Por Rafael
Sánchez González
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Frasquito: La sombra de Manolete
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En los años
finales de la década de los cuarenta, a pesar del decaimiento sicológico que
para los cordobeses, igual que para los aficionados españoles en
general, supuso la trágica muerte de Manolete,
se celebraron en la plaza de toros de Los
Tejares numerosas novilladas. Guiados por la ilusión que nos hacía poder
contar de nuevo con un matador de alternativa de la tierra, y amparados en el
tirón que representaba el anuncio de José
María Martorell, Manuel Calero Calerito,
Rafael Molina Lagartijo
(sobrino nieto del desaparecido califa),
Luis Rivas, y José Moreno Joselete, desfilaron por nuestro ruedo varios novilleros punteros, entre otros Chaves
Flores, Diamante Negro, Niño de la Palma (hijo), Cardeño, Manolo González, Juanito
Bienvenida, Manolo Carmona,
Manolo Vázquez, Pablo Lozano y Antonio Ordóñez y, cómo no, el que decían era la sombra de Manolete, el toledano Francisco Sánchez Fernández Frasquito,
hasta culminar con la pareja Aparicio-Litri,
quienes, bajo la sabia dirección de José
Flores Camará, lograron sumar en una temporada mayor numero de
actuaciones que el matador de toros que encabezaba su escalafón.
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Frasquito en la Real Maestranza de Sevilla
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El
impactante triunfo alcanzado en el festival organizado en Sevilla por el Arma
de Aviación, con motivo de sus fiestas patronales, el 9 de diciembre de 1947,
seguida de una bien programada publicidad, sirvieron para lanzar a este
novillero como el nuevo fenómeno del toreo. Yo creo que se precipitaron quienes
dirigían su todavía incipiente carrera, con funciones de apoderado a cargo del
impresor y editor Raimundo Blanco,
que en su juventud formó parte de la famosa delantera del Sevilla F.C., a quien
por su gran efectividad le aplicaron el nombre del bombardero más
destacado de la II Guerra Mundial, el avión alemán Stuka. Aquel quinteto
estaba integrado por López, Pepillo (a veces le sustituía Torróntegui), Campanal, Raimundo y Berrocal.
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Antigua plaza de Los Tejares de Córdoba
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Frasquito llegó a Córdoba en 1948, tras dos intervenciones seguidas, el jueves de Corpus (27/5) en
Toledo y el viernes 28 en la novillada de la feria granadina. Con
anterioridad, aquel mismo año ya se había presentado oficialmente y con éxito
en Sevilla (17/4), desorejando un novillo de Garro y Díaz Guerra, y
había sufrido la grave cornada que el día siguiente le infirió un astado de Javier Moreno en la antigua plaza
bilbaína de Vista Alegre. Si en cuantas plazas se le anunció hasta
entonces había despertado un inusitado interés, no hará falta decir el enorme
ambiente que se respiraba en Córdoba desde que se anunció su presentación
para el domingo 30 de mayo, novillada que cerraba la Feria de Nuestra Señora de la Salud. Días antes del festejo las taquillas presentaban un aspecto
que hacía presagiar el lleno, que efectivamente registró nuestro incómodo e
histórico circo taurino. Todo eran comentarios sobre Frasquito, desde los más halagadores hasta los de quienes se
decantaban por esa conocida frase de viejo aficionado: “Primero tengo
que verlo yo”. Pero vamos a la presentación de Frasquito en Córdoba, después de este preámbulo con el que solo
pretendo poner al lector un poco en situación.
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Percance de Frasquito en Bilbao (18/4/1948). Foto Claudio Orio
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Pese
a la calurosa tarde se colocó el cartel de “no hay billetes” para
satisfacción de don José Escriche,
pertinaz empresario valenciano afincado durante muchos años en nuestra ciudad,
donde todavía le recordamos con cierta nostalgia visto el trato, mejor diría
maltrato, que en este aspecto se le viene dando a la sufrida afición cordobesa.
Se lidiaron seis novillos de casta veragüeña, pertenecientes a la
ganadería jerezana de don Antonio Jiménez, y fueron sus compañeros de cartel Manuel Franco Cardeño, que demostró valentía y ganas de agradar, y Manuel Calero Calerito, quien habiendo nacido en
Villaviciosa de Córdoba, residía en Valencia, donde dio sus primeros pasos
taurinos hasta que definitivamente se avecindó en nuestra capital. Calerito fue el auténtico
triunfador de la tarde tras cortar cuatro orejas, un rabo y hasta una pata
(afortunadamente despareció este trofeo) con multitudinaria salida a hombros.
Su actuación encandiló al público con un toreo recio pero de un valor
auténtico, carente de cuento o falsos alardes.
Respecto
a Frasquito, el recuerdo que
dejó fue el de una grave cornada en el primero de su lote, según el parte
facultativo del doctor don Antonio Ortiz
Clot, cirujano-jefe de la plaza, que
decía: “Sufre una herida en la cara superointerna del muslo izquierdo,
triángulo de scarpa, con una profundidad de 15 centímetros, que interesa, en
trayecto hacia arriba y hacia adentro, la piel, tejido celular subcutáneo, con
deslaceración de masas musculares, grupo de abductores, abundante hemorragia y
shock traumático”. En cuanto a su toreo, le vi como si fuese prisionero de
esa propaganda que se lanzó a destiempo sobre su mayestática quietud ante
las reses, que el hombre perseguía en todo momento, pero que al carecer de
técnica, por no contar con el rodaje habitual y tan necesario en todos
los toreros, estaba siempre al límite del percance, que no solo llegó este día,
sino que sufrió en distintas ocasiones y debió ser la causa principal de su
pronta retirada, desprovisto de aquella aureola de torero llegado para
olvidar la figura ya mítica de Manuel
Rodríguez Manolete. Casi nada.
