Mostrando entradas con la etiqueta Victorino Martín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Victorino Martín. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de julio de 2024

«TAUROMAQUIA Y VERDAD»

Por Antonio Luis Aguilera

 

Con este título reflexiona sobre sus veinte años de alternativa el matador de toros Manuel Escribano, dando forma al libro autobiográfico escrito con la colaboración del catedrático y amigo personal Antonio Ramírez de Arellano, que ha publicado la Editorial «El Paseíllo». Se trata de una interesante obra, prologada por el ganadero Victoriano Martín García, que capta inmediatamente la atención del lector, al que explica los sufrimientos y la lucha para abrirse paso en el mundo del toro un espada tan considerado por los aficionados, que saben bien de la verdad de sus triunfos y amarguras —en dos ocasiones ha visto de cerca de la muerte—, como maltratado por las empresas que manejan la tramoya del toreo.

 

Un libro que puede extrañar por tratarse de una biografía parcial, pues para grandeza del toreo el diestro de Gerena sigue en activo, pero que al narrarse en primera persona brinda al aficionado una visión más amplia de la calidad humana y profesional de Escribano, no solo por su experimentado conocimiento de la crudeza del mundo del toro, sino porque se trata de un torero completo, dueño y señor de la lidia, dominador de los tres tercios, que por si fuera poco sabe expresar con buen acento el toreo, con pureza y autenticidad, ante las corridas más duras del campo bravo, con las que ha demostrado algo que está al alcance de muy pocos: que no solo sabe lidiarlas sino que además es capaz de torearlas como el mejor.   

 

Legítimamente orgulloso de la historia que narra, el espada sevillano cuenta al lector una vida transitada por los sinuosos caminos del toreo con detallada información de los entresijos de la profesión. En sus páginas explica la complicada relación con alguno de los poderosos y ridículos personajes del campo del apoderamiento; el ostracismo impuesto a su carrera por el holding de empresas-comisionistas —este año tras triunfar rotundamente en Sevilla no va a la feria de Bilbao, mientras el pasado estuvo ausente de Madrid—; la dureza del Valle del Terror; la satisfacción de su independencia profesional sin importar el precio pagado; su relación con la plaza de Madrid, que definitivamente es la que da y quita; o el injusto trato del público de Sevilla con algunos de sus toreros. Una carrera profesional vivida entre la alegría de triunfos incontestables y las espeluznantes ocasiones que sintió la muerte, como aquella que titula el primer capítulo del libro, cuando pensó: «Estoy palmando. ¡La que voy a liar!».

 

Sorprende del ameno relato la capacidad de Manuel Escribano para definir magistralmente el comportamiento de los toros que habitualmente lidia, los del encaste Albaserrada, diferenciado las características de los de Victorino con los de Adolfo Martín, así como los de José Escolar, y las matizaciones sobre cómo son los legendarios toros de Miura. El torero lo explica con profusión de detalles, los que sin duda escapan de la visión del más sagaz aficionado, pues no es igual descifrar la lidia desde arriba que hacerlo en la soledad de la arena, escuchando el jadeo de una mole que mira y mide, cuando en diez minutos la inteligencia se enfrenta a la fuerza en una sorda interpretación de reacciones, las que se han de conocer e intuir para ganar la batalla y expresar el toreo. En un alarde de generosidad, el torero de Gerena no tiene reparos en hacer partícipe al lector de sus conocimientos profesionales, para enriquecer su afición con la gama de reacciones de estos encastes singulares, cuya lidia exige un plus sobre la rutinaria técnica interiorizada por la mayoría de los toreros. 

 

La obra finaliza con el testimonio de Antonio Ramírez de Arellano de la actuación de Manuel Escribano en la pasada feria de Sevilla, cuando la tarde del 13 de abril de 2024, anunciado con toros de Victorino Martín junto a Borja Jiménez y Andrés Roca Rey, el matador sevillano fue empitonado al torear de capote por “Disparate”, el toro que abría plaza, causándole una cornada de diez centímetros en el muslo derecho, de la que fue intervenido en la enfermería de la plaza sin anestesia general por indicación del torero, que al caer la noche sobre la Maestranza volvió al redondel para lidiar en sexto lugar al cuarto de la tarde, de nombre “Fisgador”. Le hizo frente con un pantalón vaquero recortado que le prestaron, y a pesar de estar recién operado no escatimó su entrega con el exigente cárdeno de Victorino: lo recibió como al primero, de rodillas a porta gayola, lo banderilleó por los dos pitones y lo cuajó toreándolo por abajo en la boca de riego de la plaza, donde realizó una importante y emocionante faena refrendada con una gran estocada. Las dos orejas que paseó emocionado y sin perder su sonrisa ante la entrega del público refrendaban su triunfo legítimo en una tarde a cara y cruz, resuelta con una verdad y torería que no está al alcance de muchos. 

