martes, 14 de noviembre de 2023

CHICUELO: EL ARTE DE INVENTAR

Por Antonio Luis Aguilera

Portada del libro sobre Manuel Jiménez "Chicuelo"

El pasado día 8 fue presentado el libro cuyo título encabeza este comentario, editado por la Fundación de Estudios Real Maestranza de Caballería de Sevilla —Fundación de Estudios Taurinos— y la Editorial Universidad de Sevilla, ejemplar número 25 de la colección Tauromaquia, que coordinado por Diego Carrasco Fernández está dedicado a la figura de Manuel Jiménez Moreno, el grandioso «Chicuelo», eslabón imprescindible para comprender la evolución del toreo, por haber sido, ni más ni menos, que el creador de la faena moderna, la actual, la estructurada por la ligazón de los pases en series como los versos del poema se encadenan en estrofas. «Chicuelo» fue el autor de la torerísima creación que aceptaron todos los espadas para expresar su acento artístico, a pesar del vergonzoso silencio histórico que ha lastrado la memoria del extraordinario maestro de la Alameda de Hércules, nacido en la trianera calle Betis. 

 Belmonte otorga la alternativa a "Chicuelo" en Sevilla (28-9-1919)

Manuel Jiménez «Chicuelo», hay que decirlo bien alto, ha sido tan importante en la historia del toreo como lo fueron «Gallito» y Belmonte. El menor de los «Gallo» experimentó en su portentosa tauromaquia la ligazón en redondo de los pases naturales, mientras Belmonte acortó las distancias y curvó el pase al final para sujetar más al toro, pero su toreo fue en «ochos», pues al ocupar los terrenos de adentro para ligar con la izquierda el natural con el cambiado por alto —que no con otro natural—, tenía que corregir su posición cruzándose al pitón contrario. Sin embargo, fue «Chicuelo» quien con la belleza natural de su toreo pulió la propuesta experimental de «Joselito» y, sin desdeñar la sujeción curvilínea de Juan, giró los pies para alternar los terrenos del toro y los del torero, resolviendo de esta forma la ligazón de los pases naturales.

"Chicuelo" inmortaliza a "Dentista" de San Mateo.
Plaza de El Toreo de México (26-10-1925) Foto Luis Reynoso

Así fue como Manuel Jiménez «Chicuelo» —con un toro de mayor entrega y nobleza, que los ganaderos venían seleccionando siguiendo los consejos de «Guerrita» y «Gallito»—, puso en valor, refinándolas con la gracia de su expresión artística, las aportaciones de José Gómez —su torero de referencia, en quien desde niño se fijó para modelar su toreo— y las de Juan Belmonte, de quien aprendió que la sujeción curvilínea del toro al final del pase permitía dejarle la muleta colocada para alternar los terrenos y ligar en redondo los pases naturales. De esta manera nacía una nueva concepción del toreo, pues mientras Belmonte y los espadas de su cuerda ligaban el natural con el cambiado por alto avanzando para buscar el pitón contrario y repetir la suerte —toreo de avance—, «Chicuelo» permanecía en línea para dejarlo venir sin desplazarlo y, consumado el pase, girar sobre su eje para alternar los terrenos y ligar series de naturales con la misma mano —toreo de reunión—.

"Chicuelo" y "Corchaíto" de Graciliano Pérez-Tabernero.
Madrid, 24 de mayo de 1928. Foto: Familia "Chicuelo"

La nueva geometría de faena creada por el magistral torero sevillano sería elevada a definitiva en los años cuarenta por su ahijado «Manolete», que aportó una nueva forma de obligar, pues conservando su verticalidad bajaría aún más la mano, y acortaría la distancia con pasos laterales hacia el toro aguantando hasta provocar su arrancada, para una vez vaciado el muletazo girar sobre su eje y ligar los naturales. Por la  perseverancia y regularidad del torero de Córdoba, que impuso ese toreo a la inmensa mayoría de sus toros, la faena de Manuel Jiménez Moreno quedaría elevada al rango de canon por Manuel Rodríguez Sánchez, pero el ahijado siempre dejó bien claro que su toreo era el de «Chicuelo», que era el mejor que él había visto. Así las cosas, desde la revelación de la ligazón, en la década de los años veinte del pasado siglo por el magistral artista sevillano, el planteamiento de su faena ligada sería adoptado por la mayoría de los diestros para expresar el toreo. 

