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sábado, 26 de abril de 2025

JUAN ORTEGA: «SE TOREA POR MIEDO»

Por Antonio Luis Aguilera 

Juan Ortega

Siempre hemos pensado que se torea por la necesidad de expresar un sentimiento inexplicable, de mostrar en público las formas de un acento propio que anhela escapar de la intimidad, para manifestarse en el vuelo de unas telas gobernadas por el temple, que reduce la embestida del toro y la somete. Es cierto que la historia está llena de hombres que torearon para escapar de la miseria, pero no olvidemos que tenían valor, porque por mucha hambre y necesidad que se tenga, sin ser capaz de ponerse delante para quedarse quieto, es imposible desafiar con un lienzo a un animal imprevisible, que busca derrotar a todo el que se cruce en su camino. Como aseguraba el maestro Paco Camino: «Las colas del paro estarían vacías si los que las forman fueran capaces de ser toreros». 

Nuestro pensamiento contemplaba que el miedo es el compañero inseparable en el viaje profesional del torero, pero no la motivación que lo impulsa a jugarse la vida. Sin embargo, en unas declaraciones realizadas por Juan Ortega para los informativos de Canal Sur Televisión, el torero de Triana explicaba que durante su estancia universitaria en Córdoba, compaginada con su paso por la Escuela del Círculo Taurino, aprendió de un profesor (Rafael Blancas) que se torea por miedo, algo que entonces no lograba entender con claridad, porque estaba convencido que el toreo es un sentimiento. Y cuando se comienza lo único que de verdad se piensa es formarse y asimilar enseñanzas para expresarlo. 

 Juan Ortega, un torero distinto.

A veces, los que no nos jugamos la vida ante el toro, ni sabemos lo que pasa por la cabeza de los toreros por muy aficionados que seamos, pecamos de irrespetuosos. A propósito de estas declaraciones conversamos con el torero para exponerle nuestro punto de vista. Y su contestación nos hizo recordar a otro genio de Triana, Juan Belmonte, quien afirmaba que «se torea cómo se es».

Porque Juan Ortega, el torero que más despacio hemos visto torear, y puede que el que más despacio lo ha hecho en la historia del toreo, nos razonó, con la elegancia y el temple con que muestra su arte, como el paso del tiempo le ha hecho ver que aquella frase, que en principio no entendía, estaba llena de sentido. Su forma de explicarse merece ser conocida por los aficionados que visitan esta recoleta «Plaza de la Lagunilla». Al fin y al cabo, la frase se pronunció en Córdoba, ciudad silenciosa donde el caminante escucha sus propios pasos, y las palabras adquieren aire de sentencia. De su gente la escuchó el maestro, que nos dijo:

«Así lo creía yo antes, pero con el paso del tiempo he ido descubriendo sensaciones nuevas. El toreo, como bien dices, es la expresión de un sentimiento, y cuando uno empieza torea simplemente por la necesidad de mostrarlo. Cuando las circunstancias cambian, cuando el animal deja de ser un becerro para convertirse en un toro, el instinto de conservación se dispara, y el sentido de la vida quiere imponer su ley. Ese miedo, es decir, superar ese miedo, vencer a ese instinto de conservación, es lo primero que uno necesita para poder luego expresarse. Y ese miedo es un cúmulo de miedos: miedo a perder la vida, miedo físico, miedo a hacer el ridículo, miedo a defraudarte, a defraudar…  Todos esos miedos hacen que generes en tu interior una fuerza mayor, que te hace tirar para adelante y expresar, e incluso llegar a disfrutar delante de la cara de un toro».

Ahí queda su lección, que nos hizo recordar al escritor José Alameda, cuando tras una conversación personal con Manolete le aseguró: «Todo lo que se aprende del toreo, se aprende de los toreros».

jueves, 27 de febrero de 2025

A LOS ABONADOS LOS ESTÁN ECHANDO

Por Antonio Luis Aguilera

Paseíllo en la plaza de la Maestranza. Foto Juan Carlos Muñoz (Diario de Sevilla)

Hace tiempo que en la plaza de toros de Sevilla disminuyó el número de abonados. A la irremediable renovación generacional de los aficionados más fieles, se fue sumando el malestar de quienes desistieron ante la desproporcionada política de precios, y la reiterativa repetición de contrataciones de escaso interés. A los precios más caros que se conocen en plaza de primera, se unió el detestable “coladero” de toreros que “no están ni se les esperan”, por ser representados por los comisionistas de mayor influjo en el nefasto negocio empresarial de intercambio de cromos. Así las cosas, tanto los aficionados sevillanos, como los de otros lugares que cada año compraban el abono, cansados de tanta desconsideración, fueron dejando libre su hueco en tan hermoso escenario taurino, para que fueran otros los que asumieran el papel de “primos”, optando por sacar entradas sueltas para aquellos festejos de su interés, y no acudir a la plaza a disgusto, como si estuvieran obligados a tragarse un purgante de agua de Carabaña, las muchas tardes que la empresa, por interés particular, anuncia a toreros caducos, que fueron pero no son, porque pasó su momento y compromiso, así como otros fríos como témpanos de hielo, sin la menor atracción por su nula expresión artística, algo que siempre fue muy valorado en esta plaza. 