 

«Tauromaquia y verdad», una nueva y atractiva obra de editorial «El Paseíllo», que apuesta por la Fiesta de los toros, su cultura y su difusión, en este tiempo de ignorancia, hipocresía y censura impuesta por los culturetas del poder en la mayoría de los medios de comunicación. 

 


jueves, 1 de junio de 2023

MEJORES ÉPOCAS

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de "Los Califas" de Córdoba

Terminada la mini feria taurina de Córdoba, con el amargo sabor de la decepción por la mala presentación de las corridas de toros, lo que ha causado malestar y desconfianza con la empresa y los equipos presidenciales, que han hecho la vista gorda aceptando la lidia de animales impropios de la categoría de la plaza, es de suponer que las puertas del recinto no volverán a abrirse este año para ningún festejo. No será porque económicamente se haya dado mal, que no lo ha parecido, ni porque falten novilleros y becerristas cordobeses que tras los duros meses de calor puedan citarse con la afición, sino porque esta es la política de las empresas que sucesivamente explotan el coso: ninguna quiere saber nada de toros después de feria. Y si el contrato con la propiedad de la plaza no obliga a otra cosa, pues el que quiera más que venga el año que viene.

De esta forma, como la pescadilla que se muerde la cola, el abandono por falta de programación incentiva el deterioro taurino de la ciudad que fue definitiva en el toreo, que mientras aguarda la llegada de otro príncipe azul, que no suele aparecer espontáneamente, seguirá viviendo del recuerdo de su historia, esa que cada vez es menos conocida, porque los aficionados mayores van desapareciendo y los jóvenes, que últimamente acuden en buen número a la plaza, ante la falta de actividad es muy probable que puedan terminar aburriéndose, y dejen de interesarse por formarse de verdad, por conocer a fondo el toreo, su historia y tradición, la liturgia, sus normas, su arraigo cultural y el respeto que merecen los valores de la Tauromaquia como escuela de vida.

Manuel Benítez "El Cordobés". Foto Framar

A partir de este mes de junio, la plaza será otro año la más amplia sala de conciertos de la ciudad en las noches de verano. Nada que ver con los festejos que se programaban en los primeros años de existencia del coso, cuando en el estío se anunciaban novilladas y becerradas nocturnas con rifas de regalos. Ahora, aquellas taquillas de sol y de sombra se han convertido en bares y restaurantes, que aprovechan las amplias terrazas de los aledaños de un recinto ideado en años de vacas gordas, aprovechando el tirón de Manuel Benítez Pérez, un genio del toreo que llenaba las plazas cualquier día de la semana anunciándose con “dos más”. Los socios propietarios debieron suponer que la inercia taquillera de «El Cordobés» continuaría, y no dudaron en levantar la magnífica plaza de «Los Califas», posiblemente la más cómoda y de mejor accesibilidad de España, que habría de notar desde 1971 la retirada de los ruedos del «Huracán de Palma del Río», que la llenó en siete ocasiones de las trece en que hizo el paseíllo como matador de toros, mientras en cuatro rozó el lleno, y en dos el aforo se cubrió en tres cuartos. Su balance: 23 orejas y 8 rabos. 

La plaza en la actualidad, después de la feria taurina

Sin embargo, aunque parezca mentira por el impresionante tirón taquillero de Benítez, el cartel de «no hay billetes» se colgó en las taquillas de «Los Califas» por primera vez el 25 de mayo de 1985, con una corrida de Victorino Martín de Andrés, ganadero que había impactado en Córdoba desde el año anterior que se presentó. Aquella tarde  salieron a hombros José Antonio Campuzano, vestido de lila y oro, que cortó una oreja al primero, dio la vuelta al ruedo en el tercero, y cortó las dos orejas al quinto; y su hermano Tomás, que con un terno tabaco y oro cortó una oreja al segundo, otra al cuarto y las dos al sexto. Les acompañaron en volandas por la puerta grande el propio Victorino Martín y Julio Presumido, mayoral de la ganadería, tras una corrida de las que hace afición, donde en reconocimiento al gran juego del encierro fue premiado con la vuelta al ruedo el sexto: Bailaor, número 121, 538 kilos, negro bragado. 