"Chicuelo" en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla.
Foto: Familia "Chicuelo"

Por otra parte, debido a las  oscuras artimañas periodísticas y literarias que silenciaron esta evolución, conviene precisar que la célebre faena ejecutada por «Chicuelo» el 24 de mayo de 1928 en Madrid al toro «Corchaíto», de la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero, que fue la que hizo rebosar el vaso y no pudiera silenciarse más la realidad de su toreo, no fue un hecho puntual, sino un eslabón más de su brillante trayectoria, un capítulo más de la obra con que el torero de la Alameda de Hércules había conquistado desde el año 1922 a las aficiones de Perú, México o Venezuela, países donde su éxito e influencia en otros importantes espadas resultó determinante en la evolución histórica de su concepto del toreo. 

Pase natural de "Chicuelo". Foto: Familia "Chicuelo"

Debe quedar muy claro que lo ocurrido con el toro «Corchaíto» no fue la flauta que sonó por casualidad, sino una más de las excelentes faenas de «Chicuelo», con la que pudo expresar su toreo ante la exigente afición de Madrid, que desde entonces lo demandaría a los demás toreros. A pesar del silencio guardado por la crítica española, por su excelente adaptación a los toros del encaste Saltillo, Manuel Jiménez había protagonizado muchas tardes de triunfos memorables en la plaza mexicana de «El Toreo», donde ante sus apasionados aficionados inmortalizó faenas como las realizadas a los toros «Toledano», «Lapicero», «Dentista», «Testaforte», «Cartero», «Melcochero», «Peregrino», «Mezcalero», «Pintor», «Duende», «Serrano», «Pergamino» y «Zacatecano». Tampoco pudieron olvidar los aficionados venezolanos la realizada a «Carpintero» en la plaza Maestranza de Maracay.

Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo".
Foto: Familia "Chicuelo"

Este nuevo libro hace justicia a la memoria del magistral torero sevillano, ninguneado por algunos de los influyentes y «respetados» escribanos que redactaron la historia al dictado de bastardos intereses. Por fortuna «José Alameda» —posiblemente el mejor analista del toreo— salió en su rescate para poner de manifiesto la grandeza de su obra, y desde su exilio en México iluminó con sus libros a las generaciones de aficionados que fueron engañadas, abriéndoles los ojos de par en par y colocando la figura de «Chicuelo» en el lugar que le habían birlado en la historia. Bajo la coordinación de Diego Carrasco, los textos que llevan su firma, y los de Manuel Jiménez Amador —nieto del torero—, Andrés Luque TeruelJosé MorenteCarlos AbellaJosé Luis RamónEduardo Gómez IbarraJean Pierre HedoinManuel Escalona Franco y Federico Arnás, hacen justicia a uno de los espadas más grandiosos del toreo. Los testimonios y datos que ofrece este libro dan fe de lo que realmente significó su paso por los ruedos, donde dejó la imborrable huella del toreo ligado en redondo, para que siguiendo su senda todos los toreros pudieran expresar el acento personal de su arte. Manuel Jiménez «Chicuelo», por ser el creador de la faena moderna, recreada con su magisterio, gracia y arte, ha sido tan importante en la historia del toreo como «Gallito», Belmonte y «Manolete». 

jueves, 2 de noviembre de 2023

¡QUÉ SABRÁS TÚ… DE TOROS!

Por Antonio Luis Aguilera

Portada del libro

Con este atractivo título vio la luz el pasado mes de septiembre un nuevo libro de toros, que lleva la firma del prestigioso periodista Federico Arnás y ha sido publicado por editorial «el Paseíllo». Se trata de una interesante obra no solo para aficionados amantes de la historia, sino para esa juventud que afortunadamente acude a las plazas y tiene inquietud por profundizar su conocimiento sobre el toreo. A modo de juego, el libro formula al lector 365 preguntas que, según reza en la portada, todo aficionado se ha hecho alguna vez, y ofrece tres posibles respuestas. Seguidamente, una vez acertada o errada la contestación, ofrece la solución detallada. 

