miércoles, 22 de enero de 2025

LA MAESTRANZA-«PAGÉS»: 1932-¿2025?

Por Antonio Luis Aguilera

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla.

En las postrimerías de 2024 quedó claro, por si quedaban dudas, que Ramón Valencia no puede ver a José María Garzón. De ahí que en la adjudicación de la plaza de Santander —donde el manchego concursó con Matilla para armar ruido, a sabiendas que poco habría que hacer ante la brillante gestión en el coso cántabro del sevillano—, al ocurrir lo previsible, recurrió con escasos argumentos y perores formas la reelección de Garzón, conociendo lo difícil que resultaría que la impugnación prosperase y la plaza cambiara de manos. La resolución del Ayuntamiento de Santander dio carpetazo a la denuncia de falsedad en la contratación de un rejoneador, desmentida públicamente por el profesional aludido, con lo que los recurrentes quedaron a la altura del betún.

Puede que don Ramón esté preocupado, porque este año jubilar de 2025 acaba el contrato más longevo del toreo: el que desde 1932 ha unido a la plaza de la Real Maestranza de Sevilla con la empresa Pagés, de la que es último representante. Además, para tensar esa preocupación, presentó dos querellas contra los dueños del histórico recinto, en reclamación del IVA y de las visitas turísticas al coso. A esta tensión habría que añadir los ingresos de televisión dejados de percibir por la Real Maestranza, tras la ruptura del empresario sevillano con las plataformas taurinas, primero Movistar y después One Toro, un hecho que además ha mosqueado seriamente a la afición, y viene a demostrar que tanto a don Ramón como a don Rafael, el colega de Madrid, parné aparte, les trae sin cuidado el toreo y su divulgación. De ahí que decidieran dejar en negro la televisión, que se dice pronto, tras ignorar a la empresa de Telefónica después de treinta años, para vender las retransmisiones a un operador alemán con posibilidades, que pensaba que la televisión por Internet revolucionaría todas las revoluciones y llevaría el toreo a todo el mundo mundial, sin reparar en su desmedida euforia que los mares por los que habría de navegar estaban infestados de piratas.

En Sevilla se habla, se comenta y hasta se desea otro empresario para la Maestranza. No son pocos los abonados que aseguran que los han echado de la plaza. Tanto se habla sobre el fin del contrato con Pagés, que incluso hay quienes piensan en José María Garzón como el mejor relevo. Garzón es joven, emprendedor e inteligente, y tiene unos modales acordes a los tiempos que corren. Ha hecho cosas muy buenas, como sucedió en la pandemia del COVID-19, cuando hicieron un estrepitoso ridículo los miembros de ANOET, que ante el drama social y las dificultades de los colectivos taurinos no fueron capaces de organizar ningún festejo, mientras el joven emprendedor demostraba que era capaz de organizar importantes corridas de toros, soportando falsas acusaciones sobre las medidas de seguridad adoptadas, acusaciones que también resultaron ser falsas y desmentidas por la Guardia Civil. Ha hecho otras buenas, gestionando con acierto plazas como Santander, Almería y Málaga; y también otras regular, que empezaron bien pero no ha terminado de rematar, como el coso de Córdoba. Sin embargo, por juventud, afición, ilusión, disposición y comunicación cae mejor que don Ramón, cuya gestión en Sevilla deja mucho que desear, al repetir cada año en el abono a toreros caducados, vistos, aburridos, amortizados y no deseados, a los que haciendo caso omiso a la afición duplica o triplica sus comparecencias por sus relaciones comerciales con los comisionistas Matilla y Casas, a los que otorga trato de favor para priorizar la contratación de sus comisionados, sin valorar que representan a espadas que la gente está hastiada de ver, a los que incluye con calzador ignorando a otros que son novedad y tendrían que estar en el abono, por haberse ganado en otros ruedos estar en la Maestranza.


Juan Ortega con las orejas del toro Florentino, de Domingo Hernández.
Sevilla, 15 de abril de 2024. Foto: José Manuel Vidal.