Alternativa de Finito de Córdoba. Foto Arjona

Tras cuatro años de romance con la afición cordobesa (1984/1987), Victorino rompió lazos el 28 de mayo de 1988, cuando decidió retirar la corrida de la tarde por haber sido rechazados dos ejemplares por falta de trapío, negándose a  completar el encierro con otros toros de su hierro. Por fortuna no iba a tardar la plaza en reverdecer sus tardes de gloria, pues estaba por llegar el torero que más veces la ha llenado colgando el cartel de «no hay billetes»: Juan Serrano Pineda «Finito de Córdoba», que lo consiguió de novillero con picadores, la tarde del 23 de mayo de 1990, en un inolvidable y maravilloso mano a mano con Rafael González «Chiquilín», el espigado torero de la «Piedra Escrita» (Santa Marina). De matador de toros, el espada de «El Arrecife», (La Carlota-Córdoba), colgaría el cartelito en seis ocasiones: el 23 de mayo de 1991, la tarde de su alternativa, otorgada por Paco Ojeda con Fernando Cepeda de testigo y toros de Torrestrella, —por cierto, ese año pasaría a la historia del coso por lograr el récord de venta de abonos con 6.500 títulos—; a las que habría de sumar el 30 de mayo de 1992, alternando con Emilio Muñoz y «Espartaco» con toros de Juan Pedro Domecq; 28 de mayo de 1993, con idéntico cartel y toros de Daniel Ruiz y José Luis Marca; el día siguiente, 29 de mayo, en reñido mano a mano con Rafael González «Chiquilín», con toros de Juan Pedro Domecq y uno de Sancho Dávila; 27 de mayo de 1995, mano a mano con Rivera Ordóñez con toros de Juan Pedro Domecq; y por último el 26 de mayo de 2009, actuando con José Tomás y José Luis Moreno, con toros de Las Ramblas

Mas no queda ahí la cosa, porque además de ostentar el récord colgando el cartel de «no hay billetes» (uno de novillero y seis de matador), Juan Serrano también llenó el coso como novillero el 22 de junio de 1990, en su segundo mano a mano con Rafael González «Chiquilín»; y como matador en otras tres ocasiones: 29 de mayo de 1992, actuando con Paco Ojeda y «Joselito» lidiando toros de Torrestrella y uno de Herederos de Carlos Núñez; 25 de mayo de 2000, con Enrique Ponce y «El Juli», con reses de Torrestrella; y el 28 de mayo de 2008, actuando con José Tomás y Daniel Luque con un encierro de Jandilla y Vegahermosa. A este apabullante palmarés hay que añadir un importante número de corridas donde la plaza registró tres cuartos de entrada. Así pues, «Finito de Córdoba» y Manuel Benítez «El Cordobés», por este orden, han sido los toreros de mayor tirón taquillero en la historia de la plaza cordobesa (1965/2023).

"Finito" y "Chiquilín" de novilleros. Foto A.J. González (D. Córdoba)

Hemos recordado las épocas doradas de «Los Califas», pero además hubo otras donde la plaza registró grandes afluencias de público, para vivir ilusionada el toreo de otros espadas de la tierra, como José María MontillaGabriel de la Haba «Zurito», Manuel Cano «El Pireo», Florencio Casado «El Hencho», Fernando TortosaAgustín Parra «Parrita», José Luis Moreno... Lo importante es la actividad, que se trabaje con los chavales de la cantera que quieren ser toreros buscando el compromiso de instituciones públicas, propietarios de la plaza, peñas y barrios para organizar festejos menores y fomentar la ilusión con los novilleros cordobeses. En definitiva, que además de cuidar la programación de la feria de mayo y no defraudar como este año con la mala presentación del ganado, se trabaje por Córdoba con la misma ilusión que llegó para regentar la plaza José María Garzón, cuando le fue adjudicada por vez primera una de la máxima categoría. Por otra parte, la Delegación de Gobierno de la Junta de Andalucía debe evaluar la actuación de los equipos presidenciales designados, que este año han logrado poner de acuerdo a toda la crítica en los dos días que ha durado la feria.

