martes, 19 de mayo de 2020

BARQUITO DE PAPEL

Por Antonio Luis Aguilera



A principio de los años sesenta, soñando un futuro de color, los niños jugábamos en la calle al trompo, a las carreras de sansones sobre los bordillos de granito, al fútbol en la calzada -interrumpido cuando aparecía algún municipal dispuesto a multar, o uno de los pocos coches que pasaban-, y a los toros en el patio de nuestra casa, procurando que los trastos no troncharan ninguna de las macetas, para no escuchar bronca vecinal. También a marineros en los jardines públicos, aprovechando los estanques o acequias, donde nuestros barquitos de papel navegaban impulsados por suaves soplidos, o a toda máquina arrastrados por la corriente de riego.
La calle era una escuela de sabiduría, imaginación y amistad, con menor riesgo que la clase del colegio de las monjas, donde por fortuna solo escolarizaban varones hasta los diez años, porque si hasta esa edad las faltas de ortografía se corregían cruzando la cara a bofetadas, preferimos no pensar cómo habría sido la corrección al traducir latín o fallar en matemáticas en bachiller. Por desgracia, lejos de las monjas quedaban otros salvajes por conocer en el mundo de la docencia, en tiempos donde la disciplina se confundía con la violencia, y las bofetadas a niños y adolescentes se justificaban con el pedagógico dicho: “La letra con sangre entra”. 
En la infancia pronto supimos que la muerte era el final de todo ser. Había días raros, que en la calle nos siseaban ordenando silencio por el fallecimiento de un vecino. Hermanados los amigos ante la curiosa puesta en escena, aguardábamos la llegada de la carroza fúnebre, tan barroca como macabra, tirada por caballos negros aderezados con plumeros y gualdrapas de idéntico color. La cantidad de equinos, curas, sacristanes y monaguillos dependía del dinero de la familia. Había entierros de primera, segunda o tercera categoría, aunque el ingenio popular sentenciaba que la muerte igualaba a todos sin distinción. 


Cortejo fúnebre 

Desde la acera de enfrente a la casa del difunto no perdíamos detalle del cortejo, de las humaredas de incienso que lanzaban los monaguillos mayores para hacerse notar, y de las toses que provocaban entre los curas, entorpeciéndoles la entonación de misereres y gorigoris, cuando la procesión, en su momento más solemne, recibía el féretro en el portal del finado, que en señal de luto mantenía cerrada media hoja de la puerta durante ocho días. Al marchar la comitiva, unos se santiguaban, mientras otros, cruzando los dedos, aligeraban el paso diciendo por lo bajini: ¡Lagarto, lagarto…! En la niñez aprendimos que la vida se acaba, que aquí no se queda nadie. La sociedad aún no había ocultado la muerte en los tanatorios, donde en confortables dependencias, con servicio de flores y cafetería, se esconde al difunto en una sala contigua, donde es visible a través de un cristal, absurdamente maquillado, tratando de disimular lo indisimulable.  


