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martes, 1 de julio de 2025

«LOS CALIFAS»: SESENTA AÑOS DE HISTORIA

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de "Los Califas". Córdoba.

Sin que la efeméride haya tenido el menor relieve, este año se ha cumplido el sesenta aniversario de la inauguración de la plaza de toros de «Los Califas», la última construida en Córdoba, ciudad de larga tradición taurina, como acertada y documentadamente escribió el buen amigo y colaborador de este blog Rafael Sánchez González, en su artículo “La plaza de los Tejares”, donde explicaba con detalle este asunto. 


Según el recordado bibliófilo taurino, el documento más antiguo sobre ello data de 1493, y se refiere a una función “en honor y divertimento del Príncipe Don Juan (hijo de los Reyes Católicos), cuando se corrieron toros en el Alcázar de los Reyes Cristianos, residencia de Isabel y Fernando en sus prolongadas estancias en Córdoba. El lugar donde debió desarrollarse esta función debió ser en el actual Campo Santo de los Mártires, integrado entonces en el conjunto como patio de armas.

 

Después se celebraron espectáculos taurinos en la Plaza de la Corredera, de ahí su nombre, y en distintas ocasiones se levantaron en el Campo de la Merced, en el arrabal contiguo al Convento de los Mercedarios, hasta que a iniciativa de Juan Mantése constituyó una sociedad con objeto de levantar una plaza de toros permanente, obra que fue dirigida por el arquitecto Manuel García del Álamo, que comenzó en 1844 sobre los terrenos adquiridos a José Severo García en la Huerta de Perea, situada en la Carrera de los Tejares, que fue inaugurada oficialmente en septiembre de 1846, aunque los primeros espectáculos se celebraron en la Feria de “Nuestra Señora de la Salud” de ese año, concretamente los días 31 de mayo, 2 y 3 de junio. 

 

Veinte años más tarde, el 15 de agosto de 1866, al terminar una novillada y de manera fortuita, se produjo un incendio que provocó un enorme daño en las maderas de gradas y tendidos. Tras la reconstrucción, dirigida por el arquitecto Amadeo Rodríguez, la plaza de “Los Tejares” fue reinaugurada el 20 de enero de 1868, con un cartel netamente cordobés:  toros de la ganadería de don Rafael José Barbero, para que mano a mano se vieran las caras Rafael Molina Lagartijo Manuel Fuentes “Bocanegra”. La plaza, que con posteriores reformas tuvo un aforo que rebasaba los diez mil espectadores, cerró sus puertas el 18 de abril de 1965, fecha que se celebró una novillada con caballos, con ganado de doña Enriqueta de la Cova, donde actuaron Agustín Castellano “El Puri”, Antonio Sánchez Fuentes y José María Susoni. Desde entonces tan entrañable como incómoda plaza sufrió un severo abandono, que se prolongó hasta agosto de 1971, que comenzaron las obras del derribo, para que en su céntrico lugar se levantara el edificio de “Galerías Preciados”. 

 

El día 9 de mayo de 1965 tuvo lugar la inauguración de la “Nueva Plaza de Toros de Córdoba S.A.”, que con los años sería rebautizada como “Coso de Los Califas”, en honor a los espadas de la tierra que hicieron a Córdoba definitiva en la historia del toreo. Desde aquella fecha, cuando montera en mano hicieron el primer paseíllo José María MontillaManuel Benítez “El Cordobés” y Gabriel de la Haba “Zurito”, para lidiar un encierro de los Herederos de Carlos Núñez, hasta los últimos festejos celebrados en mayo de este año, los matadores de toros que han actuado en el coso de Ciudad Jardín han sido 150, de los cuales 32 fueron cordobeses o considerados como tales. 

 

Estos fueron los espadas cordobeses, con el balance de sus actuaciones y algunos datos significativos, que fueron protagonistas en los sesenta años de historia del coso califal: 

 

1.- Juan Serrano “Finito de Córdoba”, que actuó en 63 corridas de toros, lidiando 144 ejemplares, a los que cortó 58 orejas y 2 rabos (“Chupador” de Guadalest el 27/3/1994), y simbólicamente a “Tabernero” de Gabriel Rojas). También indultó dos toros: el citado “Tabernero” (28/5/1994), y “Bondadoso”, del hierro de Domingo Hernández (29/5/2004). Fue premiado con el trofeo municipal "Manolete" como triunfador de la feria de mayo los años 1994, 2001 y 2005. Otorgó las alternativas a Alejandro Castro (1998), y Julio Benítez "El Cordobés" (2007), si bien en esta, pese a estar anunciado en el cartel, renunció a actuar como padrino e invitó a salir al ruedo a Manuel Benítez "El Cordobés", para que vestido de calle presidiera la ceremonia de su hijo. 

 

Juan Serrano "Finito de Córdoba", el matador
que más veces ha actuado en la plaza de "Los
Califas", el día de su alternativa (23/5/1991), de
manos de Paco Ojeda en presencia de Fernando
Cepeda. Foto Arjona.

