jueves, 8 de noviembre de 2018

MANUEL BENÍTEZ "EL CORDOBÉS", UNO DE LOS MÁS GRANDES DEL TOREO.

Por Antonio Luis Aguilera

Manuel Benítez El Cordobés
Mi afición por los toros despertó a temprana edad. Apenas alzaba unos palmos del suelo y ya me interesaban las historias taurinas, especialmente las que hablaban de Manolete, el ídolo de mis mayores, que narraban sus hazañas con auténtica veneración. Escuchar la vida y proezas de aquella figura creaba un ambiente de mística taurina que no he olvidado a pesar de los años. En el Manolete contado convergían todas las virtudes de un hombre cabal y de un torero único: honradez, vergüenza profesional, elegancia natural, majestuosa personalidad, valor contrastado... Además, como vivía cerca del chalet de la avenida de Cervantes, la inclinación taurina me impulsaba a merodear por los alrededores de aquella casa que mi imaginación había convertido en santuario. ¡Cuántas veces quedaba absorto ante su cancela soñando su interior, adivinando los trajes de luces que estarían colgados en el dormitorio del torero! Manolete era el alfa y omega de un chiquillo que en los jardines de la Agricultura, frente a la casa del monstruo -¡qué apodo más horroroso para quién fue rey de los toreros!- toreaba a la verónica con el babero blanco de párvulo a la vuelta del colegio. 

Plaza de toros de Los Tejares de Córdoba
Lo mejor de acudir al colegio La Milagrosa, situado en la calle Conde de Gondomar, la misma donde años atrás Guerrita dictara sus célebres sentencias, era pasar cuatro veces al día por la plaza de Los Tejares. La verdad sea dicha, no sentía la menor atracción por los números quebrados ni el sistema métrico decimal, pero me encantaba estar al corriente de los espectáculos que se anunciaban en el entrañable coso donde viví mis primeros festejos. Allí tuve el honor de estrechar por primera vez la mano de un torero, fue la del gran estoqueador Antonio de la Haba Torreras, miembro de la célebre dinastía de los Zurito, cuando mi abuela, una aficionada excepcional, me llevó a presenciar mi primer espectáculo: una  becerrada de convite del Club Guerrita. Y si la enciclopedia Álvarez se me torcía cuando de memorizar cordilleras, ríos y afluentes se trataba, las páginas del Dígame me las sabía al dedillo. Naturalmente este cambio de papeles me costó más de un disgusto, pues mis padres veían como estaba todo el día toreando de salón o hablando de toros con aficionados que podían ser mis abuelos, sin prestar atención a las materias que resultaban indispensables estudiar para aprobar el ingreso en el bachillerato.

 El Cordobés y su descubridor, Rafael Sánchez Ortiz El Pipo
Una peseta era mi sueldo dominical, que bien administrada daba para un cartucho de pipas y cinco barritas de regaliz, mercancía que adquiría en el quiosco de la señora Manuela, frente a la taquilla de sol de la vieja plaza, pero ni en sueños para una entrada de toros, por muy económica que fuera. Así que cuando la abuela no se rascaba el bolsillo para costearme alguna novillada o festival -que cuando ocurría se guardaba en el más absoluto de los secretos para evitar las reivindicaciones de los otros cinco nietos-, si en la plaza de Los Tejares se celebraba alguna corrida procuraba vivirla a mi manera, que era gratis y también distraía. Mi manera era ver salir a los espadas del hotel Regina, situado frente a la plaza, para dirigirse a pie hasta la puerta de servicio; paseo que las cuadrillas ejercitaban desde el hotel Simón, emplazado en la avenida del Gran Capitán, frente a Dunia, cafetería donde decían que en vida acudía Manolete. Finalizado el espectáculo la bulla era impresionante, había gente por todos los alrededores de la plaza. Bares como Savarín, Toledo, Benítez y Rosales, se quedaban pequeños para atender a quienes anhelaban tomar un refresco y comentar las incidencias de la tarde. 

El Cordobés. Foto Framar
A través de un vecino que no se perdía ni un festejo tuve mis primeras referencias de un novillero de Palma del Río que había hecho su presentación. Se apodaba El Cordobés. Decía que estaba entrado en años para ser torero y no sabía torear, pero que tenía un valor fuera de lo común; que lo cogían y sin mirarse se levantaba encorajinado para volver a la cara de los novillos; que se colocaba tan cerca que antes o después le iban a dar una cornada de las que desbaratan la ilusión del más optimista, pero que si tenía suerte y era capaz de hacerle lo mismo a los toros se llevaría todo el dinero del Banco de España. Pronto se fueron multiplicando las noticias sobre el nuevo novillero, confirmándose una línea ascendente impresionante. Todo el mundo estaba pendiente de El Cordobés, pues allá donde torease llenaba las plazas hasta el tejado y triunfaba clamorosamente, con una regularidad de éxito que producía vértigo. No tardó en correr el rumor de que cobraba un millón de pesetas por festejo, cifra que en billetes verdes de mil aseguraban que pesaba un kilo. Tras un intento pasado por agua en septiembre de 1962, Manuel Benítez tomó la  alternativa en la feria de mayo del siguiente año con toros de Samuel Flores, siendo sus compañeros de cartel Antonio Bienvenida y José María Montilla. Algunos decían que cuando tuviera que echar el paseíllo con la fabulosa nómina de figuras de entonces se iba a enterar... 