Los paveros y sus pavos recorren la ciudad en vísperas de Navidad
En cuanto a la muerte de los animales, en vísperas de Navidad había que dar cuenta del pavo de la cena de Nochebuena, un ritual nada fácil, desde que se compraba y enchiqueraba, que requería destreza, temple y fuerza para sujetarlo, especialmente si era para familia numerosa. Algunos vimos escaparse por la cocina, debido a la falta de técnica o jindama del matador, y huir por la casa aleteando con el pescuezo medio cortado. Los nenes observábamos estas escenas en primera línea, hasta que el galliforme era desplumado con agua hirviendo, y destripado se colgaba de un gancho, para que se orease durante un largo día antes de ser troceado y guisado. 
En una noche de tantos recuerdos era difícil no acordarse del pavo al contemplarlo en el plato, pero la ilusión por abrir pronto la caja de madera de polvorones, roscos y alfajores, estimulaba el apetito haciendo más dulce la nostalgia. Nadie en sus cabales cuestionaba la matanza del pavo, para que después sonaran carracas, zambombas y panderetas al pedir el aguinaldo. Entonces los productos cárnicos y sus derivados no llevaban envases de colores, la muerte no se disimulaba con platinas y celofanes, ni los niños eran engañados con ningún humanismo animalista. Todos sabían que los filetes, las chuletas o las salchichas existían por el sacrificio de los animales destinados al abastecimiento, algo normal e indispensable para la alimentación de los seres humanos desde que el mundo es mundo. 
A ningún chaval se le ocurría imaginar que los animales pensaban y tenían sentimientos como los seres humanos, ni por comer carne, bocadillos de mortadela o asistir a las corridas de toros era tratado con ansiolíticos. Tampoco recordamos a ninguno de la calle enajenado por las películas de Walt Disney, que tanto nos gustaban. Los lobbys, esos grupos de presión que facturan cifras supermillonarias con la venta de alimentos para animales domésticos, aún no existían cuando los gatos y perros se alimentaban de lo que podían, normalmente de restos de comidas. Después vendría la alimentación a la carta y equilibrada para mascotas, en un mundo donde millones de seres humanos mueren de hambre diariamente, algo para lo que resultaría esencial propagar esa especial sensibilidad a la muerte del toro bravo, del pobre animalito del que importa poco su sacrificio a tiros o puntillazos en un matadero. 
También entonces había a quienes no le gustaban las corridas de toros, elección respetable como cualquier otra, pero nadie se oponía a su celebración, ni a los combates de boxeo o lucha libre. Se iba o no, al gusto de cada cual. Como manifestó Joan Manuel Serrat, que no es aficionado a los toros, al ser preguntado por la prohibición de las corridas de toros en Barcelona, lo que debería estar prohibido es prohibir. Hoy hemos elegido su preciosa canción Barquito de papel, que tan maravillosamente evoca la infancia, para titular esta entrada. 
El admirado cantante pertenece a una generación formada en valores, que respeta la libertad, las costumbres y las tradiciones de los pueblos, sus inclinaciones artísticas y manifestaciones culturales. Como la mayoría de personas que supo valorar la instauración de la democracia, y ahora observa, con indignación y preocupación, la peligrosa metamorfosis de los que llegaron con una mano delante y otra atrás, liderando las manifestaciones de la Puerta del Sol madrileña hasta instalarse en poco tiempo en un chalet de Galapagar, los que aseguraban que no había pan para tanto chorizo, y hoy son de la casta que denunciaban, de los profesionales de la política, cada vez más detestados por la ciudadanía, porque pretenden imponer la dictadura del pensamiento único, cercenando a su antojo no solo la cultura del mundo del toro, sino el régimen de libertades que los españoles nos otorgamos en la Constitución de 1978, e ignorando que el Estado tiene la obligación de cumplir la Ley 18/2013, de 12 de noviembre, reguladora de la Tauromaquia como patrimonio cultural español. 
De momento, ante la tragedia económica del Covid19, han abandonado por completo a los colectivos de profesionales taurinos, a muchas familias que viven exclusivamente del toro. El gobierno no puede dejar en el más absoluto desamparo a todos los estamentos del toreo. Eso es una tiranía, además de una vergüenza para la democracia y para los españoles.


sábado, 16 de mayo de 2020

JOSELITO EN SU GLORIA

Por Rafael Alberti
A Ignacio Sánchez Mejías

Joselito. Obra de Tico de la Rosa. 

Llora, Giraldilla mora,
lágrimas en tu pañuelo.
Mira cómo sube al cielo
la gracia toreadora.

Niño de amaranto y oro,
cómo llora tu cuadrilla
y cómo llora Sevilla,
despidiéndote del toro.

Tu río, de tanta pena,
deshoja sus olivares
y riega los azahares
de su frente, por la arena.

—Dile adiós, torero mío,
dile adiós a mis veleros
y adiós a mis marineros,
que ya no quiero ser río.

Cuatro arcángeles bajaban
y, abriendo surcos de flores,
al rey de los matadores
en hombros se lo llevaban.

—Virgen de la Macarena,
mírame tú, cómo vengo,
tan sin sangre que ya tengo
blanca mi color morena.

Mírame así, chorreado
de un borbotón de rubíes
que ciñe de carmesíes
rosas mi talle quebrado.

Ciérrame con tus collares
lo cóncavo de esta herida,
¡que se me escapa la vida
por entre los alamares!

¡Virgen del amor, clavada,
lo mismo que un toro, el seno!
Pon a tu espadita bueno
y dale otra vez su espada.

Que pueda, Virgen, que pueda
volver con sangre a Sevilla
y al frente de mi cuadrilla
lucirme por la Alameda. 


Interpretación musical del poema de Rafael Alberti: 
 ROSA LEÓN CANTA "JOSELITO EN SU GLORIA"


Rafael Alberti: Joselito en su gloria. Museo Reina Sofía
Otros textos relacionados con Joselito en el centenario de su muerte: 

JOSELITO, CIEN AÑOS DE TALAVERA, por Antonio Luis Aguilera

DE GALLITO A JOSÉ TOMÁS, por Antonio Luis Aguilera

LOS PRECURSORES DEL BELMONTISMO, por Antonio Luis Aguilera










miércoles, 6 de mayo de 2020

¿DÓNDE ESTÁN AHORA LOS ANIMALISTAS?


