para su corrida catorce en Córdoba, se jugaron tres toros de Montalvo y tres (1º, 5º y 6º) de Arauz de Robles. Curro Romero fue abroncado en ambos; Manzanares escuchó ovación y pitos; y Julio Aparicio, fue pitado en su lote, siendo avisado en el sexto. 

Al año siguiente, la tarde del 31 de mayo de 1992, José María se anunció con toros de los Herederos de don José Luis Osborne, siendo ovacionado en el primero y silenciado en el cuarto; Niño de la Capea, fue ovacionado en ambos; y Rafael González Chiquilín escuchó ovación y palmas.

Toreando al natural a un santacoloma de doña Ana
Romero. Última corrida en Córdoba. Foto Arjona

Y así llegamos a su último paseíllo como matador de toros, que fue el 1 de junio de 1996. Aquella tarde el mal uso de la espada impidió un gran éxito al maestro de Alicante, que con los bravos santacoloma de doña Ana Romero, remendados con un sobrero de don Juan José González (2º), ofreció una soberana tarde de toros. José María Manzanares dio la vuelta al ruedo en el primero y fue fuertemente ovacionado en el cuarto; José Miguel Arroyo Joselito cortó una oreja a cada uno de su lote; y Juan Serrano Finito de Córdoba cortó una oreja al tercero y las dos al sexto tras una gran actuación.

En cuanto a los festivales, en tres ocasiones pisó José María Manzanares el ruedo califal para colaborar con su arte en causas benéficas. La primera vez fue el 22 de abril de 1979, cuando el torero de Alicante vistió de corto para colaborar con la Escuela Taurina del Círculo Taurino de Córdoba, despachando utreros de Torrestrella. Le acompañaron los maestros Paco Camino (dos orejas), Gabriel de la Haba Zurito (oreja) y Pedro Gutiérrez Niño de la Capea (dos orejas y rabo), y los novilleros Fernando Vera (oreja), Fermín Vioque (vuelta) y Antonio Tejero (dos orejas). Manzanares cortó una oreja.

Su segundo paseíllo con el marsellés tuvo lugar el 19 de diciembre de 1998, festejo a favor de la Hermandad de Jesús Caído de Córdoba (la de los toreros). Aquella tarde se jugaron dos novillos de Miguel Báez Litri (1º y 3º), dos de Los Guateles (5º y 7º) y tres de Enrique Ponce (2º, 4º y 6º). Abrió plaza el rejoneador Martín González Porras, que cortó una oreja; en lidia ordinaria, José María Manzanares fue ovacionado; Litri cortó una oreja; Enrique Ponce, dos orejas; Chiquilín, oreja; José Luis Moreno, oreja; y el novillero Rafael Sánchez Pulido, dos orejas.

Su último paseíllo en el albero califal fue vestido de corto el 25 de marzo de 2006, actuando a beneficio de la Asociación contra el Cáncer en Córdoba. Se lidió un toro de Castilblanco para rejones, y seis utreros de Manuel y Antonio Tornay. El rejoneador Leonardo Hernández hijo fue ovacionado; José María Manzanares, silenciado; Enrique Ponce, oreja; Jesulín de Ubrique, oreja; Rivera Ordóñez, oreja; Salvador Cortés, dos orejas; y el novillero Julio Benítez El Cordobés, oreja.

Pepe Manzanares (padre de José María), Fernando Carrasco (crítico de ABC)
 y el autor del blog. Antiguo hotel Meliá Córdoba, 31-5-1992 . Foto Marogo.

Este es el historial de José María Dols Abellán en Córdoba, el hijo del banderillero Pepe Manzanares, al que su padre transmitió la afición y de quien recibió, además del apodo y las nociones básicas del oficio, el permanente consejo de que el toreo es clasicismo y pureza para acariciar las embestidas y expresar artísticamente un sentimiento. La gran referencia del maestro de Alicante, como la de tantos otros, fue Antonio Ordóñez, pero también bebió de las cristalinas fuentes de Antonio BienvenidaPaco Camino, Santiago Martín El Viti, José Fuentes y otros toreros hasta pulir un estilo con sello propio, inconfundible por la bella expresión de las suertes, su cadencia en la forma de acompañarlas con la cintura, y la maestría con que las ejecutaba desde que se colocaba para enganchar hasta que las soltaba para ligar la serie, dibujando inolvidables y templados trazos que engrandecía con su empaque de clásica torería.