Manuel Benítez torea al natural en Sevilla
Pero quienes se enteraron fueron las figuras, que gracias al Pelos incrementaron sus honorarios, porque a él, convertido en un auténtico ídolo de masas, no había quien lo parase. Lo que sí paraban eran las obras de la construcción cada vez que televisaban sus corridas. Y el comercio, en cuyos escaparates se colocaba un cartel que decía: “Cerrado hasta las 7,30 de la tarde. Televisan al Cordobés". Todo el mundo procuraba liberarse de cualquier obligación laboral para sentarse ante ese moderno aparato llamado televisor, que aún no estaba al alcance de cualquiera. Los bares se llenaban a rebosar, y en las céntricas calles donde estaban las tiendas de electrodomésticos se aglomeraban personas de todas las edades, unas a pie y otras sentadas en sillas que habían llevado desde sus casas, para ver tras el escaparate cómo funcionaban esos aparatos que gentilmente eran conectados por los dueños del establecimiento, con objeto de ofrecer las actuaciones del torero y lucir las maravillas de esos receptores a los potenciales compradores que los miraban desde afuera.

Portada de ABC de la tarde de la confirmación
Fue en el telefunken de un vecino donde vi su confirmación de alternativa. Aquel 24 de mayo había llovido intensamente en Madrid y el festejo hubo de comenzar con algún retraso, una vez que los areneros acondicionaron el ruedo. El Cordobés, que en el paseíllo había sido saludado con acritud por un sector del público, recibió muleta y espada de manos de Pedrés, que en presencia de Palmeño le cedió la muerte del toro Impulsivo, de Benítez Cubero. La faena iba cobrando altura cuando el morlaco lo empaló en los medios y al derribarlo le hirió de gravedad en la arena, encelándose con su presa en los interminables segundos que tardaron las cuadrillas en llegar para hacer el quite. Al terminar la corrida la angustia se apoderó de las calles de Córdoba; en la ciudad no se hablaba de otra cosa y la gente aguardaba las noticias del parte de Radio Nacional de España, que confirmó la gravedad del percance. Y como de noche las cosas parecen más negras, algunos agoreros decían que era igual que la de Manolete en Linares, mientras los supersticiosos cruzaban los dedos tocando madera, y los más sensatos confiaban en los expertos cirujanos que asistieron al torero.

El heterodoxo Manuel Benítez hace el toreo más ortodoxo en Madrid
He dado rienda suelta a los recuerdos de mi niñez y adolescencia. Ahora, muchos años después, aprovechando la perspectiva que ofrece el paso del tiempo, observo la verdadera dimensión de quien figura en la historia del toreo como uno de los espadas más importantes de todos los tiempos, aunque siga siendo cuestionado por un sanedrín de aficionados y críticos que lo despachan etiquetándolo como un fenómeno social, y le culpan de todos los fraudes del toreo de su época, acusación que también hubieron de soportar toreros como Guerrita, Gallito y Belmonte, Manolete...  Sería absurdo ocultar que durante el reinado de El Cordobés pudieron cometerse abusos con la intención de proporcionar cierta comodidad al torero. Mas ello siempre ocurrió y ocurrirá con los matadores que han mandado de verdad en el toreo, y no debe ocultar que Benítez, aceptando su condición de máxima figura, dio la cara en todas las plazas y ferias importantes, tiró del carro de la Fiesta como nadie jamás lo hizo, y triunfó clamorosamente allá donde actuó, sin que se le resistiera ninguna puerta grande, incluidas las del Príncipe en Sevilla, plaza donde además cortó un rabo, o la de Las Ventas, cuyo umbral cruzó cinco ferias de San Isidro, dos de ellas en 1970 tras cortar ocho orejas en dos tardes.  

Sevilla 1964. El Cordobés corta un rabo en La Maestranza
El Cordobés fue la locomotora que remolcó el toreo de su tiempo. Y lo hizo con una fuerza arrolladora que no nacía de su simpatía natural, ni de los chispazos de humor que intercalaba en algunas actuaciones, ni del desenfadado salto de la rana... Si prescindimos de la puesta en escena del genio y analizamos objetivamente el fondo de su obra, comprobaremos que la verdadera energía que lo propulsó hacia la cúspide del firmamento taurino fue su propio toreo. Así de simple. ¡Y de difícil! Un toreo que conectaba inmediatamente con el  público, que aguardaba expectante la llegada del último tercio de la lidia. Era en ese momento cuando el genial torero tomaba los trastos para dirigirse a los medios con pases por alto sin dar importancia a la conducción del animal, y una vez allí, centrado con el toro, lo citaba para dejarlo venir por su terreno natural, entonces, con espléndida flexibilidad de cintura y portentoso juego de muñecas, lo llevaba hacia atrás, hacia el terreno de su espalda, donde lo recogía nuevamente para ligar interminables series de muletazos en redondo, técnicamente resueltas con el de pecho, que por cierto era auténticamente obligado. De esta forma tan ortodoxa fue como el heterodoxo Manuel Benítez rompió todos los moldes tremendistas con que los escolásticos pretendieron encasillar su toreo.

