lunes, 11 de febrero de 2019

EL APODERADO (y II)


Por Antonio Luis Aguilera
Manuel Flores Cubero. Foto Marogo
2ª parte de la tertulia taurina celebrada el 3 de abril de 1992 en el Hotel Meliá Córdoba, con el apoderado Manuel Flores CuberoCamará” y el comentarista taurino Rafael Sánchez González. Fue emitida por Onda Cero Córdoba, y figura incluida en el libro Tertulias Taurinas en Córdoba 1991-1992, editado por la Diputación Provincial de Córdoba.

Rafael Sánchez: Me vais a permitir que tengas un recuerdo hacia Pepe Camará, que para mí fue una sorpresa. Desgraciadamente lo conocí tarde, en su etapa de empresario en Córdoba. En diversas ocasiones que se montó la tertulia, pude comprobar cómo hablaba de toros, con ese conocimiento y con una gran amenidad. Yo, que soy un hombre que me encanta oír hablar de toros, quedaba embaucado, porque hablaba realmente bien, y además te contaba las cosas agradables del toreo. En el taurinismo sabemos que existen muchos momentos amargos; sin embargo, siempre tenía ese recuerdo grato para la Fiesta.

Confirmación de alternativa de Paquirri, de manos
de Paco Camino en presencia de José Fuentes.
Porque al ser un apoderado de campanillas puede parecer que todo lo que reluce es oro. Sin embargo, los entre bastidores son muy complicados. Y quiero recordar también una anécdota contada por Paquirri, que toreaba en Valencia, en los comienzos de llevarlo don José Flores. El público estuvo más decantado por un torero, que Paquirri reconoció que no había estado tan bien como él, mientras estuvo cicatero a la hora de pedir trofeos para Francisco Rivera -se entregaron en honor hacia ese otro torero-. Cuando lo comentaba entre barreras con Camará, creo que le contesto:
—Aprende a ser yunque para cuando seas martillo.
Eso es muy importante, porque hay que decirlo en los momentos justos, como bien ha dicho Manolo. Y los que hemos seguido a muchos toreros por amistad o por simpatía, hemos visto en muchas ocasiones esas habitaciones repletas de público “agradando” al torero porque ha estado bien o porque ha cortado las orejas. Y luego viene la soledad, esa soledad del mozo de espadas, que diría es el elemento de mayor intimidad con el diestro cuando no está el apoderado, pues este, al fin y al cabo, es su confesor espiritual.

Córdoba mandó en el toreo con el tándem Camará y Manolete. 
Y serían tantas las cosas que nos podría contar Manuel Flores, que nos quedaríamos sorprendidos de lo que representa un apoderado para un torero. De todas formas, Antonio, puede que alguien que esté escuchando la emisión, de los muchos que la oyen, se pregunte que con don José Flores también llegó, paralelamente, al unísono, el decaimiento del toreo. Me parece que es un tema que deberíamos abordar.
El apoderado se toma la obligación de velar por la carrera del torero; digamos, en una mala comparación, que se trata de un producto que tiene que cuidar, porque a su vez dependen, no ya el éxito de la propia Fiesta al ser una figura, sino una serie de personas que van relacionadas con el torero. Entonces ¿qué sucede? Pues que el apoderado tiene que cuidar al máximo que ese torero vaya con las mejores garantías y pueda torear un mayor número de festejos.
Y lo quiero decir delante de Manolo Camará porque, si en algún momento estuviera confundido, me puede corregir. A partir de ahí, entonces se interpreta el mimo del apoderado hacia el torero: tiene que procurar que vaya con las condiciones óptimas no solo en el aspecto económico, sino cuidando el cartel, buscar esa ganadería que vaya más a tono con sus características, evitar que sean unos hierros violentos para el tipo de toreo que ejecuta el diestro, etc. De ahí en adelante, pues posiblemente -y esto no se lo achaquemos ni mucho menos a Camará, porque ya ha llovido desde entonces-, ha ido tomando protagonismo el apoderado. Y en algunos casos ha degenerado -ya los tiempos que corren-, que con el monopolio ha tomado tanta importancia el apoderado como el torero.
Sé que me va a decir Manolo que a la hora de la verdad quien estará en el ruedo será el torero. Y aquí viene a pelo, sin dar nombres, ese torero que le dijo el apoderado, cuando este le comentaba que iban a torear en un sitio donde le pagaban un millón de pesetas:
—Don Manuel -conste que no se trata de Manuel Flores- ya le dicho a usted que no me haga corridas por menos de un millón y medio de pesetas.
A lo que contestó el apoderado:
—Dame motivos y podré pedir, no uno y medio, sino dos.
Y claro, es que el torero no cortaba ni una oreja. Entonces, por mucho que se empeñe el apoderado, difícilmente se puede pedir la cantidad que el torero pretende ganar.
José Flores González Camará
Manuel Flores: Realmente, en parte llevas razón. El apoderado es quien se ha encargado de hacer que el torero desarrolle su labor profesional lo más cómodo posible. Pero eso es una cosa que siempre ha existido.
Lo que ocurre es que antes, en lugar de hacerse esa serie de mimos por parte del apoderado al torero, se lo hacían las propias figuras a sí mismos. Nosotros hemos hablado muchísimo con mi padre. Y él nos contaba infinidad de cosas de Gallito, siempre nos relataba de la forma que era, que cuando salía un muchacho lo cogía, se encerraba con él y acababa en dos minutos… Y en una ocasión recuerdo que le contestamos:
—Sí, papá pero cuando te ponías al lado de él era con la de Benjumea y compañía; en cambio, la de Murube y las buenas se las "comía" con Belmonte. No os ponía vosotros. ¡Y eso que era el más poderoso que había...!
Luego esos cuidados los han tenido siempre todas las figuras. Lo que ocurre es que antes eran los toreros los que se cuidaban, y después del tándem de mi padre con Manolete, fue el apoderado quien asumió esa responsabilidad.
Hay que tener en cuenta que mi padre cuidó a Manolete lo máximo que consideraba debía cuidar a una figura del toreo, pero Manolete siempre tenía sus gestos, en parte de acuerdo con mi padre y en parte porque mi padre lo obligaba, porque para ser figura del toreo había que tenerlos. Hoy en día los toreros tienen pocos gestos. Tienen pocos porque si mi padre como apoderado puso el listón en cuatro, el que vino detrás quiso ponerlo en cinco, y el otro que vino después quiso ponerlo en seis. Ha llegado el momento en que los toreros se cuidan demasiado, se llevan un poco entre algodones. Y eso no es beneficioso sino perjudicial.
Antonio L. Aguilera: José María de Cossío, en su extraordinaria enciclopedia, pondera las cualidades de don José Flores y afirma que sus defectos, corregidos y aumentados por sus sucesores, ha sido los que prevalecen.

