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lunes, 1 de agosto de 2022

MANOLETE RECORDADO POR PEPE LUIS

Por Antonio Luis Aguilera

Manolete y Pepe Luis en San Sebastián. Foto José Lara

El pasado 21 de diciembre se cumplieron cien años del nacimiento de una grandiosa figura del toreo: Pepe Luis Vázquez, que falleció en su Sevilla natal el 19 de mayo de 2013. Fue el espada que más ocasiones actuó con Manolete, de quien en este mes de agosto se cumplen 75 años de la trágica tarde de Linares. Entre ambos diestros existió un estrecho vínculo profesional y personal; en la profesión compartieron 135 paseíllos, distribuidos en 120 corridas de toros, 8 novilladas con picadores y 7 festivales benéficos; en lo personal existió una sincera y recíproca admiración como toreros entre José y Manolo —de esta forma se llamaban ellos—, que afortunadamente estuvo por encima de las absurdas estrategias y "duros" desafíos ideados por Marcial Lalandaapoderado del prudente diestro sevillano —quien nunca perdonó a Manolete que le anticipara su retirada—, para erosionar las amargas postrimerías del indiscutible rey del toreo de los años cuarenta, con la connivencia del crítico del diario ABC Gregorio Corrochano, el más influyente de la época. 

Chicuelo al natural con el toro Corchaíto. Madrid 24/5/1928. Foto familia Chicuelo

Abrimos un paréntesis para recordar que años antes, el célebre Corrochano, como el perejil de todas las salsas, se había despachado a su gusto contra Joselito "el Gallo" —a quien hizo la vida imposible hasta el pacto de "La Estrecha", un restaurante de Madrid donde se celebró un almuerzo a instancias de Ignacio Sánchez Mejías, cuñado de Joselito, para lograr un armisticio con el crítico, que desgraciadamente conduciría al grandioso torero a la muerte en la plaza de Talavera de la Reina, donde para reconducir las relaciones acordó torear ganado de María Josefa Corrochano, viuda de Ortega y tía del crítico, siendo empresario del festejo un hijo de esta, Venancio Ortega Corrochano, con quien acordaría actuar cobrando la mitad de sus honorarios en esas plazas—. De igual forma, Corrochano ninguneó a un torero de la tremenda importancia histórica de Manuel Jiménez "Chicuelo", el creador de la ligazón del toreo en redondo, que agrupa los pases en series alternando los terrenos de adentro y de afuera, es decir, la faena actual. Y por si fuera poco, se cebó en sus delirantes juicios sobre el toreo de perfil, el de Manolete, a quien no tuvo el menor reparo de calificar como "ventajista", en clara insinuación de cobardía, y al que con verdadero desprecio también llamó «banquero» en sus crónicas. Curiosamente, durante tres décadas de la historia del toreo, Gregorio Corrochano, utilizando la fuerza del medio donde escribía, estableció hostilidades contra los tres toreros considerados como auténticos arquitectos del toreo actual, aunque por fortuna la historia acabó poniendo a cada uno en su sitio. Cerramos paréntesis.

Excelso natural de Pepe Luis Vázquez en Sevilla

Manuel Rodríguez Sánchez jamás tuvo reparos en manifestar su profunda admiración por Pepe Luis, en elogiar su arte y ponerlo como ejemplo del bien torear en las conversaciones donde se hablaba del espada sevillano, y no solo por su exquisito acento artístico, sino por la cabeza privilegiada que tenía para adivinar las condiciones de los toros. Pepe Luis fue, sin la menor de las dudas, el torero que más le gustaba a Manolete, que dicho sea de paso admiraba a todos sus compañeros, porque según él todos tenían algo, y nunca permitió —lo repetía Guillermo González Luque, su fiel mozo de espadas— que en su presencia se hablase mal de ninguno. Nos contó Manuel Sánchez de Puerta, amigo íntimo del «monstruo», que cada vez que alguien del grupo de amigos le ponía reparos al torero sevillano, Manolo atajaba pronto diciendo: «¡Ustedes no tienen ni idea de lo que dicen, porque no han visto torear bien a Pepe Luis, que de verdad chorrea almíbar toreando. Cuando a José se le cae el mechón de pelo a la frente no hay nadie que pueda torear mejor».