Mas don Ramón está por repetir cada año más de lo mismo y seguir llevando la contraria a los que han de pasar por taquilla, aunque haya descendido el número de abonados. La última de sus decisiones es tan desagradable como polémica: como no puede ver ni en pinturas a Garzón, para pasarle factura por el asunto de Santander, se venga con Juan Ortega, uno de los toreros más deseados de la afición hispalense, autor de la mejor faena de la feria de Sevilla de 2024 con el toro Florentino, de Domingo Hernández, con la que arrasó con todos los premios de Sevilla y el reconocimiento absoluto de la afición, pero que no ha sido suficientemente valorada por el señor Valencia para que Ortega figure este año en el cartel del domingo de Resurrección. Es más, para tensar la cuerda, aún no ha hablado con el apoderado para negociar su contratación en el abono, donde el torero de Triana, se ponga como se ponga don Ramón Valencia, ha de figurar como protagonista indiscutible. ¿O acaso pretende faltar el respeto a su condición de gran triunfador ofreciéndole las migajas del mantel?  El rencor del señor Valencia con el señor Garzón no ha de pagarlo el torero, el toreo, ni la afición. Asuntos tan feos como este son los que invitan a pensar que la plaza de la Real Maestranza necesita cuanto antes otra empresa para gobernar el timón de la nave. 

sábado, 18 de enero de 2025

EL MATADERO DEL CAMPO DE LA MERCED (CÓRDOBA)


Por Antonio Paniagua Risueño


Barrio del Matadero: La plazuela del Moreno.

1.- ANTECEDENTES

La historia del Matadero se encuentra tan enlazada con la de las Carnicerías, que es casi imposible separarlas. En los Archivos del Ayuntamiento y Cabildo Eclesiástico hay tantos y tan curiosos documentos que se pueden emplear muchos días en examinarlos.


Durante la dominación árabe hubo en Córdoba las Carnicerías de los cristianos, con cuyo nombre eran conocidas. Después de la conquista, el Cabildo Eclesiástico, con su extraordinaria influencia y poder, logró la propiedad de las carnicerías y los derechos que los cortadores satisfacían, según las concesiones de los reyes de aquellos tiempos. En estas carnicerías se mataban las reses y se vendían sus carnes y despojos, habiendo muchos privilegios en que se señalan los precios para el público y los derechos, primero para el Cabildo y después otros también para la ciudad.


En 1491, encontramos ya la cédula de Isabel la Católica, cuyo original también se conserva en los archivos de ambos Cabildos, autorizando la construcción de un Matadero en el campo, afueras de la puerta del Rincón. En otra cédulas de los Reyes Católicos, de fecha 3 de diciembre de 1510, se dice que unos ocho años antes se hizo el Matadero y las Carnicerías de la Plaza del Salvador, “donde había unos tajones en que se cortaba y se vendía la carne”. En 1527, encontramos una queja de muchos vecinos en contra de que las cargas de pellejos o pieles atravesaran la ciudad, exhalando mal olor, hasta llegar a la Curtiduría, cerca de la Ribera, y en 9 de Julio se ordenó que fueran alrededor de la ciudad.


Grandes, muy grandes, han sido las cuestiones suscitadas entre la Ciudad y el Cabildo Eclesiástico, sobre el matadero y las carnicerías, y se han seguido varios pleitos, cuyos alegatos existen impresos en los archivos de ambas corporaciones, decidiéndose siempre a favor de la segunda, ya por los Reyes o por la Chancillería de Granada, siendo preciso que viniese un juez especial para hacer cumplir la sentencias o mandatos. Sin embargo, algo fue logrando la Ciudad: primero la inspección para el aseo y limpieza; después el reglamentar este servicio, aunque los empleados no eran suyos; más adelante la imposición de arbitrios, y así hasta que, a fuerza de cuestiones, se cansó el Cabildo Eclesiástico, y en 1844 dejó los cuatro locales que quedaban, o sea el Matadero y las Carnicerías, dos en la calle Alfaros y una en la Convalecencia, tomando por todo una renta de diez mil reales anuales. Con este motivo, el Ayuntamiento entiende de lleno en este asunto: ha mejorado los locales y ha establecido este servicio de manera que ha tenido por conveniente1.