Confianza ilimitada entre torero y apoderado
Rafael Sánchez: Siempre ocurre igual. Generalmente, cuando se intenta copiar a una figura lo que se copian son sus defectos. Porque si Camará cuidaba a sus toreros, los demás apoderados lo hacían también, pero Camará en cualquier momento sabía cómo tenía que decirles donde debían dar la cara a la hora de la verdad. No basta solo con decir llevo a este torero y le voy a poner estas corridas comerciales. No, hay que conocer también las posibilidades del torero que llevas. Y el apoderado sabe mejor que nadie cómo cuenta con el torero que lleva en sus manos. Por eso, como dice bien Manolo, posiblemente se estén llevando ya de una manera casi peligrosa, entre algodones, de tal modo que cuando llega el momento de la verdad se las ven y se las desean para salir adelante.
Antonio L. Aguilera: Manolo comentaba que los gestos de las figuras se han difuminado con el paso del tiempo. Ahora que no son habituales las llaman "gestas" y las anuncian a bombo y platillo.
Rafael Sánchez: Además, Antonio, creo que pierden el calificativo de gestas. Por ejemplo, cuando Espartaco se decide a torear la corrida de Miura en solitario, es porque su apoderado cogió onda de que Joselito lo iba a desafiar -valga la palabra- para torearla mano a mano; entonces prefiere torearla en solitario antes de enfrentarse a otro torero, que puede tener más suerte en el sorteo y poner en entredicho su trayectoria.
Magistral lance rodilla en tierra de Antonio Ordóñez en Sevilla. Foto Arjona
Cuando un torero ve su carrera un poco mermada recurre a esas ganaderías más encastadas y difíciles para recuperar el sitio. Sin embargo, nunca en la historia del toreo las gestas quedan reducidas a cuatro cosas. De ahí que como aficionados tengamos que decir que Antonio Ordóñez, en cuanto a los hierros que toreó, quizás sea de las últimas figuras del toreo que han pasado con mayor dignidad, porque sus últimos fueron con toros del Conde de la Corte, Pablo Romero, etc.
Hoy, porque el torero se ha convertido en un producto al que hay que cuidar para sacarle el máximo provecho, pues se le lleva a con tal cuidado que el aficionado se queda con las ganas de ver la auténtica rivalidad, con esas divisas que pueden dar la justa medida de los toreros. Realmente no tienen ningún problema.
Recuerdo un año que Capea toreó más que ninguno. No tuvo suerte en la feria de Zaragoza, y nada más terminar ésta firmó dos corridas para el año siguiente, cuando no había salido de la feria con un papel aceptable. Y estoy hablando de un diestro de la categoría de Pedro Moya. Pero resulta que estaba en manos de una casa muy poderosa y no importaba que tuviera una mala tarde o varias en una feria determinada, porque tenía hechas seguras las del año siguiente.
No estamos en los tiempos aquellos en que cortar una oreja en Madrid abría las puertas de muchas plazas.
Antonio Luis Aguilera y Manuel Flores Cubero. Foto Marogo
Antonio L. Aguilera: Manolo, con tantas figuras del toreo como han pasado por las manos de la dinastía Camará, seguramente habrá observado de forma privilegiada la evolución de la Fiesta en estos últimos cincuenta años.
Manuel Flores: Bueno, sí, desde que soy aficionado y estoy viendo toros pues he visto la evolución. Indudablemente la Fiesta ha ido abocada a que lo principal sea el último tercio. Se han perdido prácticamente los quites, pero no porque los toreros no quieran o no sepan practicarlos, sino porque realmente los quites se hacían porque había algo que quitar, que por eso se llamó quite. Realmente ahora no hay nada que quitar, porque el toro no puede con el caballo, que es cuando se hacían, cuando este podía con el caballo y había que quitarlo.
"Los quites se hacían porque había algo que quitar"
Foto: Ignacio Perelétegui
Luego, como normalmente antes el toro pesaba cien o algunos kilos menos que ahora, tenía mayor movilidad y entraba dos o tres veces al caballo, porque de primeras no se picaba. Entonces tenía que entrar al caballo y por turno cada matador estaba en su derecho de hacer el quite, si pensaba que era el momento idóneo. Claro, como eso se acabado, pues se ha terminado la competencia.
Indudablemente, el toro que el ganadero ha ido formando y criando, lo ha sido pensando siempre en el último tercio. Recuerdo que entonces, en los años cuarenta, incluso en los cincuenta, no se le pegaba nunca a un toro más de treinta muletazos. ¡Y ya eran bastantes…! Cuando se decía que fulano le había pegado treinta pases a un toro era una cosa importante. Y sin embargo, de los años sesenta para acá, pues había quien machacaba a un toro y le pegaba cien pases, ochenta, noventa… Y ahora igual. Claro, el toro de ahora lo han “fabricado” para que admita esos pases, el de antes no los admitía.
Rafael Sánchez: También han cambiado los gustos del público. Hoy difícilmente soportaría una faena de doblegar a un toro, de dominarle…
Antonio L. Aguilera, Manolo Camará y Andrés Rodríguez. Foto Marogo
Manuel Flores: Las faenas esas de doblegar y poder, las de Domingo Ortega de los años treinta, y de Marcial Lalanda… Yo me precio de haber visto torear a Juan Belmonte vestido de torero -que no es cosa pequeña-, y en el toreo, desde los años cuarenta hacia acá, no ha salido ningún toro que necesitase ese tipo de toreo que dicen que hacía Domingo Ortega en los años treinta. Lo que ocurre es que el toro no aguantaba más de treinta pases, y el torero en esos treinta pases tenía que estar bien con el toro.
Sí es cierto que el toro tenía bastante más movilidad de la que tiene ahora. También, que el público ha cambiado de gustos y exige menos a los toreros. Hoy día se le exige bastante menos a un torero. Recuerdo de aquella época del toreo los años cincuenta, faenas buenas, de veinte pases buenos, con el público caliente dispuesto para dar la oreja, y porque la espada caía dos o tres dedos más baja de lo normal, aquello se diluía totalmente. No había ni opción para que aquello continuase en plan de éxito. Sin embargo, ¿ahora cuántos toros vemos matar, no ya en el rincón de Ordóñez, sino en el sótano del hotel, y se cortan orejas con facilidad…?
Eso quiere decir que los gustos del público han cambiado también.
Antonio L. Aguilera: Hasta las broncas han derivado en indiferencia.
Manuel Flores: Ten en cuenta que los públicos de los espectáculos de masas son ya más educados. Y el hecho de meterse con una persona, que en el fondo está más indefensa que quien está arriba en el tendido, pues por ética, ha llegado un momento en que el público le tiene más respeto. No por el hecho de que el torero esté exponiendo la vida, porque quizás antes se exponía más que ahora, pero sí por el hecho del respeto a la persona. Indudablemente, la educación se tiene que notar en algo.