El Cordobés por la Puerta del Príncipe de La Maestranza 

VER IMÁGENES DE LA ALTERNATIVA DE MANUEL BENÍTEZ "EL CORDOBÉS"

jueves, 1 de noviembre de 2018

RABOS CORTADOS EN "LOS CALIFAS" (y II)

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de Los Califas de Córdoba. Foto FIT
En la entrada anterior nos centramos en los matadores de toros que en corridas han cortado los máximos trofeos en el coso de Los Califas. Quedaría incompleto este documento histórico, que abarca desde el 9 de mayo de 1965, fecha de inauguración de la plaza, hasta el cierre de la temporada de 2018, obviando el resto de profesionales del toreo, según las diferentes categorías, que también obtuvieron los máximos trofeos en la plaza de Ciudad Jardín.  

Magnífica instantánea de Diego Ventura en Los Califas. Foto web del torero

En el grupo de rejoneadores únicamente lo ha conseguido Diego Ventura, que el 29 de mayo de 2005 cortó las dos orejas y el rabo al toro Bandido, del hierro de Benítez Cubero, en corrida de rejones donde alternó con Joao Moura y Fermín Bohórquez


Paquirri a hombros en su etapa de novillero
En el grupo de novilleros con picadores, cuatro fueron los que pasearon el ruedo exhibiendo los máximos trofeos. El primero que cortó las dos orejas y el rabo fue Francisco Rivera Paquirri la tarde del 18 de julio de 1965, que alternando con Pedrín Benjumea y Rafael Poyato cuajó a Obrero, de doña María Pallarés de Benítez Cubero. El torero gaditano, cuya presentación con los del castoreño en Córdoba tuvo lugar el 19 de marzo de 1965 en la vieja plaza de Los Tejares, actuó en la de Ciudad Jardín en 7 novilladas picadas (5 en 1965 y 2 en 1966), lidiando un total de 16 utreros con el balance de 12 orejas y 1 rabo.

Julio Vega Marismeño fue el segundo novillero que cortó un rabo en la plaza de la antigua Huerta de La Marquesa. Lo hizo el 12 de octubre de 1968, festividad de la Virgen del Pilar, alternando con Florencio Casado El Hencho y Francisco Ruiz Miguel, que lidiaron un encierro de don Gerardo Ortega Sánchez. El novillero de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) actuó en el coso califal en 2 novilladas picadas (1 en 1968 y 1 en 1969), lidiando un total de 4 reses con el balance de 3 orejas y 1 rabo. 

Chiquilín corta un rabo en Los Califas. Foto Framar
Nada menos que veintidós años habrían de transcurrir hasta que fuera concedido el tercer rabo en Los Califas. Fue el 22 de junio de 1990 y lo consiguió Chiquilín a Barbarrubia de Torrestrella, en su segundo mano a mano con Finito de Córdoba. Tras el rotundo éxito del primero en la feria de ese mismo año, la empresa constituida por José y Manuel Flores Cubero con su cuñado Antonio Pérez-Barquero Herrera, repitió idéntico cartel, lidiándose novillos de Torrestrella y abriendo plaza Luis Domecq. Rafael González Chiquilín, que esa tarde cortó los máximos trofeos,  sumó 12 novilladas picadas en Los Califas (2 en 1989, 6 en 1990 y 4 en 1991), lidiando un total de 31 utreros con un balance de 16 orejas y 1 rabo.

Rubén Cano El Pireo
Rubén Cano El Pireo cierra, de momento, la nómina de novilleros con picadores que han cortado un rabo en la plaza cordobesa. Lo consiguió el 27 de mayo de 1997 con Metepatas, del hierro de Yerbabuena, alternando con Romero de Córdoba y Morante de la Puebla. El hijo del inolvidable maestro de Las Margaritas toreó 4 novilladas picadas en Los Califas (2 en 1995 y 2 en 1997), despachando 8 utreros con un balance de 6 orejas y 1 rabo.             

En el grupo de novilleros sin picadores no se ha cortado aún ningún rabo.                

Maribel Atiénzar
En el de becerristas, considerando como tales los que lidiaron añojos, figuran 22 nombres. La mayoría protagonizó su éxito en la popular y festiva becerrada de convite en homenaje a la mujer cordobesa. Por orden cronológico, aquí están sus nombres para la historia: Juan Antonio López Pérez (1969), Maribel Atiénzar (1976), Nelson Villegas, padre (1978), Antonio Tejero (1978), Antonio Manuel de la Rosa (1981), Nelson Villegas, hijo (1991), Sergio Sanz (1993), Francisco José Ayuso (1994), Rafael Rosa Alejandre (1996), Francisco Jose Izquierdo Rodríguez (1996), Francisco Villena (1998), David Encinas (1998), Pedro Ángel Dorado Bello (1999), Antonio Julián Torres El Javi (1999), José Antonio Moreno El Zorro (2004), Jesus Pedregosa (2014), Ignacio Ostos (2014), Rocío Romero (2014), Mercedes San Roman (2015), Curro Núñez (2015), Marta Reíllo (2016) y Fuentes Bocanegra (2018). 