Terminado el libro llegamos a una conclusión: ¡Qué poco sabemos de toros! Pongamos la excusa que mejor nos venga. Por falta de curiosidad o interés por nuestra cultura, lo cierto es que nos defendemos con los conocimientos básicos, esos de andar por casa, mientras hemos marginado la oportunidad de enriquecerlos con la lectura de textos taurinos. Lo contrario de lo que ocurre con esta sugerente obra, donde su autor ha escudriñado cientos de publicaciones teniendo la precaución de anotar aquellos datos, curiosidades, anécdotas o hechos que no deben pasar inadvertidos, para ofrecer a los aficionados el resultado de incontables horas de lectura y búsqueda en este ameno y didáctico ejemplar. 

Federico Arnás. Foto: Alfredo Arévalo

La propuesta del reconocido periodista taurino se divide en once capítulos: toreros, toros, plazas de toros, «Las Ventas», Sevilla; la crítica, la comunicación y el periodismo; arte y cultura; reglamentos y normas; México, Francia, Portugal y resto del mundo; rejoneo, y de todo un poco. En un figurado concurso privado de interpelación, posibles respuestas, solución y explicación, el lector irá avanzando en sus conocimientos sobre la Tauromaquia, un arte sin barreras, que nos hermana con las naciones del «Planeta de los Toros», permanente fuente de inspiración cultural y lo más importante: una auténtica escuela de valores y respeto para los profesionales del toreo. 

«¡Qué sabrás tú... de toros!» permite poner al día nuestros conocimientos, nos recuerda hechos y descubre otros ignorados alimentando nuestra afición. Nunca es tarde para seguir aprendiendo del apasionante mundo del toreo. Además, si quien enseña está capacitado para hacerlo de forma tan amena como magistral, poniendo a nuestra disposición una información ingente obtenida de múltiples fuentes, solo nos queda expresar nuestra sincera felicitación a Federico Arnás por este magnífico trabajo, y dejarles una sugerencia para las fechas que aproxima el calendario, cuando la familia nos pregunta si tenemos interés por un regalo determinado, pues tienen la ocasión de programar desde el confort de su hogar un enriquecedor viaje por el maravilloso mundo del toreo. 

 

jueves, 26 de octubre de 2023

PROHIBIR EL ALCOHOL EN LOS TOROS

Por Antonio Luis Aguilera 

Jovenes en la plaza de Madrid reivindicando menos alcohol 

Cada día es más frecuente ver en las plazas de toros a gente que sale más perjudicada que entra. Acceden «petroleados» y salen borrachos, tras estar doblando el codo desde el paseíllo hasta el arrastre del último toro, fastidiando la corrida con gritos, risas inoportunas, improperios y faltas de respeto a los toreros y espectadores más próximos, esos que, además de pagar la entrada, se sienten indefensos al ver que les ha tocado la «pedrea» con unos impresentables, a los que tendrán que soportar hasta que abandonen el coso buscando tablas para echarse. ¿Por qué no se prohíbe la venta de alcohol en los espectáculos taurinos como en cualquier otro espectáculo público?

Tendido alto de la plaza de Sevilla

Recordamos una corrida en la Maestranza de Sevilla, tarde sublime de Morante en septiembre de 2022, cuando después de pagar un dineral por lo que siempre fue una grada de sombra localidad que para hacer más digerible su precio han rebautizado como tendido alto—, tuvimos el infortunio de tener que soportar a un grupo de impresentables, tan enchaquetados y encorbatados como perjudicados alcohólicamente, que llegaron dispuestos a no ver ni dejar ver la corrida. Imaginen, desde los sones del pasodoble «Plaza de la Maestranza», llamándose «compadre» y «miarma», lo que significó ver el concurso por ver quién era el más gracioso, en una chabacana escalada de chorradas y carcajadas compartidas por los colegas del club del gin-tonic —el vendedor ambulante tuvo más idas y venidas que el tronco de mulillas—. En fin, ya saben cuál es la diferencia entre un tío con gracia natural y un imbécil que se hace el gracioso, así que imaginen la maldita gracia que significó ver al mejor Morante, además de moviendo el cuello para esquivar la visión con los bonitos arcos de la plaza, soportando las «gracias» de aquellos borrachos, expresadas en un interminable rosario de burlas a toreros, músicos, autoridad y cualquier persona que les pidiera respeto.