Mientras en el abono de Sevilla tienen asegurados sus puestos todos los espadas que pagan comisiones a Matilla y Casas, que son los diestros que provocan hartazgo y los primeros que ajusta Pagés al planificar la temporada, la afición se pregunta cómo año tras año se ignora a los triunfadores de temporadas anteriores; o por qué oscura razón se ha ninguneado a Juan Ortega, al que los sevillanos querían ver en el cartel del Domingo de Resurrección, y que la empresa, ignorando el clamor popular de todas las peñas y tertulias hispalenses, porque a todas las puso de acuerdo el torero de Triana para ser premiado por la mejor actuación de la pasada feria, Ramón Valencia ha dejado fuera de tan señalado día para incluir a Alejandro Talavante, comisionado del francés, premiando su floja salida a hombros por la Puerta del Príncipe, tras una actuación donde faltó poner a todos de acuerdo como hizo rotundamente Ortega, pero que fue premiada con desmesurada generosidad por un presidente de mano floja, Gabriel Fernández Rey, dispuesto a atender con escaso rigor la desproporcionada demanda de trofeos que solicita el público triunfalista, que últimamente pretende convertir en parte del espectáculo la salida a hombros por la puerta que asoma al Guadalquivir. 

Juan Ortega meciendo el lance a la verónica. Foto Arjona

A los aficionados les produce urticaria que Manzanares acuda tres tardes a Sevilla, cuando la pasada temporada, con igual número de festejos, no dio ni una vuelta al ruedo, mientras se deja fuera a espadas como Fernando Adrián, triunfador en tantas plazas las dos últimas campañas; Paco Ureña, siempre auténtico y comprometido; o el malagueño Fortes, que en la última feria de Málaga firmó una de las actuaciones más contundentes de la temporada española, pero que al no tener un comisionista del lobby no es valorado para estar en el abono maestrante. Lo dicho, que es un pequeño ejemplo de lo que ocurre, lleva a pensar que Ramón Valencia, además de no escuchar lo que quiere la afición de Sevilla en lugar de priorizar a sus colegas comisionistas, es un mal aficionado y peor empresario, pues no piensa en el público al que se debe y están destinados los carteles. Desgraciadamente, después de lo expuesto, resulta ilusorio pensar que en los puestos que cansinamente ocupan El Fandi o Cayetano, demasiado vistos en ese ruedo donde tan poco recuerdo han dejado, se haya pensado en dar cabida a toreros jóvenes con proyección, como por ejemplo Jorge MartínezVíctor Hernández, o José Fernando Molina. Hay muchos más.

No obstante, como en esta vida quien no se consuela es porque no quiere, en la presentación oficial de los carteles, donde curiosamente este año no hubo ningún representante de la Real Maestranza, propietaria del inmueble, el gestor del coso del Baratillo, en un alarde de modestia aseguró que «los carteles tienen solidez, remate y el lujo que exige Sevilla». Falta poco para comprobarlo, para ver la respuesta del público en este último año del contrato que vincula a la empresa Pagés con los dueños de la plaza de toros de la Real Maestranza, a los que posiblemente no tenga muy contentos tras los dos pleitos que les ha planteado en los Tribunales de Justicia. Por tanto, dentro de poco se verá si este año aumenta el número de abonados que no renuevan sus localidades, sumándose a los que se han marchado hartos de ver como sus predilecciones no cuentan en la planificación de la temporada, donde el empresario solo escucha a comisionistas de su cuerda al adjudicar los puestos de fechas clave, ignorando lo que de verdad pide y quiere la gente de la calle, esa que asegura escuchar, que entre la subida de precios y el desdén del empresario, considera que tiene razones suficientes para sentir que la han echado de la plaza, precisamente a ella, que es la que sostiene económicamente el espectáculo, máxime cuando esta feria no habrá ingresos por la televisión temática, la que han mantenido durante treinta años Movistar y dos One Toro, porque la ambición de Ramón Valencia y su colega madrileño Rafael García Garrido ha propiciado que desaparezcan como plataformas taurinas. A ellos les importa poco la necesaria difusión del toreo y el interés de los aficionados. 

 

miércoles, 22 de enero de 2025

LA MAESTRANZA-«PAGÉS»: 1932-¿2025?

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla.

En las postrimerías de 2024 quedó claro, por si quedaban dudas, que Ramón Valencia no puede ver a José María Garzón. De ahí que en la adjudicación de la plaza de Santander —donde el manchego concursó con Matilla para armar ruido, a sabiendas que poco habría que hacer ante la brillante gestión en el coso cántabro del sevillano—, al ocurrir lo previsible, recurrió con escasos argumentos y perores formas la reelección de Garzón, conociendo lo difícil que resultaría que la impugnación prosperase y la plaza cambiara de manos. La resolución del Ayuntamiento de Santander dio carpetazo a la denuncia de falsedad en la contratación de un rejoneador, desmentida públicamente por el profesional aludido, con lo que los recurrentes quedaron a la altura del betún.