Dos jovenes novilleros que harían historia: Manolete y Pepe Luis

En el año 1997, dentro del programa de actos programados para conmemorar el cincuenta aniversario de la muerte de Manolete, se celebró en el Salón Liceo del Círculo de la Amistad de Córdoba, una charla coloquio donde intervino el maestro Pepe Luis, desplazado expresamente desde la ciudad hispalense para recordar a Manuel. Aquella noche, el «Sócrates de San Bernardo» manifestó que Manolete “era el torero que más quieto se quedaba y eso impresionaba”, y quiso matizar que fue “el que mejor mataba a los toros, según él, el mejor de todas las épocas”. En una entrañable intervención, a veces visiblemente emocionado, aseguró que Manolete dejó la impronta de una casta torera de las más importantes, rubricando que sin Córdoba y Sevilla no se podría escribir la historia del toreo. Recordó una anécdota que definía la pureza de Manuel, al referir que una tarde, en la plaza de Palencia, cuando cosa rara en el espada cordobés no hallaba forma de matar a un toro, él le dijo desde tablas: “¡Manuel, a los bajos…!”. Y Manolete, que seguía pinchando arriba, le contestó: “¡José, si no sé tirar a los bajos!”.

Manolete viendo doblar al toro. Foto Gonsanhi

Para conocer mejor el testimonio de Pepe Luis sobre Manolete, recurrimos a la extensa entrevista que ofrece uno de los mejores libros escritos sobre la figura del torero cordobés: «Vida y tragedia de Manolete», del periodista Filiberto Mira, editado en 1984 por la revista taurina “Aplausos”. Al ser preguntado Pepe Luis cómo pensaba él que lo valoraba Manolete, contestó: «Pues la verdad, sin jactancia, debo decirte que tanto como yo a él. Esa mutua admiración era consecuencia de la forma diferente que teníamos de entender el toreo. Yo creo que nos complementábamos. Recuerdo que una tarde toreamos una corrida “muy en tipo Parladé”, en Algeciras. Alternó con nosotros Domingo Ortega. Ellos esa tarde no tuvieron suerte, y yo mucha. Me parece que le corté las orejas y los rabos a mis dos toros. Todavía estaban ellos en la plaza al terminar la corrida. Manolete le dijo a Domingo, para que lo oyera yo: “Menos mal, Domingo, que a este le falta algo de bragueta como dicen. Si tuviera todavía más, nos mandaba a ti y a mí a los albañiles”».

También quiso Pepe Luis expresar en esta entrevista la categoría humana de Manolete como compañero, recordando esta preciosa anécdota:

«Lo que más le repugnaba a Manolete era verse en ridículo. Un día, por ayudarme a mí, pasó en la plaza un rato malísimo. Fue aquí en Sevilla. Era una extraordinaria corrida de la Cruz Roja. Toreábamos toros de Saltillo (con el hierro de doña Enriqueta de la Cova), Álvaro Domecq, Manolete, El Andaluz y yo. Álvaro, Manolete y El Andaluz habían triunfado y yo no cuando salió el quinto toro, que desgraciadamente me tocó a mí. Fue un «saltillo» burriciego y con mucha «malaje». Matar aquel toro fue una «agonía» para mí. No encontraba la fórmula de meterle como fuera la espada. Temí que me lo echaran al corral. Eso, y en Sevilla, me descompuso los nervios. Había sonado ya el primer aviso. Estaba a punto de sonar el segundo. Yo y mi cuadrilla estábamos agotados del esfuerzo. Sentí junto a mí la voz de Manolete. Había cogido un capote y se puso a mi vera, como si fuera mi peón de confianza. Intentaba que aquel toro humillara para que yo lo pudiera descabellar. Como el toro era burriciego, en un instante dejó de verme a mí, pero se fijó en Manolete que tenía el cuerpo flexionado para obligarlo a humillar. Se le arrancó de improviso a Manolo, que no tuvo más remedio que correr de espaldas, para no perderle la cara al toro. Como no sabía correr, lo hizo de una forma rara y perdió las dos zapatillas. Tuvo que meterse en un burladero como pudo. La gente se rió, pero a mí fue el día que mayor admiración me causó. Nunca, ningún otro compañero me demostró, en la plaza, ser tan humano».