Sin control para acceder a la plaza con botellas

Al salir de la plaza tuvimos más claro que nunca que la permisividad alcohólica provoca incidentes, que no deben pasar inadvertidos para la autoridad competente en materia de espectáculos taurinos. Son demasiadas las corridas a las que asisten individuos perjudicados por el alcohol, a los que se debe cortar el grifo de la venta ambulante en la plaza. Hay que evitar riesgos y molestias a los espectadores que asisten a la corrida, sin imaginar que unos borrachos le van a fastidiar la tarde. Corresponde a la autoridad legislativa controlar las incidencias molestas para el público, y entre ellas están las alteraciones del orden causadas por los metepatas del vaso largo de plástico, esos que se burlan de todo y de todos con las desafortunadas gracias derivadas de la ingesta de alcohol.

Puestos a comparar, parece mentira el rigor que se extrema con los hombres de luces, a los que se exige minuciosamente cumplir el reglamento cuando se la juegan con un animal imprevisible, mientras se pasa por alto algo que con frecuencia ocurre en los tendidos, esos alborotos y grescas causadas por las permisivas borracheras, porque en las plazas no existe control alguno para acceder con bebidas, envases o neveras. Urge evitar molestias y accidentes ocasionados por personas sin control; urge por la seguridad de los que están en el ruedo o sentados en cualquier asiento. Los que entran a la plaza «calentitos» deben ser puestos inmediatamente de patitas en la calle por la seguridad contratada por las empresas. No hay que esperar a que causen molestias. Lo que está prohibido en un campo de fútbol, pabellón de deportes, teatro o cualquier espectáculo público, no debe estar consentido en las plazas de toros. 

Señores políticos, ¿tan complicado resulta modificar los reglamentos y prohibir el alcohol en las plazas de toros?

jueves, 19 de octubre de 2023

UN PASTEL CON NOMBRE DE TORERO: «MANOLETE»

Por Antonio Luis Aguilera

"El Manolete" cordobés

De niño me contaba mi madre la historia del «Manolete», un pastel típico de Córdoba, hecho de hojaldre, cabello de ángel, azúcar y canela, famoso en esta ciudad desde la época de la postguerra. Me decía que tuvo su origen en la confitería «Casa Mirita», ubicada en la céntrica calle Concepción, y que tomó su nombre del apodo del célebre matador de toros, por el encargo que Manuel Rodríguez Sánchez hizo a esta pastelería, para llevar en su segundo viaje a México el pastel que tanto le gustaba pero en tamaño reducido, tipo porción, con el que quería obsequiar a sus buenos amigos del otro lado del charco. Lo habitual era que este antiguo producto, de claras reminiscencias de la Córdoba califal, se confeccionara en tamaño de tarta, el llamado «pastelón cordobés», postre habitual en las celebraciones familiares de la ciudad, especialmente en la festividad de san Rafael, y que, por supuesto,  es el broche de esas reuniones gastronómicas camperas de amigos que duran todo un día —los célebres «peroles cordobeses»— donde se corta en cuñas, o que en las confiterías se venda troceado en porciones. 

Sería José Delgado Roldán, trabajador de la confitería «Casa Mirita» y más tarde fundador de la famosa pastelería cordobesa «San Rafael», quien a petición de «Manolete» dio la misma forma redondeada del «pastelón cordobés» a esos pasteles de unos doce centímetros de diámetro, que más tarde serían conocidos con el apodo del torero, y pronto comenzaron a ocupar los escaparates de las demás confiterías de la ciudad, que todavía los siguen comercializando con el apodo del inolvidable matador de toros. Curiosamente, como observaremos más adelante, el antiguo pastel cordobés del que proviene el típico «Manolete», era muy del gusto del grandioso matador José Gómez «Gallito», cuya carrera profesional y vida sentimental guarda tantas coincidencias con la de Manuel Rodríguez. (1) 

"Pastel Cordobés". Foto Lolo Agredano

Escribía Manuel Estévez, en el blog «Luchemos por Córdoba» el 8 de febrero de 2011, que Vicente Soler Botella,  confitero del barrio de San Lorenzo, le habló del origen del pastel cordobés: «Mi padre, al que llamaban “el Confitero Cateto”, trabajaba en la confitería “Mirita”, que estaba en la calle Concepción. Allí, “El Cateto” y otros compañeros decidieron hacer un pastel grande, redondo, en sustitución de las “cuñas” y “cortadillos” con cidra. Así nació el Pastel Cordobés». «Nos contó en una ocasión Juan Sánchez Romero, que durante su vida laboral en el Matadero Municipal conoció a un matarife-subalterno-puntillero, llamado Antonio Yáñez Saco, que tenía buena relación con el gran Joselito El Gallo, que éste, cada vez que pasaba o venía por Córdoba, le pedía que le llevara un Pastel Cordobés a la Estación. Este puntillero se hizo famoso, pues actuando de subalterno en Valencia, le hicieron dar una vuelta al ruedo, por la oportuna puntilla que dio a un toro que se escapaba del resto de la cuadrilla».