Plaza de toros en 1965, año de su inauguración. Foto Paco Muñoz

Aprovechando los recuerdos importantes de la plaza cordobesa, insistimos una vez más que su aforo no es de 16.900 localidades, como se reproduce en libros, revistas y portales taurinos. Se trata de un dato erróneo consignado en la enciclopedia «Los Toros» de don José María de Cossío. Esa fue la cifra proyectada por el arquitecto don José Rebollo Dicenta, cuando se contemplaban la mitad de los vomitorios construidos. Finalmente, el aforo quedó en 14.842 localidades, dato que nos facilitó don Antonio Pérez-Barquero Herrera, que lo verificó personalmente siendo empresario con sus cuñados, los hermanos José y Manuel Flores Cubero «Camará»Más tarde, en 2003, el aforo volvió a disminuir hasta 14.621 localidades por las reformas ejecutadas para facilitar el acceso a personas con limitaciones físicas, lo que nos fue confirmado por don Tomás González de Canales, presidente del Consejo de Administración de la Sociedad Propietaria de la plaza.

jueves, 18 de octubre de 2018

LLENOS EN EL COSO DE "LOS CALIFAS"

Por Antonio Luis Aguilera
Paseíllo en la cordobesa plaza de Los Califas
Desde el 9 de mayo de 1965, fecha de su inauguración, hasta el final de la temporada de 2018, en la cordobesa plaza de Los Califas se han celebrado 802 espectáculos taurinos (247 corridas de toros, 49 de rejones, 187 novilladas con picadores, 71 sin los del castoreño, 156 becerradas, 41 espectáculos cómico-taurinos y 51 festivales benéficos), habiendo registrado el recinto 46 llenos en su aforo, de los que 33 fueron aparentes y 13 absolutos, es decir, con todas las entradas agotadas en taquillas y colocado el cartel que informa al público: “No hay billetes”. 

Clasificados por la categoría de los festejos, 21 se registraron en corridas de toros, de los que 12 fueron aparentes y 9 absolutos; 2 en novilladas con picadores, siendo 1 absoluto; 1 en novilladas sin picadores; 8 en festivales benéficos, con 3 absolutos; y 14 aparentes en la popular y centenaria becerrada homenaje a la mujer cordobesa. Veamos quienes fueron los protagonistas de estos acontecimientos:

Manuel Benítez El Cordobés
Manuel Benítez El Cordobés  lo consiguió en 7 ocasiones durante los años 1965 (9, 25 y 26 de mayo), 1966 (25 de mayo), 1967 (27 de mayo) y 1968 (25 de mayo y 29 de septiembre), pero, aunque resulte extraño por su inmenso poder de convocatoria, en ninguna se colgó el cartel de “no hay billetes”. 

Retirado del toreo el diestro de Palma del Río, el coso de Ciudad Jardín no volvió a llenarse hasta la llegada del prestigioso ganadero don Victorino Martín de Andrés, que con sus albaserradas lo hizo en 2 ocasiones, el 25 de mayo de 1985, con todo el papel agotado por primera vez en una corrida de toros en la nueva plaza, y el 30 de mayo de 1987. 
Juan Serrano Finito de Córdoba
Juan Serrano Finito de Córdoba, que desde sus inicios como novillero sin picadores había despertado a la ciudad y su provincia de un profundo letargo taurino, volvió a llenar el coso levantado en terrenos de la antigua Huerta de la Marquesa. Lo hizo en 7 ocasiones, de las que en 6 agotó el taquillaje. Fue en los años 1991 (23 y 25 de mayo, agotando en ambas el papel), 1992 (29 y 30 de mayo, colgando el cartel en la segunda), 1993 (28 y 29 de mayo, vendiéndose todo el billetaje en las dos) y 1995 (27 de mayo, despachándose en taquillas todas las localidades).

Julián López El Juli en su presentación como matador de toros en Córdoba, 28 de mayo de 1999, agotó todas las entradas. También llenó el 25 de mayo de 2000, pero entonces fue aparente y con la solidaria convocatoria de Enrique Ponce y Finito de Córdoba; y el 25 de mayo de 2001, aparentemente, anunciado con Joselito y José Tomás.

José Tomás
Sería precisamente José Tomás quien tras unos años retirado de los ruedos y reaparecer con enorme tirón taquillero, llenó aparentemente la plaza el 28 de mayo de 2008, actuando con Finito de Córdoba y Daniel Luque, y el 26 de mayo de 2009, que se agotaron todas las localidades, alternando con Finito de Córdoba y José Luis Moreno.