Al cumplirse cincuenta años de la alternativa de José María Manzanares, rendimos honor a uno de los maestros del toreo, de los que dejaron su huella imborrable en el corazón de los aficionados, que lo recuerdan con la admiración y emoción que merece la elegante belleza de su arte. 

martes, 19 de enero de 2021

HAY QUE METER EL HOMBRO

Por Antonio Luis Aguilera 

 Costalero de la Semana Santa de Córdoba. Foto Rafael Carmona

Los empresarios de plazas de primera dicen que quieren dar toros esta temporada, pero exigen que se les permita un aforo en torno al cincuenta por ciento del recinto. Con la que está cayendo, mientras espectáculos de masas como el fútbol se celebran a puerta cerrada o con un veinte por ciento de la capacidad del estadio, lo del cincuenta por ciento no deja de ser una utopía. ¿A qué empresa o actividad comercial de España se le puede garantizar en el momento y con las condiciones actuales un aforo semejante? Ya lo quisiera para sí el sector turístico, que es la primera industria del país. Por esta razón, si es cierto como se ha escrito, que los precontratos taurinos se están estipulando con esta condición, podemos deducir que la intención empresarial es seguir sin dar toros este año. De ser así, quienes deben dar un paso al frente son los propietarios de las plazas, sean públicas o privadas, porque la situación del toreo es insostenible. 

José María Garzón. Foto Rafael Ruiz

Los empresarios tienen la obligación moral de organizar corridas con el aforo que sea posible en cada momento. Las grandes plazas no pueden permanecer otro año cerradas y el ejemplo de José María Garzón, que por organizar festejos el año pasado fue vilipendiado injustamente por una asociación de incompetentes, ha de ser la hoja de ruta para la segunda temporada Covid. No hay otra. Con el público que la enfermedad permita y, por supuesto, con los honorarios proporcionales a la recaudación. Y si las primeras figuras apuestan por mantener su caché y olvidarse de la Fiesta, como hicieron en 2020 todas excepto Enrique Ponce, o si los oscuros comisionistas tratan de abortar festejos –como ocurrió el pasado año en la plaza de Málaga y se intentó en la de Córdoba–, siempre habrá espadas dispuestos a torear y reivindicar la grandeza del toreo, como ocurrió con la gloriosa epifania de Juan Ortega. El toreo no puede permitirse otro año en blanco.

Juan Ortega. Foto González Arjona

Ni los ganaderos tampoco. Ellos son los principales perjudicados de la pandemia. El pasado año fueron muchas las ganaderías que enviaros las reses de saca al matadero. Otras hicieron el esfuerzo por mantener las susceptibles de ser lidiadas con cinco años esta campaña, pero si tampoco ahora pueden saltar a los ruedos, lo previsible, por cruel que sea, será el sacrificio de ese caudal genético único que le importa bien poco al gobierno de la nación, que apuesta desvergonzadamente por la desaparición de los toros y seguirá poniendo todos los impedimentos posibles al colectivo taurino. Por cierto, ¿dónde han estado esos gobernantes y animalistas piadosos con los animalitos cuando por los efectos de la borrasca Filomena no podían alimentarse en las dehesas cubiertas de nieve, mientras esos hombres honrados a los que llaman criminales les llevaban el sustento jugándose la propia vida...? 

Ahora más que nunca, como los costaleros de un trono de Semana Santa, es el momento de ir todos a una, de meter el hombro en la trabajadera y demostrar que este colectivo es capaz de sumar voluntades, permanecer unido y, en la medida que sea posible, poner en marcha la temporada. Los que no sean capaces que den un paso al lado, porque lo del pasado año con las grandes empresas escondidas y las figuras del toreo aguardando a verlas venir fue una vergüenza que no se debe repetir. Es hora de levantar la Fiesta y emular a los costaleros andaluces, esos que unidos escuchan la voz del capataz dispuestos a meter el hombro cuando este antes de golpear el llamador les dice confiado: 

Vamos a verlo, valientes. Tó por igual...