1 Paseos por Córdoba. Teodomiro Ramírez de Arellano (1877) Pags. 121-122



2.- EL BARRIO DEL MATADERO

Existe información de instalaciones relacionadas con la construcción, es decir, de fabricación de adobes, en el ejido de la ciudad, cerca de la Puerta del Rincón, frente al Monasterio de Santa María de la Merced, junto al camino que iba a la Torre de la Malmuerta, en 1470; en 1475 el arriendo de un portal en el barrero de la Puerta del Rincón, más un almacén en la misma casa y una “ramada” para establo, y también, el 24 de enero de 1481 unas casas y casa horno, fronteras a la Merced; tras la autorización en 1491, por parte de los Reyes Católicos, de la construcción del Matadero, tendrá lugar la progresiva ocupación de la muralla de la Ajerquía con dependencias ganaderas, lo que provocará la dinamización económica y comercial de la Puerta del Rincón2 .


Esta manzana de casas que va desde la Puerta del Rincón hasta la Torre de la Malmuerta fue el primitivo Barrio del Matadero. A lo largo de los siglos XVI al XVIII estuvo ocupada sobre todo por instalaciones industriales, entre ellas un molino de yeso y una fábrica de salitre. Se trataba de instalaciones que, por su carácter molesto, eran expulsadas del interior del recinto amurallado y se ubicaban en el terreno público existente al pie de las murallas, al haber decaído el uso defensivo de las mismas en Época Moderna.

En 1798 el Cabildo de la Ciudad autorizó la construcción de un Matadero de Puercos, desde la esquina del molino de yeso, frente del Convento, hasta la del Mataderillo de los Carneros, en cuyo terreno se comprende la casa que sirvió para fábrica de salitre, y fue vendida por la Real Hacienda a Francisco Cabrera, maestro de albañilería3. A finales del XVIII, además del matadero principal -posiblemente ya solo para reses mayores- hubo un mataderillo de reses menores y otro de cerdos.


El Plano de los Franceses refleja la existencia de edificaciones adosadas al exterior de la muralla de la Ajerquía, junto al camino que iba a la Torre de la Malmuerta, entre las que estaría el matadero y los mataderillos, pero no aparece ningún edificio al norte del Campo de la Merced (parte inferior de la figura 1)




Fig 1. Campo de la Merced. Plano de los Franceses (1811)

En trazo grueso, la linea de muralla de la Ajerquía

2 Las puertas y murallas del Campo de la Merced de Córdoba. La Puerta del Rincón y su entorno urbano (1ª Parte) 

  Jesús Padilla González (2019) Pág. 10

3 Archivo Municipal. Signatura. SF/C 00151-023  


En 1820 comenzó la urbanización de aquel paraje, procediéndose a nivelar el terreno. En esas mismas fechas se trasladó el matadero principal al pie de la Malmuerta, separado de la muralla, dejando sin uso el Mataderillo construido pocos años antes, destinándolo a enterrar allí las reses que eran desechadas en el matadero principal, y que a juicio de los peritos no debía permitirse su venta en parte alguna. La construcción del matadero dio lugar a la formación de un nuevo barrio junto a él.


El Barrio del Matadero se configuró a partir de un cruce de caminos: el que partiendo de la Puerta del Rincón pasaba por  medio del Campo de la Merced y continuaba hacia la sierra, y el que discurría a pie de sierra, conocido como Camino (o callejón) de los Toros. El primero de ellos dio lugar a la calle Molinos Baja y el segundo la calle Molinos Alta. El cruce de ambos eran las llamadas Cuatro Esquinas.


Hacia el oeste el limite lo marcaba el Camino de de la Sierra, que en el cruce con el camino de los Toros se bifurcaba en dos: el de La Arruzafa y el de la Cruz de Juárez (que no se refleja en el Plano de 1851). Por este motivo la manzana contigua al Convento de la Merced  tenía sus casas alineadas a fachada mientras que las casas de la manzana situada al norte presentaban jardín delantero, denotando un carácter suburbano. 


Junto a la Torre de la Malmuerta se mantuvo un espacio libre donde se celebraba una feria de ganado, que dio lugar al nacimiento de la Plaza del Moreno. El crecimiento del Barrio se inició hacia el norte, a lo largo de la calle de la Feria. El callejón del Tranco posibilitaba la salida al campo desde esta calle.



Fig 2. Barrio del matadero. Plano de Montis (1851)


La llegada del ferrocarril a Córdoba en 1859 supuso la aparición de una barrera que bloqueó  la expansión del barrio hacia el norte, porque se construyeron muros de contención de tierras para la nivelación de las plataformas del ferrocarril. La confluencia de caminos se llevó al paso a nivel del ferrocarril.