Puede que don Ramón esté preocupado, porque este año jubilar de 2025 acaba el contrato más longevo del toreo: el que desde 1932 ha unido a la plaza de la Real Maestranza de Sevilla con la empresa Pagés, de la que es último representante. Además, para tensar esa preocupación, presentó dos querellas contra los dueños del histórico recinto, en reclamación del IVA y de las visitas turísticas al coso. A esta tensión habría que añadir los ingresos de televisión dejados de percibir por la Real Maestranza, tras la ruptura del empresario sevillano con las plataformas taurinas, primero Movistar y después One Toro, un hecho que además ha mosqueado seriamente a la afición, y viene a demostrar que tanto a don Ramón como a don Rafael, el colega de Madrid, parné aparte, les trae sin cuidado el toreo y su divulgación. De ahí que decidieran dejar en negro la televisión, que se dice pronto, tras ignorar a la empresa de Telefónica después de treinta años, para vender las retransmisiones a un operador alemán con posibilidades, que pensaba que la televisión por Internet revolucionaría todas las revoluciones y llevaría el toreo a todo el mundo mundial, sin reparar en su desmedida euforia que los mares por los que habría de navegar estaban infestados de piratas.

En Sevilla se habla, se comenta y hasta se desea otro empresario para la Maestranza. No son pocos los abonados que aseguran que los han echado de la plaza. Tanto se habla sobre el fin del contrato con Pagés, que incluso hay quienes piensan en José María Garzón como el mejor relevo. Garzón es joven, emprendedor e inteligente, y tiene unos modales acordes a los tiempos que corren. Ha hecho cosas muy buenas, como sucedió en la pandemia del COVID-19, cuando hicieron un estrepitoso ridículo los miembros de ANOET, que ante el drama social y las dificultades de los colectivos taurinos no fueron capaces de organizar ningún festejo, mientras el joven emprendedor demostraba que era capaz de organizar importantes corridas de toros, soportando falsas acusaciones sobre las medidas de seguridad adoptadas, acusaciones que también resultaron ser falsas y desmentidas por la Guardia Civil. Ha hecho otras buenas, gestionando con acierto plazas como Santander, Almería y Málaga; y también otras regular, que empezaron bien pero no ha terminado de rematar, como el coso de Córdoba. Sin embargo, por juventud, afición, ilusión, disposición y comunicación cae mejor que don Ramón, cuya gestión en Sevilla deja mucho que desear, al repetir cada año en el abono a toreros caducados, vistos, aburridos, amortizados y no deseados, a los que haciendo caso omiso a la afición duplica o triplica sus comparecencias por sus relaciones comerciales con los comisionistas Matilla y Casas, a los que otorga trato de favor para priorizar la contratación de sus comisionados, sin valorar que representan a espadas que la gente está hastiada de ver, a los que incluye con calzador ignorando a otros que son novedad y tendrían que estar en el abono, por haberse ganado en otros ruedos estar en la Maestranza.


Juan Ortega con las orejas del toro Florentino, de Domingo Hernández.
Sevilla, 15 de abril de 2024. Foto: José Manuel Vidal.


Mas don Ramón está por repetir cada año más de lo mismo y seguir llevando la contraria a los que han de pasar por taquilla, aunque haya descendido el número de abonados. La última de sus decisiones es tan desagradable como polémica: como no puede ver ni en pinturas a Garzón, para pasarle factura por el asunto de Santander, se venga con Juan Ortega, uno de los toreros más deseados de la afición hispalense, autor de la mejor faena de la feria de Sevilla de 2024 con el toro Florentino, de Domingo Hernández, con la que arrasó con todos los premios de Sevilla y el reconocimiento absoluto de la afición, pero que no ha sido suficientemente valorada por el señor Valencia para que Ortega figure este año en el cartel del domingo de Resurrección. Es más, para tensar la cuerda, aún no ha hablado con el apoderado para negociar su contratación en el abono, donde el torero de Triana, se ponga como se ponga don Ramón Valencia, ha de figurar como protagonista indiscutible. ¿O acaso pretende faltar el respeto a su condición de gran triunfador ofreciéndole las migajas del mantel?  El rencor del señor Valencia con el señor Garzón no ha de pagarlo el torero, el toreo, ni la afición. Asuntos tan feos como este son los que invitan a pensar que la plaza de la Real Maestranza necesita cuanto antes otra empresa para gobernar el timón de la nave. 

martes, 21 de mayo de 2024

DESDE EL TENDIDO 4

Por Antonio Luis Aguilera

La juventud saca a hombros a Roca Rey. Foto José Luis Cuevas.

Terminó la feria de Córdoba. Posiblemente la más extraña que desde 1965 se ha celebrado en la historia de la plaza califal. Una corrida de toros, otra anunciada como mixta, que parecía un festival pero cobrado a precio de corrida, y una novillada «mano a mano» que no era tal, porque carecía del fervor y demanda de la afición. Todo se anunció a lo grande, con una gala celebrada en el Gran Teatro de Córdoba como si se anunciara una de las ferias de once festejos que se celebraban en «Los Califas» en los años noventa. Y todo terminó en una gran decepción para los aficionados cordobeses, esos que ahora son menos que nunca, pero no son imbéciles, los que abandonaron la plaza cabreados, preguntándose donde está el filtro de la autoridad gubernativa para cumplir el reglamento y evitar que en un coso de primera categoría se lidien encierros propios de Andújar, Écija, Lucena o cualquier plaza de tercera.

En cuanto a la asistencia de público: media plaza para la novillada, otra media para el «festival» o mixta «XL», y tres cuartos para la corrida programada, aforos que considerando las 13900 localidades del coso y los precios de taquilla habrán permitido salvar con éxito el presupuesto de la miniferia. Destacar en lo positivo, como puede observarse en la fotografía de José Luis Cuevas, la gran afluencia de público joven.