Como anteriormente hemos reseñado, en la categoría de novilladas con picadores el coso se llenó en 2 ocasiones, ambas protagonizadas en apasionantes mano a mano por los novilleros cordobeses Finito de Córdoba y Chiquilín, que lidiaron reses de Torrestrella, acartelados ambas tardes con Luis Domecq, que rejoneó un utrero de la divisa familiar. El primer lleno, con todo el papel vendido, fue el 23 de mayo de 1990, y el segundo el 22 de junio del mismo año, fecha en que el coso volvió a llenarse hasta el tejado, aunque inexplicablemente esa tarde no se colocó  en taquillas el  cartel de “no hay billetes”.

 Tarde de toros en Los Califas
Por extraño que parezca el coso también se llenó para presenciar una novillada sin picadores, aunque el interés del público no era precisamente el taurino. En los sorteos de regalos efectuados en las novilladas sin picadores y becerradas nocturnas celebradas en los años sesenta para llevar público a la plaza, la estrella no solo era el popular coche Seat-600, que con suficiente antelación era paseado por la ciudad sobre una camioneta con el cartel “¡A los toros. Vaya andando y vuelva en coche!”, sino el de una vivienda, sorteo en el que participaban todas las localidades vendidas en las nocturnas del verano, y que se celebraba en la última de las programadas. Esto explica que el 7 de septiembre de 1968, víspera de la festividad local de la Virgen de la Fuensanta, el coso se llenara a reventar para contemplar las hazañas toreras de Manuel Acevedo, Juan José López Cuevitas, Antonio Álvarez El Hortelano y Modesto Adame El Palmerito, que lidiaron tres erales de don Ángel Sánchez  Rodríguez, y uno de Mencos Armero (3º), pues al final del festejo llegaba el momento de la ilusión para muchas familias necesitadas y no pocas parejas de novios, que anhelaban salir de la plaza con las llaves de un piso de su propiedad. El agraciado resultó don Alonso Morales, vendedor de cupones de la ONCE en la plaza de Las Tendillas, que recibió las llaves de una vivienda en la calle Doña Berenguela, situada en la barriada de la Huerta de la Reina.
Justo es constatar que otros aspirantes a fenómenos consiguieron llenar el coso hasta 14 ocasiones vestidos de corto en la popular becerrada homenaje a la mujer cordobesa (festejo que se celebra en Córdoba desde 1898, con la excepción de 1986). Los llenos se registraron en los años y con los protagonistas que se indican: 1968 (Paco Luna, Pedro Dorado Molina, Francisco Moreno, Pedro Flores); 1969 (José Luis Jurado Jodral, Rafael Pérez Lamarca, Juan Antonio López Pérez, Luis Gavilán Sánchez); 1974 (Eusebio Fernández Serranito, Joaquín Martínez, Juan de Dios de la Rosa, Alfonso Ortiz);  1975 (Joselito Torres, José Manuel El Sagre, Rafael Lamarca, Joaquín Martínez); 1979 (Antonio Tejero, Antonio Romero, Luis Rodríguez, José María Tejero); 1980 (Antonio Romero, Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa); 1981 (Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa, Rafael Mangas); 1983 (Emilio González, Paco Trujillo, Antonio Pavón, Rafael Naz); 1985 (José María Franco, José Antonio Maldonado, Manuel Rodríguez Palitos, Cayetano de Julia); 1988 (Paco Benítez, Rafael M. López, Manuel Casado, Ángel Quero); 1991 (Nelson Villegas, Paquito Asensio, Beltrán Torres, Javier Castro); 1992 (Medina Núñez, Antonio Pérez, Antonio Sanz, Alejandro Castro); 1993 (Juan de la Rosa, Pepe Guerrero, Raúl Sanz,  Sergio Sanz) y 1997 (Víctor Martínez, Fernando Medina Tello, Rafael Sánchez Pulido, Juan Antonio Cobos Martínez, Miguel A. Ruiz Viana, Manuel Luna Pérula, Francisco Cost Niño del Alamillo).

Festival del Cáncer en Córdoba
Completamos este documento histórico dejando constancia de otros 8 llenos que el coso ha registrado hasta 2018. Se consiguió en estos festivales benéficos:

21 de abril de 1968, a beneficio de los pobres, con la actuación de Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito, Fernando Tortosa y Curro Martínez Botines.

18 de marzo de 1978, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación del rejoneador Álvaro Domecq Romero y los matadores Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito y Manuel Cano El Pireo.

22 de abril de 1979, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación de los matadores Paco Camino, Gabriel de la Haba Zurito, José María Manzanares, Niño de la Capea, y los novilleros Fernando Vera, Fermín Vioque y Antonio Tejero.