Fig 3. Barrio del matadero. Plano de Casañal (1884)


3.- EL EDIFICIO DEL MATADERO

Hemos localizado una escritura relativa al edificio del Matadero Viejo donde se indica su ubicación, linderos y superficie de parcela en el siglo XIX:4

situado en el Campo de la Merced, número veinte moderno, cuya fachada mira al Sur, y que linda por su derecha saliendo con una posada, número veinte y dos, propiedad de Don Ramón de Torres; por su izquierda con la casa número dieciocho, de los herederos de D. Bartolomé María López, y otra número seis, de Don Francisco Carrasco, en la Plazuela del Moreno, y por su espalda, con la citada casa número veinte y dos, y otra número cuatro de Juana Litotele, en dicha Plazuela del Moreno, bajo cuyos linderos contiene una superficie de mil novecientas setenta y cinco varas, equivalentes a mil trescientos ochenta metros”.


 

Fotografía 1. Matadero Viejo con reses delante de la puerta.


4 Archivo Histórico Provincial. Signatura 12010P.

  Agradezco la localización de esta escritura a mi amigo José Luis Reyes Lorite. 


Los planos de Alineaciones y Rasantes del Ayuntamiento de Córdoba ayudan a entender mejor la descripción recogida en la citada escritura:


Fig. 4. Plano de Alineaciones de la Plaza del Moreno. 


Fig. 5. Plano de Alineaciones del Campo de la Merced.


El Matadero Viejo ocupaba aproximadamente la mitad derecha de la manzana situada al pie de la Torre de la Malmuerta. Las fachadas exteriores eran en su mayor parte tapias (en trazo grueso) que delimitaban los corrales. En su interior habría cobertizos donde  se sacrificaban las reses. 


En 18565 el arquitecto municipal elabora un presupuesto de Reparación del Matadero Público, que en aquella época debía presentar un acusado deterioro, por un importe de 2.235 reales. Este presupuesto incluía remiendo de paredes, empiedro, arreglo de la solería de la nave de sangre, manillones de amarre en la misma con sus alayatones, reconstrucción de los burladeros, recorrido de tejados con reposición de alguna tablazón y canales, construcción de una tapia de medianería en el corral de encierro del ganado menor, cuyas tapias comprenden 30 varas superficiales, recorrido de puertas en especial de los corrales de encierro y limpieza de caños, pilón y demás correspondiente. 

Las deficiencias que -a pesar de los trabajos de conservación- presentaba el edificio trajeron como consecuencia que el Ayuntamiento empezase a buscar una nueva ubicación, lo que dio lugar a que el arquitecto municipal elaborase en 1866 un Proyecto de Matadero6 en la Puerta de Andújar. Este proyecto no llegó a realizarse, pero su ubicación indica que ya se estaba buscando en aquella zona algún sitio adecuado para el Matadero, porque el existente no estaba en armonía con las leyes del momento.


El traslado al nuevo emplazamiento se produjo en 1880, siendo alcalde D. Bartolomé Cárdenas y Belmonte,  Conde de Cárdenas, y el sitio elegido los restos del antiguo Convento de San Juan de Dios, en el Campo de San Antón, que se había destinado a Hospital Militar tras la Desamortización, pero poco después quedó inutilizado por un un incendio.


Tras el traslado del matadero a su nuevo emplazamiento el Barrio del Matadero y el propio edificio continuaron evolucionando durante un siglo más, hasta que en los años 70 del siglo XX la zona fue objeto de una profunda transformación que llega hasta nuestros días. 


4.- LOS HABITANTES DEL BARRIO

El barrio del Matadero estaba habitado, casi exclusivamente, por matarifes, carniceros y chindas, nombre por el que eran conocidas las mujeres que se dedicaban a la venta de los despojos de las reses7.


Pertenecientes a las familias de estos industriales eran los famosos toreros Panchón, Pepete, Camará, Lagartijo, Bocanegra y otros muchos. 


5 Archivo Municipal. Signatura. SF/C 01630-097

6 Archivo Municipal. Signatura. SF/C 01631-105 

Notas Cordobesas. Vol 7 (1926) Cap. 25. Ricardo de Montis


Fig. 6. Casas donde nacieron toreros de a pie y de a caballo7.




7 Córdoba, cuna del toreo. José Luis de Córdoba (1948) Pags. 14-15.