2.- José Luis Moreno, que actuó en 21 corridas de toros, lidiando 44 ejemplares, a los que cortó 26 orejas.

 

3.- Rafael González “Chiquilín”, que actuó en 17 corridas de toros, lidiando 36 ejemplares, a los que cortó 12 orejas. Otorgó la alternativa a Manuel Romero Santiago "Romero de Córdoba" (1998).

 

4.- Gabriel de la Haba Zurito”, que actuó en 14 corridas de toros, lidiando 28 ejemplares, a los que cortó 24 orejas y 1 rabo. (“Corredor” de Herederos de Carlos Núñez el 9/5/1965). Fue premiado con el trofeo municipal "Manolete" al triunfador de la feria de mayo el año 1968. Otorgó la alternativa a Florencio Casado "El Hecho" (1969).


Manuel Benítez "El Cordobés", el matador que más rabos 
ha cortado en la plaza de "Los Califas". Foto Framar.

5.- Manuel Benítez “El Cordobés”, que actuó en 13 corridas de toros, lidiando 27 ejemplares, a los que cortó 23 orejas y 8 rabos (“Catavinos” de Herederos de Carlos Núñez, el 9/5/1965; un ejemplar de Manuel Arranz el 25/5/1965; otro de Francisca García Villalón el 25/5/1966; otros tres de Herederos de Carlos Núñez el 27/5/1967, 25/9/1967 y 25/9/1968; otro de Juan Mari Pérez-Tabernero el 25/5/1970, y el 1/6/2002, última corrida del espada de Palma del Río en Córdoba, a “Potrero” de María José Barral). Fue premiado con el trofeo municipal "Manolete" como triunfador de la feria de mayo el año 1970. Otorgó las alternativas a Agustín Castellano "El Puri" (1965) y Antonio Sánchez Fuentes (1965).

 

6.- Manuel Díaz El Cordobés”, que actuó en 13 corridas de toros, lidiando 26 ejemplares, a los que cortó 12 orejas.

 

7.- Manuel Cano “El Pireo”, que actuó en 9 corridas de toros, lidiando 22 ejemplares, a los que cortó 20 orejas y 2 rabos (un ejemplar de Manuel Arranz el 25/5/1965, y otro de María Teresa de Oliveira el 26/5/1967). Fue premiado con el trofeo municipal "Manolete" al triunfador de la feria de mayo los años 1965, 1966 y 1967. 


8.- Antonio José Galán, que actuó en 9 corridas de toros, lidiando 19 ejemplares, a los que cortó 12 orejas y 1 rabo (“Madrileño” de Martínez Benavides, el 26/5/1973). Fue premiado con el trofeo municipal "Manolete" al triunfador de la feria de mayo los años 1973 y 1974.

 

9.- Fermín Vioque, que actuó en 9 corridas de toros, lidiando 18 ejemplares, a los que cortó 6 orejasFue premiado con el trofeo municipal "Manolete" al triunfador de la feria de mayo el año 1984. 


10.- Agustín Parra Vargas “Parrita”, que actuó en 9 corridas de toros, lidiando 18 ejemplares, a los que cortó 5 orejas.

 

11.- Florencio Casado “El Hencho”, que actuó en 8 corridas de toros, lidiando 16 ejemplares, a los que cortó 13 orejas y 1 rabo (a un ejemplar de Gerardo Ortega el 1/6/1969). Fue premiado con el trofeo municipal "Manolete" al triunfador de la feria de mayo el año 1969.

 

12.- Alejandro Castro, que actuó en 7 corridas de toros, lidiando 14 ejemplares, a los que cortó 2 orejas.

 

13.- José Luis Torres, que actuó en 5 corridas de toros, lidiando 11 ejemplares, a los que cortó 5 orejas.

 

14.- Fernando Tortosa, que actuó en 5 corridas de toros, lidiando 10 ejemplares, a los que cortó 3 orejas.

 

15.- Julio Benítez “El Cordobés”, que actuó en 5 corridas de toros, lidiando 9 ejemplares, a los que cortó 2 orejas.

 

16.- Enrique Reyes Mendoza, que actuó en 4 corridas de toros, lidiando 8 ejemplares, a los que cortó 3 orejas.

 

17.- Rubén Cano “El Pireo”, que actuó en 4 corridas de toros, lidiando 8 ejemplares, a los que cortó 3 orejas.

 

18.- Pedrín Benjumea, que actuó en 3 corridas de toros, lidiando 6 ejemplares, a los que cortó 6 orejas.

 

19.- Agustín Castellano “El Puri”, que actuó en 3 corridas de toros, lidiando 6 ejemplares, a los que cortó 3 orejas.

 

20.- José María Montilla, que actuó en 3 corridas de toros, lidiando 6 ejemplares, a los que cortó 2 orejas.

 

21.- José Romero, que actuó en 3 corridas de toros, lidiando 6 ejemplares, a los que cortó 1 oreja.

