Pepe
Alameda
habla de toros con Manolete.
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Luis Carlos Fernández López-Valdemoro (Pepe Alameda) |
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Manolete en la plaza México |
—De tus actuaciones en México, las que más se
comentan son las faenas al toro “Manzanito”, de Pastejé (cuando alternó con Garza
y El Ahijado) y a “Platino”, de Coaxamalucan (cuando lo hizo con Pepe Luis Vázquez y Procuna); a esos dos toros les cortaste
el rabo, pero la que más me ha gustado es la faena que le hiciste a un toro del
que no cortaste más que una oreja.
—¿Cuál?
—La de un toro de Torrecilla, en la segunda corrida de la apertura de la plaza México.
—¿Recuerdas el nombre del toro?
—Sí. “Espinoso”.
—Te lo pregunté para probarte, porque yo
también lo sabía.
—¿Por qué?
—Porque esa no es solamente la mejor faena que
hecho en México, es quizá la mejor de mi vida, o por lo menos, la segunda.
—¿Cuál podría ser la primera?
—La del toro de Pinto Barreiros en Madrid. Había muchas circunstancias, el toro me
hirió y yo me impuse, era una corrida de mucha responsabilidad y todo eso
influye. Pero, quitando eso y viendo la parte estrictamente taurina, quizá no
fuera mejor que la del toro de Torrecilla...
¿Por qué te gusto?
—Hombre, el toro era muy difícil, no
descubría, punteaba y además, por lo paliabierto, resultaba aparentemente
imposible acoplarse con él. En efecto, los primeros derechazos fueron un poco
bailados y nada ceñidos. El toro no se dejaba. Pero, de pronto, al revolver de
un pase, lo enganchaste con un toque de muleta, echándosela hacia abajo, tan a
tiempo, que metió la cabeza y le pudiste dar cinco pases en redondo,
perfectamente centrado. Por aquel lado, mal que bien, era posible. Pero por el
izquierdo, estaba intocable. Cuando te pusiste la muleta en la zurda, pensé: “está
loco”. Cuál no sería mi asombro, al verte ligar cinco pases naturales, con el
mismo ajuste.
Manolete no respondió. Dirigía
la mirada hacia el frente, como si estuviera con la imaginación siguiendo la
faena, en un ruedo invisible.
Continué:
—Como uno está siempre aprendiendo, en esa
faena me enseñaste algo que no había sospechado: que si a un toro se le mete de
verdad en la muleta por el lado posible, lo que se logra sirve para el otro
lado. Pero tiene que ser de verdad.
—Yo ya lo sabía. Por eso lo hice.
—Todo lo que se aprende del toreo, se aprende
de los toreros.
—¿Hablando con nosotros?
—No. Sabiéndolos ver. Viéndolos acertar y
viéndolos equivocarse.
Una fugaz chispa de recelo cruzó por los ojos
líquidos de Manolete.
—¿En qué me he equivocado?
En no mandar disecar la cabeza de “Espinoso”.
La corrida de la que hablan Pepe Alameda y Manolete, tuvo
lugar en la plaza México el 16 de febrero de 1946. Esa tarde se lidió un
encierro de Torrecilla para Silverio Pérez y Manolete, que actuaron mano a mano. El "Faraón de Texcoco", le cortó el rabo al toro "Barba azul", y el "Monstruo", una oreja a "Espinoso". Este texto desvela que el torero cordobés consideraba esa faena como una de las dos mejores de su vida, junto a la de "Ratón (que se llamaba Centella)", de Pinto Barreiros, en Madrid.
A.L.Aguilera
Manolete presentación en México