En la edición del Diario Córdoba del 22/3/2017, Rafael Jordano Salinas, director de la Cátedra de Gastronomía de Andalucía, narraba:  «El pastel o pastelón cordobés está considerado el postre más característico de Córdoba. En nuestra ciudad son muchos los obradores que elaboran dicho producto con un elevado nivel de calidad, uno de ellos es Pastelería San Rafael. Su fundador, José Delgado Roldán, trabajó y se formó como maestro pastelero en Casa Mirita (calle Concepción) desde 1918. En 1940 se estableció por su cuenta y puso su propia pastelería en el Realejo (calle Juan Rufo); en 1945 abrió un punto de venta en los jardines del Duque de Rivas (esquina avenida República Argentina) y en 1982 su hijo trasladó el obrador a la zona del Brillante (calle Cardenal Portocarrero). Actualmente es una de las confiterías más antiguas de la ciudad y está regentada por la tercera generación de la familia Delgado».    

"Pastel Cordobés" del Horno de la Cruz. Foto Lolo Agredano

Tras este documentado relato volvemos al testimonio de Manuel Estévez sobre el origen del pastel que lleva el apodo del famoso torero, y comprobamos como también le atribuye a José Delgado Roldán el origen de la creación en tamaño reducido del mismo: 

«En el año 1944, don José Delgado, el dueño de la Confitería San Rafael, dio nombre al pastel “El Manolete”, cuya historia es curiosa. El gran torero era cliente asiduo de esta confitería y su Pastel Cordobés en la calle de Juan Rufo, y ya había probado un sabor similar de este pastel (Chilacayote) en México. Así que le expresó a José Delgado su idea de llevarse una docena de porciones de Pastel Cordobés y tener un detalle con sus amigos mexicanos. El confitero, en atención al famoso torero, y respetando el mismo sabor, lo elaboró en unidades más pequeñas de lo habitual, para una mejor conservación durante el largo viaje a América. Y a esta unidad, redonda y más manejable, le puso por nombre “Manolete”, como homenaje a su ilustre cliente».

El exquisito pastel del que nos hacemos eco en esta entrada puede adquirirse en la mayoría de las confiterías cordobesas. Y por supuesto, a pesar de los años transcurridos, quienes quieran acudir a los orígenes, pueden comprarlo en la Confitería San Rafael de la calle Cardenal Portocarrero (El Brillante), o en la nueva sucursal de este establecimiento de la céntrica calle Concepción. "Pastel Cordobés" o "Manolete", una exquisita delicia cordobesa. Buen provecho. 

(1) Enlace a la entrada «Vencidos por la vida».

jueves, 12 de octubre de 2023

LA DESPEDIDA DE MANOLO VÁZQUEZ

Por Antonio Luis Aguilera


La tarde del 12 de octubre de 1983 encontramos un hueco en los tendidos de sol de la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, que agotó el papel, para presenciar la despedida de los ruedos de Manolo Vázquez (celeste y oro), que mano a mano con «Antoñete» (lila y oro) lidiarían dos toros de las ganaderías de Carlos NúñezManolo González y Juan Pedro Domecq. La suerte estuvo del lado del toreo sevillano, que cortó cuatro orejas y salió a hombros por la puerta del Príncipe acompañado de  una multitud de aficionados.

Aquella fue por su grandeza torera una de las tardes imborrables en nuestra vida de aficionados. Años después, en una tertulia que dirigimos en Onda Cero Radio Córdoba, donde reunimos a los maestros del toreo Agustín Parra «Parrita», José María Martorell Manolo Vázquez, hablamos de esa tarde con el toreo sevillano, haciéndole saber el cariño con que recordábamos su despedida, la corrida donde el maestro se sintió y expresó un toreo pletórico de arte, garbo, gracia, pureza... Parecía mentira que cuando tenía asegurada la salida a hombros por la Puerta del Príncipe, pues había cortado tres orejas a sus dos primeros toros, en el quinto, el último de su carrera, un animal sin estilo y con evidentes dificultades, se la jugó y dio la sensación de que no le importaba cambiar la puerta que se asoma al Guadalquivir por la del cuarto del hule. 