Por Antonio Luis Aguilera

"Esperando la tarde". Óleo de Walter Zuluaga
Tan enorme es la demanda para sacrificar toros bravos, que los ganaderos tienen que pedir cita previa para enviar sus reses a los mataderos. Lamentablemente, la temporada 2020 se da por perdida. La flor de la camada, la que había sido destinada a las ferias de Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao y las mejores plazas francesas, ha sido o está siendo transportada en camiones a unas corraletas lúgubres, manchadas de sangre, donde los animales bravos, cuya intuición nada tiene que ver con los mansos, manifiestan un desatado nerviosismo al presentir la muerte.
Una muerte que vendrá tras un disparo en el testuz, o quizá, preferimos pensar, de un cachetazo de gracia cuando el tiro no es fulminante, para que forme parte de una cadena de producción donde los animales, todavía vivos y aterrorizados, en sus últimos y agónicos derrotes, serán engarzados en los garfios que llevan a la sala de despiece. Por respeto a la sensibilidad de nuestros lectores y a la dignidad de cualquier animal, no insertamos las horrorosas imágenes que pueden verse en los videos de Internet, aunque serían recomendables para que los colectivos animalistas pudieran comparar la muerte de un toro bravo en el ruedo y su sacrificio en el matadero. Preferimos editar las preciosas pinturas de Walter Zuluaga.

"Los colores del verano". Óleo de Walter Zuluaga.
Por unos quinientos euros la res, el negocio de los ganaderos, que no tienen otra opción de dar salida a los animales, es ruinoso y humillante. Criar un toro bravo cuesta alrededor de los cinco mil euros, en los cuatro o cinco años que se le mantiene con vida, bien alimentado, desparasitado, vacunado, curado de las heridas de las peleas, y controlado sanitariamente en todo momento, para que llegue en plenitud al fin por el que fue criado por su linaje: lidiarse en la plaza y demostrar su bravura y nobleza. Cinco años en los que a diferencia del vacuno para abasto público, que se sacrifica con meses, fueron los amos de la dehesa, los destinatarios de los mejores pastos y piensos, de forraje en los años de sequía, y de los cuidados de vaqueros y ganaderos. Un lustro que hubiera tenido un rendimiento cárnico y económico muy diferente para el ganadero de criar ganado manso.  
¿Dónde están ahora los compasivos animalistas, los sufragados por grupos de presión, los lobbys que generan verdaderas fortunas con productos alimenticios para animales domésticos? ¿Dónde, ante la ruina económica y genética del toro bravo, que de la noche a la mañana no vale para nada, siendo destinado al matadero porque no se puede lidiar, y el próximo año tampoco al tener los seis años de edad? ¿Por qué el gobierno, aprovechando la crisis humanitaria del maldito Covid, deja en el desfiladero a todos los colectivos que viven de  ese espectáculo que en 2017 aportó a la Hacienda Pública 4.500 millones de euros, el 0,36 de PIB, por los 19.882 festejos celebrados (18.357 populares y el resto reglados), según datos de la Asociación Nacional de Organización de Espectáculos Taurinos?
"Castaños". Óleo de Walter Zuluaga
¿Dónde esconden ahora su compasión los animalistas que lloraban ante los camiones de cerdos destinados al sacrificio, para darles con sus hipócritas lágrimas una despedida cariñosa?
¿Por qué tanta insolidaridad con nuestra historia, cultura y tradición, y con las miles de familias que viven del toro bravo: ganaderos, toreros, banderilleros, picadores, mayorales, vaqueros, veterinarios, transportistas, sastres de toreros, criadores de caballos para picar, fabricantes de petos, puyas y banderillas…? El toreo no ha sido jamás de derechas ni de izquierdas, sino del pueblo, y el gobierno no debe ignorar la tragedia que vive su gente. 