 

22.- Antonio Rey Vera, que actuó en 2 corridas de toros, lidiando 4 ejemplares.

 

23.- Manuel García “Palmeño”, que actuó en 2 corridas de toros, lidiando 4 ejemplares.

 

24.- Manuel Romero "Romero de Córdoba", que actuó en 2 corridas de toros, lidiando 4 ejemplares.

 

25.- Javier Moreno “Lagartijo”, que actuó en 1 corrida de toros, lidiando 2 ejemplares, a los que cortó 2 orejas.

 

26.- Antonio Sánchez Fuentes, que actuó en 1 corrida de toros, lidiando 2 ejemplares, a los que cortó 1 oreja.

 

27.- Curro Jiménez, que actuó en 1 corrida de toros, lidiando 2 ejemplares, a los que cortó 1 oreja.

 

28.- Manolo Martínez, que actuó en 1 corrida de toros, lidiando 2 ejemplares, a los que cortó 1 oreja.

 

29.- Manuel Román, que actuó en 1 corrida de toros, lidiando 2 ejemplares, a los que cortó 1 oreja.

 

30.- Cayetano de Julia, que actuó en 1 corrida de toros, lidiando 2 ejemplares.

 

31.- Curro Martínez, que actuó en 1 corrida de toros, lidiando 2 ejemplares.

 

32.- Paco Aguilera, que actuó en 1 corrida de toros, lidiando 2 ejemplares.

 

sábado, 6 de mayo de 2023

MANUEL ROMÁN SE PRESENTA EN CÓRDOBA

Por Antonio Luis Aguilera    

Manuel Román. Foto Philippe Latour

Tras debutar con picadores el pasado 28 de febrero en Linares, el novillero Manuel Román Álvarez, que tanta expectación levantó el pasado año toreando festejos sin caballos, se presentará ante sus paisanos el sábado 13 de mayo —festividad de la Virgen de Fátima— en el coso de «Los Califas» de su Córdoba natal, donde se encerrará en solitario con cuatro novillos toros de las ganaderías de Jandilla y Fuente Ymbro, en el primer festejo del abono de la feria de mayo organizada por la empresa «Lances de Futuro», que se compone de una novillada y dos corridas de toros el siguiente fin de semana.

La joven promesa de la Plaza de la Lagunilla cordobesa, el recoleto lugar donde hace años otro Manuel, que por su majestuosa torería está en los altares de la Tauromaquia, también soñó con ser figura del toreo, ha destacado por el excelente trazo de su toreo y la capacidad de pensar y resolver en la cara de los novillos. Además, por su juventud y torería, ha conectado con no pocos aficionados, a los que desde su etapa de becerrista moviliza para acompañarle en sus actuaciones, y ha conseguido algo nada fácil: generar ilusión en Córdoba, la ciudad que en otros tiempos fuera definitiva en el toreo y hoy anhela tener un torero de postín que la represente en los ruedos.

Manuel Román. Foto Philippe Latour

La encerrona de Manuel Román en el coso de «Los Califas» será la cuarta protagonizada en esta plaza por un novillero con picadores, y la primera donde se lidiarán cuatro ejemplares. Las tres anteriores, anunciadas con seis novillos-toros, fueron las siguientes:

La primera la protagonizó el cordobés Rafael González «Chiquilín», que el 27 de septiembre de 1991 hizo el paseíllo para lidiar un encierro de la ganadería de don José Luis Marca Rodrigo. Con un aforo de media plaza, el balance del espada del barrio de Santa Marina, que vestía de verde botella y oro, fue: ovación, oreja, palmas, silencio, oreja, ovación y silencio en el sobrero que regaló en séptimo lugar. Salió a hombros.

La segunda se celebró el 5 de octubre de 1996, fecha donde se anunció un encierro de la ganadería de doña María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, para el novillero cordobés Manuel Romero Santiago «Romero de Córdoba», que vistiendo un traje blanco y oro, con un aforo de un cuarto de plaza, ofreció una gran tarde de toros, saliendo a hombros junto a don Luis Saavedra, mayoral de la célebre ganadería, que con orgullo pudo contemplar como le daban la vuelta al ruedo al sexto utrero, de nombre Topamucho, número 60, negro, con 490 kilos. El balance del novillero fue: vuelta, oreja, oreja, vuelta, ovación tras aviso y dos orejas. Aquella tarde figuró en la cuadrilla del novillero cordobés la picadora Eva Armenta Bonilla, que fue derribada por el bravo pedrajas que picó y hubo de ser atendida en la enfermería, donde se le diagnosticó una contusión cervical.

Y la tercera encerrona la protagonizó el 20 de octubre de 1996 el novillero de Herrera (Sevilla), afincado en Antequera (Málaga), Juan Muriel Álvarez, que de verde botella y oro, ante un aforo de un cuarto de plaza, lidió cuatro utreros de don Juan Antonio Ruiz Román y dos de Casa de los Toreros (3º y 6º), con el resultado de oreja, oreja, vuelta, oreja, vuelta y vuelta.

