Por Antonio Luis Aguilera
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Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo" |
La historia del
toreo no siempre fue como algunos la cuentan. El análisis de su evolución, la
capacidad para comprender el tránsito desde una lidia eminentemente sobria y
eficaz, a otra donde habría de predominar la belleza plástica, no encontró
igual calado en todas las plumas que legaron sus testimonios sobre las
diferentes épocas de la Tauromaquia, algo que resulta lógico si consideramos el
talante conservador que acompañó al toreo desde sus orígenes.
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La chicuelina y su autor |
No ocurrió así con los
aficionados, que siempre tomaron la vanguardia a los más ilustres escritores,
cuando se trataba de reconocer méritos a los diestros que levaron las anclas
del conservadurismo, a los revolucionarios del toreo, aclamados por el pueblo
antes de lograr el reconocimiento de la crítica influyente, lo que lamentablemente no todos consiguieron.
De todas formas, pese a las más variadas y feroces censuras, la perspectiva histórica demuestra que en la evolución
técnica del arte de torear tuvieron mucho que ver: Francisco Arjona Herrera "Curro Cúchares", Rafael Guerra Bejarano "Guerrita", José Gómez Ortega "Gallito", Juan Belmonte García, Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo", Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", Manuel Benítez Pérez "El Cordobés" y Francisco Manuel Ojeda González "Paco Ojeda".
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Pase de la firma de Chicuelo |
La época conocida como "edad
de plata del toreo", que abarca desde la muerte de Gallito hasta el estallido de la guerra civil española, fue
determinante en la transición hacia un nuevo modo de torear, gestado en la
competencia que durante siete años mantuvieron José y Juan, bautizada
como "edad de oro del toreo", sin reparar que con idéntico título había sido registrada en la historia otra noble pugna, la que en el siglo
anterior, durante veintidós años, mantuvieron Rafael Molina “Lagartijo” y Salvador Sánchez “Frascuelo”.
Analizando distintas opiniones, comprobamos cómo se magnifican las trayectorias de algunos protagonistas de esa "edad de plata" que, aún siendo importantes, poco o nada tuvieron que ver en la
evolución del toreo. Por ejemplo: Marcial
Lalanda solo fue “el más grande” en la letra de su pasodoble; el llorado Ignacio Sánchez Mejías, debe más a los versos de García Lorca que a su
huella taurina; Manolo Granero fue el príncipe que pudo
suceder a Joselito, pero “Pocapena” se lo impidió; la gran obra taurina de Cayetano
Ordóñez “El Niño de la Palma”, fue engendrar a su hijo Antonio; Domingo Ortega capitaneó la década de los años
treinta con un toreo que alternaba pasos y pases, pero su tauromaquia no halló descendencia.
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Remate a dos manos de Chicuelo |
También pertenece a esa época Manuel Jiménez Moreno, el creador de la faena moderna, a quien curiosamente unos historiadores dan de lado, otros lo olvidan, y algunos despachan como un “fino
torero sevillano”. Sin embargo, el gran “Chicuelo”
no puede pasar de puntillas por la historia, donde su menuda figura se erige con relieve propio, inteligencia y gracia, porque el maestro nacido en la trianera calle Betis fue el genio que influyó determinantemente en la
evolución del toreo ligado en redondo, al convertirse en el hilo conductor que depuró con su arte la técnica revelada por
Joselito, y transmitirla a Manolete, su ahijado de alternativa, que la elevaría a definitiva en el orbe taurino.
Quienes atribuyen a Belmonte la paternidad del toreo
moderno, ignoran que las faenas del “Pasmo”
fueron de las más cortas del toreo, pues raras veces albergaban más de diez muletazos. Lo verdaderamente importante del torero de Triana fue un temple excepcional, expresado en un toreo de capa portentoso, donde tras
acortar las distancias y ceñir el toreo, tendió la suerte para ejecutar la verónica ligando los lances, lo que asombró al público de su tiempo. Mas con la muleta su repertorio lo componían ayudados, molinetes, afarolados y el clásico pase natural ligado al de pecho, con el torero por dentro y el toro por fuera. Salvo excepciones, como las célebres faenas de
México y Madrid, rara vez ligó series de naturales con intercambio de los terrenos.
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Chicuelo en México. Histórica faena a "Dentista" |
La carrera de Joselito tuvo bastante menos literatura, posiblemente porque la inmensa luz de su maestría despejaba cualquier secreto de la lidia,
y no daba opción a mantener ningún misterio. Aunque la mayoría de los críticos
coincidieron en cantar las fantásticas cualidades del rey de los toreros, no
todos supieron ver ni comprendieron que fue él quien reveló la técnica que cimentaría un nuevo toreo, el que permitiría la ligazón del pase natural, alternando los terrenos del toro y los del torero, para cambiar la
trayectoria del animal hacia atrás
y hacia adentro.
