jueves, 2 de abril de 2020

QUIÉN ME HA ROBADO EL MES DE ABRIL

Por Antonio Luis Aguilera


Nunca pude imaginar que el estribillo de la canción de Joaquín Sabina iba a repetirse tantas veces en mi cabeza. Ahora somos muchos los que tenemos la sensación de que nos han robado este mes de abril que acabamos de estrenar. Y el de marzo, cuando nos confinaron en nuestros hogares, mientras la primavera, que desde final de febrero perfuma de azahar las calles de Córdoba, engalanaba los naranjos con la sencilla y maravillosa flor blanca de estambres amarillos, cuyo aroma tanto asociamos los andaluces al olor de incienso de las procesiones de Semana Santa. Por cierto, ¿quién dice que este año no hay procesiones de Semana Santa, cuando este abril, coincidiendo con el mes de Nisán, un virus ha llenado de cruces la humanidad? ¿Acaso el Jesús del madero no está presente acogiendo en sus brazos abiertos a los que sufren?
Desde el confinamiento, en la soledad de mi casa, imagino los parques mostrando el esplendor de la primavera, especialmente “mi” parque Cruz Conde, donde desde hace años suelo ejercitarme, que estará rebosante de celindas, aromatizando el circuito natural y vistiendo sus arbustos con preciosos traje de novia. Y los rosales preñados de capullos de colores, junto al redondel de albero donde entrenan los novilleros, que mueven capotes y muletas soñando triunfos entre jazmines amarillos y granados en flor. Un parque que es un regalo para los sentidos. 

Circuito natural del Parque Cruz Conde de Córdoba
Nos han robado el mes de abril, con los besos que el calendario guardaba para nuestros seres queridos. Y siguiendo el estribillo de Sabina nos preguntamos cómo pudo suceder. Reina el silencio en las calles, roto por alguna disputa de los pocos gorriones que quedan, o por el canto entre dos luces de los mirlos. Un abril atípico, sin rastro de la explosiva alegría de las fiestas de Levante, ni atisbo de que la ciudad de la Giralda viva la alegría y el color especial que canta la sevillana, ni que los caballos andaluces luzcan su belleza en las ferias de Sevilla, Jerez o Córdoba, donde los ciudadanos celebran las costumbres populares, y los aficionados al toreo peregrinan para presenciar las corridas, tan cuestionadas hoy por los defensores y simpatizantes de esos mansos pregonaos que huyen de nuestras fronteras, tras quebrantar las reglas del juego que nos dimos en 1978.  
Ojalá la temporada no haya echado el cerrojazo tras las ferias de Valdemorillo y Olivenza. Sería una excelente señal para todos. De momento, los clarines que suenan son los del miedo, como los del título de la novela de Ángel María de Lera, llevada al cine por el gran Paco Rabal. Del miedo a esta guerra no declarada pero real que vive el mundo, que no solo nos ha robado el mes de abril, sino que pretende arrebatarnos la ilusión de cada nuevo amanecer al mostrarnos calles vacías, comercios cerrados, colegios sin niños, trabajadores ociosos. Probablemente todos hemos entendido mejor que nunca qué significa la globalidad, al comprobar que el sufrimiento y la muerte ya no nos quedan tan lejos, ni son exclusiva de los de siempre, sino que se han instalado entre nosotros. 


Los clarines del miedo asustan, pero es necesario aprender del testimonio de tanta gente buena y solidaria, que diariamente se juega la femoral frente a este marrajo por el bien de todos. Y de la gratitud de quienes todas las tardes a las ocho, la hora del vuelo rasante de los vencejos, salen a ventanas y balcones para aplaudir emocionados al personal que trabaja en los hospitales y centros sanitarios, en las residencias de ancianos, a los servidores del orden público, bomberos, camioneros que cruzan España de norte a sur y este a oeste, agricultores y ganaderos, que han orillado sus justas reivindicaciones redoblando sus esfuerzos -al no disponer de jornaleros por el cierre de fronteras- para que los alimentos no falten en nuestras mesas, personal de limpieza urbana, voluntarios de Cáritas y otras entidades altruistas que ofrecen comidas a los que no tienen nada… ¡Cuántas lecciones de generosidad y de humanidad!
Aunque nos hayan robado el mes de abril todos nos necesitamos y debemos ser una piña de solidaridad, cariño y apoyo. Las personas son grandes cuando se hermanan con los más necesitados. Y los españoles sabemos bien de eso. Ahora en el ruedo ibérico sobran espontáneos y aficionados retóricos -como los políticos de discursos fatuos que presumen de saber de todo sin conocer nada-, para que en la arena solo estén los que saben torear, los que tienen aguante y conocimientos probados, esos maestros excepcionales que se han plantado en los medios para hacer quites a cuerpo limpio, tantas veces sin capotes ni muletas, sin los trastos indispensables, para lidiar una enfermedad que no distingue de territorios ni banderas, lo único que hasta hace poco parecía preocupar al titular del palco para presidir a cualquier precio. Los clarines del miedo le han helado el rictus.  