Por último, en el grupo de toreros en general que vestidos de corto colaboraron con su arte y solidaridad en diferentes causas sociales, recordamos a los protagonistas de los 18 rabos cortados en festivales benéficos:  

 Gabriel de la Haba Zurito lidera el grupo con 5 rabos. El torero de Santa Marina los cortó el 7 de noviembre de 1965 a un ejemplar de doña Francisca Marín (Campaña de Navidad); el 21 de abril de 1968, a uno de don Salvador Guardiola (A beneficio de los pobres); el 4 de diciembre de 1969, a uno de don Ramón Sánchez (Regimiento de Artillería de Córdoba), el 18 de marzo de 1978, a uno de don Francisco Galache (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba), y el 7 de noviembre de 1981 a uno de los Hermanos Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Gabriel de la Haba ha participado en 12 festivales, en los que estoqueó 17 ejemplares con el balance de 24 orejas y 5 rabos. 

 Genio y figura. El Cordobés con 77 años de
edad torea al natural así de bien a un utrero 

Manuel Benítez El Cordobés figura con 2 rabos. Los cortó el 21 de abril de 1968 a un ejemplar de don Salvador Guardiola (A beneficio de los pobres) y el 18 de marzo de 1978 a otro de su propia ganadería (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Manuel Benítez ha participado en un total de 4 festivales benéficos, lidiando 9 reses y cortando 14 orejas y 2 rabos.

Con otros 2 rabos figura Manuel Cano El Pireo. Los cortó el 26 de febrero de 1967 a un ejemplar de los Hermanos Cembrano (Campaña de invierno), y el 7 de noviembre de 1981 a otro de Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). Manuel Cano ha intervenido en 7 festivales benéficos, estoqueando 10 reses y cortando 10 orejas y 2 rabos

Otros nueve toreros cortaron un rabo vistiendo el traje corto:

José María Martorell lo hizo el 7 de noviembre de 1981, a un ejemplar de Flores Albarrán (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El espada cordobés intervino en 4 festivales, estoqueando 4 reses y cortando 3 orejas y 1 rabo.

Diego Puerta, lo cortó a un ejemplar de Torrestrella el 19 de septiembre de 1985 (Junta de Andalucía. A favor de la Tercera Edad). El valiente espada sevillano participó en 3 festivales, lidiando 3 reses y cortando 4 orejas y 1 rabo.

Antonio Sánchez Fuentes lo consiguió de un ejemplar de don José de la Cova el 13 de marzo de 1966 (Campaña de invierno). El diestro de los Olivos Borrachos participó en 2 festivales, lidiando 3 reses con un balance de 4 orejas y 1 rabo.

 Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea lo logró con un ejemplar de Torrestrella, el 22 de abril de 1979 (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El salmantino intervino en 2 festivales, lidiando 2 reses y cortando 2 orejas y 1 rabo.

Finito de Córdoba
Finito de Córdoba, lo hizo a un ejemplar de Núñez del Cuvillo el 1 de febrero de 1998 (A beneficio de la viuda del conserje de la plaza de toros Antonio de la Rosa Llamas). Juan Serrano lidera el escalafón de profesionales que han intervenido en festivales benéficos con 16 actuaciones, habiendo lidiado 16 reses y cortado 20 orejas y 1 rabo.

Julián López El Juli lo cortó a un ejemplar de Jandilla, el 26 de marzo de 2011 (Asociación Española de Lucha contra el Cáncer en Córdoba), siendo éste el único festival en que ha participado el espada madrileño.

José Luis Torres lo consiguió de un ejemplar de doña María José Barral el 21 de febrero de 2004 (Asociación Española de Lucha contra el Cáncer en Córdoba). El matador cordobés ha participado en 2 festivales, lidiando 2 reses y cortando 4 orejas y 1 rabo.

José Antonio Carretero lo logró de un novillo de don Alonso Moreno el 7 de junio de 1988 (Homenaje a las Fuerzas Armadas), única ocasión que vestido de corto actuó como jefe de filas en el coso califal.

Antonio Manuel de la Rosa lo hizo de un ejemplar de don Ramón Sánchez el 19 de octubre de 1985 (Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba). El torero cordobés participó en 2 festivales, estoqueando 2 reses con un balance de  2 orejas y 1 rabo.

Manuel Benítez sale de Los Califas a hombros de los toreros el 5 de abril de 2014
Con los profesionales que obtuvieron los máximos trofeos en festivales benéficos, completamos este trabajo que contempla todos los toreros, clasificados por grupos, que cortaron uno o varios rabos en la plaza cordobesa. 

viernes, 26 de octubre de 2018

RABOS CORTADOS EN "LOS CALIFAS" POR MATADORES DE TOROS

Por Antonio Luis Aguilera

Morante con el último rabo otorgado en Córdoba. Foto Fidel Arroyo.