jueves, 23 de abril de 2020

AHORA MÁS QUE NUNCA

Por Antonio Luis Aguilera
El toro de Osborne. Foto El Ideal Gallego
El toreo es una escuela de vida, la profesión donde el respeto al oficio y sus valores se impone como primer mandamiento, desde que cualquier aspirante sueña vestir el traje de luces. En el aprendizaje todo tiene un sentido, un razonamiento, un valor: la explicación de un experto es considerada un honor, cuando proviene de maestros con surcos en el cuerpo y el alma, que recuerdan su paso por los ruedos. El toreo es una carrera donde se escalan progresivamente los peldaños que conducen a la alternativa, según la idoneidad del aspirante. Nada se improvisa. Lo que está en juego no es un futuro más o menos brillante, sino la propia vida. De ahí que, además de valor, la profesión requiera muchas más cosas: saber superar la adversidad, inteligencia para resolver, conocimientos del toro y los encastes, de los terrenos y las querencias. Y por supuesto, una voluntad de acero para no desfallecer en el intento. Toda preparación es poca para enfrentarse al patas negras.
Añoro los valores del toreo en la política, donde la mayoría de los que se inician, sean del signo que sean, llegan ligeros de equipaje, con el título universitario de una carrera que no han ejercido, sin experiencia profesional y, consecuentemente, sin  preparación para ostentar de la noche a la mañana un cargo público, lo que sin embargo les llega trepando en la organización del partido, donde se valorará preferentemente la capacidad de descalificación del adversario, para desempeñar un puesto en cualquier área -no se requiere conocimiento previo- cuyos beneficios económicos permitirán rentas vitalicias. He ahí la transformación en crisálida de un titulado superior sin futuro, o dicho más claro, de un trepa en señoría.
Lo malo es que sus señorías no están a la altura del pueblo al que representan, ese que está de políticos hasta el bulto que destaca en las taleguillas del traje de torear. Ya quisiera el pueblo tener los privilegios de esta casta -¿o ya no es casta?, como antes decían los que ahora son socios del selecto club-, en sueldos que quitan el hipo, dietas, ayudas de residencia y hospedaje, transporte, comedor de lujo a la carta en el restaurante del Congreso a precios de bar de barrio, indemnizaciones por cesantías, pensión máxima de la Seguridad Social con siete años de ejercicio político, así como un largo etcétera de beneficios económicos, puertas giratorias y dispensas, que encabronan al más santo ante la falta de escrúpulo de quienes transmiten una tremenda inseguridad, porque no saben gestionar los terribles momentos que estamos viviendo. La señoría del privilegiado oficio de político consiste en descalificar al adversario, bloquear propuestas de acuerdo de cualquier otro signo, evidenciar mala educación, y disputarse un liderazgo en arrogancia, desconocimiento y hasta dudosa humanidad, cuando no respetan la cuarentena del virus estando obligados a ello, como cualquier otro españolito de a pie. De vergüenza.
Ondeando la bandera de la incapacidad de gestión, el orgullo y la soberbia dejan a un lado a la comunidad científica, a las personas cualificadas que podrían sumar, mientras aseguran seguir el consejo de unos expertos que nadie conoce, para continuar con la improvisación chapucera, que evidencia el horroroso ridículo por decisiones adoptadas, después corregidas y más tarde modificadas. El duro momento que vive la ciudadanía, y el que se adivina estar por llegar requieren coherencia y firmeza, asesoramiento especializado de la comunidad científica, buena gestión y altura de miras. 
Estamos cansados de la clase política. De toda sin excepción, de la que manda y de la que quiere mandar, de los tibios y de los extremistas de cualquier tendencia, sean patriotas, bolcheviques o delincuentes condenados por delirios secesionistas. La pandemia mata, el confinamiento desespera y la sociedad está sufriendo un daño irreversible. El gobierno no puede seguir improvisando. Han sido demasiados errores de bulto. Ni la oposición alinearse en un enfrentamiento constante para conseguir rentas de votos. Son momentos de verdadera unidad, como están demostrado todos los españoles, porque tras la guerra vendrá la postguerra con su miseria. Por eso no hay tarea más importante que proteger a todos los colectivos desfavorecidos, a todos sin excepción, a los que han perdido el trabajo o negocio que mantenía a sus familias. La clase política tiene el deber moral de estar a la altura de la ciudadanía a la que representa. Esa sí que es ejemplar.


 AHORA MÁS QUE NUNCA


Por Alejandro Abad, familia y amigos. Esta canción se creó en agradecimiento y reconocimiento al personal sanitario y no sanitario, que cuidan de lo más importante, nuestra salud. Este video está dedicado a ellos, y a todas las personas que se encuentran desempeñando servicios esenciales durante el confinamiento y siempre, a las personas que tristemente nos están dejando y muy especialmente a las familias, con la esperanza y la convicción de recuperar cuando antes una normalidad fortalecida. La recaudación es para Médicos sin Fronteras. 