 ¡Al cielo con ella! 

sábado, 18 de mayo de 2019

UNA DURA PAPELETA DE VALDESFRESNO


Por BARQUERITO 
Juan Ortega ante un ejemplar de Valdefresno en Madrid. Foto Rafael Villar

La corrida de Valdefresno, cinqueña, honda y armada, el cuajo propio de la línea Atanasio, tuvo dos mitades. En la segunda se jugaron tres toros de pésimo trato: un cuarto que, descompuesto, desarrolló mucha violencia, y con el que Galván solo pudo protegerse; un quinto gazapón de genio desapacible que se puso por delante a las primeras de cambio y no tuvo ni una sola embestida completa; y un sexto que, blando en el caballo, pegó cabezazos al aire y, ya sin enmienda, topó en la muleta bruscamente.

Por tanto, una desoladora segunda mitad. Esos tres toros, abiertos de cuerna, fueron los más ofensivos de un sexteto descarado sin excepción. Los tres primeros salieron de otra manera. Partió plaza uno de 600 kilos. Lámina mastodóntica: corto de manos, largo y ancho, más hondo que ninguno. Toro de exposición. De forma y conductas distintas a las de todos los demás. Suelto y abanto de partida, barbeó las tablas, hizo amago de saltar al callejón dos veces y todo eso sin dejar de ser un toro frío.

El segundo llevaba nombre de reata de nota en Valdefresno: 'Lirio'. Como el de uno de los toros que mejor ha toreado Ponce en Madrid. Hace unos cuantos años. Las hechuras de uno y otro, muy diferentes. Y el estilo. Aquél de los años 90 atacaba en tromba y este, a menos, duró muy poquito y se acabó aplomando. Mucha plaza recorrió el 'Lirio' de ahora, y mucha plaza tenía pese a ser el más liviano de los seis. De su brusco fondo dio cuenta con particular primor Juan Ortega en una faena de rico encaje, suavidad distinguida, asiento impecable y composición nada común. Tres tandas en redondo bastaron para dejar sello y huella a pesar de que, implacable, el viento se metió por donde y cuanto pudo. El manejo de avíos de Ortega llama la atención. Su colocación y postura natural también. La armonía toreando. Solo que protestó el toro antes de venirse abajo. Tras una estocada contraria, tres descabellos. Pareció que no había pasado nada. Pero pasó. Y volvió a pasar cuando, con decoro refinado, resolvió la papeleta del quinto, el peor de la corrida.


FICHA DEL FESTEJO

Seis toros de José Enrique y Nicolás Fraile. Todos, con el hierro de Valdefrescno, salvo dos -3º y 4º- con el de Fraile Mazas.

David Galván, saludos tras un aviso y silencio tras un aviso. Juan Ortega, aplausos y silencio tras un aviso. Joaquín Galdós, saludos y silencio.

Madrid. 3ª de San Isidro. Primaveral, variable, viento racheado. 11.226 almas. Dos horas y doce minutos de función. Un minuto de silencio en memoria de Joselito el Gallo.



BARQUERITO. Extracto de la crónica del 17 de mayo de 2019 (COLPISA)

jueves, 18 de octubre de 2018

LLENOS EN EL COSO DE "LOS CALIFAS"

Por Antonio Luis Aguilera
Paseíllo en la cordobesa plaza de Los Califas
Desde el 9 de mayo de 1965, fecha de su inauguración, hasta el final de la temporada de 2018, en la cordobesa plaza de Los Califas se han celebrado 802 espectáculos taurinos (247 corridas de toros, 49 de rejones, 187 novilladas con picadores, 71 sin los del castoreño, 156 becerradas, 41 espectáculos cómico-taurinos y 51 festivales benéficos), habiendo registrado el recinto 46 llenos en su aforo, de los que 33 fueron aparentes y 13 absolutos, es decir, con todas las entradas agotadas en taquillas y colocado el cartel que informa al público: “No hay billetes”. 

Clasificados por la categoría de los festejos, 21 se registraron en corridas de toros, de los que 12 fueron aparentes y 9 absolutos; 2 en novilladas con picadores, siendo 1 absoluto; 1 en novilladas sin picadores; 8 en festivales benéficos, con 3 absolutos; y 14 aparentes en la popular y centenaria becerrada homenaje a la mujer cordobesa. Veamos quienes fueron los protagonistas de estos acontecimientos:

Manuel Benítez El Cordobés
Manuel Benítez El Cordobés  lo consiguió en 7 ocasiones durante los años 1965 (9, 25 y 26 de mayo), 1966 (25 de mayo), 1967 (27 de mayo) y 1968 (25 de mayo y 29 de septiembre), pero, aunque resulte extraño por su inmenso poder de convocatoria, en ninguna se colgó el cartel de “no hay billetes”. 