Antonio L. Aguilera: Efectivamente, pero ese respeto del público también favorece a los toreros birlongos.
Manolo Camará 
Manuel Flores: Si, indudablemente. Si el público les exigiese los toreros, por ejemplo, en el caso que he dicho antes, que si a un torero le cae la espada al entrar a matar un dedo dos más abajo de lo que es la cruz del toro -que era lo que se exigía antes- todo lo que hubiera hecho no sirviera para nada, aseguro que el torero se esmeraría en matar los toros por arriba como antes ocurría. Lo que ocurre es que como el público ha ido evolucionando y admitiendo eso que es más fácil que lo otro, pues el torero ha ido adaptándose a su propia comodidad. ¿Es lógico, no?
Rafael Sánchez: Manolo, el apoderado que lleva a un torero debe estar identificado con este hombre, pues de lo contrario difícilmente lo apoderaría, debe tener plena confianza en él. Pero, claro, sin olvidarnos que el apoderamiento es una profesión, puede existir el torero comercial y el de gusto. Sin citar toreros actuales, para evitar suspicacias, ¿qué torero le hubiera gustado apoderar a Manuel Flores, de los que no haya llevado -que ya es difícil en esta casa-, porque encaje más en sus gustos taurinos?
Manuel Flores: Hombre, comercialmente…
Rafael Sánchez: No, comercialmente no, como aficionado.
Pepe Luis Vázquez. El grandioso torero
 del sevillano barrio de San Bernardo.
Manuel Flores: Hombre, como aficionado me hubiera gustado apoderar a Pepe Luis Vázquez, padre. Era un gran torero, superdotado inteligentemente, un torero para que el apoderado disfrutase viéndolo, y además con la confianza de que iba a resolver una serie de problemas que a otro tipo de torero pues le costaba trabajo resolver, o si los resolvía lo hacía con más angustia para el apoderado que como los resolvía Pepe Luis Vázquez. Creo que ese es el torero que me hubiese gustado apoderar.
Antonio L. Aguilera: Manolo, con la enorme experiencia de tanta figura del toreo como ha pasado por la casa Camará, ¿qué piensa cuando escucha que hoy se torea mejor que nunca?
Manuel Flores: Hoy se torea con más perfección que antes. ¿Mejor…? No sé si utilizar esta palabra… Lo que ocurre es que se torea con más perfección, porque el toro se presta a esto, embiste con más templanza. Por eso los toreros pueden desarrollar mayor número de veces ese toreo templado que agrada a todo el que sea buen aficionado. ¿Qué se torea mejor…? ¡No!
Rafael Sánchez: Creo que el toreo como arte no se puede sacar de lugar. En todo momento se ha toreado, como bien ha dicho Manolo, en consonancia con los gustos del público y de las divisas que imperaban. También estoy de acuerdo en que no se puede decir que ahora se torea mejor que antes. Estoy seguro de que Guerrita hubiera sido figura hoy, y Espartaco en la época de Guerrita; aquél coloso del toreo se hubiera adaptado a lo de ahora.
Rafael Guerra Guerrita
Siempre recurrimos al ejemplo del atleta que ganó la medalla de oro en el salto de altura en Berlín en 1942. Esa altura la saltan hoy cuarenta, pero entonces era el único que la saltaba, y no se puede decir ahora que lo de aquél hombre no tenía importancia. Las cosas no se pueden extrapolar. Hay que considerar a las figuras en el momento que lo han sido, más en una profesión en la que cada vez se exige más. Fijaros como un chaval que empieza tiene que clavar los pies en el sitio, porque de lo contrario le están diciendo que no sirve cuando ni tan siquiera ha podido demostrar lo que lleva dentro. ¡Es dificilísimo ser torero! De ahí nuestra admiración por todo cuanto circunda alrededor del toro.
Antonio L. Aguilera: Manolo ¿qué le dice esos muchachos de Córdoba que sueñan con ser toreros?
Manuel Flores: Pues que sigan soñando, que tengan mucha afición, mucha paciencia, y que no se les vaya ni una sola ocasión, que el día que tenga ocasión de torear en público lo hagan con los cinco sentidos, porque si realmente tienen cualidades desde el primer momento les saldrá quien les ayude a ser figura del toreo.
Antonio L. Aguilera: Y ya que hablamos de chavales ¿qué opinión le merece esa novedad del Reglamento que tanto llama a la atención del aficionado, sobre que los noveles puedan lidiar erales despuntados?
Manuel Flores: Pues, hombre… Creo que es una medida buena, humanitaria… Pero viene a refrendar lo que hemos hablado antes de la comodidad que tienen los toreros.
Recuerdo haber oído hablar a mi padre de su época de principiante. Y uno se lleva las manos a la cabeza cuando entonces, a un chaval de doce años, lo ponían delante de un toro en puntas de cinco años. A él, para probarlo, lo llevaron a la Venta de Vargas cuando aún tenía babero, con once años, y lo pusieron delante de un toro de Félix Moreno, con cinco años, tuerto, y con las puntas…
Bueno, pues si ahora le van a cortar a los erales las puntas para poner a los chavales con dieciséis años o más, porque antes tampoco se les autoriza oficialmente a ponerse, pues… De ahí viene la evolución del toreo.
Manolete camino de la plaza. En primer plano, José Flores González,
matador de toros y fundador de la célebre dinastía de apoderados.
Antonio L. Aguilera: Manolo ¿continuará la dinastía Camará a través de sus hijos?
Manuel Flores: No, en el tema del apoderamiento, no. Ellos son muy aficionados. Tengo uno que es un gran aficionado, de los buenos, y sería capaz de desarrollar esta profesión como yo o mejor, pero quiero que ellos siempre tengan otra cosa, otra profesión a desarrollar, que esto lo tomen, si no como hobby, como segunda profesión.
Es muy desagradable poner la ilusión en un torero y que, por faldas o mangas aquello se venga abajo en veinticuatro horas.
Rafael Sánchez: Antonio, quiero agradecer la oportunidad que me has brindado para estar junto a Manuel Flores. Nosotros, que hemos estado en algunos momentos en desacuerdo en su etapa de empresario, siempre hemos encontrado en él talante de diálogo. Esto es muy importante, más en el mundo del toro, donde tanto desagradecido y tanto incomprendido estamos.
Indudablemente, nuestro agradecimiento a Manolo. Y decirle que nos hacía mucha ilusión que un torero de Córdoba y el apellido Camará hubiesen podido volar alto, porque sabemos que tanto Finito como torero, y Manuel Flores como apoderado, van a seguir siendo gente en el toro. Siempre encontrarán en nosotros, sin lugar a dudas, un amigo.
Manuel Flores: Te agradezco tus palabras. Indudablemente Finito tiene unas cualidades inmejorables para ser una primera o primerísima figura del toreo. Con el tiempo estoy seguro de que llegará, que las desarrollará. A mi, quizás, no me de tiempo ya.