Manolete y Pepe Luis, Zaragoza 1943, Foto José Lara

Preguntado Pepe Luis donde situaba a Manolete en relación con los toreros que él había visto torear, manifestó:

«Aunque solo alterné en festivales con Belmonte, te diré las equivalencias que tenían, en mi opinión, Juan Belmonte y Manolete. Belmonte tuvo más sentimiento, pero menos verticalidad que Manolete. Para mí Manolete tuvo una mayor pasión por el toreo, y superó a Belmonte en afán. Claro que el sentimiento y el temple de Juan

Siempre pondré como ejemplo de técnicas toreras las de Marcial Lalanda, Domingo Ortega y Armillita. Por su parte, Luis Miguel compendió mucho de estos tres. Marcial era perfecto en cómo se administraba el valor. Ninguno hemos superado a Domingo en el arte suyo de andarle a los toros. Armillita era un prodigio de facilidad en todas las suertes. Lo que pasa es que la técnica de Manolete era más personal, más solo suya. Se le podía copiar la forma, pero no el fondo.

Te voy a decir algo —continúa Pepe Luis— que te va a sorprender. Para mí, con la capa y con la muleta era Chicuelo la maravilla de las maravillas. Fíjate que Chicuelo, creo yo, aportó al toreo la verticalidad y el parar, templar y mandar con los pies juntos. Algo de lo de Chicuelo influyó en Manolete. Lo que pasa es que, cómo te diría yo, digamos tenían muy distintas arquitecturas y temperamentos. Considero a Chicuelo mi principal modelo y lo fue también para los Bienvenida, Pepín, Manolo González, Diego Puerta, Paco Camino e incluso para algunos que no lo vieron (te acabo de citar a los que creo que hemos sido más afines). Tú mismo lo has citado este año en tus crónicas, al referirte a los éxitos de mi hermano Manolo en sus despedidas.

Bueno, bueno, no sigo… Pero yo también alcancé a ver a El Gallo, y para hablar de su estilo no encuentro palabras.

Otros toreros importantes que he admirado mucho quedan fuera de la época de Manolete, tales como pueden ser Ordóñez, El Viti, Rafael Ortega y hasta El Cordobés.

Sevilla, feria de abril 1945, Manolete, Pepe Luis y Carlos Arruza.

Finalmente, al ser preguntado Pepe Luis por Filiberto Mira cuál fue el último encuentro que tuvo con Manolete, contestó:

«Quizá la última tarde que toreamos juntos fue en México, en la plaza de «El Toreo». Debió ser en febrero de 1946, toreamos con Luis Procuna, una magnifica corrida de Coaxamalucan. Nos salió a cada uno un toro muy bueno y estuvimos de «superiores para arriba». En México alcanzó Manolete su plenitud. El toro de allí le prestaba mucha colaboración. Fue allí donde hable con él por última vez. No recuerdo que después de esa corrida triunfal volviera a alternar con él en ninguna otra. Lo que sí recuerdo muy bien es la que fue nuestra última conversación. Me dijo textualmente: «José, ¡qué harto estoy de responsabilidad. Tengo muchas ganas de vivir con paz!».

No podía faltar en este blog manoletista el extraordinario y valioso testimonio del inolvidable matador del barrio sevillano de San Bernardo, cuya magistral carrera estuvo repleta de paseíllos compartidos con el irrepetible torero cordobés, aquel que de niño soñó con alcanzar las glorias del toreo jugando al toro en la Plaza de la Lagunilla. Gloria a Manolete y Pepe Luis, dos maravillosos toreros que llenaron de contenido un apasionante capítulo de la historia del toreo. 

miércoles, 2 de mayo de 2018

TERCIO DE BANDERILLAS

Antonio Luis Aguilera

  
Rodolfo Gaona
 Quienes hemos conocido otras épocas del toreo sabemos que cada día acuden menos aficionados a las plazas de toros. Se trata de una evidencia preocupante, porque los pocos entendidos que van quedando, los que saben interpretar el toreo, porque lo mamaron de sus mayores desde la infancia, son minoría y peinan canas. Basta escuchar los comentarios de quienes ocupan los tendidos para comprobar los escasos conocimientos sobre la lidia en general. Pocas plazas se salvan, incluso las más importantes, de la escasa capacidad para saber ver lo que miran la mayoría de sus espectadores.

            No hay más que observar el nulo interés que despierta el tercio de varas, en otros tiempos crisol de la bravura y muestrario de los quites más variados. Actualmente es un trámite dónde lo importante es que el picador termine pronto su trabajo, sin que se repare, ni mucho ni poco, el modo de ejecución de la suerte o la proporcionalidad del castigo. Los picadores son los subalternos más pitados de la cuadrilla, pero no por tapar la salida del toro o picar defectuosamente, sino porque al público le molesta que permanezcan mucho tiempo en el ruedo. De ahí las extrañas ovaciones que reciben cuando simulan la suerte señalando el puyazo sin manchar el encordado.