jueves, 2 de abril de 2020

QUIÉN ME HA ROBADO EL MES DE ABRIL

Por Antonio Luis Aguilera


Nunca pude imaginar que el estribillo de la canción de Joaquín Sabina iba a repetirse tantas veces en mi cabeza. Ahora somos muchos los que tenemos la sensación de que nos han robado este mes de abril que acabamos de estrenar. Y el de marzo, cuando nos confinaron en nuestros hogares, mientras la primavera, que desde final de febrero perfuma de azahar las calles de Córdoba, engalanaba los naranjos con la sencilla y maravillosa flor blanca de estambres amarillos, cuyo aroma tanto asociamos los andaluces al olor de incienso de las procesiones de Semana Santa. Por cierto, ¿quién dice que este año no hay procesiones de Semana Santa, cuando este abril, coincidiendo con el mes de Nisán, un virus ha llenado de cruces la humanidad? ¿Acaso el Jesús del madero no está presente acogiendo en sus brazos abiertos a los que sufren?
Desde el confinamiento, en la soledad de mi casa, imagino los parques mostrando el esplendor de la primavera, especialmente “mi” parque Cruz Conde, donde desde hace años suelo ejercitarme, que estará rebosante de celindas, aromatizando el circuito natural y vistiendo sus arbustos con preciosos traje de novia. Y los rosales preñados de capullos de colores, junto al redondel de albero donde entrenan los novilleros, que mueven capotes y muletas soñando triunfos entre jazmines amarillos y granados en flor. Un parque que es un regalo para los sentidos. 

Circuito natural del Parque Cruz Conde de Córdoba
Nos han robado el mes de abril, con los besos que el calendario guardaba para nuestros seres queridos. Y siguiendo el estribillo de Sabina nos preguntamos cómo pudo suceder. Reina el silencio en las calles, roto por alguna disputa de los pocos gorriones que quedan, o por el canto entre dos luces de los mirlos. Un abril atípico, sin rastro de la explosiva alegría de las fiestas de Levante, ni atisbo de que la ciudad de la Giralda viva la alegría y el color especial que canta la sevillana, ni que los caballos andaluces luzcan su belleza en las ferias de Sevilla, Jerez o Córdoba, donde los ciudadanos celebran las costumbres populares, y los aficionados al toreo peregrinan para presenciar las corridas, tan cuestionadas hoy por los defensores y simpatizantes de esos mansos pregonaos que huyen de nuestras fronteras, tras quebrantar las reglas del juego que nos dimos en 1978.  
Ojalá la temporada no haya echado el cerrojazo tras las ferias de Valdemorillo y Olivenza. Sería una excelente señal para todos. De momento, los clarines que suenan son los del miedo, como los del título de la novela de Ángel María de Lera, llevada al cine por el gran Paco Rabal. Del miedo a esta guerra no declarada pero real que vive el mundo, que no solo nos ha robado el mes de abril, sino que pretende arrebatarnos la ilusión de cada nuevo amanecer al mostrarnos calles vacías, comercios cerrados, colegios sin niños, trabajadores ociosos. Probablemente todos hemos entendido mejor que nunca qué significa la globalidad, al comprobar que el sufrimiento y la muerte ya no nos quedan tan lejos, ni son exclusiva de los de siempre, sino que se han instalado entre nosotros. 


Los clarines del miedo asustan, pero es necesario aprender del testimonio de tanta gente buena y solidaria, que diariamente se juega la femoral frente a este marrajo por el bien de todos. Y de la gratitud de quienes todas las tardes a las ocho, la hora del vuelo rasante de los vencejos, salen a ventanas y balcones para aplaudir emocionados al personal que trabaja en los hospitales y centros sanitarios, en las residencias de ancianos, a los servidores del orden público, bomberos, camioneros que cruzan España de norte a sur y este a oeste, agricultores y ganaderos, que han orillado sus justas reivindicaciones redoblando sus esfuerzos -al no disponer de jornaleros por el cierre de fronteras- para que los alimentos no falten en nuestras mesas, personal de limpieza urbana, voluntarios de Cáritas y otras entidades altruistas que ofrecen comidas a los que no tienen nada… ¡Cuántas lecciones de generosidad y de humanidad!
Aunque nos hayan robado el mes de abril todos nos necesitamos y debemos ser una piña de solidaridad, cariño y apoyo. Las personas son grandes cuando se hermanan con los más necesitados. Y los españoles sabemos bien de eso. Ahora en el ruedo ibérico sobran espontáneos y aficionados retóricos -como los políticos de discursos fatuos que presumen de saber de todo sin conocer nada-, para que en la arena solo estén los que saben torear, los que tienen aguante y conocimientos probados, esos maestros excepcionales que se han plantado en los medios para hacer quites a cuerpo limpio, tantas veces sin capotes ni muletas, sin los trastos indispensables, para lidiar una enfermedad que no distingue de territorios ni banderas, lo único que hasta hace poco parecía preocupar al titular del palco para presidir a cualquier precio. Los clarines del miedo le han helado el rictus.  

martes, 24 de marzo de 2020

GANADERÍAS QUE HAN LIDIADO UTREROS EN EL COSO DE LOS CALIFAS DE CÓRDOBA

Por Antonio Luis Aguilera
Paseíllo en el coso cordobés. Foto Fidel Arroyo
GANADERÍAS QUE HAN LIDIADO NOVILLOS-TOROS EN EL COSO DE "LOS CALIFAS" DE CÓRDOBA (NOVILLADAS CON PICADORES Y FESTEJOS DE REJONES), DESDE EL 9 DE MAYO DE 1965, FECHA DE SU INAUGURACIÓN, HASTA LA TEMPORADA DE 2019.