Mezquita de Córdoba
Quiero dar las gracias por darme esta oportunidad de dirigirme personalmente a la afición cordobesa, para decirle que a nosotros -la familia Camará-, nos ha enorgullecido siempre llevar el nombre de Córdoba por todos los sitios que hemos ido.
Antonio L. Aguilera: Manolo, muchas gracias por la atención que ha tenido con nosotros, porque ha hecho posible este programa sobre la figura del apoderado. Ha sido un lujo ofrecer las palabras de un extraordinario profesional, digno representante de la dinastía que hizo mandar a Córdoba en el campo del apoderamiento: la casa Camará.
Gracias también a ti, Rafael, por tu valiosa aportación.


sábado, 2 de febrero de 2019

EL APODERADO (I)

Por Antonio Luis Aguilera
Manuel Flores Cubero Camará. Foto Marogo
Tertulia taurina celebrada el 3 de abril de 1992 en el Hotel Meliá Córdoba, con el apoderado Manuel Flores CuberoCamará” y el comentarista taurino Rafael Sánchez González. Fue emitida por Onda Cero Córdoba, y figura incluida en el libro Tertulias Taurinas en Córdoba 1991-1992, editado por la Diputación Provincial de Córdoba.

Córdoba no solo mandó en el toreo de barreras hacia fuera, también desde estas hacia dentro. José Flores González, matador de  toros cuya carrera se desarrolla en la “edad de oro del toreo”, revela en los años cuarenta, ya retirado de los ruedos, sus expertos conocimientos sobre los entresijos del planeta taurino y otorga verdadera personalidad a la figura del apoderado, pues define las competencias del torero y las de su representante, mientras deroga tácitamente la hasta entonces vigente figura de un apoderado sin iniciativa alguna, cuya misión se limitaba  exclusivamente a cumplir las órdenes del torero.
José Flores Camará y Manuel Rodríguez Manolete
No cabe duda de que Manolete revolucionó el toreo de su época, pero tampoco de que fue Camará quien hizo valer en los despachos la auténtica dimensión de la gran figura que representaba, rentabilizando sus triunfos para que mandase sin contemplaciones dentro y fuera de los ruedos. El éxito del tándem, como así se le denominó en su momento, solo puede explicarse desde una ilimitada confianza recíproca, verdadero soporte para que las inigualables dotes de cada uno resolvieran, de la forma que lo hicieron, en sus respectivos ámbitos profesionales.
La tragedia de Linares estuvo a punto de marcar el punto final de José Flores como apoderado. Sin embargo, estimulado por amigos y familiares, decide regresar a su actividad. Aún le quedaban cosas por demostrar, entre ellas, que sin la presencia del llorado Manuel siguió mandando en lo suyo, y que el prestigio de la casa Camará -pues el apodo tuvo sucesión con el paso del tiempo en sus hijos Pepe y Manolo-, por seriedad y responsabilidad, otorgaba el sello de figura del toreo a la mayoría de los diestros que representaba.
Para hablar sobre la figura del apoderado, quisimos conocer la opinión de Manuel Flores Cubero, último representante de la dinastía Camará, de quien empezamos diciendo que, acudiendo puntualmente a la cita concertada, nos dejó un testimonio impresionante, porque tenía motivos más que sobrados para cancelarla, debido a que su madre se encontraba gravemente enferma -falleció dos días después de esta tertulia-. Sin embargo, al desplazarse expresamente desde Sevilla a Córdoba, el gesto de Manolo recordaba que el valor de la palabra dada estaba por encima de las circunstancias, por duras que estas fueran.
Nos acompañó en la mesa Rafael Sánchez González, amigo y compañero en la información taurina de la cadena SER en Córdoba.

Antonio L. Aguilera: Seguramente que Rafael, experto en recopilación de datos taurinos, se habrá provisto de la extensa relación de toreros que han sido apoderados por la casa Camará. Sería interesante comenzar el programa con perspectiva histórica.