El 1 de junio de 2013 fue otorgado el último rabo en la plaza de toros de Córdoba al espada sevillano Morante de la Puebla, que con el número doce mas uno se incorpora al distinguido club de los matadores de toros que, hasta la temporada de 2018, han cortado los máximos trofeos en el coso califal, selecto escalafón que lidera en solitario Manuel Benítez El Cordobés

En la década de los años sesenta del pasado siglo se otorgaron 13 de los 22 rabos que en total han paseado triunfalmente matadores de toros, dato que puede ofrecer varias lecturas, como la calidad de los espadas que protagonizaron aquella época, la competencia que existía, el carácter festivo de un público que premiaba lo que le gustaba, o la ligereza en sacar el pañuelo de los presidentes para agradar al respetable. Sea lo que sea, muy distintos son los datos de décadas posteriores: en los años setenta se cortaron 2 rabos, en los ochenta 3, y en los noventa 2. En la primera decena del nuevo milenio 1, y en la segunda 1. 

Otra lectura que revela este estudio es la importancia que tuvo de la ganadería de los Herederos de don Carlos Núñez, una de las preferidas por las figuras en los años sesenta, pues a sus toros le cortaron 5 de los rabos concedidos en la plaza cordobesa. La divisa gaditana, formada con vacas y sementales de don Manuel Rincón, Mora Figueroa y Marqués de Villamarta, representa sin duda a uno de los encastes más importantes del toro de lidia, y fue la elegida durante décadas por las máximas figuras para anunciarse en los carteles más significativos. 

El Cordobés, ocho rabos en Córdoba
Pero vayamos con los protagonistas. Manuel Benítez El Cordobés con 8 rabos cortados lidera con autoridad este escalafón. El Huracán de Palma del Río cortó el primero el 9 de mayo de 1965, tarde de la inauguración de la plaza, al toro Catavinos de los Herederos de don Carlos Núñez, idéntico hierro al que cortaría otros tres más, dos en 1967, las tardes del 27 de mayo y 25 de septiembre, y uno en 1968, el 29 de septiembre. También obtuvo los máximos trofeos el 25 de mayo de 1965, tarde de la alternativa de Agustín Castellano El Puri, a un ejemplar de don Manuel Arranz; el 25 de mayo de 1966 a otro de doña Francisca García Villalón, procedencia Curro Chica; el 25 de mayo de 1970 a uno de Juan María Pérez Tabernero; y por último, el 1 de junio de 2002, tras oficiar la alternativa de Enrique Reyes Mendoza, al burraco Potrero, de doña María José Barral. Manuel Benítez El Cordobés no solo fue la locomotora que remolcó el toreo de su tiempo, sino el diestro con mayor poder de convocatoria de la historia del toreo. Triunfó clamorosamente en todas las plazas del mundo y su estadística en el coso califal resulta mareante: 13 corridas, 27 toros lidiados, 23 orejas y 8 rabos

Manuel Cano El Pireo. Revista El Ruedo
Al carismático torero de Palma del Río le siguen en este selecto escalafón Manuel Cano El Pireo y Juan Serrano Finito de Córdoba, con dos rabos cada uno. El torero del barrio de Las Margaritas cortó los máximos trofeos a un ejemplar de la ganadería de don Manuel Arranz la tarde del 25 de mayo de 1965, repitiendo balance la del 26 de mayo de 1967 con un toro de doña María Teresa de Oliveira. El Pireo despertó enorme pasión en la afición cordobesa por el arte y la gracia de su toreo. Actuó en la nueva plaza 9 tardes, lidiando 22 toros y cortando 20 orejas y 2 rabos.

Con idéntico número de rabos -uno simbólico-, figura otro espada no menos artista y elegante, Juan Serrano Finito de Córdoba, ambos obtenidos en 1994. El primero, el 27 de marzo a Chupador, de Guadalest, tras un trasteo que contó con diecinueve muletazos y una gran estocada, lo que indica la calidad y emoción de la faena. El segundo, dos meses después, el 28 de mayo, fecha que se concedió el primer indulto en el coso cordobés, a Tabernero de don Gabriel Rojas, tras una larga faena que encendió la pasión del público por su fina elegancia y excelente trazo. Hasta la temporada de 2018, Finito ostenta un récord de actuaciones en Córdoba, que será muy difícil de superar por ningún otro espada: 59 corridas, en las que lidió 135 toros, cortando 55 orejas y 2 rabos.

 Finito de Córdoba, de novillero, corta un rabo en Barcelona 
Otros diez matadores consiguieron pasear un rabo en la plaza de la antigua Huerta de la Marquesa. Ordenados por orden cronológico son: Gabriel de la Haba Zurito, Francisco Rivera Paquirri, Antonio Ordóñez, Diego Puerta, Florencio Casado El Hencho, Antonio José Galán, Paco Ojeda, Vicente Ruiz El Soro, Tomás Campuzano, y Morante de la Puebla.

Gabriel de la Haba Zurito
Gabriel de la Haba Zurito lo consiguió con Corredor, de la ganadería de Herederos de don Carlos Núñez, la tarde del 9 de mayo de 1965, fecha histórica para Córdoba por  inaugurarse la nueva plaza y porque aquella mañana fue coronada canónicamente la venerada imagen de la cordobesa Virgen de los Dolores. El penúltimo representante de la torerísima dinastía de los Zurito, que reaparecía tras sufrir un serio percance en la cabeza en la plaza de Jaén, reencontró el sitio y ese toreo, recio y hondo, de enorme pureza y verdad, que junto con su gallardía manejando la espada le hace ocupar un lugar de privilegio en el recuerdo de la afición. Gabriel de la Haba Vargas sumó 14 corridas de toros en la nueva plaza, estoqueando 28 ejemplares a los que cortó 24 orejas y 1 rabo. 