GANADERÍA
Utreros
Orejas
Rabos
VR
Ind.
Temporadas (Utreros-orejas-rabos-vueltas al ruedo-indultos)
       
Sánchez, Ramón  (Rodríguez y Recio)
57
14
0
0
0
1966 (1N), 1985 (6N), 1986 (6N-1O), 1987 (6N-6O), 1989 (7N-1O), 1990 (6N-1O), 1991 (12N-1O), 1992 (7N-2O), 1993 (6N-2O)
Torrestrella
38
29
1
2
0
1975 (6N-4O), 1980 (6N-5O-1VR), 1990 (14N-14O-1R), 1995 (6N-4O-1VR), 1996 (6N-2O)
Rojas Fernández, Gabriel
35
20
0
0
0
1981 (6N-5O), 1984 (6N-6O), 1988 (6N-3O), 1989 (5N), 1990 (5N-3O), 1994 (6N-3O), 2003 (1N)
Carlos Núñez, Herederos de
30
8
0
0
0
1965 (5N-3O), 1967 (1N), 1983 (6N-2O), 1985 (5N-2O), 1989 (6N), 1992 (1N), 1998 (6N-1O)
Guadalest
29
8
0
2
0
1996 (6N-2O-1VR), 1997 (5N-3O-1VR), 1998 (6N-1O), 2001 (6N-1O), 2006 (6N-1O)
Puerta Diánez, Diego
24
11
0
0
0
1967 (6N-2O), 1981 (12N-6O), 1990 (6N-3O)
Lora Sangrán
24
9
0
0
0
1985 (6N-5O), 1986 (12N-4O), 2000 (6N)
Gallardo Santos, Juan
24
8
0
0
0
1970 (6N-2O), 1973 (6N-3O), 1975 (6N-3O), 1976 (6N)
Centeno Guerra, Hermanos y Toros de El Capricho
24
4
0
0
0
1999 (6N-2O), 2002 (6N), 2006 (6N-1O), 2007 (6N-1O)
Bernardino Piriz, Herederos de
22
8
0
0
0
1975 (5N-3O), 1976 (6N-1O), 1989 (6N-4O), 1990 (5N)
Flores Tassara
21
3
0
0
0
1972 (15N-2O), 1975 (6N-1O)
Martínez Benavides, Francisco
19
6
0
0
0
1965 (7N-3O), 1966 (12N-3O)
Rocío de la Cámara
19
6
0
0
0
1966 (6N-3O), 2004 (6N), 2005 (2N-1O), 2006 (5N-2O)
María Pallarés de Benítez Cubero
18
12
1
1
0
1965 (12N-9O-1R), 1966 (6N-3O-1VR)
Conde de la Maza
18
12
0
0
0
1966 (12N-8O), 1968 (6N-4O)
Pereira Lupi, José Samuel
17
11
0
0
0
1977 (6N-7O), 1979 (5N-1O), 1980 (6N-3O)
Blanca Belmonte Cossío
16
5
0
0
0
1977 (4N), 1980 (6N-4O), 1981 (6N-1O)
Camacho Naveda, Manuel
16
5
0
0
0
1975 (5N-4O), 1977 (5N-1O), 1981 (6N)
Aguirre Ibarra, Dolores
15
7
0
0
0
1980 (6N-6O), 1981 (3N), 1984 (6N-1O)
María Luisa Domínguez Pérez de Vargas
14
8
0
1
0
1967 (6N-4O), 1993 (2N), 1996 (6N-4O-1VR)
Soto de la Fuente
14
5
0
0
0
1965 (1N), 1966 (7N-1O), 1969 (6N-4O)
López Gibaja
14
4
0
0
0
2009 (6N-2O), 2010 (8N-2O)
Albaserrada, Marqués de
13
8
0
0
0
1966 (7N-3O), 1967 (6N-5O)
Yerbabuena
13
6
1
0
0
1997 (7N-3O-1R), 2003 (6N-3O)
Guardiola Fantoni, Salvador
13
3
0
0
0
1979 (4N-1O), 1993 (3N-1O), 1998 (6N-1O)
Giménez, Bernardino
13
1
0
0
0
1990 (7N-1O), 1991 (6N)
Álvarez Gómez, Manuel
12
9
0
2
0
1971 (6N-4O-2VR), 1974 (6N-5O)
Hernández Barrera, Félix
12
5
0
0
0
1987 (6N-4O), 1988 (6N-1O)
Flores Albarrán, Hermanos
12
3
0
0
0
