Por Antonio
Luis Aguilera
 |
| La casa de Manolete en la actualidad. Foto Casa de Manolete Bistró |
Corría el año 1890 cuando el escritor y
periodista José Ortega Munilla,
padre del filósofo José Ortega y
Gasset, mandó construir un palacete en la Avenida de Cervantes de Córdoba (entonces Carrera de la Estación), para
residir temporadas en la ciudad cuyo clima favorecía la salud de su
esposa Dolores Gasset.
La obra de este palacete, de estilo colonial con pinceladas modernistas y clásicas, fue
dirigida por el ingeniero militar Juan Tejón y Marín.
Dos décadas después, el inmueble fue adquirido por Rafael Cruz Conde, a
quien lo compró Manuel Rodríguez Manolete
en 1942, año de su consagración definitiva como máxima figura del toreo, para que desde la humilde casa de la
Plaza de la Lagunilla se trasladara su familia, encargando su
remodelación al arquitecto Carlos
Sáenz de Santamaría. Como dato histórico señalamos que el torero vivió en cuatro casas de Córdoba, aunque generalmente solo se conocen tres. Nació en el número 2A de la calle Conde de
Torres Cabrera, de allí la familia se trasladó a la calle Benito Pérez Galdós
número 8, donde el 4 de marzo de 1923
falleció su padre, posteriormente la madre fijó su
domicilio en la Plaza de La Lagunilla, y finalmente el torero adquirió el palacete
de la Avenida de Cervantes.
 |
| La casa original de Ortega Munilla, Foto Blog Notas cordobesas |
Esta es la historia de un edificio singular, afortunadamente
protegido por el Plan General de Ordenación Urbana de Córdoba tras el fallecimiento en noviembre de 1980 de Angustias Sánchez, la madre del torero, cuando la familia pretendió que las piquetas llevaran a cabo su demolición para
levantar en su espacio un edificio de varias plantas, pero en 1986 la Comisión Provincial de Patrimonio Artístico lo protegió. Tras ser rescatado en 2006 por la constructora Marín Hilinger del mísero y cruel abandono al que fue condenado durante más de veinticinco años, para instalar en sus dependencias las oficinas comerciales, el palacete fue embargado después por una entidad bancaria, a la que finalmente en
2017 lo adquirió el empresario Antonio
Carrillo, que en 2018 lo arrendó al chef cordobés Juan José Ruiz y Remedios Romero, directora de la casa, que decidieron abrir sus puertas para mostrarlo magníficamente remozado,
convertido en un ilusionante proyecto de restauración que pretende convertirlo en una
referencia de la gastronomía cordobesa. Actualmente, el palacete alberga tres proyectos: Casa de Manolete Bistró, un
restaurante clásico; A flor de piel, un espacio
gastronómico de alto nivel con visita guiada a la casa; y el Centro
Superior de Artes y Ciencias Gastronómicas, una escuela de hostelería.
 |
| Terraza interior. Foto Casa de Manolete Bistró |
Superada la soterrada polémica en la indolente y barojiana ciudad de los discretos, en cuyos rincones y tabernas todo se cuestiona porque la crítica negativa parece figurar en el carácter social ante cualquier proyecto innovador, y ahora que la casa olvidada por el tiempo se presenta limpia y bonita, reluciente, con las rejas pintadas, encaladas sus paredes, remozada de arriba a abajo que da gusto verla, porque así nunca la vimos los cordobeses, conviene considerar que antes de contemplarla hundida, abandonada, desconchada, oxidadas sus cancelas y llenos de maleza sus parterres, como la pobre cenicienta del cuento, ante las miradas nostálgicas de tantas personas como se detenían delante de ella, para dedicar un recuerdo a la figura del majestuoso quijote que cambió el rumbo del toreo, y asumiendo como una realidad que nunca hubo intención, ni por la familia ni por el Ayuntamiento, de convertirla en el museo dedicado al torero que añoraban los cordobeses y los aficionados al toreo, en el templo del héroe, donde
hubieran sido expuestos tantos enseres del diestro, como su despacho personal, actualmente secuestrado en el horroroso Museo Municipal Taurino de Córdoba, remodelado ¿o destrozado? por una empresa catalana a propuesta de Izquierda Unida, así como los trajes
de luces y de calle repartidos entre instituciones y particulares, cabezas de
toro, documentos, libros, etc. Ahora, decimos, admitiendo el fracaso de que en esa casa se hubiera rendido un homenaje permanente a Manolete, mostrando todo aquello que mantuviera vivo el discurso histórico de su tauromaquia, debe prevalecer la sincera satisfacción de ver abierto ese palacete, ubicado frente a los Jardines de la Agricultura, que compró y reformó para vivienda habitual de su madre y familia, y donde él se hospedó en sus cada vez más cortas estancias en la ciudad, debido a compromisos profesionales y sentimentales –pueden leer las entradas “Lupe Sino, la mujer que hizo feliz a Manolete” o “Manolete: de Valdepeñas a Linares”-.
 |
| Salón del restaurante. Foto Casa de Manolete Bistró |
Así pues, manifestamos nuestra gratitud a Juan José Ruiz y Remedios Romero, a quienes deseamos lo mejor en su flamante iniciativa, pues su suerte será la de esa casa que siempre debería relucir tan bonita y acogedora como se encuentra actualmente, con las puertas abiertas para que tanto cordobeses como aficionados al toro y visitantes de la ciudad puedan entrar en sus acogedoras estancias, admirar el
cuidado y elegancia con que han sido diseñadas, y gozar confortablemente de la gastronomía cordobesa que se ofrece sin olvidar su pasado, como recuerdan las pinturas del cordobés Fernando
García Herrera, dedicadas a los personajes que fueron moradores de ella: José Ortega y Gasset y Manuel Rodríguez
Manolete (la del torero reproduce la famosa instantánea realizada por el gran fotógrafo Manuel H. en Colombia en la temporada de 1946, donde se refleja el estado anímico del torero en aquellas fechas cercanas a su final). Valoramos muy positivamente que estos jóvenes empresarios de Córdoba, haciendo camino al andar, como los versos del inolvidable Antonio Machado, rindan el mejor tributo a la memoria del torero con la puesta en valor de la que el crítico taurino Ricardo García K-hito llamara la jaula del monstruo, dedicando su trabajo y esfuerzo en convertir el palacete en una referencia culinaria de la ciudad, en un museo de la gastronomía cordobesa. Ojalá su generosidad y buen hacer tengan la suerte que merecen.