Tras su muerte en Talavera, Manuel Jiménez “Chicuelo”, espada de mayor expresión artística, adopta su tauromaquia e incluye en su modelo de faena las enseñanzas de Gallito sobre el toreo al natural y la
ligazón de los pases. Chicuelo gira sobre sus plantas para dejar al toro por el terreno de adentro y ligar los muletazos intercambiando los terrenos. Como torero artista no lo lleva a cabo todas las tardes, sino cuando los toros son propicios, pero cuando ello ocurre logra éxitos rotundos con un toreo nuevo, que liga los pases en redondo y hace vibrar a los públicos por su quietud, gracia y belleza.
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Chicuelo y "Corchaíto" |
La obra que consagraría en España al
artista sevillano, y pasaría a los anales del toreo como nuevo modelo de faena, influyendo en la consolidación del toreo ligado en redondo, tuvo lugar en
Madrid el 24 de mayo de 1928, alternando con Joaquín Rodríguez “Cagancho” y Vicente
Barrera, donde el torero de Triana inmortalizó a “Corchaíto”, bravo
y noble ejemplar de la ganadería de Graciliano
Pérez Tabernero. Fue de tal magnitud la conmoción que causó en la afición, que desde
esa tarde Madrid comenzó a exigir a todos los diestros la ligazón de los pases.
Chicuelo, que aquella temporada sumó 81 corridas, había demostrado
que a los productos de una selección más cuidadosa, y por tanto más bravos y
encastados, con mayor nobleza y fijeza que los de épocas anteriores, se les podía realizar una faena más larga y de superior expresión artística, como la instrumentada a “Corchaíto”, que por haber tenido lugar ante
la afición de la primera plaza del mundo, marcaría un antes y un después en
la historia del toreo. No obstante, conviene señalar que unos años antes, en 1925, el gran Manuel Jiménez "Chicuelo" había enamorado con ese toreo a la afición mexicana, que ya lo consideraba un ídolo, con faenas tan grandiosas como las realizadas a los toros "Dentista" y "Lapicero", de San Mateo.
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Chicuelo al natural |
Las crónicas definen la faena de "Corchaíto": cuatro naturales en los medios ligados con uno de pecho soberbio, tres más
soberanos, cuatro portentosos pases en redondo girando sobre los talones en un
palmo de terreno, otros dos naturales inmensos, dos ayudados magnos, un
afarolado maravilloso y cambiados sublimes. Tras señalar un pinchazo, otros
cuatro naturales de asombro y dos de pecho soberbios, otro pinchazo y dos de
pecho soberbios, hasta que media estocada pone el punto final a una obra
sublime donde los naturales se suceden tirando del toro, ligados, templados y
lentos. De esa forma nadie había toreado jamás. Cómo sería de grandiosa aquella actuación, que a pesar de los pinchazos fue premiada con las dos orejas y el espada hubo de dar dos clamorosas vueltas al ruedo.
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Estocada de Chicuelo |
Tras la guerra civil, el toreo
revelado por Joselito y puesto en valor por “Chicuelo”, encuentra sucesión en Manolete, el nuevo rey de los toreros, que reduce las distancias al mínimo para obligar a los toros, y se embragueta todas las tardes, con los que embisten, con los que hace embestir y con los que espera -Chicuelo confesó que Manolete había sido el único torero al que había visto pararse con los toros gazapones-, para imponer definitivamente un nuevo orden taurino consolidando ese modelo de faena, con
sentido de unidad, ligada y seriada, como canon que habrían de aceptar y adoptar
todos los toreros para expresar el toreo. El gran Manuel
Jiménez Moreno había pasado el testigo al inolvidable torero cordobés, quien siempre dijo que su toreo era el de "Chicuelo". Sin embargo, no
todos los que escribieron la historia explicaron que el torero de Sevilla había sido fundamental en la vertebración del toreo ligado en redondo. Una lástima, lo tuvieron ante sus ojos pero miraron sin ver al padre de la faena moderna.
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Juan Belmonte le concede la alternativa. Sevilla 1919 |
Adenda: El 28 de septiembre de 2019 se cumplirán cien años de la alternativa de Manuel Jiménez "Chicuelo" en la Real Maestranza de Sevilla, plaza donde llegó a
cortar cuatro rabos, de manos de Juan Belmonte, que le cedió la muerte de "Vidriero", del Conde de Santa Coloma.
Desde "Plaza de la Lagunilla" nos adherimos a la iniciativa
del aficionado malagueño José
Morente, y solicitamos al
Ayuntamiento, a la Real Maestranza de Caballería, a la Universidad y a las Asociaciones Taurinas de Sevilla, que adopten las iniciativas que sean
necesarias para que "Chicuelo" figure en la cartelería
de la temporada taurina de 2019 de la plaza de la Maestranza, como en su
día figuraron Joselito y Belmonte. El recuerdo de tan histórico torero lo merece por lo que dio a su ciudad y al toreo.
Fotos: Cortesía de la familia Chicuelo (chicuelodinastia.com)
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