La novillada no tuvo historia y el supuestamente reñido «mano a mano» quedó en nada. Si  en algo compitieron Manuel Román y Marco Pérez fue en torear sin ponerse, citando por fuera y abusando del pico para torear en oblicuo, desplazando las embestidas de un encierro noble y manejable de Jandilla que exigía algo más de compromiso.

En el «festival», el rejoneador Diego Ventura intercaló un poco de todo, a modo de menú de degustación, sin que su actuación alcanzara el grado de toreo ecuestre de otras tardes. Morante, con un lote manso de Román Sorando, evidenció su escaso compromiso, y el novillero Manuel Román, con utreros de El Parralejo, estuvo francamente bien con su primer oponente, con el que demostró que sabe torear de verdad, pues se colocó, lo enganchó y lo llevó hacía atrás en templados y hermosos muletazos —los mejores que ha dado en sus actuaciones en Córdoba—, mientras que con el segundo, más exigente, la cosa no pasó de intentos.  

La corrida programada fue la que congregó más público. El cartel interesaba y la gente evidenció que acude a lo bueno. Lástima que para la ocasión la empresa hubiera adquirido una impresentable corrida de Domingo Hernández, un encierro impropio para una plaza de primera, que en ningún momento debió superar el reconocimiento veterinario. Morante, que repitió actuación sustituyendo al lesionado Manzanares, demostró que había venido a cobrar; Juan Ortega dibujó los momentos más templados y toreros de la tarde; y Roca Rey, fue el triunfador y se marchó a hombros por la puerta grande tras cortar tres orejas, en una tarde con el fervor popular de su lado, donde hubo más toreo de efectos especiales, desplazando las embestidas hacia afuera, que de ese otro embraguetado de manos bajas y poderosos muletazos con el que ha conquistado a las aficiones más exigentes. Sería que la fácil y ruidosa plaza cordobesa invitaba al alivio.

Por lo demás, apuntar una mala organización en el acceso y evacuación de la plaza, donde por ajuste de presupuesto en porteros no se abrieron todas las alas de las puertas y se formaron largas colas para entrar y salir; una banda de música sin criterio, que tocaba a demanda para amenizar y desesperar; un callejón atestado de «beneficencia», y escasos momentos taurinos para recordar. Una feria sin historia, de las más decepcionantes en la presentación del ganado que se recuerdan en la plaza, donde si algo ha quedado de manifiesto es que Córdoba, con permiso de la autoridad competente, se ha convertido en un auténtico «coladero».

 

sábado, 3 de febrero de 2024

JUAN ORTEGA VUELVE A MÉXICO

Por Manolo Castilla

Juan Ortega mece la verónica en Sevilla. Foto Arjona


Desde Holanda el buen amigo y gran aficionado mexicano Manolo Castilla nos envía este emocionado texto para su publicación, dedicado al matador de toros Juan Ortega con motivo de su regreso esta tarde a los ruedos de México.

 

Después de 1756 días o 4 años, 9 meses, 20 días y más una docena de faenas de culto Juan Ortega vuelve a México en plan de artista para encontrarse con el toro mexicano y su afición.

Hoy hará el paseíllo en “La Luz” de León, Guanajuato un torero sevillano, especial, de corte clásico, autentico, puro, torero de culto, torero de toreros, que su concepto encaja con la templada embestida del toro mexicano misma con la que llevarían su tauromaquia Joaquín Rodríguez Ortega "Cagancho", Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" y Paco Camino Sánchez a su máxima expresión de belleza, sentimiento, temple, suavidad, profundidad, técnica, empaque, poder y dominio entregados ante una afición -mexicana- que disfrutó de su toreo de oro haciendo de éstos los más grandes ídolos toreros españoles queridos por la afición mexicana. 

Ese es el sitio donde pertenece y hacia dónde va el toreo de Juan Ortega.

Ortega acaricia el lance en Ronda. Foto Arjona

El Hilo del Toreo vuelve a encontrarse ahora en tierra de don Rodolfo Gaona “El Califa de León” y de la dinastía Silveti, una de mayor abolengo, riqueza e historia taurina para partir plaza junto a Diego Silveti y Joselito Adame con toros De la Mora; al aficionado mexicano le confesamos y sugerimos no perder la oportunidad de ver a un torero único e inigualable, al que basta con verle hacer el paseíllo, moverse con cadencia por el ruedo o encajar la barbilla al pecho para con suavidad en dedos y muñecas pegar unas verónicas -¡Orteguistas!- y quedar completamente extasiado!

Para aquellos aficionados, llamémosles "Orteguistas", que se multiplican cada tarde que su torero firma una obra de arte en toreo de magia y seducción, conocen y reconocen una evolución, diríamos más bien revolución (¡el que mejor y más despacio torea de todo el escalafón, en frase de mi amigo Antonio Aguilera!) y reencarnación (¡Juan -de Belmonte- y -JoselitoOrtega!) en su toreo, en su figura, pose y expresión cuyo reflejo y fuente de inspiración (¡hilo del toreo!) bebe de los más grandes bohemios de la historia de la tauromaquia: CaganchoCurro PuyaSernaRomeroPaula y que nos hace viajar en tiempo cada tarde que viste el traje de luces o azabache al hacer el paseíllo.

