sábado, 10 de abril de 2021

EL CIGARRILLO DE MANOLETE

Por Antonio Luis Aguilera 

Manolete torea al natural en La Glorieta de Salamanca (Foto Hermer). 
Y somete con firmeza de plantas, temple y manos bajas: El toreo actual.

Del gran aficionado Manuel Sánchez de Puerta Guerrero, que fuera amigo íntimo de Manolete, se reproduce en este blog la entrevista que hace años tuvimos el honor de realizarle, donde de forma amena y sencilla se refleja la parte humana del célebre torero. 

Recordamos con satisfacción y gratitud aquella mañana de verano en la que Manuel nos recibió en su domicilio cordobés. Concluida la grabación, que fue emitida en el programa Tercio de Quites de Radio Mezquita, emisora de la Rueda RATO -después Onda Cero-, nuestro interlocutor se hallaba feliz por haber hablado de su amigo, y tras ofrecernos una cerveza seguía recordando instantes vividos con Manolo, del que subrayaba su señorío y sencillez.

Para referirnos la admiración que levantaba en Córdoba, entre sus paisanos, nos habló que en una de sus cada vez menos frecuentes visitas a la ciudad, siendo primera figura del toreo, estaban una noche de verano sentados en la puerta de su casa, en el Paseo de la Victoria, como se dice por aquí "tomando el fresco", mientras bebían una copita de coñac o de anís, de las botellas que quedaban de las navidades. Charlaban tranquilamente del campo y las faenas agrícolas, confiando que se levantara alguna brisa que suavizara la noche, cuando observaron como se acercaban a la reunión unos ferroviarios, reconocibles por el traje azul uniformado y el canasto de mimbre, donde llevaban las viandas para subsistir en sus interminables viajes cruzando la península, mientras penosamente pilotaban pesadas locomotoras de tracción vapor. 

Un grupo de ferroviarios -entre los que figura mi padre-, 
 en una locomotora de vapor en la Estación de Córdoba.

Uno de ellos se acercó respetuosamente al grupo de amigos y les dijo:

—Buenas noches, señores. Excusen un momento, pero vamos camino de la Estación y quería pedirle un favor a Manolete, a quien tanto admiro

—Usted dirá amigo -contestó sonriendo el torero-.

—Que me regale usted la colilla de ese cigarrillo que se está fumando.

El espada mostró su extrañeza por la petición e inmediatamente cogió del bolsillo de la americana su paquete de cigarrillos. A continuación, alargando su brazo hacia el admirador, le contestó:

—Pero hombre, ¿cómo le voy a dar la colilla...? ¡Tome usted un cigarro...!

El ferroviario insistia en su petición:

—No maestro, si yo llevo tabaco. Se lo agradezco, muchas gracias. Lo que le pido es el que se está usted fumando para guardarlo de recuerdo.

Al torero le daba vergüenza entregarle la colilla y trató de obsequiarlo con el paquete que sujetaba en su mano, para que el ferroviario cambiara de idea y se llevara todos los cigarrillos que le quedaban, asegurándole que llevaba otro sin empezar. Sin embargo, ante la insistencia del hombre acabó accediendo a su petición. 

El obrero recibía radiante de alegría el pitillo humeante, apagaba con esmero la lumbre en el suelo y guardaba la colilla en su pañuelo como quien guarda un tesoro. Seguidamente, mostrando su gratitud al torero por el trato recibido, retomaba su ruta hacia la estación del ferrocarril tras proclamar su más profunda admiración y desearle suerte en todas sus actuaciones. 

Nuestra cita concluía con la serena reflexión de Manuel Sánchez de Puerta:

Manolo era así de cercano y sencillo. ¡Un tío estupendo...! Y la gente sabía bien de su categoría humana y de su grandeza como torero.

ENLACE A LA ENTREVISTA CON DON MANUEL SÁNCHEZ DE PUERTA. 

 

3 comentarios:

Andrés Osado dijo...

Majestuosa, también, la "faena" intensa y profunda que rezuma en este relato. En la simplicidad se nota tu grandeza. Gracias por ponernos al corriente, amigo Antonio. Un abrazo

Luis Miguel López R. dijo...

¡Qué bonito relato!
Además de la gran humanidad de Manuel Rodríguez, quisiera resaltar la gran admiración que despertaban en la sociedad los toreros, que queda ampliamente reflejada en la petición de una colilla de un cigarro apurada por Manolete, descrita en esta entrada.
¿Cuántos ferroviarios (como ejemplo de cualquier persona que ejerza cualquier profesión), no ya pedirían la colilla de un cigarro, sino que fueran capaces de reconocer a una figura de la actualidad, hoy día paseando anónimamente por una calle cualquiera? Y lo que es peor, ¿cuántos jóvenes o niños reconocerían a José Tomás, El Juli, Morante, Manzanares, Roca Rey… a la puerta de sus universidades, de sus colegios?, ¿y si probamos con un jugador del “montón” de cualquier equipo de fútbol primera división?
Es evidente que los toreros se han alejado de la sociedad actual, y no solo ha sido por culpa de factores externos ajenos al toreo y a ellos mismos.
Cuanto más se aleja el toreo de la sociedad, más lejos tiene la tauromaquia su supervivencia.
Muchas gracias Antonio por “acercarnos” la grandiosidad del toreo y la humanidad de Manolete a través de su blog.
Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Una reflexión acojonante ,ES VERDAD