Un diestro muy querido por la afición cordobesa, Francisco Rivera Paquirri, cuya raza y ambición por mandar en el toreo se adivinaban desde novillero, no permitió que El Pireo, que el 26 de mayo de 1967 había cortado los máximos trofeos, se proclamase triunfador solitario, y tras una faena de poder y torería cortó el segundo rabo de la tarde a un encastado ejemplar de doña María Teresa de Oliveira, origen Parladé. El diestro de Barbate, que años más tarde encontraría la muerte en Pozoblanco, actuó 12 tardes en Los Califas, lidiando 24 toros,  y cortando 17 orejas y 1 rabo

Antonio Ordóñez y Paquirri con Francisco y Cayetano Rivera Ordóñez en Ronda
Dos días después del triunfo de Paquirri, el  28 de mayo de 1967, Antonio Ordóñez haría lo propio al toro Boticario, del hierro de don Carlos Urquijo, tras una faena plena de majestad, hondura, temple y dominio.  El maestro de Ronda, que años más tarde sería suegro de Francisco Rivera, sumó 3 corridas en la plaza de Ciudad Jardín, lidiando 6 toros con un balance de 3 orejas y 1 rabo.

Diego Puerta pasea un rabo en Sevilla
No sería el último rabo de la temporada de 1967, pues en la desaparecida feria de septiembre, la tarde del 25, Diego Puerta paseó el albero con los máximos trofeos de un astado del Conde de Mayalde, encaste Contreras, tras entusiasmar con la gracia y raza de su toreo. Diego Valor, como fue llamado en su época, actuó 6 tardes en la nueva plaza, enfrentándose a 12 toros a los que cortó 7 orejas y 1 rabo.

El 1 de junio de 1969 se doctoraba Florencio Casado El Hencho, que cuajó una importante actuación, pues tras cortar una oreja a Idiota, el toro de la ceremonia, consiguió las dos y el rabo del último ejemplar, ambos del hierro de Gerardo Ortega. El torero nacido en Santa Marina, actuó en Córdoba 8 tardes, lidiando 16 toros y cortando 13 orejas y 1 rabo.

Antonio José Galán. Foto Chapresto
Otro espada cordobés, Antonio José Galán, natural de Bujalance, cortaría los máximos trofeos a Madrileño, bravo ejemplar de la añorada y encastada ganadería cordobesa de don Francisco Martínez Benavides la tarde del 26 de mayo de 1973. El recordado diestro, célebre por rematar las faenas entrando a matar sin muleta o con un pañuelo, actuó en el nuevo coso 9 tardes, lidiando 19 toros a los que cortó 15 orejas y 1 rabo.

Paco Ojeda era el gran atractivo de la feria de 1983, pues se anunciaba dos tardes tras formar un lío y triunfar clamorosamente en la de abril de Sevilla, donde impresionó con su toreo revolucionario. El diestro de Sanlúcar de Barrameda lo expuso con claridad la tarde del 26 de mayo ante un bravo ejemplar de González Sánchez-Dalp, antes de pasear triunfalmente el ruedo con los máximos trofeos. El último revolucionario del toreo actuó como matador en el coso cordobés –también lo hizo como rejoneador-  en 13 corridas de toros, lidiando 27 toros con un balance de 9 orejas y 1 rabo.

Paco Ojeda. Madrid 1983, año de la revolución ojedista
Un día después, el 27 de mayo de 1983, Vicente Ruiz El Soro también cortaría los máximos trofeos a un ejemplar de la divisa de Puerta Hermanos. El valenciano, que forjó sus comienzos como novillero en la plaza cordobesa, donde gozó de gran predicamento por su espectacular forma de banderillear, actuó 6 tardes como matador, lidiando 12 toros y cortando 10 orejas y 1 rabo.

Tomás Campuzano cortó el penúltimo la tarde del 28 de mayo de 1986 a Balconero, de don Victorino Martín. Si inolvidables resultan los encierros lidiados en la década de los ochenta por el gran ganadero de Galapagar, no es menos memorable la faena del torero ecijano, en la que templó largos y ligados muletazos al encastado y noble albaserrada, al que estoqueó de forma soberana. Tomás actuó en la plaza de Ciudad Jardín 9 tardes, lidiando 19 toros con un balance de 12 orejas y 1 rabo.

Plaza de toros de Córdoba. Foto FIT
La nómina de los trece matadores de toros que han conseguido los máximos trofeos la cierra, de momento, José Antonio Morante Camacho, Morante de la Puebla, que el 1 de junio de 2013 recibió las dos orejas y el rabo de Guasón, de don Juan Pedro Domecq. El torero de La Puebla del Río ha sumado en Córdoba 17 corridas, lidiando 33 toros y cortando 13 orejas y 1 rabo.

jueves, 18 de octubre de 2018

LLENOS EN EL COSO DE "LOS CALIFAS"

Por Antonio Luis Aguilera
Paseíllo en la cordobesa plaza de Los Califas
Desde el 9 de mayo de 1965, fecha de su inauguración, hasta el final de la temporada de 2018, en la cordobesa plaza de Los Califas se han celebrado 802 espectáculos taurinos (247 corridas de toros, 49 de rejones, 187 novilladas con picadores, 71 sin los del castoreño, 156 becerradas, 41 espectáculos cómico-taurinos y 51 festivales benéficos), habiendo registrado el recinto 46 llenos en su aforo, de los que 33 fueron aparentes y 13 absolutos, es decir, con todas las entradas agotadas en taquillas y colocado el cartel que informa al público: “No hay billetes”. 