Deseamos que los utreros seleccionados para esta encerrona, por el prestigio de sus ganaderías, permitan al nuevo novillero del barrio de Santa Marina expresar la calidad de su toreo y triunfar en la presentación ante su afición, que lo espera y anhela su triunfo en el ruedo. La misma que confía en su capacidad de llevar público a la plaza, para que la empresa tenga motivos para repetirlo. Ojalá entonces estuviera acompañado por otros chavales cordobeses que destacan como becerristas y tienen previsto el debut con los del castoreño, como David Fuentes «Bocanegra», por cuyas venas corre la sangre del histórico matador de toros cordobés Manuel Fuentes Rodríguez «Bocanegra», y abriendo plaza alguno de esos novilleros también cordobeses que llevan años aguardando la ocasión de presentarse ante sus paisanos, como Rafael Reyes, que se ha presentado con plazas montadas en Madrid pero no en «Los Califas», o José Antonio Alcalde

Sería maravilloso prestar atención a los novilleros cordobeses, la asignatura pendiente de José María Garzón, y trabajar por buscar una noble y atractiva competencia, como aquella que hace tres décadas protagonizaron dos novilleros inolvidables, que en pie de guerra arrastraron hasta la plaza de Ciudad Jardín a miles de seguidores: «Finito» y «Chiquilín».


miércoles, 16 de junio de 2021

«LAGARTIJO»: APUNTES Y ANÉCDOTAS

 

Lagartijo. Óleo de Antonio Bujalance.

APUNTES:

—El primer Califa del toreo, Rafael Molina Sánchez, nació en el barrio de la Merced de Córdoba el 27 de noviembre de 1841. Era hijo del banderillero Manuel Molina Niño Dios y de María Sánchez, hermana del torilero cordobés Poleo. (Recomendamos por su valor histórico leer el documento “El barrio y la familia de los Poleo, de Rafael Sánchez González). PULSAR PARA VER

—Por la facilidad que de niño tuvo Rafael para trepar por las tapias del matadero de Córdoba, y esquivar con agilidad de lagartija al guarda del mismo (que era el padre de Guerrita), fue inmortalizado con el apodo que pasó a la historia del toreo. Aún así, entre sus familiares, siempre fue conocido como El Chico.

—Durante su niñez Lagartijo fue mozo de nave del Matadero de Córdoba, y fue por su afición a sortear las reses bravas que llegaban para el sacrificio lo que provocó su expulsión del mismo. La revista La Lidia de 27/10/1884 publicó el curioso oficio que la alcaldía de Córdoba dirigió al alcaide del Matadero: «Noticioso de que el mozo de nave Rafael Molina se permite saltar las tapias de los corrales del Matadero para lidiar las reses bravas destinadas al abasto público, infringiendo de este modo los preceptos reglamentarios y burlando las órdenes dictadas con repetición para impedir este abuso, he resuelto prevenir a usted que expulse del establecimiento al referido joven, prohibiéndole su entrada en lo sucesivo y deteniéndolo a disposición de esta alcaldía, si vuelve a saltar el edificio, para imponerle la corrección oportuna. Córdoba, 16 de mayo de 1857. - J. García Lovera».

Antiguo barrio del Matadero en el Campo de la Merced.

Rafael Molina se presentó como banderillero en Córdoba el 8 de septiembre de 1852, con tan solo diez años de edad, en la corrida mixta que con motivo de la Feria de la Fuensanta organizó el Ayuntamiento de la ciudad. Se lidiaron seis toros y dos novillos de don Rafael José Barbero, encargándose de la muerte de los toros José Carmona (el Panadero), que toreaba por primera vez en Córdoba, y Antonio Ortega. Ambos llevaban sus cuadrillas. El cartel anunciaba que para la lidia de los dos novillos eran espadas Antonio Luque y José Sánchez, de catorce años de edad; picadores, Juan de Dios Martínez (a) Riñones, y Rafael Álvarez (a) Onofre, de quince años ambos; y banderilleros Mariano Bejarano, Francisco Quesada, Manuel Fuentes (a) Bocanegra, de catorce años, y Rafael Molina (a) Lagartijo, de once años. Todos los lidiadores vecinos de Córdoba. El día 29 del mismo mes se verificó otra función de novillos de muerte lidiados por los mismos toreros, pero en ese cartel Rafael Molina ya ocupaba el primer puesto entre los banderilleros.

—En 1862 Lagartijo entró a formar parte de las cuadrillas de los hermanos Carmona, Manuel y Antonio. Un año antes ya figuró en la del infortunado José Dámaso Rodríguez Pepete (tío abuelo del histórico Manuel Rodríguez Manolete).