19 de septiembre de 1985, organizado por la Junta de Andalucía en homenaje a los pensionistas de la Comunidad Autónoma, con la actuación de Manolo Vázquez, Diego Puerta, Paco Ojeda, Espartaco y los novilleros Paco Zurito y Rafael Gago.

25 de marzo de 2006, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con la actuación de Leonardo Hernández, hijo, José María Manzanares, Enrique Ponce, Jesulín de Ubrique, Rivera Ordóñez, Salvador Cortés y Julio Benítez El Cordobés, hijo.

10 de marzo de 2007, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con el papel agotado y el cartel de “no hay billetes”, con la actuación de Ortega Cano, Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Fandi, Salvador Cortés y el novillero Daniel Luque.

2 de marzo de 2008, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el billetaje agotado, actuaron Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, Rivera Ordóñez, El Cid, El Fandi, Daniel Luque y el novillero Ignacio González.

26 de marzo de 2011, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el papel agotado, con la actuación de Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Juli, Cayetano Rivera y el novillero Juan Ortega.
Vista aérea de la plaza de Los Califas
Deseamos de corazón que los aficionados cordobeses puedan añadir datos en los próximos años y actualizar este documento. Sería señal inequívoca de que Córdoba habría recobrado el pulso taurino. Mas para ello es indispensable una mayor iniciativa de la empresa. No basta abrir la plaza cuatro días en mayo y echar el cierre hasta el año siguiente. También, que la sociedad propietaria que firma el contrato exija unas condiciones mínimas para una plaza de primera categoría, como celebrar al menos una novillada con picadores en feria, y comprometer al arrendatario a colaborar en la organización del que era hasta hace muy pocos años el tradicional festival a beneficio de la Asociación Cordobesa de Lucha contra el Cáncer, que tanto bien ha hecho y hace por las personas que sufren la enfermedad. Y por supuesto, que peñas, tertulias taurinas y  aficionados acudan a los festejos que se anuncien, pues sin el apoyo de todos los que de verdad aman la Fiesta nunca saldrán nuevos toreros y Córdoba solo será importante en la historia del toreo. El presente hay que trabajarlo sumando voluntades. 

miércoles, 3 de octubre de 2018

LOS "VICTORINOS" EN CÓRDOBA

Por Antonio Luis Aguilera        
Tercio de varas de un victorino en Córdoba. Foto Fidel Arroyo.
La ganadería que adquiriera en 1965 don Victorino Martín de Andrés  -a la familia Escudero Calvo, la fundada en 1912 por el marqués de Albaserrada con reses del Conde de Santa Coloma, origen Saltillo- reconocido por la afición como uno de los mejores criadores de la historia del toreo, ha lidiado en la plaza de Los Califas de Córdoba un total de siete festejos, que se desglosan en cinco corridas de toros, una de cuatro ejemplares y otra, de diferentes ganaderías, con una sola res. Sin tratarse de un elevado número de festejos, el gran ganadero gozó de enorme prestigio, y de la añoranza de la afición cordobesa cuando dejó de lidiar.

Victorino Martín de Andrés debutó en la plaza de Córdoba el sábado 26 de mayo de 1984, siendo empresarios del coso los hermanos José y Manuel Flores Cubero “Camará”. En aquella ocasión el público llenó algo más de tres cuartos del aforo para contemplar la lidia de un encierro bien presentado y de juego desigual, al que se enfrentaron Francisco Ruiz Miguel, que fue ovacionado en el primero y silenciado en el cuarto; José Antonio Campuzano, que recibió una ovación en el segundo y cortó una oreja en el quinto tras un aviso, y Tomás Campuzano, cuyo balance fue silencio y dos orejas. Al sexto toro, de nombre Majetón, se le concedió la vuelta al ruedo.           

Puerta de toriles de Los Califas. Foto Fidel Arroyo.
Repitió el criador de Galapagar el 25 de mayo de 1985, siendo empresarios los hermanos Flores Cubero con su cuñado Antonio Pérez-Barquero Herrera. El cartel anunciaba seis ejemplares que serían lidiados, mano a mano, por los hermanos Campuzano. En las taquillas se colocó el cartel de “no hay billetes” y resultó una corrida triunfal. El balance de José Antonio (lila y oro) fue oreja, vuelta al ruedo y dos orejas, y el de Tomás (tabaco y oro) oreja, oreja y dos orejas. Al sexto ejemplar se le dio la vuelta al ruedo. Atendía por Bailaor, número 121, 538 kilos, negro bragado. Al final del festejo salieron de la plaza a hombros por la puerta grande los hermanos Campuzano, Victorino Martín de Andrés y el mayoral de la ganadería, Julio Presumido.
      