Agustín Parra "Parrita", Manolo Vázquez y José María
Martorell con el autor de este artículo. Foto Marogo.

Esto fue lo que recordaba Manolo Vázquez:

«Ese día fue para mi muy importante. En realidad quería ratificar lo que ya Sevilla me había dado. El hecho de mi reaparición en el año 1981 era por lograrlo en Sevilla, cuando gracias a Dios tenía todo resuelto y había dejado en el toreo la huella de lo que más o menos había sido. 

Sevilla es muy especial, mucha gente puede pensar que con sus toreros es… Pero no lo es con todos sus toreros, sino con ciertos toreros. La afición de Sevilla se entrega con ciertos toreros, pero después ha habido toreros muy importantes a los que no se lo han reconocido.
Yo quería ratificar en Sevilla, y reaparecí con una edad que daba la sensación… Pero gracias a Dios lo logré. Ese día veía a la gente que estaba a cien por hora, allí todo el mundo estaba pensando en ir a la despedida de Manolo Vázquez como quien va a una fiesta. La corrida estaba anunciada mano a mano con «Antoñete», iban a salir tres toros y a ver cómo salían. Hombre, puse de mi parte todo lo que podía dar, pero aquello había que solucionarlo. Gracias a Dios la cosa se cuajó.

Tuve esa inmensa satisfacción, que Agustín y José María desgraciadamente no han podido lograr, lo logré con cincuenta y tres años de edad. Lograr salir por la Puerta del Príncipe a esa edad… No dejo de dar gracias a Dios y a esta profesión del toreo que es tan bonita.

Aquella noche, sentí por encima de todo la inmensa satisfacción de haber logrado lo que me propuse en esa reaparición, aunque anteriormente lo había logrado en el primer año y estuve a punto en el segundo de haber salido también. Lograrlo en esa última corrida creo que no se puede pedir más…

Cuando un torero, un profesional, dice voy preparar mi despedida en Sevilla, y que todo salga así… Porque todo se puede organizar, se puede preparar; pero, amigo mío, en el toreo hay un elemento con el que nunca se puede contar: el toro. Más grande, más chico, como sea, pero el toro después sale y se comporta como se tiene que comportar, nadie sabe cómo va a salir. Recuerdo perfectamente que aquel día, de los tres toros que maté, uno fue un gran toro, el de nuestro amigo Manolo González. Fue un gran toro en el último tercio, no en el primero, pues ahí empezó… Pero se vino arriba y fue un gran toro. Después, los otros dos tuvieron muchas dificultades. Y en el último, como ha comentado Antonio, cuando había cortado una oreja al primero y dos al segundo, no me importaba que me hubieran cogido y partido los muslos».   

Cuarenta años después, como homenaje al inolvidable maestro, hemos querido que sean sus propias palabras las que nos hablen de aquella gran tarde de toros.   

martes, 12 de septiembre de 2023

JUAN ORTEGA: EL CANON CLÁSICO DEL TOREO

Por Antonio Luis Aguilera

Juan Ortega en Valladolid. Foto Fernando Blanco (ABC)

Nunca estuvo al alcance de muchos toreros el don de la armonía musical del toreo, esa gracia que viene de arriba como dice Rafael de Paula, y permite interpretar en la arena y ante el toro la música callada de la que hablaba José Bergamín. Esas notas insonoras que despaciosamente van «crescendo», apoderándose del alma, aumentando gradualmente su intensidad hasta crear un canon que estremece, como el compuesto en 1690 por Johann Pachelbel, cuyos envolventes acordes actúan como un bálsamo hipnótico y relajante, que nos detiene a escuchar la creación de un genio de la música, de un maestro que logró acariciar los sentidos con la divina armonía de una norma clásica, que resiste el paso de los siglos sin dejar de cautivar por su belleza.