Rafael Sánchez González
Rafael Sánchez: Creo que casi todo el toreo ha pasado por las manos de Camará. Mi compañero José María Montilla, que siempre ha sido un enamorado de esta casa, en más de una ocasión ha dicho que Córdoba ha mandado en el toreo hasta cuando no ha tenido toreros, porque en el intervalo de tiempo transcurrido entre Manolete y El Cordobés, el que mandó en el toreo fue Camará, que se preocupó y puso todo su interés en que los toreros que él apoderase mandasen en el toreo, lo que quiere decir que quien mandaba también era el apoderado.
Efectivamente he traído una relación y agradezco la presencia de Manuel Flores, porque me ha aclarado que en algunos casos el hecho de decir que tal o cuál espada iba bajo la dirección de la casa Camará, no significa concretamente que su padre fuera el apoderado. 
Así dicho, entre don José Flores o los hermanos Flores Cubero, aquí queda la relación de los toreros que han pasado por las manos de la casa Camará: Manolete, Parrita, Domingo Ortega -en su campaña americana-, Julio Aparicio, Litri, Pedrés, Ordóñez, Cascales, Chamaco, Manolo González, José María Clavel, Diego Puerta Gregorio Sánchez, Curro Romero -en dos ocasiones-, Gómez Terrón, Luis Barceló, Vicente Perucha, los hermanos de la Casa, Paquirri, que fue cuando don José Flores ya entregó prácticamente el mando del apoderamiento, habiendo puesto el malogrado torero en el sitio más alto que puede soñarse en el toreo. Y a partir de ahí, ya solo sus hijos: Paco Alcalde, Roberto Domínguez, Jairo Antonio, Dámaso González, Currillo, Parrita hijo, Miguel Márquez, etc., hasta el apoderamiento de Finito de Córdoba.
Aparicio y Litri en sus inicios, cuando eran apoderados por Camará. Foto Cano
Creo que esta baraja de toreros dice muy a las claras lo que ha significado el nombre taurino de la casa Camará, dentro de lo que representa el dirigir y llevar toreros.
Recuerdo que cuando don José Flores apoderaba, pues los carteles más importantes se componían con toreros que habían pasado por sus manos. Y el sueño más grande de un torero -igual que en el fútbol es pertenecer al Madrid o al Barcelona-, para los chavales que empezaban a torear era que los llevase don José Flores Camará, quien a partir de él tomó auténtica representación la figura del apoderado.
Decirte, Antonio, que no terminaba la baraja de toreros en los citados. Lo que ocurre es que están en el ánimo de todos: Paco Ojeda, Dámaso González, Pepe Luis Vázquez hijo, Julio Robles… De todos puede hablarnos Manolo mejor que nadie.
Antonio L. Aguilera: Tras esta introducción, vamos a escuchar la opinión de Manuel Flores, a quien comenzamos preguntando por la época qué Manolete impone sumando absolutos los ruedos y su padre en los despachos. Suponemos que fue entonces cuando verdaderamente se instituye la figura del apoderado.
Pendientes de la lidia: Guillermo,
 Camará y Manolete. Foto Cano
Manuel Flores: No, lo que se instituye es la figura del apoderado con personalidad propia junto con la del torero al que administraba. El apoderado existe anteriormente en la historia del toreo. Puedo decir que el abuelo de una tía mía fue el apoderado de Lagartijo, se llamaba Poleo. Fíjate si viene el antiguo.
Lo que ocurre es que en aquella época y en anteriores, en la de Belmonte y Gallito -yo conocí personalmente a Domingo Ruiz, que fue un apoderado que tuvo Belmonte; conocí de oídas a Pineda, que era el apoderado de Gallito-, pues estos señores en aquellos momentos eran más bien administradores, no del patrimonio del torero, sino de su profesión taurina. Porque en realidad los que marcaban las pautas, los que decidían, eran los toreros- Ellos les decían a los apoderados que los llamaría tal empresario con el que habían concretado ir a tal sitio, para que mandaran los contratos y se ocuparán de ver la corrida. Pero era el torero quien decía al apoderado lo que tenía que hacer.
Luego llegan los años cuarenta. Un poquito antes mi padre decidió unirse a Manolete, este como torero y él como apoderado. Mi padre empieza desarrollar la personalidad del apoderado que también protagoniza, y se convierte en un protagonista similar al torero, porque él consideraba que el torero tenía que ser protagonista de la barrera hacia dentro, con el toro, y que el protagonismo que el torero hubiera de tener fuera lo asumiría él, con la responsabilidad que conlleva. En parte, para evitar al torero problemas que no debe porque tenerlos, y en parte porque ese tema lo conocía mi padre mucho mejor que el torero que dirigía, en este caso Manolete.
La majestuosa elegancia de Manolete captada por Finezas en Alicante
Manolete confía plenamente en mi padre y mi padre plenamente en Manolete. Cada uno tiene la confianza mutua de que en sus terrenos no tienen porque mezclarse, y hacen un tándem que perdura durante todo el tiempo que Manolete es torero. Y claro, al desaparecer Manolete queda instituida la figura del apoderado.
A mi padre, como es lógico, aquello le afectó mucho, y de la forma en que sucede aún más. Pero al año empiezan los amigos a obligarle, a decirle que la vida hay que resolverla, que hay que sobreponerse.
Y un muchacho en el cual Manolete vio que tenía condiciones para ser torero -que es Aparicio-, pues acude mi padre y este empieza a ayudarle sin ánimo de apoderarle, pero poco a poco va tomando interés. Entonces aparece Litri, y hace el tándem Aparicio-Litri metiéndose de lleno en la profesión.
En aquella época mi hermano Pepe y yo le animamos mucho. No estábamos metidos de lleno en la cosa taurina, estudiábamos en Madrid, pero sabíamos que alguien -más que allegado a la profesión, ajeno a esta-, había dicho que al faltar Manolete desaparecía Camará. Nosotros considerábamos que nuestro padre tenía personalidad propia para que, incluso faltando Manolete, pudiera desarrollar su profesión, y lo animamos mucho para que pudiera demostrar que sabía caminar por sí solo, hecho que demostró con el paso del tiempo.
Miguel Báez Litri y Julio Aparicio. Foto Cano
Innovó en el año 1950, cuando con dos novilleros en la mano mandó en el toreo, estando como estaban Manolo González, Luis Miguel Dominguín, José María Martorell… En aquella época mi padre mandó con dos novilleros en la mano. Fíjate que en el año 1950, en la feria de Valencia, una de las más importantes de la época, solo se celebraron novilladas; no se dio ni una corrida de toros. Luego, cuando ya Litri y Aparicio se hicieron matadores de toros, siguió mandando. Y como bien ha dicho Rafael Sánchez, hizo que Córdoba siguiera mandando en el toreo durante muchos años, incluso hasta que realmente apareció El Cordobés.
Antonio L. Aguilera: Manolo, la pareja Manolete-Camará parece rozar la perfección, pues cada uno mandó en su parcela.
Manuel Flores: Pues sí, roza la perfección. Si me apuras mucho te diría que fue perfecta y creo que nunca se volverá a dar más. ¿Por qué? Pues por una razón muy simple: en Manolete concurrían una serie de circunstancias, pues como torero ha sido la persona que más cualidades importantes reunía para ser una figura del toreo; y después, en aquellas cosas en que tuviera alguna duda, como pudiera ser torear fuera de la plaza, se encontró que mi padre las resolvió perfectamente. Pero las resolvió perfectamente porque había mutua confianza, cada uno en su terreno desarrollaba lo que podía ser.
Te puedo contar la anécdota de como mi padre, llegados los momentos, arreaba a Manolete, porque sabía que era capaz de aquello, y este reaccionaba ante los arreamientos que le hacía...
Antonio L Aguilera: Por favor, continué.
México: Contrasta el gesto severo de Manolete con la
  sonrisa de Garza al saludar con el ganadero de Pastejé.
Manuel Flores: Bueno, pues muy fácil. Eso fue en las postrimerías de Manolete, te hablo del año 1946 en una corrida toros de San Mateo en México, una de las muchas que hubo.
Aquella temporada Lorenzo Garza había llevado durante todo el año una política de que toreaba mejor que Manolete, que era el mejor, que toreaba mejor con la mano izquierda… Andaba el hombre tratando de hacerle competencia. Entonces se dio la casualidad de que torearon una de San Mateo juntos. Lorenzo Garza había estado bien, pero sin redondear en el toro anterior. Manolete salió dispuesto arrimarse como siempre, más con las circunstancias que se habían dado. Y aquél toro, estando toreándolo, empezó a responderle; y cuando le respondió, lo cogió, le pegó una voltereta muy fuerte, se cebó con él, y lo llevaron bastante maltrecho hasta la enfermería, esa es la realidad. Cuando llegó a la enfermería mi padre, que iba detrás -no inmediatamente, pero iba detrás-, se lo encontró en la mesa previa que hay en todas las enfermerías. Lo miró, vio que no tenía ninguna herida, y le dijo:
—¿Tú qué haces ahí? ¿Tú vas a consentir, con los cojones que tienes, que ese te mate el toro?
Madrid. Manolete y su amor propio. Abandonando
la enfermería con gesto tenso y buscando el toro. 
Y el o otro, sin pensárselo dos veces, se levantó de la cama, salió para afuera y le cortó el rabo.
Claro, eso lo hacía mi padre porque tenía confianza de que el hombre le respondía; pero también se echaba la responsabilidad de que cuando salía aquél hombre, de aquella forma, pues lo podía coger el toro y pasarle lo que le ocurrió luego después.
Indudablemente había que llevar la responsabilidad, y arriba estaba El que disponía una cosa u otra, pero había que tener una conciencia y una compenetración tal, para uno poder hacer eso, el otro poder hacer lo otro, y solamente darse explicaciones entre ambos.
Antonio L. Aguilera: Manolo, la palabra confianza debe tener auténtico sentido en la relación torero-apoderado.
Manuel Flores: Pues, sí. Mira, el puesto de apoderado, tal como mi padre lo establece, es un puesto de absoluta confianza. Precisamente, porque hay muchos momentos en los que el torero se tiene que jugar la vida, y el apoderado tiene que instarlo a que se la juegue. ¡Eso es muy duro! Como no haya confianza mutua, ¿dime quién obliga a uno a que se juegue la vida? Tiene que ser una relación de mutua confianza, porque de lo contrario, si aquello sale mal después de tú arrear a un torero para que se juegue el pellejo, al término ya sabes lo que te espera.
Antonio L. Aguilera: Sin duda, esa confianza debe ser fruto de un diálogo sincero. Se nos viene a la memoria un pasaje íntimo de la vida de Paquirri, que fue revelado por el propio torero. Decía que, tras una tarde de éxito en la que cortó tres orejas, mientras se quitaba el vestido en la habitación del hotel, le preguntó a don José Flores qué le había parecido su actuación. La respuesta no pudo ser más sincera, pues le contestó que en lugar de tres orejas pudo haber cortado las cuatro.
Manolo, después de la corrida debe ser fundamental un diálogo reflexivo entre apoderado y torero.
José María Montilla, Rafael Sánchez, Antonio Luis Aguilera, 
Manolo Camará y Andrés Rodríguez Ortigosa. Foto Marogo
Manuel Flores: Sí, el diálogo indudablemente siempre es bueno. Pero, más que inmediatamente después de la corrida, cuando ya los ánimos se han serenado. Tú sabes que las personas en un momento de acaloramiento tratan de defenderse, y en este oficio de torero es donde más disgusta que a uno le digan la verdad. Es lo que más les repele.
Justo en el momento del acaloramiento, recién llegado de una corrida de toros, si reprendes de mala forma, violentamente o con cierto orden al torero, pues este se suele defender. Es mejor esperar a que las cosas se serenen, hacer que rememore los momentos y entonces reprender; o más que reprender, llevar al ánimo del torero las cosas que no se han hecho bien en un momento.
Antonio L. Aguilera: Manolo, una persona de su experiencia verá mejor que nadie la cantidad de coba que le dan a algunos toreros: hoteles abarrotados, palmadas en la espalda, halagos….
Manuel Flores: Sí, por supuesto. Yo, por viejo, he conocido muchas cosas. Y he visto a muchos toreros que de primeras han estado rodeados de halagos y de amigos. Y cuando las cosas no han venido bien el torero y yo hemos estado muy solos en esas habitaciones. Claro, ya uno, a estas alturas, esto lo ve de pasada; y a veces, cuando estás con un muchacho que empieza y ves tanto halago, piensas en la desilusión que se llevará cuando le llegue el momento. Porque ese momento le llega a todos. ¡Que nadie crea lo contrario! Ese momento de soledad les llega a todos; unos lo superan antes y otros después, pero ese momento les llega a todos. 

domingo, 20 de enero de 2019

EL TOREO EN LOS AÑOS CUARENTA Y CINCUENTA (y II)

Por Antonio Luis Aguilera
Reencuentro en Córdoba de José María Martorell,
Agustín Parra y Manolo Vázquez. Foto Marogo
2ª parte de la Tertulia taurina celebrada el 26 de abril de 1991 en el Hotel Meliá Córdoba con los matadores de toros Agustín Parra Dueñas, José María Martorell Navas y Manuel Vázquez Garcés. Fue emitida por Onda Cero-Radio Córdoba, y figura incluida en el libro del autor de este blog "Tertulias Taurinas en Córdoba 1991-1992", editado por la Diputación Provincial de Córdoba.