Rafael Molina Lagartijo

—Lagartijo echó su primer paseíllo en la plaza de Madrid el 13 de septiembre de 1863, actuando como banderillero de Antonio Carmona el Gordito. De aquella actuación se hico eco J. Pérez de Guzmán: «...apenas tocaron a banderillas en el segundo toro, se adelantó para realizar esta suerte; una parte del público concurrente al tendido 5, en cuya localidad el Gordito contaba con un inmenso partido, gritó “el quiebro” “el quiebro” y, en efecto Lagartijo echose hacia los tercios y alegrando al toro lo aguantó hasta el momento de meterle la cabeza, en cuyo acto se cambió con tal aplomo, arte y serenidad, metiendo los brazos y resultando un par tan perfectamente puesto y en tan buen sitio, que el público no pudo por menos de admirarse de quien aquello hacia hubiera estado alejado del circo de Madrid hasta aquel día».


—Tomó la alternativa en Úbeda (Jaén), el 29 de septiembre de 1865. Su maestro Antonio Carmona el Gordito le cedió la muerte del toro Carabuco, de la marquesa viuda de Ontiveros. Confirmó en Madrid el 15 de octubre del mismo año. Cayetano Sanz fue el padrino, completando el cartel el Gordito. El toro de la ceremonia atendía por Barrigón y pertenecía al hierro de doña Gala Ortiz, ganadería que lidió tres reses junto a otras tres del hierro de  la viuda de Benjumea. Así rezaba el cartel, que años más tarde copiaría Guerrita: “Espadas: Cayetano Sanz, Antonio Carmona (el Gordito) y Rafael Molina (Lagartijo), que alternará por primera vez en esta plaza, confiando, más bien en la indulgencia del público que en sus propios merecimientos, y procurará desempeñar con el mayor lucimiento, desde esta corrida, las obligaciones que le impone su nueva categoría”.  

Salvador Sánchez Frascuelo

—Lagartijo mantuvo con Frascuelo una competencia que duró veintidós años. La rivalidad comenzó en la feria del Corpus granadina de 1868 y duró hasta que el torero granadino se retiró en el año 1890. Ambos espadas torearon juntos en Madrid los años 1869, 1871 a 1876, 1878, 1880, 1885, 1887 y 1889. Rafael fue contratado veintiún años en esta plaza, y Salvador diecisiete.

—Tras actuar en la feria de abril de Sevilla del año 1884, cansado de la hostilidad del público hispalense, Rafael Molina decidió no volver a hacerlo en la plaza de la Real Maestranza.

—Lagartijo tuvo el triste honor de rematar al toro Peregrino, de la ganadería de don Vicente Martínez, causante de la cornada que dejó inútil para el toreo a Antonio Sánchez el Tato. El hecho ocurrió en la plaza de Madrid el 7 de junio de 1869. Lagartijo y Frascuelo torearon las corridas contratadas por el Tato para aquella temporada y le entregaron los honorarios íntegros. En agradecimiento, el infortunado matador regaló al diestro cordobés el estoque de aquella tarde, que está depositado en el Museo Taurino de Córdoba, con la siguiente dedicatoria grabada en ambas hojas: «Si como dicen los filósofos, la gratitud es atributo de las almas nobles, acepta, querido Lagartijo, este presente y consérvale como sagrado depósito, en gracia a que simboliza el recuerdo de mis glorias y representa a la vez el testigo mudo de mi desgracia. Con él maté el último toro, llamado Peregrino, de don Vicente Martínez, cuarto de la corrida verificada en Madrid el 7 de junio de 1869, en cuyo acto recibí la cogida que me ha producido la amputación de la pierna derecha. Ante los designios de la Providencia, nada puede la voluntad de los hombres. Sólo le resta conformarse a tu afectísimo amigo, Antonio Sánchez Tato».

Lagartijo en la plaza de Madrid

—Rafael Molina toreó su última corrida en la plaza de Madrid el día el 1 de junio de 1893, festividad del Corpus Christi. Debido a la enorme expectación del festejo, las autoridades eclesiásticas accedieron a que la procesión del Santísimo se celebrara por la mañana.

—Durante su vida profesional Lagartijo actuó en 1.632 corridas, de ellas 404 en la plaza de Madrid, y estoqueó 4.867 toros.

Rafael Molina Fue proclamado Califa del toreo por el crítico aragonés don Mariano de Cavia y Lac.

Lagartijo ostentó el cargo de Hermano Mayor, entre los años 1880 a 1890, de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído, popularmente conocida como la cofradía de los toreros. Rafael regaló al sagrado titular una túnica de terciopelo morado, bordada en oro. De esta Hermandad, anterior y posteriormente, también fueron Hermanos Mayores los espadas José Dámaso Rodríguez Pepete y Manuel Rodríguez Manolete.     

Busto de Lagartijo en la calle Osario de Córdoba
                                              

Lagartijo falleció en Córdoba el 1 de agosto de 1900, a los 58 años de edad, en su domicilio de la calle Osario, número 10. El funeral se ofició en la iglesia de San Miguel. Ocho días después de la muerte del Califa, abandonaba el toreo para siempre su hermano Juan Molina Sánchez, quien está considerado uno de los mejores peones de brega de todos los tiempos, conocido entre sus familiares como el Bolé, y de quien llegó a decirse que un capotazo suyo era una lección de geometría.  Después de treinta y dos años de toreo activo, y con cuarenta y nueve de edad, dejó que su hija Luisa le cortara la coleta. Después de la retirada de su hermano, tan excepcional banderillero había bregado a las órdenes de Mazzantini, Guerrita y Conejito.