Clasificados por la categoría de los festejos, 21 se registraron en corridas de toros, de los que 12 fueron aparentes y 9 absolutos; 2 en novilladas con picadores, siendo 1 absoluto; 1 en novilladas sin picadores; 8 en festivales benéficos, con 3 absolutos; y 14 aparentes en la popular y centenaria becerrada homenaje a la mujer cordobesa. Veamos quienes fueron los protagonistas de estos acontecimientos:

Manuel Benítez El Cordobés
Manuel Benítez El Cordobés  lo consiguió en 7 ocasiones durante los años 1965 (9, 25 y 26 de mayo), 1966 (25 de mayo), 1967 (27 de mayo) y 1968 (25 de mayo y 29 de septiembre), pero, aunque resulte extraño por su inmenso poder de convocatoria, en ninguna se colgó el cartel de “no hay billetes”. 

Retirado del toreo el diestro de Palma del Río, el coso de Ciudad Jardín no volvió a llenarse hasta la llegada del prestigioso ganadero don Victorino Martín de Andrés, que con sus albaserradas lo hizo en 2 ocasiones, el 25 de mayo de 1985, con todo el papel agotado por primera vez en una corrida de toros en la nueva plaza, y el 30 de mayo de 1987. 
Juan Serrano Finito de Córdoba
Juan Serrano Finito de Córdoba, que desde sus inicios como novillero sin picadores había despertado a la ciudad y su provincia de un profundo letargo taurino, volvió a llenar el coso levantado en terrenos de la antigua Huerta de la Marquesa. Lo hizo en 7 ocasiones, de las que en 6 agotó el taquillaje. Fue en los años 1991 (23 y 25 de mayo, agotando en ambas el papel), 1992 (29 y 30 de mayo, colgando el cartel en la segunda), 1993 (28 y 29 de mayo, vendiéndose todo el billetaje en las dos) y 1995 (27 de mayo, despachándose en taquillas todas las localidades).

Julián López El Juli en su presentación como matador de toros en Córdoba, 28 de mayo de 1999, agotó todas las entradas. También llenó el 25 de mayo de 2000, pero entonces fue aparente y con la solidaria convocatoria de Enrique Ponce y Finito de Córdoba; y el 25 de mayo de 2001, aparentemente, anunciado con Joselito y José Tomás.

José Tomás
Sería precisamente José Tomás quien tras unos años retirado de los ruedos y reaparecer con enorme tirón taquillero, llenó aparentemente la plaza el 28 de mayo de 2008, actuando con Finito de Córdoba y Daniel Luque, y el 26 de mayo de 2009, que se agotaron todas las localidades, alternando con Finito de Córdoba y José Luis Moreno.

Como anteriormente hemos reseñado, en la categoría de novilladas con picadores el coso se llenó en 2 ocasiones, ambas protagonizadas en apasionantes mano a mano por los novilleros cordobeses Finito de Córdoba y Chiquilín, que lidiaron reses de Torrestrella, acartelados ambas tardes con Luis Domecq, que rejoneó un utrero de la divisa familiar. El primer lleno, con todo el papel vendido, fue el 23 de mayo de 1990, y el segundo el 22 de junio del mismo año, fecha en que el coso volvió a llenarse hasta el tejado, aunque inexplicablemente esa tarde no se colocó  en taquillas el  cartel de “no hay billetes”.