1980 (6N-2O), 1988 (6N-1O)
Pérez Valderrama, Juan
12
3
0
1
0
1968 (6N-2O-1VR), 1973 (6N-1O)
Fuente Ymbro
12
2
0
0
0
2007 (6N-1O), 2011 (6N-1O)
Lorenzo Carrasco, Carmen
12
2
0
0
0
1991 (7N-2O), 1992 (5N)
Martínez Jareño, Hermanos
12
1
0
0
0
1986 (6N-1O), 1987 (6N)
Ortega, Gerardo
11
7
1
1
0
1968 (6N-4O-1R-1VR), 2003 (5N-3O)
Toros de El Torero (Salvador Domecq)
11
5
0
0
0
1980 (6N-3O), 2004 (5N-2O)
Romero, Diego
11
3
0
0
0
1977 (5N-1O), 1979 (6N-2O)
Garrido, Julio
11
0
0
0
0
1972 (5N), 1973 (6N)
Jiménez Prieto, Eloy
10
4
0
0
0
1967 (4N-2O), 1968 (6N-2O)
Moreno Santamaría, Francisco
10
4
0
0
0
1974 (6N-4O), 1976 (4N)
Ruiz Román, Juan Antonio
10
4
0
0
0
1994 (6N-1O), 1996 (4N-3O)
Sanz Jiménez, Mariano
10
1
0
0
0
1981 (4N-1O), 1992 (6N)
González Cabello, Manuel
8
6
0
0
0
1977 (2N-2O), 1980 (6N-4O)
Aguadulce
8
1
0
0
0
2000 (2N-1O), 2003 (6N)
Recitales, Los
8
1
0
0
0
2005 (8N-1O)
Martín Carmona, Rocío
8
0
0
0
0
1972 (6N), 1976 (2N)
Ortega Sánchez, José Fco.
8
0
0
0
0
1982 (6N), 1994 (2N)
Ana Romero
7
5
0
0
0
1975 (7N-5O)
Garrido Domínguez, Diego
7
5
0
0
0
1972 (1N), 1975 (6N-5O)
Cova Benjumea, José de la
7
3
0
0
0
1966 (5N-1O), 1971 (2N-2O)
Guardiola Domínguez, Hnos.
7
3
0
0
0
1966 (6N-1O), 1993 (1N-2O)
Marca Rodrigo, José Luis
7
2
0
0
0
1991 (7N-2O)
Murube, José
7
2
0
0
0
1979 (1N-2O), 1991 (6N)
Dehesa de Guadarrama
7
1
0
0
0
2008 (7N-1O)
Marqués de Villamarta
7
1
0
0
0
1979 (7N-1O)
García Barroso, José
6
5
0
0
0
1967 (6N-5O)
Buendía Peña, Joaquín
6
4
0
1
0
1975 (6N-4O-1VR)
Arauz de Robles, José María
6
4
0
0
0
1968 (6N-4O)
Baltasar Ibán
6
4
0
0
0
1974 (6N-4O)
Benítez Cubero, José
6
4
0
0
0
1965 (6N-4O)
Olleros, Silva y Delgado, Srs.
6
4
0
0
0
1967 (6N-4O)
Bartolomé, Felipe
6
3
0
0
0
1984 (6N-3O)
Bohórquez, Fermín
6
3
0
0
0
1998 (6N-3O)
Domecq, Juan Pedro
6
3
0
1
0
1994 (6N-3O-1VR)
González Sánchez-Dalp, Hnos.
6
3
0
0
0
1987 (6N-3O)
Luis Algarra
6
3
0
0
0
2015 (6N-3O)
Rincón Cañizares, Francisco
6
3
0
0
0
1965 (6N-3O)
Sánchez, Lisardo
6
3
0
0
0
1969 (6N-3O)
Cetrina
6
2
0
1
0
1992 (6N-2O-1VR)
Apolinar Soriano
6
2
0
0
0
2001 (6N-2O)
José Cruz
6
2
0
0
0
2012 (6N-2O)
Marqués de Domecq
6
2
0
0
0
1975 (6N-2O)
Moreno de la Cova, Félix
6
2
0
0
0
1976 (6N-2O)
Navarro Villadiego, José
6
2
0
0
0
1966 (6N-2O)
Núñez del Cuvillo
6
2
0
0
0
1997 (6N-2O)
Peralta, Rafael
6
2
0
0
0
1974 (6N-2O)
Ruchena, Marqués de
6
2
0
0
0
1967 (6N-2O)
Víctor Marín
6
2
0
0
0
1985 (6N-2O)
Benítez Pérez, Manuel
6
1
0
1
0