Toreo de seda con las yemas de los dedos. Foto Arjona

La tarde de hoy será apenas su cuarta actuación en México y primera desde que se presentó en tierra de otra leyenda mexicana Silverio Pérez, en Texcoco, Estado de México, ante un serio y fuerte encierro de la legendaria ganadería de Pastejé, misma con la que el “Faraón de Texcoco” hiciera una faena de culto al inmortalizar al toro “Tanguito” hace 80 años (31.01.1943) en el Toreo de la Condesa; pero aquella actuación en Domingo de Ramos fue más bien un preámbulo a su temporada que arrancaría 7 días más tarde en Las Ventas de Madrid, dónde escribiría el periodista Gonzalo I. Bienvenida "El talento de Juan Ortega cala en Madrid... Una faena de otra época llenó de argumentos la peregrinación sevillana. Juan Ortega resucitó el toreo olvidado de capote. Toreó a la verónica reunido, despacio y con ritmo. No le importó el viento, tampoco el gesto encampanado del segundo de El Torero. Meció el capote con suavidad y remató con una media preciosa que calcaría en dos ocasiones más. Madrid rugió desde el principio...,” sobre su actuación.

La temporada 2019 Juan Ortega acabaría con 12 festejos y empezaría una revolución (artística) implantada a través de su arte, personalidad y única forma de ver, entender e interpretar el toreo, o que es lo mismo: “el Torero que mejor y más despacio torea de todo el escalafón”.

Inspiración, sentimiento y profundidad. Foto Arjona

El “Hilo del Toreo” llega a tierra de don Rodolfo Gaona “Califa de León”, el Indio Grande y “Petronio de los Ruedos” cercano al cumplirse el centenario de su despedida (12.04.1925). 

Juan Ortega vuelve a México para fundirse en tierra Azteca eternamente ligada a las entrañas por su aportación taurina, riqueza cultural e idiosincrasia, por su independencia, por su historia, plazas de toros, afición, y por su toro fuente, pilar y bastión para grandes artistas y en general para el toreo universal como lo fue, por ejemplo, para Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo" (éste, por su descubrimiento ante “Dentista y “Lapicero”) y, más recientemente, en menor rango a Pedro Gutiérrez Moya "Niño de la Capea", Enrique Ponce y Julián López "Juli", dejando aparte en otra órbita a José Tomás simplemente porqué es ¡José Tomas!, quién no por nada tuviera una alternativa mexicana con el toro “Mariachi” de Xajay (10.12.1995) en la misma Plaza México.

¡Un torero distinto a todos! Foto Arjona

Juan Ortega vuelve a México para encontrar aún más inspiración y profundidad en su toreo, sumergido en campo bravo mexicano, encontrando en sus raíces la expresión y sentimiento de la escuela mexicana del toreo, a través de su toro, misma que empieza con don Rodolfo pasando por Ortiz, Balderas, El Soldado, Garza, Silverio, Ranchero, Callao, Procuna, Capetillo, Manolo, Mariano, Eloy, Miguel, Jorge, David y, muchos más, hasta llegar al mismo Pana más recientemente, pero esa historia del hilo del toreo mexicano merece una entrada aparte y mención especial.


Manolo Castilla


 

Cartel - sábado 3 febrero 2024

Localidad: León, Guanajuato, México

Plaza de toros: "La Luz"

Inauguración: 16 septiembre 1961

Cartel: Manuel Capetillo, Juan Silveti, Felipe Rosas

Toros: Valparaíso

Propiedad: Espectáculos Taurinos de México (ETMSA)

León de los Aldama, conocida como León, es capital del estado de Guanajuato ubicada en el centro de la República Mexicana fundada un 20 de enero de 1576 por Martín Enríquez de Almansa cuenta con un total de 46 municipios es el sexto estado con más población del país

 

JOSELITO ADAME

Alternativa: 7 septiembre 2007

Lugar: Arles, Francia

Padrino: Julián López "El Juli"

Testigo: Juan Bautista

Ganadería: Antonio Bañuelos

Toro: "Magnífico"

 

DIEGO SILVETI

Alternativa: 12 agosto 2011

Lugar: Gijón, España

Padrino: José Tomás

Testigo: Alejandro Talavante

Ganadería: Salvador Domecq

Toro: "Lisonjero"

 

JUAN ORTEGA

Alternativa: 27 septiembre 2014

Lugar: Pozoblanco, Córdoba, España

Padrino: Enrique Ponce

Testigo: José María Manzanares

Ganadería: Zalduendo

Toro: “Amante”



viernes, 22 de diciembre de 2023

FELIZ NAVIDAD Y TORERÍSIMO AÑO 2024

Por Antonio Luis Aguilera


 Santander. Foto Arjona-Lances de Futuro

Afortunadamente hay toreros excepcionales, capaces de esculpir en el ruedo imágenes vivas expresando las normas del arte de lidiar ante un animal bravo e imprevisible. Genios que se ponen delante del toro para quedarse y aguantar quietos la embestida, que eso es parar; para engancharla y llevarla cosida en los vuelos de la tela, aminorando la violencia inicial del empuje con un sometimiento de terciopelo, que eso es templar; para acompañar con la cintura el viaje hacia atrás y hacia adentro, hasta donde acaba el recorrido del brazo, dejando al toro colocado para el siguiente pase con un tenue toque de muñeca, que eso es mandar; para alternar los terrenos de afuera y adentro con un trozo de tela que lleva y trae encadenando los pases, que eso es ligar. Para jugarse la vida en un delicado equilibrio de piernas,  brazos y muñecas, que eso es el toreo.