 Tarde de toros en Los Califas
Por extraño que parezca el coso también se llenó para presenciar una novillada sin picadores, aunque el interés del público no era precisamente el taurino. En los sorteos de regalos efectuados en las novilladas sin picadores y becerradas nocturnas celebradas en los años sesenta para llevar público a la plaza, la estrella no solo era el popular coche Seat-600, que con suficiente antelación era paseado por la ciudad sobre una camioneta con el cartel “¡A los toros. Vaya andando y vuelva en coche!”, sino el de una vivienda, sorteo en el que participaban todas las localidades vendidas en las nocturnas del verano, y que se celebraba en la última de las programadas. Esto explica que el 7 de septiembre de 1968, víspera de la festividad local de la Virgen de la Fuensanta, el coso se llenara a reventar para contemplar las hazañas toreras de Manuel Acevedo, Juan José López Cuevitas, Antonio Álvarez El Hortelano y Modesto Adame El Palmerito, que lidiaron tres erales de don Ángel Sánchez  Rodríguez, y uno de Mencos Armero (3º), pues al final del festejo llegaba el momento de la ilusión para muchas familias necesitadas y no pocas parejas de novios, que anhelaban salir de la plaza con las llaves de un piso de su propiedad. El agraciado resultó don Alonso Morales, vendedor de cupones de la ONCE en la plaza de Las Tendillas, que recibió las llaves de una vivienda en la calle Doña Berenguela, situada en la barriada de la Huerta de la Reina.
Justo es constatar que otros aspirantes a fenómenos consiguieron llenar el coso hasta 14 ocasiones vestidos de corto en la popular becerrada homenaje a la mujer cordobesa (festejo que se celebra en Córdoba desde 1898, con la excepción de 1986). Los llenos se registraron en los años y con los protagonistas que se indican: 1968 (Paco Luna, Pedro Dorado Molina, Francisco Moreno, Pedro Flores); 1969 (José Luis Jurado Jodral, Rafael Pérez Lamarca, Juan Antonio López Pérez, Luis Gavilán Sánchez); 1974 (Eusebio Fernández Serranito, Joaquín Martínez, Juan de Dios de la Rosa, Alfonso Ortiz);  1975 (Joselito Torres, José Manuel El Sagre, Rafael Lamarca, Joaquín Martínez); 1979 (Antonio Tejero, Antonio Romero, Luis Rodríguez, José María Tejero); 1980 (Antonio Romero, Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa); 1981 (Rafael Herrero, Juan Carlos Domingo, Antonio Manuel de la Rosa, Rafael Mangas); 1983 (Emilio González, Paco Trujillo, Antonio Pavón, Rafael Naz); 1985 (José María Franco, José Antonio Maldonado, Manuel Rodríguez Palitos, Cayetano de Julia); 1988 (Paco Benítez, Rafael M. López, Manuel Casado, Ángel Quero); 1991 (Nelson Villegas, Paquito Asensio, Beltrán Torres, Javier Castro); 1992 (Medina Núñez, Antonio Pérez, Antonio Sanz, Alejandro Castro); 1993 (Juan de la Rosa, Pepe Guerrero, Raúl Sanz,  Sergio Sanz) y 1997 (Víctor Martínez, Fernando Medina Tello, Rafael Sánchez Pulido, Juan Antonio Cobos Martínez, Miguel A. Ruiz Viana, Manuel Luna Pérula, Francisco Cost Niño del Alamillo).

Festival del Cáncer en Córdoba
Completamos este documento histórico dejando constancia de otros 8 llenos que el coso ha registrado hasta 2018. Se consiguió en estos festivales benéficos:

21 de abril de 1968, a beneficio de los pobres, con la actuación de Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito, Fernando Tortosa y Curro Martínez Botines.

18 de marzo de 1978, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación del rejoneador Álvaro Domecq Romero y los matadores Manuel Benítez El Cordobés, Gabriel de la Haba Zurito y Manuel Cano El Pireo.

22 de abril de 1979, a beneficio de la Escuela de Tauromaquia del Círculo Taurino de Córdoba, con la actuación de los matadores Paco Camino, Gabriel de la Haba Zurito, José María Manzanares, Niño de la Capea, y los novilleros Fernando Vera, Fermín Vioque y Antonio Tejero.

19 de septiembre de 1985, organizado por la Junta de Andalucía en homenaje a los pensionistas de la Comunidad Autónoma, con la actuación de Manolo Vázquez, Diego Puerta, Paco Ojeda, Espartaco y los novilleros Paco Zurito y Rafael Gago.

25 de marzo de 2006, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con la actuación de Leonardo Hernández, hijo, José María Manzanares, Enrique Ponce, Jesulín de Ubrique, Rivera Ordóñez, Salvador Cortés y Julio Benítez El Cordobés, hijo.

10 de marzo de 2007, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba, con el papel agotado y el cartel de “no hay billetes”, con la actuación de Ortega Cano, Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Fandi, Salvador Cortés y el novillero Daniel Luque.

2 de marzo de 2008, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el billetaje agotado, actuaron Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, Rivera Ordóñez, El Cid, El Fandi, Daniel Luque y el novillero Ignacio González.

26 de marzo de 2011, a beneficio de la Asociación Española contra el cáncer en Córdoba y con el papel agotado, con la actuación de Enrique Ponce, Finito de Córdoba, Manuel Díaz El Cordobés, El Juli, Cayetano Rivera y el novillero Juan Ortega.
Vista aérea de la plaza de Los Califas
Deseamos de corazón que los aficionados cordobeses puedan añadir datos en los próximos años y actualizar este documento. Sería señal inequívoca de que Córdoba habría recobrado el pulso taurino. Mas para ello es indispensable una mayor iniciativa de la empresa. No basta abrir la plaza cuatro días en mayo y echar el cierre hasta el año siguiente. También, que la sociedad propietaria que firma el contrato exija unas condiciones mínimas para una plaza de primera categoría, como celebrar al menos una novillada con picadores en feria, y comprometer al arrendatario a colaborar en la organización del que era hasta hace muy pocos años el tradicional festival a beneficio de la Asociación Cordobesa de Lucha contra el Cáncer, que tanto bien ha hecho y hace por las personas que sufren la enfermedad. Y por supuesto, que peñas, tertulias taurinas y  aficionados acudan a los festejos que se anuncien, pues sin el apoyo de todos los que de verdad aman la Fiesta nunca saldrán nuevos toreros y Córdoba solo será importante en la historia del toreo. El presente hay que trabajarlo sumando voluntades.