Retirado del toreo el diestro de Palma del Río, el coso de Ciudad Jardín no volvió a llenarse hasta la llegada del prestigioso ganadero don Victorino Martín de Andrés, que con sus albaserradas lo hizo en 2 ocasiones, el 25 de mayo de 1985, con todo el papel agotado por primera vez en una corrida de toros en la nueva plaza, y el 30 de mayo de 1987. 
Juan Serrano Finito de Córdoba
Juan Serrano Finito de Córdoba, que desde sus inicios como novillero sin picadores había despertado a la ciudad y su provincia de un profundo letargo taurino, volvió a llenar el coso levantado en terrenos de la antigua Huerta de la Marquesa. Lo hizo en 7 ocasiones, de las que en 6 agotó el taquillaje. Fue en los años 1991 (23 y 25 de mayo, agotando en ambas el papel), 1992 (29 y 30 de mayo, colgando el cartel en la segunda), 1993 (28 y 29 de mayo, vendiéndose todo el billetaje en las dos) y 1995 (27 de mayo, despachándose en taquillas todas las localidades).

Julián López El Juli en su presentación como matador de toros en Córdoba, 28 de mayo de 1999, agotó todas las entradas. También llenó el 25 de mayo de 2000, pero entonces fue aparente y con la solidaria convocatoria de Enrique Ponce y Finito de Córdoba; y el 25 de mayo de 2001, aparentemente, anunciado con Joselito y José Tomás.

José Tomás
Sería precisamente José Tomás quien tras unos años retirado de los ruedos y reaparecer con enorme tirón taquillero, llenó aparentemente la plaza el 28 de mayo de 2008, actuando con Finito de Córdoba y Daniel Luque, y el 26 de mayo de 2009, que se agotaron todas las localidades, alternando con Finito de Córdoba y José Luis Moreno.

Como anteriormente hemos reseñado, en la categoría de novilladas con picadores el coso se llenó en 2 ocasiones, ambas protagonizadas en apasionantes mano a mano por los novilleros cordobeses Finito de Córdoba y Chiquilín, que lidiaron reses de Torrestrella, acartelados ambas tardes con Luis Domecq, que rejoneó un utrero de la divisa familiar. El primer lleno, con todo el papel vendido, fue el 23 de mayo de 1990, y el segundo el 22 de junio del mismo año, fecha en que el coso volvió a llenarse hasta el tejado, aunque inexplicablemente esa tarde no se colocó  en taquillas el  cartel de “no hay billetes”.

 Tarde de toros en Los Califas
Por extraño que parezca el coso también se llenó para presenciar una novillada sin picadores, aunque el interés del público no era precisamente el taurino. En los sorteos de regalos efectuados en las novilladas sin picadores y becerradas nocturnas celebradas en los años sesenta para llevar público a la plaza, la estrella no solo era el popular coche Seat-600, que con suficiente antelación era paseado por la ciudad sobre una camioneta con el cartel “¡A los toros. Vaya andando y vuelva en coche!”, sino el de una vivienda, sorteo en el que participaban todas las localidades vendidas en las nocturnas del verano, y que se celebraba en la última de las programadas. Esto explica que el 7 de septiembre de 1968, víspera de la festividad local de la Virgen de la Fuensanta, el coso se llenara a reventar para contemplar las hazañas toreras de Manuel Acevedo, Juan José López Cuevitas, Antonio Álvarez El Hortelano y Modesto Adame El Palmerito, que lidiaron tres erales de don Ángel Sánchez  Rodríguez, y uno de Mencos Armero (3º), pues al final del festejo llegaba el momento de la ilusión para muchas familias necesitadas y no pocas parejas de novios, que anhelaban salir de la plaza con las llaves de un piso de su propiedad. El agraciado resultó don Alonso Morales, vendedor de cupones de la ONCE en la plaza de Las Tendillas, que recibió las llaves de una vivienda en la calle Doña Berenguela, situada en la barriada de la Huerta de la Reina.
Justo es constatar que otros aspirantes a fenómenos consiguieron llenar el coso hasta 14 ocasiones vestidos de corto en la popular becerrada homenaje a la mujer cordobesa (festejo que se celebra en Córdoba desde 1898, con la excepción de 1986). Los llenos se registraron en los años y con los protagonistas que se indican: 1968 (Paco Luna, Pedro Dorado Molina, Francisco Moreno, Pedro Flores); 1969 (José Luis Jurado Jodral, Rafael Pérez Lamarca, Juan Antonio López Pérez, Luis Gavilán Sánchez); 1974 (Eusebio Fernández Serranito, Joaquín Martínez, Juan de Dios de la Rosa, Alfonso Ortiz);  1975 (Joselito Torres, José Manuel El Sagre, Rafael Lamarca, Joaquín Martínez); 1979 (Antonio Tejero, Antonio Romero, Luis Rodríguez, José María Tejero); 1980 (Antonio Romero, Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa); 1981 (Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa, Rafael Mangas); 1983 (Emilio González, Paco Trujillo, Antonio Pavón, Rafael Naz); 1985 (José María Franco, José Antonio Maldonado, Manuel Rodríguez Palitos, Cayetano de Julia); 1988 (Paco Benítez, Rafael M. López, Manuel Casado, Ángel Quero); 1991 (Nelson Villegas, Paquito Asensio, Beltrán Torres, Javier Castro); 1992 (Medina Núñez, Antonio Pérez, Antonio Sanz, Alejandro Castro); 1993 (Juan de la Rosa, Pepe Guerrero, Raúl Sanz,  Sergio Sanz) y 1997 (Víctor Martínez, Fernando Medina Tello, Rafael Sánchez Pulido, Juan Antonio Cobos Martínez, Miguel A. Ruiz Viana, Manuel Luna Pérula, Francisco Cost Niño del Alamillo).