Valladolid. Foto ABC Fernando Blanco


Sin levantar la voz, susurrando el toreo, acariciando las embestidas con engaños de seda guiados por las yemas de los dedos, para contagiar a quienes se sientan en los tendidos del sentimiento más místico y auténtico del arte de jugarse la vida. No hay nada más verdadero que el valor de quien relaja todo su cuerpo para crear una obra que estremece por su pureza y maravillosa belleza.

Madrid. Foto Plaza1

Con estas preciosas fotografías a modo de postales navideñas deseamos a los lectores de este blog una feliz Navidad y un torerísimo 2024. Lo hacemos admirando la belleza excepcional del toreo de Juan Ortega, que habla en el ruedo como muy pocos pueden hacerlo. ¡Mucha suerte para todos!


martes, 12 de septiembre de 2023

JUAN ORTEGA: EL CANON CLÁSICO DEL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera

Juan Ortega en Valladolid. Foto Fernando Blanco (ABC)

Nunca estuvo al alcance de muchos toreros el don de la armonía musical del toreo, esa gracia que viene de arriba como dice Rafael de Paula, y permite interpretar en la arena y ante el toro la música callada de la que hablaba José Bergamín. Esas notas insonoras que despaciosamente van «crescendo», apoderándose del alma, aumentando gradualmente su intensidad hasta crear un canon que estremece, como el compuesto en 1690 por Johann Pachelbel, cuyos envolventes acordes actúan como un bálsamo hipnótico y relajante, que nos detiene a escuchar la creación de un genio de la música, de un maestro que logró acariciar los sentidos con la divina armonía de una norma clásica, que resiste el paso de los siglos sin dejar de cautivar por su belleza.


Juan Ortega, un torero distinto

También en la historia del toreo hubo y afortunadamente hay toreros excepcionales como el célebre músico alemán, capaces de esculpir en el ruedo imágenes vivas expresando las normas del arte de lidiar un animal bravo e imprevisible. Genios que se pusieron y se siguen poniendo delante para aguantar quietos la embestida, que eso es parar; para engancharla y llevarla cosida en los vuelos de la tela, aminorando la violencia inicial del empuje con un sometimiento de terciopelo, que eso es templar; para acompañar con la cintura el viaje hacia atrás y hacia adentro, hasta donde acaba el recorrido del brazo, dejando al toro colocado para el siguiente pase con un tenue toque de muñeca, que eso es mandar; para alternar los terrenos de afuera y adentro con un trozo de tela que lleva y trae encadenando los pases, que eso es ligar. Para jugarse la vida en un delicado equilibrio de piernas,  brazos y muñecas, que eso es el toreo.

Juan Ortega en Valladolid. Foto Mundotoro

El pasado sábado el milagro del toreo cristalizó en la plaza de Valladolid, donde un torero distinto como es Juan Ortega interpretó el canon más puro y hermoso, recreándose con pasmosa lentitud y belleza en las notas clásicas de la escala del arte de torear, armonizando magistralmente el ritmo de las suertes con el toreo más templado y reunido que puede verse en los ruedos, para interpretar la música callada que lleva dentro, ese toreo de hondas raíces que buscó cerca del Guadalquivir, y que hoy solo es capaz de expresar con suavidad de seda y acento singular este torero de Triana, al que los tiburones del orden taurino, infestado de comisionistas necios y loros parlantes, se resisten a poner en el sitio que demanda la pureza y verdad de un arte que tiene sello propio, el de Juan Ortega, quien por respeto al toreo debe estar anunciado en todas las ferias importantes. 

CANON DE PACHELBEL

domingo, 25 de junio de 2023

EL TORO NO PONE A CADA UNO EN SU SITIO

Por Antonio Luis Aguilera

Manuel Escribano. Foto Diario de Sevilla

Dicen que el toro pone a cada uno en su sitio, pero no siempre se cumple este aserto. Los que de verdad ponen y quitan son los gestores de las empresas taurinas, y no todos han mamado el respeto a la tradición, es decir, a los toreros y sus éxitos en los ruedos. Sirvan de ejemplo los casos de Manuel Escribano, a quien injustamente dejaron fuera de Madrid, o el de Paco Ureña, al que inmoralmente excluyeron de la corrida de la Beneficencia, programada este año para el domingo 18 de junio con dos puestos libres, para incluir a los triunfadores de san Isidro, a la que se cambió la fecha un día, al sábado 17, para favorecer la contratación de Sebastián Castella, legítimo triunfador pero anunciado previamente en la plaza de Istres para el día señalado, que se cambió por estar apoderado por Matilla, uno de los taurinos más poderosos del complejo entramado del toreo.

Rotundamente, no. En esta época el toro no pone a cada uno en su sitio, como cuando hace años un torero triunfaba en Madrid o Sevilla, pues los empresarios actuales, a diferencia de los de otras calendas, no solo son empresarios, sino apoderados —¿o simplemente comisionistas, si hablamos claro?— de uno o varios toreros, algunos son ganaderos —algo otrora reservado a las grandes figuras del toreo, que  hoy no está al alcance de la mayoría de los diestros destacados—, acaparadores de corridas, que compran para revender cuando escasean las de otras ferias, y miembros de un excluido grupo, donde cobra primacía el intercambio de toreros entre los que controlan las ferias de la temporada, aunque ello vaya en detrimento de los intereses de otros toreros, de la afición y, en definitiva, de la propia Fiesta. 