Antonio L. Aguilera: ¿Y qué opinan de las corridas que hoy se califican de gestas por considerarse duras?
Manolete otorga la alternativa a Agustín Parra Parrita 
en Valencia, el 9 de mayo de 1945. Foto Finezas
Agustín Parra Parrita: Siempre ha habido corridas de toros duras, algunas que nos ha costado más trabajo ponernos delante, por ejemplo Miura ha sido menos agradable, pero las figuras del toreo siempre hemos toreado ganaderías de toda índole. Yo he toreado de todas. Hacer un gesto de esos ahora creo que importa más a la gente que al torero. A este, por regla general, le importa muy poco torear una ganadería u otra.
Uno siempre intenta comer lo mejor posible, pero eso no tiene importancia, es normal, además es necesario demostrar a la gente que no son tan terroríficos ni muchísimo menos. Recuerdo que hace pocos años torear una corrida de Victorino era como ir a la guerra. Y no es tan fiero el león, porque el toro de Victorino, gracias a Dios, ha cogido a muy pocos toreros. Sin embargo, este año en la feria de Sevilla tres o cuatro hombres han ido para la enfermería con las de los grandes ganaderos, pero claro, la gente piensa que es una heroicidad. No, es lo que tienen que hacer, lo normal para que a la gente se le quite ese morbo de que la corrida va a coger a los toreros. No, a esa le van a cortar las orejas igual que a las otras.

Manolo Vázquez en la tertulia. Foto Marogo
Manolo Vázquez: Lo que ha dicho Agustín es una verdad como un templo. Se habla de la corrida de Victorino y resulta que esa ganadería, los que estamos aquí, la hemos matado en nuestra época, era lo de Escudero Calvo. Recuerdo haberlas matado en Bilbao. José María y Agustín, lo mismo, o sea, que es una ganadería en la que solo se habla de Victorino, porque este, por lo que sea, es muy inteligente, muy listo. Lo suyo creo que lo conocemos desde hace muchos años los tres matadores que estamos aquí. Victorino es lo de Escudero Calvo. Agustín se ha ido aún más atrás, a lo de Albaserrada. Y se mataban…
Miura ha sido una ganadería que nosotros matábamos las corridas y no llegaba la sangre al río. Era una corrida no digo blanda ni dura sino normal, de las que se toreaba en las ferias, y no en Córdoba ni Sevilla sino en el norte, en Bilbao…
José María Martorell: Manolo, lo que ocurre es que las corridas de toros duras, como dice Agustín, eran todas.
Manolo Vázquez: Recuerdo una corrida de toros en Sevilla que… ¡Bueno, cómo estaba todo el mundo con la corrida! El cartel era Martorell, Antonio Ordóñez, y yo. Una corrida de Salvador Guardiola en el año 1954.
José María Martorell: ¡Fue durísima...!
Manolo Vázquez: Me acuerdo que la vi en la venta de Antequera. Fui, cuando se exponían allí las corridas. ¡Y la corrida era una señora corrida de toros…! Aquel día maté un toro, el sexto, tras salir de la enfermería...
Había un toro en la Venta de Antequera berrendo en negro, muy bonito de cara, pero gordo como… Y todo el mundo estaba enamorado del toro. Le tocó a Ordóñez, y de salida lo cogió con el capote y le pegó una cornada. Ese toro lo mató José María. A mí me cogió el tercero, el primero mío, y fui a la enfermería. 
Hubo un momento en que se quedó solo en la plaza José María.
Pase natural de Martorell. Foto Mateo
José María Martorell: Pero solo para irme (entre risas), no para quedarme. ¡Me quedé solo…!
Manolo Vázquez: Fui a la enfermería. Domingo Dominguín padre estaba allí porque habían cogido a Antonio Ordóñez y lo iban operar. Me estaban mirando también a mí. Estábamos dos toreros en la enfermería y no querían que saliera. Hombre, no es que quiera apuntarme una heroicidad, porque tampoco he sido un héroe. Yo veía que estaba más o menos deshecho pero pensaba que Martorell estaba solo fuera con la corrida de toros. Pero si hubiera querido me habría quedado dentro.
Agustín Parra Parrita: Pero no puede ser eso, no es honrado.
José María Martorell: Hiciste bien porque me ayudaste mucho.
Manolo Vázquez: Yo decía que cómo me iba quedar dentro si podía salir y matar el toro. Y recuerdo que el último toro mío fue de los mayores que he matado en mi vida, pesó a la canal 384 kilos. Fue la época aquella en que todo empezó a cambiar, que se hablaba del afeitado... ¡Nos echaron ese pedazo de corrida de toros... Y ya ves, la matamos!
Agustín Parra Parrita: ¡Bien, hermoso…!
Manolo Vázquez: Y no era una corrida de toros dura, era normal, de Salvador Guardiola, como las que salían entonces.
José María Martorell durante la tertulia. Foto Marogo
José María Martorell: Para nosotros no existían las corridas duras sino las ferias. Había que ir a Sevilla, porque el que no iba no tenía fuerza. Y el que no iba a Pamplona tampoco tenía fuerza. Y a Bilbao, que aquello de verdad era terrorífico… ¡Ir a Bilbao a una feria…!
Ha comentado mi padrino y amigo aquella de Pablo Romero que matamos en Bilbao, recuerdo que ese día se suspendió la corrida en el primer toro. ¡Pero el que me había tocado a mí…! 
Cuando llegó la suspensión dije que la aceptaba y toreaba por la mañana siempre que ese toro no me tocara a mí… Tenía 380 kilos a la canal. Salí beneficiado… (entre risas). Quiero decir que ir a cualquier feria importante era durísimo. Todo era durísimo.
Manolo Vázquez: Y os acordaréis también que comentábamos, Sevilla y Madrid, abril y mayo. Después teníamos unos respiros relativos y cuando estábamos un poco más encajados llegaba Bilbao. Y decíamos: ¡Venga!
José María, ¿recuerdas una corrida de Pablo Romero en la Coruña?
José María Martorell: Sí, la que te pegó el toro una cornada en la nariz, que pesó 420 kilo a la canal y lo maté yo.
Manolo Vázquez: Sí, que me pegó el toro un porrazo en la cara. Bueno, si quieres decir lo de la nariz….
José María Martorell: No es que Manolo sea un gigante pero tampoco es bajo. Y aquél toro, sin humillar, le pegó con el pitón en la nariz. ¡Ya te puedes imaginar cómo sería el toro...!
Manolo Vázquez: Recuerdo que era una corrida impresionante, pero matábamos las corridas de toros y no decíamos que eran duras, sino que era una corrida de Pablo Romero, de Miura, del Conde de la Corte… ¡Y ya está!
José María Martorell: Esa frase de “corrida dura” no existía.
Antonio L. Aguilera: Maestros, ustedes tuvieron que soportar unas taras demasiado duras. A Agustín lo tildaron de torero amanoletado; José María tuvo que abrirse paso con una responsabilidad especial, la que Córdoba le echaba encima tras la muerte de Manolete; y Manolo Vázquez tuvo que demostrar que era mucho más que el hermano de Pepe Luis.
Agustín Parra Parrita: Manolo, en lo tuyo, al principio, como todos los que vienen de familia torera, ayudan un poco los ganaderos, la prensa... Pero luego, cuando ya eres novillero con fuerza, es al revés. La gente exige demasiado a los que tienen un nombre torero.
José María Martorell en Sevilla. Toreo de bragueta y mando. Foto Cano
En el caso de Martorell, comparar el cetro de Manolete y echárselo a la espalda a José María… ¡Esto es dificilísimo...! La gente echa mucha carne encima del asador.
Como en el caso de Manolo, cuando él estaba toreando extraordinariamente la gente decía: “pero su hermano...”. ¡No, señores, su hermano no, este es el torero que hay, que es extraordinario, que se asemeja a su hermano, pero que él es sensacional...! 
A tí, Manolo, sin género de dudas, te perjudico ser hermano de quién eres.
Manolo Vázquez: Así es, no cabe duda. Siempre digo que los que somos familia de toreros, eso ayuda al principio. Ahora que tanto se habla, y en cierto modo soy partidario, de las escuelas de tauromaquia, los que hemos sido familia de toreros la escuela la hemos tenido en nuestra propia casa, porque se ha oído hablar de toros, se ha estado en el campo, se ha tenido esa oportunidad con más facilidad que otros... 
Pero después cada uno tiene que demostrar quién es. La personalidad hay que demostrarla ante el toro y durante el transcurso del tiempo. Por lo tanto es odioso querer comparar una cosa con otra.
José María Martorell: Sí, Manolo, pero en el fondo quien es grande lleva el toreo dentro, y aunque al principio le perjudique, al final es mejor que quien inició la familia del toreo. Prevalece por encima de los demás. Te hablo de Gallito, de Pepín Martín Vázquez, de Luis Miguel Dominguín.
Verónica de Martorell imponiendo el viaje al toro con las manos muy bajas. Foto Cano
Las comparaciones son odiosas y perjudican, pero mira el caso tuyo, aunque tardases treinta años, tuviste esa grandiosidad, esa plasticidad en el toreo, que ojalá hubiéramos tenido Agustín o yo. ¡Porque fuiste realmente sensacional...! 
¿Te ayudó, te perjudicó…? Pero al final distes lo que llevabas dentro, lo realizaste. Esa es la grandeza del toreo.
Agustín Parra Parrita: Sí, pero cuesta mucho trabajo.
José María Martorell: Eso sí, pero esa es la grandeza del toreo.
Manolo Vázquez: ¡Y no hay comparaciones…! Sobre todo cuando en tu familia te precede una figura del toreo, porque si te precede alguien que no ha sido nadie. Pero cuando te precede alguien como…
Agustín Parra Parrita: El caso tuyo.