1977 (6N-1O-1VR)
Barcial -Arturo Cobaleda-
6
1
0
0
0
1971 (6N-1O)
Doblas Alcalá, Hermanos
6
1
0
0
0
1974 (6N-1O)
Espinosa de los Monteros, Alejandro
6
1
0
0
0
1969 (6N-1O)
Jiménez Pasquau
6
1
0
0
0
1992 (6N-1O)
Núñez, Marcos
6
1
0
0
0
1970 (6N-1O)
Palomo Linares, Sebastián
6
1
0
0
0
1974 (6N-1O)
Pareja Obregón, Juan de D.
6
1
0
0
0
1965 (6N-1O)
Quinta, La
6
1
0
0
0
1999 (6N-1O)
Serrano, El
6
1
0
0
0
2004 (6N-1O)
Torrealta
6
1
0
0
0
1993 (6N-1O)
Borrero, Carmen
6
0
0
0
0
2002 (6N)
Cebada Gago, Herederos
6
0
0
0
0
1993 (6N)
Frías, Tomás
6
0
0
0
0
1965 (6N)
Hato Blanco
6
0
0
0
0
2008 (6N)
Severino, Luis
6
0
0
0
0
1967 (6N)
Tassara Buiza, Clemente
6
0
0
0
0
1972 (6N)
Vinhas Hermanos
6
0
0
0
0
1986 (6N)
Fernández Palacios
5
2
0
0
0
1967 (5N-2O)
Camacho, María  Carmen
5
1
0
0
0
1995 (5N-1O)
Díaz Tresgallos, Fermín
5
1
0
0
0
1966 (5N-1O)
Ojeda González, Francisco
5
0
0
0
0
1988 (5N)
Sánchez y Sánchez, José L.
5
0
0
0
0
1992 (5N)
Torres Gallego
5
0
0
0
0
2009 (5N)
Ordóñez Araujo, Antonio
4
3
0
1
0
1978 (3N-3O-1VR), 1981 (1N)
Navarro, Manuel
4
2
0
0
0
1971 (4N-2O)
Caridad des Allines de Núñez
4
1
0
0
0
1977 (4N-1O)
Castilleja, La
4
1
0
0
0
1994 (4N-1O)
Ordóñez González, Belén
4
1
0
0
0
1978 (4N-1O)
Cortijo de la Sierra
4
0
0
0
0
2005 (4N)
María Palma
4
0
0
0
0
2000 (4N)
Pereda, José Luis
4
0
0
0
0
2007 (4N)
Garde, Enrique
3
1
0
0
0
1975 (3N-1O)
Caldeira, Francisco Luis
3
0
0
0
0
2008 (3N)
Beca Belmonte, Hermanos
2
2
0
0
0
1977 (2N-2O)
Gavira
2
2
0
0
0
1977 (2N-2O)
Ordóñez González, Carmen
2
1
0
0
0
1978 (1N-1O), 1985 (1N)
Alcurrucén
2
0
0
0
0
2005 (2N)
Cameno, Félix (Alcurrucén)
2
0
0
0
0
1987 (2N)
Casa de Los Toreros
2
0
0
0
0
1996 (2N)
Corbacho Grande
2
0
0
0
0
2008 (2N)
Dehesilla, La
2
0
0
0
0
2007 (2N)
Bucaré
1
1
0
0
0
2006 (1N-1O)
Antonia Julia de Marca
1
0
0
0
0
1988 (1N)
Báez Espuny, Miguel
1
0
0
0
0
1979 (1N)
Buenavista
1
0
0
0
0
2004 (1N)
Galache
1
0
0
0
0
1967 (1N)
Garzón Mergelina, Hnos.
1
0
0
0
0
2009 (1N)
Guardiola Soto
1
0
0
0
0
1966 (1N)
Guateles, Los
1
0
0
0
0
1990 (1N)
Marín Marcos, Mariano
1
0
0
0
0
1981 (1N)
Molina, Javier
1
0
0
0
0
1967 (1N)
Moura, Joao
1
0
0
0
0
1994 (1N)
Núñez Hermanos
1
0
0
0
0
1967 (1N)
Rivera Ordóñez, Hermanos
1
0
0
0
0
1995 (1N)
Urquijo
1
0
0
0
0
1975 (1N)
Vázquez Garcés, José Luis
1
0
0
0
0
1972 (1N)
TOTALES
1169
400
4
15
0

                                                                                           
Datos estadísticos:
Antonio Luis Aguilera