ANÉCDOTAS:

—A nivel personal Rafael Molina destacó por su sencillez y humildad. En cierta ocasión, cuando Frascuelo echaba sapos y culebras contra sus detractores, el cordobés le susurró: «A ti te va a perder la boca»

—Otra vez, a un banderillero que blasfemaba en la puerta de cuadrillas, le dijo, mirándole a los ojos: «Compadre, si nos engancha un toro dentro de media hora ¿sería usted capaz de repetir eso mismo a ese Señor del que ahora está diciendo tantas cosas malas?».

—En otra ocasión, camino de la plaza, Lagartijo comprobó que no llevaba el escapulario de San Rafael. El torero ordenó a los miembros de su cuadrilla que fueran a buscarlo: «Yo no puedo torear si no me acompaña mi paisano».    

Despacho de Lagartijo expuesto en el Museo 
Taurino de Córdoba, antes de ser remodelado.

—Como siempre ocurrió con las rivalidades, el público pretendió enemistar a Lagartijo y Frascuelo, rivales en el ruedo pero entre los que siempre existió una noble y entrañable amistad. Lo prueba la anécdota protagonizada por ambos en Madrid el 13 de julio de 1873, cuando Rafael se encontraba convaleciente de la cornada más grave que sufrió como torero, ocurrida en esta plaza el 22 de junio del mismo año (al entrar a matar muy en corto y despacio al primer toro de Bermúdez, este le suspendió del brazo derecho, ocasionándole en el mismo una penetrante y gravísima herida, de la que no curó completamente hasta el mes de septiembre). El cordobés acudió al coso para presenciar la actuación de Salvador, que cosechó un gran triunfo. Frascuelo le brindó la muerte del toro Cantarillo, al que realizó una gran faena que el público premió lanzando sombreros, puros y hasta una petaca. Rafael, puesto en pie, envolvió su reloj de oro en un pañuelo y se lo arrojó a su compañero.

—En una ocasión preguntaron a Lagartijo en San Sebastián quiénes eran, a su juicio, los mejores matadores. El cordobés contestó: «Primero Salvador; luego, Frascuelo».

—No era menor el afecto de Salvador por Rafael. En otra ocasión un empresario regateaba al granadino la contratación de tres corridas de toros y Frascuelo no bajaba un céntimo de lo pedido. “No sea usted tirano -le dijo el empresario- y tenga en cuenta que Lagartijo me ha rebajado quinientos reales. Frascuelo le respondió: “¿Pero es que torea conmigo Rafael? ¡Entonces ponga usted lo que quiera!”.

Frascuelo

—Tampoco faltaba el buen humor entre ambos toreros. Los hermanos de Rafael y Salvador, Manuel Molina y Paco Sánchez, gozaron de escasa fortuna en el toreo. Frascuelo dijo a Lagartijo: «Los mejores matadores, tú y yo. Los peores, tu hermano y el mío».

—Rafael desplazó a todos los toreros de su época, excepto a Frascuelo, con quien entabló una rivalidad artística que fue bautizada como La edad de Oro del Toreo. Y aunque ciertamente nadie pudo competir con ellos, cuando el señor Fernando el Gallo se sentía inspirado y toreaba como sabía y los duendes le dictaban, el cordobés decía al de Churriana: «Vamos a sentarnos en el estribo a ver torear».

—Cuando falleció la esposa de Lagartijo, los familiares de esta reclamaron al torero los bienes gananciales. Rafael se desplazó a Madrid para consultar al jurista don Manuel Alonso Martínez, amigo y partidario del torero, quien le dijo: “Sí, es duro, pero yo lo he hecho y es legal”. A lo que el torero contestó: «¡De modo y manera, don Manuel, que mi suegro en     el tendido y yo en el redondel, hemos toreado a medias!».

Panteón de Lagartijo. Cementerio Virgen
de la Virgen de la Salud de Córdoba.

—La muerte de Rafael Molina se venía venir en sus últimos meses de vida; ya no caminaba con su habitual garbo, sino ausente. Guerrita la adivinó en una de sus sentencias: «No le digo a usted más que le andan las moscas por la cara y no se las quita. Para mí que el pobre no vive un mes».También el propio torero llegó a intuir su final. Pocos meses antes de su muerte le visitó su pariente Rafael Bejarano Carrasco Torerito, que también se encontraba enfermo de una grave dolencia hepática, y el Califa, presintiendo el inmediato final de ambos, le dijo: «Rafael, prepara las maletas que vamos a hacer un viaje muy largo».