 Antonio Bienvenida. Foto Botan. "pero Antonio fue la realización de la familia"
José María Martorell: ¿Y la casa Bienvenida...? ¡Fíjate si hubo...! Quizás Pepe fue el gran torero, o Manolo, pero Antonio fue la realización de la familia.
Agustín Parra Parrita: Era otro corte de torero.
José María Martorell: Pero bueno, fue la realización.
Manolo Vázquez: Pero fíjate en esa familia: Manolo, por lo que oído, pues no le ví torear, creo que era un león, Pepe fue muy completo….
Agustín Parra Parrita: Muy completo con capote, banderillas, muleta y espada.
Manolo Vázquez: A Pepe quizás le hubiera faltado un poquito más de…
Agustín Parra Parrita: De más gracia.
Manolo Vázquez: Y Antonio creo que aunó lo de Manolo, lo de Pepe….
José María Martorell: Tenía simpatía.
Agustín Parra Parrita: Antonio tenía un don especial.
Manolo Vázquez: Antonio llegó a ser Antonio Bienvenida. No fue ni el hermano de Pepe, ni el hijo del Papa Negro. Fue Antonio Bienvenida
Hombre, para mí, personalmente, después de haber tenido por delante a un figurón del toreo como fue Pepe Luis Vázquez, pues llegué a ser Manolo Vázquez.
Agustín Parra Parrita: Manolo Vázquez, un figurón del toreo. Se acabó.
Manolo Vázquez: ¡Es que tiene guasa lo de hermano de, hijo de, sobrino de…!
José María Martorell: Manolo, perdona. ¡Es que Pepe Luis…! Yo he tenido la suerte y la desgracia de alternar muchas veces con él, además de que lo quiero mucho y lo admiro tanto. Es que Pepe Luis ha sido para mí algo que… ¡Yo no sé…!
Parrita: ¡Un  malas ideas hombre...!
José María Martorell: ¡No sé qué puedo decir de Pepe Luis, de verdad...! ¡Ha sido algo que pocas veces la historia podrá repetir!
Parrita otorga la alternativa a Calerito
Manolo Vázquez: Gracias a Dios estamos hablando de toreros que han dicho y hecho cosas importantes en el toreo. 
Y tenemos que descubrirnos ante ellos, igual que yo me descubro ante Parrita y Martorell.
Quiero tener un recuerdo muy grato para un torero de Córdoba con el que actué muchas tardes y que considero fue muy importante: Calerito. Lo recuerdo con muchísimo cariño, era muy amigo mío y toreamos mucho juntos.
Agustín Parra Parrita:  ¡Y toreaba muy requetebién!
Manolo Vázquez: Fue un torero posterior a José María.
José María Martorell: La alternativa se la dio Agustín y yo fui el testigo.
Manolo Vázquez: Pues si fuisteis vosotros todavía me alegro mucho más de recordar a un torero de Córdoba, que fue un gran amigo.
Antonio L. Aguilera: Maestros, ¿cómo se asimila un pasado glorioso cuando ya no se viste el traje de luces?
Triunfo de Agustín Parra Parrita
Agustín Parra Parrita: Eso es muy difícil. Mira, cuando me quité del toro -creo que a todos nos ha pasado igual-, cada vez que veía un coche de toreros, con ese botijo arriba, y salía a la carretera.... ¡Me salían hasta lagrimones! Es una cosa que no se puede explicar, un amor que se te va, algo que ya no puedes coger. Y piensas: ¡Ahora me cambiaba por ese! 
Yo estuve sin ir a los toros casi un año. No los podía ver, pasaba muy mal rato. Luego, poco a poco, vas entrando, vas a los toros. Pero ya relajado, muy relajado, veía todas las corridas. Ahora solo veo diez o doce, porque paso muy mal rato. Viendo toros siempre veo el peligro, veo que le va a echar mano a un torero, a un compañero mío, veo siempre la tragedia. Además, viendo las corridas como están saliendo, que repito y no me cansaré nunca de repetir, no embisten, pues ves a esas criaturas haciendo lo imposible por pegar dos muletazos, porque eso no anda, no se mueve, y como dice Manolo parece esa montera negra. Pasó muy mal rato.
Parrita torea al natural en Jerez
Pero para retirarse del toreo hace falta tener mucho valor. Yo admiro a Manolo, porque después volvió, consiguió lo que tenía en su pensamiento y ha vivido tres fases del toreo. Eso sí que tiene importancia. Marcharse una vez no la tiene, pero marcharse tres sí que la tiene, sí que tiene tela. Fíjate si este ha pasado pena. Lo mío ha sido un chascarrillo al lado suyo. 
Se pasa muy mal rato, porque esta profesión es muy bonita, la más bella de todas… Es enormemente bonita, como para besar continuamente al toro. Yo veo un toro en la plaza, o en el campo, que es donde más me gusta… ¡Y cuando levanta la cara: esos ojos, ese músculo, esos nervios, ese cuello, esos pitones, esas orejas…! ¡Es divino! Es un animal distinto a todos, el que ha hecho el Señor más perfecto de todos. Por eso lo quiero tanto. 
Admiro a mis compañeros, a los toreros, pero quiero mucho al toro. Es muy difícil retirarse de él.
Antonio L. Aguilera: Recuerdo con mucho cariño la última despedida de Manolo Vázquez, y confieso que el 12 de octubre de 1983 lloré de emoción en la Maestranza de Sevilla. Manolo se sintió y nos hizo sentir un toreo pletórico de arte, garbo, gracia, pureza... Parecía mentira que cuando ya tenía asegurada la salida a hombros por la Puerta del Príncipe, porque había cortado tres orejas a dos toros -la corrida fue un mano a mano con Antoñete-, en el quinto, el último de su carrera, un toro con dificultades, se la jugó de tal forma que parecía no importarle salir por la puerta de la enfermería. Fue increíble.
Sevilla, 12-10-1983. Despedida del toreo de Manolo Vázquez.