   
Divisa azul y encarnada. Foto F. Arroyo.
Volvió a llenarse el coso de Ciudad Jardín el miércoles 28 de mayo de 1986 para ver el juego de  los “albaserradas” de Victorino, pues escasos fueron los huecos que quedaron sin cubrir en gradas altas e impidieron cerrar las taquillas. Esa tarde hicieron el paseíllo Francisco Ruiz Miguel (grana y oro), que cortó la oreja del que abría plaza y las dos del cuarto; Dámaso González (blanco y oro), que paseó las dos orejas del segundo y fue ovacionado en el quinto; y Tomás Campuzano (grana y oro), que cortó una oreja del tercero y las dos y el rabo del sexto. Al cuarto ejemplar de la tarde, de nombre Molinito, número 166, cárdeno y con 487 kilos, se le dio la vuelta al ruedo por aclamación popular, sin la preceptiva autorización del presidente. Los tres espadas, el ganadero y el mayoral salieron un año más a hombros por la puerta grande del coso califal.   

Victorino Martín era por méritos indiscutibles el ídolo de la afición de Córdoba y su provincia. Como era lógico y de suponer, el anuncio de sus toros volvió a llenar la plaza la tarde del 30 de mayo de 1987. Sin embargo, el viento que soplaba a favor del afamado ganadero iba a cambiar de dirección esa feria, donde no completó corrida en el reconocimiento y solo lidió cuatro toros, al ser rechazados dos ejemplares por los veterinarios. El lote se completó con dos reses de José Luis Ambel Villanueva, encaste Bohórquez, corridos en 1º y 3º lugar. Para despachar el encierro se ciñeron el capote de paseo Francisco Ruiz Miguel (rosa y oro), que fue ovacionado en el primero y cortó las dos orejas al cuarto; José Antonio Campuzano (celeste y oro), que escuchó música de viento en su lote;  y Tomás Campuzano (corinto y oro), que cortó la oreja al tercero y dio la vuelta en el sexto.
        

Toro de Victorino Martín lidiado en Córdoba en 
 mayo de 2008. Foto Fidel Arroyo

Después de cuatro años consecutivos siendo dueño y señor de la feria de Córdoba, Victorino se anuncia la tarde del sábado 28 de mayo de 1988, pero le son rechazados cinco toros en el reconocimiento veterinario, juicio que el criador considera injusto y toma la decisión de no lidiar ese año en la única plaza de primera categoría que entonces había conquistado en Andalucía. Con esta decisión iba terminar su apasionado romance con quien de verdad no tenía culpa alguna: la fiel afición de la ciudad de la Mezquita y su provincia. Aquella tarde los albaserradas fueron sustituidos por dos toros de Guardiola Domínguez (1º y 6º), dos de Guardiola Fantoni (2º y 4º) y dos de Ramón Sánchez Recio (3º y 5º, este último lidiado como sobrero resultó bravísimo). Y aunque en taquillas se devolvieron localidades, el coso registró una gran entrada, cubriéndose tres cuartos del aforo. Actuaron Francisco Ruiz Miguel (azul marino y oro), que fue ovacionado en el primero y cortó las dos orejas del cuarto; Víctor Mendes (azul marino y oro), que dio la vuelta al ruedo en el segundo y cortó una oreja al quinto; y Fermín Vioque (marfil y oro), que fue ovacionado en el tercero tras escuchar un aviso y dio la vuelta en el sexto. Apuntamos de aquella tarde la magnífica lección de brega que impartió en el redondel el banderillero cordobés Pepín Fernández.

Nueve años habrían de transcurrir para que la ganadería de Victorino volviera a lidiar en Córdoba. Fue el 26 de septiembre de 1997, corrida organizada por el Ayuntamiento de la ciudad para conmemorar el cuarenta aniversario de la muerte de Manolete. Aquella tarde saltaron al ruedo, por orden de lidia, toros de Samuel Flores, Cebada Gago, Torrestrella, Victorino Martín, Miura, y María Luisa Domínguez Pérez de Vargas. Todos fueron pitados en el arrastre excepto el 2º, que fue ovacionado. Actuaron en el homenaje al Monstruo Enrique Ponce (rosa palo y oro), que fue ovacionado en el primero y cortó una oreja al cuarto; Rafael González “Chiquilín” (blanco y plata), que cortó una oreja al segundo y fue ovacionado en el quinto; y Manuel Díaz “El Cordobés” (tabaco y oro), que fue ovacionado en el tercero y cortó una oreja al sexto. La plaza se cubrió en tres cuartas partes y el festejo fue transmitido en directo por TVE1. Las cabezas de aquellos seis ejemplares fueron embalsamadas y están expuestas en el salón de actos de la plaza. Fueron testigos de aquella corrida homenaje, los matadores de toros contemporáneos de Manolete: Juanito Bienvenida, Jaime Marco El Choni, Manuel Escudero, Rafael Llorente, Manuel Álvarez Andaluz, Rafael Martín Vázquez, Angelete, Manuel Navarro y Julián Marín.          