Antonio Carmona el Gordito, maestro de Rafael Molina a quien llevó fijo en su cuadrilla y cedió en ocasiones la muerte de algún toro, sobrevivió a su discípulo. En el entierro del inolvidable torero cordobés, el viejo maestro lloró ante los restos de Lagartijo y llegó a decir noblemente entre lágrimas: «Nunca pude vencerte».

BIBLIOGRAFÍA:      

-“Lagartijo y Frascuelo y su tiempo”. Antonio Peña y Goñi. Espasa-Calpe 1994.

-“Historia Ilustrada de la Tauromaquia”. Fernando Claramunt. Espasa-Calpe 1992.     

 -“Los Toros”. Enciclopedia Taurina. José María de Cossío. Espasa-Calpe.

-“Toreros Cordobeses”.  J. Pérez de Guzmán. Córdoba 1880.

-“Antes y después del Guerra”. F. Bleu. Colección Austral. 1983

-“Paseos por Córdoba”. Teodomiro Ramírez de Arellano. Librería Luque 1976.

-“Dos siglos de Tauromaquia Cordobesa” (Siglos XVIII-XIX). Ayuntamiento de Córdoba.  Museo Municipal Taurino. 1990.

-“Tauromaquia Cordobesa”. José Luis de Córdoba. Everest 1978.

domingo, 21 de febrero de 2021

RAFAEL GUERRA BEJARANO: UN GENIO DEL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera

Rafael Guerra Guerrita. Foto Montilla

El 21 de febrero se cumple el ochenta aniversario de la muerte de un genio del toreo: Rafael Guerra Bejarano el Guerra o Guerrita. Fue precisamente el señor Fernando el Gallo, su jefe de filas, quien sugirió al cordobés que dejara de apodarse Llaverito y lo hiciera con su propio apellido, cuando el joven Rafael usaba este distintivo para recordar que era hijo del conserje del Matadero de Córdoba, tras haberse anunciado anteriormente como El Airoso, como hizo el 8 de septiembre de 1876 cuando a los trece años debutó en Andújar, en la cuadrilla juvenil cordobesa capitaneada por Francisco Rodríguez Caniqui.

No tardaron en cristalizar las excepcionales cualidades que se le atisbaban al chaval para el toreo. Su valor, destreza, poderío y conocimientos de la lidia corrían de  boca en boca entre la admiración y el interés por verlo de la gente del toro. A aquella fuente de torería pronto acudieron para llevarla en sus filas Manuel Díaz Lavi, Manuel Molina, Valentín Martín, Manuel Fuentes Bocanegra, Fernando Gómez el Gallo y Rafael Molina Lagartijo, que contrataron al banderillero cordobés con la seguridad de saber la autoridad que, mientras caminaba con paso firme hacia la alternativa, llevarían entre su gente.

Guerrita. Julio Romero de Torres

Sería el no menos legendario Lagartijo, su maestro y paisano, quien el 29 de septiembre de 1887 se la otorgaría en la plaza de Madrid. Aquella tarde Rafael, de gris perla y oro, adquiría el grado de matador de toros con Arrecío, de don Francisco Gallardo —procedencia de don Rafael José Barbero—, único ejemplar que se lidió de esta ganadería, pues los otros cinco pertenecieron a don Juan Vázquez –antes Núñez de Prado-. El toricantano también estoqueó a los ejemplares Tinajero y Romanito.

Comenzaba la fulgurante carrera de aquel matador excepcional, nacido en el Barrio más torero del mundo —el Campo de la Merced de Córdoba— y bautizado en la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas, que es considerado como uno de los espadas más determinantes y completos de la Tauromaquia, de un rey del toreo que, por saber, hasta supo irse a tiempo, sin ceder su cetro ni que nada le quedara por demostrar en los ruedos, donde la profunda huella de su magisterio, del que presumió toda su vida, se agigantaría al ser analizada con perspectiva histórica.

Esa fue la falla del genio: la rotundidad de un magisterio que resultaba insultante, cualidad que al principio arrebata a los públicos, pero que de convertirse en rutina les cansa, cuando aguardan impacientes el fracaso que no llega del ídolo que han levantado. Si a ello le añadimos la arrogancia personal del propio Guerra, que no se callaba ni una, posiblemente hallemos la clave del acoso que sufrió en las últimas temporadas. Verbigracia, se cuenta que antes de echar el paseíllo para lidiar una corrida que había levantado admiración por la seriedad de sus ejemplares, mientras se colocaba el capote de paseo un espectador le preguntó con guasa: «Rafael, ¿qué va a pasar esta tarde?». Y Guerrita respondió sin inmutarse: «¡Lo que a mí me de la gana!»

Guerrita en Sevilla ante Judio, de Miura.