Festival del Cáncer en Córdoba
Completamos este documento histórico dejando constancia de otros 8 llenos que el coso ha registrado hasta 2018. Se consiguió en estos festivales benéficos:

21 de abril de 1968, a beneficio de los pobres, con la actuación de Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito, Fernando Tortosa y Curro Martínez Botines.

18 de marzo de 1978, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación del rejoneador Álvaro Domecq Romero y los matadores Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito y Manuel Cano El Pireo.

22 de abril de 1979, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación de los matadores Paco Camino, Gabriel de la Haba Zurito, José María Manzanares, Niño de la Capea, y los novilleros Fernando Vera, Fermín Vioque y Antonio Tejero.

19 de septiembre de 1985, organizado por la Junta de Andalucía en homenaje a los pensionistas de la Comunidad Autónoma, con la actuación de Manolo Vázquez, Diego Puerta, Paco Ojeda, Espartaco y los novilleros Paco Zurito y Rafael Gago.

25 de marzo de 2006, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con la actuación de Leonardo Hernández, hijo, José María Manzanares, Enrique Ponce, Jesulín de Ubrique, Rivera Ordóñez, Salvador Cortés y Julio Benítez El Cordobés, hijo.

10 de marzo de 2007, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con el papel agotado y el cartel de “no hay billetes”, con la actuación de Ortega Cano, Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Fandi, Salvador Cortés y el novillero Daniel Luque.

2 de marzo de 2008, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el billetaje agotado, actuaron Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, Rivera Ordóñez, El Cid, El Fandi, Daniel Luque y el novillero Ignacio González.

26 de marzo de 2011, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el papel agotado, con la actuación de Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Juli, Cayetano Rivera y el novillero Juan Ortega.
Vista aérea de la plaza de Los Califas
Deseamos de corazón que los aficionados cordobeses puedan añadir datos en los próximos años y actualizar este documento. Sería señal inequívoca de que Córdoba habría recobrado el pulso taurino. Mas para ello es indispensable una mayor iniciativa de la empresa. No basta abrir la plaza cuatro días en mayo y echar el cierre hasta el año siguiente. También, que la sociedad propietaria que firma el contrato exija unas condiciones mínimas para una plaza de primera categoría, como celebrar al menos una novillada con picadores en feria, y comprometer al arrendatario a colaborar en la organización del que era hasta hace muy pocos años el tradicional festival a beneficio de la Asociación Cordobesa de Lucha contra el Cáncer, que tanto bien ha hecho y hace por las personas que sufren la enfermedad. Y por supuesto, que peñas, tertulias taurinas y  aficionados acudan a los festejos que se anuncien, pues sin el apoyo de todos los que de verdad aman la Fiesta nunca saldrán nuevos toreros y Córdoba solo será importante en la historia del toreo. El presente hay que trabajarlo sumando voluntades.