 Templado natural de José Luis Moreno a un victorino
 que surca el albero con el hocico. Foto Fidel Arroyo

Tres años después, la tarde del domingo 28 de mayo, Victorino retornaba a Córdoba con un encierro  completo para cerrar la feria de mayo de 2000, siendo Paco Dorado empresario de Los Califas. Pero la plaza ya no volvió a llenarse como en la década de los ochenta, solo registró un tercio de aforo para ver la actuación de Luis Francisco Esplá (azul marino y oro), que fue ovacionado en el primero y cortó una oreja al cuarto; Raúl Gracia El Tato (burdeos y oro), que fue pitado en su lote; y José Luis Moreno  (grana y oro), que cortó una oreja al tercero y fue fuertemente ovacionado en el que cerraba plaza. 
Entrega de toro y torero. José L. Moreno hunde las zapatillas y baja
la mano para conducir la humillada embestida. Foto Fidel Arroyo.

La última comparecencia de Victorino en Los Califas tuvo lugar en la feria de mayo de 2008, siendo Taurotoro la empresa arrendataria del coso. La corrida tuvo lugar el domingo 25 de mayo, fue televisada por Canal Sur, y la plaza registró un tercio de aforo. Alternaron Pepín Liria (azul marino y oro), que se despedía de la afición cordobesa, cuyo balance fue oreja en el primero y ovación en el cuarto; José Luis Moreno (tabaco y oro), que cortó una oreja a cada uno de su lote; y Antonio Ferrera (berenjena y oro), que fue ovacionado en ambos.

  Estocada de José Luis Moreno. Foto Fidel Arroyo.

En resumen, la ganadería de Victorino Martín ha sumado siete festejos en la plaza de Córdoba, lidiando cinco corridas completas, una de cuatro ejemplares y otra de uno,  lo que suma un total de 35 toros, de los que tres fueron premiados con la vuelta al ruedo -aunque la de Molinito en 1986 no fuera autorizada por el palco-, a los que les cortaron 26 orejas y 1 rabo, y propiciaron siete salidas a hombros por la puerta grande, de las que tres fueron para Tomás Campuzano (1984, 1985 y 1986), dos para Francisco Ruiz Miguel (1986 y 1987), una de José Antonio Campuzano (1985), y otra para Dámaso González (1986). Un dato importante del añorado ganadero se refiere al enorme tirón taquillero de su primera época: Tres cuartos largos del aforo en la feria de 1984, lleno de “no hay billetes” en 1985;  llenos en 1986 y 1987; y tres cuartos en 1988 sin lidiar, al ser rechazada la corrida pero haber estado anunciado para el festejo.     

Los premios con que la afición cordobesa distinguió a don Victorino Martín de Andrés fueron los siguientes: “Toro de Oro” del Círculo Taurino de Córdoba en 1985, por Ventolero. Premio al toro de mejor juego de la feria de 2000 del Restaurante Mesón “El Toro”. Trofeo “José María Martorell” de la Tertulia Taurina “Tercio de Quites”, correspondiente a la temporada de 2004, en reconocimiento a su ejemplar trayectoria como ganadero. Premio al mejor toro de la feria de 2008 del Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Córdoba, por Mostrenco. Y finalmente, salvo omisión, premio de la Tertulia “El Castoreño” del Círculo de la Amistad a la mejor corrida y de mejor juego de la feria de 2008. 

Victorino Martín de Andrés recibe en el año 2005 el trofeo "José María 
Martorell"  de la Tertulia Taurina "Tercio de Quites" de Córdoba.
Sirva el presente artículo como recuerdo y homenaje al extraordinario ganadero don Victorino Martín de Andrés, al cumplirse hoy 3 de octubre el primer aniversario de su fallecimiento.