Podría decirse que entre la admiración por su poderío y el rechazo por su soberbia transcurrió su carrera, pero finalmente admitió que la hostilidad del público era difícil de llevar mientras tenía que jugarse la vida. Así las cosas, al atardecer del 11 de junio de 1899, en la fonda de doña Gregoria Echezarreta, su cuartel general y el de su cuadrilla en la Villa y Corte, cuando se quitaba el traje que lució por última vez en Madrid, le dijo a su buen amigo José Bilbao: «Pepe, no toreo más en Madrid ni para beneficio del lucero del alba». El torero de Córdoba asimilaba ya su retirada, que aconteció cuatro meses más tarde, el 15 de octubre en Zaragoza, donde vestido de gris plomo y oro, puso fin a su admirable carrera estoqueando al toro Limón, colorado ojo de perdiz, de la ganadería de don Raimundo y don Jorge Díaz. «¡No me voy. Me echan!», dijo con pena a los suyos.

Guerrita actuó como espada de alternativa trece años, sumando 892 corridas, 22 de ellas como único espada, estoqueando 2.339 toros y sufriendo 15 percances de consideración. Pero si dejamos los números aparte, como argumenta José Alameda su figura no ha sido comprendida por quienes la analizan de forma superficial, recreándose en datos, anécdotas y sentencias, sin profundizar en lo que verdaderamente fue y representó en el toreo de su época, y en la influencia que tuvo en el de nuestro tiempo.

Rafael el Gallo, Joselito, Machaquito y Guerrita. Fotografiada titulada
"Los cuatro ases del toreo". Fue tomada el 15 de noviembre de 1915 en
la sierra cordobesa, en la finca "San José de Vista Alegre". Foto Montilla

De ello da testimonio la Tauromaquia redactada bajo su dirección técnica, publicada en 1896 por Leopoldo Vázquez, Luis Gandullo y Leopoldo López de Sáa, que revela que si hubo un diestro que intuyó el toreo que llegaría con el siglo XX, para lo que sería indispensable un toro más proporcionado de hechuras, con mayor fijeza y bravura, ese fue Rafael Guerra, al que no entendieron cuando sentenció: «Después de mí, naide, y después de naide, Fuentes». Bien sabía el cordobés que el trono que dejaba no tendría sucesor. Llegaba el interregno taurino o la generación de los naides, pues nadie lo ocuparía hasta tres lustros más tarde, cuando Joselito —«ese niño hace cosas que no hemos hecho más que Lagartijo y yo»— con sus portentosas cualidades, las que Rafael admiraría profundamente, abrazaría y desarrollaría los preceptos de la Tauromaquia del espada cordobés.      

Genio y figura: Rafael Guerra, como 
vistió de calle toda su vida. Foto Montilla

El gran analista José Alameda, en su “Historia verdadera de la evolución del toreo” (Bibliófilos Taurinos. México D.F. 1985), explicó que para comprender la historia del toreo es necesario hablar del antes y después del Guerra, al tratarse de la figura que establece la frontera entre el toreo de Lagartijo y Frascuelo, que en Guerrita alcanza la más alta perfección, y el nuevo toreo que el propio espada intuyó y expresó en su Tauromaquia, como cambiar los preceptos de la antigua verónica, donde el diestro citaba de frente y levantando los brazos despedía la embestida, para enseñar que con el cite de costado el espada jugaba indistintamente ambos miembros para articular el lance.

    Guerrita contempló igualmente la ligazón de los pases de muleta, al preceptuar que el pase regular (natural) se daría estirando el brazo hacia atrás, describiendo con los vuelos un cuarto de círculo, y no se remataría necesariamente con el cambiado de pecho, como entonces era habitual, sino que se repetiría con la misma mano las veces que fuera posible porque el animal lo permitiera. He ahí la técnica que Gallito desarrolló en su habitual modelo de faena, al torear con la mano izquierda sin despedir al toro en línea recta, dejándole colocada la muleta que le ofrecía seguir su viaje hacia atrás para repetir la suerte.  

Dos colosos del toreo, Joselito Guerrita, posan en el patio
de la conserjería de la vieja plaza de Los Tejares de Córdoba.

En el Califato Taurino de Córdoba, instaurado por la hipérbole del periodista aragonés don Mariano de Cavia, que proclamó Califa al inolvidable Lagartijo, la tradición popular proclamaba como II Califa, por haber sido quien fue en el toreo de su tiempo, a Rafael Guerra Bejarano. Desde su alternativa hasta la retirada el reinado de Guerrita fue incontestable. El nene del Barrio, criado entre reses en las paredes del viejo Matadero, dominó con tal precisión las suertes del toreo que su paso por las plazas eclipsó cuanto ocurría en el panorama taurino. Alejado de los ruedos, pero vistiendo toda su vida como un hábito de torero el traje de chaquetilla corta, complementado con botines y sombrero cordobés, en una ocasión le preguntaron: «Rafael, ¿siente usted haber dejado los toros?». A lo que con orgullo y legítima torería respondió: «¿Quién, yo...? ¡Eso, ustedes!» Bien sabía el genio lo que decía. El trono no tuvo sucesor hasta la llegada de Joselito, el hijo de su compadre y amigo Fernando Gómez.


 ENLACE AL TEXTO “CRONOLOGÍA DE GUERRITA”, de Rafael Sánchez González