Juan Ortega. Foto Diario "El Mundo"

El incontestable triunfo de Manuel Escribano en la feria de Sevilla, que no fue sino otro más en el eslabón de la gloriosa trayectoria del  admirado torero de Gerena, denunciaba su vergonzosa exclusión en los carteles que confeccionaron para Madrid el señor García Garrido, gestor de viajes aterrizado en el negocio taurino, y el señor Casas, indómito charlatán que ante cualquier micrófono proclama odas exaltando la grandeza y verdad del toreo, aunque después, por ejemplo, no tenga reparos en dejar fuera de san Isidro a Juan Ortega, un espada del gusto de Madrid, porque el sevillano, que posiblemente es quien más despacio y reunido torea de todo el escalafón, decidió poner en otras manos el rumbo de su carrera, esa que el taurino francés tuvo aparcada varios años sin prestar ningún interés hasta la grandiosa epifanía de Linares y posterior confirmación en Jaén del torero de Triana. 

Paco Ureña en la corrida de Victorino. Foto Plaza 1

No, el toro no pone a cada uno en su sitio, porque entonces, por encima de intereses entre grupos de poder, Paco Ureña habría toreado la corrida de Beneficencia como legítimo triunfador de la feria de san Isidro. No se puede ofrecer la vida con más verdad para conseguir un triunfo legítimo, ni torear con mayor entrega y pureza, echando la moneda arriba dispuesto a dejarse matar si fuera necesario, como tan real y espeluznantemente hizo el de Cartagena en la seria y brava corrida de Victorino, donde no salió de la plaza a hombros por la puerta grande por la insensibilidad de un horroroso aficionado, el presidente  de la corrida, que ya debería estar cesado, obstinado en no atender una petición a todas luces mayoritaria y negarle el trofeo que le habría permitido salir en volandas, decisión que sirvió en bandeja a la empresa la exclusión del gran torero murciano, para cambiar la fecha y satisfacer compromisos empresariales de mayor calado entre los colegas que mueven los hilos del negocio. «¡Indecente!», así lo calificó el maestro Paco Ojeda en los micrófonos del programa «Clarín» de RNE.

No, el toro no pone a cada uno en su sitio. Aquí los que ponen y quitan son los insensibles comisionistas del toreo, los que gestionan las plazas para poner y quitar a los suyos, favorecer a otros cobradores de porcentajes como ellos, que con toda seguridad revertirán el favor, mantener a raya a los apoderados independientes, y organizar las ferias excluyendo a quienes demostraron su inmensa torería en el ruedo y ante el toro —que es donde tienen que hablar los toreros tener méritos sobrados para estar anunciados en los mejores carteles. 

lunes, 22 de mayo de 2023

DESDE EL TENDIDO 4

Por Antonio Luis Aguilera

Andrés Roca Rey sale a hombros en Córdoba. Foto Manuel Murillo (Diario Córdoba)

El pasado fin de semana se celebraron las dos corridas de toros de feria programadas en el coso de «Los Califas». La empresa ofreció unos carteles atractivos que, a pesar de la incertidumbre meteorológica, llevaron hasta la plaza a un gran número de espectadores el sábado por la tarde, cuando el aforo se cubrió en más de tres cuartos de la totalidad, y que por la intensa lluvia caída fue aplazado hasta el domingo a las doce del mediodía. Menos tirón tuvo el programado para ese mismo día por la tarde, donde los espectadores solo cubrieron algo más de un cuarto del aforo. 

Lo primero a destacar es el considerable aumento de público y la gran respuesta a la oferta y trabajo previo de la empresa, que desde antes de Navidad puso a la venta los abonos con interesantes ventajas para quienes entonces los compraran, con garantía de devolución en caso de no estar de acuerdo con los carteles. Todo un acierto de «Lances de Futuro», que con esta atractiva forma de venta consiguió doblar el número de abonados de la plaza, que este año han rondado los 2.200. 

Lo segundo, que ese acierto puede durar poco ante la decepcionante presentación del ganado adquirido para Córdoba, donde se han lidiado toros impropios de una plaza de primera categoría, prevaleciendo en ambos encierros ejemplares sin remate, anovillados, indignos por su falta de trapío de saltar a una plaza de primera categoría, donde ha quedado de manifiesto la nefasta actuación de los equipos presidenciales, que han hecho un flaco favor a la historia taurina de la ciudad permitiendo encierros de plazas no de segunda, sino de tercera categoría. 

El domingo por la mañana se lidió la corridita de Domingo Hernández, una escalera presidida por dos zambombos y cuatro novilletes indignos del coso. «Morante de la Puebla» estuvo aseado con bellas reminiscencias gallistas ante el grandullón que abrió plaza, destacando un torerísimo y arriesgado  quite a cuerpo limpio que hizo a «Lili» a la salida de un par de banderillas; Juan Ortega, que no tuvo opciones con su lote y solo pudo dibujar alguna pincelada de su gran clase, estuvo francamente mal con la espada, dándose la circunstancia que su segundo, un manso de libro emplazado de salida en los medios, ante la escandalosa protesta del público no aficionado, fue devuelto antirreglamentariamente por eso, por ser manso, lo que manifiesta el escaso criterio del palco; y Andrés Roca Rey fue el gran triunfador del festejo, cortando tres orejas que debieron de ser cuatro, porque la faena y estocada al sexto era de dos y fue premiada con una. El peruano, que anda a gorrazos con los toros, le formó un alboroto a esos ejemplares que debieron recordarle su etapa de novillero, a los que estoqueó con la misma  contundencia que toreó, abandonando la plaza a hombros por la puerta grande.