        Mayor respaldo popular adquiere el tercio de banderillas, donde el respetable manifiesta un agrado especial si es ejecutado por los propios espadas. Ver al matador exhibir sus cualidades atléticas con los garapullos entusiasma a los tendidos. Tanto gusta, que hasta no faltan quienes se ponen de pie, para subrayar con su gesto la grandeza del par, aunque el tercio gravite exclusivamente sobre el alarde físico del espada, que corre de espalda o cruza el ruedo a una velocidad que quisieran algunos delanteros para encarar la puerta contraria. Lo de menos es la ejecución de la suerte o el lugar dónde quedan arponados los palos. 

       
Manolo Bienvenida
 Pero
no solo es el respetable quien manifiesta su ardor cuando el diestro que banderillea exhibe sus dotes olímpicas, aunque los avivadores se alojen en el chaleco o se hayan arponado "asomándose al pescuezo". Lo peor es que algunos comentaristas de importantes medios también eleven el tono de voz para exaltar pares vulgares, como si hubieran entrado en trance y visto a Guerrita, Gallito, Gaona o los hermanos Bienvenida cuadrar en la cara, clavar arriba y salir andando de la suerte. Esto sí es grave, porque se trata de un desconocimiento que hace daño a una audiencia a la que se desorienta, y que además puede alterar el ritmo cardíaco de los aficionados que conocen el paño, todos mayores de edad, que se preguntan cómo es posible tal disparate en personas supuestamente cualificadas para explicar los entresijos de la lidia.

Gallito por los adentros
Siempre hubo excepciones y las habrá entre los espadas banderilleros, a las fotografías que ilustran esta entrada nos remitimos, pero pensamos que los grandes banderilleros predominan entre los toreros que visten de plata. Y no resulta extraño que en las corridas donde banderillea un espada, los subalternos de otras cuadrillas se hagan notar en su turno para realizar la suerte cómo muchos desconocen. ¿Cómo es eso?  Pues con pureza y verdad, como mandan las normas y la tradición, que en el toreo son sagradas, por el tremendo respeto con que se transmiten entre los toreros.  
         
      
Gallito reuniendo el par
La condición esencial que ha de reunir un buen rehiletero es saber parear por ambos pitones, porque si el animal plantea dificultades por un lado es necesario ir por el otro, y porque a los toros se les debe entrar por los dos para que no tomen resabios. No olvidemos que mientras se desarrolla el tercio, el matador estará pendiente de cómo el toro toma el capote del peón que brega, y es su último estudio de la res antes de torear con la muleta. De ahí la importancia de la cuadrilla en economizar capotazos y conocer los terrenos y querencias, para que el tercio se ejecute con seguridad, eficacia y brillantez, evitando riesgos innecesarios por desconocimiento de las reglas del toreo.

            Independientemente de la expresión de cada torero, el par debe ejecutarse cuadrando y clavando en la cara del toro, es decir, que en la reunión el torero se halle frente al toro, porque si la ejecución se realiza desde el costado, ganada la cara y fuera de los pitones, la suerte pierde valor al haberse realizado a toro pasado. En el cuarteo, el modo más frecuente de banderillear, con el toro colocado en la segunda raya, el torero debe de ir de frente, dejándose ver, y esperar la arrancada, para entonces comenzar a describir un semicírculo hasta que se produce la reunión, instante en que sacará los brazos de abajo, juntará el par arriba, arponará y apoyándose en los palos procurará salir de la suerte con torería.

Manuel Escribano parea al quiebro
Finalizamos este apunte con una recomendación. Por más que escuchen comparar el par al quiebro con el par al cambio, hagan caso omiso a tan grave error del entendimiento. Sencillamente, porque el par al cambio no existe. Como ya explicaba Francisco MontesPaquiro” en su tauromaquia, “consiste el cambio en marcar la salida del toro por un lado de la suerte y dársela por otro. Por consiguiente, sólo puede hacerse con la capa, con la muleta o con otro cualquier engaño, que así como estos puede dirigirse con facilidad y se lleve al toro metido en él”. Debe quedar claro que en el quiebro solo hay una salida del toro, porque quien se pone y se quita es el torero, mientras que en el cambio hay dos salidas, la propuesta en el cite y la definitiva, por donde, con el auxilio de las telas, se vacía la embestida del toro.