Manolo Vázquez: Ese día fue para mi muy importante. En realidad quería ratificar lo que ya Sevilla me había dado. El hecho de mi reaparición en el año 1981 era por lograrlo en Sevilla, cuando gracias a Dios tenía todo resuelto y había dejado en el toreo la huella de lo que más o menos había sido.
Sevilla es muy especial, mucha gente puede pensar que con sus toreros es… Pero no lo es con todos sus toreros, sino con ciertos toreros. La afición de Sevilla se entrega con ciertos toreros, pero después ha habido toreros muy importantes a los que no se lo han reconocido.
Yo quería ratificar en Sevilla, y reaparecí con una edad que daba la sensación… Pero gracias a Dios lo logré. Ese día veía a la gente que estaba a cien por hora, allí todo el mundo estaba pensando en ir a la despedida de Manolo Vázquez como quien va a una fiesta. La corrida estaba anunciada mano a mano con Antoñete, iban a salir tres toros y a ver cómo salían. Hombre, puse de mi parte todo lo que podía dar, pero aquello había que solucionarlo. Gracias a Dios la cosa se cuajó.
Tuve esa inmensa satisfacción, que Agustín y José María desgraciadamente no han podido lograr, lo logré con cincuenta y tres años de edad. Lograr salir por la Puerta del Príncipe a esa edad. No dejo de dar gracias a Dios y a esta profesión del toreo que es tan bonita.
Antonio L. Aguilera Manolo, ¿qué sintió aquella noche al asomarse al Guadalquivir desde la Puerta del Príncipe, sabiendo que no volvería a vestir mas aquél precioso traje celeste y oro?
Manolo Vázquez: Por encima de todo la inmensa satisfacción de haber logrado lo que me propuse en esa reaparición, aunque anteriormente lo había logrado en el primer año y estuve a punto en el segundo de haber salido también. Lograrlo en esa última corrida creo que no se puede pedir más.
Cuando un torero, un profesional, dice voy preparar mi despedida en Sevilla, y que todo salga así… Porque todo se puede organizar, se puede preparar; pero, amigo mío, en el toreo hay un elemento con el que nunca se puede contar: el toro. Más grande, más chico, como sea, pero el toro después sale y se comporta como se tiene que comportar, nadie sabe cómo va a salir. 
Recuerdo perfectamente que aquel día, de los tres toros que maté, uno fue un gran toro, el de nuestro amigo Manolo González. Fue un gran toro en el último tercio, no en el primero, pues ahí empezó…, pero se vino arriba y fue un gran toro. Después, los otros dos tuvieron muchas dificultades. Y en el último, que lo ha comentado Antonio, cuando había cortado una oreja al primero y dos al segundo, no me importaba que me hubieran cogido y partido los muslos.
José María Martorell: Para mayor gloria tuya.
Manolo Vázquez: Posiblemente me hubiera dado igual salir a hombros por la puerta de la enfermería que por la del Príncipe.
José María Martorell: Eso es ser una gran figura del toreo.
Manolo Vázquez: Y creo que eso es lo que palpaba el público, lo captó y estuvo conmigo cómo estuvo, porque vio que yo me comporté con él de la misma manera.
Antonio L. Aguilera: José María, durante el pasado invierno, en esos ratos maravillosos que nos has hecho pasar en la Tertulia “Tercio de Quites”, comentabas que cuando te fuiste del toro no querías saber nada de él, pero que ahora tienes más afición que nunca.
Martorell en Barcelona con el crítico taurino Antonio Santainés Cirés y Calixto Tovar.
José María Martorell: Primero, quiero decirte que yo vengo de familia de toreros. Mi abuela era prima hermana de los grandes banderilleros que llevó Lagartijo, que eran Cerrajilla y Manene, grandes figuras del toreo.
Después se ha hablado de las diferencias del toreo y quiero decir que ha pasado mucho tiempo. No puede haber comparación del toreo de los años cincuenta al actual. Hay muchos años de diferencia, mucho tiempo.
Lo que sí te quiero decir es que si aquellos triunfos míos fueron grandiosos, ahora, al cabo de mis años, estoy viviendo otros grandes triunfos, porque el torero no solo lo es en la plaza. 
Martorell: valor, quietud, temple y manos bajas para mandar.
Al cabo de mis años veo que serlo en la calle es importantísimo. Ir a las tertulias, como acabas de mencionar, o ir a todos los sitios donde se organice un coloquio sobre el toro ayuda mucho a la Fiesta, a los aficionados. Ahora es cuando quizás vivo más el triunfo mío como torero. ¡Fíjate lo que son las cosas…! ¡Es importantísimo que me reconozcan lo que he sido en el toreo al cabo de los años…! 
Porque si has hecho algo grande y se olvida ¿para qué has querido ser torero…? El dinero y la gloria son importantes, pero lo realmente importante es la trayectoria. Si al final de tu vida tienes una trayectoria taurina, acudes a los tentaderos, toreas festivales y haces ese tipo de cosas, creo que es importante.
Martorell, toreo de entrega. Foto Mateo
Estuve alejado un tiempo porque quería haber alcanzado algo que no pude conseguir. Quise, como todos los toreros, mandar en el toro. Unos tienen más suerte, otros menos, pero creí que podía haber sido algo más en el toro. Hubo un tiempo que lo rechacé, y mi resabio consistió en no ir a los toros. 
Pero como asumí que aquello no lo alcancé, cumplí con mi obligación, que era volver al redil e ir a los toros, a los tentaderos, a mi profesión. Esa fue la causa.
Antonio L. Aguilera: Gracias, maestros, por la maravillosa lección de torería que han ofrecido, por emocionarnos con sus palabras, por hacer posible a través de la radio un magnífico e inolvidable día de toros a la afición de Córdoba. Muchas gracias.