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Triunfo en Sevilla. 17 de abril de 1948
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Dado
que mi muy recordado padre -excelente aficionado que, además de llevarme desde
muy temprana edad a los toros, supo inculcarme su interés por la historia de la
Tauromaquia- tenía posibilidad de asistir a los sorteos del ganado que se
lidiaba en la plaza de Córdoba, puedo facilitar los datos de los dos novillos
que correspondieron a Frasquito,
aunque solo pudiera enfrentarse a uno: 3º, “Rabanito”, núm. 72, de pelo cárdeno
oscuro, que daría un peso a la canal (era el que se citaba entonces) de 189 kilos,
y 6º, “Tejero”, núm. 71, cárdeno
gargantillo, con una canal de 215 kilos.
Frasquito volvió a pisar
el ruedo cordobés en dos nuevas ocasiones, que fueron: 5 de junio de 1949.
Novillada de Feria. Novillos de don Carlos
Núñez, de Sevilla, excelentemente presentados pero con un juego desigual,
según las notas de mi padre, para Calerito,
que una vez más alcanzó un rotundo triunfo (4 orejas y un rabo con salida a
hombros) y Manolo Vázquez,
que nada pudo hacer ante dos ejemplares de dificultosa lidia, dejando ramalazos
de la calidad de torero que muy pronto desarrollaría. En cuanto a nuestro
protagonista nos tuvo con el alma en vilo en su primero, que se colaba
peligrosamente por el lado izquierdo, derrochando voluntad en el otro, un
bonito ejemplar con evidentes síntomas de estar reparado de la vista.
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Francisco Sánchez Fernández Frasquito
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Su
tercera actuación en Córdoba aconteció el 4 de junio de 1950, novillada
patrocinada por la Asociación de la Prensa con la que se ponía punto final al
ciclo ferial, que con anterioridad a su celebración se anunció con dos
combinaciones distintas, componiendo la terna definitiva Octavio Martínez Nacional,
que obtuvo una oreja tras entrar a matar a su primero utilizando un
pañuelo a modo de muleta, y dio una vuelta al ruedo al acabar con el 4º; Juan Posada, que recorrió el
ruedo entre ovaciones por su brillante labor con capote y muleta, malograda con
los aceros, sin llegar a entenderse con el bicho que cerraba la función,
por lo que sonaron dos avisos. Y nuevamente se fue de vacío Frasquito, pese a sus
manifiestos deseos de agradar a un público que seguía esperándole con cierta
expectación, siendo ovacionado en uno y abreviando su labor y resultando
volteado en el otro, pasando a la enfermería después de matarlo, de donde no
salió, pese a no recibir lesiones de consideración. Se corrió un encierro de
don Francisco Natera Rodríguez, de
Almodóvar del Río (Córdoba), de los que varios fueron ovacionados por su
magnífica lámina nada más aparecer por la puerta de toriles, pero que, sobre
todo, dos manifestaron en exceso su sangre pedrajeña.
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Presentación de Frasquito en México, Foto El Ruedo
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Y
esto es todo cuanto puedo decir respecto al paso de Francisco Sánchez Frasquito
por la plaza de toros de Córdoba. Un torero, con muy buena planta, que
pretendieron fuese una figura mediática y quedó para la historia del toreo en
fugaz y accidentada carrera.
Añadir que el domingo 7 de mayo de 1950, con lleno a
rebosar en los tendidos, se presentó en Madrid alternando junto con Alfonso Galera y el cordobés Manuel Calero Calerito, que se despedía como novillero y fue el único
triunfador del festejo, en el que se lidiaron novillos de Teresa Oliveira, ganadera que también se estrenaba en esta plaza.
La actuación de Frasquito, al que ya apoderaba Luis Álvarez, se saldó con más pena que gloria.
Desvanecida la expectación que en un principio
despertó en la afición española emigró a México buscando nuevos horizontes
taurinos, y consiguió debutar en el Monumental coso de Insurgentes formando
terna con los novilleros nacionales Miguel
Ángel y Fernando Arroyo, frente
a reses de sangre Saltillo
pertenecientes a la divisa de Coaxamalucan.
Sucedió el 31 de agosto de 1952, año en el que, unos meses antes, el matador de
toros cordobés José María Martorell
paseaba en tan importante ruedo el rabo de Velero,
bravo ejemplar de Torrecilla, al que
mató con una de las estocadas más recordadas por la afición capitalina después
cuajar una brillante labor con capote y muleta.
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La media verónica de zapatillas clavadas, quietud y manos bajas de José María Martorell. Foto Valls
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El 5 de octubre de 1955 -se cumplen 65 años de
la efeméride- en Autlán de la Grana, estado de Jalisco, Alfredo Leal le concedía la alternativa en mano a mano frente a
toros de Chofres. Tras sumar algunas actuaciones
decidió retirarse y fijar su residencia en México, donde regentó un negocio de
hostelería, por lo que bien podría decirse que puso fin a su vida laboral igual
que la empezó, dado que en su juventud, antes de vestir el traje de luces
trabajó como barman en Fuyma,
conocida cafetería enclavada en la madrileña Plaza de Callao, donde solía
reunirse gente del toro. Y en aquel país falleció, víctima de un cáncer de
páncreas, el 24 de febrero de 1993.
A Francisco
Sánchez Frasquito le bastaron un
sonado triunfo en la Real Maestranza sevillana y ser una breve ensoñación con la
figura de Manolete, para abarrotar las plazas en las que después fue anunciado,
y convertirse en el principal punto de atención de todos los españoles
aficionados o entusiastas de la Fiesta de los toros.