Juan Ortega, un torero distinto

También en la historia del toreo hubo y afortunadamente hay toreros excepcionales como el célebre músico alemán, capaces de esculpir en el ruedo imágenes vivas expresando las normas del arte de lidiar un animal bravo e imprevisible. Genios que se pusieron y se siguen poniendo delante para aguantar quietos la embestida, que eso es parar; para engancharla y llevarla cosida en los vuelos de la tela, aminorando la violencia inicial del empuje con un sometimiento de terciopelo, que eso es templar; para acompañar con la cintura el viaje hacia atrás y hacia adentro, hasta donde acaba el recorrido del brazo, dejando al toro colocado para el siguiente pase con un tenue toque de muñeca, que eso es mandar; para alternar los terrenos de afuera y adentro con un trozo de tela que lleva y trae encadenando los pases, que eso es ligar. Para jugarse la vida en un delicado equilibrio de piernas,  brazos y muñecas, que eso es el toreo.

Juan Ortega en Valladolid. Foto Mundotoro

El pasado sábado el milagro del toreo cristalizó en la plaza de Valladolid, donde un torero distinto como es Juan Ortega interpretó el canon más puro y hermoso, recreándose con pasmosa lentitud y belleza en las notas clásicas de la escala del arte de torear, armonizando magistralmente el ritmo de las suertes con el toreo más templado y reunido que puede verse en los ruedos, para interpretar la música callada que lleva dentro, ese toreo de hondas raíces que buscó cerca del Guadalquivir, y que hoy solo es capaz de expresar con suavidad de seda y acento singular este torero de Triana, al que los tiburones del orden taurino, infestado de comisionistas necios y loros parlantes, se resisten a poner en el sitio que demanda la pureza y verdad de un arte que tiene sello propio, el de Juan Ortega, quien por respeto al toreo debe estar anunciado en todas las ferias importantes. 

CANON DE PACHELBEL

martes, 5 de septiembre de 2023

CANAL SUR TOROS: URGE UN CAMBIO DE TIMÓN

Por Antonio Luis Aguilera

Enrique Romero y Francisco Ruiz Miguel

Las retransmisiones taurinas de las televisiones autonómicas son irreprochables, no solo por el conocimiento y la corrección de los periodistas conductores, sino por la prudencia y el saber ser y estar de los matadores que los asesoran. Algo que lamentablemente no ocurre en Canal Sur Televisión, donde a la demagógica conducción de Enrique Romero, con halagos para todos en busca del fervor popular, se suma la grosera asesoría de Francisco Ruiz Miguel, sustentada por el mal gusto de hallar gracia a sus palabras malsonantes, para poner de relieve el nivel de su preparación para la comunicación y su falta de respeto a la audiencia, con una conducta que evidencia no ser la persona adecuada para desempeñar un puesto retribuido con dinero público.

Noelia López entrevistando al ganadero Ricardo Gallardo

La palabrería del conductor y la chabacanería del asesor dieron que pensar a la audiencia el domingo 3 de septiembre, cuando Noelia López, periodista que realiza las entrevistas desde el callejón, fue objeto del reprobable comentario de Ricardo Gallardo, ganadero de la corrida, que al ser preguntado si se llevaría al campo el toro para el que algunos espectadores solicitaban el indulto, en lo que tuvo mucho que ver desde el callejón Ruiz Miguel, este la dejó sin palabras con su vergonzosa respuesta: «¡A ti te llevaría al campo!». Enrique Romero y Ruiz Miguel callaron y no condenaron en ningún momento de la retransmisión la ofensa a su compañera, demostrando así que no se podía caer más bajo en la conducción de las programaciones  taurinas de la televisión andaluza.

Ya es hora de poner fin a los habituales improperios de Ruiz Miguel, tomados a broma por su compañero, así como las salidas de tono del espada gaditano, que venido arriba por la coba que recibe, recuerda a cada instante su historia profesional con una ensoñación idílica, creyendo haber sido GallitoBelmonte y Manolete juntos, para permitirse dar instrucciones a gritos a todos los actuantes, sin importar que sean becerristas, novilleros o matadores de toros. Ya está bien que en lugar de unas retransmisiones taurinas dignas como en todos los canales autonómicos, los andaluces tengamos que sonrojarnos con las que ofrece nuestra televisión pública, saturadas de halagos y palabras malsonantes para todos, donde el domingo se guardó un reprobable silencio ante un ataque machista de auténtica vergüenza. 

Urge un cambio de timón en la información taurina de Canal Sur televisión.