6 comentarios:

Luis Miguel López R. dijo...

Antonio, hoy quizás más que nunca, su blog, PlazadelaLagunilla, se viste de eso mismo, de Plaza de la Lagunilla. Aquella plaza en la que vivió Manuel Rodríguez y que también se vio silenciada y vacía con el estallido de la guerra en el 36. Acallada por el miedo de las bombas y de esa lucha fratricida entre hermanos. Silencio atronador como el que hoy vivimos. Todas y cada una de sus palabras destilan una humanidad tremenda, como seguramente en aquellos lejanos días, los vecinos de La Lagunilla, utilizarían para afrontar esa terrible situación. Sus sabias palabras, en la soledad de su casa, hoy nos sirven de consuelo y de ánimo.
Ha tenido que ser un virus, un maldito virus, familiar cercano, de esos que cuando oíamos que asolaban el tercer mundo en forma de malaria, de ébola…que costaban miles de vidas de semejantes nuestros, cuyas vidas no tienen ni un solo gramo menos de valor que las nuestras. Pero que parecían tan lejanos. Tan poco nos importaban. Un virus, que ha parado nuestras vidas en seco, de una forma impensable hace apenas dos meses. Esa vida que llevábamos, en la que nadie podía “parar”. La vida nos estaba regalando tantas cosas para ser felices, tantas cosas que dejábamos pasar por alto…
Este virus nos va a robar el mes de abril y muchas cosas más…, trabajo, seres queridos, pérdidas irreparables… pero también, como todas las crisis, recuerden que también que esta palabra significa “oportunidad”, nos va a regalar cosas, muchas cosas. Sacará lo mejor de muchos seres humamos, la solidaridad, la recuperación de valores que en nuestra sociedad parecían olvidados. Toda su grandeza.
Y cuando todo esto pase, que pasará, si Dios quiere pasará, saborearemos mucho más lo que tan generosamente nos ha estado regalando. Cada beso, cada abrazo a tu esposa, a tus hijos, a tus padres, hermanos…visitar a nuestros mayores. Estrechar la mano de un amigo, un paseo por tu pueblo o ciudad, ir con los niños al parque, disfrutar del sol y el olor a flores, a azahar…. Del campo…de las quedadas con los amigos…y también por qué no decirlo, de ir a los toros. Sólo disfrutar de un buen paseíllo, en una plaza llena, de esas incómodas de las que tanto nos quejamos, sin ningún miedo al contagio, hoy me parece sencillamente, maravilloso.
Antonio, me uno a todas y cada una de sus palabras de agradecimiento para todas las personas, que literalmente, se están jugando sus vidas, para salvar las nuestras y sacarnos de esta situación. No quiero, ni puedo decirlo mejor. “Amén de los amenes” que diría “Juncal”.
Por último también mi recuerdo y homenaje a los ganaderos de bravo, rejoneadores, cuadras de picar, que sin ningún tipo de ingreso, tienen que seguir soportando los grandes gastos de esos animales por y para los que viven. Espero y deseo que cuando esto termine, todo el mundo taurino meta el hombro y sepa compensarles en la medida de lo posible.
Transmitir mi mensaje de esperanza a todos los lectores del blog y mi gratitud a usted, Antonio, por su Plaza de la Lagunilla, hoy más Plaza de la Lagunilla que nunca. Nos veremos pronto, muy pronto, amigo.
Un fuerte abrazo.

Antonio Luis Aguilera dijo...

Muchas gracias, Luis Miguel, por tus palabras tan cariñosas y por la humanidad que desprenden. Un fuerte abrazo.

Cristóbal Reyes Castro dijo...

Estimado amigo Antonio te felicito por esta publicación llena de amor, humanidad y sentimiento por todo lo que exporesas. UN FUERTE ABRAZO y tengamos esperanza de que esta pandemia acabe cuanto antes.

Antonio Luis Aguilera dijo...

Amigo Cristóbal, muchas gracias por tus palabras. Otro abrazo igual de fuerte pata ti en estos momentos en que, como bien dices, no puede ni debe faltarnos la esperanza en el ser humano.
Solo tanta gente de bien como hay puede sacarnos de esto.

Unknown dijo...

Admirado y no menos querido amigo, colega del petate y del trabajo, como siempre tu arte y tu sensibilidad para nuestro gozo, gracias Antonio

Antonio Luis Aguilera dijo...

Colega del petate y del trabajo: Javier.
También fue un mes de abril, pero de 1976, cuando nos embarcaron hacia el CIR 11 de Araca (Vitoria), ligeros de equipaje...
Un abrazo