En la plomiza y algo lluviosa tarde del domingo volvieron a lidiarse los toros de Álvaro Núñez Benjumea, corrida muy desigual, suelta y mansa en general, con cuatro ejemplares faltos de remate y anovillados, donde «Finito de Córdoba» dejó pinceladas de su clase en el saludo por verónicas al que abrió plaza, que acabó echándose antes de que el torero entrara a matar; Alejandro Talavante, que cortó una cariñosa oreja, demostrando que, aunque quiere, está lejos de ser el torero que dejó la profesión hace años en Zaragoza; y Pablo Aguado, que hizo el esfuerzo por volver a ser el torero que parece desaparecido y espera el aficionado. 

Poca historia la de un ciclo corto donde hubo más sombras que luces, pues la empresa ha comprado un ganado impresentable para una plaza de primera categoría y, lo que es peor, la autoridad gubernativa se lo ha consentido. La ilusión de los aficionados que fueron al coso se tornó en decepción a la salida, esos pocos que, como sentenció «Jesulín de Ubrique», caben en un autobús. Así las cosas, vendiendo humo, como este año ha hecho el señor Garzón, Córdoba volverá a dar la espalda a esa plaza que la propiedad procura rentabilizar con conciertos musicales y bares ubicados en las antiguas taquillas, para aprovechar con veladores las amplias terrazas de los exteriores del inmueble. Una pena.

lunes, 10 de abril de 2023

LA ESTOCADA

Por José María de Cossío


Estocada de Juan Ortega a "Lanudo" de la ganadería de Álvaro Núñez.
Foto: David Bracho. (Málaga, 8 de abril de 2023, corrida Picassiana).

En la estocada se necesita valor, decisión, seguridad, confianza ilimitada en el juego de la muleta con la mano izquierda, serenidad para afrontar ese momento tremendo en que al zambullirse sobre la res se pierde de vista su cabeza. Esa confianza valerosa, esa decisión sin vacilaciones, ese admirable juego de muñeca al vaciar al toro, medido y acompasado el empuje de su embestida, son virtudes de auténtico matador de toros.

José María de Cossío: Enciclopedia «Los Toros»

(Tomo IV: Reflexión sobre «Manolete») 

martes, 7 de febrero de 2023

EL TOREO SE LLAMA JUAN ORTEGA

Por Antonio Luis Aguilera 

Juan Ortega en Valdemorillo. Foto Alfredo Arévalo

El toreo existe de milagro. Sale un torero excepcional como Juan Ortega, que está en boca de los mejores aficionados, y lo dejan fuera de Madrid. El motivo: haber roto con el comisionista que lo representaba, que a su vez tiene una pequeña participación en la empresa de Las Ventas. Y los aficionados que lo quieran ver, que vayan a donde lo anuncien, como Valdemorillo, donde el nuevo «Pasmo de Triana» formó hace dos días un lío grande. Y lo hizo de la forma que él sabe hacerlo: sin levantar la voz, susurrando el toreo, acariciando las embestidas con engaños de seda guiados por las yemas de los dedos, para contagiar a quienes se sientan en los tendidos del sentimiento más místico y auténtico del arte de jugarse la vida. No hay nada más verdadero que el valor de quien relaja todo su cuerpo —observen los dedos de la mano que no torea y las zapatillas en el trance— para crear una obra que estremece por su pureza y maravillosa belleza.

Pues Juan Ortega, este grandioso artista, está fuera de Madrid, porque el señor García, socio mayoritario de Plaza1, no es aficionado ni siente el arte del toreo, y deja que el locuaz y vacuo Casas, el socio minoritario, se tome la venganza con tan gran torero, al que hacía las corridas hasta la pasada temporada, ese al que no acompañaba casi nunca, y con quien no hablaba de las cosas que se deben hablar entre torero y apoderado: de cómo eran los toros de sus corridas, de cuándo fue a verlos al campo, del hierro y de las hechuras de los sobreros dispuestos para las plazas importantes. O lo que es igual: de las letras vocales que debe conocer un apoderado para diferenciarse de un comisionista.

El domingo, el torero que mejor torea de todo el escalafón, el castigado a quedarse fuera de San Isidro, la feria que llaman «el mundial del toreo», toreó en Madrid. Lo hizo en la provincia, en la serrana localidad de Valdemorillo, donde iluminó la tarde con la insuperable belleza del toreo más lento que puede verse en los ruedos, ese que no saben ver, porque no son aficionados, los listos que gestionan la plaza de Madrid, esos que, para escarnio de la gran afición de la capital del reino, lo han dejado fuera de los carteles. Observen las imágenes grabadas por Carmelo López, y entenderán de qué estamos hablando y de cómo se preocupan por la afición los gestores de la primera plaza del mundo, esos dos personajes que no tienen sensibilidad ni saben de toros.